Draft 2011: FAQ

Este jueves día 23 se celebra el Draft de la NBA, y como siempre, nos hacemos preguntas y preguntas. Algunas encontrarán su respuesta en unos días, para otras habrá que esperar años. Esto es lo que nosotros pensamos que pasará.

1. ¿Derrick Williams o Kyrie Irving?
Cleveland podría elegir un jugador para cubrir cualquier posición, porque no hay futuras estrellas en ningún lugar de su roster, pero a priori, el puesto de base es de los más cubiertos de la plantilla con un veterano como Davis al que necesitan tener en pista para tratar de colocar los más de 42 millones de dólares que le van a pagar los tres próximos años (aunque si tenemos en cuenta que está elección de Draft venía incluida en el traspaso, los pagarán más gustosamente) en otro sitio y uno de los pocos jugadores de nivel del equipo en Sessions. El puesto de alero, donde probablemente acabe Williams está peor cubierto, aunque hay que poner un asterisco, ya que si al final deciden utilizarlo de 4, tendría aún menos sitio que Irving, ya que compartirá minutos con Antawn Jamison y JJ Hickson. Por sitio en plantilla, algo de ventaja para el de Arizona.

Si tenemos en cuenta que los veteranos de la plantilla pueden ejercer de mentores, Kyrie Irving estaría bajo la tutela de Baron Davis y Williams presumiblemente de Jamison. Más ventaja para Derrick, que podría aprender el oficio durante los dos próximos años con uno de los ciudadanos ejemplares de la Liga, que además juega de una manera mucho más similar a él.

También influye en la estrategia de elección de Cleveland la otra elección de Draft que tienen, la 4ª posición. Teniendo en cuenta que es muy probable que los Wolves no van a elegir un base, si eligieran a Williams de primero podrían presumiblemente tener a Irving, o más seguramente al base de Kentucky Brandon Knight esperándoles en su segunda elección. O incluso a los dos, habida cuenta de que en Utah declararon estar encantados con Devin Harris después del traspaso de Deron… pero aunque pudieran dejar pasar a Knight, no creo que hicieran lo mismo con Irving. De todos modos esta estrategia tiene un gran punto débil: la posibilidad de un traspaso en la segunda posición. Viendo que ya tienen en su plantilla a Rubio y a Beasley si a Minny no le convence el turco Enes Kanter, su elección será subastada al mejor postor. Por eso Cleveland puede dar por probable, pero no por seguro, que un base estará disponible para ellos en la cuarta posición.

A favor de Kyrie Irving está… casi todo lo demás. Parece una apuesta más segura que Derrick Williams, con mayor techo, más hecho como jugador, con un físico más definido y con un estilo que puede hacerle recordar a Byron Scott los días que se pasó entrenando a Chris Paul. Derrick Williams es una apuesta mucho más arriesgada. Si es capaz de mantener la producción desde la línea de tres aprendiendo a utilizar su tamaño, comparable al de Carmelo o LeBron, será un jugador mucho más singular que Irving, pero tiene más camino que recorrer.

Cleveland tiene por delante una difícil decisión… y lo peor de todo es que se puede equivocar, escoja lo que escoja.

2. ¿Derrick Williams es un 3 o un 4?
Con 2.02 y 112 kilos, Williams tiene casi el tamaño de LeBron James (un par de centímetros menos) pero con el doble de grasa corporal. Si es capaz de reconvertir un poco en músculo, va a tener el cuerpo de Carmelo Anthony y Paul Pierce, por lo que parece que por talla está destinado a jugar de 3. Si no controla su peso, tendrá la masa de una ala-pívot en una estatura de alero, es decir, el cuerpo de Chuck Hayes, y estará en tierra de nadie.

En defensa lo va a pasar mal en cualquier posición, porque no está, ni para perseguir aleros, ni para pegarse con ala-pívots. Además, en rebote tiene aún peor pinta que lo que dicen los números. Su promedio de 8.3 por partido puede parecer bueno, pero es peor que el de los últimos aleros anotadores que han entrado en primeras posiciones del Draft: Durant y Beasley. Y ya vemos como rebotean estos en el siguiente nivel…

Yo creo que donde más daño puede hacer en la NBA es jugando de 4 en ataque, donde su habilidad de salir a jugar al perímetro, tanto como para anotar de tres puntos, como para atacar la canasta desde fuera ante tíos más grandes podría crearle más problemas en el emparejamiento a ala-pívots. Si pudiera postear aleros, quizá estaríamos hablando de otra cosa, pero es que en la NBA le veo jugando a tirar de tres por encima de los aleros rivales… y él ya no puede jugar a eso, no va a ser más grande que el resto en los profesionales.

De todos modos, él ha dicho que quiere jugar de 3, y juntando las declaraciones a lo que vimos en Arizona, la traducción parece clara: «No quiero pegarme con nadie, prefiero vaguear por fuera». Si no quiere rebotear ni fajarse en la pintura, está claro, jugará de 3. Pero va a necesitar desarrollar un par de cosas para sobrevivir.

3. Si Cleveland escoge a Williams, ¿qué hace Minnesota? y si Cleveland escoge a Irving, ¿qué hace Minnesota
Minnesota ha tenido la mala suerte de tener el número 2 en un Draft mediocre, en un ambiente rodeado de incertidumbre y con las posibles elecciones redundando el talento en plantilla. Williams es muy similar a Michael Beasley, una comparación habitual con el de Arizona. Un poco más bajito, más pesado, peor reboteador, mejor tirador de tres. En el puesto de 4 está Kevin Love. Y no se sabe donde, pero más cerca de Williams que de un 5, donde a mí me cuesta verle, Magic Randolph. Y ahora que por fin han conseguido convencer a Ricky Rubio, traerle competencia directa, sería recochineo.

Las opciones de los Wolves pasan casi inexorablemente por el traspaso. Si Cleveland escoge a Williams en la primera elección, Irving no puede ir a los Wolves, o traspasan la elección, o pierden valor. Y si los Cavs se quedan con Irving, tendrán que considerar también muy seriamente deshacerse del número 2 del Draft o… de Beasley. Con un Draft como este, B-Easy, del que hay que recordar, en descargo del habitualmente (h)errado Kahn, llegó a cambio de una simple segunda ronda, en lo que fue un atraco a mano armada a Miami, se podría colocar por una elección bastante alta. Además, el año que viene se le acaba el contrato, y habrá que poner millones encima de su mesa, al lado del Sprite, el mando de la tele y la bolsita sospechosa.

Los Wolves ya saben quien es Beasley y pueden tener una idea muy aproximada a lo que pueden sacar de él. Si la oferta fuera buena, teniendo la opción de sustituirlo casi verbatim por un Derrick Williams que podría convertirse en estrella, pueden preferir lo por conocer al conocido.

Pero siempre hay una tercera vía y…

4. ¿Merece la pena Enes Kanter?
Para mí Kanter es la incógnita absoluta. Al no jugar con Kentucky este año solo le he visto posteando entes imaginarios, lo que me lleva a recordar al último jugador que en un entrenamiento NBA se le ocurrió demostrar sus habilidades frente a una silla, y todos sabemos dónde está ahora Yi Jianlian. ¿O no?

Hasta el día de hoy aparece en mock drafts en cualquier posición de la 1ª a la 7ª, y es que el ser el único pívot-pívot, de los que pesan más de 250 libras (Valanciunas, come más) en un Draft como este puede hacerle saltar por encima de los dos favoritos o de uno de ellos. Aunque en teoría, si los Cavs o los Wolves se encapricharan de él, considerarían la opción de bajar algún puesto en el Draft para incorporarlo a sus filas y obtener algo más a cambio, en la práctica si es el jugador que de verdad quieren, no correrían el riesgo.

Cleveland probablemente escogerá al mejor jugador disponible, pero Minnesota tendrá que pensar casi tanto o más en su propia plantilla que en los prospectos por llegar. Tanto cuenta la valoración que hayan hecho en Minneapolis de Williams y Kanter como las fichas que tengan en el tapiz apostando por Milicic y Super Cool Beas.

Kanter viene con la promesa de ser un tipo duro, tiene tamaño, buenos movimientos y ninguna flaqueza grande en su juego. No hace nada mal, pero tampoco tiene pinta de ser el mejor de la NBA en algún aspecto. Pero en las posiciones más altas, los equipos necesitan buscar más brillo. Si es que lo hay.

5. ¿Qué nivel tendrá Jimmer Fredette en la NBA?
Una de las grandes preguntas que se hacen todos los scouts NBA es qué nivel alcanzará en la NBA Jimmer Fredette, que durante este año se ha convertido en figura de culto entre los aficionados al baloncesto. La Crónica apuesta por que hará el papel de titular aseadito o anotador desde el banquillo. Esperamos verle en un rol parecido al de… Juan Carlos Navarro. Tras ver bastante a Jimmer, me recuerda un montón al español. Su capacidad para anotar, su rango más allá de la línea de tres, las bombas con las que resuelven en la pintura, la manera en la que hacen pagar cuando les doblan penetrando entre medias, el acierto en el tiro libre, el tamaño de base en un cuerpo de escolta que no pasa nada mal… Fredette es un poco más fuerte y atlético que Navarro, pero no lo usa mejor que él, para mí, su juego es un calco al de Sant Feliu. En defensa no sabemos que tal se desempeña, porque ni lo ha intentado en 4 años. Suponemos que será malo, pero la verdad, es que no lo podemos garantizar: el sistema de BYU lo escondía para ahorrar fuerzas y evitar que se cargara con faltas: solo hizo 1.2 por partidos durante sus 4 años universitarios y sin tener los números a mano podría apostar que casi todas fueron en ataque.

Desde luego, no creo que Jimmer marque una época en la NBA, pero si le veo anotando unos 15 puntos por partido, como Navarro hizo extrapolando a 36 minutos de juego el año que pasó en la NBA. Eso, si al igual que en Brigham Young, le pueden esconder en defensa.

6. ¿Y Kemba Walker?
Me gusta más el futuro NBA de Walker que el de Fredette, pero sigo sin ver una estrella en ninguno de los dos.

