Cómo mejorar impepinablemente la lotería del Draft NBA Parte 2

Ayer os trajimos nuestra propuesta para mejorar impepinablemente la Lotería del Draft de la NBA, y ahora que habéis tenido tiempo para reposar la idea, y si no lo habéis leído, EMPEZAD OBLIGATORIAMENTE POR ELLA, vamos con los números que hay detrás.

En serio, si no leéis lo de ayer, pierde gracia, no paséis de aquí sin haberlo hecho. Que no es por los clicks ni nada, es por vosotros, de verdad.

¿Ya está? Seguro. OK.

Recordamos el sistema rápidamente: un representante de cada equipo va, en orden de más partidos perdidos a menos, por turnos, jugando un número a la ruleta en un casino de Las Vegas. Dependiendo de lo cerca que se quede, le puede llegar a tocar una de las 8 primeras plazas del Draft que se sortean: cuando las ocho hayan sido repartidas, ya el resto iría en el orden normal. Todos los equipos participan en la lotería, y las probabilidades se reducen drásticamente en comparación con el tankeador formato actual.

Incluso se nos ha ocurrido un guiño macabro, que al final no incluimos en el modelo: al primero que le caiga el 0, va automáticamente a la posición 30 del Draft, en lo que se llamaría «hacer un Arenas«, en honor a Gilbert. Incluso se podría hacer iterativo: al primero que le toque el 0, va a la 30; el segundo en tener tan mala suerte, a la 29; el que protagonice el tercer Arenas a la 28…

Hasta ahora, estas eran las probabilidades de obtener una elección del Draft si tenías la primera elección:

Número 1Número 2Número 3Número 4
25%21.5%17.8%35,7%

Con el sistema que proponemos, cuando el representante del peor equipo se acerca por primera vez a la mesa para hacer su apuesta, las probabilidades se pueden ver en la siguiente tabla. El porcentaje parcial indica la probabilidad de que caiga esa elección en concreto, y el acumulado, de obtener esa, o una mejor.

Número del Draft% parcial% acumulado
12.7% (1/37)2.7% (1/37)
22.7% (1/37)5.4% (2/37)
32.7% (1/37)8.1% (3/37)
42.7% (1/37)10.8% (4/37)
55.4% (2/37)16.2% (6/37)
68.1% (3/37)24.3% (9/37)
78.1% (3/37)32.4% (12/37)
816.2% (6/37)48.7% (18/37)
951.3% (19/37)

Por ejemplo, hay un 5.4% (porcentaje parcial) de que salga el número 5, y un 16.2% (porcentaje acumulado) de que salga una elección en el Top 5.Pero en realidad, como ya os dijimos ayer, la probabilidad es más grande, porque podría ocurrir que ese equipo volviera a tener la oportunidad de hacerse con otra elección en una segunda vuelta, o posterior. Es decir, si tras 30 equipos, todavía no se ha repartido alguna de las elecciones, el peor equipo de la NBA volvería a tener una oportunidad de hacerse con ella. Hemos realizado una simulación de 1.000.000 de tiradas de la ruleta para obtener la distribución de probabilidades que tendría realmente al final de todo el proceso el peor equipo de la NBA sobre las 9 primeras elecciones, y son estas. Como veis, no está tan mal como parecía antes (aunque mucho peor que con el actual sistema), sólo tiene que sufrir un poquito más.

Número del Draft% parcial% acumulado
14.0%4.8%
23.9%7.8%
33.8%11.7%
43.8%15.5%
56.0%21.4%
68.3%29.8%
78.2%37.9%
816.2% 54.2%
945.8%

Tiene garantizado una elección en el Top 10 (en el 9, en realidad), pero hay casi un 45.8%, una cifra muy alta, de que sea precisamente la novena. Perder ya no compensa. De hecho, hasta ahora, tenían un 25% de probabilidades de tener el número 1. Uno de cada cuatro años más o menos, el peor equipo se tendría que llevar el gato al agua. Nosotros le damos la vuelta: ahora es un 4%, uno de cada 25 años. La probabilidad que ahora hay de salir con el Wiggins de turno, pasa a ser más o menos la misma que la de tener simplemente un Top 5.

Los porcentajes de todo el sistema van cambiando gradualmente, para que la diferencia entre puestos sea mínima. Por ejemplo, en lo que respecta a la primera posición, del 4% de alcanzarla que tiene el peor equipo, al 2.5% del mejor, apenas compensa subir un puesto arriba o abajo. El segundo peor registro ofrece un poco más de un 3.9%, el 3º un poco menos de 3.9%, el 4º un 3.89%… y así sucesivamente. La diferencia actual entre entrar o no a Playoffs (el 14º equipo tiene un 1.8% de alcanzar el Top 3 del Draft mientras los que entran no pueden acceder a la Lotería) puede llegar a hacer que algún equipo se plantee no meterse en las eliminatorias por el título. Con este sistema, unos tienen un 10.7% y los otros un 10.6% y derecho a todas las posiciones: dejan de desaparecer las opciones de mejorar tu plantilla por entrar a Playoffs.

De hecho, la probabilidad de que el número 1 se lo quedara un equipo de fuera de PO, era de un 100% hasta ahora, con nuestro sistema, sólo de un 52.7%. Y hay un 84.7% de probabilidades de que un equipo de Playoffs se meta en el Top 3.

Por comparación, este sistema reparte algo más a los malos equipos que la Rueda que propone la NBA, que si la modelamos simplemente como sistema equiprobabilístico, daría el número 1 a un equipo de Playoffs el 53.3% del tiempo, y un Top 3 el 89.8%. Con el agravante de que como este sistema no es, podríamos decir, dinámico, estos números serían seguramente más grandes aún, ya que el sistema no depende de los registros de los equipos: si se hacen mejores, tienen la misma probabilidad. Y por supuesto, la rueda es mucho más aburrida.

Para comparar, os ponemos también las probabilidades que tendría el mejor equipo de la NBA. Como veis, lo más seguro es que no cambie su puesto, tiene un 89.3% de probabilidades de quedarse donde está. Pero una vez cada 10 años en media, daría la sorpresa y se metería en el Top 10. ¡Eso genera diversión!

Número del Draft% parcial% acumulado
12.5%2.5%
22.2%4.7%
32.1%6.9%
42.1%9.0%
51.2%10.2%
60.4%10.6%
70.2%10.7%
80.0%10.7%
3089.3%

Obviamente, estos números se podrían cambiar un poco. Podrían sortearse menos (o más) posiciones. Podría limitarse el número de equipos que acceden al sorteo. Podrían darse más probabilidades a los peores equipos (por ejemplo, que escogieran dos, tres o cuatro números, en lugar de uno). Las posibilidades de repartir la distribución son infinitas.

Pero así, de esta manera, el incentivo de perder partidos, o quedarse fuera de Playoffs para participar en la Lotería es mínimo. Seguirá habiendo equipos malos, y este sistema tiende a que estos tengan acceso a mejores jugadores. Después de todo, lo más probable es que buena parte del Top 10 se quede en los mejores equipos, pero habría alguna sorpresa de vez en cuando que anima la vida. De hecho, en la NBA, las viene habiendo desde hace años. Que Duncan fuera a San Antonio no ha estropeado la Liga. Que a los Lakers les tocara Magic con una elección que les cayó desde el cielo (de Salt Lake City) fue espectacular para el deporte. No hay nada malo que los buenos jóvenes caigan de vez en cuando en un gran equipo, y, simplemente, ahora no haría falta tanquear y humillarse para que se diera el caso.

