Como ya hemos hecho en otras temporadas, iniciamos los PO Desde El Sofá, donde cada día escribiremos sobre lo que hemos visto el día anterior, a nuestra forma y siempre desde el sofá.
Los Grizzlies derramaron hasta sangre anoche en la pista, pero sin Randolph, suspendido por la Liga en una decisión tan comprensible como amarga, terminan el año con dos partidos en los que OKC se fue arriba y finalizó cómodamente.
Joerger, al final, no se animó a salir con Ed Davis de inicio, y optó por Mike Miller para sustituir a Randolph, aprovechando la cobertura y el espacio que hace aparecer el tiro de Mike para insertar en el equipo titular a Tony Allen en lugar de Tayshaun Prince. Pero a diferencia de partidos anteriores, en los que la mera visión del rudo escolta bastaba para desestabilizar a Durant, esta noche KD no admitía distracciones. Anotó en él desde el principio, y fue fiable todo el partido. Por meter, metió todos los triples que tiró, 5 de 5, en un pleno que no es habitual de ver, ni en superclases como él.
Lo sorprendente es que los Grizzlies aún acabaron el primer cuarto por delante, con los mejores 12 minutos en cuanto a anotación de todo el año, aprovechando que las dos faltas de Perkins sacaban a pista a Steven Adams para vengar la memoria, demasiado poco y demasiado tarde, de Z-Bo. Brooks se hizo pequeño, metiendo a Jackson por Ibaka en medio de una racha de 7 puntos consecutivos de Marc, y los Grizzlies siguieron anotando y anotando, yéndose 9 arriba al final del primer cuarto.
Scott volvió a probar el small-ball, sabiendo que no tenía que poner a KD a pelear con ninguna tortuga ninja mutante, y al segundo intento sí funcionó: un segundo cuarto de 34 puntos de OKC, finalizado por un triple frontal de Durant en la cara de Prince, que todo el mundo vio venir menos Tayshaun. Pese al empate virtual al descanso, si tuviéramos a mano el cuaderno de Gregg Easterbrook, era para poner el Game Over. Los Grizzlies habían jugado una primera mitad casi perfecta en ataque pese a los imprevistos, habían cogido una ventaja de dos cifras, pero los Thunder estaban haciendo lo mismo: su monstruo de tres cabezas, en el que Ibaka se ha ganado un sitio al lado de Westbrook y Durant, se había puesto cómodo.
Un par de triples tras la reanudación de KD y Butler, y la resistencia de Memphis estaba completamente vencida. Westbrook navegó cómodamente con destino a la estación del triple-doble, mientras en Memphis Marc se gustó a sí mismo disfrutando de lo que supongo que ya intuía serían los últimos minutos de la temporada, mientras Courtney Lee pasana el último casting para convencer a la directiva que debe ser uno de los dos fijos en las alas el año que viene. Y poco más dio de sí.
OKC avanza y se ahorra tener que cuestionarse demasiadas cosas, y los Grizzlies al menos se pueden ir con el consuelo de que este no era el año, y nunca lo fue. El Oeste sigue dejando víctimas gallardas en la cunetas sin remordimientos.
Sofi del día: El crossover de Tony Allen a Westbrook. Allen sigue siendo un buen-mal jugador o viceversa, y esta jugada entra directa al conjunto de highlights que, vistos fuera de contexto, le hacen parecer una estrella de esto. Aunque eso fue la venganza de esto otro, que va al vídeo de YouTube contrario.
Como ya hemos hecho en otras temporadas, iniciamos los PO Desde El Sofá, donde cada día escribiremos sobre lo que hemos visto el día anterior, a nuestra forma y siempre desde el sofá.
Los Rockets ganaron el primero de los tres partidos que necesitan conquistar para seguir vivos, pero Portland no se lo puso fácil, y volvieron a demostrar que la igualdad es máxima, y el nivel muy parejo.
Pese a que Houston empezó peleón, con una gran energía, y manejaron una ventaja cómoda durante buena parte del partido, los Blazers, anoche especialmente acertados desde el exterior, fueron acercándose poco a poco. Muy atrás quedaban ya las contras que Parsons finalizaba colgado del aro, o las posesiones sucesivas en las que Dwight anotaba una y otra vez en el poste bajo: según se fue alargando el partido, fue cundiendo el cansancio en Houston, y el pesimismo en el público. Pero cuando más confundidos se vieron los Rockets, con Portland a una posesión de distancia, Harden metió 5 puntos seguidos a 4 minutos del final (los primeros para él en la segunda parte), y los Blazers ya no volverían a anotar.
Pese a los 25 puntos por partido que está promediando, no está siendo esta la serie de James Harden, con acierto desigual y su defensa despistada, pero ayer fue el anotador de los puntos clave, y tiene dos oportunidades más para redimirse. Él tiene una grandísima culpa de que los tres jugadores de perímetro de los Blazers anoche se combinaran para anotar 68 puntos en 51 posesiones (con Wesley Matthews como mayor anotador del partido), y de haber acertado algo más LaMarcus Aldridge (sólo 8 puntos anoche, tras jugar solamente medio primer cuarto por problema de faltas), ya estarían pescando en Houston.
