PO Desde El Sofá (IV): Houston, habemus marrón

Pantallazo-64

Como ya hemos hecho en otras temporadas, iniciamos los PO Desde El Sofá, donde cada día escribiremos sobre lo que hemos visto el día anterior, a nuestra forma y siempre desde el sofá.

Qué inicio de Playoffs.

La emoción de estos primeros partidos hace parecer que nos encontramos en rondas mucho más avanzadas… y lo que nos espera. Siete de los ocho cabezas de serie, y favoritos nominales, han perdido la ventaja de campo, y dos de ellos además, podrían no volver a jugar un partido en casa. Houston está en un hoyo del que les va a costar salir.

Porque aunque la serie pinte larga, y los dos partidos hayan estado muy justos, el Rose Garden va a ser un hervidero tras 3 años sin Playoffs, y si pierden el siguiente partido estarían remando contra la historia: nunca nadie ha remontado un 0-3 en contra en la NBA.

Portland sigue donde lo dejó durante la temporada, o incluso, en sus mejores momentos, con esa fórmula que seguramente ya tengan patentada, en la que Aldridge hace lo suyo en los tres primeros cuartos (y a un nivel estratosférico en estos dos encuentros), y deja la suerte de muleta para Damian Lillard, que aunque no estuvo especialmente acertado durante el encuentro, volvió a tener hielo en la sangre en los momentos finales, metiendo los tiros libres (algo que muchos equipos han echado de menos en los partidos que llevamos), y tomando las decisiones correctas como director.

Y eso que cuando el partido comenzó, todo parecía diferente. Dwight Howard se marcó un primer cuarto tremendo, con 19 puntazos (¡e incluso un 3 de 3 en tiros libres!), enganchado canasta sin fallo tras canasta sin fallo, con una suficiencia y facilidad impresionantes, como en los mejores tiempos. Pero Stotts estuvo listo, y buscó implicarlo en defensa, perdiendo a Jones en bloqueos primero, para hacer salir a Dwight al tiro a media distancia, o provocar el despiste en el rebote. Estas triquiñuelas de Terry consiguieron que Portland se mantuviera a una distancia razonable, y que McHale, tuviera que guardar la casa con Howard, al que como ser humano que es, la energía no le llega para ser dominante todo un partido a ambos lados. Kevin se ha quedado sin su primera línea defensiva con un Beverley que, seguramente, por su lesión, ha perdido amperaje, y tuvo que cambiar el rol de Howard según avanzó el partido, e incluso sacar la problemática pareja DwightAsik (más aún teniendo delante a alguien tan móvil como Aldridge, o tan rápido como Robinson) para tratar de evitar la sangría.

El entrenador de los Blazers está ganando la partida a McHale, y ayer hizo lo que debía: quitar el contraataque y las faltas en la medida de lo posible a Houston, y retarles a ganar el pan cinco contra cinco, hombre a hombre. El enfrentamiento no es nada malo para ellos, y además, está yendo un paso por delante.

Por un lado, no podemos condenar aún a Houston. El primer enfrentamiento se fue a la prórroga, y este entró al último minuto siendo un partido de dos posesiones. Pero es preocupante que los Blazers, un equipo de suspensiones, de esas que vienen y van, hayan ganado sin ni siquiera tener que enseñar el músculo: sólo están metiendo uno de cada 3 triples, y el 45% de los tiros de media distancia. Por supuesto, Aldridge de vez en cuando mete alguna que te deja con cara de tonto, pero eso forma parte del guión, y en conjunto, el acierto Blazer está siendo bastante corriente en media.

Lo que no es habitual, y tiene mucho margen de mejora, es el bajón en el que se encuentra Harden. Su partido fue terrible, tanto en lo baloncestístico como en lo moral, y Batum y Matthews le están haciendo la vida imposible, y defendiéndole sin falta. Pero es difícil encerrar semejante talento en una botella tres veces seguidas, y a la siguiente puede ir a la vencida. Y el acierto desde el perímetro de Houston, en general, está en las mismas.

La vuelta al acierto es quizá lo único que necesita este equipo. Pero esto son los Playoffs, donde dos partidos ya es demasiado tarde.

Sofi del día: Parece sacrilegio no dárselo a los 91231 puntos en dos partidos de Aldridge (bueno, vale, sólo 89), pero el sofi es para el primer cuarto en ataque de Dwight. Salvo por los pasos, que se los medio pitan por abusón, vaya clínic. El momento en el que tras varios aciertos sin fallo, es capaz de convertir el dos-contra-uno en un pase clavado a la esquina para el triple, para hundir al equipo contrario, y que se dé por vencido. Quizá fue todo demasiado pronto.

Cómo mejorar impepinablemente la lotería del Draft NBA Parte 2

Ayer os trajimos nuestra propuesta para mejorar impepinablemente la Lotería del Draft de la NBA, y ahora que habéis tenido tiempo para reposar la idea, y si no lo habéis leído, EMPEZAD OBLIGATORIAMENTE POR ELLA, vamos con los números que hay detrás.

En serio, si no leéis lo de ayer, pierde gracia, no paséis de aquí sin haberlo hecho. Que no es por los clicks ni nada, es por vosotros, de verdad.

¿Ya está? Seguro. OK.

Recordamos el sistema rápidamente: un representante de cada equipo va, en orden de más partidos perdidos a menos, por turnos, jugando un número a la ruleta en un casino de Las Vegas. Dependiendo de lo cerca que se quede, le puede llegar a tocar una de las 8 primeras plazas del Draft que se sortean: cuando las ocho hayan sido repartidas, ya el resto iría en el orden normal. Todos los equipos participan en la lotería, y las probabilidades se reducen drásticamente en comparación con el tankeador formato actual.