Y a mayores, sería un evento brutal, emocionante, una auténtica montaña rusa. En las simulaciones que hemos realizado, se tarda una media de 61 tiradas en repartir las 8 posiciones. Es decir, todos los equipos tienen prácticamente dos oportunidades de pescar  un Top 8 del Draft en un ruleta de casino. Es como multiplicar la excitante taquicardía de cuando se anuncia qué equipos suben cada año en el Draft por 61 veces… o más. En una de las más de un millón de simulaciones que realizamos, se llegó a hacer rodar la ruleta un total de ¡682 veces! Vale, de acuerdo, eso quizá es excesivo, y podría controlarse parando el proceso al llegar a una ronda en concreto, pero imaginad lo que sucedería si todos los equipos fallan más de 20 veces en sus intentos por hacerse con el número uno. Brutal.

Y lo más importante: es una auténtica frikada. Si vamos a reemplazar un sistema arcaico y hortera, qué mejor que hacerlo por uno aún más épico.

Bancadnos en esto, y no os arrepentiréis.

Cómo mejorar impepinablemente la lotería del Draft NBA

Con la fantástica temporada de equipos dejándose caer para conseguir un mejor puesto del Draft, ya hay multitud de propuestas para mejorar el sistema, y evitar, o al menos mitigar, que el perder tenga recompensa. Algunas de estas ideas, incluso, semifiltradas por la Liga, como la Rueda que anunciaron, en la que se eliminaba la suerte y el azar, y cada equipo pasaría a lo largo de 30 años, por cada uno de los puestos de elección. Pero os faltaba por oír la más molona de todas.

Por supuesto, la nuestra.

Os ponemos en situación. Para complementar a la propia ceremonia del Draft, que no debería volver a NY, lugar en el que no se puede celebrar sin David Burns Stern, nos movemos a Las Vegas. Al hotel que más pague por patrocinar el evento, que eso le gusta a la Liga, y en caso de duda, pues cualquiera, que son Las Vegas.

Allí juntamos a un representante por cada uno de los 30 equipos de la Liga. Como es Las Vegas, no puede haber menores, y decimos por fin hasta nunca al niño pesado de los cojones de los Cavs. Como veis, hasta ahora, todo son ventajas, y sólo acabamos de empezar.

Las Vegas To Host 2007 NBA All-Star GameJohn Hammond (si sigue teniendo trabajo), o quien quiera que represente a los Bucks, o al equipo con peor récord de la Liga, se acercaría a con dos hermosas mujeres bajo el brazo (u hombres, no tenemos ningún problema) a Craig Sager, que iría de croupier, es decir, por primera vez en la historia de la televisión, no iría disfrazado. Este año, en el caso de que le tocara empezar a Milwaukee, antes que nada, agradecería a nuestro legendario gafe, por decir en Twitter totalmente en serio que los Bucks iban a ganar más de 28 partidos with the dick, y recomendaros que apostarais por ello en las propias Vegas, y se pondrían a ello.

Y aquí viene lo bueno: ese primer equipo, se jugaría su posición del Draft…

Wait for it…

¡A LA RULETA!

¡Y no nos hemos vuelto locos! ¡Lo tenemos todo pensado! El peor equipo empezaría eligiendo uno de los 36 números (sin el cero), el que deseara, y Craig Sager haría rodar la bola. Si aciertan directamente, se llevan el número 1 del Draft. Si hacen semipleno (tendrían que escoger un número contiguo secundario), el número 2. Si la bola cae en uno de los números de la «calle» que el juga… GM escogió, el número 3 del Draft llamará a su puerta. Y así sucesivamente, el cuadro da el número 4, la seisena el 5, la «novena» que nos hemos inventado da el 6, la docena el 7 y acertar el color (rojo/negro) el número 8.

Por ejemplo, supongamos que los Bucks escogen el 34 en honor a Antetokounmpo, una de las pocas alegrías que tienen. Deciden también que de cara al semipleno el número «secundario» será el 31, y para el cuadro, la seisena y la novena, aquí no se puede elegir: por la posición de ese número, tendrán que ser el 31,32, 34 y 35, con el 36 y el 33 para el grupo de 6, y el 28, 29, 30 para el de 9.

Por tanto, Milwaukee se llevaría el número 1 del Draft si cae el 34, el número 2 si cae el 31 (el otro número del semipleno), el número 3 si salen el 35 o el 36 que completan la calle, el número 4 si sale el 32 que completa el cuadro, el número 5 si sale el 33 (que forma parte de la seisena) , el número 6 por la novena si caen el 28, 29 o 30, el número 7 si cayera el 25, 26 y 27 y el número 8 si fuera cualquier otro número rojo. Si no les cae nada, y con esa elección tienen un 32.4% (si la ruleta tiene un único cero) de que así sea, seguramente (dejémoslo ahí), caería a la 9 posición.

Tras hacer juego, vendría el representante del segundo peor equipo, y después el tercero, y después el cuarto… todos a hacer lo mismo, hasta que los 8 números sorteados tengan dueño. Por tanto, hasta el campeón de la NBA podría acabar con el número 1 del Draft… o el peor equipo de la Liga, ganarlo en una ¡segunda vuelta! La ruleta seguiría hasta que esté todo el pescado vendido, fuera cuando fuera. De hecho, es fácil que tengamos una segunda vuelta: hay casi un 44% de posibilidades de que el número 1 no salga en las 30 primeras tiradas. Sería una noche loca, impredecible, en la que que equipos que parecen desahuciados vuelven a mirar a los ojos a la Gloria, otros se quedarían con sabor agridulce, Charles Barkley acabaría con un tremendo pedo retransmitido en televisión nacional, y es posible que si es jugando, Michael Jordan se decida a representar orgulloso a los Bobcats, y haga su verdadero regreso a la competición.

¿Qué ventajas tiene este sistema, además de las obvias? El primero y más visible, que se deja de premiar a la incompetencia. Se da una cierta prioridad a los peores equipos, pero apenas se gana nada por subir una posición: la probabilidad es prácticamente la misma que la del anterior. Sí que hay una diferencia entre el primero y el último, porque se va acumulando, pero esta es muy gradual, no invita a perder partidos para acumular opciones. No os queremos aburrir con matemáticas, al menos no aún, pero echando números se ve cómo la cosa sigue dando más importancia a los equipos pequeños, pero no da regalos.

Y  hundir a tu equipo, a diferencia de ahora, sólo te garantiza la novena posición en el peor de los casos, no la cuarta, y las probabilidades de escoger primero en el Draft serían tan sólo de un 3-5%, en lugar del 25% actual.

También se acaba con el tanking secundario, aquel que hacen los equipos que tienen protegida su elección un número concreto de posiciones, y juegan a quedar por debajo. Ahora es casi imposible saber en qué puesto acabarás la noche.

Más cosas buenas: con estas reglas no todos los números de la ruleta tienen la misma probabilidad. Es muy parecida, pero por colocación de los números para el semipleno, los cuadros, etc… podría cambiar un poco. Así nos podemos echar unas risas con los equipos que no escojan la mejor opción matemáticamente, o prefieran tirar de algún tipo de superstición antes que la opción con mayor esperanza.

Y luego, ¿imagináis el juego que daría esto a las teorías conspirativas? ¿En Las Vegas, una ruleta? ¿Daryl Morey contratando a Los Pelayos para que le hagan un análisis estadístico de todas las mesas de la ciudad? ¿La cabeza de Bill Simmons explotando mezclando todas sus cosas favoritas?

Esta idea sólo la pueden hatear las personas que crean que sólo los equipos malos tienen derecho a llevarse a los jugadores buenos (que seguirían teniendo ventaja, pero mucho menos), los aburridos que su postura favorita es el misionero, Risto Mejide, Ciclismo2005 y los terroristas. Al resto os tiene que parecer genial, por lo menos.

