En un periodo de Playoffs en el que los partidos del Oeste están siendo mucho más entretenidos que los de la Leastern Conference (más Leastern que nunca), la serie de Dallas-Oklahoma estaba siendo la más divertida para nosotros, y detrás de ella estaba la de Los Angeles-Memphis, que, eso sí, tenía más emoción.
Y ayer volvió a pasar, partido divertido entre Veleros y Ositos, con muchísima emoción hasta el final, en el que Rudy Gay se cascó dos tremendísimos triples seguidos (no creemos en el ser clutch, pero si eso existe, Gay, lo es), pero acabó condenando involuntariamente al equipo: tras fallar Bledsoe dos tiros libres, a los Grizzlies, sin tiempos muertos, le bastaban dos puntos para ganar, y Conley, ante una matadora defensa Clipper que le dejó un pasillo a la canasta, que solo hubiera estado mejor marcado con pétalos de rosa y fragancia francesa, decidió buscar a Gay y darle una patata más caliente que un quinceañero viendo American Pie. La original, claro. Y Rudy comprobó que sí que hay dos sin tres.
El resto de pensamientos inconexos viendo el partido, como sigue: Chris Paul sigue llevando dos coronas para nosotros, mejor base de la galaxia, y niño bueno con más mala hostia. A Zach Randolph, que sigue teniendo una clase descomunal, le han faltado 15 días. En Los Angeles están buscando los tickets para devolver a DeAndre Jordan (el partido lo acabó jugando Reggie Nutgrabber Evans) y sus 43 millones en 4 años, pero Donald Sterling lo habrá traspapelado entre los recibos de sus asistentas de día, prostitutas de noche. Y es imposible que Blake Griffin acabe su carrera entero, no creemos que pase de la temporada que viene que le partan la cara.
Y en una serie que podía ir 3-0 para los Grizzlies fácilmente, pero en la que van 1-2 abajo, el detalle final: en un partido acabó decidiéndose por un solo punto, Marreese Speightsregaló un balón en línea de fondo a Blake quedando 2.3 segunditos del segundo cuarto, y probablemente, por miedo al póster, le dejó matar el balón mientras el tiempo expiraba. Evidentemente, el enfoque a los últimos segundos de partido hubiera sido diferente con los Clippers con dos puntos menos. Pero hay queda, para enseñar a los chavales que todo detalle cuenta.
Y para enseñar a los entrenadores, Speights tuvo un descomunal +/- de -22 (es decir, los 18 minutos que estuvo en pista, el parcial lo ganó por 22 Clippers) en contraste con el +17 de Marc. Venga, Hollins, de Del Negro, que usó tres bases para defender en el tramo final, y porque Billups no estaba, nos los esperábamos, pero de ti…
Anoche nos pusimos con el duelo del Garden, el Knicks-Heat, y nos arrepentimos. Menudo pestiñote. Una ensalada de aclarados mal ejecutados con reducción a la pérdida continua. Un chuletón de tiros dudosos y jugadas descuidadas. Y ni siquiera fue un partido físico. No fue cosa de buena defensa especialmente, solo tuvimos mal ataque. Y encima, tras pasar los tres primeros cuartos igualados, no tuvimos ni emoción al final.
Sabíamos que Miami y New York eran dos equipos muy astrocéntricos, y con Amar’e Stoudemire haciendo un santicañizares, Chris Bosh al que todavía le tiraban los puntos después del parto continuo en el que vive instalado este hombre, y LeBron James con un flojísimo partido y problemas de faltas, la cosa se puso muy fea, muy rápido. Algo así como Sam Cassell corriendo a toda velocidad. Y los que quedaron, Anthony y Wade, flojos en general para su nivel por tener que tirar del carro, pese a la gema ocasional.
Hasta la afición del MSG, estuvo bien flojita. Cuando el viento iba a favor, fueron ruidosos, molestos e incluso se permitieron iniciar varias veces el cántico de «Asshole!» para LeBron James (Stay classy, New York). Pero dejaron que el equipo tirará de ellos, en vez de ser al contrario, y fueron rápidos en sucumbir al desaliento cuando Miami encadenaba rachas.
