PO Desde El Sofá (XXVIII): Esto lo arreglamos entre todos

El vigente campeón mantiene las posibilidades de revalidar título tras un partido que tuvieron que sacar adelante sin excesiva brillantez, pero echándose todos al hombro al equipo. Todavía les quedan dos victorias más para poder sacudirse esta incómoda situación, y teniendo que volver a Oklahoma City para el siguiente partido, el partido de ayer no es muy halagüeño. Ganaron y jugaron mejor, pero se lo tuvieron que currar mucho y OKC estuvo siempre demasiado cerca.

Kerr decidió no sucumbir a la tentación de cambiar algo de lo que lleva funcionando tantísimo tiempo, y Golden State se plantó en el partido como si nada hubiera pasado en los partidos anteriores. El quinteto de siempre, Curry defendiendo a Westbrook, y los tres primeros tiros intentados, esos buenos malos triples marca de la casa. Nada exótico, ningún cambio de mentalidad, ni de estilo, ni de personal: simplemente intentar hacer lo de siempre, pero esta vez mejor. Prestando quizá más atención al rebote y a la protección del aro, y encomendándose a que Steph y Draymond recuperen el mojo, algo que fue sucediendo según avanzó el partido, cuando Curry pasó de distribuidor a anotador, y Green recuperó su confianza en esas jugadas de lucha (tapones, rebotes, dos más unos) que tanto le encienden.

Según se fue desarrollando el partido vimos que Kerr sí tenía algo pensado, que podríamos considerar especial: se mantendría grande prácticamente el partido entero y no trataría de imponer a su equipo ganar la batalla del ritmo, ante un equipo que puede que sea tan bueno como ellos, o más (gulp!) jugando a eso. Los Warriors salían cuando podían, no cedieron a sus propios instintos, y aunque les restó frescura en ataque, les permitió sostener la defensa durante la contienda. Y en todo momento encontraron alguien en el que apoyarse, ya fuera Klay Thompson en el primer cuarto yendo a la línea, Marreese Speights aka Mo’ Buckets aka Splash Cousin haciendo llover en Oakland, o Andrew Bogut, que consciente de la importancia del encuentro, no tuvo remilgos en mirar al aro cuando la oportunidad era buena. Partidazo el suyo en ambos lados de la pista.

Que ayer era partido de grupo y no de estrellas, lo demuestra el hecho de que tras tres cuartos de no poder quitarse a los Thunder de encima ni con disolvente, la primera ventaja en la decena, que OKC ya no podría cerrar, vino al principio del último cuarto, sin Steph, Klay ni Green en pista, pero sí con Westbrook y Durant. No tiene puto sentido, pero el deporte es así.

Por parte de OKC, tampoco podríamos decir que jugaron un buen partido, salvo por su generosidad en el esfuerzo y su agresividad, y en cierto modo es muy buena noticia que en esas condiciones metieran tanto miedo en el Oracle en un encuentro en el que ellos se jugaban muchísimo menos que Golden State. El ataque volvió a ser KDRuss-céntrico, tras una serie de partidos con mayor democracia, pero se encontraron enfrente a un equipo más grande que en partidos anteriores, y a media pista. Considerando la situación, estuvieron fantásticos y con mucho acierto en suspensiones, lo que les mantuvo en el partido. Sus porcentajes de acierto pueden no parecer gran cosa, pero no tuvieron nada fácil en toda la noche. ¿Que hubo algún momento en el que Westbrook fue Bad Westbrook? Sí, claro, pero ya es 2016, son muchos años ya. Russ es inseparable, afróntalo.

No fue tampoco la noche de los secundarios tras dos rondas casi completas de champín y rosas, ya que sólo Anthony Morrow que aprovechó su cameo para poner puntos donde ponía el ojo, y Andre Tirador por sorpresa Roberson, contribuyeron de manera eficaz al ataque. Ahí seguramente estuvo la diferencia en el partido. Pero aún así, como equipo siguieron acorralando a Golden State, poniéndoles en apuros con los cambios y su envergadura (hemos visto en muchos partidos innumerables pérdidas de los Warriors, pero no es habitual que tantas sean sobre el balón).

