Llegamos al momento clave de la temporada, The Finals, donde Oklahoma City Thunder y Miami Heat se van a jugar en los próximos días quien se lleva el título de la NBA y el anillo. Aquí en la Crónica cada uno va con uno diferente…
Mario Maruenda – Miami Heat en 6
Hace casi dos años, en plena resaca de la Decisión con mayúsculas, hubiera sido impensable. Pero ahora, sí, con los dos finalistas que tenemos, quiero que Miami gane este título. No lloraré si gana Oklahoma, y también me encantaría ver a Durant y compañía con un anillo en la mano, pero creo que mucho tiempo y oportunidades tendrán, y ya es hora de que LeBron lo gane por un motivo: que nadie pueda seguir cuestionado su grandeza.
LeBron este año no ha sido polémico ni prepotente. Se ha visto que la ventaja que adquirió rodeándose de Wade y Bosh, repelente por abusona y simple, no era tanta en una NBA con plantillas que se han sabido completar y complementar mejor y entrenadores más curtidos que el suyo. Y ha tenido que aguantar lo que nadie en todos los pabellones a los que ha ido. Y ha tenido que leer de todo en una prensa caníbal que disfruta con un villano.
También me gustaría que Bosh pudiera ganar su anillo, y veteranos como Juwan Howard, Mike Miller o Shane Battier saboreen la gloria y puedan retirarse tranquilos (y pronto).
Pero todo gira en torno a LeBron. Él es la razón de que Miami esté aquí y suya será la victoria o derrota. Y aunque parezca de otra especie, es humano, como tú y como yo. Es posible incluso, que él sea más sensible que nosotros. Lleva 9 temporadas dándonos un nivel superlativo de baloncesto, y todavía no es suficiente, es motivo de mofa. Si tras 3 MVP’s, un anillo es lo que se necesita para dejar de oír el run-run, que venga pronto. Que venga ya.
David Chanzá – Oklahoma City Thunder en 5
Escribo esto con la camiseta de los Seattle Supersonics de la temporada rookie de Kevin Durant, verde y con el 35 a la espalda. OKC está ante su gran oportunidad, muy probablemente mucho antes de lo que ellos mismos pensaban.
Con un equipo lleno de talento comandado por un Kevin Durant que es un JUGÓN con todas las palabras y sí, así en mayúculas y con dos jugadores que serían franquicia en cualquiera de los otros equipos NBA como son Westbrook y la barba más famosa del mundo entero, James Harden.
Pero a parte de esto, tenemos dos jugadores interiores serios como es Serge ‘Ikea’ Ibaka y Kendrick Perkins con la más que eficiente aportación de otro Sonic como es Collison. Y luego está el factor Fisher, que alguna va a enchufar de esta de las suyas y que puede ganar su sexto anillo y antes que Kobe además… quién lo iba a decir…
Thunder puede empezar este año algo que si las lesiones lo permiten y el GM (y los jugadores) no se vuelve locos, puede hacer que esta franquicia robada de la lluviosa Seattle cree lo que los yankis llaman dinastía…
Después de tener su espacio salarial muchos años secuestrado por los altísimos sueldos del Big 3, los Celtics tienen por delante un verano en el que Kevin Garnett y Ray Allen acaban contrato, y tienen hueco bajo el límite para remodelar la plantilla con contratos por encima del mínimo. Danny Ainge tiene trabajo y por fin, dinero que gastar más allá de Newbury Street.
Los Celtics tienen ahora mismo 4 jugadores bajo contrato para la temporada que viene, y dos elecciones de primera ronda de Draft que suponen contratos garantizados… si no se quedan, por ejemplo, en Europa a jugar. Los cuatro jugadores con contrato en Boston son Paul Pierce (que cobraría 16.79 millones la temporada que viene), Rajon Rondo (11.00 millones, probablemente el mejor contrato para un jugador que ya pasó la escala de novato de la Liga), Avery Bradley (1.63 millones) y JaJuan Johnson (1.12 millones). A las dos elecciones de Draft, la 21 y la 22, les tendrían que pagar 1.09 y 1.05 millones respectivamente.
A estos 6 compromisos, que suman un total de 32.68 millones para el próximo curso habría que añadir las llamadas retenciones bajo el tope, en inglés cap holds, que indican que si se tienen menos de 12 jugadores en la plantilla, hay que reservar el contrato mínimo de un novato, es decir 473.604 dólares el año que viene, por jugador por debajo de ese número.
Como los Celtics solo tendrían 6 jugadores en plantilla, para calcular su masa salarial habría que sumarle el equivalente a 6 contratos mínimo de novato, en este caso 2.84 millones más. Según se fueran firmando jugadores, estas provisiones desaparecerían.