Al final, Miami ganó bien, tras una salida rabiosa de LeBron al parqué en el último cuarto en el que metió 17 (sus números finales, salvo por las pérdidas, de ensueño otra vez), y los triples claves de Chalmers para mandar la ventaja por encima de la docena, que mató el partido a falta de unos pocos minutos. Si los Knicks no fueron capaces de sacar un partido adelante ante un equipo descuidado en el que James no estuvo mucho rato en pista, no vamos a hablar ya de pasar a la segunda ronda, evitar la barrida (que sería el tercer 0-4 consecutivo tras el del año pasado y el de 2004) es un objetivo que parece inalcanzable.
Busquen en YouTube un mate de J.R. Smith, y un tapón (mal pitado como falta) de LeBron a Carmelo, lo único molón de la noche. Y circulen, que aquí no hay nada que ver.
Quedaban dos minutos de partido en el AT&T Center, y por megafonía sonaba el Sweet Caroline. Los Spurs ganaban de 36 puntos, y por supuesto que todo el público de San Antonio se lanzó a cantar el mítico «Dah, dah, DAH!» de la canción. San Antonio ahora mismo ha encontrado a Lupita, han acabado su camino por México, y están en Cabo San Lucas puliéndose margaritas como Kawhi Leonard anotó ayer triples: de tres en tres.
Al final, el despiece se redujo a 31 puntos, y el partido no tuvo ninguna historia: Utah jamás estuvo por delante, a los 5 minutos perdía de 12, y salvó un parcial 0-9 que les ponía a 5 en el segundo cuarto, y que fue respondido inmediatamente por un 20-0 de vuelta de San Antonio, no estuvieron ni cerca.
El candidato a MVP Oh, La, La! Parker hizo lo que quiso y acabó como máximo anotador con 18 puntos, pero en este partido dejó hacer a los actores secundarios: Leonard le siguió con 17 puntos, Gary Neal parecía Parker cuando TP no estaba, pull-up 3‘s incluidos, Boris Diaw vuelve a ser efectivo y hasta Danny Green se animó a hacer de base en un par de posesiones que acabaron en la canasta tras pasar, y pasar, y pasar (y pasar) la pelota.
Los Spurs siguen teniendo quizá la imagen de equipo aburrido y plomizo, pero ahora mismo, salvo por los fans de las acrobacias atléticas extremas, eso es el nadir de su realidad: su juego es brillante, y siempre tienen hasta la espectacular jugada ocasional de Ginobili o Parker para colarse en el Top 10 de SportsCenter.
Leonardo DaVinci demostró la imposibilidad del movimiento perpetuo, pero Popovich ha logrado el perpetuum mobile sin ser siquiera ingeniero, la respuesta estaba en estudiar ruso, por lo que se ve. Al sistema diabólico de Gregg, se le han añadido además este año dos piezas que se acoplan perfectamente, y que tienen mayor importancia de la que parece, por lo muchísimo que aportan sin retener el balón, meramente conduciéndolo.
Huelga decir que los resultados que Kawhi Leonard, a por el que fueron, y Boris Diaw, con el que en teoría se encontraron, darían ahora mismo en cualquier otro equipo, serían mucho menos satisfactorios. En Diaw hay un hombre alto cuya habilidad para pasar el balón es probablemente lo único que le mantiene en la NBA, y en Leonard uno de los jugadores que mejor se mueve en ataque de la Liga. Boris jamás podía aprovechar su talento en Charlotte, y los cortes quirúrgicos de Leonard seguramente se perderían River Walk abajo fuera de esta ciudad. Pero aquí aportan otras dimensiones, los papeles de intermediario y finalizador que no tenía este equipo, y que suman diversidad y eficacia, al ataque. Si encima tenemos en cuenta como ataca Leonard el rebote ofensivo, miel sobre hojuelas. Y miel de la mejor.
Algún partido en Salt Lake City, ciudad de enrabietados fanáticos, puede oscilar hacia a unos Jazz, que viendo jugar a Favors y a Kanter como hicieron ayer pueden tener motivo para el optimismo futuro: tienen 4 excelentes jugadores interiores de nivel, por lo menos, titular, entre 19 y 27 años. Tendrán que mover a alguno, y si aciertan en la recompensa hay equipo para rato. Pero anoche solo hubo dolor. Mucho dolor.