Los Warriors pueden buscar razones para el optimismo en que vienen de ganar, Curry está cada vez más cómodo sacudiéndose a los hombres altos de encima (aunque le falta un punto, sobre todo penetrando a canasta), y está al caer un partido desastre desde el triple de Oklahoma City (43.3% ayer, y estropeado al final). Mostraron carácter y sacaron adelante un partido que no fue fácil. Pero es que el próximo lo será aún menos.

Sofi del día: Si os habéis apuntando a nuestra Newsletter, sabréis ya tras nuestra radiografía de una serie de Playoffs, que por regla general, somos más de los G6 (sobre todo si el equipo que lo juega como local va por delante) que de los tan famosos claves G5. No hay mejor ejemplo que ayer. Sí, ambos equipos jugaron duro (saludos a nuestro hombre Sheed), pero OKC tenía red. En el próximo no será así. Obligatorio ganar para los dos en territorio comanche para el cabeza de serie. Un G7 anticipado para disfrutar el sábado cuando vuelvas de tomar unos cacharros, o el domingo a la mañana, relajado y en pijama, sin cortes de publicidad, y con unas porras churretosas delante. Cuando los drones de Amazon las lleven a tu ventana como los pajarillos de Cenicienta, verdaderamente habrá llegado el futuro, y todo esto habrá merecido la pena.

PO Desde El Sofá (XVIII): Ha vuelto

Costó, pero la versión que todos conocemos de Kyle Lowry, ya está en Playoffs, y ha llegado justo a tiempo, para recuperar la ventaja de campo, y evitar un partido a vida o (casi) muerte en terreno enemigo.

Si bien el bloqueo de DeRozan en Playoffs puede tener una explicación en que es más difícil penetrar y sacar faltas en esta época del año, en la que pueden aparecer hombres extra ayudando en la pintura en cualquier momento, lo de Lowry no es tan fácil. Lo que hace el base, sus tiros tras bote y triples en jugadas rotas, los stepback y los side steps, no podían desaparecer de un plumazo. Puedes eliminar por completo esas jugadas mandando un dos contra uno, haciéndole pasar el balón, y que te batan sus compañeros. O con un defensor bulldog que no le deje armar el brazo cómodo, como le ocurrió a DeMar con un titán como Paul George en la serie anterior. Pero ese no estaba siendo el caso: eran los mismos tiros de siempre, con el espacio habitual. Estaban ahí, pero no entraban.

Tras un buen final de tiempo reglamentario en el G2, por fin se enchufó un periodo largo de tiempo, toda la segunda mitad del partido de ayer, en la que metió 29 de sus 33 puntos, cargó con el equipo en los momentos decisivos, y reencontró su alcance, anotando 5 triples. No falló con Dwyane Wade dándole la réplica, y defendiéndole al final, cuando la cosa se puso caliente, liderando la segunda victoria en una serie que ha cogido buena pinta para los Raptors.

Y no sólo por la victoria: ayer Miami perdía a Hassan Whiteside en el segundo cuarto, y aunque todavía no conocemos cuanto tiempo estará fuera, el diagnóstico inicial de esguince de rodilla le debería apartar como mínimo toda esta ronda de semifinales del Este. La cuestión no es simplemente no contar con su aportación: es que Miami no va muy bien de recambios. Stoudemire, McRoberts y Haslem no han llegado a 1.000 minutos en temporada regular, y entre ellos tendrán que sujetar todo el instalache interior de Miami. Spoelstra acabó la temporada con un bajito jugando de 4, y aunque en Playoffs ha tirado muy puntualmente incluso de quintetos con Justise Winslow de pívot, lo normal sería necesitar sacar 45-50 minutos de sus hombres grandes, más de lo que desearía.