Apoyadnos. Hagámoslo. Convirtamos la Lotería del Draft en una puta ruleta.

Cualquier parecido con la realidad…

Muchos conocéis el refrán: «A caballo regalado, no le mires el diente». Hoy vamos a hacer un poco de odontólogos, y le vamos a sacar punta a los muñecos bobbleheads que las franquicias NBA regalan a sus espectadores en noches señaladas, y que me fascinan porque suelen parecerse a los jugadores que representan en poquito o nada.

Te vamos a mostrar unos cuantos ejemplos de esta misma temporada… y a ver a cuántos jugadores reconoces.

  • Número 1: Pese a  su parecido con Jerry Seinfeld, os prometemos que es de un jugador NBA.

bobblehead01

  • Número 2: El que hiciera la de este jugador, se ha fijado en sus ojos lo mismo que vosotros un sábado noche en los de una mujer con gran escote.

bobblehead02

  • Número 3: Los ojos del siguiente muñeco hubieran quedado bien en el de McGrady. ¿En este jugador? Ni idea de por qué son así.

bobblehead03

  • Número 4: Esta está bastante conseguida, y como parece facilita, os la ponemos aquí para que no os desaniméis.

bobblehead04

  • Número 5: En esta se intuye el intento de representar el rasgo facial más reconocible de este jugador… pero han fallado miserablemente.

bobblehead05

  • Número 6: Perdonadnos la calidad de esta imagen (no se entregará el muñeco hasta el 22 de enero), pero es que pinta tan jodidamente mal que teníamos que incluirlo. Si adivinas este, es para invitarte a caña. Bueno, al final le dejamos la cinta, que es una pistilla, y no invitamos a nada. Otra pista: no es Gollum.

bobbleheads06

  • Número 7: Técnicamente no es una bobblehead, pero es otro muñeco (muy) mal hecho. El caso es que se me parece mucho a alguien (¿Eddie Winslow de Cosas de Casa?), pero no doy con la tecla.

bobblehead07

  • Número 8: Salvo por el hecho de que es un jugador muy joven, y el muñeco pinta a que podría ser el hermano mayor de Jalen Rose, este tampoco está tan mal.

bobblehead08

  • Número 9: Esta más o menos también está conseguida. Y la repartieron hace poco, el día 2 de enero. 33 puntos marcó para celebrarlo.

Bobbleheads09

  • Número 10: La propina.

Bobbleheads10

Y ahora, sin más dilación, vamos con las soluciones.

1) Anderson Varejao

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2) Steph Curry (sí, sí)

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3) Dwight ‘Superman’ Howard

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4) Chris Paul

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5) Eric Bledsoe

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6) Caron «Mi tesoro» Butler

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7) Gnomo Kemba Walker

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8) Dion Waiters

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9) Goran Dragic

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10) Notorious David J. Stern

Las mates del tiro de JR

Knicks-Rockets, partido empatado, quedan 43 segundos y los Knicks tienen el balón tras un tiempo muerto.

La jugada no funciona, y acaba con un tiro forzado de Beno Udrih desde la esquina sobre la bocina de los 24 segundos, que les da muy pocas posibilidades de ponerse por delante… hasta que Chandler coge el rebote. De repente, los Knicks se encuentran con el balón para ellos y una última posesión en la que poder ganar, o como mínimo, forzar la prórroga.

Aquí en este link (gracias NBA, por no permitir añadir los vídeos) podéis ver la jugada y lo que sucede entonces.

JR Smith se tira un triple frontal casi instantáneo, que falla, y los Knicks hacen una falta en el rebote que le da dos tiros a Brooks, que serían los puntos finales del partido que ganaron los Rockets.

Pese a toda la ira desatada contra JR… ¿hizo mal tirando ese triple? La página web Inpredictable.com, acaba de añadir unos chulísimos gráficos analizando cómo evoluciona la probabilidad de victoria de un equipo según los eventos que se van sucediendo. Aquí está el del partido de anoche.

Cuando Chandler coge el rebote en ataque, esta herramienta estima que los Knicks, bueno, en realidad, cualquier equipo jugando fuera de casa, con ese margen de puntos (empate) y el tiempo que queda de posesión y reloj, ya que la herramienta es genérica, tenían un 60.3% de probabilidades de alcanzar la victoria.

Tras fallar JR Smith el tiro cuatro segundos después, esa probabilidad baja al 47%, y cuando los Rockets aseguran el rebote, sólo tienen un 39.2%. Por tanto, la secuencia «perder la posesión del balón en 5 segundos sin anotar», le costó a los Knicks 21.1% puntos percentuales de probabilidad de victoria.

Pero, ¿qué hubiera sucedido si lo mete? Cuando el equipo visitante se pone 3 arriba a falta de 19 segundos, gana el 87.2% de las veces. Si JR lo hubiera metido, New York habría incrementando en 26.9% puntos porcentuales su probabilidad de victoria, un cambio de un 48%. Vamos, que el tiro de JR Smith, valió medio partido, literalmente.

Utilizando estas probabilidades, podemos calcular si merecía la pena el riesgo. La creencia popular seguramente aboga por guardarse ese último tiro, pero es que coger tres puntos de ventaja, prácticamente decide el partido a tu favor, y los números respaldan tomar el tiro si hay una buena opción de meterlo.

Si nos ponemos en el caso en el que el rebote no está aún decidido, con los Knicks todavía luchando por él (algo no descabellado: Chandler acababa de coger un rebote, y más tarde, en la penúltima posesión del partido, Bargnani (!), también lo hizo), el riesgo de tirar de 3 merece la pena si JR se ve con un 33.1% de probabilidades de meterlo. Y yo diría que es un porcentaje muy atractivo para un tiro tan abierto como este

Pantallazo-38

Si damos por perdido el rebote, y entendemos que al fallarlo, los Knicks pierden la posesión y su oportunidad, JR hubiera necesitado meter ese triple más de un 44% de las veces. De nuevo, me parece una probabilidad muy razonable, como para concluir que el tiro de JR Smith no fue «estúpido», como el USA Today ha titulado hoy, por ejemplo.

Smith evidentemente no echó números en su cabeza (de hecho, creía que estaban perdiendo de dos, lo que justificaría completamente la acción por un lado, y su despido fulminante por otro), pero aún así, es buen tiro.

Como siempre importa el contexto, y se puede analizar muchas cosas más, por lo que los números exactos son más anecdóticos que otra cosa, pero en lineas generales, el caso de este tiro y la abrumadora respuesta del público demuestra que quizá no estemos preparados para entender cómo evolucionan las probabilidades en un partido de baloncesto.

Nuestra mente es aversa al riesgo, no cuantifica bien lo decisivo de las situaciones, y me da la impresión, de que en general, se sobrevalora mucho tener el control del balón (parte de la mentalidad de hacer falta cuando se va 3 arriba). No obstante, estamos preparados para ello. Recordamos más las remontadas y los partidos perdidos por «malas decisiones», y nos olvidamos rápido de aquellos en los que el equipo mantiene la diferencia, que son mucho más.

Tener o perder la última posesión no es tan seguro como creemos (es un 60-40 de ganar, hemos preguntado en Twitter y en general la gente sí que se sitúa intuitivamente en este rango), sin embargo, tomar una delantera de 3 puntos con poco tiempo por delante, es casi decisivo. Smith, sin saberlo, apostó por lo segundo, y le salió mal. Pero debería volver a hacerlo.

Carta de amor a los Suns

Déjame adivinar. Si estás leyendo esto, adoras la NBA. Y es eso, y el entendimiento de la lengua castellana, lo único que te une a todos y cada uno de los que han pasado, están pasando, y pasarán, a echar un vistazo. Y nada más.