El premio gordo, el mejor jugador o como realmente es el nombre, el jugador más valioso de la temporada…
Mario Maruenda – LeBron James
Para mí, no hay otro. Su PER (medida de eficiencia) es Jordanesco (de Michael, no DeAndre). Si no baja el pistón con la posición de su equipo de cara a Playoffs y su dedo anular (oh, la ironía) maltrecho, podía haber superado plusmarcas históricas. Su porcentaje de tiro verdadero (que valora apropiadamente los triples, y añade los tiros libres) está por encima del 60%, lo que con su volumen, es una puta barbaritat (aunque, que conste en acta, el de Durant es aún un poco mejor). Cuando Wade no ha estado, lo ha hecho aún mejor, y no es por equipo, que Miami sin Dwyane es más flojito que muchas otras franquicias. Y la defensa, que ¿qué otro de los candidatos a MVP defiende cómo él?
Sí, me cae peor que Durant. Sí, no ha tenido ninguna heroica en minutos finales de partido (y si no tuviéramos memoria selectiva, veríamos que el resto… tampoco son más mejores que durante el resto del partido). Sí, si lo ganara por 3ª vez se pondría en compañía de un elenco en el que no nos gustaría dejarla entrar, por llevar zapatillas deportivas e ir sin camisa y sin anillo.
Pero LeBron James es ahora mismo el mejor jugador a los dos lados de la pista en este deporte. Al menos en la Temporada Regular, que es de lo que va este premio.
Y en un mundo en el que casi ningún Rey se merece lo que gana, nos quedan Felix y por supuestísimo, James.
David Chanzá – Tony Parker
Vamos a partir de la base de que con un 99% de posibilidades el premio se lo va a llevar CuLeBron James, a partir de aquí yo no se lo daría, pero eso ya es movidas personales mías… así que busquemos otro candidato… y lo he tenido más o menos fácil: Oh La La.
Los Spurs han hecho una temporada más que sobresaliente y este año no ha sido Duncan el que ha tirado del carro, si no el base francés más jugón de todos los tiempos y del cual siempre llamamos por su apodo.
Parker ha llevado la manija de estos Spurs como lo hizo Nash de aquellos Suns del run-and-shoot y Nash se llevo 2 MVPs… pero quitando esto, se nota que Spurs juega a lo que quiere Parker. Popovich le ha dado los galones y el resto de compañeros, Duncan y Manudo incluidos, saben quien es el que manda.
Además que es una auténtica delicia verlo jugar, de nuevo, me recuerda a aquel Nash: tiros imposibles, el corro de la patata en la zona, penetraciones imposibles y encima, como con Nash, parece majo dentro y fuera de la pista.
Así que para mi, el MVP de este año se lo voy a dar a Oh La La Parker, porque es el dueño y señor de los Spurs (mejor record de la Liga empatado con Bulls), porque está ya sin la Longoria y parece que es más feliz todavía... y no nos olvidemos nunca, porque siempre tiene la sonrisa del jugón en sus labios…
Creo que estamos todos de acuerdo en que si no se hubiera perdido 35 partidos, Andrea Bargnani sería el ganador indiscutible de este galardón. Como El Potro Italiano se lesiono, tenemos que buscar otros candidatos:
David Chanzá – Tyson Chandler
Estos últimos años Dwight Howard era el poseedor absoluto del premio al mejor stopper de la liga, como en su día hizo Ben Wallace, era todo un intimidación dentro (y a veces fuera) de la pista, pero desde que el bueno de D-Howard le diera por hacer el tonto con su traspaso-lealtad-quierotiraravangundy pues la cosa ya no ha sido la misma, a parte que ha bajado considerablemente su rendimiento.
Así que por mi parte me voy a ir a la Gran Manzana, a por un newcomer del MSG este año y que ha llegado por todo lo alto: Tyson Chandler.
Con anillo bajo el brazo Chandler llegó a los Knicks como aporte defensivo al juego interior de los Knickerbockers, pero nadie se esperaba lo que ha aportado este año. Lo que vimos el año pasado en las finales contra Heat, donde secó totalmente a Bosh se ha visto incrementado de forma brutal en esta temporada lockoutera.
