Truco o trato

Truco o trato. Trick or treat. Ese es el apodo que Bill Simmons, el escritor de la ESPN e impenitente seguidor de los Celtics, le dio a Tony Allen después de verlo jugar decenas de partidos año tras año. Lo que esconde este sobrenombre detrás es la extraña facilidad que tenía el jugador por hacer fácil lo difícil y viceversa. Tony Allen encadenaba secuencias en las que se disfrazaba de Paul Pierce para meter un triple estratosférico con un defensor encima, se anticipaba tan inteligentemente como Garnett a una línea de pase para robar un balón en la siguiente posesión, y acababa fallando de manera calamitosa la oportunidad de mate/bandeja que el mismo se había creado en el posterior contraataque.

El juego del otro Allen, que tan bien es retratado con la disyuntiva halloweeniense, se podría definir también con otra palabra. Energía. En tiempos de debate nuclear, Tony es como un núcleo a punto de la fusión. Radiante, crudo, inestable. La potencia sin control. Esa que no servía de nada. Ya comenté en La Crónica On Tour que una de las cosas que más me impresionaron al ver el Knicks-Grizzlies en directo fue ver jugar a Allen. Un par de acciones deslumbrantes, mate contundente incluído se contraponían a un par de jugadas con las que costaría creer que a este hombre le pagan por jugar al baloncesto.

Tony Allen Grizzly HaircutAnoche, tras retar a Ginobili ante a la prensa declarando que finge en sus molestias, se rapó y pintó un oso en la nuca, imagen que puedes ver a la derecha, pero que al final, como alguien con buen criterio le habrá recomendado, desapareció al saltar a la cancha. Aunque nadie pudo quitarle el toque de excentricidad: no fue un oso, pero al final se dejó un fade como pudo con el pelo que le había sobrado, y con sus pintas de rapero noventero ayudó a extender un poco más el sueño en Memphis. Primero ganaron el primer partido en las eliminatorias por el título en la historia de la franquicia. Luego el primero en casa. Y ahora están a punto de eliminar a los cabezas de serie, a los Spurs, a los que tienen a un solo partido de la eliminación, tras ganarles de 18 y meterles, por primera vez en la eliminatoria, miedo. Miedo de verdad. Jamás han remontado en la era Duncan los Spurs un 1-3, en las cinco oportunidades que han tenido. Y Tony Allen tiene buena parte de la culpa.

Apareció en Boston, que obtuvo la primera ronda de Draft que se gastó en él, de rebote, en el traspaso que acabó con Rasheed Wallace y el anillo en Detroit, y en su primera temporada llegó a jugar 34 partidos de titular en un equipo que acabó en la post-temporada con Pierce, Gary Payton y Antoine Walker (Allen todavía realiza de vez en cuando el Shimmy, el jugón bailecito del orondo alero). Al igual que Tony le quitó el puesto a Jiri Welsch, él tuvo que ver como en mitad de la primera ronda en la que cayeron frente a Indiana, Delonte West, otro rookie, ocupaba su lugar. Pese a perder ese puesto honorífico, sus minutos de juego fueron incrementando las dos temporadas siguientes, los partidos que estuvo sano, hasta volver a menguar en 2007 con la formación del Big Three, el grupo que le ayudaría a conseguir un anillo de manera agridulce, ya que Tony solo jugó 4.3 minutos de promedio en los 15 partidos de Play-Off que le pusieron en cancha.

En la Temporada pasada, jugó 16.5 minutos por partido, su peor promedio desde el año de novato, y su temporada fue muy discreta. Eso sí, no vio reducido su tiempo de juego en Play Off, en los que jugó mucho más de lo que había hecho otros años. Especialmente relevante fue su participación en la serie contra Cleveland en la que ayudó a mantener controlado a LeBron, presentado sus credenciales para ser incluido en la lista de los mejores defensores hombre a hombre en el perímetro de la Liga. Tras ese final de temporada no tenía duda que le renovarían. Así que para él fue tremenda la decepción que supuso que los Celtics no igualarán la oferta de Memphis, de 9.5 millones por 3 años (la mayor ganga del verano visto a día de hoy). Así llegó a los Grizzlies. Se acabó lo de luchar por el campeonato.

