PO Desde El Sofá (XI): Los Hornets, cerquita

Los Hornets ganaron su tercer partido consecutivo para ponerse por delante en la serie, y podrán cerrar el pase a segunda ronda ante su público, donde este año han estado formidables.  Es además, la primera victoria en Playoffs fuera de Charlotte de la segunda era (¿se puede llamar así?) de la franquicia.

Pero el resultado final podría haber sido perfectamente otro porque fue el clásico partido de Playoffs lleno de eventos en el último minuto que podrían haber decantado la victoria de un lado o de otro. Recapitulando sólo situaciones límite o decisiones arbitrales: tenemos un triple de Lin pisando, la falta/tapón ilegal que perfectamente podrían haber pitado en la bandeja a la contra que falla Lee, la falta que podrían haber pitado igual de perfectamente en el último tiro de campo de Wade, la posible recuperación del balón de Miami a falta de dos segundos si Wade no toca el balón pisando fuera, el pase en el último suspiro de Hawes para poner el balón final en juego y la falta intencional que podría haber sido pitada sobre Zeller al final y que podría haber extendido quizá un partido que se decidió por dos puntos. Y no hemos hablado de lo improbable del rebote ofensivo y triple de Courtney Lee, la jugada clave del partido. Pero como la abuela no tiene ruedas, no hay bicicleta, sino victoria de Charlotte.

El tramo final estuvo tenso y entretenido, pero el resto fue un gran intercambio de rachas, sobre todo en la primera parte. En varias ocasiones uno y otro equipo llegaron a pasar de la decena de puntos seguidos sin contestación rival, y algunos quintetos de corte defensivo sobre la pista eran incapaces de ver aro ante defensas con muy buena protección del aro, por acumulación en Charlotte, y por individualidades en Miami.

La única constante parecía ser Dwyane Wade, que volvió a jugar otro partido de los del Artículo 3, en el que hizo lo que le dio gana, y el acierto desde el triple, por fin, de los Hornets, que metieron 12 de 24 (4 de 6 en los últimos 8 minutos), encabezados por 3 de 4 de Marvin «Año de contrato» Williams, que está tratando a la Liga como una tragaperras calentita.

Mientras, el otro hombre camino de pegar el sablazo padre, Hassan Whiteside, va perdiendo importancia a medida que avanza la serie. La defensa de Charlotte le dio juego al principio, pero cuando se asentó, le cerro todas las carreras al aro y las posibilidades de alley-oop mandando defensores a la pintura y retando a Miami a encestar lo que ya no les entra. En el otro lado del campo, Jefferson anota con relativa comodidad en el uno contra uno, y no es un factor en la defensa del perímetro. Su presencia intimidatoria permite a Miami tener más efectivos y más atentos a la defensa del triple que un equipo normal, pero cuando los Hornets son capaces de anotar pese a la oposición, su contribución queda en nada.

Es de destacar que Charlotte mantuvo el quinteto titular de las dos victorias anteriores pese al regreso de Batum, pero estuvieron en negativo, así que en el tramo final, Clifford decidió cerrar el partido con el quinteto que de verdad le gusta, el que empezó la andadura en Playoffs. Sin Jefferson ni Kaminsky. Y así disputó el final salvo por la entrada de Lin por un Batum todavía renqueante.

Por parte de Spoelstra, se atrevió  a jugársela con el novato Josh Richardson en lugar de Dragic, y pese al buen hacer en líneas generales de este, un calamitoso airball en un triple en la penúltima posesión le podría costar la confianza de su entrenador para los momentos más calientes. Aunque Dragic, taponado por Walker en la última posesión, tampoco es que inspirara mucha confianza anoche.

La serie vuelve mañana viernes a Charlotte, y los Hornets podrían cerrarla. Lo que sería una pena, porque está bonita… ¡y necesitamos GAME 7!

Sofi del día: Siempre me resultan curiosos los partidos de equipajes blanco contra negro, porque parecen una especie de lucha del bien contra el mal. En estos Playoffs además nos estamos hinchando, ya que ha coincidido en cinco de las ocho series, pero en ninguna como en esta: la negrura y lo poco habitual del equipaje de los Hornets hace el contraste aún más especial. Si este enfrentamiento cuenta, el mal va por delante.

PO Desde El Sofá (IX): Gracias por venir

Estamos en tiempo de playoffs y como es ya habitual en La Crónica Desde El Sofá cada día tendréis una pequeña crónica de lo que hemos visto la noche anterior (o probablemente durante el día tranquilamente) y al final, el Sofi diario…

OKC ya está en semis de Conferencia, camino de San Antonio, y los Mavericks, a regañadientes, por fin pueden disfrutar de descanso e irse todos a operar tras una temporada que ha parecido un ejercicio sádico de hasta dónde se pueden arrastrar las lesiones. Anoche se quedaban fuera Williams, Lee y Mejri, y la movilidad de Matthews fue horrible (y eso que se supone que era el más sano del grupo). No pudieron parar a los Thunder en toda la noche, pero al menos se encargaron de que no dejaran de sentir su aliento hasta el final.