Chandler ha sido todo un incordio para todos los equipos que jugaban contra Knicks, rebotes, intimidación y además ha añadido un gran % de tiro, lo que quiere decir: me hago hueco y acabo en bandeja/mate.
Con lo cual para mi, y por su impacto inmediato (y por qué no decirlo, inesperado) en la franquicia, el jugador defensivo del año tiene que ser Tyson Chandler.
Mario Maruenda – LeBron James
El premio más complicado del año después de Novato del Año, quizá. La tentación aquí es darle el premio a un hombre alto, empezando por Tyson Chandler, sobre todo, pero siguiendo con Howard (si vemos los números antes que los numeritos ha sido el ganador perenne de siempre), Garnett, que es el mejor defensor de este grupo cuando lo separas 3 metros de la canasta e Ibaka, que puede engañar con sus cifras taponadoras a algún despistado. Otra línea de pensamiento es dárselo a alguien de las tres mejores defensas del campeonato: Chicago, Boston y Philadelphia.
Así que como siempre, hay que definir que es un DPOY, y para mí, es la respuesta a esta pregunta: «Si tuvieras que elegir un jugador para defender a su hombre en una jugada decisiva, con lo visto esta temporada, ¿quién sería?» Y para mí, ese hombre es James. Por posición no puede, ni podrá tener el impacto que tiene un pívot en la defensa general de su equipo, pero el trabajo que hace en el perímetro, donde es más difícil defender ahora mismo que dentro, su polivalencia y su colaboración también en las ayudas, me impresionan mucho más que cualquier cosa que haya visto en otro jugador esta temporada.
Pese a que los números, que por desgracia son muy limitados para medir el impacto defensivo, como el Índice Defensivo sean similares a otros aleros como Iguodala o Pierce, LeBron no está rodeado por el mismo sistema que estos, de hecho, al contrario, Miami está 4º en índice defensivo, sin la estructura de una defensa tradicional, y es una grandísima parte gracias a LeBron. Lo únicoque se puede recriminar, es que todo lo que hace, es como abusón.
Ahora que ya sabemos quien es el MWP, y le quedan aún 6 partidos de sanción, hoy vamos a buscar al MIP, el jugador de mayor progresión este año:
David Chanzá – Andrew Bynum
Este es uno de los premios más chungos de dar, así de claro, qué valoras? un sophomore de 2o año que seguro que lo hace mejor? valores a alguien que sale de lesión? qué se valora en el MIP? así que como tal voy a valorar lo que yo quiera…
Así que por eso se lo voy a dar a Andrew Bynum, el bueno de Drew ha tenido una temporada más que sobresaliente que se vio recompensada con el All-Star, pero donde ha estado la clave de Bynum? Pues no ha tenido lesiones y eso es una gran progresión.
Bynum ha hecho unos números brutales a punto de llegar al 20-10 que debería hacer sin casi despeinarse, pero se ha quedado a las puertas. Este año ya se cascó un partido con 30 rebotes, una cifra más que tremenda y con la llegada de Mike Brown y la salida de Odom ha sumado más minutos, con lo cual más responsabilidad.
Pero no todo son cosas positivas, Bynum puede (y debe) seguir mejorando, ya está considerado el 2o mejor center de la liga y su objetivo tiene que ser ese top, talento tiene pero debe muchas veces dejar las chiquilladas como esas dos expulsiones ante Rockets, por no mencionar el tema del triple…
Así que por mi parte, el MIP se lo doy a Bynum, por muchas razones, pero sobre todo por el hecho de haber acabado la temporada sano y con una proyección que junto a Gasol hacen que Lakers sea un equipo temido bajo aro.
Además, no nos olvidemos, para los Buss, Bynum es el futuro post-Kobe, de ahí que nunca se hable de él en los trades y demás…
Mario Maruenda – Ersan Ilyasova
Para mí el jugador más mejorado es aquel que de repente aumenta su producción de manera inesperada. Por tanto, para elegir uno, empiezo descartando aquellos cuyos números por 48 minutos no han cambiado. Así que, Ryan Anderson, you’re fucking out. Y Bynum también ha hecho lo mismo que otros años, la diferencia con este solo es que ha estado sano. Y ese solo es enorme para él, la verdad, pero no nos vale.