En su Twitter se define como «Former Oklahoma State star. 2008 NBA Champion. Currently playing for the Memphis Grizzlies«. No dejo de ver una cierta falta de brillo con pátina de resignación en la última frase. Pero eso no le impide salir a cada partido a trabajar a tope, a aportar la dureza y el carácter, a estar dispuesto a tirarse detrás de cada balón que queda suelto, como si el objetivo marcado al principio de temporada fuera levantar el O’Brien.

Ahora que a sus 29 años ya es un veterano (de hecho, es el jugador de la plantilla que más partidos de Play-Off había jugado hasta esta temporada, con 56, aunque Battier haya estado en pista más minutos), está utilizando toda su experiencia en Memphis. Su llegada para aportar desde el banquillo, y después hacerse titular tras las lesiones de Gay y el descenso de categoría de su compañero de refriegas en partidas de cartas, O.J. Mayo, es una de las razones por las que el equipo ha vuelto a las eliminatorias por el título por primera vez sin Pau Gasol. Y eso que este equipo, es prácticamente el mismo que la temporada pasada.

Aunque el éxito es coral, y se apoya aún más en el juego interior, al nivel de cualquiera en la NBA, de la pareja RandolphGasol (que está haciendo unos mejores Play Off que su hermano) o en un Conley que está haciendo olvidar la locura que parecía su renovación, destacar a Allen es destacar al jugador diferente, la punta de locura, la intensidad feroz. Aunque los números contradigan a la vista, y Manu anote más y mejor con él en pista, su capacidad de crear pérdidas y confusión desorienta a los equipos rivales. Sume a los partidos en su propio caos y a base de incertidumbre ha logrado desarmar la consistencia de récord de los de Popovich. Es imposible prepararse con y contra él, a ambos lados de la pista, porque es imprevisible. Ha cambiado la cultura defensiva en Memphis, que son el equipo que lideró la Liga en perdidas creadas al rival durante la temporada regular, con sus 1.8 robos por partido a la cabeza del equipo.

No sabemos quién fue el MVP de anoche en Memphis. Muchos para elegir. Pero por simpatía, aquí nos quedamos con el único que parece no saber que va a hacer cuando le llega el balón. Tal vez, ni lo sepa aún después de haberlo hecho. Truco o trato.

Y una reflexión final. Jugando al «Qué hubiera pasado», Tony Allen es el jugador que cambiaría todo el escenario de estas eliminatorias por el título en un universo paralelo. Si hubiera renovado con los Celtics, no solo los Grizzlies probablemente no estarían dando el finiquito a los Spurs, sino que tal vez, en Boston no hubieran sentido la presión de fichar a un jugador de perímetro, y Perkins seguiría en Massachusetts en vez de Oklahoma. Lo que estamos viendo ahora, y lo que queda por llegar, estaría patas arriba.

The Closer

En el béisbol, la figura del closer (o cerrador, como dicen en Latinoamérica y prefieren las agencias de prensa aquí en España), el pitcher que sacan los equipos en la novena y última entrada de los partidos apretados para eliminar a los 3 últimos jugadores e irse a casa con la victoria, ha tomado una relevancia casi mística, gracias, en parte a nombres como los de Eric Gagne o Mariano Rivera.

Y en otra buena parte, al márketing asociado a la palabra. Repítanla para sus adentros. The Closer. Suena al nombre del héroe de una película de acción. O incluso el del villano indestructible. Suena al especialista que ante un enorme problema, aparece y lo resuelve de manera instantánea y plúmbea.

La palabra tiene halo porque se aprovecha del énfasis que ponemos en el final de las cosas, la gloria del vencedor, la importancia del último tiro. Y cada vez se usa más y más en los corrillos baloncestísticos. Nos encanta pensar en el último tiro. Con el reloj apretando. Y con el mejor jugador, a poder ser. Y no para agrandar una figura, sino para vilipendiar al blanco preferido en la NBA. Anoche, tras la derrota en el cuarto partido contra Philadelphia, otra vez se ponía la maquinaria en marcha. LeBrick (¿LeDrillo? ¿LePiedra? adaptado cutremente al español) se convertía en trending topic en Twitter. Los habituales, con Skip Bayless a la cabeza, se disponían a atizar.