Y el estropicio ayer no fue más grande, porque Valanciunas también se retiró lesionado para no volver poco después, aunque su pronóstico tiene mejor pinta. Estuvo dominante en el primer cuarto como ya es habitual en Playoffs, y la lesión de Whiteside parecía abrirle camino, pero apenas tuvo tiempo para disfrutarlo. Hubo dos signos claros de que el apocalipsis se avecinaba: el primero, el taponazo que McRoberts le pusó en todo el aro cuando pintaba póster, y otro, que justo en ese momento estábamos hablando muy bien de él y su partido en El Podcast desde el Sofá LIVE! Así que lo raro es que viviera para contarlo. De todos modos, metidos en la segunda parte, ya le tocaba su momento de ostracismo, porque todos queremos verle con más balón y protagonismo menos su entrenador, sus compañeros, el pívot rival y el irritante Jon Barry. Así que a lo mejor, a los 16 puntos y 12 rebotes personales, y 13 puntos de ventaja colectiva (va en +40 en tres partidos) que dejó, los podemos considerar trabajo hecho.

Y Miami fue Wade otra vez: 38 puntos, 4 de 6 en triples (uno de los fallos fue un intento semi-desesperado con el partido y reloj en contra), y la marca de Lowry cuando más quemaba. Las expresiones recurrentes para hablar de estos partidos que nos está dando Dwyane en Playoffs van en la línea de «vuelve el viejo Wade«, «como en sus mejores tiempos«, anglicismos varios sobre retrasar el reloj… cuando lo cierto es que aunque el resultado sea el mismo, el proceso de dominación del rival es diferente. No es el Wade de toda la vida, sino su versión de 34 años en pleno 2016. Más económica en el bote y el contacto, y de repente, confiada en su tiro. Ojalá la reinvención se estire en el tiempo y sigamos disfrutando de Flash en esta versión.

Y fijaos si estaba suelto, que Spo sentó a Dragic en la recta final (al principio parecía que por cuestión de faltas, cinco, pero no pisó pista), para que todo, absolutamente todo, partiera de Wade. No fue bonito pero casi funciona: Joe Johnson tuvo la oportunidad de poner el partido muy cerca con un triple después de que Wade atrajera toda la atención, pero con su fallo se fue la última esperanza de Miami, como aquel amante de Laura Pausini, y la remontada de la segunda parte quedaba en nada.

Otro de los defenestrados anoche fue Justise Winslow, que no jugó ni un minuto, y cuyos minutos parecen haber ido a Gerald Green, que al menos crea la ilusión del espaciado, supongo. Miami no tiene demasiado miedo de DeRozan, y ese parece ahora el único motivo que tiene el entrenador ahora mismo para sacar al novato a pista.

Veremos que consecuencias tienen en la rotación de Miami estas dos decisiones y la baja de Whiteside, porque a Spoelstra le toca volver a montar el puzzle… y se juegan mucho más en el siguiente.

Sofi del día: Qué diferencia de ambiente en el pabellón tras ir del Norte al Sur…

PO Desde El Sofá (XVII): Con cien cañones por banda

Los Cavs, en una demostración de músculo, metieron más triples de los que nunca nadie antes había logrado en un partido NBA, 25, y barrieron de la pista a Atlanta. Al pobre Budenholzer sólo le faltó anoche encontrarse al llegar a casa al marido de su hermana, y que este le clavara la rima tras preguntarle que cuántos triples le habían caído.

JR Smith lideró el bombardeo con 7, y hasta 10 jugadores, en 45 intentos totales, mojaron desde más allá de la línea de 6.70yalgo en unos sitios, 7.20yalgo en otros. De los activos en Cleveland, sólo Thompson, Mozgov y James Jones (en dos intentos) se quedaron sin tocar pelo. Hasta LeBron, que estaba sufriendo con el tiro en estos Playoffs, vio ayer una piscina en el aro.