Descartamos rápido a otras dos elecciones populares: Lin, tiene dos problemas, uno que es casi un novato, (no hay mejora si el año pasado «ni jugó»), y otro, que básicamente ha jugado 27 partidos este año. Por ese motivo también va fuera Pekovic, porque pese a la sorpresa, solo tiene 33 partidos de 20 minutos o más, y hay que descontarle el factor Ricky. Además es un jugador de segundo año: su mejora es la más inesperada de todo el grupo de jugadores jóvenes, pero es de esperar, tanto para él como para el resto de su quinta, pasos adelante el segundo año.
Así que nos quedamos con 3 jugadores. Kevin Love y James Harden han dado un salto cualitativo importante: Love lo ganó el año pasado, pero es que este se ha convertido en uno de los 5 mejores jugadores de la NBA, el mejor ala-pívot indiscutiblemente y ahora es dueño del mejor bigote. Harden por su partem ahora es el tercer mejor escolta de la Liga, y probablemente el anotador de volumen más eficiente.
Cualquiera de los dos podría ser número uno si no fuera por… Ersan Ilyasova, que tiene todo lo que le puedes pedir a un candidato a jugador más mejorado: lleva años en la Liga y su mejora es inesperada, las estadísticas no responden solamente a un aumento de minutos (juega solo un par de ellos más que el año pasado) y ha añadido una dimensión más a su juego, ya que ahora es una amenaza desde la línea de 3 (su porcentaje este año, 45.5% es de los mejores de la Liga, y muy superior a la media de su carrera hasta esta temporada, un 33.5%). Cualquiera diría que se le acababa el contrato este verano, y… Oh, wait!
Primero de los premios de La Crónica Desde El Sofá y primer Cara-a-Cara entre Mario y David… quién es el entrenador del año?
Mario Maruenda – Gregg Popovich
Empecemos diciendo que el premio de Entrenador del Año es una cosa casi tan arbitraria como las basketball reasons, y que si definir qué se considera un MVP es motivo de debate, lo de Entrenador del Año da para ensayos de Saramago. En la lista de Entrenadores del Año nunca apareció Jerry Sloan. Y Phil Jackson o Gregg Popovich aparecen solo una vez, las mismas que Sam Mitchell o Mike Brown. Sí, sí, en serio, Mike Fucking Brown. Así que lo que le apetece a uno al ver esta lista, si tuviera derecho a voto, sería dárselo a Westphal, y trollear un poquillo.
Es por ello que no daría dos años seguidos el premio a Thibs, sería el primero, y tamaño reconocimiento le convertiría en el Michael Jordan Jeremy Lin de los banquillos, y Thibs es bueno, pero no tanto. Sin embargo, sí que creo que Popovich debería ser el 7º entrenador en ganarlo al menos dos veces. Nadie veía a los Spurs ganando el Oeste y compitiendo por el mejor registro de la Liga otra vez, y menos aún si nos avisaran a principio de temporada que Manu se perdería los mismos partidos que Durant, Westbrook, Harden, Ibaka, Bryant, Bynum, Gasol, Paul, Griffin, Jordan, Nowitzki, Marion, Terry, Marc, Gay, Conley y Nash JUNTOS, es decir, que el Oeste ha estado sano, salvo por Ginobili, y que iba a reservar a Duncan y Parker prácticamente lo que le viniera en gana. Y luego están los milagros de siempre: sacar un jugador NBA, donde el Olimpija Ljubljana solo veía poco menos que un NAF y lo de Matt Bonner.
Y los Spurs no tienen nada que envidiar a Chicago en la disputa del equipo más trabajado de la Liga. Técnicamente son perfectos, ejecutan las jugadas que estadísticamente son más eficientes más que nadie, y eso es mérito del entrenador y el resto de sus asistentes que las diseñan y emplazan a sus jugadores a utilizarlas. Y porque nadie más hace esto. Larga vida al espía.