Ni siquiera el momento o el personaje que te ataron a esta Liga, aquello que te atrae y te cautiva del baloncesto, es universal. Muchos compartiremos ídolos y puntos de vista aquí y allá, pero en general todos lo vemos con una perspectiva diferente.

A mí de este bendito pasatiempo, me atrajo el dinamismo. Y podría haber sido fan de otros deportes con esa característica común, y algunos me gustan, pero el baloncesto tiene un par de señas prácticamente exclusivas que me atrajeron en su día por encima del resto. Primero, lo que sucede en las alturas, en ese espacio aéreo cerca del aro, tan inalcanzable para mí, que me quedo embobado viendo cómo llegan los elegidos. Y después, el valor de un pasito, lo excitante de esa jugada que apenas vale un poco más, pero que puede llevar al éxtasis a un pabellón entero: el triple. No caigo ahora mismo en un gran deporte en el que los puntos cuenten más por la distancia desde donde fueron conseguidos, y en el que un margen tan pequeño se exprese con tanta alegría.

Y de la NBA en concreto me gusta, además de que juntan a los mejores del mundo en lo anterior, lo impredecible. La adrenalina de ese momento de suspensión gravitatoria, en el que todo lo que esperabas que sucediera, se va moviendo a cámara lenta antes de dar un vuelco hacia lo inesperado. Es una traza que hay que reconocer al deporte en general, y no a la NBA en particular, pero el caso es que a diferencia de otras artes, como por ejemplo, el cine, esto no parte de burdos trucos de guión, prediseñados con alevosía, ni deja huecos argumentales. Es la sorpresa en estado puro, una de las sensaciones más gratificantes e interactivas para el espectador, que se ve inmediatamente conectado con un grupo de personas a las que nada une, e incluso quizá haya llegado a menospreciar en el pasado.

Todo esto me hizo y me hace vibrar con la NBA. Y este año, hay un equipo que junta todas las mariposas en el estómago del primer y torpe beso. Los hay mejores tirando de tres, haciendo mates, y podemos considerar que hay sorpresas más mayúsculas quizá, pero ningún equipo junta todo lo que adoro, y algún detalle más, como los Phoenix Suns de este primer mes y medio de competición.

El equipo que tenía la peor pinta de todo el Oeste, que declaró lo que temíamos que iban a ser sus intenciones en un verano plagado de movimientos pensando en el largo plazo, coronando la afrenta al buen gusto por la competición constante, con el traspaso de uno de sus pocos jugadores con trayectoria en la Liga, por un lesionado sine die, está ahora entre los mejores.

Hornacek y su panda de repudiados, transforman noche sí y noche no, más o menos, la energía en alegría. No son los primeros, ni serán los últimos, y por la naturaleza rotativa de la NBA, conviene no encariñarse, porque esto, sea más tarde o más temprano, tiene fecha de caducidad. Pero el ímpetu y la vitalidad de este equipo son impecables. Desconozco si es por el aroma a reencuentro con la infancia y aquella atracción primitiva por este circo, o si simplemente es la necesidad de buscar algo de jovialidad en cada rincón en un tiempo difícil como este. Pero es

Los Suns me desarman, desactivan mis sufridas neuronas y mis ganas de racionalizarlo todo por un momento, y logran hacerme feliz de manera pasajera. Son el soma que imaginaba Aldous Huxley, con todas las ventajas del cristianismo y el alcohol, y ninguno de sus defectos.

Qué equivocado estaba, y qué bonito es. Al menos para mí.

Rebote en 3D

Durante décadas, la única manera de estudiar el rebote eran utilizar los simples números totales: cuántos cogía cada jugador, cada equipo… se podía ajustar los resultados por partido, o por minuto, pero poco más.

Después, alguien con muy buen criterio (¿Dean Oliver?), se dio cuenta que el número de oportunidades que tiene cada jugador es muy diferente. El pasado miércoles, el Philly-Orlando y el Indiana-Charlotte empezaron a la misma hora, en la misma Liga y duraron el mismo número de minutos, pero en uno se cogieron un total de 85 rebotes, y en el otro 100. Hibbert o Biyombo tuvieron más oportunidades de engordar los números que Vucevic o Hawes. Así nace el porcentaje reboteador, o tasa de rebote, que no indica cuántos rebotes coge un jugador, sino cuántos se llevan de todas aquellas oportunidades que surgen cuando ellos están en pista. Durante años esto se tuvo que estimar, proporcionalmente a los minutos jugados y las situaciones que se producían a nivel de equipo, pero desde que se analizan los play-by-play posesión a posesión, es posible obtener un número exacto.

Y en ese mundo de dos dimensiones nos encontrábamos, hasta que la NBA añadió a la presente temporada una tercera: con el nuevo sistema de cámaras que han colocado en cada pabellón, y que registra en todo momento, varias veces por segundo, la posición de los jugadores y el balón, la Liga puede hacer virguerías, y una de ellas, que ha compartido con nosotros, es lo que ellos llaman oportunidades de rebote, y que se define como el número de veces que un jugador está a un metro de la pelota cuando se ha fallado un tiro, y la pelota es para quien la coja. Además, llevan la cuenta de si estos rebotes fueron disputados, o por el contrario fueron a parar a ese hombre en solitario.

En la página de la NBA que recoge las estadísticas de tracking, podéis ver todos estos números y jugar con ellos, hasta que os canséis. Nosotros vamos a combinar lo que estos números nos ofrecen para descubrir alguna cosa nueva, aunque las posibilidades son mucho más grandes:

  • Porcentaje de oportunidades de rebote o tasa de oportunidades de rebote

La NBA nos ofrece con aquello de las oportunidades de rebote la posibilidad de saber cuántas veces un jugador estuvo a un metro de un rebote en términos totales… pero sucede como en su día con el número de rebotes, no todos los jugadores tienen la misma opción de tener esa «oportunidad de rebote». Por ejemplo, hay un rebote defensivo en juego en el 51.7% de las posesiones con Roy Hibbert en cancha, cifra que lidera la Liga con gran margen entre los jugadores habituales (DPOY alert!). En la cola está Greg Monroe: sólo en el 37.7% de las jugadas que defienden en Detroit acaban en rebote, por lo que aquellos en malos equipos defensivos están en desventaja: cogeran menos rebotes y también tendrán menos oportunidades totales.

Si hacemos algo así como el porcentaje de oportunidades de rebote, o tasa de oportunidades de rebote, podemos calcular, en qué porcentaje de rebotes de su equipo, un jugador tuvo una oportunidad de cogerlo, es decir, estuvo a un metro o menos del balón. Y ahí, sigue ganando Kevin Love. El de los Wolves, convierte un 48.2% de los rebotes que hay en pista en una oportunidad de rebote. El siguiente jugador habitual (Adrien, Humphries o Gobert se cuelan por el medio), es KG con un 44.3%, una distancia bastante importante.

El mayor engañador si comparamos estos resultados con los de la lista de rebotes defensivos por partido es Blake Griffin. Tercero en capturas, con 8.7, sólo se acerca a por una oportunidad de rebote en el 34.8% de los fallos rivales con él en pista. Naturalmente, de engaño nada. para tener ese lugar en la clasificación general tradicional, convierte un gran número de esas oportunidades (el 75.5% de rebotes por oportunidad es el número 1 entre hombres altos) pero también se ayuda de jugar bastantes minutos, en un equipo que además concede muchos rebotes. Cosas así nos ayudan a poner en perspectiva los números, y hacer un perfil más detallado sobre cómo consiguen los jugadores barrer los tableros.