Incluso se nos ha ocurrido un guiño macabro, que al final no incluimos en el modelo: al primero que le caiga el 0, va automáticamente a la posición 30 del Draft, en lo que se llamaría «hacer un Arenas«, en honor a Gilbert. Incluso se podría hacer iterativo: al primero que le toque el 0, va a la 30; el segundo en tener tan mala suerte, a la 29; el que protagonice el tercer Arenas a la 28…

Hasta ahora, estas eran las probabilidades de obtener una elección del Draft si tenías la primera elección:

Número 1Número 2Número 3Número 4
25%21.5%17.8%35,7%

Con el sistema que proponemos, cuando el representante del peor equipo se acerca por primera vez a la mesa para hacer su apuesta, las probabilidades se pueden ver en la siguiente tabla. El porcentaje parcial indica la probabilidad de que caiga esa elección en concreto, y el acumulado, de obtener esa, o una mejor.

Número del Draft% parcial% acumulado
12.7% (1/37)2.7% (1/37)
22.7% (1/37)5.4% (2/37)
32.7% (1/37)8.1% (3/37)
42.7% (1/37)10.8% (4/37)
55.4% (2/37)16.2% (6/37)
68.1% (3/37)24.3% (9/37)
78.1% (3/37)32.4% (12/37)
816.2% (6/37)48.7% (18/37)
951.3% (19/37)

Por ejemplo, hay un 5.4% (porcentaje parcial) de que salga el número 5, y un 16.2% (porcentaje acumulado) de que salga una elección en el Top 5.Pero en realidad, como ya os dijimos ayer, la probabilidad es más grande, porque podría ocurrir que ese equipo volviera a tener la oportunidad de hacerse con otra elección en una segunda vuelta, o posterior. Es decir, si tras 30 equipos, todavía no se ha repartido alguna de las elecciones, el peor equipo de la NBA volvería a tener una oportunidad de hacerse con ella. Hemos realizado una simulación de 1.000.000 de tiradas de la ruleta para obtener la distribución de probabilidades que tendría realmente al final de todo el proceso el peor equipo de la NBA sobre las 9 primeras elecciones, y son estas. Como veis, no está tan mal como parecía antes (aunque mucho peor que con el actual sistema), sólo tiene que sufrir un poquito más.

Número del Draft% parcial% acumulado
14.0%4.8%
23.9%7.8%
33.8%11.7%
43.8%15.5%
56.0%21.4%
68.3%29.8%
78.2%37.9%
816.2% 54.2%
945.8%

Tiene garantizado una elección en el Top 10 (en el 9, en realidad), pero hay casi un 45.8%, una cifra muy alta, de que sea precisamente la novena. Perder ya no compensa. De hecho, hasta ahora, tenían un 25% de probabilidades de tener el número 1. Uno de cada cuatro años más o menos, el peor equipo se tendría que llevar el gato al agua. Nosotros le damos la vuelta: ahora es un 4%, uno de cada 25 años. La probabilidad que ahora hay de salir con el Wiggins de turno, pasa a ser más o menos la misma que la de tener simplemente un Top 5.

Los porcentajes de todo el sistema van cambiando gradualmente, para que la diferencia entre puestos sea mínima. Por ejemplo, en lo que respecta a la primera posición, del 4% de alcanzarla que tiene el peor equipo, al 2.5% del mejor, apenas compensa subir un puesto arriba o abajo. El segundo peor registro ofrece un poco más de un 3.9%, el 3º un poco menos de 3.9%, el 4º un 3.89%… y así sucesivamente. La diferencia actual entre entrar o no a Playoffs (el 14º equipo tiene un 1.8% de alcanzar el Top 3 del Draft mientras los que entran no pueden acceder a la Lotería) puede llegar a hacer que algún equipo se plantee no meterse en las eliminatorias por el título. Con este sistema, unos tienen un 10.7% y los otros un 10.6% y derecho a todas las posiciones: dejan de desaparecer las opciones de mejorar tu plantilla por entrar a Playoffs.

De hecho, la probabilidad de que el número 1 se lo quedara un equipo de fuera de PO, era de un 100% hasta ahora, con nuestro sistema, sólo de un 52.7%. Y hay un 84.7% de probabilidades de que un equipo de Playoffs se meta en el Top 3.

Por comparación, este sistema reparte algo más a los malos equipos que la Rueda que propone la NBA, que si la modelamos simplemente como sistema equiprobabilístico, daría el número 1 a un equipo de Playoffs el 53.3% del tiempo, y un Top 3 el 89.8%. Con el agravante de que como este sistema no es, podríamos decir, dinámico, estos números serían seguramente más grandes aún, ya que el sistema no depende de los registros de los equipos: si se hacen mejores, tienen la misma probabilidad. Y por supuesto, la rueda es mucho más aburrida.

Para comparar, os ponemos también las probabilidades que tendría el mejor equipo de la NBA. Como veis, lo más seguro es que no cambie su puesto, tiene un 89.3% de probabilidades de quedarse donde está. Pero una vez cada 10 años en media, daría la sorpresa y se metería en el Top 10. ¡Eso genera diversión!

Número del Draft% parcial% acumulado
12.5%2.5%
22.2%4.7%
32.1%6.9%
42.1%9.0%
51.2%10.2%
60.4%10.6%
70.2%10.7%
80.0%10.7%
3089.3%

Obviamente, estos números se podrían cambiar un poco. Podrían sortearse menos (o más) posiciones. Podría limitarse el número de equipos que acceden al sorteo. Podrían darse más probabilidades a los peores equipos (por ejemplo, que escogieran dos, tres o cuatro números, en lugar de uno). Las posibilidades de repartir la distribución son infinitas.