Por tanto, los Celtics, sin ningún otro movimiento, tendrían 35.52 millones comprometidos, con un límite que se sitúa en 58.04 millones. Eso les da un total de 22.52 millones para trabajar, más con 2.58 millones más de la nueva Room Mid-Level Exception (excepción de nivel medio para equipos con espacio) que permite a los equipos por debajo del tope utilizarla a mayores. Pero, atención, que no se puede sumar a los 22.52 millones para que hagan algo más de 24 y poder firmar jugadores de, por ejemplo, 14 y 10 millones. Se tiene que usar aparte en uno o varios jugadores que cobren por debajo de esos 2.58 millones.
Como ya hemos dicho, los novatos que elijan los Celtics en primera ronda podrían no llegar esta temporada, pero el ahorro sería bastante pequeño: como hay que reservar el salario mínimo de novato, solo se ahorrarían la diferencia entre los 1.09 y 1.05 millones con los 0.47 del salario mínimo. Así que renunciar a las dos elecciones para este año, solo supondría un ahorro de 1.2 millones más.
También hay que tener en cuenta que tienen la opción de retener a Stiemsma con la oferta cualificante para poder renovarle luego, que en su caso es de 1.05 millones, y que como vendría a sustituir a una de esas provisiones de contrato mínimo, solo reduciría en 1.05-0.47=0.58 millones de espacio salarial.
Así que en resumen, intentando ahorrar lo máximo posible: es decir, sin renovar a Stiemsma, y sin incorporar este año a sus elecciones del Draft (bien sea traspasándolas, o fichando jugadores que se queden en Europa) los Celtics tendrían 23.72 más 2.58 millones de la RMLE, para complementar a Pierce, Rondo, Bradley y Johnson.
Lo más seguro es que tanto los novatos como Stiemsma lleguen, por la conveniencia y lo barato de sus contratos, por lo que la cantidad con la que los Celtics trabajarán es de 21.94+2.58 millones, y 7 jugadores ya en plantilla, seguramente.
Podría ocurrir que Brandon Bass ejerciera su opción de renovar un año más de manera automática, por 4.25 millones, pero parece improbable que Bass no se anime a buscar un contrato, que con los méritos hechos este año, seguramente sería, no solo más alto, sino también más largo, lo cual reforzaría su seguridad financiera. Mencionamos esta opción, que reduciría el espacio en los ya mencionados 4.25 millones, pero no la tenemos mucho en cuenta. Y eso que el propio Bass, al acabar el partido el otro día dijo que esperaba y le encantaría volver, pero no creo que su agente, Tony Dutt, no sea capaz de convencerle de seguir el dinero.
Entonces, ¿qué se pueden hacer con casi 22 millones? Pues en principio, los Celtics, si se encaprichan, podrían ir a por cualquier jugador este verano. Deron Williams podría firmar por 17.18 millones como máximo, por lo que entraría dentro del presupuesto. Los jugadores del Draft del 2008, que buscan este año su primer gran contrato (que los equipos pueden igualar) pueden cobrar como máximo 12.92 millones, por lo que los Celtics podrían hacer una oferta por semejante cantidad, o menos, por supuesto, a Eric Gordon, Roy Hibbert, Brook Lopez, Nicolas Batum, Michael Beasley o Danny Green, por el que parecen interesados, y esperar a comprobar si sus equipos la igualan.
Pero antes que la afición Celtica se emocione con nuevas figuras, hay que recordar que las posibles renovaciones también tendrían que entrar en ese espacio, y como suponemos que la prioridad en Beantown es hablar con Kevin Garnett y ver por cuánto estaría dispuesto a volver, de la cantidad con la que KG firme, dependerá en cuanto se quedan esos 22 millones que tienen para gastar.
Cuando los equipos están por encima del límite, pueden pagar el máximo por renovar a sus jugadores, pero si están por debajo, y quieren hacer esto, tienen que reservar un cierto espacio salarial, para evitar hacer «trampas». Es decir, si no se usara esta retención bajo el tope, los Celtics podrían gastar esos 22 millones en agentes libres «de fuera» y luego renovar a todos sus jugadores por la cantidad que fuera necesaria. En su lugar, los jugadores tienen asociada una cifra, en este caso, el 105% del su salario el año anterior, un total de 22.31 millones en el caso de KG, es decir, el espacio salarial completo de Boston.