Con un Shakespeare Arena con la energía (y las MILF’s) de las grandes ocasiones, los jugadores de los Thunder, que no necesitan demasiado ya de por sí, salieron con el pedal en el acelerador desde el principio, y no lo levantaron hasta el final. Empezaron atacando por dentro, con Steven Adams haciendo mucho daño en la pintura contra Powell, y poco a poco el papel protagonista pasó a Durant, para que lo acabara recogiendo Westbrook, que quizá estaba un pelín motivado con las palabras que le dedicó Mark Cuban.

El partido fue 100% Conferencia Oeste, un tiroteo, una huida constante hacia delante, que enfrentó a un equipo que jugó con rabia y con ira (los Thunder, más cabreados que nunca) a otro que quería frenar el partido pero no podía. OKC estableció el juego interior, y después, cuando Dallas se acurrucó cerca de la pintura para protegerse, bombardeó con éxito desde fuera, con un Westbrook muy efectivo tras bote en la media distancia.

Los Mavericks fueron escarbando puntos de donde podían, y ayer cargaron más su juego en los hombres altos: si pudieron seguir el ritmo fue por la excelencia de Dirk, el oportunismo de Powell en los tableros y la lectura de juego de Pachulia, haciendo pagar las faltas de atención de la defensa de OKC. Pero tras ponerse a tan solo 4 puntos (tras manejar distancias en la decena la mayor parte del partido) a falta de poco más de 4 minutos para el final con un triple de Dirk, quién sino, un rebote en ataque providencial de Roberson tras una posesión Thunder que casi resulta ahogada por el reloj, y los cambios en defensa de OKC pusieron la puntilla a unos Mavs que anotarían 1 puntito nada más en el resto del partido, entregando la cuchara con dignidad en el cómputo global, pero sin brillo final.

Si buscásemos buenas noticias en el epílogo de Dallas, además del bienestar mental que da saber que tu organización es seria, competente, y quedará en buen estado pase lo que pase, las encontraríamos en el buen partido y carácter de su novato Justin Anderson, que con un poco de suerte y algo más de mano puede como mínimo hacer carrera como secundario 3&D, y en la cuerda que todavía le queda a Dirk. Y el futuro ya se escribirá solo.

De OKC volveremos a hablar.

Sofi del día: Cameron Payne, que por fin salió un poco de la perrera de Donovan, se ha convertido en un animador de élite con sus bailes y cucamonas varias. Cuando un jugador de OKC salía a la contra con todo el campo por delante para matar, la realización de TV estaba casi más pendiente de lo que fuera a pasar con Payne, que en el aro. La cámara lo adora, y él devuelve el amor.

Demos gracias por los Rockets

harden

La imagen del partido era Harden, tumbado, viendo a su equipo avasallado ante su propio público como el que disfruta de una piscina de un verano. La del anterior, la poca alegría de todo el banquillo cuando el propio James anotaba la canasta a la postre ganadora.

Menos mal que estos Rockets entraron en Playoffs. Menos mal que tenemos dentro a un equipo que no trabaja, que no se ayuda, que no se aguanta, y que posiblemente no se guste a sí mismo. Porque son el equipo más real, el más humano. Los únicos de carne y hueso. No eran necesarios en estos Playoffs, eran imprescindibles.

Porque siempre hay que tener un diana fácil, un pañuelo cerca en el que poder sonarnos nuestra superioridad moral, en el que ver nuestras miserias reflejadas entre tanta grandeza. El blanco perfecto para poder pensar por un momento que somos un poco menos mierdas. Y para poder sentirnos como dioses, omnipotentes, decidiendo lo que tienen que pensar y sentir. Nosotros sabemos cómo deben reaccionar mejor que ellos.

No hay nada que reprochar a Dallas, Memphis, Detroit o Utah si estuvieran aquí. Equipos lastimados o que han llegado demasiado pronto. Los Raptors nunca han importando tanto como para poder preocuparnos por ellos. Si no fuera por los Rockets, tendríamos que dirigir nuestra ira hacia algún pívot descarriado en la línea de tiros libres, pero ir a por un solo jugador, acaba pareciendo linchamiento.

En Houston, por el contrario, hay donde elegir. Podemos apuntar a cualquier lado, ir a lo individual o a lo colectivo. Son la banda de villanos perfecta, un compendio de todos los pecados: los capitales, los veniales y los mortales. Y en el que más destacan es en la desidia, aquel en el que más nos gusta creer que nosotros jamás caeríamos desde nuestro hueco del sofá. No tenemos los genes o las oportunidades que ellos han tenido para vivir del baloncesto. Pero el esfuerzo y el sacrificio, si estuviéramos ahí, cobrando lo que cobran, nunca jamás nos faltaría. O eso queremos creer. Nótese la puntilla del dinero, que lo dice todo… de ti, no de ellos.

Por eso los Rockets han sido más que necesarios, pero deberían perder en el quinto partido, y de paliza a ser posible. Y si esa misma noche los de TMZ pillan a un par de jugadores saliendo a trompicones de una megadiscoteca de Las Vegas, mejor. Necesitamos nuestra ración de la erótica de la decepción, para darnos un festín lo más pronto posible, no vaya a ser que podamos ser felices un rato por el camino.