Pero la realidad es lo que cuenta, y en ella, Houston vive para ver otro día. Con Beverley disminuido por los problemas físicos que está atravesando, y una fiebre traicionera que lo tuvo en el hospital pegado al gotero (aún así jugó 20 minutitos), y con Troy Daniels, que, pese a cumplir con su papel de salir y estirar el campo, no va a ser el héroe todos los días, los Rockets necesitaban a alguien más, y se encontraron con muy buenos minutos de Jeremy Lin, que acertó anotando y alimentando a Asik cuando estuvo en cancha, y estuvo muy activo en las líneas de pase, incomodando la circulación de Portland, que siempre que lograba mover la pelota sin perderla solía acabar encontrando un despiste que atacar, y transformar en buena acción.
Por los Rockets, aunque habría que destacar a Matthews (en un enfrentamiento muy favorable para él, todo sea dicho), Robin Lopez fue la otra sorpresa positiva. Hizo lo que pudo ante Howard, que fue bastante, cargó bien el rebote ofensivo, y finalizó cuando se lo encargaron. Uno de los motivos del éxito de Portland es que los cinco titulares pueden anotar, y no es posible esconder ningún defensor en ellos. Los Rockets lo han intentado alguna vez incluso con Harden, pero cuando el pívot de los Blazers es asertivo, hace pagar al rival las faltas de atención.
Un detalle, es que el partido fue de más a menos, y puede tener explicación. En una serie con tres prórrogas, sólo 16 jugadores, 8 por cada equipo, aparecieron en pista hasta el último minuto, que bien puede ser el único que ha tenido de relleno esta serie. Francisco Garcia, Omri Casspi, Joel Freeland y CJ McCollum han desaparecido de las rotaciones, y si hubiera dos partidos más con un ritmo semejante, no habría que descartar que McHale y Stotts tuvieran que tirar de ellos.
El 6º se jugará en la noche del viernes, y yo no me lo perdería por nada del mundo. Bueno, supongo que si me entrara un cólico nefrítico, no tendría más remedio que no verlo, pero sabéis lo que quiero decir. Imprescindible.
El sofi del día: El parche que los jugadores de los Blazers llevaban en la camiseta para honrar la memoria del Dr.Jack Ramsay. Esa parte de la Historia de este deporte, perdida en medio del Sterlingate. Descanse en paz. Y vosotros, leed «The Breaks of the Game» en cuanto podáis.
Como ya hemos hecho en otras temporadas, iniciamos los PO Desde El Sofá, donde cada día escribiremos sobre lo que hemos visto el día anterior, a nuestra forma y siempre desde el sofá.
A veces tenemos el difícil trabajo de tratar de recrearnos en explicar por qué un equipo ganó. De poner en blanco y negro lo que diferenció una sola posesión, de las 185 que vimos.
La verdad es que el tercer partido, pudo ir para cualquier lado. Dallas y San Antonio anotaron en 11 de las últimas 12 jugadas, incluidas las 9 finales, a cada cual más complicada, finalizando en el culmen que fue el triple sin equilibrio sobre la bocina de Vince Carter. Pero no os perdáis las tres canastas en la pintura anteriores, el show de Monta Ellis y Ginobili, el goteo constante e inadvertido de Dirk y Tim, Dalembert cerrando el espacio aéreo al volver del descanso, el segundo cuarto desde la media distancia de Tony Parker y el comienzo de Calderón. Un montón de protagonistas, dirigidos por dos excelentes estrategas, dando uno de los espectáculos del año.
Carlisle, que bien sabe que la defensa en la NBA es una manta corta que no te llega a todo el cuerpo, es excepcional reconociendo qué día tiene que tapar los pies, y cuándo la cabeza. Dallas ganó los dos últimos porque no han parado de anotar, y San Antonio está acertando cada vez a mejor ritmo frente a ellos, pero a lo largo de la serie ha logrado que San Antonio no hilvane su peligrosa secuencia de pases hasta triple abierto por el perímetro, aún a costa de ceder la media distancia a Tony Parker, el pase a Ginobili en el bloqueo y continuación, o el enfrentamiento favorable a Kawhi Leonard en el poste por haber cambiado en la defensa. El enfoque de control de daños de Rick, que prefiere resignarse a que sean 2 puntos de Splitter, que 3 de Danny Green, permite que los Spurs estén a una distancia razonable, para que los Mavs lleguen con opciones si son capaces de desplegar su propio ataque.
Y aquí, el rey de la noche fue Monta. Aunque pasó un mal momento cuando San Antonio le retó a tirar y fallar, pasando todo bloqueo por detrás, esto quizá le dio cierto ritmo para acertar todos esos lanzamientos más tarde, y sirvió de acicate para que penetrara. Finalizar ante un equipo tan grande como San Antonio es complicado, pero la atención con la que tratan a Nowitzki los Spurs (las ganas de doblar, aunque no acabe sucediendo, están ahí prácticamente cada vez que toca el balón) le permitió finalizar en varias ocasiones con placidez, solo incluso, recogiendo el balón de las manos del propio Dirk y galopando a la canasta en un único movimiento. Se recuperó maravillosamente bien del bache, y fue el faro de los Mavs, hasta para servir de señuelo en la jugada final.