Y sus compañeros lo corroboran La semana pasada, Sports Illustrated dio a conocer los resultados de una encuesta realizada entre 166 jugadores de la NBA, para conocer a quien quieren ver tirando el último balón del partido. Kobe Bryant domina con un 74% y le sigue Durant con el 8%. Wade, Nowitzki, y Allen también aparecen. LeBron, no. Ni un solo voto al, posiblemente, mejor jugador de la NBA.

La decisión es unánime. LeBron James no es un closer.

Dos preguntas. ¿Seguro? ¿Pasaría algo si no lo fuera?

Empezamos por la segunda. Si el closer se mantiene en el béisbol, no es por su eficacia, ya que la técnica ya ha sido demostrada inútil de manera estadística. Entonces, ¿por qué sigue existiendo esa figura? Es el factor psicológico, el poder identificar a uno de tus jugadores con el momento decisivo, con el final feliz, con el factor añadido, del miedo imbuido en el enemigo. O incluso, en el caso contrario, para poder echar la culpa a alguien.

Pero para que el closer pueda salir a ganar un partido en la novena entrada, sus bateadores tienen que haber conseguido más carreras que las que han permitido sus compañeros de bullpen al equipo contrario. Durante 16 ó 17 entradas disputadas, 9 o más bateadores y por lo menos un lanzador, tienen que haber hecho su trabajo para poder glorificar una noche más a la estrella del rock. Un closer jamás ganará un partido solo.

LeBron James es excelente durante todo el partido. Con los dedos de una mano se pueden contar los jugadores que habrían podido llevar a Miami al segundo puesto en el Este si lo reemplazaran. Si de verdad es un jugador tan horrible en el último minuto, la solución es fácil, su GM se tiene que encargar de rodearlo de jugadores que sí lo sean, que sepan terminar el trabajo en los partidos en los que James no ha sido capaz de dirigir a su equipo con superioridad insultante. Nadie se acordó de estos problemas cuando gracias a él aplastaban a Lakers el día de Navidad. O cuando por fin ganaron, y de 23, a Boston.

Pero, ¿de verdad LeBron James no es un closer? O mejor dicho, ¿existen los closers en baloncesto? Puede que su tiro de larga distancia no sea fiable. Que como muchos creen, en el último minuto no busca la línea por miedo a fallar tiros libres con su porcentaje bajo par. Pero es que, a LeBron, todos los fallos se le cuentan en el «haber», nunca en el «debe», como sucede con otros. Una verdad a medias repetida mil veces, se convierte en dogma de fe, y solo oímos hablar de los fallos de unos y los aciertos de otros.

A Henry Abbott de la ESPN se le ocurrió mirar los números en enero de este año, y viendo todas las situaciones en las que un jugador tiraba a canasta los últimos 24 segundos con su equipo empatado o perdiendo de 1-2 puntos se encontró que en los 15 años, Kobe Bryant es el jugador que más tiros de este tipo ha anotado. Algo fácil cuando has tirado 24 veces más que el siguiente que más lo ha hecho (Vince Carter). Algo feo cuando a pesar de tirar 24 veces más, solo anotaste 5 más que él. Y algo horrible cuando tu porcentaje, un 31.3% se coloca como el 25º de los 30 que han tirado más de 30 tiros. LeBron es el 18. Ray Allen, otro de los elegidos por delante de él en la encuesta realizada, es el 19. Y esto sin tener en cuenta, que olvidando (muchos lo han hecho ya) el periodo de Smushes y Kwames, a Kobe siempre le ha rodeado gente mucho más capaz de quitarle presión, que cualquiera de los Cavaliers a LeBron.

Centrándonos en esta temporada regular, y echando un vistazo a las estadísticas publicadas por 82games.com que resumen el comportamiento de los jugadores cuando quedan 5 minutos por disputar del partido, y ninguno de los dos equipos se distancian en más de 5 puntos en el marcador, lo que podríamos llamar minutos decisivos, cuando aparece el gen clutch, hay empate técnico entre el Yin James y el Yang Bryant.

