Buscando el valor de cada tiro

La NBA han volcado recientemente más datos de los que genera el sistema de cámaras SportsVU a la página oficial de estadísticas, y ahora, podemos tener acceso a una serie de datos adicionales sobre cada tiro lanzado esta temporada.

Lo que nos permiten en este caso es manejar estadísticas como la distancia del defensor más cercano al tirador (y la identidad de este), el tiempo restante en el reloj de posesión, el número de botes que emplea el jugador antes del tiro, y el tiempo que tuvo la pelota en su posesión antes del lanzamiento.

Con todos esos datos, nosotros hemos construido un pequeño juguetito para estimar las probabilidades de meter un tiro en la NBA, que añade a la distancia, información sobre la distancia del defensor y el tiempo que falta en el reloj de posesión. Para elaborar este modelo hemos utilizado tiros a más de dos metros del aro (los tiros cerca del aro necesitan una serie de consideraciones adicionales que ya exploraremos), y está pensado para casos “normales”, no será tan representativo en los extremos.

El modelo no tiene en cuenta una serie de variables importantes como la identidad y las características del tirador en particular, o la del defensor, simplemente intenta representar los valores medios, y creemos que ayuda a entender a comprender el valor de elegir buen tiro, en cuanto a distancia, ritmo y soledad del tirador. Estos son, aproximadamente, que cada metro de distancia a la canasta, el tiro es un 7% peor; cada metro que se aleja el defensor, el tiro es un 9% mejor, y por cada segundo de posesión que se ahorre, se mejora un 0.5-1%.

Pero qué mejor manera de explicar el modelo que invitaros a explorar en el siguiente área interactiva, a calcular la probabilidad de acierto moviendo al atacante, al defensor y ajustando el reloj de posesión.







Además de enseñaros este juguete, podemos utilizar el modelo para estimar estadísticamente, qué quintetos escogen mejor los tiros. Os recordamos de nuevo, que el modelo, tal y como lo utilizamos, tiene una serie de lagunas. Ya sabéis que, lo más importante, no estamos ajustando a la habilidad del jugador. No es lo mismo, por ejemplo, un triple frontal con un defensor a dos metros para Josh Smith que para Kyle Korver, así que por un lado hablaremos de elección o creación del tiro, cuáles son buenos filosófica o teóricamente hablando, y por otro lado de acierto, cuántos se meten en realidad. Por otra parte es indudable que los tiros a más de dos metros son una pequeña parte del baloncesto, y tienen efecto en más áreas del juego que aquí no se pretenden controlar. De todas maneras, una buena puntuación en el modelo significa que el equipo está eligiendo bien desde que distancias lanzar (contando con el añadido del punto adicional del triple) y/o está logrando que sus tiradores tengan separación con el defensor y/o están siendo rápidos desarrollando las jugadas.

Obviamente estas cosas no son siempre positivas de manera universal. Un jugador puede tirar muy liberado porque el defensa sabe que está fuera de su rango. O un tiro tempranero ha podido ser algo precipitado. Este modelo no nos dará una cifra perfecta e indiscutible, pero como todos, ayuda como argumento en una conversación, o nos permite proponernos estudiar más de cerca los resultados o la situación de un equipo o jugador en particular. Hemos analizado con él a los 31 quintetos con más de 150 tiros a más de 2 metros, tanto en ataque como en defensa, y ahora os presentamos algunos resultados.

Creo que no sorprenderá a mucha gente que el quinteto que mejor elija los tiros de manera teórica venga de Houston. Beverley, Harden, Ariza, Motiejunas y Howard, han tirado de 3 en 120 de las 183 ocasiones procesadas, y eso les lanza a la primera posición del modelo. De hecho, son los únicos que rompen la barrera de más de un punto esperado por tiro. Si bajásemos el requisito de número mínimo de tiros a 50 de manera excepcional, para buscar más ejemplos así, sólo cuatro quintetos superan la esperanza de un punto por tiro, y tres son de los Rockets, incluido este. La otra excepción es el quinteto de los Hawks con cinco jugadores capaces de tirar de 3, con Sefolosha y Antic en lugar de Carroll y Horford.

De todos modos, en la práctica, este no es el mejor quinteto tirando a más de dos metros del aro de la Liga. Curry, Thompson, Barnes, Green y Bogut están anotando 1.15 puntos por tiro, pese a que el modelo les asigna una esperanza de 0.98, que es ya de por sí la segunda mejor de las 31 analizadas, sólo por detrás de Houston. Son los que mejor están desafiando a la teoría, anotando un 17.9% más de lo que deberían, y además, o más bien, gracias a ello, porque todo influe, pueden elegir buenos tiros. No es de extrañar que este grupo sea el que tiene el mejor índice ofensivo de la Liga.

Les siguen muy de cerca en cuanto a “acierto” sobre el modelo el quinteto titular con el que inició la Liga Phoenix, con Marcus Morris y Miles Plumlee acompañando a Dragic, Bledsoe y Markieff, y el también antiguo quinteto de los Celtics con Rajon Rondo y Tyler Zeller. Pero como ambos equipos elegían o creaban peores tiros que Golden State, pese al acierto sobre el modelo, están lejos de los Warriors en cuanto a puntos por tiro, con 1.06 y 1.07 respectivamente.

Si nos fijamos en la tabla de índice ofensivo para comparar con nuestro modelo, los únicos quintetos que siguen de cerca a los Warriors son los dos de los Clippers, uno con Matt Barnes, y otro con Jamal Crawford. El titular, con Barnes, es el segundo mejor de la Liga en cuanto a puntos por tiro a más de dos metros, con 1.07 ppt. No están entre los mejores en selección teórica, pero si están mostrando un acierto por encima de la media. Por su parte la versión con Jamal Crawford sólo produce 0.98 puntos por tiro. Pese a que el acierto es también mayor que lo esperado, la selección es sensiblemente peor. Eso sí, la presencia de Jamal ayuda de otras maneras a los Clippers, creando más oportunidades cerca del aro y mediante tiros libres que aquí no vemos, y el resultado final de ambas está a la par.

En el otro extremo, está el quinteto formado por Kemba Walker, Lance Stephenson, Gerald Henderson, Al Jefferson y Cody Zeller, del que sólo podríamos esperar 0.85 puntos por tiro. Y en este caso, no es que el acierto haya ayudado, ya que en realidad sólo han obtenido como recompensa 0.78 puntos por tiro. No es de extrañar, viendo los datos, que tengan el segundo peor índice ofensivo de los quintetos que han estado más de 150 minutos en pista.

Sólo hay un quinteto peor en ataque, el de Wizards, con Garrett Temple sustituyendo a Bradley Beal, que pese a haber elegido mejor los tiros que los Hornets en teoría, son el grupo de cinco con peor acierto sobre lo esperado, un 11% menos.

También podemos utilizar esta herramienta para evaluar a las defensas. Y si miramos los números, vuelven a ser los Warriors, con Bogut en el medio de la zona, el quinteto que obliga a los rivales a los peores tiros en cuanto a distancia a la canasta, al defensor, y tiempo de reloj de la Liga. En media, los rivales podían esperar 0.88 puntos por tiro a más de dos metros frente a Golden State, y sólo han anotado 0.82.

Pese a ser los mejores forzando los peores tiros en teoría en defensa, un par de quintetos, han sido mejores en la práctica. El titular de Sacramento sólo ha permitido unos microscópicos 0.78 puntos por tiro, y sus rivales anotan un 15% peor de lo esperado frente a ellos. Los Kings convierten a sus rivales en los Warriors inversos, y esta situación merecería una revisión más profunda, aunque desde la vuelta de Cousins, están regresando a la media. Los Blazers, que este año están entre los mejores equipos en defensa de la Liga, eran en su versión con Robin Lopez, quintos en esperanza de tiro en contra teórica, y segundos en puntos por tiro en contra en la realidad.

Tres quintetos que están en teoría forzando a los ataques rivales a tomar malas decisiones, pero que se están enfrentando a un mayor acierto de lo esperado son el titular de los Bulls y dos de los más jóvenes de la Liga: el de Orlando con Elfrid Payton en lugar de Victor Oladipo, y el de Utah con Enes Kanter y el lesionado Alec Burks. Por otro lado, el quinteto que vuelve a aparecer como afortunado, es el último de los Celtics en la era Rondo. Ese grupo ya roto superaba por 7.8 puntos por 100 posesiones a sus rivales, pero a la vista de estos datos estaban seguramente predestinados a regresar un poco a la media. Ainge no se ha cargado un aspirante.