Y si San Antonio aprovecha su profundidad y la cantidad de talento que ha ido trayendo a la franquicia y desarrollando, para presentar a los equipos rivales una amenaza que dura 48 minutos sin respiro, Dallas puede seguir el ritmo. Con una rotación del 6º al 10º hombre igual o mejor, los Mavs son otro equipo de partido completo, al menos cuando todos sus jugadores, alguno más perro que otro, están dispuestos a ello. Hoy faltó el desempeño de Devin Harris de los dos primeros partidos, pero siempre es fácil encontrar a alguien que vaya recogiendo el guante en cada tramo. Y así es como encajaron y devolvieron golpe por golpe todo a San Antonio, en un partido que no vio ninguna ventaja de 10 puntos o más.
Otro detalle para apuntar de este partido, es la gestión de los tiempos muertos y las posesiones finales. Después de ver a gente como McHale o Wittman, uno piensa que la cosa será más difícil de lo que parece. Pero entonces llegan Popovich y Carlisle, y vuelve a parecer facilísimo lo de pedir un respiro siempre que el equipo lo necesite, y aún así, guardar tiempos muertos suficientes en la mochila para utilizarlos en un final apretado. Y el uso del reloj fue sublime. San Antonio logró sacar el dos-por-uno, pero Dallas le obligó a darse prisa para conseguirlo, y consiguieron dejar unas décimas por si hacía falta la heroica. Esto es casi más responsabilidad de la inteligencia de los jugadores (Dirk, Monta, Manu), pero es evidente el aliento de Rick y Gregg.
Por la suficiencia que han demostrado durante la temporada y más allá, los Spurs partían como claros favoritos. Y si se lanzaron pronósticos de 4-0 ó 5-1, no es descabellado pedirles un 3-1 ahora. Pero ahora van de copiloto, y el coche lo conduce Cuban. Si los Mavs siguen anotando, tendremos el sorpresón de los Playoffs. Y Dirk Diggler todavía no ha hecho acto de presencia…
Sofi del día: Jaime Maggio en TV nacional. Sager, ponte bueno muy pronto, pero… ¿no es más divertido quedarse en Atlanta jugando al golf que andar viajando por toda América? Piénsalo, Craig.
Como ya hemos hecho en otras temporadas, iniciamos los PO Desde El Sofá, donde cada día escribiremos sobre lo que hemos visto el día anterior, a nuestra forma y siempre desde el sofá.
Chicago evitó meterse en el Gran Hoyo de la Muerte del que nunca nadie salió en la NBA, con una victoria en Washington que ya pone en 12-10 el registro de los equipos visitantes en estos Playoffs, y viendo como está funcionando esta temporada la ventaja de campo, y la que puede haber liado Nene, seguramente hayan vuelto a poner la eliminatoria al 50%, aunque se encuentren un partido por detrás, y tengan que ganar otro más de los dos que les quedan en el Verizon Center.
Y este será, indudablemente, el Mike Dunleavy Jr. Game. El hijo de Mike Dunleavy Sr. se disfrazó de Dios disfrazado de jugador de baloncesto para meter 35 puntos con la camiseta de Chicago, y lo más importante, dar opciones y facilidades a media cancha a los Bulls, que pudieron abandonar una de sus mayores armas en ataque, el rebote ofensivo, para recogerse de manera más rápida y precisa ante la velocidad del equipo capitalino. Así que irónicamente, esta explosión anotadora, donde más pudo ayudar a los Bulls fue en defensa, consiguiendo frenar una salida potente, con muchas oportunidades fáciles para Wall y los Wizards.
Uno se dio más o menos cuenta de que ese iba a ser el día del veterano jugador cuando le entró hasta esto. Pero lo que siguió y precedió fue una gran demostración de puntería (8 de 10 desde el triple), y un clínic en el uso de los bloqueos indirectos.
Thibodeau, cuando no tiene un base que marque diferencias en el pick’n’roll, o incluso con uno de esos en cancha, basa casi todo el juego de su equipo en situaciones que parten de la floppy, esa jugada que hace parecer la pista una máquina de pinball, en la que tres jugadores (dos a un lado, uno a otro) ponen pantallas para liberar a un tirador, y que luego este haga lo que sea pertinente con la ventaja o la variante que se haya utilizado. El problema es que siempre les ha faltado un jugador capaz de hacer algo con el espacio y la confusión que se puede crear de manera consistente, pero cuando esa persona aparece, Deng, en su momento en bastantes ocasiones, o el Dunleavy de anoche, los Bulls se convierten en un equipo bonito de ver. Fijaos cómo utiliza aquí la propia ansiedad de Trevor Ariza por pararle, para que vaya a donde no debe, y obtener un tiro abierto. Precioso.
Y para que veáis el timo que es eso del clutch: tras anotar un triple en la primera posesión del último cuarto y poner 32 en su casillero, Mike sólo metió 3 puntos en los últimos 11:48 y cometió un par de costosas pérdidas. ¿Le quita importancia a su actuación? ¿Habría ganado Chicago sin él, pese a ser poco más que un señuelo en los últimos minutos de un partido apretado? La respuesta a ambas preguntas, como podéis imaginar, es 42.