En principio, la habilidad principal de Walker, su velocidad, debería traducirse peor al lenguaje profesional que la de Fredette, su tiro. Pero en el caso de Kemba, veo a un jugador más preparado: es inmune al desaliento, más corajudo. Será porque tengo la final reciente, pero me puedo imaginar a Walker haciendo lo que lleva todos los Playoffs José Juan Barea, pero mucho mejor. O lo que hizo en el último tramo de la temporada Ty Lawson, jugador con el que comparte talla, velocidad y campeonatos universitarios.

Es el típico combo guard, el escolta metido en el cuerpo de un base. Es pequeño, de brazos cortos para el estándar, pero la talla no está tan mal como parece: es más alto que otros jugadores a los que no les va mal en la NBA, como Brooks, Nelson o el mencionado Lawson.

Kemba Walker encontrará su sitio, y aunque la franquicia que lo drafteé no se va a llevar al robo del Draft, seguro que tampoco la decepción.

7. ¿Será alguno de los Morris el gemelo que más alto fue escogido en el Draft en la historia de la NBA?
Dick y Tom Van Arsdale. Horace y Harvey Grant. Jason y Jarron Collins. Joey y Stephen Graham. Brook y Robin Lopez. Este año, la NBA da la bienvenida a la séptima pareja de gemelos, desde Kansas University, Marcus y Markieff Morris. Hasta la fecha, los mejores drafteados del grupo han sido Dick Van Arsdale, Horace Grant y Brook Lopez, todos elegidos en la 10ª posición, aunque en los Drafts de 1965, 1987 y 2008. El caso es que la posición de Marcus Morris, el que a priori debería ser elegido primero de los dos, puede ser la misma.

Durante una larga temporada ha dado la impresión de que su llegada a Charlotte, que elige en la novena posición, estaba asegurada. A los Bobcats no les vendría mal un jugador como Marcus, probablemente el mejor hombre alto anotador del Draft, pero parece que el interés se ha enfriado últimamente. Y eso dejaría vía libre a Milwaukee, otro equipo que ya está sobrado de defensa y que le cuesta anotar, y que no podría permitirse el lujo de dejarlo pasar… en la décima posición.

De las 6 parejas de gemelos, solo 3 fueron elegidos en el mismo Draft, los Van Arsdale, los Collins y los Lopez, y solo estos últimos fueron elegidos los dos en la 1ª ronda (aunque los Van Arsdale fueron elegidos en mejores posiciones, en 1965 la primera ronda solo tenía 8 elecciones). Por contra, Harvey Grant entró un año después que su hermano Horace, y tanto Stephen Graham como los Thomas no fueron eligidos.

Los Morris, que esperan ver a Marcus en el Top 10 y a Markieff en la parte baja de las elecciones de Lotería-Top 20 deberían ser los cuartos gemelos compañeros de Draft. Y podría ser la primera vez que dos gemelos fueran escogidos en la zona de Lotería.

8. ¿Se parece Kawhi Leonard a James Worthy?
James Worthy jugó en la NBA hasta 1994. Kawhi Leonard nació en 1991. Tres años tenía el de San Diego State cuando Big Game James se retiró. Para empezar, ya sorprende que los jugadores de esta época conozcan, se preocupen y hayan visto jugar a los grandes de hace un tiempo, así que, minipunto para Leonard, que hizo esta comparación él mismo. Pero ahora a lo importante. ¿De verdad un jugador que no ha jugado un minuto en la NBA y que debería ser drafteado en la parte baja del Top 10 de un Draft mediocre se ha comparado con Worthy? ¿El de los 3 anillos, las 7 veces All-Star, un MVP de las finales, número retirado con camiseta colgando del Staples, uno de los 50 mejores de la Historia? Sí. Y lo peor, es que, salvando las distancias, la comparación tiene sentido.

Famoso es aún el día que la web nbadraft.net, una de las más seguidas para encontrar información sobre el Draft, decidió comparar a DeShawn Stevenson con Michael Jordan. Puede parecer una locura, de hecho, es una locura. Pero las comparaciones, como otras muchas cosas, hay que verlas, en contexto. Se centran más en el estilo de juego, el impacto que tienen en la etapa de juego en la que están (en el caso del reciente Campeón NBA Stevenson, venía del instituto) o las herramientas que han utilizado hasta este momento, que en el lugar en la Historia NBA que ocuparán.

La probabilidad que Leonard se convierta en MVP de una Final en los próximos 10 años tiende a 0. Pero cuando pise una cancha NBA con la camiseta de los Kings, los Bobcats, o el equipo que finalmente se anime a draftearlo, van a tener a un demonio de Tasmania con cuerpo de alero, brazos de ala-pívot y manos de pívot que amargará la vida al jugador que tenga que emparejarse con su defensa y que en ataque hará un poquito de todo: anotar algo, finalizar bien a la contra, atacar el rebote ofensivo, moverse con sentido, estar donde tiene que estar. Esto es la definición de James Worthy. Lo que cambia, es el factor de escala.

No es el anotador que Worthy era, no tiene pinta de llegar a los 20 puntos por partido, pero ningún equipo tendrá queja de su producción en ataque. No ha demostrado la entereza y el deseo que James tenía en los partidos grandes, cuando ponía una marcha más, pero tampoco se ha escondido cuando SDSU ha tenido partidos decisivos. En defensa, que se la toma más en serio, podría ser incluso mejor que él. La palabra versátil se suele utilizar cuando alguien hace un poco de todo, pero no del todo bien. Leonard no es versátil, es completo.

Grand Finale

Ayer decía adiós uno de los jugadores más importantes, carismáticos y polifacéticos de la Historia de la NBA. 19 años estuvo con nosotros Shaquille O’Neal jugando en 6 equipos, y con un palmarés de 4 anillos, 3 MVP’s de las Finales y 1 de la Temporada Regular, 15 aparaciones en el All Star y 8 presencias en el All NBA 1st Team. Aquí le dedicamos nuestro homenaje, de la A a la Z, a la carrera de Shaq.

Anillos: Cuatro en total, tres consecutivos con Lakers y otro más con Miami. El quinto lo siguió buscando al final de su carrera con LeBron en Cleveland y Boston, pero nunca llegó, muy a su pesar. Porque no era ya solo ganarlo, teniendo en cuenta que su rol en estos dos últimos años ha sido marginal, sino que este quinto anillo sería el que le empataba con Kobe, y el que le daba uno de ventaja sobre Duncan, los dos mayores rivales que tiene para elegir al mejor jugador de su generación.

Big Fundamental: Shaq tiene el monopolio de casi todos los apodos que empiezan por Big (ya llegaremos a ello), pero uno se le escapa. Tim Duncan, The Big Fundamental, es la única competencia que tiene Shaq ahora mismo en el debate de mejor hombre alto DMJ (despues de Michael Jordan). Duncan tiene un MVP más que él, 3 MVP’s de las finales y entre ellos se repartieron 8 de los 9 anillos de 1999 a 2007, 4 cada uno. Se enfrentaron en Play-Off 5 veces en 6 años (de 1999 a 2004 el único año que no coincidieron fue en 2000) y otra vez más en 2008 con Shaq ya en Phoenix. Nos dieron algún partido memorable, como el 6º de las semifinales de Conferencia en 2003 en el que los Spurs avanzaban con un 37/16/2 de Duncan contrarrestando al 31/10/3 de Shaq, pero pese a encontrarse tantas veces y ser los dos mejores hombres altos en activo, la rivalidad entre ellos nunca fue exagerada, seguramente porque nunca jugaron un partido de vida o muerte. Jamás coincidieron ni en las Finales, ni en un séptimo partido y la única vez que jugaron en una Final de Conferencia, los Lakers barrieron 4-0 a los Spurs. Lo más cerca a un partido decisivo, fueron los 5ºs partidos de las Semifinales de Conferencia de 2003 y 2004 con los dos equipos empatados a victorias 2-2, en los que ambos tuvieron actuaciones discretas para lo habitual, y se decidieron por los secundarios, el fallo de Horry y el acierto en 0.4 segundos de Fisher. Con O’Neal retirándose, y teniendo en cuenta que parece improbable que Duncan vuelva a ganar un anillo como líder de su equipo, los méritos de uno y otro están ya prácticamente todos sobre la mesa. Aquí, de momento, votamos empate técnico.

Cuartos: Muchos en su cuenta. 292 millones ha ganado en su carrera, como salario por jugar al baloncesto. Esta cifra solo incluye lo que le han pagado los seis equipos en los que ha militado durante estos 19 años. Contratos publicitarios o del resto de sus aventuras, aparte, la cantidad es estratosférica. Aunque declaró que se iba a entrar en la Biblia de la NBA «jugando hasta los 60 años, y todavía cobrando el máximo hasta los 60 años«, acabó su carrera cobrando el mínimo con 39 en Boston, aunque sí que cobró el máximo hasta los 33 años, cuando firmó una extensión por 5 años y 101 millones de dólares que no se quedaba muy lejos.

Dominante: Esta es la palabra que mejor define al Shaq jugador, sin dudarlo. Su tamaño, unido a la velocidad e inteligencia en su juego le convertían durante una buena temporada, en el jugador más difícil de defender de la NBA. Cuando un hombre de esa envergadura se compara (aunque fuera por él mismo, con toda su verborrea y su hipérbole) con un bailarín de ballet, sabes que te encuentras ante algo muy especial. Shaq será Hall of Fame el primer año que sea elegible para serlo, y su presencia entre los 5 mejores jugadores de los últimos 20 años y 5 mejores pívots de la Historia es indiscutible, aunque la posición pueda bailar según el gusto. Hasta que la llegada de LeBron coincidió con su cuesta abajo, Shaquille era el especimen con el físico más perfecto de la NBA. Y de lejos.

Espectáculo: Años y años de espectáculo, dentro y fuera de la cancha, forman parte del legado de Shaq. El nivel que alcanzaron sus excentricidades estaba a la altura de lo que hacía en la pista. Seguro que vosotros tenéis vuestros momentos favoritos de la extensa lista de apariciones, pero aquí van los míos: su llegada con pistola de agua incluída en un trailer a su presentación en Miami, el número de break dance que se marcó junto a Jabbawockeez en las presentaciones del All-Star 2009 y el teléfono móvil que añadió a su zapatilla al más puro estilo Superagente 86 en el All-Star de 2005.