Pero así, de esta manera, el incentivo de perder partidos, o quedarse fuera de Playoffs para participar en la Lotería es mínimo. Seguirá habiendo equipos malos, y este sistema tiende a que estos tengan acceso a mejores jugadores. Después de todo, lo más probable es que buena parte del Top 10 se quede en los mejores equipos, pero habría alguna sorpresa de vez en cuando que anima la vida. De hecho, en la NBA, las viene habiendo desde hace años. Que Duncan fuera a San Antonio no ha estropeado la Liga. Que a los Lakers les tocara Magic con una elección que les cayó desde el cielo (de Salt Lake City) fue espectacular para el deporte. No hay nada malo que los buenos jóvenes caigan de vez en cuando en un gran equipo, y, simplemente, ahora no haría falta tanquear y humillarse para que se diera el caso.

Y a mayores, sería un evento brutal, emocionante, una auténtica montaña rusa. En las simulaciones que hemos realizado, se tarda una media de 61 tiradas en repartir las 8 posiciones. Es decir, todos los equipos tienen prácticamente dos oportunidades de pescar  un Top 8 del Draft en un ruleta de casino. Es como multiplicar la excitante taquicardía de cuando se anuncia qué equipos suben cada año en el Draft por 61 veces… o más. En una de las más de un millón de simulaciones que realizamos, se llegó a hacer rodar la ruleta un total de ¡682 veces! Vale, de acuerdo, eso quizá es excesivo, y podría controlarse parando el proceso al llegar a una ronda en concreto, pero imaginad lo que sucedería si todos los equipos fallan más de 20 veces en sus intentos por hacerse con el número uno. Brutal.

Y lo más importante: es una auténtica frikada. Si vamos a reemplazar un sistema arcaico y hortera, qué mejor que hacerlo por uno aún más épico.

Bancadnos en esto, y no os arrepentiréis.

Cómo mejorar impepinablemente la lotería del Draft NBA

Con la fantástica temporada de equipos dejándose caer para conseguir un mejor puesto del Draft, ya hay multitud de propuestas para mejorar el sistema, y evitar, o al menos mitigar, que el perder tenga recompensa. Algunas de estas ideas, incluso, semifiltradas por la Liga, como la Rueda que anunciaron, en la que se eliminaba la suerte y el azar, y cada equipo pasaría a lo largo de 30 años, por cada uno de los puestos de elección. Pero os faltaba por oír la más molona de todas.

Por supuesto, la nuestra.

Os ponemos en situación. Para complementar a la propia ceremonia del Draft, que no debería volver a NY, lugar en el que no se puede celebrar sin David Burns Stern, nos movemos a Las Vegas. Al hotel que más pague por patrocinar el evento, que eso le gusta a la Liga, y en caso de duda, pues cualquiera, que son Las Vegas.

Allí juntamos a un representante por cada uno de los 30 equipos de la Liga. Como es Las Vegas, no puede haber menores, y decimos por fin hasta nunca al niño pesado de los cojones de los Cavs. Como veis, hasta ahora, todo son ventajas, y sólo acabamos de empezar.

Las Vegas To Host 2007 NBA All-Star GameJohn Hammond (si sigue teniendo trabajo), o quien quiera que represente a los Bucks, o al equipo con peor récord de la Liga, se acercaría a con dos hermosas mujeres bajo el brazo (u hombres, no tenemos ningún problema) a Craig Sager, que iría de croupier, es decir, por primera vez en la historia de la televisión, no iría disfrazado. Este año, en el caso de que le tocara empezar a Milwaukee, antes que nada, agradecería a nuestro legendario gafe, por decir en Twitter totalmente en serio que los Bucks iban a ganar más de 28 partidos with the dick, y recomendaros que apostarais por ello en las propias Vegas, y se pondrían a ello.

Y aquí viene lo bueno: ese primer equipo, se jugaría su posición del Draft…

Wait for it…

¡A LA RULETA!

¡Y no nos hemos vuelto locos! ¡Lo tenemos todo pensado! El peor equipo empezaría eligiendo uno de los 36 números (sin el cero), el que deseara, y Craig Sager haría rodar la bola. Si aciertan directamente, se llevan el número 1 del Draft. Si hacen semipleno (tendrían que escoger un número contiguo secundario), el número 2. Si la bola cae en uno de los números de la «calle» que el juga… GM escogió, el número 3 del Draft llamará a su puerta. Y así sucesivamente, el cuadro da el número 4, la seisena el 5, la «novena» que nos hemos inventado da el 6, la docena el 7 y acertar el color (rojo/negro) el número 8.

Por ejemplo, supongamos que los Bucks escogen el 34 en honor a Antetokounmpo, una de las pocas alegrías que tienen. Deciden también que de cara al semipleno el número «secundario» será el 31, y para el cuadro, la seisena y la novena, aquí no se puede elegir: por la posición de ese número, tendrán que ser el 31,32, 34 y 35, con el 36 y el 33 para el grupo de 6, y el 28, 29, 30 para el de 9.

Por tanto, Milwaukee se llevaría el número 1 del Draft si cae el 34, el número 2 si cae el 31 (el otro número del semipleno), el número 3 si salen el 35 o el 36 que completan la calle, el número 4 si sale el 32 que completa el cuadro, el número 5 si sale el 33 (que forma parte de la seisena) , el número 6 por la novena si caen el 28, 29 o 30, el número 7 si cayera el 25, 26 y 27 y el número 8 si fuera cualquier otro número rojo. Si no les cae nada, y con esa elección tienen un 32.4% (si la ruleta tiene un único cero) de que así sea, seguramente (dejémoslo ahí), caería a la 9 posición.