El peor equipo en cuanto a selección de tiro rival teórica no debería ser una sorpresa, son los Lakers con Lin y Boozer, pero en la práctica reciben más puntos por tiro lejano (1.05 vs. 1) con Ed Davis y Ronnie Price. Los Raptors y los Pistons con Josh Smith de ala-pívot son otros de los quintetos que peores tiros conceden.

Para terminar, os dejamos con la pinta que tiene un tiro perfecto. Irónicamente, el mejor tiro para nuestro modelo, no llegó a entrar. El triple que os hemos enlazado de Patrick Patterson desde la esquina izquierda, sin ningún defensor a menos de 7 metros, y con 19 segundos de posesión, tenía una probabilidad de entrar del 61%. Por lo tanto, de ese tiro esperábamos 1.82 puntos, de los que no subieron a la cuenta de los Raptors ninguno.

En el otro lado del espectro, para encontrar el peor tiro de lo que llevamos de temporada, tenemos que irnos a Detroit, y ¡sorpresa!, no fue Josh Smith. El deshonor corresponde a Caron Butler, y lo que tuvo que hacer aquí a 6.8 metros, con sólo 3.1 segundos de posesión, y Otto Porter encima. El modelo sólo le auguraba unas opciones del 30% de entrar, y al ser un tiro de 2, 0.6 puntos esperados. También se quedaron con ninguno.

¿Demasiado pronto?

15 días ya de temporada, 110 partidos (algo menos del 10%) y muchas cosas sorprendentes en este inicio. Pero, ¿cuándo se convierten las novedades en tendencia? ¿Será pronto, o ya podemos saber muchas cosas de esta temporada con los primeros encuentros que hemos visto?

Para empezar, podemos tener una muy buena pista de cara a los Playoffs. En las últimas 5 temporadas, entre 12 y 14 de los equipos que acabaron jugando las eliminatorias por el título ya estaban en esa posición en los primeros 15 días de competición. Por tanto, atendiendo a la historia más reciente, es probable que alguno de los equipos que ocupan esa posición de manera sorprendente (Philadelphia, Boston, Charlotte o Phoenix), aguante el tirón el resto del año.

Pero veamos lo que tarda en estabilizarse una temporada NBA de manera un tanto más gráfica. Gracias a la base de datos de la NBA en NBA.com/Stats, podemos estudiar cómo va avanzando la correlación a nivel de equipo entre cualquier índice, un día dado, con su valor a final de temporada. Veamos por ejemplo lo que sucede con el porcentaje de victorias.

Corr1

R², el coeficiente de determinación, lo podemos entender intuitivamente como el porcentaje (de la varianza) del resultado final (es decir, en este caso, los registros de victorias y derrotas a final de temporada de cada equipo) que conocemos en ese punto. Como veis, el primer día de la temporada es prácticamente 0: que un equipo gane o pierda su primer partido no nos dice prácticamente nada de cómo quedarán al final. Pero según van pasando los partidos, la evidencia sobre qué equipo es bueno y cuál malo aumenta, más rápidamente incluso de lo que puede parecer.

En béisbol, la niña bonita de los analistas estadísticos deportivos, está ya más que estudiado cuando las pequeñas muestras del principio de la temporada se pueden empezar a considerar más o menos estables. Y ese punto es cuando el coeficiente de correlación es 0.7, y por tanto, R², el cuadrado de ese valor, es de 0.5, es decir, el punto en el que se explica el 50% de la varianza final. ¿Quiere decir esto que todo el pescado queda vendido llegado a ese momento? Por supuesto que no. Hay lesiones, traspasos, estados de forma, casualidades del calendario… pero una vez en ese 50%, ya es un momento de tomarse algo más en serio lo que va sucediendo, y empezar a pensar que mucho de lo que vemos, en cuanto al rendimiento de un equipo, comienza a ser real. Las muestras ya no son tan pequeñas.

¿Y cuánto se tarda en llegar a ese punto en baloncesto? ¿Finales de año? ¿El All-Star Break? Pues, viendo la historia reciente, no. Cualquier día de estos. El siguiente gráfico muestra como avanzó el coeficiente de determinación jornada a jornada las cinco últimas temporadas (incluyendo la comprimida de 66 partidos de 2012). Respecto al porcentaje de victorias, se llegó al 0.5 entre el 6º y el 24º día de competición. En 3 de los últimos 5 años, ya habíamos alcanzado ese punto a estas alturas.

Corr2

Pero hay otro indicador que se estabiliza aún más rápido. Ya hemos hablado en la que tal vez no sea tu página favorita (pero es en la que estás ahora), de cómo y por qué el margen de victoria tiene más valor predictivo para conocer lo que va a suceder que las victorias y derrotas simplemente, y en las cinco últimas temporadas, el valor de 0.5 en el coeficiente de determinación del diferencial de puntos por 100 posesiones, ya había sido alcanzado a estas alturas, por lo que pese a que los equipos de la NBA sólo hayan jugado unos 7 partidos en media, y se hayan enfrentado a pocos rivales, el diferencial ya no es una muestra pequeña, y nos pinta un dibujo algo más fiable.

Corr3

A modo informativo, el diferencial resta mérito al comienzo de temporada de OKC (3º en victorias, 8º en ventaja por 100 posesiones) y Charlotte (18º vs. 27º) y tiene a Washington entre los 8 mejores del Este, pese a que están a la cola en partidos ganados junto a Detroit. El método no es perfecto, pero será interesante prestar atención a estos casos.

Como es lógico, no todas las estadísticas se estabilizan de la misma manera. El rebote por ejemplo, es mucho más irregular, y parece que es más interesante en este caso esperar a cumplir al menos un mes de competición para empezar a tomarse las muestras en serio. Por tanto, es una invitación a tener calma con ejemplos como el de Toronto, que han subido de la 20ª a la 2ª posición provisional. Además, el ataque y las estadísticas asociadas, parecen estabilizarse más rápido y mejor que las de la defensa, así que confiad primero en los avances en esta área.

Corr4

En definitiva, aunque todavía no se puedan sacar conclusiones definitivas, y haya muchísima tela que cortar aún, empezamos a tener una buena visión general de cómo están situados los equipos en el panorama NBA. No significa que en casos puntuales tengan que echarse a temblar (Charlotte, con el segundo peor registro al final, empezó 7-5 el último año, e Indiana, el equipo de moda y pateador oficial de culos en este inicio de temporada, comenzó 4-7), y el aumento generalizado del uso del triple va a convertir la NBA en una materia mucho más impredecible (ya hablaremos), pero cuidado, porque no es tan pronto como podíamos pensar.

Cal y arena

En un reciente artículo sobre Kent Bazemore de Ethan Sherwood-Strauss en la ESPN, el jugador de los Warriors reconocía que su mayor debilidad era el tiro exterior y que es su enorme envergadura, la distancia entre las puntas de los dedos de mano a mano cuando extiende sus brazos, el mayor problema para tener una mecánica fluida.

Los jugadores con una gran longitud en sus brazos son codiciados en la NBA. A los hombres altos les sirven para intimidar y llegar a taponar balones que de otra forma serían imposibles, a los más bajos para tapar más espacio en las líneas de pase y poder llegar a desviar y robar balones. A muchos jugadores, con tamaño más pequeño de lo deseado para su posición, les ha permitido hacerse un hueco en la Liga.

Pero es muy posible, que este regalo anatómico, sea también una maldición en otra de las habilidades que la NBA reclama como imprescindible: la del tiro. No soy un experto en mecánicas, y no puedo juzgar desde el punto de vista de la física y la fisiología esta afirmación, pero existen indicios empíricos, comprobando el resultado en lugar de la causa, que la gente con brazos cortos, tira mejor.

DraftExpress.com tiene una base de datos de las medidas que se toman antes de cada Draft de los jugadores NBA. Hay 2022 entradas en las que podemos encontrar estos datos (casi todas a partir del año 2000), 658 de las cuales pertenecen a jugadores han sido drafteados. Como la altura y la envergadura están relacionadas, podemos hacer una regresión lineal para calcular, a partir del tamaño, la longitud de brazos esperada.

Pantallazo-6

Calculando el porcentaje de incremento sobre lo esperado, entre los jugadores NBA de los que tenemos datos que les sitúan por encima de la envergadura esperada encontramos a Jason Maxiell (56.6% de tiros libres anotados en su carrera), Bismack Biyombo (50.2% desde la línea en sus dos primeros años), Roddy Beaubois (que pese a que en su año rookie metió el 40% de los triples que lanzó, los tres siguientes no pasó del 30.1%, y el porcentaje en su carrera está en 32.5%), Marvin Williams (pobre tirador de 3, 32.8% en su carrera), Andre Drummond (un notable desastre desde el tiro libre), o Dwight Howard (enough said).