David Chanzá – Tom Thibodeau
Muchos deberían optar el premio del Entrenador del Año y entre ellos Gregg Popovich (ojo que pondría también a Frank Vogel de los Pacers muy alto también…), pero sin duda para mi el que merece el premio, marcándose un back-to-back, sería Tom Thibodeau.
La temporada de Bulls en cuanto a números se puede ver fácilmente, se van a llevar el top seed del Este, pero lo que es más sangrante, es que se la van a llevar sin haber contado durante 27 partidos sin el MVP del año pasado Derrick Rose, sin él, Thibodeau ha hecho ejercicios cuánticos para hacer funcionar un equipo de la mano de CJ Watson y John Lucas III, es decir, una pareja digna de Bobcats.
Con ello, los Bulls han sido los mejores en el Este, el equipo a batir y ni los todopoderosos Heat han podido con ellos.
Pero vamos a ir un poco más allá, Hamilton, que venía como gran comparsa para estos Bulls, sólo ha jugado 27 partidos (!!) con lo cual gente como Kyle Korver, Deng, Brewer o incluso Tag Gibson se han tenido que multiplicar para ocupar ese hueco, con lo cual, más ingeniería de la mano de Thibodeau, para conseguir que el equipo sin dos de sus grandes baluartes, siga siendo el mejor en su conferencia.
A todo esto hay que añadir un factor que creo que es la gran baza y por el gran secreto de los Bulls de Thibodeau, ningún otro equipo de la NBA tiene a esa bestia del baloncesto, a ese dios de las canastas, a ese elemento que cambia todo… nadie más tiene a The White Mamba aka Brian Scalabrine.
Como todos los finales de marzo, y entrando ya en abril, tenemos el último suspiro del torneo universitario, la traca final del March Madness, los (no LA, se hace referencia a los equipos, no a la final) Final Four de la NCAA.
Y tres partidos finales de entidad, ya que ningún equipo que baje de la 4ª semilla (el equivalente a tener a 4 de los 16 mejores de la temporada) estará en New Orleans. El 1º, 2º, 4º y 11º equipo en eficiencia defensiva (puede sorprender, pero el undécimo es curiosamente el favorito, Kentucky). 3 de los 16 mejores equipos en índice ofensivo. Poco más se puede pedir.
Las cenicientas este año estaban ya en casa a las 10. Hubo un par de ellas que ligaron en la sesión de tarde con un par de cachitas que iban de guapos más de lo que son (Missouri, los Jeremy Lin, los Tim Tebow de la NCAA, un equipo de retacos que llevaba viviendo del triple y de lo ilógico todo el año, y que se llevaron la hostia de la regresión a la cruel media en el peor momento posible, y los Duke Blue Devils que este año eran menos Duke y menos Devils que nunca) pero se perdieron la juerga buena.
Así a diferencia de años como el pasado en los que VCU o Butler se colaban, este año hay 4 escuelas ganadoras, que juntan 13 títulos, y todas tienen al menos 1: Louisville, Kentucky, Kansas y Ohio State. Jugadores con futuro NBA, entrenadores míticos y con títulos en el zurrón, aficiones rabiosas y dispuestas a viajar, más aún a la Big Easy, y mucha, mucha tradición. Yo prefiero este rollo. Todos los años.
La cosa empieza con un Louisville-Kentucky, la historia de dos separados por 75 millas, y que comparten rivalidad estatal. Por lo tarde que se han encontrado (se han visto 4 veces, la última en el Orwelliano 1984, pero nunca en semifinales del torneo) y porque a diferencia de otras rivalidades, como North Carolina y Duke, no están en la misma Conferencia y por tanto no se están todos los años jugando nada entre ellos, más allá de la Battle for the Bluegrass, el partido que les enfrenta a principio de temporada y que este año ganaron los Wildcats, nos encontramos ante el que probablemente es el partido de mayor rivalidad regional del Baile en la Historia. Y no le damos bombo por dárselo, ni porque nos guste poner Historia con mayúsculas, ni porque tengamos los derechos del partido. Se lo damos porque hay personas que andan dándose aplausos en la cara en una clínica de diálisis pensando en la batalla del sábado.