En total, los Cavs están metiendo 16.2 triples por partido (17.9 por 100 posesiones), acertando en el 45.3% de sus intentos en Playoffs, cifras que lideran por mucho la Liga, y a las que ni los Warriors son capaces de acercarse. Y su ataque parece estar funcionando en el momento perfecto.

El asalto empezó prontito: aunque fallaron los 2 primeros triples que intentaron, encadenaron 7 seguidos, los últimos formando parte de una racha de 14 puntos sin oposición que no menguaría en el resto del partido. Y cuando los triples no entraban, ahí estaba Tristan Thompson para bajar el balón y conseguir jugadas extra para Cleveland, y si no, ya se empeñaban los jugadores de Atlanta en perderla, no vaya a ser que pudieran aprovecharlo.

Se vio que Coach Bud le había dado vueltas a cómo frenar a LeBron sin aleros altos y con una rotación interior de tres hombres, y la decisión fue arriesgarse a poner a Bazemore a defender a Love, pero los Cavs no tuvieron ni que plantearse el emparejamiento ya que la cosa se fue por otros derroteros aún más provechosos. Los Hawks se dedicaron a tirar mierda a la pared (¿una zona?), y no se pegó nada. Al menos descongelaron a Kris Humphries, que con lo limitadísima que tienen la rotación por dentro, y lo grande que juegan los Cavs, podría ser útil en una lucha más igualada.

Pero con 74 puntos y 36 de ventaja (casi doblando) al descanso, no se pueden sacar muchas conclusiones. Es una pena porque Atlanta gastó un partido en el que Al Horford parecía motivado para proteger el aro y en el que también estaban encontrando segundas oportunidades. Además, con Teague (la verdadera estrella del equipo, según Reggie Miller) y Schröder, pueden castigar la pareja LoveIrving en defensa una y otra vez, y eso se volvió a ver ayer antes de que el espíritu del partido dejara el cuerpo.

En el próximo partido tendrá que ser.

Sofi del día: A cualquier cosa molona que pasara en el último cuarto que no he visto.

PO Desde el Sofá (XIV): Por fin

Los Raptors ganaron su primera serie de Playoffs en 14 años, no sin susto final, y se verán con Miami en segunda ronda, que se clasificó un ratito antes que ellos.

DeRozan anotó 30 puntos (aunque en 36 posesiones de tiro), Norman Powell 13 puntos y 3 triples, y entre todos cogieron 18 rebotes ofensivos. Los Raptors, incluyendo tiros libres, tiraron 21 veces más a canasta que los Pacers (97 a 76), por lo que no necesitaron tanto acierto para acabar imponiéndose por tan solo 5 puntos a Indiana.

Toronto salió con sus dos All-Star agresivos y decididos a anotar, en lugar de delegar en Valanciunas como a veces ocurre en los primeros cuartos, y las tres pérdidas en las tres primeras posesiones de Indiana les ayudaron a conseguir puntos a la contra. DeRozan acabó el cuarto con 13 puntos, triple incluido, aprovechando para atacar siempre que era defendido por alguien diferente a George… que puso 12 puntos, con mate 360º por su parte, y vio en este rato el único momento de descanso: acabó jugando 46 minutos, lo que le supuso dejar la marca de DeMar durante un buen rato, algo que Indiana, pese a no tener remedio, acabó pagando.

En el segundo cuarto, la actividad de Cory Joseph y el novato Norman Powell, junto al trabajo de todo el equipo en el rebote en ambos tableros, permitió a Toronto mantenerse varios puntos por encima. Y con un par de parciales (11-2 para abrir el tercer cuarto, y un 8-0 poco después), detrás de los triples de PattersonDeRozan, que volvió a anotarlas de todos los sabores, se fueron con una ventaja de 14 puntos a afrontar el último cuarto de las series.

A falta de 7:30, Toronto abría la mayor ventaja del partido, un +16 que parecía sentenciar la eliminatoria, pero sólo anotarían 6 puntos en el resto del partido, dedicándose a especular con el reloj, y más preocupados de que las posesiones aprovecharan los 24 segundos que de conseguir un resultado favorable en cada viaje. Y si los árbitros se animan a pitar una falta de DeRozan sobre Mahinmi mientras intentaba coger un rebote con +3 a falta de 16 segundos, el resultado final podría haber sido diferente.