Pero al final el odio sólo se alimenta con odio, y vamos a necesitar más y mejor. La debacle de los Rockets sabrá a poco, y no atenderemos a trayectorias o razones para calmar nuestra sed. Siempre tendremos otra nueva pieza en escena a tiro, hasta que acabemos vomitando nuestro rencor de imbécil digital sobre quien no se lo merezca, pero simplemente pase por allí. Houston sólo es el aperitivo.

Por eso, demos gracias por los Rockets. O quizá no.

PO Desde El Sofá (VII): Tenemos serie

Estamos en tiempo de playoffs y como es ya habitual en La Crónica Desde El Sofá cada día tendréis una pequeña crónica de lo que hemos visto la noche anterior (o probablemente durante el día tranquilamente) y al final, el Sofi diario…

El primer partido les pilló por sorpresa que los Clippers volvieran a su vieja defensa, y les quitaran el balón de las manos a sus exteriores. En el segundo, estuvieron preparados para ello, pero no hicieron las jugadas ni metieron los tiros suficientes. En el tercero, y con esa electricidad que siempre te aporta volver a casa en Playoffs, por fin el ataque de los Blazers volvió a las series, y Lillard y McCollum metieron 59 puntos entre los dos, ayudados por un Plumlee que brilló en su papel de intermediario con 6 puntos, 9 asistencias y 21 rebotes, y Harkless, que tuvo más éxito con esa hercúlea tarea que es defender a Paul, y castigó a los Clippers con incursiones por línea de fondo, viendo que a triples no va a poder ser.

Como Boston y Charlotte antes que ellos, si querían mantener opciones de llegar a segunda ronda, este partido era indispensable, y han hecho su trabajo. Stotts volvió a darle la opción a Lillard de anotar desde el bloqueo y continuación como lo ha hecho toda la temporada, y no tanto sin balón o con esas triquiñuelas que ya te enseñamos en Twitter, y al primer intento, primer triple sobre Griffin, tras poner el bloqueo directo un poco más lejos de lo normal, y provocar un momento de duda en Blake de hasta dónde salir a su encuentro. Como la cosa funcionaba tanto para el como para McCollum, que recibió antes del partido el premio a «Jugador más mejorado» de la temporada, no tuvieron que darle muchas vueltas al coco, sólo soltar el balón a Plumlee cuando la presión era imbatible, y confiar en que el pívot tomara buenas decisiones.

Por su parte, los Clippers estuvieron estancados, individualistas, muy mal desde la línea de 3, donde se nota que Redick no está al 100%, con problemas en el talón, sólo tienen fogonazos de Blake Griffin, y encontraron mucha menos ayuda del banquillo que en el resto de la serie. DeAndre Jordan hizo un buen trabajo en defensa, donde continuó poniendo las cosas difíciles a los exteriores de Portland, pero en ataque, pese a los rebotes ofensivos que cogió, y algún que otro alley-oop, Plumlee apenas le defendió, aprovechando para esperarle en la pintura, y utilizaron un par de veces los tiros libres en su contra (3/10 en el partido), sacándole de la pista a finales del tercer cuarto y manteniéndole fuera hasta que quedaba menos de la mitad del último. Igual fue sencillamente una decisión basada en otros motivos de Doc, pero imposible pensar que las faltas intencionadas no tuvieron algo que ver.

La historia más importante del cuarto partido será ver si los Clippers recuperan el acierto en las suspensiones, ya que los Blazers estuvieron demasiado cómodos para haber sido tan conservadores. Y eso seguramente necesite de más movimiento de balón, para confundir y desequilibrar los cambios en defensa, y poder abrir la autopista al aro para Jordan. Doc intentó inyectar algo de vida en la recta final poniendo a Griffin como 5, pero los Blazers sacaron a Blake de la pintura con unas trenzas de pases en las que los Clippers tuvieron que cambiar, y Portland aprovechó para coger un par de rebotes en ataque que obligaron a Rivers a abortar el experimento inmediatamente (pese al parcial de 6-6). Supongo que en otros partidos podríamos ver esta variante más pronto.

Estad pendientes de esta serie, porque los Blazers ya han llegado, y va a ser lo más interesante del Oeste.

Sofi del día: Stotts, con camisa, corbata, pañuelo y calcetines púrpuras en honor al reciéntemente fallecido en cuerpo, pero no en alma, Prince. Los caminos del funk son inescrutables.

Sofi del día bonus: El partido además tuvo un extra para ver desde el sofá que es la mejor pareja de comentaristas en esta primera ronda de Playoffs: Mark Jones y Doris Burke. Pero manejan perfectamente la información táctica, la personal, y el entretenimiento, y lo hacen, por supuesto, sin bufonadas. Ahora que Burke ya ha aprendido que no necesita demostrarnos lo muchísimo que sabe cada jugada quedando por encima del analista titular, es la pareja más completa. No tienen la experiencia real de Hubie, el swag de Marv Albert o la presencia por encima de todo de JVG, pero sales contento de sus retransmisiones y no les puedes poner un peor. Sólo llevan dos partidos si no recuerdo mal y no me he perdido nada, y a medida que el número de partidos descienda será más difícil verles, una pena, por lo que habrá que aprovechar las oportunidades que nos queden.