Las excepciones con astericos que confirman la regla son Elton Brand, solvente tirador de media distancia para ser un hombre alto y con buena efectividad desde la línea (73.8%), pero que en realidad es un jugador bajito (2.04), sin rastro alguno de tiro de 3 y Kawhi Leonard, que está acertando el 37.5% de los triples, pero sólo los mete desde las esquinas, y su tiro exterior estaba cuestionado cuando llega a la NBA: ahora trabaja con Chip Engelland, entrenador de tiro de San Antonio y hombre milagro.

Si nos fijamos, por otra parte, en aquellos tiradores impolutos, vemos como casi todos tienen una envergadura más pequeña de lo esperado por la norma NBA. Steph Curry, que por su altura, debería tener una envergadura de 2 metros, no llega a 1.92. De Kyle Korver deberíamos esperar más de 2.10 y se queda en 2.07. Steve Novak tiene una longitud de brazo a brazo 9 centímetros por debajo de lo esperado, y JJ Redick es el segundo peor jugador de la lista de 658. En el percentil 95, están también Parsons, Budinger, un clásico como Kapono y otros que no se hicieron sitio en la NBA pero que traían su tiro como carta de presentación (Travis Diener o Jon Diebler).

La excepción aquí sería Kevin Durant, que con un 4% más de lo que en teoría le corresponde, tira como los ángeles, y Monta Ellis, que pese a tener los brazos más bien cortos entra en la categoría de desastre.

De cara a las medidas de este Draft… ¿quién tiene mayor envergadura? Lucas Nogueira, Jamaal Franklin (adivinad cuál es su punto débil) o Tony Mitchell son los que la tienen más grande (guiño, guiño). De brazos cortos tenemos a Kelly Olynyk, Shane Larkin y Mason Plumlee, con buena reputación para su posición. Los teóricos tiradores de este grupo (Caldwell-Pope, McLemore, McCollum) tienen todos una longitud de brazos algo menor de lo esperado.

Es evidente, que aquí hay parte de sesgo de selección (podemos permitirnos un jugador que tire mal si lo suple con otras cosas, como, por ejemplo, brazos largos y viceversa), pero al mismo tiempo parece que hay bastante evidencia para confirmar algo que parece lógico, y que mucha gente olvida a menudo: hay una serie de limitaciones físicas a la mecánica de tiro.

Muchos hombres altos son apaleados por fallar uno de cada dos tiros libres, y a otros jugadores exteriores (Rondo, Wade, Rubio) se les recuerda que no pueden tirar de 3. Pero, salvo honrosas excepciones, no se puede tener todo. Lo que da ventaja en muchos aspectos del juego, supone una debilidad en otras áreas que podría ser incorregible. No es necesariamente problema de que trabajen poco, o no quieran hacerlo siquiera, en su tiro, como sentencia y brama la desinformada masa enfurecida cada vez que alguien muestra un agujero incapaz de resolver.

Tener los brazos más largos o cortos de lo normal no te convierte, evidentemente, en un mal/buen tirador inmediatamente. Dependiendo de quién te supervise, y como construyas y coordines tu mecánica, se pueden conseguir muchas cosas. Pero la balanza de probabilidades, está claramente inclinada a un lado. Recuérdenlo cuando quieran mandar a alguien a la hoguera.

Libre mercado

Ayer, LeBron James declaraba que “No creo que mi valor en la pista pueda ser realmente recompensado” por culpa del convenio colectivo. Con un límite salarial que tiene restringido el salario máximo, y va creciendo en función de la antigüedad, el mejor jugador de la Liga, que para más inri, decidió cobrar un poco menos para formar el super-equipo en Miami, es tan sólo el 13º mejor pagado por su equipo según HoopsHype.

Es evidente y lógico, que en un mercado libre, sin restricciones, el salario máximo sólo se debería estar dispuesto a pagar por una persona o el pequeñísimo grupo de las que estén a su nivel. Si hay muchos jugadores recibiéndolo (calculo que unos 25-30 están recibiendo el máximo al que pueden aspirar, y eso, sin contar con las restricciones en salario de los jugadores en su primer contrato), desafía a la lógica de la noción de un máximo. Y creo que eso nadie lo discute. Lo que sí me parece un punto de conflicto son las cifras que se estima que LeBron James cobraría. ¿50? ¿100 millones? Vamos a tratar de hacer un cálculo lo más racional posible (es evidente que el impacto que tendría este cambio debería ser estudiado con una profundidad y un alcance que nos sobrepasa, ya que alteraría la estructura completa del negocio NBA), utilizando como referencia una Liga sin tope salarial, pero que respeta ciertos mecanismos de balance como el Draft: la de béisbol, la MLB.

Para empezar, pensemos en cuanto dinero habría en la mesa para pagar a los jugadores. De acuerdo al análisis anual de Forbes de la pasada temporada, los equipos de la NBA ingresaron casi 3.700 millones de dólares, obtuvieron 360 de beneficio neto entre todos ellos, y pagaron 1.960, el 53% de los ingresos, en salarios.

Hay estudios que demuestran que en la MLB, al no haber límite salarial hay una mayor desigualdad que en la NFL y la NBA, (aunque, por supuesto, gastar más no asegura ganar más en casos concretos), por lo que podemos afirmar, casi con total seguridad, que quitar el tope salarial reduciría parte del balance en la Liga. Para nuestras estimaciones, sin embargo, planteamos un escenario en el que los ingresos y el gasto en salarios se mantendría igual. Me parece que se puede argumentar, tanto que la concentración de talento aumentaría el dinero que llega a la NBA, como lo contrario, por lo que lo dejaremos estar.

Otra cosa que nuestro modelo considera es que el margen de beneficios de toda la Liga sigue estando en torno al 10%, con una diferencia: si ahora mismo hay equipos que están ganando mucho más (los Knicks tuvieron 83 millones de beneficio la pasada temporada según Forbes), los hay también operando en pérdidas. Sin tope salarial de por medio, asumimos que se gasta el 53% de los ingresos globales en salario, y se obtiene el 10% de beneficios, pero con todos los equipos ganando lo mismo, en torno a 12 millones de dólares.

Aquí, evidentemente, estamos simplificando. Hay propietarios más agresivos, como Mark Cuban en Dallas, que tal vez no les importe incluso sufrir alguna temporada de pérdidas aquí y allá, y otros que estarían dispuestos a reducir mucho lo que meten en el bolsillo de los jugadores, para guardárselo en el suyo propio. Otra cosa que asumiremos es que el reparto de beneficios es análogo al de la temporada pasada. Seguramente, en un mercado más libre, esa concentración de talento de la que hablábamos, provoque otro desnivel en los ingresos. Pero lo mantendremos igual, por simplicidad, porque siempre habría una cantidad de dinero que se repartiría entre todos los equipos, y porque franquicias como Heat o Lakers, tampoco concentrarían mucho más talento del que ya tienen.

Con estas suposiciones, mientras que el año pasado el equipo que más gasto en salarios, los Lakers, pagaron 100 millones (incluído el impuesto de lujo) y el que menos, los Pacers con 44, en nuestro simple modelo (se invierte en salarios el total de los ingresos según Forbes, menos los gastos operativos y 12 millones anuales de beneficio por franquicia), Lakers y Knicks pagarían 135.9 y 134.7 respectivamente, liderando la Liga, y (los entonces) New Jersey Nets y los Charlotte Bobcats cerrarían la lista con 32.4 y 32.7 millones. En el siguiente gráfico se puede ver la distribución de los salarios con y sin tope, sumando en ambos casos la misma cantidad global para toda la Liga.

Como se puede comprobar, los 13 equipos con mayor masa salarial gastarían más sin ese tope, mientras que una serie de franquicias, reducirían ese gasto para poder obtener beneficios. A continuación comparamos el gasto en salarios de jugadores de cada franquicia la pasada temporada, con el estimado si no existiera el límite:

Como inciso, este gráfico muestra por qué el nuevo convenio y el mayor impuesto de lujo puede que no sea efectivo con las franquicias que barren en beneficios. Los Lakers podrían haber pagado hasta 35 millones más, y todavía dar 12 de ganancias. Y eso, sin contar con un aumento en los ingresos.