  • Tasa de carga del rebote ofensivo

Recoger o no rebotes en ataque es una cuestión casi filosófica. Hay equipos que desprecian hacerlo para volver más rápido a defender, mientras que para otros es parte importante de su juego. La tasa de rebote ofensivo de un equipo, nos permite conocer muy bien cómo enfocan ellos esa cuestión.

Toronto, Detroit y Chicago están liderando la Liga en tasa de rebote ofensivo, y San Antonio, Atlanta y Miami, cierran la lista. Pero esto ya lo sabíamos en 2D. A lo que nos puede ayudar la nueva dimensión es a saber si los equipos no barren el tablero en ataque por decisión propia… o porque sus jugadores, aunque lo intenten no lo logran. Gracias a las oportunidades de rebote, podemos conocer cuántos jugadores manda cada equipo por tiro fallado.

Los resultados no difieren mucho pero seguramente se ajusten aún mejor a la realidad. Algún jugador de los Bulls tiene una oportunidad de rebote ofensivo cada 1.7 tiros fallados, y le siguen en la tabla Toronto y Denver. A la cola, Miami, donde solamente en una de cada 3 ocasiones alguien carga los tableros. Se cuelan segundos por la cola los Lakers, y luego San Antonio.

Además, Miami, cuando va a por el rebote ofensivo, va. Tienen el mejor porcentaje de rebotes ofensivos por oportunidad, logrando apropiarse el 57.1% de las oportunidades. De hecho, si lo pensáis un poco es natural, que esta clasificación sea inversa a la otra: los equipos que más oportunidades tratan de crear, menos probabilidad tienen de conseguirlo, porque se encontrarán rebotes cada vez más disputados, mientras que otros apuestan sólo por los fáciles.

De hecho, de los 10 equipos que más cargan el tablero en ataque, 7 están entre los 10 peores capturando las oportunidades que pasan a un metro de ellos, y sólo dos, Portland y Toronto, están en la parte baja del Top 10, por los que los podemos considerar los mejores reboteadores ofensivos calidad/precio del mercado.

  • Jugador más descompensado

Como siempre recomendamos, las estadísticas hay que tratarlas en su contexto. Y a veces, hay jugadores que tienen la obligación de cargar el rebote ofensivo, pero se ocupan de otras tareas en defensa. En otros casos, me temo que hay un poco de predilección por el ataque. Eso lo evaluáis vosotros, y nosotros presentamos los números.

Joel Freeland es el único jugador que crea más oportunidades de rebote en ataque (se acerca a un metro del balón en el 27.8% de los tiros de Portland), que en defensa (donde sólo acude al 25.9%). Ian Mahinmi, Tony Allen, Robin Lopez y Ed Davis le siguen en la clasificación. Vemos claramente un perfil de jugador que se tiene que crear sus oportunidades en ataque barriendo los tableros, porque no forman parte del juego de su equipo.

Los que por el contrario, menos se prodigan en ataque pese a cumplir en defensa, son KG (acude a un 44.3% de los fallos en defensa, y sólo a un 9.9% en ataque), Dirk Nowitzki (37.2 vs. 3.4%), y Kevin Love (48.2 vs. 17.7%). La característica común, pese a sus diferentes tasas de capturas, es lo lejos que se sitúan de la canasta rival en ataque.

  • Jugador más imponente

Hemos hablado de cómo la NBA también nos ofrecía números que ponían en contexto si un rebote fue disputado (más de un jugador estaba a un metro de él) o no. El jugador que más rebotes no disputados coge ajustados al número de oportunidades es Cousins. Los jugadores rivales deben tener algo de miedo de Boogie, o piensan en salir rápido a resguardarse del gran Isaiah Thomas, pero lo cierto es que algo más del 25%, 1 de cada 4, de los fallos de los rivales de Sacramento acaban en manos de un Cousins sin nadie en un metro a la redonda. Reggie Evans, que por lo que vemos, ya se ha ganado el respeto como reboteador, es segundo en la lista de incontestables, y Dwight Howard tercero.

De los más habituales, el que menos respeto se ha ganado es Enes Kanter. Sólo en uno cada 10 tiros, puede coger el rebote en defensa tranquilo.


Recordad, que aunque ya tengamos estadísticas sobre el rebote en 3D, esto todavía no es carne y hueso. Hay tantos factores a tener en cuenta que influyen en lo que ha sucedido en esa oportunidad de rebote (uno de ellos, el más claro e interesante para estudiar, el box-out, o bloqueo del rival para que no pueda cargarlo) que seguimos viendo la punta del iceberg.

Pero que haya más información nunca puede ser mala noticia, y se pueden curiosear estas y muchas cosas más… ¿qué os gustaría ver a vosotros?

¿Demasiado pronto?

15 días ya de temporada, 110 partidos (algo menos del 10%) y muchas cosas sorprendentes en este inicio. Pero, ¿cuándo se convierten las novedades en tendencia? ¿Será pronto, o ya podemos saber muchas cosas de esta temporada con los primeros encuentros que hemos visto?

Para empezar, podemos tener una muy buena pista de cara a los Playoffs. En las últimas 5 temporadas, entre 12 y 14 de los equipos que acabaron jugando las eliminatorias por el título ya estaban en esa posición en los primeros 15 días de competición. Por tanto, atendiendo a la historia más reciente, es probable que alguno de los equipos que ocupan esa posición de manera sorprendente (Philadelphia, Boston, Charlotte o Phoenix), aguante el tirón el resto del año.

Pero veamos lo que tarda en estabilizarse una temporada NBA de manera un tanto más gráfica. Gracias a la base de datos de la NBA en NBA.com/Stats, podemos estudiar cómo va avanzando la correlación a nivel de equipo entre cualquier índice, un día dado, con su valor a final de temporada. Veamos por ejemplo lo que sucede con el porcentaje de victorias.

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R², el coeficiente de determinación, lo podemos entender intuitivamente como el porcentaje (de la varianza) del resultado final (es decir, en este caso, los registros de victorias y derrotas a final de temporada de cada equipo) que conocemos en ese punto. Como veis, el primer día de la temporada es prácticamente 0: que un equipo gane o pierda su primer partido no nos dice prácticamente nada de cómo quedarán al final. Pero según van pasando los partidos, la evidencia sobre qué equipo es bueno y cuál malo aumenta, más rápidamente incluso de lo que puede parecer.

En béisbol, la niña bonita de los analistas estadísticos deportivos, está ya más que estudiado cuando las pequeñas muestras del principio de la temporada se pueden empezar a considerar más o menos estables. Y ese punto es cuando el coeficiente de correlación es 0.7, y por tanto, R², el cuadrado de ese valor, es de 0.5, es decir, el punto en el que se explica el 50% de la varianza final. ¿Quiere decir esto que todo el pescado queda vendido llegado a ese momento? Por supuesto que no. Hay lesiones, traspasos, estados de forma, casualidades del calendario… pero una vez en ese 50%, ya es un momento de tomarse algo más en serio lo que va sucediendo, y empezar a pensar que mucho de lo que vemos, en cuanto al rendimiento de un equipo, comienza a ser real. Las muestras ya no son tan pequeñas.

¿Y cuánto se tarda en llegar a ese punto en baloncesto? ¿Finales de año? ¿El All-Star Break? Pues, viendo la historia reciente, no. Cualquier día de estos. El siguiente gráfico muestra como avanzó el coeficiente de determinación jornada a jornada las cinco últimas temporadas (incluyendo la comprimida de 66 partidos de 2012). Respecto al porcentaje de victorias, se llegó al 0.5 entre el 6º y el 24º día de competición. En 3 de los últimos 5 años, ya habíamos alcanzado ese punto a estas alturas.