Así, por tanto, cualquier cantidad que se acuerde pagar a Garnett por encima del mínimo, estará incluída en el cálculo del espacio salarial de Boston, y por tanto, en conjunto con el resto de incorporaciones, tendrá esos 21.94+2.58 millones de límite. Lo mismo ocurre con Ray Allen, en su caso, la retención sería el 150% del salario del año pasado, y su salario contaría como 15 millones hasta que se alcanzara un nuevo acuerdo. Y por supuesto, el salario que entre en cualquier tipo de traspaso con estos jugadores que no están bajo contrato, tendría que estar por debajo del límite.
Por tanto, la conclusión es esta, si no hay traspasos en la noche del Draft, los Celtics llegarán al 1 de julio con 7 jugadores en plantilla, y 21.94+2.58 millones para gastar entre todos los jugadores que lleguen nuevos y las posibles renovaciones de Garnett, Allen, Jeff Green y Bass (ya renueve automáticamente por 4.25 millones o firme otro contrato con los Celtics).
No es una cifra que permita soñar con superequipos (tampoco los agentes libres de este año son la bomba), pero si pueden convencer a unos cuantos jugadores para firmar por cifras asequibles, podrían traer hasta 5 jugadores de buen nivel, y si además aciertan con las dos elecciones de Draft en las que los últimos años se han elegido jugadores como Kenneth Faried, Darren Collison, Ryan Anderson, Courtney Lee, o en 2006 el mismísimo… Rajon Rondo, tienen la posibilidad de poner en pista el año que viene una plantilla mucho más profunda, con secundarios que permitan seguir exprimiendo lo que le quede a los veteranos antes de reconstruir alrededor de Rondo.
Como siempre, el que quiera dar por muertos a los Celtics otra vez, a su cuenta y riesgo.
No sabemos si fue por cosa del tan manido Orgullo Céltico, del fantasma de Auerbach, de la flojera de Miami, o de las meigas, pero parece inexplicable que Boston sacara adelante un partido como el de ayer. Pero así fue, los Celtics son un jugador de Blackjack que siempre acaba poniendo un 20 en la mesa, vea lo que vea enfrente. No pueden competir en la excelencia, pero obligan al repartidor a ser valiente y demostrar que tiene mejores cartas. Son batibles, pero jamás lo regalan.
Al principio del segundo cuarto, Miami se iba 13 arriba, había vuelto Chris Bosh, que en aquellos momentos ya llevaba 4 de los 6 rebotes ofensivos que cogió anoche, y los aficionados del AmericanAirlines Arena estaban ya más pendientes de hacer ojitos a las mujeres florero que pueblan Miami, que del partido. Pero Boston, que se pasó dos cuartos haciendo la goma con un estilo que sacaría una lagrimilla de orgullo a Perico Delgado, se puso por delante en el último minuto del tercer acto, y manejo los tiempos en un cuarto final, en el que creo que todos teníamos claro quién iba a salir vencedor.
No es que Boston no necesitara heroicidades (el triple de Pierce con LeBron encima para congelar el partido), suerte (dos triples de Pietrus en dos jugadas rotas, un tapón y una casi pérdida) y oficio (un impecable 7/7 desde la línea en los últimos 3 minutos), es que parecía claro que en cuanto las necesitara iban a estar ahí. Si llevan 15, les sale un 5, si llevan 17 y ven que la jugada del repartidor pinta bien, se arriesgan y les sale un 3. Toman la decisión correcta, tienen la suerte. A veces lo hacen con dos cartas, Rondo y Garnett, que están más cómodos contra Miami que contra cualquier otro rival. Otras es un trabajo coral lleno de esfuerzos concretos. Pero el 20 lo clavan. Nunca de más. Nunca de menos. Los cuenta-cartas del MIT les ayudan desde el otro lado del río.
Y eso les funciona muy bien contra Miami, que tanto en el casino como en la pista solo tiene dos jugadas: Blackjack o nada. El ataque de los Heat en el último cuarto fue doloroso de ver. Los jugadores se extendían y acampaban más allá de la línea de tres, sin movimiento alguno ni intención de ponerse en marcha, pero tampoco tenían vocación de hacer pagar a Boston desde el triple (27% en el partido). Los secundarios ni anotaban, ni bloqueaban, ni siquiera se quitaban del medio, que qué menos. Miami se veía condenado a la dinámica de mal tiro tras mal tiro, algo que Boston, a excepción de Pierce, y porque él quiere, no hizo. Y menos mal que Wade, de meter malos tiros y finalizar solo contra el mundo sabe un rato, que si no no hubiéramos tenido ni emoción.