Fu: Shaq-Fu, otra de sus personalidades, nos sirve para seguir ilustrando su polivalencia, baloncesto aparte. Shaq-Fu no solo es el nombre de un videojuego de lucha para Sega y Nintendo que él protagonizó en el año 1994, sino que también es el nombre del segundo de los cuatro discos de rap que sacó del 93 al 98. Por Shaq Fu le dieron un disco de oro, después de haber llegado a la posición número 25 de la Lista de Ventas general, y la número 10 de R&B y Hip Hop con su primer álbum, Shaq Diesel, que fue certificado platino. Durante su carrera musical trabajó con algunos de los productores y cantantes más influyentes del hip hop, como Q-Tip, Erick Sermon, Jay Z o Notorious BIG, y llegó a colocar su primer single, (I Know I Got) Skillz en el número 3 de la lista Rap.

Grande: Con sus 2.16 metros de altura, entró en la Liga pesando 136 kilos, pero el resto de su carrera se ha movido de los 150 a los 160. En la vorágina de apodos que ha recogido a lo largo de los años, el prefijo Big ha sido una constante a casi todos. El Gran Aristóteles. El Gran Papi. El Gran Baryshnikov. El Gran Cactus. El Gran Trébol. Todo en él es grande. Pena que ese cuerpo antinatura, le haya pasado las facturas de todos aquellos festines que se dio con las piezas desechables que tenían como misión ir a la guerra contra él cada dos noches y algo.

Hack-A-Shaq: Don Nelson lo inventó, muchos lo pusieron en práctica con resultados desiguales y Popovich lo perfeccionó hasta llevarlo al hiriente sarcasmo, cuando sus Spurs hicieron falta a un incrédulo Shaq en el salto inicial de un partido. La táctica no tiene mucha ciencia: por qué dejar a Shaq tirar un tiro de campo, de esos de los que ha anotado el 58.2% durante su carrera, en lugar de tiros libres, con los que solo acierta un 52.7% de las ocasiones. Los equipos turnaban hombres altos, sacaban su fondo de banquillo para gastar sus 6 faltas contra un Shaq que volvía impotente a la línea. Sus intentos de mejorar en los tiros libres siempre se han quedado en eso, intentos. Documentados están los consejos que gente como el gurú Dennis Hans le dio o el trabajo de Riley, que estaba convencido de que podría solucionarlo y puso un equipo a su disposición para trabajar en su mecánica. Pero él siempre confiaba en que los metía «cuando contaban» y qué mayor honor, que darle tu nombre a una táctica que reconoce implícitamente tu dominio.

IDGAF: Sobre su taquilla en Los Angeles colgaban estas crípticas siglas con dos significados. Preguntado por los periodistas, explicaba que el significado era «I Dominate Games Always and Forever.» con un gran guiño. La realidad que conocían sus compañeros era algo distinta. I. Don’t Give. A. Fuck. Los dos O’Neal resumidos perfectamente. El que domina y al que le importa todo una mierda. El de los porcentajes récord: el de campo por arriba, y el de los tiros libres por abajo. El que ha sido. El que podría haber llegado a ser. De hecho, la segunda acepción tiene double entendre en sí misma. No le importaba una mierda su rival, al que destrozaba con voracidad, pero tampoco le importaba ser mejor él mismo.

Justicia: Los escarceos de Shaq con la justicia, no son los habituales en los jugadores de baloncesto. A O’Neal jamás le han detenido conduciendo borracho, ni golpeando a su mujer. Al contrario, gracias a su colaboración fueron detenidas dos personas en Miami en 2005 con cargos por agresión y racismo y en 2007 persiguió él mismo al conductor que chocó contra su Escalade y se dio a la fuga. En todas las ciudades en las que ha estado ha solicitado puestos de ayudante de Sheriff, con un carácter habitualmente honorífico y ha llegado a pasar por la academia del condado de Los Angeles para ser Oficial en reserva de la policía portuaria de LA. Además fue nombrado Ayudante Honorífico de los US Marshal, oficina federal. El único borrón lo tiene en Arizona, donde el Sheriff del condado de Maricopa le retiró su placa por utilizar lenguaje malsonante en aquel rap en el que le preguntó a Kobe «a que sabía su culo«.

Kobe: Su pareja de hecho, el hombre con el que logró el Three-peat, el enemigo que le empujó por la puerta de Los Angeles, después amigo, enemigo otra vez, ahora es todo broma y siempre nos llevamos bien, pero cuando Kobe gana su quinto anillo se empieza acordando de Shaq. Yo creo que se odian y se envidian. Kobe no aguanta que la opinión pública crea que los tres primeros anillos son más de O’Neal que suyos y que el Artículo 34 diera el primer golpe sin él mientras a él le rodeaban Kwames y Smushes;Shaq por su parte se lamenta de que ahora Bryant haya levantado un O’Brien más que él, como líder casi indiscutible del show. Como aquí somos más de baloncesto que de revista rosa, preferimos quedarnos con los momentos que nos dio la mejor sociedad de la pasada década.

Longevidad: 19 temporadas llevaba jugando, el que más de los jugadores en activo esta temporada. Con sus 39 años, era el jugador más viejo de la Liga (honor que ahora deja a Kurt Thomas casi ex-aequo con Grant Hill, un día más joven) y el más veterano, ya que los siguientes en la línea sucesoria, Jason Kidd, Juwan Howard y Hill llevan dos temporadas menos en la élite. Se irá habiendo jugado 1207 partidos, lo que le pone en el puesto 23 de la Historia (a solo 2 de igualar a Dale Ellis en el 22). Haber logrado todo esto, con un cuerpo tan grande y el riesgo de lesiones que esto conlleva, es admirable.

MVP: La temporada 99-00, en la que alcanzó su plenitud y se convirtió en el MVP, ganando el primero de los tres anillos consecutivos con los Lakers, fue impresionante, la mejor desde Jordan para mí. 29.7 puntos, 13.6 rebotes, 3 tapones por partido, que pasaron a ser 30.7/15.4/2.4 en Play-Off. Además, fue MVP de las Finales en tres ocasiones, las tres con los Lakers, y se quedó a 34 puntos de Steve Nash en la votación de la temporada ’04-’05, su primera con Miami y en la que muchos creen que debería haber sido el ganador del premio. Un par de terceros puestos en las votaciones de 2001 y 2002 y una segunda posición en 1995, llevan a 5 el total de veces que apareció en el podio a final de temporada.

Nietzsche: En el habitual reparto de libros que Phil Jackson hace entre su plantilla cuando emprenden el viaje más largo del año (habitualmente el llamado Grammy Trip en febrero), en 2000, se le ocurrió darle el Ecce Homo de Nietzsche a su niño grande. El libro, del que, según reconoció el propio Shaq Attack en una entrevista con TIME, no pasó del primer capítulo, cuenta entre otras cosas como el superhombre es encarnación de la voluntad de poder. El truquillo del maestro Zen de juntar la palabra superman con la voluntad y la superación surtió el efecto contrario, ya que O’Neal comentó «Phil piensa que soy demasiado único, hasta el punto que puedo estar loco«. De todos modos, aunque no se leyera el libro, al genial Diesel le valió para colar el nombre de Friedrich en una de sus descacharrantes citas: «Nietzsche era tan inteligente y avanzado. Y así soy yo. Soy el Nietzsche negro del baloncesto«.

Oro: Shaq formó parte del combinado nacional de EEUU que ganó el Oro en el Mundial del 94, en el que fue el MVP y en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. A partir de ahí no volvió a ir con el equipo, pese a ser invitado, porque en 1999 se sintió rechazado al no ser incluído en el Torneo de las Américas clasificatorio para los Juegos Olímpicos, pese a que la intención de USA Basketball era que el jugador descansara. Yo, siendo un poco mal pensado, aparte de vagancia, creo que los problemas vienen más de atrás, del verano del 92. En el Dream Team, el equipo que marcó una época, había un jugador universitario. Pero, contra todo pronóstico, no era el dominante pívot que podía destrozar a los frágiles europeos, y que iba a ser elegido indiscutiblemente número 1 del Draft, sino Christian Laettner. Así, Shaq se quedó sin visitar Barcelona y sin tomar un cursillo acelerado como becario al lado de Ewing y Robinson, y tras cumplir con el equipo, aprovechó la primera y más ridícula excusa para borrarse del barco para siempre.

Periodistas: Los periodistas adoran a Shaq, porque es una auténtica mina. Auténtico y divertido, a lo largo de los años, no ha parado de regalar citas ingeniosas, divertidas, desafiantes, ignorantes, sarcásticas… Su presencia ha sido una de las más polarizantes, si no la que más, en los últimos tiempos en un vestuario NBA. Con uno de los mayores sentidos del humor de la Liga, Shaq ha alternado referencias a Einstein y sus anécdotas, despectivos juegos de palabras con los nombres de sus rivales (declaró que «nunca ha estado en las Islas Caymán» al ser preguntado por Chris Kaman) y relatos de sus intentos de ligar con Tori Spelling «Le pregunte por su número de teléfono y no me lo dio, me dijo: Dame el tuyo. Había que intentarlo«. Él fue el primero en llamar Half Man Half Amazing a Vince Carter, y también el primero en llamar Erica a Dampier. Mi preferida, sin duda, cuando al ser preguntado al volver de Grecia si había visto el Partenón, y el Big Aristotle reconoció que «no puedo recordar el nombre de todos los clubs a los que fuimos«.

Quinto: Ese es el puesto que ocupa Shaq ahora mismo en la lista de los mayores anotadores de la Historia. Con 28.596 puntos, solo Abdul-Jabbar, Karl Malone, Michael Jordan y Wilt Chamberlain han metido más que él aunque Kobe le debería superar la temporada que viene (está a 729 puntos). También lo podemos encontrar en la zona noble de otras categorias: es 5º en tiros de campo anotados, 7º en tapones (que se empezaron a contar en el año ’73), 12º en rebotes, 17º en tiros libres anotados y 23º en partidos. De los jugadores en activo hasta esta temporada, lidera todas esas clasificaciones menos tiros libres (Kobe ha anotado más) y partidos (que le supera Kidd).