Otra clave del partido para mí fue la apuesta de Thibodeau por mantener a Noah en el partido pese a que le pitaran la segunda falta muy pronto. Washington se emperró en sacar la tercera del nuevo DPOY (que podía haber caído perfectamente, la verdad) yendo con Nene al poste bajo una y otra vez, más pendiente del silbato que del aro, lo que supuso una gran serie de posesiones fallidas cuando los Wizards podían haber abierto un gran hueco. Y Noah no vio la 3ª hasta el último cuarto, y llegó con 3 a los últimos 6 minutos (cuando volvió a encadenar dos seguidas), pudiendo jugar 41 minutos. Si Thibs lo manda al banco, se autoimpone el castigo. Casi mejor dejar que decidan los árbitros.
Y por supuesto, muy importante para este partido, y potencialmente para la serie, fue también la expulsión de Nene. Cuando se estaba volviendo a meter en el partido, con un par de canastas, una a media distancia y otra a la contra, cayó en un pique con Jimmy Butler que no encajó muy bien un agresivo bloqueo anterior en la jugada que le liberó para acertar la suspensión, y acabó siendo él el expulsado del partido.
Ahora, Nene, que por el motivo que sea, y los ha habido de todo tipo, parece incapaz de encadenar tres partidos redondos en su carrera, deja en manos de Adam Silver perderse algún partido de la serie ante una gran oportunidad: la de lograr una tempranera tercera victoria, lo que equivale a poner pie y medio en la siguiente ronda.
Lo cierto es que Washington no se derrumbó tras el incidente, incluso se pusieron por delante, con Beal jugando muy bien y con acierto en el último cuarto, y Wall dejando los habituales detalles de jugador impresionante, pero quién sabe qué hubiera pasado con el ala-pívot en pista, y los problemas de Chicago para cerrar los partidos ante los Wizards. Y su baja en el próximo partido, de producirse, se me antoja especialmente sensible, no sólo por lo bueno que es el Nene 100% en ambos lados de la cancha, sino por el poquito talento que tienen los Wizards detrás: Trevor Booker es un pedazo de pan y un tío que te llevarías a Crimea, pero no es muy buen jugador de baloncesto (y si por cualquier casualidad se saliera, y se marcara algo parecido al 24/12 de principios de año frente a Atlanta, no seáis la clase de soplapollas que mencionan en Twitter diciendo «¿Hoy no habláis de Trevor Booker?». Casi 250 partidos de NBA le contemplan) y las opciones Al Harrington y Drew Gooden estarían bien si esto fuera 2009 y no tuvieran un monstruo como Taj Gibson delante. ¿Hacerse pequeños con Webster? A tramos quizá, pero Chicago es muy mal equipo para probar a encogerse.
Cada partido se convierte en una final cuando el equipo de fuera gana los dos primeros. El siguiente será todavía imprescindible para Chicago, y simplemente una muy buena oportunidad para Washington, pero no la última. Los Bulls han tardado, pero han logrado ajustarse al vértigo, ahora les queda conseguirlo incluso cuando no encuentran a alguien que les sujete el ataque. Que no es baladí.
El sofi del día: ¡PELEA! Siempre molará ver una tanganilla que no va a a más de vez en cuando…
Como ya hemos hecho en otras temporadas, iniciamos los PO Desde El Sofá, donde cada día escribiremos sobre lo que hemos visto el día anterior, a nuestra forma y siempre desde el sofá.
Qué inicio de Playoffs.
La emoción de estos primeros partidos hace parecer que nos encontramos en rondas mucho más avanzadas… y lo que nos espera. Siete de los ocho cabezas de serie, y favoritos nominales, han perdido la ventaja de campo, y dos de ellos además, podrían no volver a jugar un partido en casa. Houston está en un hoyo del que les va a costar salir.
Porque aunque la serie pinte larga, y los dos partidos hayan estado muy justos, el Rose Garden va a ser un hervidero tras 3 años sin Playoffs, y si pierden el siguiente partido estarían remando contra la historia: nunca nadie ha remontado un 0-3 en contra en la NBA.
Portland sigue donde lo dejó durante la temporada, o incluso, en sus mejores momentos, con esa fórmula que seguramente ya tengan patentada, en la que Aldridge hace lo suyo en los tres primeros cuartos (y a un nivel estratosférico en estos dos encuentros), y deja la suerte de muleta para Damian Lillard, que aunque no estuvo especialmente acertado durante el encuentro, volvió a tener hielo en la sangre en los momentos finales, metiendo los tiros libres (algo que muchos equipos han echado de menos en los partidos que llevamos), y tomando las decisiones correctas como director.