No es cosa de orgullo, corazón, y demás pamplinas de libros de autoayuda, porque muchos otros equipos (los dos del Oeste, por ejemplo) hubieran luchado igual. No es cosa de egos, ni de villanos, porque en Miami nadie está pensando tirarse 30 tiros, es más, preferirían no hacerlo, esa es la idea detrás de juntarse en SoBe. No es cosa de haber estado ya aquí: LeBron y Wade han ido a las Finales las mismas veces que el Big 3.
Boston tiene en cada jugada múltiples opciones, que cubren casi todo el espectro de lo que se puede hacer en una pista de baloncesto, un facilitador de lujo y un hombre que puede explotar el boquete de Miami, la alarmante falta de centímetros. Los roles están definidos, y se sitúan y complementan para que cada uno aproveche el talento y las fuerzas que les quedan para ir aportando pírricamente más que el total de la suma de sus partes. 20. 20. Y otra vez 20. 5 jugadores acabaron con más de 10 puntos, y el sexto es Rondo, que contribuye a su manera. Así no ganan un partido a cualquiera de los dos equipos que vienen del Salvaje Oeste, con ases guardados en ambas mangas, encadenando veintiunos y Blackjacks, pero a Miami, que ha decidido jugar solo con dos cartas, y se encomiendan y obligan a que Wade y James salgan As o Figura, lo acaban arruinando.
Y es que lo de las dos cartas en Miami, ayer fue casi literal: solo dos hombres en dobles figuras. LeBron, que es tan bueno que podría ser un comodín, sufre al no poder asumir los dos roles que mejor entiende y domina. Su vocación de base se ve frustrada con jugadores tan limitados, tanto en talento como por sistema, y su potencial como finalizador se pierde al no tener a nadie que pueda hacerle llegar el balón en una posición en la que parta con un poco de ventaja de manera consistente. Anoche, cada vez que recibió un paso por delante de su defensor, la pelota acababa pasando por el aro. Pero lo más normal, es que se vea obligado a tirar una y otra vez del tercer recurso de su libro de estilo, el de tener que crearse su propio tiro en el uno contra uno más primitivo, en el que no hay sitio ni para un mísero aclarado. Spoelstra parece un novato al que alguien no ha explicado las reglas y no sabe que puede pedir más.
Eso sí, como esto al fin y al acabo es de verdad un juego, y queda sitio al azar, no saquemos aún a Miami de las Finales. El daño que hizo Bosh en menos de un cuarto de hora vuelve a demostrar que a Miami le puede valer con dos hombres y medio. Si puedes pedir una tercera carta, la tarea es más fácil. Pero los Celtics tienen la banca, y el Garden es un casino que emborracha gustosamente a todo el que va a apostar los cuartos allí. Miami tiene reto, pasar de 20 dos jugadas seguidas.
Oklahoma City Thunder fue ayer absolutamente imparable. Perkins e Ibaka en la primera parte, Ibaka y Durant en la segunda, anotaron con toda la facilidad del mundo, y San Antonio, de nuevo, no puedo seguir el ritmo y se dejó empatar una eliminatoria que ahora tiene un quinto partido clave.
Habrás ya oído hablar del casi histórico partido de Ibaka, que anotó 11 canastas sin fallo para quedarse a una del récord en Playoffs de Larry McNeill, y por fin aprovechó el espacio extra que la defensa de San Antonio le daba. 5 canastas bajo el aro, y 6 suspensiones a media distancia, que empezó tirando solo, pero que poco a poco fue metiendo con un defensor cada vez más cerca encima. Eso sí, me sorprendería que los Spurs ajusten mucho en el próximo partido. Son un equipo que juega a las probabilidades, y saben, que es posible que Ibaka no vuelva a tener un partido así. De hecho, tal vez hasta les convenga que Serge crea que puede hacerlo.
También habrás oído hablar del último cuarto ayer de Durant, pero esto sí que es para verlo. Las canastas que KD estaba metiendo eran de un grado de dificultad elevadísimo, rodeado por defensa, sin más jugada que poner el balón en sus manos y dejarle crear en muchas ocasiones. Creo que poca duda hay ya en que es el mejor anotador del mundo.
Después de 4 partidos, ya queda una cosa clara: San Antonio tendrá que ganar esto atacando porque no puede parar a Oklahoma. Aunque necesitará ajustar en defensa, porque el índice ofensivo de los Thunder crece a cada partido que pasa, si anota al ritmo de los dos primeros y del resto de partidos de aquella racha, saldrá por delante.