Ru-Paul: El «Ru-Paul de los hombres altos«, así llamó nuestro amigo a Chris Bosh después de que este se quejara de que O’Neal acampaba en la zona tras un partido de 45 puntos ante Toronto. Desprecios como este han formado parte de la carrera de Shaq, pero resalto este incidente en especial, porque el contexto en el que ocurrió es un microcosmos de la carrera de O’Neal: ese partido con Phoenix le convertía en el primer jugador de la Historia que metía 45 puntos en un partido con cuatro franquicias distintas. Tan bueno, tan volátil. La dualidad IDGAF, en estadísticas.

Superman: Antes de Dwight Howard, Orlando y la Liga tuvieron a su propio Superman. El hombre de los mil motes, entre los que hay que incluir el «Artículo 34» del inolvidable Andrés Montes, usó mucho, especialmente al principio de su carrera, este apodo, refrendado por el enorme logo del Hombre de Acero tatuado en su brazo izquierdo. No es de extrañar por tanto, que el siempre belicoso pívot se mostrara «ofendido» el año pasado por lo que él consideraba una apropiación indebida de Howard, su heredero más directo, y la presencia más imponente en una cancha NBA desde, um, él mismo.

Twitter: Con un vídeo colgado en su Twitter, el jugador de los Celtics se despedía del baloncesto en activo. «Lo hicimos, 19 años, baby. Quiero agradeceroslo, y por eso os lo cuento a vosotros los primeros, me voy a retirar.» Con esa complicidad con su seguidores, Shaq anunciaba que después de este agridulce año, en el que solo ha jugado 37 partidos de Liga Regular (nunca jugó tan pocos) y con tan solo 4 apariciones desde el mes de febrero hasta el final. Siempre un hombre de su tiempo, ha estado atento a colocar su marca en las redes sociales. Creó su Twitter, @SHAQ hace ya un tiempo, en noviembre de 2008, bajo un alias diferente al que utiliza ahora, y fue de los primeros jugadores de baloncesto en utilizarlo con regularidad e interactuar con sus seguidores. El Gran Cactus cuelga vídeos de todo tipo, y ya está pidiendo a sus 3.8 millones de seguidores hasta el momento, que le ayuden a encontrar un nuevo apodo más acorde con su nuevo estado civil.

Universidad: Todo un Doctor, Shaq empezó su relación con la universidad en LSU, Louisiana State University, que fue su casa durante tres largos años. Largos sobre todo para el resto de pivots de la Conferencia SEC. Más conocida por el football que por el basket, pese a haber sido la casa de Bob Pettit y Pistol Pete Maravich, era perfectamente apropiada para acoger a un jugador que también tenía más pinta de deffensive lineman que de jugador de baloncesto. A pesar de que fue elegido All-American un par de años, el talento que le rodeaba no le ayudó a llegar nunca lejos en el Torneo de la NCAA: a pesar de clasificarse para el baile en sus tres temporadas en el equipo, no llegó a octavos, los Sweet Sixteen, en ninguna de ellas. En el año 2000 se volvió a pasar por allí para completar su Grado en Estudios Generales, algo así como un «tú eliges los cursos». Sumado a un máster de la Universidad de Phoenix, y su Doctorado en Liderazgo y Educación por la Barry University, la singularidad de O’Neal se extiende más allá de la excentricidad fuera de la cancha.

Vagancia: La distancia que separaba a O’Neal de ser el pivot más dominante de la Historia, la marcaba él, poniendo su vagancia en medio. La V podía ser la letra de la velocidad, ya que ha sido uno de los mejores libra por libra (sin que sirva de precedente, hay que utilizar esta frase al revés) que se haya visto en cualquier deporte, pero si habéis llegado hasta aquí, os habréis fijado como esta retahila no puede ser más agridulce: cuánto hemos hablado de lo que O’Neal podría haber sido… Se ha presentado habitualmente a los campus de verano pasado de kilos y fuera de forma, nunca trabajó lo suficiente en su tiro libre, y dejó que los celos y la parafernalia malmetieran a la pareja que formaban él y la eternidad. Peor para él. Y para nosotros.

Wade: Su escudero en el cuarto anillo, nunca sabremos quién ayudó más a quién, pero parece claro que los dos se necesitaron el uno al otro (y un poquito a Danny Crawford) para ganar aquel campeonato de 2006. Como siempre, y no debería sorprender a nadie ya, Shaq quemó los puentes de la relación con Wade, experimentando otro déjà vu al tener que volver a salir de otra franquicia por la puerta de servicio y dejando las llaves al joven escolta, al que este año comparó con Kobe, como «pequeños chicos que dominan el balón y tiran 30 veces por partido que no se pueden comparar conmigo«. Desde Phoenix, Cleveland y Boston, no ha desperdiciado oportunidad de tirar una chinita al «Chico Maravilla» como él lo llamaba, y veremos si el rugido aumenta ahora que Wade puede volver a ganar sin él, como hizo Kobe en su día, acompañado además del LeBron que él ya estaba mayor para llevar a Tierra Prometida, y del RuPaul de los hombres altos.

X-Men: Shaq quisó añadir a su carrera cinematográfica un papel en X-Men 2, pero los productores no estuvieron por la labor, así que siente que conformar con su Steel. Todo un personaje, ha aparecido en 11 películas y algunas series de televisión, además de tener su propio reality show: Shaq Vs. Empezó compartiendo pantalla con Nick Nolte y Ed O’Neill en Ganar de Cualquier Manera (Blue Chips), y fue el protagonista absoluto haciendo de genio de la lámpara en Kazaam y de superhéroe en Steel, dos películas que aparecen en listas de las peores de la historia con la misma asiduidad que él en las de mejores pívots. Para los que os interese esta faceta del Gigante, aparecerá en Jack and Jill, película con Adam Sandler, Al Pacino y Katie Holmes que se estrenará a finales de año

Yao: El gran pívot chino tiene el honor de ser la primera persona en desplazar a Shaq de algo: el quinteto titular de All-Star. Un fijo en el quinteto titular, ya desde su temporada rookie, (primero desde Jordan), hasta, precisamente, la llegada de Yao en 2003, Shaq fue al Partido de las Estrellas 14 veces de manera consecutiva, hasta que su declive y las lesiones le apartaron en 2008, para volver una última vez en 2009. Además, Ming provocó uno de los episodios más desagradables en la carrera de Superman, cuando su peculiar humor fue catalogado de racista al ser preguntado por un Yao que estaba a punto de entrar en la Liga y responder «Decidle que Ching-chong-yang-wah-ah-so» acompañando el numerito con poses de Kung-Fu chusco. De todos modos, es querido en el país más poblado del mundo, y más aún a raíz de su contrato de esponsorización con la firma Li-Ning. Lástima que no podamos hablar más de baloncesto por culpa de las lesiones del gigantón chino.

Zen Master: Su entrenador en Los Angeles, Phil Jackson, el Maestro Zen, pareció alinearse con Shaq cuando la relación con Kobe se convirtió en «yo o él». Pero en 2006 abrió la Caja de Pandora al hablar de Shaq como «el único jugador que he entrenado al que no le gustaba trabajar«, a lo que el grandullón respondió comparando a Jackson con Benedict Arnold, uno de los traidores más famosos de la Historia Estadounidense. Desde ahí se han estado intercambiando achuchones de mayor o menor magnitud y en 2008 Shaq acusó a Phil de nunca decirle las cosas a la cara y de diseñar la ruptura entre ellos, aunque luego le dio un abrazo y un besito cuando se reencontraron en un Suns-Lakers. En 2009, cuando calificó de «estrategia de marketing» su relación con Kobe, repartió también flores para Phil, al que llamó «mejor entrenador de la Historia«, por lo que su relación ahora mismo, parece buena.

Minoría silenciosa

La NBA, prácticamente desde sus inicios, ha estado lejos de polémicas raciales. La Asociación se ha mantenido siempre distante de la discriminación a los atletas negros, al menos por comparación con las otras grandes Ligas. Es indiscutible que a los jugadores actualmente no se les mira el color de la piel (el All-NBA First Team al completo está formado por jugadores afroamericanos), pero es más allá, donde se puede ver la verdadera distinción y la distancia que guardan con el resto del deporte profesional americano.

En los banquillos, por ejemplo, donde solo hay dos franquicias que jamás han tenido a un entrenador principal negro, la relativamente joven Miami, que a cambio ha sido la primera en contratar a un entrenador de ascendecia filipina, y los Lakers, donde la llegada de Brian Shaw podría tachar al equipo de la lista. El primer entrenador en ganar un título de NBA fue Bill Russell hace 45 años. En la NFL, Tony Dungy fue el primero. Hace 4.

También los árbitros. Hace 43 años que hombres de raza negra empezaron a pitar partidos, con Jackie White y Ken Hudson como pioneros. Desde hace 14 años la NBA tiene un árbitro negro y mujer: Violet Palmer.

Y lo más importante, quizá, los despachos. Robert Johnson fue el primer propietario negro de una franquicia de las cuatro grandes Ligas al hacerse con los Bobcats, y Charlotte, con Jordan ahora al frente permanece como único equipo con dueño afroamericano. Wayne Embry se convirtió en Manager General de los Bucks hace 39 años. En ninguna Gran Liga hay tantos hombres negros tomando decisiones.

Pero nadie es perfecto. La NBA tiene sus esqueletos en el armario. Aunque Chuck Cooper, Nat Clifton y Earl Lloyd abrieron el camino en el año 50, hasta finales de los 60 algunos equipos se empecinaban en mantener un límite no reconocido de jugadores afroamericanos en plantilla, pese a que los Celtics y los 76ers de Russell y Chamberlain mostraban el camino a seguir, con quintetos completos de jugadores negros. Y también hay lacras bien vivas. El código de vestimenta despertó viejos fantasmas que nos llevaban a la época que los Fab Five todavía estaban en la Universidad. Y como olvidarnos, en la familia se sigue manteniedo a un repetidamente acusado de racista y hombre de dudosa reputación, el propietario de los Clippers, Donald Sterling.