Otra cosa que inclinó el resultado fue la diferencia en prestaciones entre los novatos. Normal Powell fue elegido 35 puestos más abajo que Myles Turner, pero tiene tres años más de experiencia, y se notó anoche. El pívot de Indiana, que ha funcionado muy bien durante la serie, estuvo ayer apresurado, soltando balones al aro o lanzando suspensiones sin tener el equilibrio adecuado. El futuro es brillante, y lo de ayer es un bonito ejercicio de aprendizaje, pero es posible que los minutos y los fallos de Turner el día de ayer costarán la eliminatoria. Por el contrario, Powell dio 23 minutos brillantes, de trabajo, energía y acierto anotador. El respeto al escalafón le mantuvo fuera de los minutos finales, pero quizá Toronto no lo habría pasado tan mal con él en pista.

Finalmente, los Raptors se libran de ser renombrados como los Toronto EsQueEraUnMalEmparejamiento, y vuelven a empezar de cero en la siguiente ronda. A ver si se les da un poco mejor.

Sofi del día: La jugada tonta de la noche

salto

El salto lo gana Solomon Hill, pero Indiana no puede recuperar la pelota por la poca fe en su compañero.

PO Desde El Sofá (XIII): Puñetazo en la mesa

La pareja de superestrellas en el partido de anoche fue la formada por LaMarcus Aldridge y Kawhi Leonard, y San Antonio machacó ayer a los Thunder, con una victoria final por +32, jugando el partido perfecto.

Los Spurs se marcharon desde el principio, con un 16-7 inicial y 43 puntos en el primer cuarto y OKC jamás llegó a acercarse. Pusieron el pie en el cuello de Durant y compañía tanto en ataque como en defensa, con una ejecución impecable, mientras además cumplían con la parte más caprichosa del juego: meter los tiros. La prueba de lo mucho que sacaron a OKC del partido, además de la evidente, es que hicieron hasta ¡cuatro! faltas a tiradores de triples en la primera mitad. Si hay un mayor síntoma de vacilación, no se me ocurre.

Con San Antonio metiéndolo TODO y sin cometer fallos,  los Thunder se las tenían que ver una y otra vez con una defensa bien posicionada, con Leonard en Westbrook y Green en Durant, pero cambiando en los bloqueos para tener siempre un hombre delante del atacante. Mientras que en San Antonio todos metían su canasta tal y como salía en el guión, en OKC sólo funcionaban los rebotes en ataque de Adams, los tiros de Ibaka, y las raras veces que conseguían poner el balón en manos de Durant cerquita del aro.

Donovan montó mal el puzzle defensivo de OKC, y su primera idea se cayó por su propio peso: Adams no demostró poder seguir el ritmo a Aldridge en el perímetro, y tuvo que volver a poner a Ibaka con él, pero ya era demasiado tarde. LaMarcus, que hizo 38 puntos en 23 posesiones de tiro, ya estaba enchufadísimo y pudo también con Serge.

Parte de la masacre fue acierto desmedido Spur que no se mantendrá durante una serie entera, pero hubo verdaderos problemas defensivos en OKC de comunicación, de esfuerzo en sus estrellas o habilidad en sus secundarios. Las ayudas no llegaban ni al aro ni a la línea de tres, y mientras que San Antonio parecía jugar con uno más en defensa (con Roberson en pista sobra el parece), en los Thunder resultaba justo al contrario.

San Antonio ejecutó el pick’n’something con precisión, con sus hombres altos anotando fácil si necesitaban abrirse, y sus bases acertando con las ventanas de pase, no importa cuan estrechas. Y una vez que ese dos contra dos lograba la ventaja, esta era definitiva: no había un tercer defensor para molestar. En ningún momento necesitó el carrusel de pases que son capaces de montar, porque con la primera acción era suficiente.