Ahora viene la parte más delicada… ¿cuánto ganaría un jugador como LeBron? Vamos a proponeros diferentes modelos y cifras, para que os quedéis con la que más os guste.

Como vamos a utilizar la Liga de Béisbol como comparativa recurrente, vamos a dar algunos datos rápidos sobre ella. En la MLB no hay límite salarial, pero sí hay un impuesto de lujo, puesto en una cantidad tan alta, que la última década sólo lo han superado 4 equipos puntualmente, y prácticamente los únicos a los que les afecta (el 91.5% de todo el impuesto de lujo recaudado pertenece a ellos), es a los Yankees. Aunque puede servir para sujetar el gasto de los equipos más potentes, es mucho menos punitivo que el actual de la NBA, ya que en el peor de los casos, no se llega a pagar más de medio dólar por dólar sobrepasado. Lo importante es que los equipos pueden gastar lo que crean necesario en agentes libres sin preocuparse por la flexibilidad. Aunque haya una serie de restricciones, como los salarios de los novatos, o mecanismos como el Draft, es lo más parecido que nos podemos encontrar a una NBA sin límite, que seguiría manteniendo algún elemento que no lo convertiría en un verdadero libre mercado.

El año pasado, las franquicias de la MLB se gastaron 2.960 millones en salarios, un 50% más que la NBA, aunque el número de jugadores que cobran de una franquicia en la liga de béisbol en media (28.7) casi dobla a la NBA (15.9). Por tanto, el gasto medio en un jugador NBA es mayor (4.1 MM) que en la MLB (3.4 MM).

Con esa relación 1.2 a 1 por gasto en jugador entre las dos Ligas, una primera aproximación al LeBron-sueldo sería aplicarle ese factor al jugador que más cobra en la MLB: el tercera base de los Yankees, Alex Rodríguez. A-Rod se embolsó 30 millones de dólares de acuerdo a USA Today, 5.8 más que el siguiente en la lista, Vernon Wells. Una distribución similar de salarios tendría a LeBron, o al que fuera considerado el jugador mejor pagado, cobrando 36 millones de dólares, y al siguiente en la lista, 29 MM. Aunque parezca una cantidad baja de acuerdo a las ensoñaciones sobre un posible sueldo para LeBron, es un 43% más de lo que el jugador mejor pagado en la NBA, Kobe Bryant, cobró la pasada temporada.

Otra manera de verlo, es hacer las cuentas sobre la media de la Liga. Si Rodríguez cobra 30 millones, 8.8 veces el gasto medio de la Liga por jugador, un jugador en la NBA que cobrara 8.8 veces el gasto medio, ganaría esos 36 millones de dólares.

Pero cambiemos un poco el enfoque, veamos la cantidad, relativa al presupuesto del equipo en lugar de la media de la Liga. Los Yankees, pagaron, entre sueldos e impuesto de lujo, 212 millones de dólares a 34 jugadores, una media de 6.2 por jugador. El sueldo de Alex Rodríguez es de un poco menos de 5 veces el jugador medio de la franquicia. En nuestro universo paralelo, en el que los Lakers son el equipo con un mayor presupuesto (135.9 millones), a repartir entre 16 (8.5 millones de media), la proporción jugador mejor pagado-media del equipo que mejor paga, pondría en 41 millones el máximo.

Ahora utilicemos métodos algo más complejos. El análisis estadístico en béisbol está muy avanzado, y prácticamente todas las contribuciones mensurables de un jugador en el campo se pueden traducir en números. Así, existe una estadística llamada WAR, siglas del inglés “Victorias sobre jugador de reemplazo” que calcula cuantos partidos más habría ganado el equipo por tener ese jugador en lugar de un jugador del nivel de los temporeros que se pueden encontrar a mitad de temporada cobrando el mínimo.

Con un mínimo de 50 entradas para lanzadores, y 50 turnos para los bateadores, para delimitar el grupo de jugadores a 854 (para que sea casi igual proporcional a los 860 que cobraron un suelo de la Major League la pasada temporada y no de las ligas menores), el mejor jugador (aunque no fue elegido MVP… cosas) fue Mike Trout, con 10 victorias sobre jugador de reemplazo, y la distribución del WAR alrededor de la Liga, ordenado de mayor a menor, fue la siguiente:

Ahora, en baloncesto, por la naturaleza del juego, no es tan sencillo (seguramente no es, ni posible) lograr una estadística que explique tan bien el rendimiento de un jugador. Pero aún conociendo esta limitación, vamos a hacer lo que podemos con lo que tenemos. Hay unas cuantas estadísticas que intentan calcular, al igual que el WAR, el impacto de un jugador en la NBA en términos de victorias. Una de ellas, la que yo he elegido para este estudio, son los Win Shares, de Basketball-Reference.com. El porqué de la elección y el funcionamiento no nos cabe aquí, pero confiad en nosotros.

De acuerdo a los Win Shares que generó, LeBron fue el mejor jugador la temporada pasada, con 14.5, seguido de Chris Paul (12.7) y Kevin Durant (12.2). La lista la cierra Cory Higgins, el jugador hijo de un miembro del equipo directivo de los Bobcats que contribuyó a -1.3 victorias. O +1.3 derrotas.

Al igual que hicimos antes, veamos la distribución de Win Shares a lo largo de la Liga:

Lo que queremos explicar con estos gráficos: aunque a distinta escala, la distribución del talento es exactamente igual entre la MLB y la NBA. Al menos, el talento medido en WAR (bastante fiable) y WS (mucho menos).

Los que paséis de matemáticas y/o sólo con ver el dibujo ya esteis convencidos de esta afirmación os podéis saltar este párrafillo. Para los incrédulos, ambas muestras (subiendo la media para que el menor valor sea positivo) se ajustan a una distribución log-normal de media -0.7 (quitándole el offset ya mencionado) en la MLB y -0.4 en la NBA, y varianza de 0.42 y 0.39 respectivamente. El test Chi-Cuadrado acepta ambas hipótesis nulas con p=0.001 y p=0.002. El resto de equivalencias están hechas de acuerdo a estos valores.

El caso es, que ajustando una escala a otra de acuerdo a esta distribución, los 14.5 Win Shares de LeBron equivaldrían a 11.3 “victorias sobre jugador de reemplazo“. Con un precio por victoria habitual de 4.9 millones en el contexto de la MLB, una temporada de 11.3 WAR tendría un valor de 55.4 millones en el mercado. Ajustando con ese 20% más por jugador que se paga en la NBA, una producción como la de LeBron el año pasado merecería, si se convierte en agente libre, 66 millones de dólares.

Esto marcaría probablemente el máximo valor de mercado de LeBron. Hay que tener en cuenta que esa cifra de 5 millones por WAR por año en el mercado de la agencia libre es un “sobreprecio“, los equipos cuentan con tener jugadores en plantilla muy por debajo de esa relación (con contrato de novatos, renovados por algo menos de dinero, o jugadores que mejoren las previsiones). De hecho, si los Yankees, con el mayor presupuesto con muchísima diferencia (212 millones), pagaran toda victoria producida a ese precio, sólo comprarían 63-68, lo que les pondría entre los peores equipos de la Liga, muy lejos del Playoff. Pero ese es el precio que se paga en el libre mercado por un agente libre de acuerdo a su nivel, y me parece un indicador plausible para explicar lo que ocurriría con LeBron si hay guerra de ofertas.

Otro enfoque más conservador sería buscar el precio más justo: 1960 millones en salarios en la NBA tienen que comprar, entre unos equipos y otros, 1230 victorias (partidos totales de la temporada), lo que saldría a 1.6 millones por victoria. Este baremo no es muy bueno, entre otras cosas, por ejemplo, porque, los Lakers y Knicks con 135 millones, esperarían las imposibles 84 victorias. Como LeBron produciría 19.2 victorias (reescalando las Win Shares para que sumen 1230, ya que estábamos con datos de una temporada de sólo 66 partidos), merecería ganar tan sólo 30.7 millones. Si se hace pensando algo más lógico, que el precio de una victoria no es lineal (cuanto más quieres, más caras se pagan, simplemente por escasez del talento que te permite esto), y 135 millones tienen que comprar, por ejemplo, 65 victorias, a 2 millones por victoria, LeBron estaría valorado en 40 millones.