Y para hacerlo tendrán que… wait for it… correr más. Sí, más. No os frotéis los ojos, habéis leído bien. Si seguiste el partido por nuestro Twitter veréis que nos pusimos un poco pesaditos con esto y ya lo sabrás, pero es que, aunque los ojos nos engañen esto es así. En las dos victorias de San Antonio, el ritmo fue de 96 posesiones por partido, en las dos derrotas de 88. Además, Hollinger en la ESPN miró a los números del resto de la temporada y no parece que sea cosa de esta serie, sino tendencia: el récord de Spurs es de 28-3 cuando el partido se juega a 95 posesiones o más, 22-13 con menos. Para OKC, 19-8 por encima de ese umbral, 28-11 por debajo. En terminos de puntos por 100 posesiones, los Spurs son un +9.6 jugando rápido, +5.5 despacio y OKC, +4.8/+7.5.
A San Antonio le interesa jugar rápido porque es como confunde defensas rivales y como se aprovecha de las prisas ajenas para apretar en defensa. Cuanto más se demore un ataque, más probable es que San Antonio esté dando vueltas alrededor de una defensa ya bien plantada en la que es más difícil liberar a un hombre, que Tony Parker (vaya bajón desde que tiene a Sefolosha encima) no haya podido encontrar un hueco para tirar o Manu Ginobili no haya encontrado el camino al aro desde donde empieza todo.
De todos modos, San Antonio es perfectamente favorito en Texas. El registro de los cuatro equipos que están en Finales de Conferencia es de 27-2 jugando en casa, 13-0 en la Conferencia Oeste. Eso sí, tendrán que correr, aunque sea de cobardes.
Sensación de déjà vu en las Finales del Este, que repiten el boceto del Oeste: ayer volvió a ganar el equipo que iba detrás, y de manera tan convincente que parece una serie nueva.
Y de nuevo, sin quitar mérito ninguno a Boston (y Oklahoma), es de esos días que las sensaciones apuntan más a demérito de uno de los aspirantes que lo contrario. Eso sí, si a San Antonio lo que le falló fue el ataque, a Miami, fue la defensa. Su pintura se convirtió en una zona gratis para todos, en la que Rondo entró cuando y como quiso, y en la que Garnett se hizo siempre con el sitio que le apeteció en la zona. Hubiera estado interesante contar cuantas veces pudieron colgar ayer el balón a KG, ¡en el medio!, como si de un partido de alevines en el que se cuela un cadete se tratara, sin que Miami respondiera en todo el partido.
El único ajuste de Spoelstra, que no se rindió con una distancia que superaba la veintena y que llegó a poner al equipo a 8 con posesión a falta de 3 minutos, fue acabar jugando con LeBron de pívot y Battier de ala-pívot, lo que espació la pista y permitió que Miller calentara la muñeca, y un Wade escondido y malhumorado toda la noche, pudiera colarse alguna vez. Pero al mismo tiempo, seguían permitiendo la jugada de patio de colegio a Garnett, y Rondo no era intimidado por nadie al colarse a la cocina, y cuando Boston se dejó de diversidad, y volvió a estas dos jugadas, el intento de remontada se apagó. Rajon, que anotó 21 puntos, lo hizo con su tiro de siempre: metió 2 de 6 fuera de la pintura, y 7 de 10 en ella. Tan sobrado iba ayer Rajon que se dejó detalles cuando le apeteció: la asistencia acrobática a un Marquis Daniels que se salió desde el banquillo, el falso pase por la espalda que dejó a Udonis Haslem roto y a punto de llorar, el uso de la espalda de un rival para poner el balón en juego desde la banda… Entrar en la zona de Miami era ayer tan sencillo que tenía que ponerle algo de emoción.
Shane Battier y Ronny Turiaf, que no nos cansamos de repetir, no deberían ser titulares en equipo NBA alguno, y si hablamos de equipos de Playoffs no deberían estar ni en plantilla, se combinaron para 3 puntos en 8 posesiones (Battier, 0 de 6), muchas defensas con la mirada, y dos o tres intentos de sacar la falta en ataque mal hechos. Wade tuvo el día apático y se volvió a poner la careta de Larry Hughes en esos días que Miami parecen los antiguos Cavs. Pasota y descuidado en defensa, y protestón en ataque, Dwyane no encontró el ritmo, y si tiene algún problema físico, esos problemas van a ser, por extensión, los de Miami.
Veremos como sigue adelante esta eliminatoria, porque los Celtics son demasiado buenos y demasiado orgullosos, para que LeBron, no pueda hacerlo solo.
44 puntos (en solo 29 posesiones), 8 rebotes y 10 asistencias, 3 robos y 3 pérdidas en 53 minutos de partido jugando sin descanso. Impresionante partido de Rajon Rondo. Una obra maestra. Muy probablemente el mejor que hemos visto y vamos a ver por un jugador estos Playoffs.