Y eso que cuando el partido comenzó, todo parecía diferente. Dwight Howard se marcó un primer cuarto tremendo, con 19 puntazos (¡e incluso un 3 de 3 en tiros libres!), enganchado canasta sin fallo tras canasta sin fallo, con una suficiencia y facilidad impresionantes, como en los mejores tiempos. Pero Stotts estuvo listo, y buscó implicarlo en defensa, perdiendo a Jones en bloqueos primero, para hacer salir a Dwight al tiro a media distancia, o provocar el despiste en el rebote. Estas triquiñuelas de Terry consiguieron que Portland se mantuviera a una distancia razonable, y que McHale, tuviera que guardar la casa con Howard, al que como ser humano que es, la energía no le llega para ser dominante todo un partido a ambos lados. Kevin se ha quedado sin su primera línea defensiva con un Beverley que, seguramente, por su lesión, ha perdido amperaje, y tuvo que cambiar el rol de Howard según avanzó el partido, e incluso sacar la problemática pareja Dwight–Asik (más aún teniendo delante a alguien tan móvil como Aldridge, o tan rápido como Robinson) para tratar de evitar la sangría.
El entrenador de los Blazers está ganando la partida a McHale, y ayer hizo lo que debía: quitar el contraataque y las faltas en la medida de lo posible a Houston, y retarles a ganar el pan cinco contra cinco, hombre a hombre. El enfrentamiento no es nada malo para ellos, y además, está yendo un paso por delante.
Por un lado, no podemos condenar aún a Houston. El primer enfrentamiento se fue a la prórroga, y este entró al último minuto siendo un partido de dos posesiones. Pero es preocupante que los Blazers, un equipo de suspensiones, de esas que vienen y van, hayan ganado sin ni siquiera tener que enseñar el músculo: sólo están metiendo uno de cada 3 triples, y el 45% de los tiros de media distancia. Por supuesto, Aldridge de vez en cuando mete alguna que te deja con cara de tonto, pero eso forma parte del guión, y en conjunto, el acierto Blazer está siendo bastante corriente en media.
Lo que no es habitual, y tiene mucho margen de mejora, es el bajón en el que se encuentra Harden. Su partido fue terrible, tanto en lo baloncestístico como en lo moral, y Batum y Matthews le están haciendo la vida imposible, y defendiéndole sin falta. Pero es difícil encerrar semejante talento en una botella tres veces seguidas, y a la siguiente puede ir a la vencida. Y el acierto desde el perímetro de Houston, en general, está en las mismas.
La vuelta al acierto es quizá lo único que necesita este equipo. Pero esto son los Playoffs, donde dos partidos ya es demasiado tarde.
Sofi del día: Parece sacrilegio no dárselo a los 91231 puntos en dos partidos de Aldridge (bueno, vale, sólo 89), pero el sofi es para el primer cuarto en ataque de Dwight. Salvo por los pasos, que se los medio pitan por abusón, vaya clínic. El momento en el que tras varios aciertos sin fallo, es capaz de convertir el dos-contra-uno en un pase clavado a la esquina para el triple, para hundir al equipo contrario, y que se dé por vencido. Quizá fue todo demasiado pronto.
Ayer os trajimos nuestra propuesta para mejorar impepinablemente la Lotería del Draft de la NBA, y ahora que habéis tenido tiempo para reposar la idea, y si no lo habéis leído, EMPEZAD OBLIGATORIAMENTE POR ELLA, vamos con los números que hay detrás.
En serio, si no leéis lo de ayer, pierde gracia, no paséis de aquí sin haberlo hecho. Que no es por los clicks ni nada, es por vosotros, de verdad.
¿Ya está? Seguro. OK.
Recordamos el sistema rápidamente: un representante de cada equipo va, en orden de más partidos perdidos a menos, por turnos, jugando un número a la ruleta en un casino de Las Vegas. Dependiendo de lo cerca que se quede, le puede llegar a tocar una de las 8 primeras plazas del Draft que se sortean: cuando las ocho hayan sido repartidas, ya el resto iría en el orden normal. Todos los equipos participan en la lotería, y las probabilidades se reducen drásticamente en comparación con el tankeador formato actual.
Incluso se nos ha ocurrido un guiño macabro, que al final no incluimos en el modelo: al primero que le caiga el 0, va automáticamente a la posición 30 del Draft, en lo que se llamaría «hacer un Arenas«, en honor a Gilbert. Incluso se podría hacer iterativo: al primero que le toque el 0, va a la 30; el segundo en tener tan mala suerte, a la 29; el que protagonice el tercer Arenas a la 28…
Hasta ahora, estas eran las probabilidades de obtener una elección del Draft si tenías la primera elección:
Número 1
Número 2
Número 3
Número 4
25%
21.5%
17.8%
35,7%
Con el sistema que proponemos, cuando el representante del peor equipo se acerca por primera vez a la mesa para hacer su apuesta, las probabilidades se pueden ver en la siguiente tabla. El porcentaje parcial indica la probabilidad de que caiga esa elección en concreto, y el acumulado, de obtener esa, o una mejor.