Así que después de tantas cuentas, tenemos un poco de todo: el contrato estimado para el mejor jugador de la temporada pasada podría ir de los 30.7 a los 66 millones, pasando por los 36 o los 41. A mi parecer, la cifra más alta, de acuerdo a los datos de Forbes, es prácticamente un tope, a lo que sólo se llegaría en caso de enajenación y capricho de un propietario. Esos 66 millones supondrían gastar prácticamente el 50% de la masa salarial de los equipos que mejor pagarían (Lakers y Knicks, recordamos, tendrían unos 135 millones disponibles según nuestros cálculos) en un jugador, algo inaudito en el mundo del deporte. La única forma de poder pagar eso, sería que un equipo estuviera dispuesto a formar un equipo de jugadores, o más bien malos, o dispuestos a cobrar mucho mucho menos de lo que les ofrecerían en otros lugares en torno a LeBron…o gastar unos 200 millones en salarios.

Y 200 millones, ya no en salarios, sino en ingresos, es una cifra a la que según Forbes no han llegado ni los Lakers, que llevan una década con una estrella como Kobe Bryant en plantilla, han ganado 5 títulos en el pasado reciente, tienen la tradición, están en el segundo mercado más grande y casi siempre han sido competitivos. Es decir, un equipo que ya saca prácticamente todo el dinero que podría exprimir, no se podría permitir semejante presupuesto sin muchas piruetas.

Por tanto, salvo alguna Prokhorovada, veo como lo más probable, los 40 millones bajos. Si la firma del contrato le coincidiera en el mejor momento de su carrera, es decir, ahora, tal vez podría llegar a 50. Pero viendo ejemplos como el del béisbol, o el de otros deportes en los que tampoco hay límite salarial, y jugadores dominando de una manera parecida a la de LeBron (me refiero a Messi o Cristiano Ronaldo), en un deporte de equipo, un jugador no aglutina la mitad del presupuesto. Por muy bueno que sea.

Y para el mejor ejemplo no nos teníamos que ir muy lejos: en la NBA está. Aquellos dos contratos que Jordan firmó en 1997 y 1998, de 30 y 33 millones, que en este caso sí eran equivalentes a la mitad del salario de su equipo, pero llegaron en condiciones más que especiales (contratos anuales, el resto de jugadores cobraba una miseria sin posibilidad de pedir más y Jordan había ganado 25 millones… en sus primeros 9 años de carrera juntos) me parecen un techo imposible de superar por el momento: es la tormenta perfecta, tanto por el personaje en cuestión, como por la situación.

Y enlazamos aquí con la frase inicial de LeBron, aquella que decía que “No creo que mi valor en la pista pueda ser realmente recompensado”. Visto lo visto, lo más probable es, que hasta un mercado más libre, sin ataduras en los convenios, tenga la razón.

Ese lugar mágico

A medida que el estudio estadístico del baloncesto ha ido avanzando, los equipos con una visión más progresista han demostrado en la pista como interpretan la eficiencia. Y no hay mejor índice para conocer cuánto está dispuesto un equipo a entregarse a los números, que su utilización del triple desde la esquina o corner 3 como suele ser referido en inglés.

El porcentaje de tiro de un jugador desciende con la distancia, por lo que por lo general, cuanto más lejos peor (aunque a veces es un mal necesario, ya que hay encontrar un balance entre abrir el campo y atacar la canasta), pero no todos los puntos desde una misma distancia valen igual: hay una zona mágica, entre los 6.7 y los 7.25 metros, que en a veces cuenta 2 puntos, y otras, cuando estás en las esquinas, 3. Por tanto, a misma distancia, estamos incrementando la eficiencia un 50%.

En el siguiente gráfico hemos recogido los puntos por tiro en la última década en las cinco zonas de la pista que recoge NBA.com: tiros dentro del semicírculo de no-carga (lo que vendría a ser, prácticamente, el aro), el resto de la pintura, tiros de 2 fuera de la pintura, y triples divididos en dos tipos, desde las esquinas, y el resto.

Como podéis comprobar, el triple desde la esquina es prácticamente equivalente en puntos por jugada a tiros realizados cerca del aro, y el triple en general es una opción mucho más eficiente que cualquier otra alejada de la canasta, por lo que un equipo que quiera mejorar su rendimiento debería buscar, con el balance antes mencionado, el mayor número de intentos posibles de triple o atacando el aro.

De hecho, si un jugador es capaz de acertar más del 66.7% de triples, esa combinación tiro-porcentaje supera el 100%: es más efectivo una canasta de 3 suya desde la esquina, que un mate (analogía que robamos flagrantemente de Pablo Mira, así que pasaos a leerle en Noches de Basket, y así no nos sentimos tan mal).

Y así fue durante una parte de esta temporada con Jerry Stackhouse. El jugador de los Nets, a 1 de diciembre, había anotado 14 de 21 triples desde la esquina para un eFG del 100%, lo que convertía sus tiros desde ese punto hasta ese momento en bandejas solitarias al contraataque: 2 puntos seguros.

En nuestra visita al Barclays, pese a que la producción había descendido ya un poco a valores más cercanos a la media (pero su 17 de 33, equivaldría a un eFG% de 77.3%, muy superior al 67.3% con el que Tyson Chandler lidera la Liga), charlamos con él: “Nunca había pensado en ello hasta que Mark me lo comentó en Dallas. «Ey, estás anotando un 66% de los triples en la esquina en Febrero [de 2007]» así que pensé que tal vez debería irme más a esa zona”.

Pese a que hay equipos manejando esta información durante muchos años, y los que no lo hubieran hecho, ya están más que enterados porque el análisis actual de la NBA ha debatido este punto ad nauseam, la proporción del número de triples intentados desde la esquina y el resto, ha permanecido prácticamente fija en torno al 0.4 alrededor de la Liga la última década. La NBA vive en adaptación constante y con la misión de eliminar ventajas rivales, y aunque el número de triples por partido está creciendo, su acierto y el reparto por zona de tiro permanece constante:

“Las defensas se ajustan y me han dejado sin ese tiro” decía Stackhouse a mediados de diciembre tras su excelente rendimiento el mes anterior: “Les oigo [a la defensa rival] hablando, «Asegúrate de que no esté sólo», y no es malo, mientras mantenga a un defensor ocupado, lejos de la canasta. Funciona si no lo fuerzas”

Los intentos de triple desde la esquina, tanto los de Stackhouse como los del resto, suelen ser una opción secundaria, tras una acción anterior. Como se acaba el campo, ahí nunca se llega tras un bloqueo directo, y es un final de ruta muy abstracto para un aclarado. Pero eso no quiere decir que la localización de un jugador en ese punto no forme parte del diseño de un ataque, incluso tras jugadas rotas, como un contraataque o tras rebote ofensivo “Los llamamos «bailout spots»” que sería algo así como sitio de rescate “y es parte de nuestro ataque. En mi caso, yo debo ir a la esquina en una situación así, o si veo un dos contra uno.”

Como en ataque los equipos que conocen su poder lo utilizan, pero saben que habrá un ajuste si abusan, en donde mejor se puede comprobar la importancia que un equipo le da a este tiro es en la defensa. Ya hemos hablado en su día en la página de que el porcentaje de triple de tu oponente es un factor difícil de controlar, pero sí hay algo que las buenas defensas hacen para protegerse del triple en la esquina: no permitirlo.

Según los números de NBA.com (no ajustados a ritmo, por desgracia, por lo que los ránkings reales podrían variar un poco), los Bulls son el equipo que menos triples desde la esquina recibió en cada uno de los últimos tres años, justo desde que llegó Tom Thibodeau. Los equipos que siguen a los Bulls en la lista esta temporada, son Indiana y Memphis, las dos mejores defensas de la Liga. Por otro lado, las 3 peores defensas, Sacramento, Charlotte y New Orleans, ocupan las posiciones 28º, 30º y 29º en número de intentos de triple desde la esquina recibidos por partido. De hecho, existe una correlación mucho mayor entre la defensa y esta estadística, que con las del box-score como tapones o robos.

¿Quiere esto decir que las defensas en lugar de intentar de robar o poner tapones deberían simplemente pensar en defender las esquinas? Obvia y categóricamente, no. Pero sí que explica que por lo general, los equipos que tienen una defensa exitosa esta temporada, saben como limitar los intentos de triple desde esa zona.

El caso de los Bulls es curioso, porque su filosofía defensiva invita a los equipos a batirles con tiradores, pero se cuidan muy bien de cerrar siempre al de la esquina.