Kentucky es el grandísimo favorito, un equipo con más jugadores NBA que los Charlotte Bobcats que se está paseando por el Torneo (y aquí viene una digresión un poco larga: esto es solo un chiste y una exageración. Y lo apuntillo porque Charles No Tan Gordo Ya Barkley abrió el debate esta semana diciendo que Kentucky ganaría a los Bobcats, Gary Williams, ex-entrenador de Maryland le siguió diciendo que también ganarían a los Wizards, y la bola de nieve empezó. En mi opinión, el debate es totalmente ridículo y estéril, Kentucky lo pasaría fatal para ganar un partido frente a un rival NBA, y solo vencería muy ocasionalmente. Y las simulaciones por ordenador, les dan aún menos posibilidades, de las muy pocas que yo ya les doy). Con Anthony Davis, un jugador espectacular del que ya hablamos y su unicejo liderando, y Kidd-Gilchrist, que nos lleva enamorando todo el año, y ya está segundo tras Davis en las previsiones del Draft, como el jugador que siempre aparece cuando más lo necesitan, el dinero más seguro en una apuesta iría con ellos.
Pero aún así, hay algún punto flaco en la armadura del acorazado UK. La juventud e inexperiencia, que todavía no ha pesado en este equipo lleno de frosh, pero podría hacerlo tal vez, es uno. Aunque como dirían Lenny y Carl, «Todo es relativo». Solo los jugadores de 2º año de los Wildcats, el increíble pero irregular tweener Terrence Jones, el anotador unidimensional Doron Lamb y el atlético Darius Miller tienen experencia a estas alturas del Torneo, ya que estuvieron el año pasado aquí. Otro problema es que Calipari, su entrenador, el mejor reclutador y el hombre que querías que dirigiera la carrera de tu hijo si vislumbras que puede dar el salto a la NBA, sigue siendo un mastuerzo con la pizarra. Y eso que sus Wildcats juegan el doble que lo hacían sus Nets de hace tiempo, los Nets no jugaban a nada, y estos no juegan a nada de nada. Pero van tan sobrados que no les hace falta. Y por último, atención a Marquis Teague, hermano de Jeff, el jugador de los Hawks, y una cabra loca de primer nivel. En partidos de alta tensión, habitualmente, la templanza y la ascendencia en la posición de base es la más necesaria, y Teague que es un portento atlético con el estilo y el descaro que recuerda a flashes a Francis o Marbury en campo abierto, se convierte en tu vecino del quinto en las jugadas a media cancha. Que sea capaz de ejecutar si L’ville (o Kansas/OSU en la final) frena la contra, y que no se vuelva más loco que Raymond Felton en un restaurante buffet tratando de llevar el partido al ritmo en el que él, y el resto de jugadores de Kentucky, en menos grado, pero también, se sienten cómodos serán factores clave para la victoria final del favorito.
Louisville, por su parte, con Rick 15 segundos Pitino, el pistolero más rápido del Este (sí, no hablamos de baloncesto, guiño, guiño) de vuelta en el finde más prestigioso, tienen la mejor defensa que se ha visto en todo el Torneo, y por estadística son el número 1 en este apartado en el país. Con Gorgui Dieng patrullando la pintura en defensa nivel Anthony Davis, el equipo ha ido poniendo las esposas y atando a la cama a equipo tras equipo. Empezaron con los New Mexico Lobos, con los que se encontraron en segunda ronda y que traían a uno de los jugadores más peligrosos a nivel universitario en Drew Gordon, pero les hicieron volverse con el rabo entre las piernas. A los Spartans de Michigan State que entraron como cuarto mejor equipo del país los dejaron en una puntuación ridícula e histórica: 44 puntos. Y tras permitir a los Florida Gators y a su futuro NBA Bradley Beal (otro que me encanta, y con el potencial de mandar en el trono de mejor anotador sin balón, como un híbrido de Ray Allen y Rip Hamilton, en la próxima década) anotar a placer en la primera mitad, con los ajustes de Pitino permitieron solo 8 puntos en los últimos 10 minutos.