Kobe promedia 49.8 puntos cada 48 minutos decisivos por los 45.1 de James, pero LeBron tira menos, y lo hace de manera bastante más eficiente (0.6029 sobre 0.5391 en True Shooting %). James utiliza menos a sus compañeros, tanto como para crearse su propio tiro (un 23% de sus canastas en ese periodo son asistidas, ante un 27% para Bryant) como para pasarles (4.9 asistencias LBJ, 7.6 KB por 48 minutos decisivos). A cambio, rebotea mejor, tapona más y la pierde menos. Con LeBron en estos minutos, su equipo ha sido mejor que el rival por 0.33 puntos cada 5 minutos, y con Kobe 0.27. Y quedándonos en esta misma noche, la actuación de Kobe al final también ha dejado que desear. 0-3 en tiros de campo, 1-2 en tiros libres, solo 1 punto en los 5 últimos minutos. A la vista de estos números, ¿alguien puede decirme, realmente, por qué Kobe es indiscutible como el más decisivo y LeBron un paria?

No os voy a engañar, yo también me quedaría con Kobe al final de un partido. O incluso con Carmelo, el gran olvidado en el imaginario, pero rey en las estadísticas de este estilo. Incluso, ni siquiera lo eligiría a él en su equipo, sino a Wade. Pero es solo por sensaciones, por la confianza que me da, porque tengo mejores recuerdos de ellos. Pero basta con echar un vistazo a los números, para darnos cuenta que la percepción, y los ecos de lo que retumba en los medios de comunicación, a veces nos engañan.

Casi todos los jugadores NBA se comportan en los minutos finales de forma similar al resto del partido, pese a que no queramos creerlo. Por cada triple heroico sobre la bocina del que recordamos, hay dos fallos en partidos que no se guardan en el recuerdo, y que lo estampan contra el porcentaje medio de tiro del jugador. Michael Jordan, el jugador que a todos nos viene a la cabeza como infalible con el tiro ganador, anoto 33 de 58 intentos, un increible 56.9%, pero un aumento poco significativo sobre los 29 que hubiera anotado de haberse cumplido el promedio de su carrera. El mejor closer de la historia, apenas es un poco más efectivo que en el resto del partido.

Pero por algún extraño fenómeno, miramos con desconsuelo a LeBron por entrar tibiamente a canasta en una zona donde acierta el 72.1% de sus tiros, al mismo tiempo que pensamos que un tiro de tres de Kobe, de esos que solo mete un 32.3% de las veces en condiciones normales, con dificultad añadida, va a ser la panacea. Y la realidad es que un tiro final es como cualquier otro tiro. La aleatoriedad manda. Diantres, pero si Zach Randolph, con su etiqueta de ilustre perdedor habitual y de tirador de triples pútrido, metió uno en el momento más decisivo este sábado.

Pero nos encanta ver mitos y heroes caídos, recordar los desenlaces y revisitar la historia. Le hemos dado un rol especial al pitcher que sola y exclusivamente sale en la novena entrada con atronadora música de fondo, a pesar de que lo más inteligente sea sacar a ese jugador al campo, quizá antes, quizá después si el emparejamiento es desfavorable. Nos gusta más como suena The Closer, que el antiguo término que se usaba para referirse al lanzador final, Fireman (bombero). Y hace un tiempo, decidieron que les gustaba más bombero que, por ejemplo, eso, último lanzador. Si no hay épica, la inventamos. Y que importa que se sustente en algo.

Y por cierto, anoche, Rivera, el closer de los Yankees, el cerrador por excelencia, la deidad de la última entrada, se dejó empatar el partido por Baltimore. Y hace 4 días, en su actuación anterior, hizo lo mismo contra Toronto. Nadie es perfecto.

Que alguien avise a Scariolo

Hoy he podido ver por fin un partido de la serie entre los Thunder y los Nuggets, y la verdad, es que a parte de la gran sorpresa de ver que las cosas van 3-0… ver a Ibaka es una aunténtica delicia.