Couper Moorhead escribió un fantástico artículo en la página oficial de Miami sobre el último Heat-Bulls en el que enseñaba como los Bulls, cuando se tenían que enfrentar a dos tiradores en el lado débil con un solo hombre, preferían dejar solo al del ala, para cerrar la esquina:

Los equipos con más fama de inteligentes también están entre los mejores en este aspecto. Spurs y Rockets han estado en el Top 3 de 2008 a 2011, para caer un poco estos dos años. Los Celtics, aunque nunca han estado entre los mejores, siempre se han encontrado por encima de la media. Dallas también ha sido un habitual del Top 10, hasta este año, en el que se encuentra entre los peores.

“Los números van a ir dando saltos, no voy a seguir acertando un 80%, pero me veo capaz de mantener un 50-55% de aquí a final de temporada”. Stackhouse ahora mismo, tras una lesión que le apartó en el mejor momento y la pérdida de minutos y confianza con la llegada de Carlesimo, mantiene un eFG% del 55.9% desde la esquina esta temporada, por encima del eFG% medio en la Liga, que está en el 49.1%: es un tiro eficiente, con el valor añadido de que ayuda a abrir el campo y despejar un poco más la zona a sus compañeros.

Durante su carrera sólo ha metido el 30.8% de los triples, pero desde la esquina, desde aquel febrero de 2007, tiene un 36.4% de acierto. “Ese es mi sitio ahora. El «corner-3»”

Del chupón al cañonero

Ayer la ESPN publicaba un magnífico artículo de Henry Abbott (en inglés) que trataba de encontrar una explicación al hecho de que el número de jugadores que anotan 20 puntos por partido haya descendido espectacularmente: en la temporada 2007-2008 había 27, y ahora mismo hay sólo 9.

Después de repasar una serie de motivos y posibilidades, reduce su teoría a un par de motivos, que compro totalmente: uno de ellos, que la defensa que se está imponiendo gradualmente en la NBA trata de acumular defensores en el lado fuerte de la cancha. Los jugadores que suelen tener el balón, los anotadores de volumen, ven como la parte de la pista por la que pensaban avanzar se acumulan 3 ó 4 defensores y se ven obligados, con una mayor frecuencia, a mandar un pase al lado débil. Esto ha tenido otras consecuencias, como el aumento del número de asistencias entre los que otrora hubieran metido esos 20 puntitos por partido.

El segundo, me parece también importante para el hecho, pero una mera consecuencia del primero. El número de tiros libres, el resultado más eficiente de una posesión por lo general, salvo si te llamas Dwight Howard, ha descendido, especialmente en las estrellas, debido en parte a las modificaciones que hizo la Liga, reduciendo el número de “más uno” que se pitan.

Si los anotadores estrella siguieran manteniendo el volumen de tiro, con semejante descenso (alrededor del ¡30%! para los jugadores con más minutos), el ritmo de anotación habría descendido dramáticamente, y solo lo ha hecho de una pequeña manera: menos de 2 puntos por partido, y con un descenso de ritmo. Pero lo que sucede es que debido a esa sobrecarga de defensores en el lado fuerte, y a tener que pasar más, estos jugadores, que por su fama reciben faltas a un mayor ritmo de lo habitual, han reducido su volumen de tiro y de veces que se dirigen a la canasta y por tanto, que haya menos tiros libres, aunque explique perfectamente ese descenso en el grupo de “20 por partido”, es una consecuencia del motivo principal, más que una causa.

Además, me gustaría añadir otro motivo: la concentración de talento. Esta temporada, fuera de los 20 puntos por partido, vemos a jugadores como Blake Griffin, Monta Ellis, Brook Lopez, Brandon Jennings o Dwight Howard y fuera de ese grupo de los 27 máximos anotadores, a Chris Paul, Deron Williams, Joe Johnson o Zach Randolph. Casi todos estos jugadores, han metido más de 20 puntos por partido cuando se han encontrado en equipos y situaciones con menor talento alrededor. El universo NBA post-CuLeBron ha concentrado a los mejores en una serie de equipos, como se puede ver en las elecciones del All-Star sin ir más lejos, y creo que es un factor reseñable, pero no demostrable. Que Deron o Griffin metieran más de 20 por partido el año pasado con peores plantillas no es garantía de que estén obligados a hacerlo este.

Pero volviendo al punto principal propuesto por Abbott, vamos a utilizar las estadísticas para refrendar su propuesta. Como no tenemos nada así como “porcentaje de tiros desde el lado débil”, tendremos que tratar de buscar pistas en otros sitios. Por ejemplo, una de las impresiones que yo tengo es que la manera de atacar esta defensa acaba resultando en muchos pases a un tirador al otro lado de la pista, que sabe que habitualmente va a tener espacio para tirar. Como este jugador siempre va a estar estacionado en el lado débil, el equipo se puede permitir, o incluso, es deseable, tener al mejor tirador posible, aunque no sea capaz de penetrar o poner la pelota en el suelo. Y sí, si estáis pensando en Steve Novak, ya somos dos.

¿Y como medir la unidimensionalidad de un tirador? NBA.com ofrece una estadística con el porcentaje de puntos sobre el total conseguidos desde más allá de línea de 3. En la temporada 2007-2008, solo 5 jugadores metieron el 75% de sus puntos o más desde el triple. De estos 5, de todos modos, solo Damon Jones formaba parte de la rotación y 3 de ellos, jugaron menos de 120 minutos/20 partidos metiendo menos de 40 puntos esa temporada. Es decir, podríamos reducir el número de “tiradores unidimensionales elegidos con nuestro criterio arbitrario” a 1 y medio.

Avance rápido a 2013 y tenemos 7 jugadores metiendo el 75% o más de sus puntos desde el triple, y salvo James Jones, todos juegan un número de minutos reseñable en sus equipos.

Si bajamos el listón al 60%, y ponemos un requisito mínimo de minutos (1000 para la temporada completa de 2007-2008, unos 15 por partido en 60 partidos y 500 para la actual, que está casi a la mitad), solo 3 jugadores, Damon Jones, Keith Bogans y Eddie House cumplen los dos requisitos en 2008, y un total de 14 lo hacen este año.

Si quitamos la restricción de minutos, en 2008 hubo 11 jugadores que metieron al menos el 60% de sus puntos desde el triple, y este año hay 27. Es prácticamente la misma proporción que veíamos al principio, pero a la inversa.

¿Así que donde han ido los puntos que metían esos anotadores de volumen? Una buena parte, a tiradores estacionados en lado débil. En 2008, el equipo “medio” metía 6.6 triples por partido, e intentaba 18.1. Este año, pese al pequeño descenso en ritmo, la cifra ha subido a 7.2 y 20.1. Es decir: hace 5 años el 22.3% de los tiros de campo eran triples, y este año la cifra ha aumentado en 3 puntos porcentuales, al 25.3%.

Para ser justos habría que reseñar que el número de triples tras asistencia ha disminuido del 86.3 al 82.9%, algo que no apoya nuestra teoría. El aumento en triples por partido tras asistencia es mucho más ligero por tanto, del 5.7 a 6.0 simplemente, un 5% más, pero como hemos visto, los jugadores que meten este tipo de triples tienen un carácter mucho más especialista que en el pasado reciente. Y el flujo de un lado a otro de la pista es bastante evidente en los equipos que más atraen este tipo de defensas (Miami, New York o Oklahoma City).

En definitiva, al mismo tiempo que los anotadores de volumen se encuentran en peligro de extinción, aparece una nueva raza, el jugador que consigue casi todos sus puntos desde el triple.

La NBA siempre se podrá explicar desde la teoría de la evolución

Por qué ajustar el ritmo

Seguramente hayas leído alguna vez como se habla del ritmo (pace en inglés) o los números “por 100 posesiones” a la hora de analizar el rendimiento de equipos o jugadores, y te hayas preguntado el porqué de utilizar estos nuevos ajustes en lugar de los más tradicionales. Y la respuesta es, que reflejan un poquito mejor aún la realidad.

Vayamos con un ejemplo extremo: a día de hoy, los Rockets son el equipo que más puntos mete por partido, y el segundo al que más le meten ¿Tienen el mejor ataque y la segunda peor defensa? Intuitivamente, diríamos que no.

Hablar en términos de 100 posesiones en lugar de los números por partido, nos permite eliminar el efecto que tiene en las estadísticas jugar a un ritmo más rápido. Cuantas más posesiones haya en un partido, más se acumulan todos los números que genera un equipo. Así, el Índice Ofensivo (o Offensive Rating en inglés), que mide simplemente cuantos puntos mete un equipo por 100 posesiones en lugar de por 48 minutos, y el Índice Defensivo (Defensive Rating en la lengua de Chesapeake), que cuenta cuantos recibe, ofrecen una cantidad que no depende de la velocidad del juego. Con estas métricas, los Rockets a día de ayer eran el 7º mejor equipo en ataque, y el 16º en defensa, una posición muy diferente a la que tienen con las cifras por partido, debido a su ritmo de juego.