Tras hacer juego, vendría el representante del segundo peor equipo, y después el tercero, y después el cuarto… todos a hacer lo mismo, hasta que los 8 números sorteados tengan dueño. Por tanto, hasta el campeón de la NBA podría acabar con el número 1 del Draft… o el peor equipo de la Liga, ganarlo en una ¡segunda vuelta! La ruleta seguiría hasta que esté todo el pescado vendido, fuera cuando fuera. De hecho, es fácil que tengamos una segunda vuelta: hay casi un 44% de posibilidades de que el número 1 no salga en las 30 primeras tiradas. Sería una noche loca, impredecible, en la que que equipos que parecen desahuciados vuelven a mirar a los ojos a la Gloria, otros se quedarían con sabor agridulce, Charles Barkley acabaría con un tremendo pedo retransmitido en televisión nacional, y es posible que si es jugando, Michael Jordan se decida a representar orgulloso a los Bobcats, y haga su verdadero regreso a la competición.

¿Qué ventajas tiene este sistema, además de las obvias? El primero y más visible, que se deja de premiar a la incompetencia. Se da una cierta prioridad a los peores equipos, pero apenas se gana nada por subir una posición: la probabilidad es prácticamente la misma que la del anterior. Sí que hay una diferencia entre el primero y el último, porque se va acumulando, pero esta es muy gradual, no invita a perder partidos para acumular opciones. No os queremos aburrir con matemáticas, al menos no aún, pero echando números se ve cómo la cosa sigue dando más importancia a los equipos pequeños, pero no da regalos.

Y  hundir a tu equipo, a diferencia de ahora, sólo te garantiza la novena posición en el peor de los casos, no la cuarta, y las probabilidades de escoger primero en el Draft serían tan sólo de un 3-5%, en lugar del 25% actual.

También se acaba con el tanking secundario, aquel que hacen los equipos que tienen protegida su elección un número concreto de posiciones, y juegan a quedar por debajo. Ahora es casi imposible saber en qué puesto acabarás la noche.

Más cosas buenas: con estas reglas no todos los números de la ruleta tienen la misma probabilidad. Es muy parecida, pero por colocación de los números para el semipleno, los cuadros, etc… podría cambiar un poco. Así nos podemos echar unas risas con los equipos que no escojan la mejor opción matemáticamente, o prefieran tirar de algún tipo de superstición antes que la opción con mayor esperanza.

Y luego, ¿imagináis el juego que daría esto a las teorías conspirativas? ¿En Las Vegas, una ruleta? ¿Daryl Morey contratando a Los Pelayos para que le hagan un análisis estadístico de todas las mesas de la ciudad? ¿La cabeza de Bill Simmons explotando mezclando todas sus cosas favoritas?

Esta idea sólo la pueden hatear las personas que crean que sólo los equipos malos tienen derecho a llevarse a los jugadores buenos (que seguirían teniendo ventaja, pero mucho menos), los aburridos que su postura favorita es el misionero, Risto Mejide, Ciclismo2005 y los terroristas. Al resto os tiene que parecer genial, por lo menos.

Apoyadnos. Hagámoslo. Convirtamos la Lotería del Draft en una puta ruleta.

Cualquier parecido con la realidad…

Muchos conocéis el refrán: «A caballo regalado, no le mires el diente». Hoy vamos a hacer un poco de odontólogos, y le vamos a sacar punta a los muñecos bobbleheads que las franquicias NBA regalan a sus espectadores en noches señaladas, y que me fascinan porque suelen parecerse a los jugadores que representan en poquito o nada.

Te vamos a mostrar unos cuantos ejemplos de esta misma temporada… y a ver a cuántos jugadores reconoces.

  • Número 1: Pese a  su parecido con Jerry Seinfeld, os prometemos que es de un jugador NBA.

bobblehead01

  • Número 2: El que hiciera la de este jugador, se ha fijado en sus ojos lo mismo que vosotros un sábado noche en los de una mujer con gran escote.

bobblehead02

  • Número 3: Los ojos del siguiente muñeco hubieran quedado bien en el de McGrady. ¿En este jugador? Ni idea de por qué son así.

bobblehead03

  • Número 4: Esta está bastante conseguida, y como parece facilita, os la ponemos aquí para que no os desaniméis.

bobblehead04

  • Número 5: En esta se intuye el intento de representar el rasgo facial más reconocible de este jugador… pero han fallado miserablemente.

bobblehead05

  • Número 6: Perdonadnos la calidad de esta imagen (no se entregará el muñeco hasta el 22 de enero), pero es que pinta tan jodidamente mal que teníamos que incluirlo. Si adivinas este, es para invitarte a caña. Bueno, al final le dejamos la cinta, que es una pistilla, y no invitamos a nada. Otra pista: no es Gollum.

bobbleheads06

  • Número 7: Técnicamente no es una bobblehead, pero es otro muñeco (muy) mal hecho. El caso es que se me parece mucho a alguien (¿Eddie Winslow de Cosas de Casa?), pero no doy con la tecla.

bobblehead07

  • Número 8: Salvo por el hecho de que es un jugador muy joven, y el muñeco pinta a que podría ser el hermano mayor de Jalen Rose, este tampoco está tan mal.

bobblehead08

  • Número 9: Esta más o menos también está conseguida. Y la repartieron hace poco, el día 2 de enero. 33 puntos marcó para celebrarlo.

Bobbleheads09

  • Número 10: La propina.

Bobbleheads10

Y ahora, sin más dilación, vamos con las soluciones.