Mientras, en el otro lado de la pista, y como OKC no funciona así, les bastaba con desbaratar esa primar intentona para salir indemnes. A diferencia de Golden State, que asienta el juego exterior para obligarte a salir de la cueva, y luego te castiga dentro, los Thunder primero percuten, y luego intentan recoger los frutos en el resto de la pista. Un equipo te estira y el otro te contrae, y San Antonio, con sus dos hombres altos y sus veteranos, están más preparados para hacer frente a lo segundo. Bien parapetados y jugando juntos y sin tener que defender a la carrera, niegan gran parte de la ventaja atlética de los Thunder. Y sucede lo de anoche.

Pero al final, el consuelo para OKC es que esto es sólo una derrota: cuenta lo mismo que perder por un palmeo sobre la bocina. Por muy mala pinta que tuviera.

Sofi del día: Entre la tranquilidad del resultado y la presencia de Sager, Popovich hizo la entrevista en pista más placentera de la Historia: no pareció un sociópata ni nada.

PO Desde El Sofá (XI): Los Hornets, cerquita

Los Hornets ganaron su tercer partido consecutivo para ponerse por delante en la serie, y podrán cerrar el pase a segunda ronda ante su público, donde este año han estado formidables.  Es además, la primera victoria en Playoffs fuera de Charlotte de la segunda era (¿se puede llamar así?) de la franquicia.

Pero el resultado final podría haber sido perfectamente otro porque fue el clásico partido de Playoffs lleno de eventos en el último minuto que podrían haber decantado la victoria de un lado o de otro. Recapitulando sólo situaciones límite o decisiones arbitrales: tenemos un triple de Lin pisando, la falta/tapón ilegal que perfectamente podrían haber pitado en la bandeja a la contra que falla Lee, la falta que podrían haber pitado igual de perfectamente en el último tiro de campo de Wade, la posible recuperación del balón de Miami a falta de dos segundos si Wade no toca el balón pisando fuera, el pase en el último suspiro de Hawes para poner el balón final en juego y la falta intencional que podría haber sido pitada sobre Zeller al final y que podría haber extendido quizá un partido que se decidió por dos puntos. Y no hemos hablado de lo improbable del rebote ofensivo y triple de Courtney Lee, la jugada clave del partido. Pero como la abuela no tiene ruedas, no hay bicicleta, sino victoria de Charlotte.

El tramo final estuvo tenso y entretenido, pero el resto fue un gran intercambio de rachas, sobre todo en la primera parte. En varias ocasiones uno y otro equipo llegaron a pasar de la decena de puntos seguidos sin contestación rival, y algunos quintetos de corte defensivo sobre la pista eran incapaces de ver aro ante defensas con muy buena protección del aro, por acumulación en Charlotte, y por individualidades en Miami.

La única constante parecía ser Dwyane Wade, que volvió a jugar otro partido de los del Artículo 3, en el que hizo lo que le dio gana, y el acierto desde el triple, por fin, de los Hornets, que metieron 12 de 24 (4 de 6 en los últimos 8 minutos), encabezados por 3 de 4 de Marvin «Año de contrato» Williams, que está tratando a la Liga como una tragaperras calentita.

Mientras, el otro hombre camino de pegar el sablazo padre, Hassan Whiteside, va perdiendo importancia a medida que avanza la serie. La defensa de Charlotte le dio juego al principio, pero cuando se asentó, le cerro todas las carreras al aro y las posibilidades de alley-oop mandando defensores a la pintura y retando a Miami a encestar lo que ya no les entra. En el otro lado del campo, Jefferson anota con relativa comodidad en el uno contra uno, y no es un factor en la defensa del perímetro. Su presencia intimidatoria permite a Miami tener más efectivos y más atentos a la defensa del triple que un equipo normal, pero cuando los Hornets son capaces de anotar pese a la oposición, su contribución queda en nada.