Número del Draft
% parcial
% acumulado
1
2.7% (1/37)
2.7% (1/37)
2
2.7% (1/37)
5.4% (2/37)
3
2.7% (1/37)
8.1% (3/37)
4
2.7% (1/37)
10.8% (4/37)
5
5.4% (2/37)
16.2% (6/37)
6
8.1% (3/37)
24.3% (9/37)
7
8.1% (3/37)
32.4% (12/37)
8
16.2% (6/37)
48.7% (18/37)
9
51.3% (19/37)
Por ejemplo, hay un 5.4% (porcentaje parcial) de que salga el número 5, y un 16.2% (porcentaje acumulado) de que salga una elección en el Top 5.Pero en realidad, como ya os dijimos ayer, la probabilidad es más grande, porque podría ocurrir que ese equipo volviera a tener la oportunidad de hacerse con otra elección en una segunda vuelta, o posterior. Es decir, si tras 30 equipos, todavía no se ha repartido alguna de las elecciones, el peor equipo de la NBA volvería a tener una oportunidad de hacerse con ella. Hemos realizado una simulación de 1.000.000 de tiradas de la ruleta para obtener la distribución de probabilidades que tendría realmente al final de todo el proceso el peor equipo de la NBA sobre las 9 primeras elecciones, y son estas. Como veis, no está tan mal como parecía antes (aunque mucho peor que con el actual sistema), sólo tiene que sufrir un poquito más.
Número del Draft
% parcial
% acumulado
1
4.0%
4.8%
2
3.9%
7.8%
3
3.8%
11.7%
4
3.8%
15.5%
5
6.0%
21.4%
6
8.3%
29.8%
7
8.2%
37.9%
8
16.2%
54.2%
9
45.8%
Tiene garantizado una elección en el Top 10 (en el 9, en realidad), pero hay casi un 45.8%, una cifra muy alta, de que sea precisamente la novena. Perder ya no compensa. De hecho, hasta ahora, tenían un 25% de probabilidades de tener el número 1. Uno de cada cuatro años más o menos, el peor equipo se tendría que llevar el gato al agua. Nosotros le damos la vuelta: ahora es un 4%, uno de cada 25 años. La probabilidad que ahora hay de salir con el Wiggins de turno, pasa a ser más o menos la misma que la de tener simplemente un Top 5.
Los porcentajes de todo el sistema van cambiando gradualmente, para que la diferencia entre puestos sea mínima. Por ejemplo, en lo que respecta a la primera posición, del 4% de alcanzarla que tiene el peor equipo, al 2.5% del mejor, apenas compensa subir un puesto arriba o abajo. El segundo peor registro ofrece un poco más de un 3.9%, el 3º un poco menos de 3.9%, el 4º un 3.89%… y así sucesivamente. La diferencia actual entre entrar o no a Playoffs (el 14º equipo tiene un 1.8% de alcanzar el Top 3 del Draft mientras los que entran no pueden acceder a la Lotería) puede llegar a hacer que algún equipo se plantee no meterse en las eliminatorias por el título. Con este sistema, unos tienen un 10.7% y los otros un 10.6% y derecho a todas las posiciones: dejan de desaparecer las opciones de mejorar tu plantilla por entrar a Playoffs.
De hecho, la probabilidad de que el número 1 se lo quedara un equipo de fuera de PO, era de un 100% hasta ahora, con nuestro sistema, sólo de un 52.7%. Y hay un 84.7% de probabilidades de que un equipo de Playoffs se meta en el Top 3.
Por comparación, este sistema reparte algo más a los malos equipos que la Rueda que propone la NBA, que si la modelamos simplemente como sistema equiprobabilístico, daría el número 1 a un equipo de Playoffs el 53.3% del tiempo, y un Top 3 el 89.8%. Con el agravante de que como este sistema no es, podríamos decir, dinámico, estos números serían seguramente más grandes aún, ya que el sistema no depende de los registros de los equipos: si se hacen mejores, tienen la misma probabilidad. Y por supuesto, la rueda es mucho más aburrida.
Para comparar, os ponemos también las probabilidades que tendría el mejor equipo de la NBA. Como veis, lo más seguro es que no cambie su puesto, tiene un 89.3% de probabilidades de quedarse donde está. Pero una vez cada 10 años en media, daría la sorpresa y se metería en el Top 10. ¡Eso genera diversión!
Número del Draft
% parcial
% acumulado
1
2.5%
2.5%
2
2.2%
4.7%
3
2.1%
6.9%
4
2.1%
9.0%
5
1.2%
10.2%
6
0.4%
10.6%
7
0.2%
10.7%
8
0.0%
10.7%
30
89.3%
Obviamente, estos números se podrían cambiar un poco. Podrían sortearse menos (o más) posiciones. Podría limitarse el número de equipos que acceden al sorteo. Podrían darse más probabilidades a los peores equipos (por ejemplo, que escogieran dos, tres o cuatro números, en lugar de uno). Las posibilidades de repartir la distribución son infinitas.
Pero así, de esta manera, el incentivo de perder partidos, o quedarse fuera de Playoffs para participar en la Lotería es mínimo. Seguirá habiendo equipos malos, y este sistema tiende a que estos tengan acceso a mejores jugadores. Después de todo, lo más probable es que buena parte del Top 10 se quede en los mejores equipos, pero habría alguna sorpresa de vez en cuando que anima la vida. De hecho, en la NBA, las viene habiendo desde hace años. Que Duncan fuera a San Antonio no ha estropeado la Liga. Que a los Lakers les tocara Magic con una elección que les cayó desde el cielo (de Salt Lake City) fue espectacular para el deporte. No hay nada malo que los buenos jóvenes caigan de vez en cuando en un gran equipo, y, simplemente, ahora no haría falta tanquear y humillarse para que se diera el caso.