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Pero hay otro indicador que se estabiliza aún más rápido. Ya hemos hablado en la que tal vez no sea tu página favorita (pero es en la que estás ahora), de cómo y por qué el margen de victoria tiene más valor predictivo para conocer lo que va a suceder que las victorias y derrotas simplemente, y en las cinco últimas temporadas, el valor de 0.5 en el coeficiente de determinación del diferencial de puntos por 100 posesiones, ya había sido alcanzado a estas alturas, por lo que pese a que los equipos de la NBA sólo hayan jugado unos 7 partidos en media, y se hayan enfrentado a pocos rivales, el diferencial ya no es una muestra pequeña, y nos pinta un dibujo algo más fiable.

Corr3

A modo informativo, el diferencial resta mérito al comienzo de temporada de OKC (3º en victorias, 8º en ventaja por 100 posesiones) y Charlotte (18º vs. 27º) y tiene a Washington entre los 8 mejores del Este, pese a que están a la cola en partidos ganados junto a Detroit. El método no es perfecto, pero será interesante prestar atención a estos casos.

Como es lógico, no todas las estadísticas se estabilizan de la misma manera. El rebote por ejemplo, es mucho más irregular, y parece que es más interesante en este caso esperar a cumplir al menos un mes de competición para empezar a tomarse las muestras en serio. Por tanto, es una invitación a tener calma con ejemplos como el de Toronto, que han subido de la 20ª a la 2ª posición provisional. Además, el ataque y las estadísticas asociadas, parecen estabilizarse más rápido y mejor que las de la defensa, así que confiad primero en los avances en esta área.

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En definitiva, aunque todavía no se puedan sacar conclusiones definitivas, y haya muchísima tela que cortar aún, empezamos a tener una buena visión general de cómo están situados los equipos en el panorama NBA. No significa que en casos puntuales tengan que echarse a temblar (Charlotte, con el segundo peor registro al final, empezó 7-5 el último año, e Indiana, el equipo de moda y pateador oficial de culos en este inicio de temporada, comenzó 4-7), y el aumento generalizado del uso del triple va a convertir la NBA en una materia mucho más impredecible (ya hablaremos), pero cuidado, porque no es tan pronto como podíamos pensar.

Avance de temporada 2013-2014: Washington Wizards

Recuerda que puedes hacerte con esta previa (y todas las de la temporada, juntas, en PDF) en La Primera (y quizás última) Mega Guía de La Crónica Desde El Sofá para la temporada 13/14. Es totalmente gratuita, tan sólo os pedimos que hagáis una mención por Twitter o compartirla por Facebook mediante este botón:

O si insistís, no os vamos a decir que no tampoco, podéis comprárnosla sin tener que poner tuits ni likes…

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Otro equipo más con opciones en el Este, que ha decidido no tocar el núcleo durante el verano. Los Wizards pudieron guardar algo de espacio salarial para juntarlo en el mercado del verano que viene con el que se abrirá cuando, y si, se marchan Gortat y Ariza, agentes libres, pero han optado por añadir todo el salario posible, e intentarlo ya este año alrededor de Wall y Beal.

Con muchas apuestas fallidas en pasados Drafts y lesiones por doquier, Washington ha tenido materia prima para haber llegado a la tierra prometida algo antes, pero ahora, por fin, han juntado a dos jugadores súper talentosos y sanos en el perímetro, y han subsanado el problema que era la baja de inicio de Emeka Okafor, trayendo en su lugar al Martillo Polaco. Esta incorporación era más que necesaria, ya que con Nene, que va de problema en problema, el juego interior se puede quedar muy corto para el asalto. Wittman necesita meterse entre los 8 primeros del Este ya, para mantener su trabajo, pero las aspiraciones (y el atractivo) de los Wizards seguirá dependiendo de cómo de llena tengan la enfermería.

  • Radiografía de los Wizards

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    En la radiografía intentamos recoger una amplia información estadística de cómo funcionó cada equipo el año pasado, en ataque y en defensa, comparando en que percentil (porcentaje de equipos mejor/peor que ellos) se encuentran respecto al resto de la Liga.
  • Optimismo con base

Desde el regreso de John Wall el 12 de enero, los Wizards tuvieron el 13º mejor diferencial de la Liga (+1.4 puntos por 100 posesiones) y 5º en el Este, y hubieran sido sextos en su conferencia en victorias, con un 24-25 en esos 49 partidos con su jugador franquicia.

El quinteto con Wall, Nene, Okafor, Beal y Webster fue magnífico en los 142 minutos (pocos) que estuvieron en pista, y Washington, por encima del tope salarial, apostó por la continuidad: Otto Porter, 3ª elección del Draft, Eric Maynor y Al Harrington son los tres principales refuerzos, y es muy posible que ninguno de los tres sean titulares, con todo el mundo sano. A última hora, días antes del inicio del curso, reemplazaron al lesionado para al menos tres meses, Emeka Okafor, por Marcin Gortat, y aunque de habilidades muy diferentes, comparten un rol y un caché seguramente muy similar: no ha sido ningún volantazo.

Eso sí, nos quedamos sin ver si lo que parecía un quinteto de lujo (demasiado incluso: el diferencial de +24 puntos por 100 posesiones que tenían parece de mentira), era o no un espejismo. En el conjunto global de la temporada, Washington fue un equipo muy desequilibrado, con una defensa en el Top 10, y el peor ataque de la Liga. Cuando volvió Wall, la defensa mantuvo su ránking (de hecho, fue superior), y el ataque mejoró 8 puntos por 100 posesiones, una diferencia enorme, pero seguía sin ser bueno: sólo fue 23º desde el 12 de enero en adelante.

El problema es que cuando AJ Price llevaba la manija de este equipo, el resultado fue históricamente malo. Hasta ese día del regreso de Wall, había tanta diferencia entre ellos, peor equipo de la Liga en ataque, y el 29º clasificado (por entonces, aunque quizá no lo creáis, Indiana), como entre los Pacers y los Hawks, que en esa fecha eran 13º. Los Wizards iban camino de una marca de futilidad que no se veía en la NBA desde los Nuggets de 2003.

Así que la intención de este año debe ser esa, seguir progresando en ataque con Wall sano, sin descuidar los elementos que colocan a este equipo en la zona noble entre las defensas de la NBA. El cambio GortatOkafor también puede ayudar a compensar un poco esa diferencia, ya que empuja a la balanza del lado del ataque, pero habrá que ver si no se han pasado, y los Wizards este año son un sube y baja de parque.

Lo bueno que tiene es que la llegada de Gortat evita tener que tirar de Kevin Seraphin. La pareja NeneOkafor (y más gente claro, que eso influye) fue 4.2 puntos en defensa y 3.4 en ataque mejor que los quintetos que juntan a Nene con Seraphin (sólo 318 minutos de la pareja francés-brasileño), lo cual está en línea con los ajustes que hace RAPM teniendo en cuenta los mismos grupos de 4 compañeros, que estiman que con Okafor fueron 3 puntos por 100 posesiones mejor en ambos lados de la pista, y 6 en total que con Seraphin.

Otra opción era utilizar a Nene de pívot, aunque a él no le guste, haciendo a los Wizards más pequeños, con el veterano Al Harrington, que ya hizo pareja interior con el brasileño ocasionalmente en Denver (aquí lo de pequeños es relativo, porque mide lo mismo que Seraphin, pero por juego y anchura podemos decirlo) en el puesto de 4. Pero ojo que Nene es un clásico de la enfermería NBA, y cuanto menos estopa se dé mejor: se ha perdido el 30% de los partidos desde que llegó a la Liga, incluidos 21 el año pasado y 27 el anterior.