1) Anderson Varejao

bobbleheads11

2) Steph Curry (sí, sí)

bobbleheads12

3) Dwight ‘Superman’ Howard

bobbleheads13

4) Chris Paul

bobblehead14

5) Eric Bledsoe

bobblehead15

6) Caron «Mi tesoro» Butler

bobbleheads16

7) Gnomo Kemba Walker

bobblehead17

8) Dion Waiters

bobblehead18

9) Goran Dragic

Bobbleheads19

10) Notorious David J. Stern

Las mates del tiro de JR

Knicks-Rockets, partido empatado, quedan 43 segundos y los Knicks tienen el balón tras un tiempo muerto.

La jugada no funciona, y acaba con un tiro forzado de Beno Udrih desde la esquina sobre la bocina de los 24 segundos, que les da muy pocas posibilidades de ponerse por delante… hasta que Chandler coge el rebote. De repente, los Knicks se encuentran con el balón para ellos y una última posesión en la que poder ganar, o como mínimo, forzar la prórroga.

Aquí en este link (gracias NBA, por no permitir añadir los vídeos) podéis ver la jugada y lo que sucede entonces.

JR Smith se tira un triple frontal casi instantáneo, que falla, y los Knicks hacen una falta en el rebote que le da dos tiros a Brooks, que serían los puntos finales del partido que ganaron los Rockets.

Pese a toda la ira desatada contra JR… ¿hizo mal tirando ese triple? La página web Inpredictable.com, acaba de añadir unos chulísimos gráficos analizando cómo evoluciona la probabilidad de victoria de un equipo según los eventos que se van sucediendo. Aquí está el del partido de anoche.

Cuando Chandler coge el rebote en ataque, esta herramienta estima que los Knicks, bueno, en realidad, cualquier equipo jugando fuera de casa, con ese margen de puntos (empate) y el tiempo que queda de posesión y reloj, ya que la herramienta es genérica, tenían un 60.3% de probabilidades de alcanzar la victoria.

Tras fallar JR Smith el tiro cuatro segundos después, esa probabilidad baja al 47%, y cuando los Rockets aseguran el rebote, sólo tienen un 39.2%. Por tanto, la secuencia «perder la posesión del balón en 5 segundos sin anotar», le costó a los Knicks 21.1% puntos percentuales de probabilidad de victoria.

Pero, ¿qué hubiera sucedido si lo mete? Cuando el equipo visitante se pone 3 arriba a falta de 19 segundos, gana el 87.2% de las veces. Si JR lo hubiera metido, New York habría incrementando en 26.9% puntos porcentuales su probabilidad de victoria, un cambio de un 48%. Vamos, que el tiro de JR Smith, valió medio partido, literalmente.

Utilizando estas probabilidades, podemos calcular si merecía la pena el riesgo. La creencia popular seguramente aboga por guardarse ese último tiro, pero es que coger tres puntos de ventaja, prácticamente decide el partido a tu favor, y los números respaldan tomar el tiro si hay una buena opción de meterlo.

Si nos ponemos en el caso en el que el rebote no está aún decidido, con los Knicks todavía luchando por él (algo no descabellado: Chandler acababa de coger un rebote, y más tarde, en la penúltima posesión del partido, Bargnani (!), también lo hizo), el riesgo de tirar de 3 merece la pena si JR se ve con un 33.1% de probabilidades de meterlo. Y yo diría que es un porcentaje muy atractivo para un tiro tan abierto como este

Pantallazo-38

Si damos por perdido el rebote, y entendemos que al fallarlo, los Knicks pierden la posesión y su oportunidad, JR hubiera necesitado meter ese triple más de un 44% de las veces. De nuevo, me parece una probabilidad muy razonable, como para concluir que el tiro de JR Smith no fue «estúpido», como el USA Today ha titulado hoy, por ejemplo.

Smith evidentemente no echó números en su cabeza (de hecho, creía que estaban perdiendo de dos, lo que justificaría completamente la acción por un lado, y su despido fulminante por otro), pero aún así, es buen tiro.

Como siempre importa el contexto, y se puede analizar muchas cosas más, por lo que los números exactos son más anecdóticos que otra cosa, pero en lineas generales, el caso de este tiro y la abrumadora respuesta del público demuestra que quizá no estemos preparados para entender cómo evolucionan las probabilidades en un partido de baloncesto.

Nuestra mente es aversa al riesgo, no cuantifica bien lo decisivo de las situaciones, y me da la impresión, de que en general, se sobrevalora mucho tener el control del balón (parte de la mentalidad de hacer falta cuando se va 3 arriba). No obstante, estamos preparados para ello. Recordamos más las remontadas y los partidos perdidos por «malas decisiones», y nos olvidamos rápido de aquellos en los que el equipo mantiene la diferencia, que son mucho más.

Tener o perder la última posesión no es tan seguro como creemos (es un 60-40 de ganar, hemos preguntado en Twitter y en general la gente sí que se sitúa intuitivamente en este rango), sin embargo, tomar una delantera de 3 puntos con poco tiempo por delante, es casi decisivo. Smith, sin saberlo, apostó por lo segundo, y le salió mal. Pero debería volver a hacerlo.

Carta de amor a los Suns

Déjame adivinar. Si estás leyendo esto, adoras la NBA. Y es eso, y el entendimiento de la lengua castellana, lo único que te une a todos y cada uno de los que han pasado, están pasando, y pasarán, a echar un vistazo. Y nada más.

Ni siquiera el momento o el personaje que te ataron a esta Liga, aquello que te atrae y te cautiva del baloncesto, es universal. Muchos compartiremos ídolos y puntos de vista aquí y allá, pero en general todos lo vemos con una perspectiva diferente.