El equipo que más rápido juega en la Liga, Houston, como ya hemos dicho, utiliza un 10% más de posesiones por partido que el último ahora mismo, los New Orleans Hornets, con el resto de la Liga moviéndose entre medias de ese rango. Aunque 10 sobre 100 no parece una enorme diferencia, si nos fijamos en la escala en la que se mueven los números en la NBA (en las decenas o incluso las unidades, para estadísticas individuales, y como máximo en torno a la centena) sí lo es.

Y en las estadísticas de equipo, al final de la temporada todos han jugado 82 veces y (casi, por las prórrogas) el mismo número de minutos y la comparación por partido no está tan mal. Pero en caso de los jugadores, o para comparar la eficiencia de quintetos o combinaciones de jugadores entre sí, el uso de estadísticas por 100 posesiones es imprescindible, porque es una manera fácil y sencilla de dar los resultados en una misma escala, para poder comparar todo en la mayor igualdad de condiciones posible y establecer equivalencias con sencillez y precisión.

Así, viendo el Índice Ofensivo que tiene un quinteto jugando junto, o de un equipo en los últimos 5 minutos de partidos ajustado, podemos saber de manera inmediata que tal ha funcionado, sabiendo que la media está en torno a los 102-103 puntos por 100 posesiones, el líder suele encontrarse por encima de los 110 por 100, y los peores equipos por los 95-98. Sin embargo, si nos dicen que un grupo ha metido 240 puntos, aunque sepamos que ha sido en 120 minutos, tendríamos que echar cuentas, y sin conocer el ritmo al que juegan, no tendríamos referencia ninguna. ¿97 puntos por partido son mucho, o poco? Si hablamos de los Nuggets y su velocidad, el ritmo de anotación es malo, si es un quinteto de los sosegados Pacers, estaría por encima de la media.

Y las estadísticas ajustadas a ritmo no se quedan solo en estos dos índices. Por ejemplo, existe otra como el porcentaje o tasa de pérdidas (TOV% o TOR por Turnover percentage o ratio en inglés) que lo que hace es contar el número de pérdidas por 100 posesiones, y lo mismo para las asistencias con el AR (de Assist ratio). Así, los equipos que juegan más rápido no son tan buenos como parece en las estadísticas positivas, ni los lentos tan malos. De hecho, en asistencias por partido, los Rockets son 8º en la clasificación y los Hornets 21º, y cuando ajustamos a ritmo, New Orleans está justo por encima: 13º con 17.1 asistencias por 100 posesiones, con Houston 14º con 17. Las variaciones en el resto de la lista no son tan dramáticas, porque hemos cogido a los dos extremos, pero como veis, puede haber una gran diferencia juzgando a según que equipos.

Otra estadística tremendamente explicativa, que no solo ajusta a ritmo, y que por tanto no da resultados por 100 posesiones, es el porcentaje reboteador, REB% o REBR. Esta estadística calcula simplemente los rebotes que un jugador o equipo cogen sobre el total de los disponibles mientras están en pista. Así no se ajusta solamente a la velocidad del juego: también al número de fallos y oportunidades de rebote que ha habido.

Un ejemplo: el ritmo de Miami y Orlando es casi idéntico (93.8 y 94 posesiones por 48 minutos respectivamente). Pero mientras Miami pasa del 29º lugar al 25º, al cambiar los rebotes por partido por el REB%, Orlando apenas sube del 13º al 12º. Es porque en los partidos de Orlando hay más opciones de rebote por haber más tiros fallados (los Magic fallan 5 tiros más por partido que los Heat, un 12.5% más) y este tipo de diferencias alteran la clasificación. Así, Denver, que es 2º en rebotes por partido, es 6º en REB%, y los Grizzlies, que ocupan el 12º lugar si se mira la clasificación tradicional, es el 2º equipo que más balones recupera porcentualmente tras un tiro fallado.

Al ver los números de manera individual, y como se cuenta el porcentaje de rebotes sobre el total de las oportunidades, el REB% es totalmente independiente de los minutos del jugador. Así Reggie Evans, que con 8.7 por partido está muy lejos del liderato, es con un 26.2% el líder de esta clasificación. Y es mucho más explicativo saber que Evans coge uno de cada 4 rebotes, y alguno más, cuando está en juego, que ver unos números totales, en los que influye sobremanera que solo juegue 21 minutos por partido.

En definitiva, utilizar estadísticas ajustadas a 100 posesiones no es esnobismo, ni un concepto complicado para el que hagan falta difíciles fórmulas. Una vez que se conoce lo que representan, hay páginas en las que podéis ver las estadísticas como cualquier otras, sin tener que preocuparos de dónde vienen. Pero con la tranquilidad de saber que pintan un retrato mucho más fiel de la realidad de la Liga.

Si queréis ver las estadísticas que os hemos comentado, y otras más adaptadas a ritmo para las últimas temporadas, en la página de estadísticas de la ESPN, por ejemplo, puedes encontrarlas. Así, a día de hoy, Oklahoma City tiene el ataque más productivo de la Liga, pese a que Houston mete más puntos, e Indiana la mejor defensa, aunque Memphis reciba algunos menos por partido.

Anexo para los que no les importe hablar un poco más de números: Para comprobar si las estadísticas ajustadas a ritmo nos explican mejor lo que pasa, se puede hacer un pequeño experimento. Si vemos el coeficiente de correlación R² entre las victorias y el Índice Ofensivo y Defensivo, temporada a temporada, se encuentra consistentemente en torno al 0.6. Hay equipos que ganan siendo buenos en ataque, otros en defensa, y algunos en los dos, y por tanto, no hay correspondencia absoluta, pero los Índices parecen explicar una buena parte de la variación. Si utilizamos puntos anotados y recibidos por partido, sin ningún tipo de ajuste, vemos como el R² baja mucho. En la 2010-2011, última temporada completa de 82 partidos, los puntos anotados explican el 10% de la variación y los recibidos un 44%. El año anterior, de un 18% y un 35%. Aunque el coeficiente de correlación no sirve de prueba conclusiva, es indiscutible que ver la lista de los equipos que más puntos meten por 100 posesiones da mucha mejor información sobre su calidad que la de puntos por partido.

¿Existe el Basket-BABIP?

En béisbol, donde el análisis estadístico del deporte está a años luz del baloncesto (y siempre lo estará, porque es mucho más sencillo de modelar), en 1999, Voros McCracken, un geek de Internet que luego acabó trabajando para los Red Sox, propuso algo que el llamó DIPS, acrónimo de Defense Independent Pitching Statistics, o estadísticas de lanzamiento independientes de la defensa.

Según su teoría, un pitcher solo puede controlar el contacto del rival con la pelota y el número de home-runs: una vez que este la pone en juego bateándola en el campo, el resultado no depende de él, y cambia de año a año.

Esto se mide con el BABIP, de nuevo otro acrónimo, que esta vez significa promedio de bateo en bolas en juego, es decir, de todas las veces que una pelota es bateada dentro del campo, cuantas acaba en un hit y el bateador puede correr las bases, y cuantas en un out, y por tanto, es eliminado.

El BABIP, tanto de los lanzadores como de los bateadores, salvo en algún caso excepcional, no se correla de año a año, y su aleatoriedad se transforma en una herramienta para intuir la buena o mala suerte que está teniendo cada jugador. Simplificando, si el BABIP está por encima de lo habitual, eso indica que las estadísticas del bateador están infladas para bien, y las del pitcher para mal, y los números no están reflejando su verdadera habilidad, y viceversa.

Ahora bien, en el baloncesto, ¿hay algo parecido al BABIP? Recuerdo como al principio de esta temporada tras 4 partidos, los Hornets lideraban la Liga en Índice Defensivo, y al ver sus jugadas, te podías dar cuenta de la enorme cantidad de tiros que los rivales, pese a estar solos, habían fallado frente a ellos. Ahora mismo, los Hornets tienen la peor defensa de la Liga, y si el Basket-BABIP existiera, en esos 4 partidos, el de sus rivales hubiera sido bajísimo.