Pero que la hipérbole pare aquí por favor.
Twitter ebullía al día siguiente entre proclamas que venían de diferentes puntos a nombrarle el mejor base de la NBA o a refirmar el sapo que había soltado Magic Johnson que dijo que había sido la mejor actuación en Playoffs de un guard, es decir, de un base/escolta. Forofos Célticos, gente que cree que la Historia empezó en la última quincena o los boxscoristas más cerriles. Había de todo y el mensaje es el mismo.
Y nosotros, que no tenemos una manía ni una inquina especial a Rondo, y al que valoramos su partido del otro día con gran cariño, no podemos con según qué aseveraciones.
Ya para empezar, dudamos (y lo ponemos con negrita porque a diferencia de lo que leemos y nos molesta, no somos de verdades absolutas ni de dogmas de fe, al contrario, nos encanta dudar, y dudar mucho) si es el mejor partido en Playoffs de este año o lo es el de 40 puntos (34 posesiones), 18 rebotes, 9 asistencias, 2 tapones, 2 robos y 5 pérdidas de LeBron en el 4º ante Indiana. Eligiríamos como mejor el de Rajon por la eficiencia tirando y las menores pérdidas, no por el hecho que Rondo no descansara, uno de los factores sobrevalorados para analizar su épico partido: es muy reseñable el esfuerzo, pero un arma de doble filo: más tiempo en pista, a la vez que más descanso, trae más oportunidades para producir. Es más, sin el extra dela prórroga, Rondo se va con 32 puntos, y seguramente no tenemos que oír a Magic exagerando.
Porque por muy espectacular que fuera el partido de Rondo, tal vez el mejor (y lo mejor de todo, nunca lo sabremos) me parece una falta de respeto para actuaciones históricas como la de Jordan ante los Celtics en el ’86 (en la que también jugó 53 minutos, aunque con 5 de descanso, ya que hubo 2 prórrogas) con un 63/5/6 o una ante Miami en el ’92 que acabó con un 56/5/5/4/2 y solo 2 pérdidas o el mismísimo Flu Game, que valió un título con los mismos puntos que posibles grados de fiebre: 38. O el mítico Sleepy Floyd Game en el que los todopoderosos Lakers del 87 perdían el único partido que se dejaron atrás en el Oeste tras 51 puntos en 32 posesiones y 10 asistencias con solo 2 pérdidas del Warrior. O el de 43 puntos, 8 asistencias, 6 robos con un esguince de tobillo de Isiah Thomas en las finales del 89. Le perdonaremos porque es posible que no viera el 5º partido de las Finales del 62, en el que Baylor metió 61 puntos y cogió 22 rebotes en el Garden, pero del resto de hazañas (incluidas todas las suyas, aunque en su más destacable partido en Playoffs, el 42/15/7 en las finales de 1980 vino jugando como pívot), él estaba, en algunas incluso, presente en esa misma cancha.
Creo que es muy difícil negar que el impacto de todos estos partidos en la Historia y el recuerdo de los Playoffs perdurará mucho más que la gema de Rondo el otro día, que en perspectiva histórica quedará más cerca de actuaciones como la de Vince Carter en los Playoffs de 2001: 50(34 posesiones)/6/7 con 4 tapones, perdiéndola una vez, o el 41/6/7/3 en tan solo 20 tiros, y con una sola pérdida de Terry Porter en las finales de Conferencia del 1992. El tiempo dirá. Y nos hemos limitado solo a partidos de bases/escoltas.
La otra proclamación dudosa para nosotros es el nombramiento de Rajon Rondo como mejor base de la NBA. Podríamos pasar por ese aro, colocando la coletilla «cuando tiene el día», «cuando le apetece» o «si nos olvidamos y guardamos bajo llave las cintas de sus partidos malos». Si no, pues lo siento, pero para nosotros, no. Ni de lejos.
En primer lugar, porque nos cuesta pensar que si Rondo es, de verdad, el mejor base de la Liga, los Celtics hayan ocupado esta temporada el puesto 25 de 30 en eficiencia ofensiva. Solo Wizards, Pistons, Raptors, Hornets y Bobcats son menos efectivos en ataque que Boston. Y eso teniendo en cuenta que a diferencia de estos equipos, y de algunos que están algo más arriba, y aunque el Big 3 ya no es lo que era, Rondo está siempre rodeado en pista por gente capaz de anotar el balón, incluída la quinta pieza del quinteto Brandon Bass. Los 4 jugadores que más tiempo le rodean en pista saben anotar, y tienen rango. Tiene el lujo que no solo uno, sus dos jugadores interiores, son aptos desde media distancia, y podría ejecutar pick-and-pops y pick-and-rolls con ellos indistintamente, cosa que otros bases no pueden hacer.