A mí de este bendito pasatiempo, me atrajo el dinamismo. Y podría haber sido fan de otros deportes con esa característica común, y algunos me gustan, pero el baloncesto tiene un par de señas prácticamente exclusivas que me atrajeron en su día por encima del resto. Primero, lo que sucede en las alturas, en ese espacio aéreo cerca del aro, tan inalcanzable para mí, que me quedo embobado viendo cómo llegan los elegidos. Y después, el valor de un pasito, lo excitante de esa jugada que apenas vale un poco más, pero que puede llevar al éxtasis a un pabellón entero: el triple. No caigo ahora mismo en un gran deporte en el que los puntos cuenten más por la distancia desde donde fueron conseguidos, y en el que un margen tan pequeño se exprese con tanta alegría.

Y de la NBA en concreto me gusta, además de que juntan a los mejores del mundo en lo anterior, lo impredecible. La adrenalina de ese momento de suspensión gravitatoria, en el que todo lo que esperabas que sucediera, se va moviendo a cámara lenta antes de dar un vuelco hacia lo inesperado. Es una traza que hay que reconocer al deporte en general, y no a la NBA en particular, pero el caso es que a diferencia de otras artes, como por ejemplo, el cine, esto no parte de burdos trucos de guión, prediseñados con alevosía, ni deja huecos argumentales. Es la sorpresa en estado puro, una de las sensaciones más gratificantes e interactivas para el espectador, que se ve inmediatamente conectado con un grupo de personas a las que nada une, e incluso quizá haya llegado a menospreciar en el pasado.

Todo esto me hizo y me hace vibrar con la NBA. Y este año, hay un equipo que junta todas las mariposas en el estómago del primer y torpe beso. Los hay mejores tirando de tres, haciendo mates, y podemos considerar que hay sorpresas más mayúsculas quizá, pero ningún equipo junta todo lo que adoro, y algún detalle más, como los Phoenix Suns de este primer mes y medio de competición.

El equipo que tenía la peor pinta de todo el Oeste, que declaró lo que temíamos que iban a ser sus intenciones en un verano plagado de movimientos pensando en el largo plazo, coronando la afrenta al buen gusto por la competición constante, con el traspaso de uno de sus pocos jugadores con trayectoria en la Liga, por un lesionado sine die, está ahora entre los mejores.

Hornacek y su panda de repudiados, transforman noche sí y noche no, más o menos, la energía en alegría. No son los primeros, ni serán los últimos, y por la naturaleza rotativa de la NBA, conviene no encariñarse, porque esto, sea más tarde o más temprano, tiene fecha de caducidad. Pero el ímpetu y la vitalidad de este equipo son impecables. Desconozco si es por el aroma a reencuentro con la infancia y aquella atracción primitiva por este circo, o si simplemente es la necesidad de buscar algo de jovialidad en cada rincón en un tiempo difícil como este. Pero es

Los Suns me desarman, desactivan mis sufridas neuronas y mis ganas de racionalizarlo todo por un momento, y logran hacerme feliz de manera pasajera. Son el soma que imaginaba Aldous Huxley, con todas las ventajas del cristianismo y el alcohol, y ninguno de sus defectos.

Qué equivocado estaba, y qué bonito es. Al menos para mí.

Rebote en 3D

Durante décadas, la única manera de estudiar el rebote eran utilizar los simples números totales: cuántos cogía cada jugador, cada equipo… se podía ajustar los resultados por partido, o por minuto, pero poco más.

Después, alguien con muy buen criterio (¿Dean Oliver?), se dio cuenta que el número de oportunidades que tiene cada jugador es muy diferente. El pasado miércoles, el Philly-Orlando y el Indiana-Charlotte empezaron a la misma hora, en la misma Liga y duraron el mismo número de minutos, pero en uno se cogieron un total de 85 rebotes, y en el otro 100. Hibbert o Biyombo tuvieron más oportunidades de engordar los números que Vucevic o Hawes. Así nace el porcentaje reboteador, o tasa de rebote, que no indica cuántos rebotes coge un jugador, sino cuántos se llevan de todas aquellas oportunidades que surgen cuando ellos están en pista. Durante años esto se tuvo que estimar, proporcionalmente a los minutos jugados y las situaciones que se producían a nivel de equipo, pero desde que se analizan los play-by-play posesión a posesión, es posible obtener un número exacto.

Y en ese mundo de dos dimensiones nos encontrábamos, hasta que la NBA añadió a la presente temporada una tercera: con el nuevo sistema de cámaras que han colocado en cada pabellón, y que registra en todo momento, varias veces por segundo, la posición de los jugadores y el balón, la Liga puede hacer virguerías, y una de ellas, que ha compartido con nosotros, es lo que ellos llaman oportunidades de rebote, y que se define como el número de veces que un jugador está a un metro de la pelota cuando se ha fallado un tiro, y la pelota es para quien la coja. Además, llevan la cuenta de si estos rebotes fueron disputados, o por el contrario fueron a parar a ese hombre en solitario.

En la página de la NBA que recoge las estadísticas de tracking, podéis ver todos estos números y jugar con ellos, hasta que os canséis. Nosotros vamos a combinar lo que estos números nos ofrecen para descubrir alguna cosa nueva, aunque las posibilidades son mucho más grandes:

  • Porcentaje de oportunidades de rebote o tasa de oportunidades de rebote

La NBA nos ofrece con aquello de las oportunidades de rebote la posibilidad de saber cuántas veces un jugador estuvo a un metro de un rebote en términos totales… pero sucede como en su día con el número de rebotes, no todos los jugadores tienen la misma opción de tener esa «oportunidad de rebote». Por ejemplo, hay un rebote defensivo en juego en el 51.7% de las posesiones con Roy Hibbert en cancha, cifra que lidera la Liga con gran margen entre los jugadores habituales (DPOY alert!). En la cola está Greg Monroe: sólo en el 37.7% de las jugadas que defienden en Detroit acaban en rebote, por lo que aquellos en malos equipos defensivos están en desventaja: cogeran menos rebotes y también tendrán menos oportunidades totales.