Aún así, hay que aplaudir, con toda la moderación que cada uno quiera, a la NBA, que ha estado muy por encima de la curva que marcaban organizaciones comparables y la sociedad americana en cuanto a equiparar hombres y mirar más allá del color de la piel. Ahora, en 2011, la NBA se enfrenta a una nueva situación potencial de racismo, que debe gestionar de la mejor manera posible: la homofobia.

Muchos titulares de todo tipo han circulado esta semana en torno a este tema. El pasado lunes, Rick Welts presidente de los Phoenix Suns, se convertía en el primer ejecutivo deportivo en reconocer su homosexualidad. Ayer, lunes, uno de sus jugadores, el siempre elegante Steve Nash, aparecía en una campaña de publicidad del lobby Human Rights Campaign, para dar su apoyo al matrimonio gay, que por cierto, es legal y bastante aceptado socialmente en su país, Canadá. Estos movimientos de Welts y Nash ganan valor poniéndolos en su contexto local: los Suns juegan en Arizona, estado tremendamente conservador, en el que no parece que la unión entre dos personas del mismo sexo se vaya a ver pronto. De hecho, Nash ya recibió ayer mismo alguna crítica por Twitter (aunque el apoyo a la causa era mayoritario) que toreó con la misma eficiencia con la que pone el balón siempre en el mejor lugar de la cancha.

La normalidad con la que se ha acogido la situación en Phoenix era una buena noticia para una Liga a la que de repente le toco apagar por otro lado la barbacoa que había montado Joakim Noah. De manera parecida a Kobe Bryant hace unos meses, el pivot de los Bulls volvió a juntar fuck y faggot en una misma frase que recogieron las cámaras, y esta vez, en vez de dirigirse al árbitro Bernie Adams, lo hizo a un espectador.

Noah ha sido multado, pero sorprende el castigo, su multa, de 50.000 dólares, es la mitad de la de Kobe Bryant. Uno podría entender la diferencia si atendemos a la proporcionalidad en los salarios, pero es que la NBA ha decidido torpemente que el agravante es dirigirse a un árbitro en comparación con un aficionado que se estaba dedicando a incordiar al Chichitos. Sorprende que con los ojos puestos esta semana en el asunto, y con un problema que ahora se convierte en reincidente, la multa se haya reducido, ya que demuestra que la NBA estaba mucho más preocupada por la falta de respeto al árbitro que por el comentario homófobo.

Noah se ha disculpado como ha hecho Bryant, nos ha recordado que tiene amigos homosexuales, y creo que no hay que hacer leña del árbol caído. La expresión utilizada, nos guste o no, está dentro del vocabulario habitual de un joven, al igual que otras frases machistas o racistas que tan a menudo se utilizan sin pensar, totalmente despojadas de ese significado. No quiero dármelas de moralista, cuando yo soy el primero que a veces utiliza expresiones parecidas. Yo no estoy orgulloso, seguro que ellos tampoco lo están. Verte afeado en público, tener que mirar y responder a la cara a personas a las que has ofendido y el empujón al bolsillo, que por muy millonarios que sean, siempre duele, me parecen un castigo adecuado.

Pero la NBA, como compañía que no piensa en frío y que puede controlar las consecuencias de sus acciones, tiene que hacer el mayor esfuerzo para seguir siendo un modelo de referencia. Los niños se fijan e imitan su producto, y mostrarse inflexible de cara a la galería es la única opción para evitar que se repitan estas cosas. Después de ver una dirección positiva con las multas a Bryant y la situación en Phoenix, acaban de desaprovechar una oportunidad para seguir rechazando este comportamiento sin ambages.

Todavía ningún jugador ha revelado sus preferencias sexuales en activo. John Amaechi lo hizo después de retirarse hace 4 años, y pese a que la tolerancia era la tónica común, las reacciones de algunos jugadores ponen en duda que un vestuario NBA al completo pudiera aceptar a un jugador que revele su homosexualidad. De hecho, uno de los jugadores que declaró que actuaría con normalidad ante un compañero gay, no tuvo problema en comparar a un rival con una drag-queen en su día. Y Shaq no recibió multa alguna por llamar a Chris Bosh, el RuPaul de los hombres altos.

La Liga ya se estaba encargando de hacer anuncios públicos, los famosos PSA’s concienciando sobre la homofobia, incluso antes de los incidentes de Bryant y Noah. A Welts se le ha acogido con toda la normalidad del mundo, y con un gran abrazo. Pero si todavía ningún jugador se ha atrevido a compartir su condición sexual con sus compañeros, es que no existe un clima de confianza suficiente.

Creo que, por fortuna, los homosexuales en la NBA no son una minoría silenciada. Pero sí silenciosa. Cuando arreglen lo de los salarios, Stern ahí tiene trabajo.

¿Y ahora qué?

Después de la rotunda e inesperada derrota angelina en Play-Off, en la que el equipo de Phil Jackson se desmoronó completamente, la solución para mucha gente parecía sencilla: que empiecen los movimientos y los fichajes en Los Angeles Lakers. Traemos a un base como Chris Paul y/o nos hacemos con el descontento Dwight Howard y todo resuelto. Pero las cosas no son tan fáciles. Por partes.

En primer lugar, el mercado de traspasos de la NBA ahora mismo, está acechado por la incertidumbre. El 30 de junio se acaba la CBA, o lo que es lo mismo, el Convenio Colectivo, y clubs y jugadores tienen que acordar uno nuevo, en el que los términos y las condiciones podrían cambiar por completo. Se han lanzado propuestas en todas las direcciones de parte de la NBA, como por ejemplo reducir los ingresos de los jugadores en 800 millones de dólares (algo más de un tercio de lo que cobran ahora mismo) de forma progresiva o incluso «retroactiva» aplicándose a los contratos ya firmados, poner el llamado tope salarial duro en el que los equipos no pueden exceder la cifra marcada o seguir usando un sistema similar bajando el tope, la aplicación de una designación de jugador franquicia que ayude a los equipos a retener a sus estrellas, contratos más cortos y sin garantizar, etc… Aunque hasta el 30 de junio se pueden hacer traspasos, es difícil que veamos a alguien mover ficha, sin saber como funcionarán las reglas del juego el año que viene. Y eso si hay año que viene…

Teniendo en cuenta esto, como yo creo que el acuerdo será muy parecido a los términos actuales, solo que con una mayor flexibilidad para que los equipos se puedan desahcer de los jugadores que den bajo rendimiento, y con algún mecanismo que permita hacer ofertas ligeramente mejores a los equipos para retener a sus estrellas, vamos a asumir de aquí en adelante, unas reglas del juego iguales a las actuales. Y en este escenario las posibilidades de renovación de los Lakers son imposibles sin remodelar por completo la plantilla.

Los objetivos principales, está claro que serían el pivot de Orlando, Dwight Howard que podría ejercer su derecho a disfrutar de la agencia libre en el verano de 2012, al igual que los bases Chris Paul y Deron Williams. Ese verano los Lakers tendrán 71.1 millones comprometidos entre Kobe Bryant, Pau Gasol, Lamar Odom y Andrew Bynum, cuando el límite salarial de este año, por ejemplo, es de 58 millones de dólares. Y eso sin añadir, los 17 millones que todavía estarán cobrando entre Ron Artest, Luke Walton, Steve Blake y la opción que tendría ese verano Derek Fisher de extender su contrato un año más por 3.4 millones.

Es decir, es imposible que los Lakers pudieran entrar en un mercado de agentes libres en 2012, sin que las reglas del juego hayan cambiado mucho, manteniendo su plantilla. Si tenemos cuenta que Kobe cobrará 27.8 millones, y que ningún fichaje de campanillas aceptaría menos de 15 millones por muchas ganas que tenga de venir a Los Angeles (aunque podrían ganar en teoría hasta 19 millones en el caso de Howard y 17.1 en el de Paul y Williams), estos dos jugadores cobrarían ya 42.8 millones, dejando apenas unos 16 millones en espacio salarial. Eso significaría que el equipo tendría que renunciar a Pau Gasol, que cobrará 19 millones esa temporada, a duras penas podría retener a Bynum (16.1), y si lo hicieran, tendrían que decir adios a Odom (8.2 millones en la 2012/2013) y Artest (7.2 millones), y eso suponiendo que hayan colocado a los Waltons y Blakes de la plantilla, y teniendo en cuenta, que la plantilla de Lakers iba a quedar vacía, esperando a ser rellenada con jugadores de salario mínimo.

Resumiendo, que una situación en los términos actuales, y salvo que uno de los jugadores acepte, por primera vez en la historia de la NBA, un descuento tremendo de sueldo, es imposible juntar en el periodo de agencia libre a Bryant y Gasol con uno de los tres deseados. Dos de los tres 7 pies de Lakers, uno de ellos, casi de manera obligada, Pau, tendrían que ser traspasados o cortados (los Lakers podrían deshacerse de Bynum y Odom ese verano gratis).

Viendo que la agencia libre no es una opción viable, hay otra manera, que es el traspaso, el intercambio de cromos. Aquí, con las reglas ya conocidas, los Lakers tienen que ofrecer al otro equipo un montante en salarios comparable al que estén dispuestos a absorber y por tanto, el límite salarial, no es tanto problema.

Pero si estás pensando en el verano pasado, en las situaciones de LeBron James, Chris Bosh o Carmelo Anthony, esta es muy diferente. Los Lakers no tienen apenas poder negociador. Casi ninguno.

Hay que tener en cuenta que los Cavaliers, Raptors o Nuggets tenían la amenaza enfrente de que equipos como Chicago, Miami o New York tenían espacio salarial, para ofrecer a sus jugadores un contrato en el periodo de agencia libre, sin que ellos recibieran nada cambio. Los Lakers, tal y como están construidos, no presentan esa amenaza. Orlando, New Orleans o New Jersey no van a perder sus jugadores sin recibir nada a cambio ante los Lakers de Kobe y Pau.