Desde aquí, seguimos pidiendo minutos para Harrington, el Nate Robinson de los hombres altos, que siempre parece garantizar unos 16-18 divertidos puntos por 36 minutos, juegue dónde y con quien sea (si está sano: 10 partidos sólo el año pasado, aunque jugó menos por no entrar en los planes del equipo). Además, nos encanta verle defendiendo en el poste bajo con el único (y muy efectivo, por cierto) movimiento que parece que tiene, el de «quitar la silla» al rival. En eso, Not Big Al, es el número 1.

  • El salto

Los Wizards han soltado la pasta y han renovado por 5 años el contrato de un John Wall del que el verano pasado teníamos más dudas, y no sólo por la salud. Su juego en la recta final del anterior curso fue mucho mejor a todo lo que hizo en sus dos primeras temporadas, y aunque sigue sin tener rango desde la línea de triple, ha encontrado un punto caliente a la derecha de la bombilla desde donde mete el 49% de sus intentos, que no tenían las versiones anteriores de este jugador.

La entrada de dos tiradores en el quinteto titular como Beal y Webster, que han puesto a los Wizards en el Top 10 en porcentaje de acierto desde el triple después de un par de años en la 28ª posición, además de este recurso que ha añadido en la media distancia, han abierto sus opciones, obligando a los defensores a estirarse mucho más frente a Washington, y por tanto, ha podido mejorar su eficiencia como anotador y distribuidor.

Es un demonio en el uno contra uno y en el dos para dos (curiosamente, y pese a que uno de sus puntos fuertes es la velocidad, en transición pierde más el control) y es uno de esos jugadores agresivos e incisivos que tanto nos gustan cuando no se conforma con la suspensión lejana. Cuando ataca el aro directamente, tiene mucho mejor acierto si llega en carrera a tumba abierta en lugar de entrar de manera más sibilina, parando, botando y haciendo cambios de aceleración, pero cuando no le dejan salir escopetado y le obligan a tomárselo con paciencia, ha añadido a su juego un floater (o bomba) y un tiro tras parada a un par de metros del aro bastante efectivo. Además, el número de faltas que fuerza por minuto ha ido creciendo año a año, y sus 6.9 por 36 minutos ya están en la élite, Top 10 de la NBA la pasada temporada.

El número de asistencias también ha ido para arriba visto por posesiones, aunque ya sabíamos que era un buen distribuidor, que no tiene problema conectando ni con los hombres altos ni con sus tiradores. Esa parte de su juego no estaba en duda. Pero la que sí lo sigue estando es el acierto con las suspensiones, porque, la verdad que salvo por esa zona en la derecha del poste alto tras bloqueo y el área enfrente del aro, tira mal y demasiado desde lejos.

Pero es muy difícil tenerlo todo, y en conjunto estamos hablando de un jugador que por 36 minutos promediaba un 20.4/8.4/4.4 con un porcentaje de tiro verdadero de 52.1%, mejorable, pero razonable para su volumen (y que si recorta los tiros de dos lejanos que le sobran, es muy factible que lo incremente).

Wall merece su contrato, y es el principal argumento de este equipo para aspirar a los Playoffs la temporada que viene.

  • Beal, the real deal

Pueden estar contentos en Washington con su elección del Draft de 2012, porque parece que tienen pareja de baile con la que juntar a Wall por mucho tiempo.

El juego de John es mejor si tiene un jugador que pueda operar sin balón y rango infinito, que le abra espacios y sea una válvula de escape cuando necesite pasar a alguien. En su primer año en la Liga, Bradley metió 91 triples en 56 partidos con un excelente nivel de acierto para su volumen, y entra en una lista de tan solo 13 jugadores que fueron capaces de meter más del 38% en al menos 4 intentos por partido en su primer año, y todos esos jugadores mantuvieron un buen nivel el resto de sus carreras (o están en ello).

Es espectacular desde la esquina izquierda, desde donde acertó un 57.1% de los intentos (y además se compenetra bien con Webster, con similar tino, pero desde la derecha), aunque desarrolló una manía que cuesta bastantes puntos a su equipo, que es dar un paso adelante cuando le vienen a cerrar, y lanzar un tiro de 2 lejano. No se le puede recriminar mucho, porque casi siempre los mete y sigue siendo una opción rentable (mantiene precisamente el 57%), pero cada vez que da el paso, es un punto menos.

Cuando tuvo que crearse su propio tiro la cosa no fue tan bien. Gran parte de esta tarea fue a principio de temporada, rodeado de un equipo deprimente (el partido en el que más lanzamientos de campo intentó, en diciembre, frente a Atlanta, jugó junto a Jordan Crawford, Martell Webster, Chris Singleton y Emeka Okafor de titulares, con Earl Barron de sexto hombre), pero se conforma con tirar, y no ataca el aro, y pese a lo dulce de su lanzamiento, no es tan bueno tras bote todavía. Fue 107º en la clasificación de más tiros de campo intentados, pero 194º en lanzamientos a un metro del aro, vamos que no le gusta. Lo cierto es que salvo por sus dos hombres altos, y Wall a ratos, los Wizards mostraron preocupantes indicios de una incipiente alergia al aro.

Veremos si la salud le respeta este año, porque es un jugador muy joven, que puede garantizarse minutos sólo con su tiro y buen nivel de esfuerzo en defensa, y aún pinta a tener gran margen para crecer.

  • Lucha por el 3

Los Wizards son otro equipo que tendrá una feroz competición en el puesto de alero. Martell Webster, Trevor Ariza y Otto Porter además del ya aparentemente defenestrado, cambiado el año pasado sin éxito a la posición de ala-pívot, lesionado para el primer mes de competición y no renovado por un cuarto año (en 2014), Chris Singleton, lucharán por minutos.

La pole parece tenerla Webster, dueño de la posición la pasada temporada en los mejores momentos del equipo, en los que cumplió a la perfección su papel, metiendo un 42.2% de los triples, incluyendo un 58.5% desde la esquina derecha. Pero Porter, un talento a priori más amplio, que jugó en la NCAA en la ciudad de Washington (y compartió época de instituto en Missouri con Beal) y Ariza, el mejor pagado del equipo en el puesto, no lo pondrán fácil.

Escogido en la posición número 6 del Draft en 2005, y habiendo sido cortado en Minnesota, Martell llegó por la puerta de atrás a este equipo y se ha convertido en una pieza muy importante, abrazándose al papel de secundario que en su día habría parecido poco para él, un especialista 3D (que mete triples y defiende) que los Wizards supieron identificar. Webster lideró al equipo en porcentaje de tiro verdadero, y tras promediar durante su carrera un 37.4% de acierto desde el triple, nos sorprendió con ese 42.2% en Washington. Pero su fabuloso porcentaje desde la esquina derecha, que tanta admiración suscita, ha oscilado año a año (y en conjunto los 5 años anteriores fue un 66 de 173, un 38.2%), por lo que a lo mejor los Wizards han pagado por la excepción.

No podemos saber cómo será esta temporada Webster (quizá lo único que necesitaba era un poco de confianza), pero el año pasado, desde luego que fue un excepcional gregario para los Wizards, y tras ver la prisa que se dieron en renovarle, queda claro por qué no le pusieron en el mercado en febrero, cuando seguro que más de un equipo candidato habría hecho una oferta por sus servicios.

Jugando con la misma compañía, los Wizards fueron 7 puntos por 100 posesiones mejores en ataque con Webster en el lugar de Ariza, y concedían 4 puntos más en defensa. Aunque Trevor fuera mejor opción según los números de la pasada temporada para detener a los rivales, no estoy seguro que Ariza sea mejor defensor para este equipo. Webster es más versátil porque también puede enfrentarse a los escoltas rivales, y es más fuerte ante los aleros.