Otro ejemplo: hace apenas dos semanas analizamos a los Hawks, mejor defensa de la Liga entonces, y notamos como, también estaban teniendo una cierta suerte con los tiros mal defendidos, especialmente en el caso de Kyle Korver, que aparecía en los números de Synergy como 18º mejor defensa de la Liga en puntos permitidos a su par por jugada, y los rivales solo habían metido 6 de 32 triples defendidos por él, pese a que se quedaba en bloqueos, o era superado en el bote. Ahora, la defensa de los Hawks ha caído un poco, a la 4ª posición, Korver es el 60º jugador en puntos por jugada en defensa, el acierto en triples frente a él ha pasado a 12 de 42 (todavía bajo para lo esperado en total, pero 6 de 10 desde la última vez que hablamos de ello) y de ser el segundo equipo que peor porcentaje de triple permitía al rival (31.6%), han bajado a la 15ª posición en tan solo 5 partidos, permitiendo el 35.4% en el total de la temporada y un 42.9% en estos últimos 5, pese a jugar contra equipos que están 15º, 16º, 25º y (dos veces contra el) 20º en la clasificación de acierto.

Por tanto, ¿existe el Basket-BABIP? Aunque a otra escala y con diferencias respecto del béisbol, yo diría que sí.

El primer intento intuitivo de identificarlo, es pensar en los tiros no defendidos, o abiertos que se conceden al rival. Al terminar de ver un partido, a veces se tiene la sensación de que un equipo ha creado buenas opciones de tiro, de las que normalmente mete, pero muchos de ellos no han entrado.

Aunque el acierto en tiros de este tipo puede ser consistente en equipos o jugadores en ataque (los porcentajes son más o menos consistentes de año a año a la larga), en defensa, teniendo en cuenta que un equipo más o menos se enfrenta a todos los rivales, a los buenos y malos, tiene pinta de que podría ser independiente. Puede que haya equipos algo más inteligentes, que solo dejen abiertos a los peores tiradores, y otros que jueguen con fuego dándole facilidades a los mejores (al igual que hay pitchers que controlan un poco mejor su BABIP porque por su estilo, fuerzan más bateos al cuadro interior) pero en la gran mayoría de los casos, un porcentaje extremo (ya sea demasiado alto o demasiado bajo) en tiros no defendidos probablemente indique que ese equipo va a tender a regresar a la media. El porcentaje en tiros no defendidos se contabiliza, pero por desgracia, no es público. La versión más avanzada de Synergy (a la que no tenemos acceso), lo recoge, pero solo podemos especular.

Pero, ¿con la información pública podemos generar un Basket-BABIP? Además, la suerte no está solo en los tiros mal o no defendidos. Mirando los números de las últimas 12 temporadas, el Índice Defensivo (número de puntos que encaja un equipo por 100 posesiones), suele correlarse de un año a otro, con un siempre en torno a 0.4. Este índice no es muy fuerte, pero teniendo en cuenta los cambios de personal, tanto en jugadores como en cuerpo técnico, más si nuestra teoría es correcta, una cierta dosis de suerte, me parece una cantidad adecuada a lo esperado

¿Qué otra cosa se correla en la misma proporción de un año a otro? El procentaje que un equipo permite al rival en el área restringida.En los últimos 12 años, la de un año a otro ha estado siempre de 0.25 a 0.68, con un promedio de 0.4, al igual que el Índice Defensivo. Siempre existe el riesgo de caer en la falacia de implicar causalidad a partir de la correlación, pero la habilidad de proteger el aro parece que se mantiene de un año a otro.

¿Qué no lo hace? El porcentaje de acierto del triple rival. La de un año para otro entre el acierto en el triple del equipo contrario, salvo en el paso de la temporada 2005-2006 a la 2006-2007, que fue de 0.21 (todavía débil), no supera el 0.07 en ninguna de las otras 11 temporadas, y tiene un promedio de 0.04. Si separamos los triples en 2, los de la esquina, y el resto, sucede lo mismo: desde la esquina, el máximo es 0.15 y el promedio 0.03, desde más allá, el maximo es 0.09 y la R² promedio es también 0.03. Es decir, el porcentaje de acierto en triples en contra de un equipo es independiente de un año a otro, como se puede ver en el siguiente gráfico:

De nuevo, aunque hay que ser cuidadosos en las conclusiones, parece que los equipos no pueden controlar del todo el acierto del rival, y esta estadística tiene una posibilidad de ser independiente de la defensa. O tal vez no es independiente de la defensa en sí, pero como los equipos tienden a corregir los problemas, y a ajustar en los fallos, lo acaba siendo en la práctica.

Si nuestra teoría es correcta, hay margen para la esperanza en los equipos que peor están defendiendo el triple, y debería moderarse el optimismo en los que mejor lo están haciendo. Es importante no caer en la falacia del jugador, que un equipo lo esté haciendo mal, no quiere decir que esté obligado a mejorar, podría incluso a ir a peor. De hecho, aunque todos regresen a la media, a final de temporada hay un hueco, (de 8 puntos porcentuales el año pasado) entre los mejores y los peores. Pero curiosamente, la desigualdad es menor que con el acierto, en el que existió una diferencia de casi 10 puntos entre el mejor y el peor. Si retrocedemos un año, para descartar el efecto lockout, salvo por los Cavaliers, peor equipo defendiendo el triple de la Historia (¡41.1% en contra!), los otros 29 se agrupan en 5 puntos porcentuales, del 32.6% al 37.6%. En ataque, la diferencia entre el mejor y el peor es de 8.1, sin ningún resultado atípico. Y así sucesivamente.

Por tanto, esto podrían ser buenas noticias para los Suns y los Hornets, equipos que están permitiendo porcentajes ridículamente altos. El de los Suns (42.5%) superaría incluso al de los Cavaliers 2011 como el más lamentable de la Historia, y el de los Hornets (40.7%) sería el tercer peor, después de, atención, haber sido los segundos mejores la temporada pasada. De nuevo, repetimos, que la tendencia fuera la regresión a la media, no significa que estos dos equipos tengan que hacerlo, ya hemos visto, como en el caso de los Cavs, los outliers suceden. Y además, con estos dos equipos, su filosofía está llevándoles a este punto. El exceso de celo en proteger el aro y los cambios en los bloqueos son frecuentes, y si la mantienen, serán susceptibles al acierto del triple toda la temporada.

Por otra parte, Bulls (30.1%), Indiana (32.1%) y San Antonio (32.2%) son los que mejor lo están haciendo, lo cual debería encender la alarma amarilla, de momento. Ninguno de esos porcentajes en contra es histórico, como en el otro caso, pero en la última década solo 8 equipos han permitido menos que un 32.2%, y el registro de los Bulls sería el mejor desde los 90, temporadas en las que el porcentaje medio de la Liga solía ser inferior al actual. De nuevo, no está garantizado que vayan a empeorar, pero si hubiera que apostar, es más probable hacerlo en su contra.

Y ya para finalizar, los números sugieren que el Basket-BABIP podría tener otra aplicación a corto plazo en esta temporada. Ya os hemos enseñado que el porcentaje de acierto en la zona restringida, cerca del aro, parece tener una pequeña, pero cierta, correlación entre temporadas, y en los últimos 12 años, la no ha bajado de 0.25 como mínimo. Pues bien, a día de hoy, está en 0.11. Por enésima vez, esto no son 2+2, y estamos comparando con un año con lockout, lo que cambia algo la muestra, pero la tendencia del pasado sugiere que los porcentajes actuales deberían parecerse más a los del año pasado que lo que hasta ahora estamos viendo.

Esto podría ser el comienzo de buenas noticias para Boston (su porcentaje es 5.4 puntos porcentuales peor que el año pasado), Cleveland (5.3 más) o Chicago (4.9) y malas para Detroit (han mejorado en 4.6), Indiana (4.9) o Phoenix (6.7 mejor que el año pasado).

O no, porque como vemos, en el caso de Chicago y Phoenix, los dos equipos que marcan los extremos en la defensa del triple, su porcentaje de defensa en el aro ha empeorado/mejorado en la dirección opuesta. Hay equipos que cambian el enfoque en su defensa de un año para otro, y con los Bulls y los Suns puede que estemos ante un caso de diseño, no de suerte o aleatoriedad.

En conclusión, el único hecho demostrable es que el acierto del rival desde el triple es independiente de un año para otro. En un deporte tan complejo de analizar como el baloncesto no se puede ser conclusivo, y por tanto, toda teoría que extienda la idea es una simple hipótesis. Pero los valores más extremos en este apartado pueden ser un buen indicador de que una defensa está siendo sobre/infravalorada y es otro elemento de juicio, ni más ni menos, complementario a cualquiera, para juzgar el rendimiento de un equipo.