PO Desde El Sofá (VI): Thomas al rescate

Estamos en tiempo de playoffs y como es ya habitual en La Crónica Desde El Sofá cada día tendréis una pequeña crónica de lo que hemos visto la noche anterior (o probablemente durante el día tranquilamente) y al final, el Sofi diario…

Tras todo un partido sufriendo con la protección del aro, los Celtics la encontraron en los momentos más decisivos en el lugar más inesperado: sus locos bajitos.

Isaiah Thomas (que acabó con 42 puntazos, anotando en todo tipo de situaciones) y Marcus Smart, detuvieron en los minutos finales bandejas de MillsapHorford respectivamente, en jugadas que acabaron en puntos a la contra en la otra canasta para Boston, y permitieron abrir un pequeño hueco que Atlanta ya no rebajaría hasta acabar con un 111-103 final, que mantiene viva la que pinta como serie más interesante de esta primera ronda.

Tras los problemas con los inicios de partido que se remontan a los últimos partidos de la Temporada Regular, los Celtics esta vez sí salieron como un tiro con los dos cambios en el quinteto titular: dentro Turner y Jerebko por Smart (que cubría la baja de Bradley a su vez) y Sullinger, que contribuyeron con triples en los primeros minutos de tromba céltica.

El acierto desde el perímetro de Boston y las faltas de Korver dejaron a ATL sin respuesta, en el limbo, hasta que les dio vida Schröder, que descubrió que el equipo de Stevens no tenía respuesta a sus penetraciones, y además, espoleó a un equipo adormilado tratando de meterse en la cabeza de Thomas con marrullerías, aunque no lo consiguiera.

Ese pasaje del encuentro en el segundo cuarto, el único en el que los Hawks trataron de aprovechar la ventaja en el poste bajo con Horford, fue lo que impidió que se rompiera el partido, pero los Hawks no cerrarían una ventaja que llegó casi a la veintena hasta finales del tercero.

Los Celtics empezaron muy bien la segunda parte con su nuevo quinteto titular con un parcial de 7-0, pero tras el tiempo muerto de Budenholzer, Atlanta comenzó a ganar terreno hasta hacer desaparecer la ventaja, con triples de Korver, penetraciones de Playoff Teague, y un ambicioso Bazemore, que lideró a Atlanta en posesiones de tiro. A los Celtics se les secó el tiro exterior, que tuvieron disponible toda la noche ante unos Hawks parapetados en la pintura, y vuelta a empezar de cero en el cuarto.

Los Hawks lograron meterse en el partido, pero seguían sin involucrar en ataque a Horford ni a Millsap (mientras en el otro lado, curiosamente, sí lo conseguía Amir Johnson), y el último cuarto se mantuvo en un ritmo alocado en el que el jugador que mejor se lo pasa es el más bajito. Sólo los árbitros podían parar a dos equipos con ganas de correr, con los repetidos parones para revisar faltas flagrantes, que acabaron siendo insufribles. Y todo por poner un estándar demasiado bajo en un partido que fue tenso, como todos aquellos igualados de Playoffs, pero al que hicieron parecer más bronco de lo que en realidad fue.

En la recta final, tras una bonita sesión de intercambio de triples entre los dos equipos, Atlanta empezó a fallar en las proximidades del aro, con las acciones providenciales de Thomas y Smart ya comentadas de por medio, y los Celtics se encontraron con una pequeña ventaja que la ansiedad de Atlanta se empeñó en proteger. Un triple tras bote en un aclarado y un robo poco después del mejor de la noche, pondrían la puntilla, y evitaron que los Celtics cayeran en ese hoyo del 0-3 del que nadie ha podido salir.

Primera victoria de Brad Stevens, Isaiah Thomas o Marcus Smart en Playoffs, y el futuro nos dirá si de muchas. Por lo pronto, tengo el presentimiento que esta no será la última de las crónicas dedicadas a la serie.

Sofi del día: Conozco la NBA demasiado bien como para atreverme a decir que el número 17 recortado y dorado en la nuca de Schröder va a ser indiscutiblemente el peor numerito capilar de los Playoffs, pero hace falta cierto valor para plantarse precisamente en Boston, con un número tan icónico detrás de tu cabeza. Entre unas cosas y otras, normal que le cayeran tantos pitos.

 

PO Desde El Sofá (III): Escape de Absolom

Estamos en tiempo de playoffs y como es ya habitual en La Crónica Desde El Sofá cada día tendréis una pequeña crónica de lo que hemos visto la noche anterior (o probablemente durante el día tranquilamente) y al final, el Sofi diario…

El partido se decidió por un tiempo infinitésimo pero la victoria cuenta entera para Dallas, que podrá volver a buscar esta temporada el fantasma que se aloja en el Skirvin de Oklahoma City al menos una vez más. Y a eso se suma que en los reinos de Mark Cuban tendrán el placer de recibir a Juan Verdú, que os contará desde el sofá pabellón cómo avanza esta serie desde dentro. Todo buenas noticias para ellos. Y vosotros.

Los Mavs salieron victoriosos y entre algodones en uno de los peores partidos jamás de Kevin Durant, y por extensión de todo el equipo. Quizá la facilidad con la que despecharon a Dallas en el primer partido, y la falta de recursos del equipo texano les hizo confiarse, y jugar de esa manera descuidada y egoísta que recordamos al pensar en los peores partidos de la era Scott Brooks.