Rondo esta temporada no ha llegado a anotar el 60% de sus tiros libres este año, ni el 24% de sus triples. A pesar de la sorprendente y alucinante facilidad que tiene para plantarse bajo la canasta, incluso cuando le flotan descaradamente, su finalización es desastrosa por lo que le cuesta finalizar las jugadas: rehuye el contacto para evitar tener que ir a la línea, y muchas veces renuncia a la canasta por un pase fácil para engordar la cuenta de las asistencias, lo que en muchos casos ha supuesto un fallo.
A Rondo le cuesta anotar, y eso coagula el ataque de Boston. Los Celtics se han atascado muchos partidos y muchos cuartos durante esta temporada, durante estos Playoffs. El sexto partido ante los 76ers. El primero de esta misma serie ante Miami. Y en esos momentos en los que el equipo no sabe qué hacer, en que llegar a los 80 puntos supone una tarea hercúlea, en que pese a no tener en muchos instantes ni un solo jugador sumando cero al ataque, no son capaces de ver aro, nadie ha podido pensar que ese equipo estaba dirigido por el mejor base. Que un partido no cambie nada.
A la fascinación por Rondo, ayuda el deslumbramiento del triple doble, al que le ayuda el hecho de que rebotea muy bien, especialmente en defensa, y gracias a eso, en nuestra opinión se sobrevalora su aportación. Muchísimos aficionados, ocasionales o permanentes, se dejan llevar por ese triple doble a punto de suceder, cuando hay que cogerlo con unas pinzas tamaño XXL. ¿Por qué?
Primero porque las estadísticas, cuando se empiezan a poner cortes arbitrarios, como es en este caso en las decenas, pasan muchas veces de ser estadísticas a ser efemérides. Un partido de 25 puntos, 13 asistencias y 8 rebotes no es un triple doble, un 14/11/10 si lo es, y a ver con cual os quedabais. Muchísimos grandes partidos no pasan ese corte, pero los que lo hacen dan un lustre tremendo.
Y segundo, porque hay una categoria en la que el trabajo del base es muy poco importante. Los rebotes. Especialmente el defensivo. Si un base no coge el rebote, en muchos casos, otro jugador del equipo lo puede coger. Y eso por no hablar de los equipos en los que los bases están directamente apartados de este trabajo, por lo que están en desventaja perpetua con Rondo en esta categoría. El día que Rondo coge sus 10 rebotes, 6 ó 7 más que el base medio normalmente, está beneficiando a su equipo dándole 2, 3 ó en el mejor de los casos 4 posesiones más. Eso puede llegar, como mucho, a compensar el miedo en la bombilla, el tiro tembloroso, el TS% bajo par con hándicap. Que Rondo cargue tan bien el rebote es un extra, que se ha de apreciar, pero que tiene un impacto en su prestigio a través del triple doble mucho mayor que el que tiene en su equipo. La gente en una boxscore mira 3 casillas, no se pone a contar los tiros fallados.
Si nos ponemos efeméricos y cambiamos el 10-10-10 por un 20-10, en el que los rebotes quedaran fuera, Rondo quedaría sexto este año, con 5 partidos de ese tipo, por detrás de Nash, Rose (en 39 partidos), Williams, Parker y el líder absoluto, Chris Paul, que hizo 12 de estos.
Rondo es un magnífico jugador, que puede seguir progresando y mejorando en su tiro, y tal vez en algún momento logre ser el mejor base de la NBA, con consistencia, y dar partidos que vayan directos a la Historia de los Playoffs. También nos parece el mejor base en defensa, y mostramos nuestra disconformidad en Twitter de que eligieran a Chris Paul en el All-NBA 1st Team Defense por delante de él. Podemos estar equivocados, o incluso muy equivocados, pero lo hacemos sin tirrias y sin rencores personales. Vemos lo que vemos, y los números que hay detrás, y lo justo que va el ataque de los Celtics, y lo sentimos, pero no. Rondo, ahora mismo, no puede ser el mejor base del mundo.
La noche en que la buena gente de Oklahoma City le dijo a Lil’ Wayne que hubiera comprado su asiento antes de que se agotaran o que se fuera a pastar, los Thunder aprovecharon la energía del Shakespeare Arena para seguir vivos en la serie.