El que lo tiene algo más difícil seguramente sea Porter. A no ser que los ejecutivos de Washington hayan tirado la toalla, y le den una buena razón y mucha estabilidad para que el novato tenga muchos minutos, Wittman necesita ganar ya si quiere mantener su trabajo y Webster es mejor opción a (muy) corto plazo. Si el equipo sigue viéndose atacado por las lesiones, y se queda sin opciones más pronto que tarde, podría ser un protagonista a final de temporada, pero de momento tendrá competencia con el propio Ariza por ser el suplente en su posición, principalmente porque tiene pinta de que su repertorio, también de 3D, no se diferencia del de los otros dos, y aunque puede que a la larga llegue a aportar cositas con el balón, esas habilidades no tienen pinta de estar listas este año.

La llegada de Gortat cierra un poco la puerta a utilizar a algún jugador de este grupo como 4 por largos periodos, pero a cambio, Ariza, que acaba contrato, y no parece que pinte mucho en el futuro de la franquicia tal y como está la plantilla ahora mismo, podría ser traspasado en cualquier momento. Así, quizá Porter vea más la pista de lo esperado. Incluso puede que lo estemos infravalorando, y se gane el puesto en pocas semanas. Pero ahora mismo, la elección número 3 del pasado Draft, parece que ha caído en una situación regular. Y eso por no hablar de cómo desarrollan el talento por Washington…

  • Potente mientras duró

Nene y Okafor hicieron buena pareja en su primer año juntos, en los 53 partidos y casi 1000 minutos que pudieron jugar. Con ambos en pista, los Wizards fueron 4.6 puntos por 100 posesiones mejores que el equipo rival, pero curiosamente, el récord fue de 22-31. Eso sí, contando sólo esas 31 derrotas, en los minutos de la pareja, Washington sólo resultó -0.8 puntos por 100 peor, una tasa muy pequeña teniendo en cuenta eso, que todas las muestras pertenecen a partidos perdidos, de lo que seguramente no tienen la culpa ellos dos.

Con ellos en pista los Wizards tienen una defensa equivalente a la 2ª de la Liga, con el mejor rebote defensivo con mucha diferencia (79% de las capturas, cuando los líderes, los Warriors, se quedaron con un 75.5% de los fallos rivales). Los Wizards fueron 6º en su propio tablero, y mucha culpa de eso la tienen los minutos de esta pareja en pista, que, curiosamente, dejaron una marca que estaría entra las 5 peores en rebote en ataque.

Nene es un fabuloso jugador al que las lesiones y enfermedades de todo tipo han castigado demasiado. Con un tiro a media distancia en condiciones y un poco de mejor suerte, estaría en la élite. Pero esta abuelita no tiene ruedas, y es lo que vemos. Cuando está en pista puede hacer casi de todo en las dos posiciones interiores a ambos lados de la cancha, y tiene la combinación de tamaño, agilidad, rapidez y habilidad casi perfecta para un hombre alto en la NBA. Por tener tiene hasta unas enormes manos, que hacen que el Spalding parezca una naranja.

Su porcentaje de tiro verdadero durante su carrera roza el 60% (59.5%, aunque en Washington el último año estuviera por debajo, 53.8%) en 15 puntos por 36 minutos, 12 en los 30 que habitualmente juega (y veremos si no se los regulan aún más). Y este año, con una mayor tasa de utilización que nunca en su carrera, se ha destapado como pasador, asistiendo en el 19% de los tiros de campo anotados de su equipo, tasa que le coloca entre Marc Gasol y Greg Monroe. De hecho, si hubiera que marcar un defecto suyo, quizá tendríamos que hablar de una exagerada solidaridad, y su querencia por el perfil bajo: nunca intentó ser el protagonista, no le apeteció dominar. Parece que a la experiencia Nene siempre le faltó algo.

No habrá podido colarse entre los mejores, pero con el brasileño como segundo mejor jugador (que es lo que es en estos Wizards hasta que Beal crezca), se puede entrar en los Playoffs. Luego, que llegue bien a jugarlos…

  • Anexo Gortat

Haciendo una excepción, hemos actualizado la parte Wizard de la guía pare recoger la llegada de Gortat. Recordamos que ya comentamos algunos aspectos de su juego en el apartado de Phoenix (https://lacronicadesdeelsofa.com/2013/10/27/avance-de-temporada-2013-2014-phoenix-suns/) que os invitamos a leer, y se han escrito cosas muy interesantes sobre el traspaso (en inglés, esto en SB Nation, esto en Grantland).

El resumen es claro: los Wizards sacrifican la protección del aro y la defensa en los bloqueos y continuación que ofrecía Okafor, y a cambio la dan a Wall otro jugador con posibilidades en ataque, uno de los mejores finalizadores del bloqueo directo en la Liga, y con el tiro de media distancia justo para abrir aún un poco más el ataque. Sin Okafor, más por la falta de sustitutos que por la suya propia, el equipo parecía peligrosamente cerca de otro año sin Playoffs, pero ahora parecen estar de vuelta en la pomada.

  • Mogollón de personajes

Aunque las incorporaciones de Eric Maynor (veremos qué tal en el segundo año tras la rotura del ligamento cruzado, la pasada temporada fue algo decepcionante, pero en Blazers, sorprendentemente lejos del balón a ratos, mejoró), Otto Porter y Al Harrington por AJ Price, Cartier Martin y Jason Collins son suficientes para considerar que la plantilla de los Wizards y su banquillo son mejores esta temporada, todavía me sigue poniendo nervioso que los Chris Singleton, Garrett Temple, Trevor Booker, Jan Vesely y Kevin Seraphin vayan a tener minutos.

Entre los 5 sumaron 5.290 minutos (ninguno jugó menos de 600) y aunque deberían jugar menos con las nuevas contrataciones, las lesiones ocurren, y como vuelvan a tener una carga similar, y no hayan mejorado mágicamente en verano, los Wizards pueden tener muchos problemas.

Seraphin parecía que iba para más el año pasado, pero esta última temporada ha sido horrible, un agujero negro en ataque, con dudosa defensa, que por suerte ya no tiene que ser titular al principio del curso. Es pequeño en altura para jugar de pívot, y su envergadura no es suficiente para suplirlo, como demuestran sus pobres tasas de rebote, que fueron a menos aún en 2013. En ataque hay un cierto hueco para el optimismo porque es un grandísimo jugador, maestro del gancho en el bloque izquierdo del ataque, y atroz en el lado derecho, pero utiliza todo por igual. Lo peor es que Seraphin se coloca para recibir a ambos lados por igual, así que o es muy cabezón, o en Washington no han considerado esta diferencia importante, y le siguen dejando recorrer ambos flancos del frente de ataque con igual frecuencia. Tal vez este año, según se va acumulando la evidencia, a alguien en Washington se le ocurra alimentarle sólo del lado correcto, para que pueda ser ese jugador de 15-8 con buenos porcentajes en minutos de titular, que los Wizards creyeron que podría llegar a ser en algún momento, aún a costa delos sacrificios defensivos.

En el resto, tenemos a un jugador trabajador, pero limitado físicamente que no puede anotar en Booker; alguien con algo más de presencia física en su posición pero sin tanta energía, y que tampoco puede anotar en Temple; un jugador que venía a ser un 3D y de 3 nada, y de D en al puesto de ala-pívot donde le recolocaron más bien poco (Chris Singleton) y nos dejamos para el final a Jan Vesely un hombre que el año pasado sólo metió 19 puntos más que faltas hizo. Nuff said.