Sin Barea ni Lee por lesión, con Deron Williams cojeando y fuera desde mediados del tercer cuarto, Wesley Matthews con el freno de mano puesto y Nowitzki lejos del pico de forma que alcanzó en marzo (y después nos enteramos que jugando con dolores por una contusión tempranera en la rodilla), los Mavericks ganaron un partido de Playoffs en 2016 a domicilio liderados física y espiritualmente por Raymond Felton. Pese a que falló los dos tiros libres en los segundos finales que casi les cuestan el disgusto, el base cuajó una gran actuación que le requirió mandar como director y anotador en ataque, cargar los tableros como si fuera un ala,  lidiar con la más fea en defensa, viéndose emparejado en muchas ocasiones con KD (y saliendo indemne de la gran mayoría de ellas) e incluso jugarse los balones finales tras 41 minutazos en pista. No fue bonito, pero sirvió para ganar.

Por parte de los Thunder, Kevin Durant estuvo fuera del partido desde el principio, cuando empezó fallando canastas que habitualmente anota, sin ser capaz de aprovechar los emparejamientos ventajosos que encontraba frente a Felton o Harris, y desquiciado él solito con un arbitraje que no consideraba digno. Nunca falló tantos tiros en un partido de Playoffs (7 de 33), y estuvo impaciente y atropellado, cosa que fue a peor a medida que avanzó el partido.

Ni él ni Westbrook encontraron mucha ayuda de sus compañeros, pero tampoco se preocuparon de buscarla. Partiendo de que Donovan tampoco ha sido capaz de lograr un quinteto en el que todos participen y la suma sea mayor que el total de las partes, se echaron de menos ayer cosas que sí estaban más o menos integradas y en las que han ido a más durante el año como los bloqueo y continuación con Steven Adams, al que ayer sólo utilizaron como martillo pilón en el tablero de ataque. Y no fue una cuestión de verse sorprendidos por Dallas, y tener que remar nerviosos desde atrás: el partido estuvo igualadísimo en todo momento, controlado a la espera de la posibilidad de abrir brecha. Pero desde el salto inicial apostaron por jugadas con muy poca elaboración y sin colaboración apenas de los secundarios, y en los minutos finales, esa dinámica sólo fue a peor. Si a eso le añadimos que por fatiga o exceso de confianza, ambas estrellas decidieron dejar de defender cuando lograron una mini-ventaja en la recta final que Dallas apagó, su actuación de anoche no les deja en muy buen lugar.

Por supuesto que los Mavs y Carlisle merecen crédito, pero es inevitable pensar en primer lugar que OKC no castigó todo lo que debería a un equipo tan pequeño y magullado como Dallas. No se arrugaron, y plantearon un partido físico pese a tener medio equipo en la enfermería o pendiente de entrar, y aprovecharon la falta de movimiento y de espaciado en el ataque de OKC para poblar la zona lo más posible. Además, estuvieron muy atentos para salir en transición cuando OKC cargaba y no recogía el rebote de ataque, pudiendo conseguir muchos puntos «fáciles» sin necesidad de forzar pérdidas.

Al mismo tiempo, estuvieron atentos de que OKC no les pagara con la misma moneda, comprometiéndose en la defensa de las contras, y sacrificando emparejamientos a cambio de poner un hombre delante del balón lo antes posible, aprovechando que hay varios jugadores en pista a los que saben positivamente que OKC nunca va a pensar en involucrar. Los Mavs tuvieron siempre tres bases-escoltas en pista (dos de Williams, Felton, Harris, junto a Matthews o el novato Justin Anderson) lo que les permitía que al menos un bajito siempre encontrara a Westbrook, al menos para parar el primer impulso, y así lo único que concedieron fue altura lejos del aro frente a un Durant que ayer no estaba preparado para aprovecharla. Una vez embotellados a media pista, orden, esfuerzo, y atención a los buenos, no les hizo falta mucho más. Pero tampoco les sobró ni un segundo.

Seguiremos atentos a esta serie, y el próximo partido, ya sabéis, con Juan desde Dallas. Estad muy atentos.

Sofi del día: Desastrosa la realización de TNT renombrando a Barea como JJ Berea en grafismos (y los comentarios de Brian Anderson me atrevería a decir), sin sonido en las entrevistas a los entrenadores, y perdiendo jugadas para dar repeticiones. En USA también se les cuela algún sapo, y el producto audiovisual de ayer quedó muy desigual.

PO Desde El Sofá (I): Los Raptors vuelven a mearse en la cama

Estamos en tiempo de playoffs y como es ya habitual en La Crónica Desde El Sofá cada día tendréis una pequeña crónica de lo que hemos visto la noche anterior (o probablemente durante el día tranquilamente) y al final, el Sofi diario…

Como ya es tradición en el mes de abril, al igual que el día de los Inocentes anglosajón, o el regalar un libro o una rosa, Toronto abría los Playoffs en horario matutino… y lo hacía con derrota. Tercer año consecutivo que Casey y los suyos dejan a todos los fans del Air Canada Centre (y los muchos que esperan fuera en el Jurassic Park) cual niñas decepcionadas al enterarse de que su ídolo adolescente ya convertido en adulto les cancela un concierto de la gira en sus morros.