Si hacemos algo así como el porcentaje de oportunidades de rebote, o tasa de oportunidades de rebote, podemos calcular, en qué porcentaje de rebotes de su equipo, un jugador tuvo una oportunidad de cogerlo, es decir, estuvo a un metro o menos del balón. Y ahí, sigue ganando Kevin Love. El de los Wolves, convierte un 48.2% de los rebotes que hay en pista en una oportunidad de rebote. El siguiente jugador habitual (Adrien, Humphries o Gobert se cuelan por el medio), es KG con un 44.3%, una distancia bastante importante.

El mayor engañador si comparamos estos resultados con los de la lista de rebotes defensivos por partido es Blake Griffin. Tercero en capturas, con 8.7, sólo se acerca a por una oportunidad de rebote en el 34.8% de los fallos rivales con él en pista. Naturalmente, de engaño nada. para tener ese lugar en la clasificación general tradicional, convierte un gran número de esas oportunidades (el 75.5% de rebotes por oportunidad es el número 1 entre hombres altos) pero también se ayuda de jugar bastantes minutos, en un equipo que además concede muchos rebotes. Cosas así nos ayudan a poner en perspectiva los números, y hacer un perfil más detallado sobre cómo consiguen los jugadores barrer los tableros.

  • Tasa de carga del rebote ofensivo

Recoger o no rebotes en ataque es una cuestión casi filosófica. Hay equipos que desprecian hacerlo para volver más rápido a defender, mientras que para otros es parte importante de su juego. La tasa de rebote ofensivo de un equipo, nos permite conocer muy bien cómo enfocan ellos esa cuestión.

Toronto, Detroit y Chicago están liderando la Liga en tasa de rebote ofensivo, y San Antonio, Atlanta y Miami, cierran la lista. Pero esto ya lo sabíamos en 2D. A lo que nos puede ayudar la nueva dimensión es a saber si los equipos no barren el tablero en ataque por decisión propia… o porque sus jugadores, aunque lo intenten no lo logran. Gracias a las oportunidades de rebote, podemos conocer cuántos jugadores manda cada equipo por tiro fallado.

Los resultados no difieren mucho pero seguramente se ajusten aún mejor a la realidad. Algún jugador de los Bulls tiene una oportunidad de rebote ofensivo cada 1.7 tiros fallados, y le siguen en la tabla Toronto y Denver. A la cola, Miami, donde solamente en una de cada 3 ocasiones alguien carga los tableros. Se cuelan segundos por la cola los Lakers, y luego San Antonio.

Además, Miami, cuando va a por el rebote ofensivo, va. Tienen el mejor porcentaje de rebotes ofensivos por oportunidad, logrando apropiarse el 57.1% de las oportunidades. De hecho, si lo pensáis un poco es natural, que esta clasificación sea inversa a la otra: los equipos que más oportunidades tratan de crear, menos probabilidad tienen de conseguirlo, porque se encontrarán rebotes cada vez más disputados, mientras que otros apuestan sólo por los fáciles.

De hecho, de los 10 equipos que más cargan el tablero en ataque, 7 están entre los 10 peores capturando las oportunidades que pasan a un metro de ellos, y sólo dos, Portland y Toronto, están en la parte baja del Top 10, por los que los podemos considerar los mejores reboteadores ofensivos calidad/precio del mercado.

  • Jugador más descompensado

Como siempre recomendamos, las estadísticas hay que tratarlas en su contexto. Y a veces, hay jugadores que tienen la obligación de cargar el rebote ofensivo, pero se ocupan de otras tareas en defensa. En otros casos, me temo que hay un poco de predilección por el ataque. Eso lo evaluáis vosotros, y nosotros presentamos los números.

Joel Freeland es el único jugador que crea más oportunidades de rebote en ataque (se acerca a un metro del balón en el 27.8% de los tiros de Portland), que en defensa (donde sólo acude al 25.9%). Ian Mahinmi, Tony Allen, Robin Lopez y Ed Davis le siguen en la clasificación. Vemos claramente un perfil de jugador que se tiene que crear sus oportunidades en ataque barriendo los tableros, porque no forman parte del juego de su equipo.

Los que por el contrario, menos se prodigan en ataque pese a cumplir en defensa, son KG (acude a un 44.3% de los fallos en defensa, y sólo a un 9.9% en ataque), Dirk Nowitzki (37.2 vs. 3.4%), y Kevin Love (48.2 vs. 17.7%). La característica común, pese a sus diferentes tasas de capturas, es lo lejos que se sitúan de la canasta rival en ataque.

  • Jugador más imponente

Hemos hablado de cómo la NBA también nos ofrecía números que ponían en contexto si un rebote fue disputado (más de un jugador estaba a un metro de él) o no. El jugador que más rebotes no disputados coge ajustados al número de oportunidades es Cousins. Los jugadores rivales deben tener algo de miedo de Boogie, o piensan en salir rápido a resguardarse del gran Isaiah Thomas, pero lo cierto es que algo más del 25%, 1 de cada 4, de los fallos de los rivales de Sacramento acaban en manos de un Cousins sin nadie en un metro a la redonda. Reggie Evans, que por lo que vemos, ya se ha ganado el respeto como reboteador, es segundo en la lista de incontestables, y Dwight Howard tercero.

De los más habituales, el que menos respeto se ha ganado es Enes Kanter. Sólo en uno cada 10 tiros, puede coger el rebote en defensa tranquilo.