Sí que es verdad que habrá franquicias preparadas a echar la caña, como por ejemplo New Jersey, y por ello los equipos pueden estar dispuestos a negociar por sus jugadores, pero la falta de una verdadera amenaza, de un equipo histórico, en buena posición y en mercado grande, añadido al hecho de que, casi seguro, en la nueva CBA los jugadores van a tener por lo menos un ligero incentivo para continuar con sus clubs, hace que la urgencia no sea comparable: Howard o Paul simplemente han pasado de ser intocables a transferibles por el precio justo. Puede que un poco más. Ni un centavo menos. La NBA ha cambiado de ser el escenario en el que Garnett y Gasol cambiaron de equipo por cacahuetes, al mundo en el que los Nuggets dejan en porretas a los Knicks, y les hacen pagar el gusto y las ganas por Carmelo.

Por tanto, los Lakers no pueden dar 50 centavos por un dólar, si se quieren hacer con alguno de esos jugadores, tendrán que hacer una buena oferta, que se ajuste al precio del mercado del jugador. De nuevo, salvo enajenación mental en alguna directiva, es imposible traer a uno de estos jugadores sin mover 2 de las 3 torres. Como además, los Lakers no pueden ofrecer en principio, salvo colaboración de terceros equipos, jovenes con proyección, y jugadores buenos con contratos razonables, la única golosina que pueden incluir en un traspaso, es absorber uno de los malos contratos firmados por las otras franquicias. Propuestas de traspaso que al menos llegarían a ser escuchadas, por ejemplo, son las siguientes:

En el primer caso, los Lakers mandarían a Pau y a Bynum a Orlando a cambio de Howard y de un Gilbert Arenas con un papel más cercano al de rémora salarial que al de jugador de provecho.

En el mejor de los escenarios posibles que se me ocurre que Orlando puede estar dispuesto a discutir, los Lakers podrían retener a Pau traspasando a Odom y Bynum por Howard y Jameer Nelson, pero dudo mucho que Orlando pique con esta transacción. En definitiva, casi cualquier traspaso con Orlando pasaría por incluir a dos de los tres grandes, y recibir a cambio a Howard acompañado de Arenas, Turkoglu o Redick.

Con New Orleans, tendríamos una situación parecida, los Hornets no tienen prisa ninguna como para aceptar ahora mismo algo menos que dos jugadores, y empaquetar los 4 años de contrato que le quedan a Emeka Okafor e incluso los 3 años de Jack a los Lakers.

Si nos ponemos creativos, se puede imaginar un escenario en el que los Lakers solo tengan que deshacerse de uno de la terna Gasol/Bynum/Odom, pero pasaría por el más difícil todavía: convencer a un tercer y cuarto equipo, de reciclar los contratos sobrevalorados de Artest, Fisher, Blake o el intraspasable Walton, en una pieza de similar valor a Odom o Gasol, una tarea hercúlea, que de llevarse a cabo tendría que convertir a Mitch Kupchak en Ejecutivo del Año.

Y ya por último, no hay que olvidar, aunque eso a veces sea lo de menos, que los Lakers no tienen entrenador para el año que viene. Aunque uno no cree que Brian Shaw, Rick Adelman o quien quiera que venga pondría problemas a entrenar a Bryant con Howard o similares, no sería empezar con buen pie plantear un megatraspaso antes de conocer la opinión del nuevo coach, pienso yo.

Así que en resumen, los Lakers no pueden añadir a uno de los tres deseados sin remodelar por completo la plantilla, y el panorama actual de incertidumbre no invita ahora mismo a movimientos y fichajes drásticos. Esta es la realidad a la que se enfrenta la franquicia angelina.

Precaución: Halcones Hambrientos

El 10 de abril, tras el enfrentamiento de Liga Regular entre Chicago y Orlando, Jameer Nelson le dijo a su rival Derrick Rose, cámaras de televisión por medio, «nos vemos en segunda ronda«. Y podría haberlo hecho.

Con hiriente sentido del humor, y añadiéndole imaginación a una de las excentricidad locales por excelencia en Atlanta, los Hawks trataron de ayudar a que Nelson viera a Rose. Emulando al antiguo entrenador de los Falcons de la NFL, Jerry Granville, que todos los partidos dejaba unas entradas en taquilla para el fallecido Elvis Presley, los Hawks anunciaron que tenían dos entradas por si Jameer quería llevar a algún acompañante a su cita con el futuro MVP. No eran muy buenas, estaban en el anillo superior del United Center, pero menos da una piedra.

Parece ser que el base de los Magic no se presentó. E hizo bien, porque lo que hubiera visto, no creo que le trajera muy buenos recuerdos. Los Hawks siguen dando la sorpresa: ayer batieron a los Bulls en Chicago.

Los que gusten de ver temblar los cimientos del orden baloncestístico, están de enhorabuena. Los Play-Off de este año están resultando apasionantes a todos los niveles, y la incertidumbre se adueña de los finales y los resultados, sin que el recuerdo sepa llevarnos a una situación similar. Al menos, en casos como el de Memphis, los más optimistas veían la amenaza venir desde el final de la Temporada Regular, pero por Atlanta, nadie daba un duro. Los Hawks eran un equipo gris, que acababa la temporada con 6 derrotas consecutivas, con jugadores que parecían aburridos de jugar entre ellos. Nos engañaron a todos.

Y lo de Orlando, podía tener su explicación, si tenemos en cuenta que los Magic llevan autodestruyéndose desde aquel traspaso repentino. No eres tú, soy yo, todo eso. Pero ganar a Chicago, en el United Center, y sin Hinrich es cosa más seria. Ya no estarán usando a Jameer Nelson y su desafortunada frase como motivación, pero Larry Drew ha encontrado otra manera de ponerles las pilas.

Joe Johnson anotó 34 puntos y metió los 5 tiros de tres que lanzó sin fallo, Derrick Rose no anotó su primera canasta hasta que quedaban cinco minutos para el descanso y no visitó la línea de tiros libres en toda la noche, y una serie de cameos de los actores secundarios de Atlanta, de Crawford a Collins, de Wilkins a Pachulia, sirvieron de apoyo al actor principal para robar el primer partido y recuperar el factor cancha en estas semifinales.

La última vez que coincidieron en Play Off estos dos equipos, también en unas semifinales de Conferencia, los Hawks se llevaron uno de los dos partidos de Chicago tras una buena noche en el perímetro: Mookie Blaylock, disimulando con su parecido físico, le ganó la partida esa noche en su propia cancha al verdadero MVP (aunque algún Cartero le robara el premio del buzón) anotando 8 triples, el máximo personal de su carrera. Aquel partido acabó con un resultado idéntico al de anoche, 103-95, y Michael Jordan tuvo el mismo porcentaje de acierto en tiros de campo que Rose ayer: 41%. Las coincidencias terminan aquí, y además, fue el segundo partido de la serie, no el primero, pero los seguidores más optimistas de los Bulls se pueden consolar sabiendo que su equipo acabó la serie 4-1, y además, se llevó el O’Brien a casa ese año.

Atlanta ganó en intensidad, el verdadero factor cancha para Chicago, que ha sido el equipo que más y mejor había sabido usarla durante la Temporada Regular, en un día que los juegos interiores HorfordSmith y BoozerNoah estuvieron discretos. Debe ser chocante para Thibodeau, agasajado en el previo al partido como mejor entrenador de la NBA, ver a sus muchachos abandonar las rotaciones y el esfuerzo al final de las posesiones, después de estar un año entero en el que no fallaban ni en las palizas a equipos inferiores. Que Kyle Korver pareciera a ratos el alma defensiva de este equipo creo que lo resume todo. Y por ahí, por la defensa es por donde tendrá que apretar Chicago. Pese a la actuación ineficiente de Rose y el bajo par de Boozer y Noah, estoy seguro que Thibs hubiera firmado anotar 95 puntos.

Y Atlanta, seguirá a lo suyo. Tras ganar este partido, si logra, aunque sea, meter dudas a Chicago en el segundo partido, y ganarle en energía a los puntos, va a llevar esta serie muy lejos. Y estos son los Play Off adecuados, para que ocurra, incluso cualquier cosa.

Truco o trato

Truco o trato. Trick or treat. Ese es el apodo que Bill Simmons, el escritor de la ESPN e impenitente seguidor de los Celtics, le dio a Tony Allen después de verlo jugar decenas de partidos año tras año. Lo que esconde este sobrenombre detrás es la extraña facilidad que tenía el jugador por hacer fácil lo difícil y viceversa. Tony Allen encadenaba secuencias en las que se disfrazaba de Paul Pierce para meter un triple estratosférico con un defensor encima, se anticipaba tan inteligentemente como Garnett a una línea de pase para robar un balón en la siguiente posesión, y acababa fallando de manera calamitosa la oportunidad de mate/bandeja que el mismo se había creado en el posterior contraataque.

El juego del otro Allen, que tan bien es retratado con la disyuntiva halloweeniense, se podría definir también con otra palabra. Energía. En tiempos de debate nuclear, Tony es como un núcleo a punto de la fusión. Radiante, crudo, inestable. La potencia sin control. Esa que no servía de nada. Ya comenté en La Crónica On Tour que una de las cosas que más me impresionaron al ver el Knicks-Grizzlies en directo fue ver jugar a Allen. Un par de acciones deslumbrantes, mate contundente incluído se contraponían a un par de jugadas con las que costaría creer que a este hombre le pagan por jugar al baloncesto.

Tony Allen Grizzly HaircutAnoche, tras retar a Ginobili ante a la prensa declarando que finge en sus molestias, se rapó y pintó un oso en la nuca, imagen que puedes ver a la derecha, pero que al final, como alguien con buen criterio le habrá recomendado, desapareció al saltar a la cancha. Aunque nadie pudo quitarle el toque de excentricidad: no fue un oso, pero al final se dejó un fade como pudo con el pelo que le había sobrado, y con sus pintas de rapero noventero ayudó a extender un poco más el sueño en Memphis. Primero ganaron el primer partido en las eliminatorias por el título en la historia de la franquicia. Luego el primero en casa. Y ahora están a punto de eliminar a los cabezas de serie, a los Spurs, a los que tienen a un solo partido de la eliminación, tras ganarles de 18 y meterles, por primera vez en la eliminatoria, miedo. Miedo de verdad. Jamás han remontado en la era Duncan los Spurs un 1-3, en las cinco oportunidades que han tenido. Y Tony Allen tiene buena parte de la culpa.