Esta vez eran más favoritos que nunca: segundos en el Este, mejor récord de la franquicia en su historia, dos All-Star por primera vez, Paul Pierce no estaba enfrente para comerles la moral, Kyle Lowry nunca había estado tan delgado (vamos por el noveno mes de la cantinela Skinny Lowry ya), en verano habían llegado veteranos con experiencia en campeonar… pero dio igual. Los Pacers, liderados por Paul George, aguantaron a rueda todo el partido, y demarraron al final para ganar incluso con comodidad y sin agobios.

Este año parecía el bueno, aquel en el que por primera vez, tras ocho intentos, Toronto ganaba en su primer partido en Playoffs, y el comienzo del partido así lo presagiaba. En tres minutos de partido estaban en el bonus, Mahinmi sentado con dos faltas, y el ataque de Indiana lucía tan inoperante como es habitual con Lavoy Allen en el quinteto titular. Estaba todo de cara para lanzar el partido, pero sólo Valanciunas, que dominó al novato Myles Turner y cogió todo rebote disponible (8 puntos y 9 capturas en el primer cuarto) dio la cara entre los titulares de Toronto. Pero como en los viejos y malos tiempos, se fueron olvidando de él según avanzó el partido, y los problemas de faltas (acabó eliminado con 6) le fueron convirtiendo en invisible según pasaban los minutos.

En el segundo cuarto y gracias a su potente banquillo, los Raptors abrieron un poco de hueco con Joseph y Patterson (llegó a ocho puntos la ventaja) pero Indiana, sin Mahinmi que se volvía a retirar con la 3ª, jugó más rápido y pequeño, y con triples de Miles y Ellis cerró la diferencia antes del descanso.

La segunda parte, sólo tuvo un nombre propio: Paul George. Tras no participar mucho en ataque en la primera mitad, preocupándose más de tener controlado a DeRozan, explotó con 17 puntos en el tercer cuarto, e Indiana comenzó a tomar sus primeras ventajas. La perdieron al mandar a George al banco (y podría haber sido peor de no ser por el poco habitual Solomon Hill, que percutió con penetración la pintura Raptors, sacando faltas muy importantes), pero cuando volvió a 7:49 para el final, la volvió a recuperar casi el solito. En el tercer cuarto hizo un destrozo a los Raptors con suspensiones y triples, y esto le permitió poder establecerse en el poste en el último periodo, desde donde anotó y distribuyó a todo aquel que cortara hacia el aro con precisión ganadora. Acabó con 33 puntos en 25 posesiones de tiro y 6 asistencias, mientras que su par, DeMar DeRozan, añadía un 5/19 a su legendaria historia en Playoffs.

George jugó como el All-NBA que ha sido durante largos tramos de la temporada, y fue claramente el mejor sobre la pista. En Indiana lo van a necesitar porque no pueden confiar mucho en nadie más en ataque (Ellis ya está en declive, Lawson ni te cuento), y han tenido una noche prácticamente perfecta desde la línea de tres (11 de 21, 52.4%), que no se repetirá con regularidad. La mejor noticia es que hayan sido capaces de sacar esta victoria, utilizando a su líder menos de 38 minutos.

Por parte de Toronto es fácil pensar que esto es una pesadilla que no volverá a suceder, que sus dos All-Star no volverán a marcarse un 8 de 32 más 9 pérdidas, y que podrán utilizar más de 20 minutos a un Valanciunas que parece una clarísima ventaja en esta eliminatoria. Joseph, Patterson y Biyombo son jugadores que puedes poner en pista en Playoffs, y poco a poco van recuperando a Carroll, sin necesidad de prisas, ya que el novato Norman Powell cumplió con su papel. Pero ya llevamos dos años (especialmente el anterior) viviendo algo parecido, y la cosa no fue a mejor. Esta derrota tiene que haber sido un jarro de agua fría y si hay un equipo al que le iba a sentar mal entregar el G1, ese era Toronto.

Necesitan inventar algo contra Paul George, sobre todo cuando Indiana está sin un segundo hombre alto, con Miles o Solomon Hill o el propio George en ese papel, que es cuando no pueden mandar un hombre extra sin preocupación. Y tienen que evitar caer en los (no tan) viejos vicios de baloncesto de aclarados cuando las cosas se ponen cuesta arriba.

Por parte de Indiana, repetir el guión sería suficiente. Los Raptors deberían mejorar en ataque, pero los Pacers también pueden contar con más minutos de su pilar en defensa, Mahinmi, y con Carroll fuera de forma, saben que nadie en Toronto puede defender uno contra uno a George. Tienen que estar preparados para que el hombre de PG reciba ayudas, pero ya se vio en el tramo final del partido que ya han pensado en ello. Y a diferencia de Toronto, presión ninguna, todo lo que consigan sería bienvenido. Están en manos de un solo hombre, pero pueden estar tranquilos. Como se le ha oído decir por el micro que la tele les planta para darnos un par de pildoritas por partido, I got us!

Ya veremos si hay sorpresa o no.