Es de destacar que Charlotte mantuvo el quinteto titular de las dos victorias anteriores pese al regreso de Batum, pero estuvieron en negativo, así que en el tramo final, Clifford decidió cerrar el partido con el quinteto que de verdad le gusta, el que empezó la andadura en Playoffs. Sin Jefferson ni Kaminsky. Y así disputó el final salvo por la entrada de Lin por un Batum todavía renqueante.

Por parte de Spoelstra, se atrevió  a jugársela con el novato Josh Richardson en lugar de Dragic, y pese al buen hacer en líneas generales de este, un calamitoso airball en un triple en la penúltima posesión le podría costar la confianza de su entrenador para los momentos más calientes. Aunque Dragic, taponado por Walker en la última posesión, tampoco es que inspirara mucha confianza anoche.

La serie vuelve mañana viernes a Charlotte, y los Hornets podrían cerrarla. Lo que sería una pena, porque está bonita… ¡y necesitamos GAME 7!

Sofi del día: Siempre me resultan curiosos los partidos de equipajes blanco contra negro, porque parecen una especie de lucha del bien contra el mal. En estos Playoffs además nos estamos hinchando, ya que ha coincidido en cinco de las ocho series, pero en ninguna como en esta: la negrura y lo poco habitual del equipaje de los Hornets hace el contraste aún más especial. Si este enfrentamiento cuenta, el mal va por delante.

PO Desde El Sofá (IX): Gracias por venir

Estamos en tiempo de playoffs y como es ya habitual en La Crónica Desde El Sofá cada día tendréis una pequeña crónica de lo que hemos visto la noche anterior (o probablemente durante el día tranquilamente) y al final, el Sofi diario…

OKC ya está en semis de Conferencia, camino de San Antonio, y los Mavericks, a regañadientes, por fin pueden disfrutar de descanso e irse todos a operar tras una temporada que ha parecido un ejercicio sádico de hasta dónde se pueden arrastrar las lesiones. Anoche se quedaban fuera Williams, Lee y Mejri, y la movilidad de Matthews fue horrible (y eso que se supone que era el más sano del grupo). No pudieron parar a los Thunder en toda la noche, pero al menos se encargaron de que no dejaran de sentir su aliento hasta el final.

Con un Shakespeare Arena con la energía (y las MILF’s) de las grandes ocasiones, los jugadores de los Thunder, que no necesitan demasiado ya de por sí, salieron con el pedal en el acelerador desde el principio, y no lo levantaron hasta el final. Empezaron atacando por dentro, con Steven Adams haciendo mucho daño en la pintura contra Powell, y poco a poco el papel protagonista pasó a Durant, para que lo acabara recogiendo Westbrook, que quizá estaba un pelín motivado con las palabras que le dedicó Mark Cuban.

El partido fue 100% Conferencia Oeste, un tiroteo, una huida constante hacia delante, que enfrentó a un equipo que jugó con rabia y con ira (los Thunder, más cabreados que nunca) a otro que quería frenar el partido pero no podía. OKC estableció el juego interior, y después, cuando Dallas se acurrucó cerca de la pintura para protegerse, bombardeó con éxito desde fuera, con un Westbrook muy efectivo tras bote en la media distancia.

Los Mavericks fueron escarbando puntos de donde podían, y ayer cargaron más su juego en los hombres altos: si pudieron seguir el ritmo fue por la excelencia de Dirk, el oportunismo de Powell en los tableros y la lectura de juego de Pachulia, haciendo pagar las faltas de atención de la defensa de OKC. Pero tras ponerse a tan solo 4 puntos (tras manejar distancias en la decena la mayor parte del partido) a falta de poco más de 4 minutos para el final con un triple de Dirk, quién sino, un rebote en ataque providencial de Roberson tras una posesión Thunder que casi resulta ahogada por el reloj, y los cambios en defensa de OKC pusieron la puntilla a unos Mavs que anotarían 1 puntito nada más en el resto del partido, entregando la cuchara con dignidad en el cómputo global, pero sin brillo final.