Apareció en Boston, que obtuvo la primera ronda de Draft que se gastó en él, de rebote, en el traspaso que acabó con Rasheed Wallace y el anillo en Detroit, y en su primera temporada llegó a jugar 34 partidos de titular en un equipo que acabó en la post-temporada con Pierce, Gary Payton y Antoine Walker (Allen todavía realiza de vez en cuando el Shimmy, el jugón bailecito del orondo alero). Al igual que Tony le quitó el puesto a Jiri Welsch, él tuvo que ver como en mitad de la primera ronda en la que cayeron frente a Indiana, Delonte West, otro rookie, ocupaba su lugar. Pese a perder ese puesto honorífico, sus minutos de juego fueron incrementando las dos temporadas siguientes, los partidos que estuvo sano, hasta volver a menguar en 2007 con la formación del Big Three, el grupo que le ayudaría a conseguir un anillo de manera agridulce, ya que Tony solo jugó 4.3 minutos de promedio en los 15 partidos de Play-Off que le pusieron en cancha.

En la Temporada pasada, jugó 16.5 minutos por partido, su peor promedio desde el año de novato, y su temporada fue muy discreta. Eso sí, no vio reducido su tiempo de juego en Play Off, en los que jugó mucho más de lo que había hecho otros años. Especialmente relevante fue su participación en la serie contra Cleveland en la que ayudó a mantener controlado a LeBron, presentado sus credenciales para ser incluido en la lista de los mejores defensores hombre a hombre en el perímetro de la Liga. Tras ese final de temporada no tenía duda que le renovarían. Así que para él fue tremenda la decepción que supuso que los Celtics no igualarán la oferta de Memphis, de 9.5 millones por 3 años (la mayor ganga del verano visto a día de hoy). Así llegó a los Grizzlies. Se acabó lo de luchar por el campeonato.

En su Twitter se define como «Former Oklahoma State star. 2008 NBA Champion. Currently playing for the Memphis Grizzlies«. No dejo de ver una cierta falta de brillo con pátina de resignación en la última frase. Pero eso no le impide salir a cada partido a trabajar a tope, a aportar la dureza y el carácter, a estar dispuesto a tirarse detrás de cada balón que queda suelto, como si el objetivo marcado al principio de temporada fuera levantar el O’Brien.

Ahora que a sus 29 años ya es un veterano (de hecho, es el jugador de la plantilla que más partidos de Play-Off había jugado hasta esta temporada, con 56, aunque Battier haya estado en pista más minutos), está utilizando toda su experiencia en Memphis. Su llegada para aportar desde el banquillo, y después hacerse titular tras las lesiones de Gay y el descenso de categoría de su compañero de refriegas en partidas de cartas, O.J. Mayo, es una de las razones por las que el equipo ha vuelto a las eliminatorias por el título por primera vez sin Pau Gasol. Y eso que este equipo, es prácticamente el mismo que la temporada pasada.

Aunque el éxito es coral, y se apoya aún más en el juego interior, al nivel de cualquiera en la NBA, de la pareja RandolphGasol (que está haciendo unos mejores Play Off que su hermano) o en un Conley que está haciendo olvidar la locura que parecía su renovación, destacar a Allen es destacar al jugador diferente, la punta de locura, la intensidad feroz. Aunque los números contradigan a la vista, y Manu anote más y mejor con él en pista, su capacidad de crear pérdidas y confusión desorienta a los equipos rivales. Sume a los partidos en su propio caos y a base de incertidumbre ha logrado desarmar la consistencia de récord de los de Popovich. Es imposible prepararse con y contra él, a ambos lados de la pista, porque es imprevisible. Ha cambiado la cultura defensiva en Memphis, que son el equipo que lideró la Liga en perdidas creadas al rival durante la temporada regular, con sus 1.8 robos por partido a la cabeza del equipo.

No sabemos quién fue el MVP de anoche en Memphis. Muchos para elegir. Pero por simpatía, aquí nos quedamos con el único que parece no saber que va a hacer cuando le llega el balón. Tal vez, ni lo sepa aún después de haberlo hecho. Truco o trato.

Y una reflexión final. Jugando al «Qué hubiera pasado», Tony Allen es el jugador que cambiaría todo el escenario de estas eliminatorias por el título en un universo paralelo. Si hubiera renovado con los Celtics, no solo los Grizzlies probablemente no estarían dando el finiquito a los Spurs, sino que tal vez, en Boston no hubieran sentido la presión de fichar a un jugador de perímetro, y Perkins seguiría en Massachusetts en vez de Oklahoma. Lo que estamos viendo ahora, y lo que queda por llegar, estaría patas arriba.

The Closer

En el béisbol, la figura del closer (o cerrador, como dicen en Latinoamérica y prefieren las agencias de prensa aquí en España), el pitcher que sacan los equipos en la novena y última entrada de los partidos apretados para eliminar a los 3 últimos jugadores e irse a casa con la victoria, ha tomado una relevancia casi mística, gracias, en parte a nombres como los de Eric Gagne o Mariano Rivera.

Y en otra buena parte, al márketing asociado a la palabra. Repítanla para sus adentros. The Closer. Suena al nombre del héroe de una película de acción. O incluso el del villano indestructible. Suena al especialista que ante un enorme problema, aparece y lo resuelve de manera instantánea y plúmbea.

La palabra tiene halo porque se aprovecha del énfasis que ponemos en el final de las cosas, la gloria del vencedor, la importancia del último tiro. Y cada vez se usa más y más en los corrillos baloncestísticos. Nos encanta pensar en el último tiro. Con el reloj apretando. Y con el mejor jugador, a poder ser. Y no para agrandar una figura, sino para vilipendiar al blanco preferido en la NBA. Anoche, tras la derrota en el cuarto partido contra Philadelphia, otra vez se ponía la maquinaria en marcha. LeBrick (¿LeDrillo? ¿LePiedra? adaptado cutremente al español) se convertía en trending topic en Twitter. Los habituales, con Skip Bayless a la cabeza, se disponían a atizar.

Y sus compañeros lo corroboran La semana pasada, Sports Illustrated dio a conocer los resultados de una encuesta realizada entre 166 jugadores de la NBA, para conocer a quien quieren ver tirando el último balón del partido. Kobe Bryant domina con un 74% y le sigue Durant con el 8%. Wade, Nowitzki, y Allen también aparecen. LeBron, no. Ni un solo voto al, posiblemente, mejor jugador de la NBA.

La decisión es unánime. LeBron James no es un closer.

Dos preguntas. ¿Seguro? ¿Pasaría algo si no lo fuera?

Empezamos por la segunda. Si el closer se mantiene en el béisbol, no es por su eficacia, ya que la técnica ya ha sido demostrada inútil de manera estadística. Entonces, ¿por qué sigue existiendo esa figura? Es el factor psicológico, el poder identificar a uno de tus jugadores con el momento decisivo, con el final feliz, con el factor añadido, del miedo imbuido en el enemigo. O incluso, en el caso contrario, para poder echar la culpa a alguien.

Pero para que el closer pueda salir a ganar un partido en la novena entrada, sus bateadores tienen que haber conseguido más carreras que las que han permitido sus compañeros de bullpen al equipo contrario. Durante 16 ó 17 entradas disputadas, 9 o más bateadores y por lo menos un lanzador, tienen que haber hecho su trabajo para poder glorificar una noche más a la estrella del rock. Un closer jamás ganará un partido solo.

LeBron James es excelente durante todo el partido. Con los dedos de una mano se pueden contar los jugadores que habrían podido llevar a Miami al segundo puesto en el Este si lo reemplazaran. Si de verdad es un jugador tan horrible en el último minuto, la solución es fácil, su GM se tiene que encargar de rodearlo de jugadores que sí lo sean, que sepan terminar el trabajo en los partidos en los que James no ha sido capaz de dirigir a su equipo con superioridad insultante. Nadie se acordó de estos problemas cuando gracias a él aplastaban a Lakers el día de Navidad. O cuando por fin ganaron, y de 23, a Boston.

Pero, ¿de verdad LeBron James no es un closer? O mejor dicho, ¿existen los closers en baloncesto? Puede que su tiro de larga distancia no sea fiable. Que como muchos creen, en el último minuto no busca la línea por miedo a fallar tiros libres con su porcentaje bajo par. Pero es que, a LeBron, todos los fallos se le cuentan en el «haber», nunca en el «debe», como sucede con otros. Una verdad a medias repetida mil veces, se convierte en dogma de fe, y solo oímos hablar de los fallos de unos y los aciertos de otros.

A Henry Abbott de la ESPN se le ocurrió mirar los números en enero de este año, y viendo todas las situaciones en las que un jugador tiraba a canasta los últimos 24 segundos con su equipo empatado o perdiendo de 1-2 puntos se encontró que en los 15 años, Kobe Bryant es el jugador que más tiros de este tipo ha anotado. Algo fácil cuando has tirado 24 veces más que el siguiente que más lo ha hecho (Vince Carter). Algo feo cuando a pesar de tirar 24 veces más, solo anotaste 5 más que él. Y algo horrible cuando tu porcentaje, un 31.3% se coloca como el 25º de los 30 que han tirado más de 30 tiros. LeBron es el 18. Ray Allen, otro de los elegidos por delante de él en la encuesta realizada, es el 19. Y esto sin tener en cuenta, que olvidando (muchos lo han hecho ya) el periodo de Smushes y Kwames, a Kobe siempre le ha rodeado gente mucho más capaz de quitarle presión, que cualquiera de los Cavaliers a LeBron.

Centrándonos en esta temporada regular, y echando un vistazo a las estadísticas publicadas por 82games.com que resumen el comportamiento de los jugadores cuando quedan 5 minutos por disputar del partido, y ninguno de los dos equipos se distancian en más de 5 puntos en el marcador, lo que podríamos llamar minutos decisivos, cuando aparece el gen clutch, hay empate técnico entre el Yin James y el Yang Bryant.