En los pronósticos que hice en su día, ni por asomo pensaba que la serie entre OKC y Denver iba a ponerse 3-0 para ninguno de los dos, ni por asomo, veía algo mucho más igualado, algo que iba a dar muuucho más juego, pero la verdad es que por unas cosas o por otras, la cosa no está como esperábamos.

El Pepsi Center se llenó hasta la bandera para ver a estos Nuggets post-Melodrama, encarar unos PO ilusionantes, ante el equipo tal vez más ilusionante para todos com0 son los Thunder, pero el gran equipo (lo repito, me gusta mucho el roster de Nuggets) de Denver no supo encarar de buena forma este partido. Gallinari ni se le vió u ni Lawson ni Felton se aprovecharon del día más que gris de Westbrook, algo que no se puede perdonar, porque si de un sitio te van a venir seguro por parte de los Thunder, va a ser de su PG y si no aprovechas su día gris estás muerto.

Tan sólo el juego interior, con un gran Nene y una muy buena aportación de Birdman desde el banquillo, estuvieron a la altura de lo que se esperaba de este 3er partido de la serie.

Por parte de los Thunder, Ibaka destapó el tarro de las esencias con canastas de todos los colores y demostrando que es un portento físico, sus 22 puntos y 16 rebotes fueron una muestra más que ni la llegada de Perkins le hace sombra. Intimida y anota, algo que hoy en día escasea mucho en la liga, algo que le puede hacer (junto con Durant y Westbrook claro) a los Thunder, ser un equipo más y más peligroso conforme vaya avanzando este PO.

Así que lo tengo claro, que alguien avise a Scariolo y le diga que hay que convocarlo YA y por cierto, esto me lleva a otra pregunta… por qué Scariolo sigue siendo seleccionador?

El triple de Gasol

En toda serie de PO los partidos pivotales son claves para todo, tal vez el de anoche en NO es la clave para el despertar de Gasol… y todo gracias a un triple.

Lakers iba a NO con la necesidad de ganar, para volver a tener el factor cancha y para aparcar fantasmas extraños, por su parte los Hornets habían vestido el pabellón de amarillo e iban a jugar con su equipaje alternate, el que pone NOLA, un movimiento algo extraño ya que iban a jugar de amarillo…laker.

Y no se si jugar de amarillo o qué, pero los Hornets salieron nerviosos, tal vez con la presión de saber que este partido era clave para sus aspiraciones en la serie, pero el hecho es que se veía mucho más cómodos a Lakers, que hay que recordar que es uno de los mejores equipos fuera de casa, con un Kobe decidido a aportar y con Artest que quería seguir con la serie seria que está realizando.

Pero mucho de los focos seguían con Pau, el español está haciendo (de momento) unos PO grises, con poca anotación, poco agresivo en ataque y fallando cual escopeta ferial. Ayer sus números fueron a más, con 17 puntos y 10 rebotes, pero sin duda la clave estuvo en un triple, el segundo que mete en toda la temporada, que le dio una confianza brutal. A partir de ese momento, se vio a otro Gasol, se vio a jugador con más hambre, con ganas de tirar, de rebotear, en definitiva, se vio al Gasol que ha estado cerca del 20-10 este año y que es clave para Lakers.

Kobe, sigue haciendo de Kobe y con eso, no hay más que decir.

Por cierto, ayer se vio al Paul de esta temporada, es decir, un jugador que te puede cambiar un partido, pero que no se sabe muy bien por qué, está gris y a veces escondido… esta irregularidad es la que hace que este jugador, con facultades BRUTALES, le falte aún ese pasito para subir un peldaño más…

La cintita de Blake

Segunda noche de Play Offs en el Staples Center, es decir, segunda toma de contacto de Lakers con los PO, pero esta vez con 0-1 en contra algo que nadie esperaba, eso sí, ahora ya con la presencia de Blake… y su cintita.

Todo empezó casi como un calco del otro día, Lakers muy nerviosos, con muchos fallos, mientras que Hornets estaban muy, pero que muy serios tanto en defensa como arriba con un Paul con muchas ganas de mostrarse. Pero hubieron ajustes, Kobe ahora estaba defendiendo a Paul y como en el primer partido Ariza defendía a Kobe, pero se vio que anoche estaba muuuucho más encima. Esto lo notó Kobe, que tuvo uno de esos partidos en que hace pocos números pero suma como el que más.