La clave estuvo en el periodo que comprende el segundo cuarto y los 9 primeros minutos del tercero: 24 puntos anotaron los Spurs en esos 21 minutos pasándose hasta periodos de 4 minutos sin anotar. En ese rato, los Thunder continuaron anotando a su ritmo normal, haciendo 46 puntos, y abriendo poco a poco el hueco hasta la ventaja de 20 puntos que acabaría siendo definitiva.
A los Spurs, que venían de ganar 20 partidos consecutivos en 50 días, se les gripó el ataque un rato, algo que algún día tenía que ocurrir. Al descanso llevaban 13 pérdidas (su media por partido en Playoffs es de 13.6), algunas de ellas muy descuidadas y poco características para este equipo y un Sefolosha brillante en su defensa sobre Parker, y un juego interior muy atento, no dejó a San Antonio en ningún momento acercarse a la pintura para anotar o forzar esas rotaciones desesperadas que inician su perpetuum mobile de pases. Y a pesar de acabar el partido con un muy respetable porcentaje de triples (42.3%), los fallaron en los momentos que parecían claves de este periodo, en los que parecía que podían dar un par de puntos a la herida.
A pesar de que todos los cumplidos van a ir a Sefolosha y sus 6 robos, los de dentro, fueron tan importantes como él. Duncan solo anotó una canasta en la pintura en todo el partido, Perkins solo se dejó batir una vez en el uno contra uno, y Collison, ninguna, y eso que en los momentos en los que Oklahoma se iba en el marcador, el aclarado a Duncan fue el recurso más utilizado por los Spurs, cuando no la perdían antes.
Dudo mucho que este partido se pueda considerar como el inicio de la fórmula de como parar a San Antonio, pero Oklahoma ha logrado contenerlos por un rato y sacar un partido adelante. San Antonio se quita la presión de la racha, pero también el halo de invencibilidad, y puede haber más serie de lo que algunos pensamos.
Los Spurs este año practican otro deporte. Mientras todo el mundo hace baloncesto, ellos han inventado un juego en el que un francés se mueve como le da la gana, con y sin balón, por dentro de una línea, para anotar cada vez que se levanta; un argentino, está obligado a encestar una y otra vez debajo de la canasta, y el resto del equipo solo puede tirar desde la línea de 3, completamente abiertos y solitarios. Para compensar un poco, a veces les obligan a poner a tirar tiros libres a un brasileño, pero les da igual.
No me había divertido tanto con un equipo de los Suns de la vuelta de Nash y desde los Kings de Chocolate Blanco y Webber, pero estos Spurs además, tienen los arrestos en defensa para convertir un ataque demoledor en una fórmula ganadora.
Reflexionábamos el otro día en Twitter que la transformación de los Spurs y Popovich de plomizo equipo agarrado a la defensa y la victoria pírrica, a máquina de precisión ofensiva, amparada por el cambio en las reglas, solo admitía una comparación histórica posible en los Patriots de Bill Belichick. Ambos equipos ganaron mucho al principio de la pasada década basándose en la disciplina y haciendo solo un poquito más de lo que permitían a su rival. Pero eso ya dejó de ser así.
Oklahoma City que es un gran equipo, y otro monstruo ofensivo en si mismo, se ve superado en un enfrentamiento que ellos jamás hubieran elegido. San Antonio no suele anotar en la canasta, y cuando lo hace, casi siempre es Ginobili, un mago zurdo intaponable, o con los movimientos ocasionales del superclase Duncan, lo que convierte la intimidación de Ibaka, que por cada tapón que pone, hace uno ilegal, poco más o menos, en inservible.
Por juventud, falta de disciplina, o la obligación de prestar atención extra al imposible de parar en la canasta Ginobili, o al imposible de parar a media distancia Tony Parker, dan la oportunidad constantemente de dejar tiradores abiertos. Como si encima los Spurs lo necesitaran…
Confieso que uno, normalmente, en un partido que se va ganando de 20, como ocurrió mediado el tercer cuarto, lo pasa para adelante y se salta un cacho si la paliza continúa. Pero dejar de ver un minuto de estos Spurs parece pecado mortal.
Eventualmente, la barra libre en ataque se paró un poco cuando la defensa dio un paso adelante y cerró más arriba en el poste alto, lo que obligó a reajustar el ataque a San Antonio, y los Thunder se acercaron un poco gracias a un James Harden que repitió lo que hizo bien el primer día, salir como un muelle al contaataque, y que además entendió a la perfección los ajustes que debía realizar: tomar el tiro a media distancia para poder abrir las oportunidades en la penetración. Que lo hiciera, y además bien, dice mucho de su futuro.
Pero finalmente, los Spurs supieron mantener la distancia y se fueron sin haber ido a remolque ni un segundo durante todo el partido. Impresionante.