Este equipo sabe como convertir un partido en una pelea de perros, y viene con la motivación y el momento necesarios, tras ganar el torneo de la conferencia Big East, el más molón de todos, que también dio la inercia necesaria al campeón del año pasado, UConn. Tal vez sean el rival con menos talento de los tres que le podían tocar a Kentucky, pero el más desagradable para ellos. Desde luego debería ser un partido con mucha más tensión que el encuentro que tuvieron con Baylor: Louisville no tendrá ningún jugador del potencial y el futuro de Perro Jones III o Quincy Miller, pero nadie volverá trotando a defender, y luego se apartará de todo contacto como hicieron los Osos del estado de Texas. Y Pitino, que a diferencia de Calipari, sabe lo que es ganar un título (precisamente con Kentucky en el ’96) es el favorito en el ajedrez de las X’s y las O’s.
La otra semifinal enfrenta, por primera vez en marzo, a los Buckeyes de Ohio State con los Jayhawks de Kansas, dos equipos que llegan como segundos cabezas de serie de su región tras superar a los número uno (Syracuse y North Carolina respectivamente) y con muchos parecidos entre ellos. Liderados desde la pintura por dos de los jugadores más fuertes de la Liga, Sullinger y Robinson, con un buen equilibrio entre ataque y defensa, y con una trayectoria similar en la que se han tomado noches de descanso aquí y allá y han ido perdiendo los partidos que Kentucky, Syracuse o UNC no se han permitido. Eliminatoria más igualada a priori, por tanto, y menos caldeada, pero con más papeletas de ser más entretenida y suelta por las mismas razones.
Ohio State llega más lejos que el año pasado, con un equipo peor, en mi opinión, pero más seguro y regular para un torneo de este tipo. Si el año pasado eran los Orlando Magic de la En-si-dábol-ei, con Jared Sullinger haciendo el papel de especimen físico que consigue lo que quiere cuando quiere en la pintura, rodeado de tiradores para hacerte pagar cuando lo doblas, este año son un equipo más compensado, que no ofrece una apuesta tan extrema, y por lo tanto son más fiables y regulares, ya que una mala noche de tiro de tus exteriores o los problemas que puede crear una obcecación transitoria de tu estrella te afectan mucho menos. Nadie ha sustitudo a Diebler o a Lighty, pero el sistema ya nos los hace imprescindibles.
En Kansas, aparte de Thomas Robinson, el único candidato a toser a Davis en la elección de Jugador del Año, y futuro ala-pívot de una de las peores franquicias de la NBA, os recomiendo que le echéis un ojo al que quizá haya sido el jugador más entretenido de ver en todo el año: Tyshawn Taylor, uno de esos de los que nacieron escoltas pero juegan de bases porque no les daban 2 petit-suisses cuando eran pequeños, y una demostración empírica de la Teoría del Caos. Si el aleteo de alas de una mariposa en China puede provocar un tornado en Texas, entonces en el vórtice que se comunica con el juego de Taylor debe haber cientos de colibrís copulando. Doggystyle.
Para la tranquilidad de los más fieles de Kansas, que sabían que algún oloroso regalo de Tyshawn, miembro selecto del club Truco o Trato de Tony Allen, se iban a comer durante el Torneo, parece que lo peor ya ha pasado: hizo un partido horrendo en el enfrentamiento del Sweet Sixteen contra North Carolina State (2/14 en tiros de campo, 2/5 en tiros libres, 5 pérdidas), y lleva cero de diecisiete (lo ponemos en número también, 0 de 17) tiros de tres, tras conectar a un ritmo del 43.5% durante la Temporada Regular, así que en el/los partido(s) que le quedan tiene que salir el Taylor bueno. O no. De todos modos, nosotros nos vemos animando al sábado para una final KU-UK, ya que el Teague–Taylor podría ser un duelo para guardarlo en DVD en Full HD. 150 puntos entre los dos, 50 pérdidas, un MVP compartido, un entrenador suicidándose en directo en la banda, lanzamiento de ropa interior cual corrida de toros de Jesulín, lanzamiento de monedas y mecheros cual pabellón balcánico, otro Katrina en New Orleans… Nada, absolutamente nada, sería imposible si estos dos juntan sus destinos en una misma cancha con un título en juego.
Así que ya sabéis en la madrugada del sábado al domingo, las semifinales; y a las 03:00 de la mañana del de la madrugada del lunes al martes, la Gran Final. El futuro ya está aquí. Y puede ser muy divertido.