El sofi del día: El equipo de márketing de los Raptors regaló anoche camisetas de cuatro modelos para crear un patrón de «camuflaje» en el público (que se ve mucho mejor en la teoría en sillas, que en la práctica, puestas en gente), y hay un par de diseños curiosos. Por un lado la zapatilla dinosaurio, que mola mil, y por el otro, la hoja de arce canadiense peleona, que, ummm, vista de lejos parece otra cosa.

CgK-0qPWwAAjHBW

 

Muerte al hack

Con el ‘hack-a-whoever‘ en máximos históricos y acercándonos a uno de esos fines de semana en los que el parón en la acción reúne a todo aquel que manda un poco en la NBA en un mismo sitio, vuelve a ser motivo de debate el cambio o no cambio de la regulación de faltas intencionadas sobre los pobres lanzadores de tiros libres.

Aquí lo tengo tan claro como irrelevante es mi opinión. Es tiempo de prohibirlo. Más bien, es tiempo de que cometer faltas deje de ser rentable.

Como en toda cosa importante, lo mejor es empezar por el principio. ¿Qué es el tiro libre? El mecanismo por el cual se trata de castigar a un equipo por cometer una infracción. Su único propósito es ese, y no más. Aunque esté ahí casi desde que Naismith inventase el deporte y su profundo arraigo lo haga intocable para la mayoría, no podemos perder de vista cuál es la finalidad por la que se utiliza. Ni dejar de recordar que en el fondo es una convención, elegida como pudo haberlo sido cualquier otra, y susceptible de ser cambiada.

Y ¿cuál es el problema? Que esa finalidad no se cumple porque hay jugadores que no son capaces de capitalizar esas oportunidades de anotar dos puntos desde la línea, y por tanto, los equipos rivales lo utilizan como una ventaja a su favor de la que hacer repetido uso, pervirtiendo por completo su única y original finalidad.

Olvidemos el espectáculo, del que ya hablaremos: la falta, que sólo debería ser un escarmiento para el equipo infractor, se ha convertido en una herramienta estratégica. Que por cierto, ya traspasa los límites de aprovecharse de los tiradores con muñecas de madera: no sólo del hack vive la picaresca. Se utiliza en los finales de partido para tratar de crear más opciones de dar la vuelta al marcador, en los últimos segundos de cada cuarto para obtener una posesión extra, para detener contraataques, bandejas, y otras posiciones ventajosas… es un virus que hemos dejado que se extienda por un supuesto caso de justicia: no dar bula a unos pocos jugadores. Y ojo, porque con los ataques cada día más proficientes, ya no son tan pocos. Ahora hombres con un acierto en torno al 60% se convierten también en objetivo, y cada día que pasa se incrementa la lista de afectados.

Y esa es la clave. Utilizar una falta para obtener una ventaja, parando además el desarrollo libre de la acción, es mucho menos respetuoso con el espíritu de un juego colectivo como el baloncesto, que no meter tus tiros libres, acción, además, puramente individual.

Decidimos seguir reincidiendo en conceder una ventaja al infractor, antes de plantearnos otorgar un simplemente percibido privilegio al agredido, y todo esto, porque allá por finales del siglo XIX, se decidió que la cuantía de la pena a una infracción en el baloncesto, estaría decidida por una habilidad concreta de aquel sobre quién se cometía. Esto de condicionar el castigo a los posibles de la víctima, concepto que sería estúpido en Derecho (o por mi bien, eso espero), es lo normal en este mundillo. Pero al contrario de otros deportes en los que las penalizaciones se pueden aprovechar de manera común por el equipo o por sus integrantes más aptos, el baloncesto, obliga al disfrute personal en soledad, convirtiendo en una cuestión de honor el maldito mantra del ‘make your free throws‘. Estamos atrapados en una dinámica en la que es más venerable un tramposo que alguien al que le falta la competencia para desarrollar una de las muchas destrezas que requiere este deporte.

Porque es así, las reglas creadas y reinterpretadas por la mano del hombre han acabado dejando sólo una habilidad en el deporte del baloncesto en la que se exige un mínimo de aptitud a todos sus componentes para poder formar parte del juego (y poder ser un ejemplo para los niños, que nadie piensa en los niños). El acierto en el tiro libre.

Una de las cosas especiales que tiene el baloncesto, es que cada persona es diferente y aporta unas habilidades distintas. Como en casi todos los deportes de equipo, los diversos roles dentro de una plantilla son a la vez seña de identidad y elementos enriquecedores de la experiencia. Se puede ser una estrella en esta Liga sin tener la más mínima capacidad para poner tapones, o para tirar de tres. Hay quien sobrevive en una plantilla sin ser fuerte, ni atlético, ni rápido. Hay millonarios con una inteligencia baloncestística cuestionable y otros que no podrían pasar ni la sal de mesa. ‘Get your rebounds‘ o ‘bring your steals‘ no son frases hechas. Aunque asimilamos la existencia de características personales, hemos decidido, circunstancias de la vida, que va a haber una puntual e imprescindible en la que no vamos a conceder ni el más mínimo pase, el tiro libre. Pese a que para triunfar en el juego colectivo, aquel que se juega entre silbato y silbato, se pueda participar sin tirar jamás a 15 pies de distancia de la canasta.