Todos los focos estaban sobre Gasol, de hecho cada vez que cogía la pelota, se oía un murmullo en el Staples, la gente tenía ganas de Pau, ganas de que el español atacara la canasta, pero Pau volvió a tener uno de esos días… tiene que aparecer y Lakers lo necesita, y más ayer cuando Okafor se cargó con 2 faltas rápidas. Afortunadamente Bynum demostró que las molestias en su rodilla, son sólo eso… molestias y demostró que es la clave en Lakers para el 3er anillo consecutivo.

Pero lo que no pasó en el primer partido fue la aparición de Steve Blake, cintuta jugona amarilla incluida, lo cual ya le da un +3 en jugonismo. A Blake se le unió toda la segunda unidad, los conocidos como Killa B’s que se sumaron a la fiesta de Odom, el cual recibió el premio al Mejor 6o Hombre antes del partido, demostrando que el gran factor de Lakers en estos PO debe ser su banquillo… a parte de su juego interior el cual anuló por completo a unos Hornets donde en el momento que Paul bajó un poco el pistón, ya todo volvió a donde todo el mundo esperaba, tan sólo Ariza, mega motivado, aguantó un poco el tirón.

La cintita de Blake fue la clave, ese toque jugón era para decir: estamos aquí, los jugadores de banquillo vamos a dar el paso adelante y así fue.

El mundo al revés


Tenía muchas ganas de ver algún partido de la serie entre Celtics-Knicks y ayer fue mi estreno en esa serie, eso sí, todo pareció muy raro.

El segundo partido siempre es el partido de los ajustes, como veíamos ayer, lo que no sabía yo es que en esta serie, la más mítica tal vez de las 8 y es que me dio la sensación de que todo iba al revés. El inicio fue un claro exponente de esto que digo, Knicks jugando lento, mientras que Celtics se beneficiaban de los contra-ataques y de ataques rápidos, gracias sobre todo a Rondo. Algo no cuadraba.

Mi cabeza seguía fatal cuando veo que Billups estaba en el banquillo vestido de calle y que Amaré tenía problemas en la espalda y apenas jugaba un rato, en cambio, en los verdes, todos sanotes y bien fuertes… esto normalmente no era también al revés?!?! Así que ahí estaba yo, en el sofá claro, sin saber muy bien lo que estaba viendo… bueno sí, estaba notando como todo el Melodrama estaba teniendo su primera gran prueba de fuego. Los Knicks de Melo, esos Knicks donde todos iban a jugar para él y claro, Carmelo se lució con canastas de todos los colores llegando al final a los 42 puntos, pero poca más ayuda tuvo de una 2a unidad gris… muy gris.

Pero Doc Rivers no es nada tonto y lo hizo fácil, marcaje doble cada vez que Melo tenía la bola, esto con otro equipo hubiera hecho que siempre alguien estuviera libre, pero claro con los Knicks y su banquillo post-trade, deja a una serie de jugadores que rara vez jugarían en algún otro equipo… además a Fields no se le ve tan contento y alegre como antes del trade… cosas raras mías o alguien más lo ve?

Aún así, los Knicks tuvieron el partido ahí y no fue hasta el final, gracias sobre todo al hambre que siempre tiene Garnett que la victoria se quedó en el Garden.

Ahora la serie vuelve… o mejor dicho, los Play Offs vuelven al Madison Square Garden, de donde nunca debieron de salir…

Ahhhhh, se me olvidaba, una cosa no cambió anoche… los árbitros pitando cosas extrañas a favor de Celtics en el Garden, eso siempre sigue igual…

El 6º Hombre: Lamar Odom

14.4 puntos, 8.7 rebotes y 3 asistencias por partido, con un 53% de acierto en tiros de campo.

Esos son los números en temporada regular del #7 de Los Ángeles Lakers, que pasa a engrosar la lista de los mejores sextos hombres de la Liga. Premio merecidísimo que se suma a los dos anillos de campeón de la NBA 2009 y 2010 y al Campeonato del Mundo logrado el pasado verano en Turquía con la selección USA, en el que el ala-pívot tuvo un papel protagonista.