Kobe promedia 49.8 puntos cada 48 minutos decisivos por los 45.1 de James, pero LeBron tira menos, y lo hace de manera bastante más eficiente (0.6029 sobre 0.5391 en True Shooting %). James utiliza menos a sus compañeros, tanto como para crearse su propio tiro (un 23% de sus canastas en ese periodo son asistidas, ante un 27% para Bryant) como para pasarles (4.9 asistencias LBJ, 7.6 KB por 48 minutos decisivos). A cambio, rebotea mejor, tapona más y la pierde menos. Con LeBron en estos minutos, su equipo ha sido mejor que el rival por 0.33 puntos cada 5 minutos, y con Kobe 0.27. Y quedándonos en esta misma noche, la actuación de Kobe al final también ha dejado que desear. 0-3 en tiros de campo, 1-2 en tiros libres, solo 1 punto en los 5 últimos minutos. A la vista de estos números, ¿alguien puede decirme, realmente, por qué Kobe es indiscutible como el más decisivo y LeBron un paria?

No os voy a engañar, yo también me quedaría con Kobe al final de un partido. O incluso con Carmelo, el gran olvidado en el imaginario, pero rey en las estadísticas de este estilo. Incluso, ni siquiera lo eligiría a él en su equipo, sino a Wade. Pero es solo por sensaciones, por la confianza que me da, porque tengo mejores recuerdos de ellos. Pero basta con echar un vistazo a los números, para darnos cuenta que la percepción, y los ecos de lo que retumba en los medios de comunicación, a veces nos engañan.

Casi todos los jugadores NBA se comportan en los minutos finales de forma similar al resto del partido, pese a que no queramos creerlo. Por cada triple heroico sobre la bocina del que recordamos, hay dos fallos en partidos que no se guardan en el recuerdo, y que lo estampan contra el porcentaje medio de tiro del jugador. Michael Jordan, el jugador que a todos nos viene a la cabeza como infalible con el tiro ganador, anoto 33 de 58 intentos, un increible 56.9%, pero un aumento poco significativo sobre los 29 que hubiera anotado de haberse cumplido el promedio de su carrera. El mejor closer de la historia, apenas es un poco más efectivo que en el resto del partido.

Pero por algún extraño fenómeno, miramos con desconsuelo a LeBron por entrar tibiamente a canasta en una zona donde acierta el 72.1% de sus tiros, al mismo tiempo que pensamos que un tiro de tres de Kobe, de esos que solo mete un 32.3% de las veces en condiciones normales, con dificultad añadida, va a ser la panacea. Y la realidad es que un tiro final es como cualquier otro tiro. La aleatoriedad manda. Diantres, pero si Zach Randolph, con su etiqueta de ilustre perdedor habitual y de tirador de triples pútrido, metió uno en el momento más decisivo este sábado.

Pero nos encanta ver mitos y heroes caídos, recordar los desenlaces y revisitar la historia. Le hemos dado un rol especial al pitcher que sola y exclusivamente sale en la novena entrada con atronadora música de fondo, a pesar de que lo más inteligente sea sacar a ese jugador al campo, quizá antes, quizá después si el emparejamiento es desfavorable. Nos gusta más como suena The Closer, que el antiguo término que se usaba para referirse al lanzador final, Fireman (bombero). Y hace un tiempo, decidieron que les gustaba más bombero que, por ejemplo, eso, último lanzador. Si no hay épica, la inventamos. Y que importa que se sustente en algo.

Y por cierto, anoche, Rivera, el closer de los Yankees, el cerrador por excelencia, la deidad de la última entrada, se dejó empatar el partido por Baltimore. Y hace 4 días, en su actuación anterior, hizo lo mismo contra Toronto. Nadie es perfecto.

Cueste lo que Kuester

Hace 5 años, a estas alturas, con Cortefiel Saunders en su primera temporada como director de la orquesta de la Ciudad del Motor, Detroit, lograba el mejor récord de su historia en la NBA: 64 victorias. Venían de llegar a dos finales consecutivas y todavía mantenían ese quinteto que dentro de muchos años aún repetiremos de carrerilla.

Avance rápido, cinco años después, y tras el numerito, porque no tiene otro nombre, de hace algunas semanas, Detroit está en la lista corta de franquicias que pueden reclamar el título de «peor situación actual». La inestabilidad, que empieza en los propietarios, sacude a la franquicia de arriba abajo.

Pese a prometer a su difunto marido que iba a mantener al equipo en el seno de la familia, Karen Davidson, tardó menos de un año en ofrecerlo al mejor postor. Se habló de que los dueños de las pizzerías Little Caesars, que son propietarios del equipo de hockey de la ciudad, los Red Wings, estaban interesados, pero la oferta no avanzó. Y durante todo este mes, lleva negociando la venta con Tom Gores, un tiburón financiero de California, que podría pagar unos 420 millones de dólares por el equipo y su pabellón. Karen se ha desplazado a Los Angeles y Tom a Michigan, pero las conversaciones no están llevando a ningún sitio. De hecho, el periodo de exclusividad en las negociaciones de un mes que concidieron a Gores, fue aumentado en 14 días más, y ni con la prórroga han sido capaces de llegar a un acuerdo.

En el plano deportivo, Dumars, el arquitecto del único equipo sin superestrella ni megatraspasos, que ha ganado el título en años y años, no ha sido capaz de renovar bien la plantilla. Para empezar, al equipo le falta un base de verdad. Stuckey y McGrady son parches, y ni siquiera Bynum, al que le falta tamaño incluso para el puesto más pequeño del quinteto, es un distribuidor.

Otro problema, como ya hemos comentado, es la falta de talla. A cuatro jugadores (Bynum, Gordon, Maxiell y Wallace) les falta la altura para desempeñarse de manera óptima en su posición. No tienen ningún 7-footer. Y Villanueva y Daye son bastante blanditos, y la franquicia no tiene fondo de armario para taparlos, como en otros lugares podrían hacer.

A pesar de que la plantilla está descompensada y le faltan centímetros, algo hay que reconocerle a Dumars, y es que es verdad que ha sido capaz de fabricar una de las plantillas más profundas de la Liga: tienen 12 jugadores con nivel suficiente para entrar en la rotación de cualquier equipo, aspirantes al título incluidos. Pero al mismo tiempo, ninguno de los 12 se podría hacer un hueco en el quinteto titular, en según que franquicias. Y ese es un gran pero.

Y será complicado remozarla. Por lo pronto, para el año que viene ya tienen comprometidos 31.6 millones en tan solo tres jugadores: Hamilton, Gordon y Villanueva. Stuckey y Prince acaban contrato este verano, y si los renuevan a precio de mercado (vicisitudes de la nueva CBA aparte), los Pistons no van a tener espacio salarial suficiente para atraer a ningún gran jugador. Además, con un Draft mediocre a la vista (aunque como siempre, después de marzo todos los jugadores empiezan a pintar mejor), si el sorteo no les sonríe, el talento que podrían encontrar en la 7ª posición en la que ahora se encuentran es bastante intercambiable con el resto de puestos de la Lotería. El punto más brillante de este equipo es el sólido primer año de Greg Monroe, un jugador que podría asentar el juego interior de la franquicia de Michigan durante años.

Y si las dudas en la cumbre son grandes, a pie de pista, la situación no podría estar peor. La fuerte apuesta que Dumars hizo el año pasado por un técnico sin experiencia como entrenador principal en la NBA, y la confirmación y el apoyo tras la revuelta, les puede llevar a los dos por delante.

La idea de traer a John Kuester no tenía porque ser mala. A pesar de que su ascendencia en la Liga era nula, no parecía el de los Pistons un vestuario muy contaminado de prima donnas que pudieran hacerle la vida imposible al técnico. Los jóvenes se unían a los Rip Hamilton, Ben Wallace, Tayshaun Prince, Ben Gordon o Charlie Villanueva: un grupo del que apenas conocemos muestra de indisciplina.

En el presunto motín, de la semana posterior al All Star, uno no sabe que creer. La verdad, que excepto Hamilton, que tenía algún motivo que otro para quejarse, el resto de jugadores han dado sus motivos de porque no se presentaron al entrenamiento. De todos modos, la coincidencia en tiempo y lugar del plante del capitán, con imprevistos por doquier (algunos de los cuales, suenan a pobres excusas para un profesional) es más que sospechosa.

Richard Hamilton, el hombre cuya situación se convirtió en el catalizante de la revolución, volvió el 1 de marzo. Está promediando 16.5 puntos en los 11 partidos que ha jugado después del motíngate, pero las 4 victorias en los 12 partidos desde que se le concedió la amnistía a Rip (se perdió la victoria ante NY por la muerte de su abuelo), no mejoran el récord del equipo durante la temporada.

El sábado, el jugador declaró a la prensa que el problema había sido la falta de comunicación. Que se pusieron a hablar, que Rip le dijo lo que quería ver en su entrenador, que Kuester replicó con lo que necesitaba de su jugador, y que los dos acercaron posturas y dieron su brazo a torcer por el bien común. Yo creo que, a la vista de que ninguno se encontraba en una posición inamovible, el problema nunca tendría que haber llegado hasta ese punto.

La gestión de un grupo a este nivel, requiere mucho más que saber manejar las X’s y las O’s de la pizarra. Kuester no ha hecho nada especial, para que nos vamos a engañar, con sus tácticas, pero no le podemos dar un suspenso porque él no tiene la culpa de una grandísima parte de la composición de la plantilla. Sin embargo, su manejo del grupo ha sido muy deficiente.

Y los problemas, evidentemente, empiezan todos en el mismo sitio. Las derrotas. No recuerdo que jugador o directivo comentó tras el fichaje de Artest por Lakers, que mientras el equipo estuviera ganando, Ron jamás daría un problema. Que nadie se muestra díscolo si se va directo hacia el éxito. Si Detroit ganara 40 partidos por temporada y coqueteara con Play Off, no habríamos llegado a esta situación. Pero Kuester no ha sabido, o no ha podido ganar. Ni tampoco manejarse con diplomacia por el río revuelto.

No pide uno desde aquí cabezas, porque algo así puede pasar en cualquier franquicia que esté pasando un mal momento. Además, experiencias como está pueden ayudar a un entrenador novato en un futuro, y es de esperar que la tercera temporada de Kuester sea mejor que las dos anteriores. Pero los Pistons no pueden permitirse crearse más problemas de los que ya tienen. Cueste lo que Kuester.