Recordad, que aunque ya tengamos estadísticas sobre el rebote en 3D, esto todavía no es carne y hueso. Hay tantos factores a tener en cuenta que influyen en lo que ha sucedido en esa oportunidad de rebote (uno de ellos, el más claro e interesante para estudiar, el box-out, o bloqueo del rival para que no pueda cargarlo) que seguimos viendo la punta del iceberg.

Pero que haya más información nunca puede ser mala noticia, y se pueden curiosear estas y muchas cosas más… ¿qué os gustaría ver a vosotros?

¿Demasiado pronto?

15 días ya de temporada, 110 partidos (algo menos del 10%) y muchas cosas sorprendentes en este inicio. Pero, ¿cuándo se convierten las novedades en tendencia? ¿Será pronto, o ya podemos saber muchas cosas de esta temporada con los primeros encuentros que hemos visto?

Para empezar, podemos tener una muy buena pista de cara a los Playoffs. En las últimas 5 temporadas, entre 12 y 14 de los equipos que acabaron jugando las eliminatorias por el título ya estaban en esa posición en los primeros 15 días de competición. Por tanto, atendiendo a la historia más reciente, es probable que alguno de los equipos que ocupan esa posición de manera sorprendente (Philadelphia, Boston, Charlotte o Phoenix), aguante el tirón el resto del año.

Pero veamos lo que tarda en estabilizarse una temporada NBA de manera un tanto más gráfica. Gracias a la base de datos de la NBA en NBA.com/Stats, podemos estudiar cómo va avanzando la correlación a nivel de equipo entre cualquier índice, un día dado, con su valor a final de temporada. Veamos por ejemplo lo que sucede con el porcentaje de victorias.

Corr1

R², el coeficiente de determinación, lo podemos entender intuitivamente como el porcentaje (de la varianza) del resultado final (es decir, en este caso, los registros de victorias y derrotas a final de temporada de cada equipo) que conocemos en ese punto. Como veis, el primer día de la temporada es prácticamente 0: que un equipo gane o pierda su primer partido no nos dice prácticamente nada de cómo quedarán al final. Pero según van pasando los partidos, la evidencia sobre qué equipo es bueno y cuál malo aumenta, más rápidamente incluso de lo que puede parecer.

En béisbol, la niña bonita de los analistas estadísticos deportivos, está ya más que estudiado cuando las pequeñas muestras del principio de la temporada se pueden empezar a considerar más o menos estables. Y ese punto es cuando el coeficiente de correlación es 0.7, y por tanto, R², el cuadrado de ese valor, es de 0.5, es decir, el punto en el que se explica el 50% de la varianza final. ¿Quiere decir esto que todo el pescado queda vendido llegado a ese momento? Por supuesto que no. Hay lesiones, traspasos, estados de forma, casualidades del calendario… pero una vez en ese 50%, ya es un momento de tomarse algo más en serio lo que va sucediendo, y empezar a pensar que mucho de lo que vemos, en cuanto al rendimiento de un equipo, comienza a ser real. Las muestras ya no son tan pequeñas.

¿Y cuánto se tarda en llegar a ese punto en baloncesto? ¿Finales de año? ¿El All-Star Break? Pues, viendo la historia reciente, no. Cualquier día de estos. El siguiente gráfico muestra como avanzó el coeficiente de determinación jornada a jornada las cinco últimas temporadas (incluyendo la comprimida de 66 partidos de 2012). Respecto al porcentaje de victorias, se llegó al 0.5 entre el 6º y el 24º día de competición. En 3 de los últimos 5 años, ya habíamos alcanzado ese punto a estas alturas.

Corr2

Pero hay otro indicador que se estabiliza aún más rápido. Ya hemos hablado en la que tal vez no sea tu página favorita (pero es en la que estás ahora), de cómo y por qué el margen de victoria tiene más valor predictivo para conocer lo que va a suceder que las victorias y derrotas simplemente, y en las cinco últimas temporadas, el valor de 0.5 en el coeficiente de determinación del diferencial de puntos por 100 posesiones, ya había sido alcanzado a estas alturas, por lo que pese a que los equipos de la NBA sólo hayan jugado unos 7 partidos en media, y se hayan enfrentado a pocos rivales, el diferencial ya no es una muestra pequeña, y nos pinta un dibujo algo más fiable.

Corr3

A modo informativo, el diferencial resta mérito al comienzo de temporada de OKC (3º en victorias, 8º en ventaja por 100 posesiones) y Charlotte (18º vs. 27º) y tiene a Washington entre los 8 mejores del Este, pese a que están a la cola en partidos ganados junto a Detroit. El método no es perfecto, pero será interesante prestar atención a estos casos.

Como es lógico, no todas las estadísticas se estabilizan de la misma manera. El rebote por ejemplo, es mucho más irregular, y parece que es más interesante en este caso esperar a cumplir al menos un mes de competición para empezar a tomarse las muestras en serio. Por tanto, es una invitación a tener calma con ejemplos como el de Toronto, que han subido de la 20ª a la 2ª posición provisional. Además, el ataque y las estadísticas asociadas, parecen estabilizarse más rápido y mejor que las de la defensa, así que confiad primero en los avances en esta área.

Corr4

En definitiva, aunque todavía no se puedan sacar conclusiones definitivas, y haya muchísima tela que cortar aún, empezamos a tener una buena visión general de cómo están situados los equipos en el panorama NBA. No significa que en casos puntuales tengan que echarse a temblar (Charlotte, con el segundo peor registro al final, empezó 7-5 el último año, e Indiana, el equipo de moda y pateador oficial de culos en este inicio de temporada, comenzó 4-7), y el aumento generalizado del uso del triple va a convertir la NBA en una materia mucho más impredecible (ya hablaremos), pero cuidado, porque no es tan pronto como podíamos pensar.