Nacido en Queens, el distrito más grande de la ciudad de New York, comenzó su carrera NBA en Los Ángeles Clippers en el año 99, previo paso por las Universidades de Las Vegas y Rhode Island. Allí permaneció cuatro temporadas con unos promedios de 15 puntos y 7 rebotes hasta que en 2003 fue traspasado a los Miami Heat. En verano de 2004 fue convocado con la selección de su país para disputar las Olimpiadas de Atenas, en las que lograron la medalla de bronce tras Italia (plata) y Argentina (oro).

Un año después, en la temporada 2004-2005, volvió a Los Ángeles, esta vez al hermano mayor, como parte del trato que llevó a Shaquille O’Neal de vuelta al estado de Florida, junto con Brian Grant, Caron Butler y una elección de primera ronda del Draft. Ya en los Lakers, fue mejorando su juego, aunque no lograron clasificarse para los Playoffs de 2005. En 2006 y 2007 sí lo consiguieron, pero no pudieron pasar de 1ª ronda al ser eliminados en ambas ocasiones por los Phoenix Suns de Steve Nash por 4-3 (tras ir ganado la serie 1-3) y 4-1, respectivamente.

A mitad de la temporada 2007-2008 los Lakers se hicieron con los servicios del español Pau Gasol y el panorama cambió radicalmente para el equipo y para Lamar Odom. Las lesiones en la rodilla de Andrew Bynum hicieron que permaneciera en el equipo titular de manera habitual. Por primera vez desde 2004 llegaban a unas Finales NBA, pero la falta de intensidad defensiva les hizo caer ante su enemigo histórico, los Boston Celtics, por 4-2.

Al año siguiente se redimieron alcanzando nuevamente las Finales y arroyando a los Orlando Magic por 4-1, con Bynum lesionado y Gasol y Odom con la difícil papeleta de medirse a Dwight Howard. Era su primer anillo NBA.

Un año después, volvieron a alcanzar las Finales por tercer año consecutivo y una vez más ante Boston. Esta vez la película fue diferente y demostraron que tenían bien aprendida la lección. Ganaron 4-3 en un increíble séptimo partido que pasará a la historia de los enfrentamientos entre estas dos franquicias a lo largo del tiempo. En verano de 2010 fue nuevamente convocado con la selección USA, con la que ganó el Camponato del Mundo celebrado en Turquía.

En la presente temporada, con Bynum recuperado de sus dolencias, ha vuelto a tomar el papel de sexto hombre en la rotación de Phil Jackson, promediando los números que encabezan esta entrada y que le hacen justo merecedor del 6th Man of the Year Award.

Felicidades, Lamar. Ahora a pornerse las pilas en Playoffs.

Ajustes hechos

Mucha gente esperaba el segundo partido de la serie Bulls-Pacers como agua de mayo, teníamos que ver si Bulls ajustaba,… y sí, lo hizo.

De esta serie esperábamos pocos puntos, mucha defensa, muchas faltas y juego poco brillante y nada de eso vimos en el primer partido, más bien todo lo contrario, pero lo de ayer ya fue algo más normal. Pocos puntos, poca brillantez y una igualdad extraña, es decir, esa que sabes que al final se decantará por el mejor.

Pacers tuvo su oportunidad, como en el primer partido, pero la lesión de Collinson truncó todo esto e hizo que hasta el defenestrado TJ Ford tuviera que tomar las riendas del equipo, con triple desde más de medio campo sobre la bocina para igual el partido antes de entrar en el último cuarto.

Pero como el otro día, el 4Q fue territorio de Rose, el cual se estaba limitando a ver y hacer jugar a su equipo (y también perder muuuuuchos balones), volvió a coger las riendas del partido y a decir, aquí estoy yo para acabar con 36 puntos, 6 asistencias y 8 rebotes y con una sensación de dominio aplastante. Korver volvió a surgir con su triplito que sellaba la victoria y poco más.

Esta vez no hubo factor extraño en los Pacers, que fueron los Pacers que todos esperábamos, tal vez muy afectados por la lesión de Collinson a mitad del partido.