Y a mayores, sería un evento brutal, emocionante, una auténtica montaña rusa. En las simulaciones que hemos realizado, se tarda una media de 61 tiradas en repartir las 8 posiciones. Es decir, todos los equipos tienen prácticamente dos oportunidades de pescar un Top 8 del Draft en un ruleta de casino. Es como multiplicar la excitante taquicardía de cuando se anuncia qué equipos suben cada año en el Draft por 61 veces… o más. En una de las más de un millón de simulaciones que realizamos, se llegó a hacer rodar la ruleta un total de ¡682 veces! Vale, de acuerdo, eso quizá es excesivo, y podría controlarse parando el proceso al llegar a una ronda en concreto, pero imaginad lo que sucedería si todos los equipos fallan más de 20 veces en sus intentos por hacerse con el número uno. Brutal.
Y lo más importante: es una auténtica frikada. Si vamos a reemplazar un sistema arcaico y hortera, qué mejor que hacerlo por uno aún más épico.
Con la fantástica temporada de equipos dejándose caer para conseguir un mejor puesto del Draft, ya hay multitud de propuestas para mejorar el sistema, y evitar, o al menos mitigar, que el perder tenga recompensa. Algunas de estas ideas, incluso, semifiltradas por la Liga, como la Rueda que anunciaron, en la que se eliminaba la suerte y el azar, y cada equipo pasaría a lo largo de 30 años, por cada uno de los puestos de elección. Pero os faltaba por oír la más molona de todas.
Por supuesto, la nuestra.
Os ponemos en situación. Para complementar a la propia ceremonia del Draft, que no debería volver a NY, lugar en el que no se puede celebrar sin David Burns Stern, nos movemos a Las Vegas. Al hotel que más pague por patrocinar el evento, que eso le gusta a la Liga, y en caso de duda, pues cualquiera, que son Las Vegas.
Allí juntamos a un representante por cada uno de los 30 equipos de la Liga. Como es Las Vegas, no puede haber menores, y decimos por fin hasta nunca al niño pesado de los cojones de los Cavs. Como veis, hasta ahora, todo son ventajas, y sólo acabamos de empezar.
John Hammond (si sigue teniendo trabajo), o quien quiera que represente a los Bucks, o al equipo con peor récord de la Liga, se acercaría a con dos hermosas mujeres bajo el brazo (u hombres, no tenemos ningún problema) a Craig Sager, que iría de croupier, es decir, por primera vez en la historia de la televisión, no iría disfrazado. Este año, en el caso de que le tocara empezar a Milwaukee, antes que nada, agradecería a nuestro legendario gafe, por decir en Twitter totalmente en serio que los Bucks iban a ganar más de 28 partidos with the dick, y recomendaros que apostarais por ello en las propias Vegas, y se pondrían a ello.
Y aquí viene lo bueno: ese primer equipo, se jugaría su posición del Draft…
Wait for it…
¡A LA RULETA!
¡Y no nos hemos vuelto locos! ¡Lo tenemos todo pensado! El peor equipo empezaría eligiendo uno de los 36 números (sin el cero), el que deseara, y Craig Sager haría rodar la bola. Si aciertan directamente, se llevan el número 1 del Draft. Si hacen semipleno (tendrían que escoger un número contiguo secundario), el número 2. Si la bola cae en uno de los números de la «calle» que el juga… GM escogió, el número 3 del Draft llamará a su puerta. Y así sucesivamente, el cuadro da el número 4, la seisena el 5, la «novena» que nos hemos inventado da el 6, la docena el 7 y acertar el color (rojo/negro) el número 8.
Por ejemplo, supongamos que los Bucks escogen el 34 en honor a Antetokounmpo, una de las pocas alegrías que tienen. Deciden también que de cara al semipleno el número «secundario» será el 31, y para el cuadro, la seisena y la novena, aquí no se puede elegir: por la posición de ese número, tendrán que ser el 31,32, 34 y 35, con el 36 y el 33 para el grupo de 6, y el 28, 29, 30 para el de 9.
Por tanto, Milwaukee se llevaría el número 1 del Draft si cae el 34, el número 2 si cae el 31 (el otro número del semipleno), el número 3 si salen el 35 o el 36 que completan la calle, el número 4 si sale el 32 que completa el cuadro, el número 5 si sale el 33 (que forma parte de la seisena) , el número 6 por la novena si caen el 28, 29 o 30, el número 7 si cayera el 25, 26 y 27 y el número 8 si fuera cualquier otro número rojo. Si no les cae nada, y con esa elección tienen un 32.4% (si la ruleta tiene un único cero) de que así sea, seguramente (dejémoslo ahí), caería a la 9 posición.