Si buscásemos buenas noticias en el epílogo de Dallas, además del bienestar mental que da saber que tu organización es seria, competente, y quedará en buen estado pase lo que pase, las encontraríamos en el buen partido y carácter de su novato Justin Anderson, que con un poco de suerte y algo más de mano puede como mínimo hacer carrera como secundario 3&D, y en la cuerda que todavía le queda a Dirk. Y el futuro ya se escribirá solo.

De OKC volveremos a hablar.

Sofi del día: Cameron Payne, que por fin salió un poco de la perrera de Donovan, se ha convertido en un animador de élite con sus bailes y cucamonas varias. Cuando un jugador de OKC salía a la contra con todo el campo por delante para matar, la realización de TV estaba casi más pendiente de lo que fuera a pasar con Payne, que en el aro. La cámara lo adora, y él devuelve el amor.

Demos gracias por los Rockets

harden

La imagen del partido era Harden, tumbado, viendo a su equipo avasallado ante su propio público como el que disfruta de una piscina de un verano. La del anterior, la poca alegría de todo el banquillo cuando el propio James anotaba la canasta a la postre ganadora.

Menos mal que estos Rockets entraron en Playoffs. Menos mal que tenemos dentro a un equipo que no trabaja, que no se ayuda, que no se aguanta, y que posiblemente no se guste a sí mismo. Porque son el equipo más real, el más humano. Los únicos de carne y hueso. No eran necesarios en estos Playoffs, eran imprescindibles.

Porque siempre hay que tener un diana fácil, un pañuelo cerca en el que poder sonarnos nuestra superioridad moral, en el que ver nuestras miserias reflejadas entre tanta grandeza. El blanco perfecto para poder pensar por un momento que somos un poco menos mierdas. Y para poder sentirnos como dioses, omnipotentes, decidiendo lo que tienen que pensar y sentir. Nosotros sabemos cómo deben reaccionar mejor que ellos.

No hay nada que reprochar a Dallas, Memphis, Detroit o Utah si estuvieran aquí. Equipos lastimados o que han llegado demasiado pronto. Los Raptors nunca han importando tanto como para poder preocuparnos por ellos. Si no fuera por los Rockets, tendríamos que dirigir nuestra ira hacia algún pívot descarriado en la línea de tiros libres, pero ir a por un solo jugador, acaba pareciendo linchamiento.

En Houston, por el contrario, hay donde elegir. Podemos apuntar a cualquier lado, ir a lo individual o a lo colectivo. Son la banda de villanos perfecta, un compendio de todos los pecados: los capitales, los veniales y los mortales. Y en el que más destacan es en la desidia, aquel en el que más nos gusta creer que nosotros jamás caeríamos desde nuestro hueco del sofá. No tenemos los genes o las oportunidades que ellos han tenido para vivir del baloncesto. Pero el esfuerzo y el sacrificio, si estuviéramos ahí, cobrando lo que cobran, nunca jamás nos faltaría. O eso queremos creer. Nótese la puntilla del dinero, que lo dice todo… de ti, no de ellos.

Por eso los Rockets han sido más que necesarios, pero deberían perder en el quinto partido, y de paliza a ser posible. Y si esa misma noche los de TMZ pillan a un par de jugadores saliendo a trompicones de una megadiscoteca de Las Vegas, mejor. Necesitamos nuestra ración de la erótica de la decepción, para darnos un festín lo más pronto posible, no vaya a ser que podamos ser felices un rato por el camino.

Pero al final el odio sólo se alimenta con odio, y vamos a necesitar más y mejor. La debacle de los Rockets sabrá a poco, y no atenderemos a trayectorias o razones para calmar nuestra sed. Siempre tendremos otra nueva pieza en escena a tiro, hasta que acabemos vomitando nuestro rencor de imbécil digital sobre quien no se lo merezca, pero simplemente pase por allí. Houston sólo es el aperitivo.

Por eso, demos gracias por los Rockets. O quizá no.