Para comprobar lo arbitrario de la situación, un experimento. Probad a poneos en situación, imaginad por ejemplo, que desde el principio de los tiempos se hubiese puesto en marcha un sistema como el de las técnicas para todas las faltas, y el encargado de lanzar el tiro libre fuera cada vez un jugador a elegir de todos los que están en pista. Ahora, el comisionado de este mundo alternativo, Silam Adver, propone un cambio al contrario: obligamos a lanzar al jugador sobre el que se comete la falta. ¿Qué creéis que pasaría? Pues sería un sistema duramente criticado, ya que es evidente vaticinar que el número de faltas y el uso de esta como estrategia incrementaría, y los equipos menos deportivos serían los más beneficiados. En la mayoría de deportes, por cierto, se aplica la regla de este modo. Existen los especialistas en penas máximas, y no se espera que todos los jugadores lo sean.

Viendo ejemplos así es curioso como un cambio a favor de la corriente tiene tantos opositores, dispuestos a morir en esa colina, incluso aunque nos fastidie el espectáculo. Porque no hay nadie en su sano juicio, salvo quizá algún advenedizo con tendencias sado que se acerque a la NBA para disfrutar del sufrimiento ajeno, que se lo pueda pasar bien viendo a un equipo interrumpir constantemente el juego para lanzar tiros libres. Es aburrido, es dantesco, convierte los partidos en interminables, y no se parece en nada al baloncesto.

A lo largo de los años se han modificado normas y reglas para hacer el deporte más divertido, que han acabado beneficiando a algún prototipo de jugador más que a otro, y no ha pasado nada, nadie ha muerto, ni ha habido que llevar a David Stern al Tribunal de La Haya. Y para mi gusto personal, encima han dejado a la NBA en una de sus épocas más brillantes y cuquis. El esparcimiento debería ser motivo suficiente para tratar de ponerle coto a esta pantomima.

Porque hay una cosa que está clarísima: no va a parar sola. Los jugadores señalados no pueden mejorar mágicamente de un día para otro, aunque se lo propongan. El «que metan los tiros libres» igual es la mejor de las soluciones, y cabe en 140 caracteres para marcarte la sentencia en Twitter y te sobra espacio para poner un GIF a juego, pero también es la única imposible a corto plazo.

No sólo es cuestión de que yo me lo pase mejor y pierda menos horas de mi vida viendo baloncesto, sino que, sinceramente, creo que además es lo más justo.

Y si te he ganado, o ya venías convencido de casa, ahora viene la segunda parte. ¿Cómo lo arreglamos? Si por mi fuera, modificaría la regla de la manera que propone Henry Abbott, permitiendo a un equipo que recibe una falta cuya recompensa sea tiros libres, declinarlos, y volver a empezar la posesión de cero, con 24 frescos segundos en el reloj de posesión.

No sólo eliminaría potencialmente el Hack-a-Whoever (se quedaría sin incentivos, salvo que algún entrenador proponga detener el juego por detenerlo cada vez que intuya peligro), acabaría también con las faltas intencionadas para obtener una posesión extra a final de cuarto y (profundizamos en nada) con las faltas al final de un partido. Con lo que no podría acabar es con el instinto de hacer falta al obtener el equipo atacante una posición ventajosa, y aquí es donde todavía existiría un pequeño incentivo para detener a aquellos jugadores que tiran peor los tiros libres: si ves a Andre Drummond continuando hacia el aro y te da tiempo llegar a hacerle falta, irás a por él. No se puede tener todo en esta vida, y, en todo caso, la única ventaja estratégica se obtendría dentro del flujo de juego. Y habría que ser cuidadoso haciendo este tipo de faltas: el jugador podría anotar la canasta, convirtiendo el tiro libre en adicional, o el árbitro podría considerar la falta flagrante.

La parte que entiendo que puede ser controvertida de esta solución, es que reduciría al mínimo las faltas en los típicos finales de partido, en los que, a falta de varios segundos, un equipo gana por más de dos posesiones. A mí me parece perfecto, ¿nunca habéis soñado con qué sucedería si en lugar de convertir el final de un partido en un carrusel interminable de faltas, el equipo perseguidor tuviera que ser agresivo en defensa si quiere ganar? ¿No os parecen rutinarios y decadentes esos finales en los que se hacen faltas por el qué dirán, con toda esperanza perdida? Esto ya es una cuestión de gustos, pero yo quiero ver un partido de baloncesto decidido por lo que ocurre en la lucha entre diez participantes, no en la guerra interna de uno solo.

De nuevo, con el ‘make your free throws‘ convertido en un axioma habría mucha gente que sería difícil de convencer. Pero, ¿por qué es mejor para certificar una victoria ver a un jugador solo en la línea que ver a un equipo entero tratando de sacudirse una presión a toda la pista o resolver un dos-contra-uno a uno de sus hombres? Se podrían dar la vuelta al mismo número de partidos (o incluso más), y lo único que habría que perder es el miedo reverencial a que el tiro libre siga siendo elemento diferencial. Cuantos menos haya, los tire quien los tire, mejor.

Porque, plantéatelo. ¿De cuántos tiros libres míticos en la Liga te acuerdas?

Pues eso.