Tras hacer juego, vendría el representante del segundo peor equipo, y después el tercero, y después el cuarto… todos a hacer lo mismo, hasta que los 8 números sorteados tengan dueño. Por tanto, hasta el campeón de la NBA podría acabar con el número 1 del Draft… o el peor equipo de la Liga, ganarlo en una ¡segunda vuelta! La ruleta seguiría hasta que esté todo el pescado vendido, fuera cuando fuera. De hecho, es fácil que tengamos una segunda vuelta: hay casi un 44% de posibilidades de que el número 1 no salga en las 30 primeras tiradas. Sería una noche loca, impredecible, en la que que equipos que parecen desahuciados vuelven a mirar a los ojos a la Gloria, otros se quedarían con sabor agridulce, Charles Barkley acabaría con un tremendo pedo retransmitido en televisión nacional, y es posible que si es jugando, Michael Jordan se decida a representar orgulloso a los Bobcats, y haga su verdadero regreso a la competición.
¿Qué ventajas tiene este sistema, además de las obvias? El primero y más visible, que se deja de premiar a la incompetencia. Se da una cierta prioridad a los peores equipos, pero apenas se gana nada por subir una posición: la probabilidad es prácticamente la misma que la del anterior. Sí que hay una diferencia entre el primero y el último, porque se va acumulando, pero esta es muy gradual, no invita a perder partidos para acumular opciones. No os queremos aburrir con matemáticas, al menos no aún, pero echando números se ve cómo la cosa sigue dando más importancia a los equipos pequeños, pero no da regalos.
Y hundir a tu equipo, a diferencia de ahora, sólo te garantiza la novena posición en el peor de los casos, no la cuarta, y las probabilidades de escoger primero en el Draft serían tan sólo de un 3-5%, en lugar del 25% actual.
También se acaba con el tanking secundario, aquel que hacen los equipos que tienen protegida su elección un número concreto de posiciones, y juegan a quedar por debajo. Ahora es casi imposible saber en qué puesto acabarás la noche.
Más cosas buenas: con estas reglas no todos los números de la ruleta tienen la misma probabilidad. Es muy parecida, pero por colocación de los números para el semipleno, los cuadros, etc… podría cambiar un poco. Así nos podemos echar unas risas con los equipos que no escojan la mejor opción matemáticamente, o prefieran tirar de algún tipo de superstición antes que la opción con mayor esperanza.
Y luego, ¿imagináis el juego que daría esto a las teorías conspirativas? ¿En Las Vegas, una ruleta? ¿Daryl Morey contratando a Los Pelayos para que le hagan un análisis estadístico de todas las mesas de la ciudad? ¿La cabeza de Bill Simmons explotando mezclando todas sus cosas favoritas?
Esta idea sólo la pueden hatear las personas que crean que sólo los equipos malos tienen derecho a llevarse a los jugadores buenos (que seguirían teniendo ventaja, pero mucho menos), los aburridos que su postura favorita es el misionero, Risto Mejide, Ciclismo2005 y los terroristas. Al resto os tiene que parecer genial, por lo menos.
Apoyadnos. Hagámoslo. Convirtamos la Lotería del Draft en una puta ruleta.
Muchos conocéis el refrán: «A caballo regalado, no le mires el diente». Hoy vamos a hacer un poco de odontólogos, y le vamos a sacar punta a los muñecos bobbleheads que las franquicias NBA regalan a sus espectadores en noches señaladas, y que me fascinan porque suelen parecerse a los jugadores que representan en poquito o nada.
Te vamos a mostrar unos cuantos ejemplos de esta misma temporada… y a ver a cuántos jugadores reconoces.
Número 1: Pese a su parecido con Jerry Seinfeld, os prometemos que es de un jugador NBA.
Número 2: El que hiciera la de este jugador, se ha fijado en sus ojos lo mismo que vosotros un sábado noche en los de una mujer con gran escote.
Número 3: Los ojos del siguiente muñeco hubieran quedado bien en el de McGrady. ¿En este jugador? Ni idea de por qué son así.
Número 4: Esta está bastante conseguida, y como parece facilita, os la ponemos aquí para que no os desaniméis.
Número 5: En esta se intuye el intento de representar el rasgo facial más reconocible de este jugador… pero han fallado miserablemente.
Número 6: Perdonadnos la calidad de esta imagen (no se entregará el muñeco hasta el 22 de enero), pero es que pinta tan jodidamente mal que teníamos que incluirlo. Si adivinas este, es para invitarte a caña. Bueno, al final le dejamos la cinta, que es una pistilla, y no invitamos a nada. Otra pista: no es Gollum.
Número 7: Técnicamente no es una bobblehead, pero es otro muñeco (muy) mal hecho. El caso es que se me parece mucho a alguien (¿Eddie Winslow de Cosas de Casa?), pero no doy con la tecla.
Número 8: Salvo por el hecho de que es un jugador muy joven, y el muñeco pinta a que podría ser el hermano mayor de Jalen Rose, este tampoco está tan mal.
Número 9: Esta más o menos también está conseguida. Y la repartieron hace poco, el día 2 de enero. 33 puntos marcó para celebrarlo.
Número 10: La propina.
Y ahora, sin más dilación, vamos con las soluciones.