Voltaje alterno

Ahora que el éxito de la franquicia antes conocida como Seattle Supersonics les ha llevado a las Finales, y que la ciudad del noroeste de los Estados Unidos intenta cerrar el acuerdo para construir un pabellón y volver a reescribir su Historia, entre manifestaciones de júbilo de los aficionados de la ciudad, nos paramos a recordar una figura fugaz que dejó su marca en los Sonics y cuya influencia todavía se respira en la NBA pese a lo efímero de su carrera y lo poco que ha perdurado su recuerdo. Estamos hablando de Slick Watts.

Nacido Donald Earl, Watts empezó su carrera en la NBA de rebote, tras salir de la Universidad de Xavier, y no ser elegido en el Draft. Con su 1.85 de estatura, tiró de enchufe, para conseguir que Bill Russell, entrenador y GM de los Sonics por aquel entonces, y primo del entrenador de Xavier, le pusiera a prueba. Se plantó con 37 céntimos en su bolsillo (según él) en Seattle, y se hizo un hueco en el equipo.

Slick, era un jugador nada convencional, empezando por su aspecto. Jugando al fútbol americano en el instituto, un linebacker pisó su cabeza y le dejó una enorme herida en la cabeza, y tras ser rapado en el hospital, su pelo empezó a crecer de manera desigual. Visto el panorama, Watts decidió que lo mejor era raparse siempre. Era elegir entre que sus compañeros y amigos le llamaran Cabeza-Mapa o Bola de billar. Él prefirió lo segundo, pero realmente no tenía elección: iba a ser el bicho raro hiciera lo que hiciese.

Pero su calvicie completa, tan distintiva como era, la primera recordada en la NBA, fue simplemente precursora de su verdadera seña de identidad: la cinta en la cabeza. Se la empezó a poner en la Universidad, después de ver las estrellas al quitarse la cinta adhesiva que trató de usar para evitar que le resbalara el sudor. Y no fue el primero, porque Wilt Chamberlain ya la había llevado, pero él decidió darle el toque personal, e inclinarla, y al unir su calva y reluciente cabeza con la cinta de lado, empezó algo más que una moda, que ahora tiene más fuerza que nunca.

Entró en un equipo en el que Downtown Fred Brown jugaba de base con vocación tiradora y anotadora, y él se hizo un sitio ofreciendo el contrapunto de la penetración y el pase, jugando casi 1500 minutos en su temporada de novato, 19 partidos de titular y quedando 3º en la elección de Rookie del Año. Su estilo era adorado por el público: de lucha constante, no paraba de trabajar, moverse e incordiar al rival. Perturbaba el ataque del equipo rival de manera poco ortodoxa y fuera de todos los esquemas establecidos, ayudado por el sistema defensivo que implantó Russell, con muchas rotaciones en defensa, e intimidación en el poste bajo para arreglar los desajustes. Al mismo tiempo, su hiperactividad y su gusto por lo imposible, le llevaba a perder muchos balones en ataque y a elegir tiros desastrosos. No era un pasador natural, pero creaba multitud de oportunidades de su penetración constante. Su tiro era nulo, pero era capaz de finalizar bastante bien en el aro, con acrobacias de otras épocas.

Pese a su locura e ineficiencia, se convirtió en el favorito de los aficionados, ya en su primera temporada. Su llegada inesperada y humilde, que tanto gusta en E.E.U.U., sumado a lo espectacular de sus acciones (cuando le salían), su constante trabajo de albañilería, su look marciano, su carácter afable, y las descacharrantes citas que ofrecía a los cronistas del equipo, se convertía en un cóctel irresistible para el aficionado. Imaginad esta mezcla en la era Twitter.

En su segundo año los Sonics trajeron otro jugador exterior para ayudarles a Brown y a él, Archie Clark, pero a pesar de que su llegada le mandó de vuelta al banquillo, Watts tuvo aún más minutos, distribuyendo el balón y forzando pérdidas con su arriesgada defensa. El equipo se clasificó para Playoffs, eliminando a Detroit en primera ronda. Watts que fue la inspiración para la victoria en el tercer y decisivo partido según Russell, mostró su divertido carácter al hablar de su juego en aquel partido. «Le eché un vistazo a mi casa antes del partido, y vi que no tenía muebles suficientes. Sabía que con el bonus por llegar a primera ronda de Playoffs no iba a ser suficiente».

Pero tampoco pudo comprar muchos muebles más, porque en segunda ronda perdieron ante los eventuales campeones, los Golden State Warriors de Rick Barry. Watts metió 24 puntos en el sexto partido que certificó su eliminación, pero no fueron suficientes.

Ese verano, los Sonics traspasaban a su estrella, Spencer Haywood, a New York, y a Archie Clark, dejando el equipo en manos del dúo WattsBrown, y el pívot de segundo año Tom Burleson. Y en parte, Watts es responsable del traspaso de Haywood. Spencer, que quería ser reconocido como el héroe de la franquicia en todos los estamentos, veía como los fans estaban con el muy inferior Watts. De hecho, se cabreó con los aficionados de la ciudad, porque cuando los rumores de que iba a ser traspasado a New York aparecieron, a nadie pareció importarle mucho. Mientras, Watts tenía programadas unas 300 apariciones en actos al año, y se jactaba de firmar absolutamente todos los autógrafos que le pedían. «No hay trocito de papel demasiado pequeño, porque lo hay al otro lado es una persona. Es un privilegio que me pidan una firma».

Este tercer año, acabó siendo el mejor en lo personal para Watts. De hecho, fue el primer jugador que consiguió liderar la Liga en asistencias y robos en la misma temporada, en 1976, y con tan solo 24 años. Fue elegido en el 1er equipo defensivo, le dieron el NBA Citizenship Award y estuvo muy cerquita de ser All-Star. Volvieron a Playoffs, pero con un equipo más joven que el año anterior, perdieron en primera ronda ante Phoenix.

Al año siguiente, aunque su rendimiento se mantuvo, empezaron los problemas. Después de ir como segundo base en el Oeste en el recuento de votos para el All-Star, Norm van Lier acabó adelantándole por 4.200 votos, el margen más ajustado esa temporada, y los entrenadores prefirieron llevar a Phil Smith y Don Buse, que llegaba de la ABA con Indiana, por delante. Buse además, le quitó aún más protagonismo, repitiendo su gesta de liderar la NBA en robos y asistencias, y le relegó a la segunda posición en asistencias, y tercera en robos ese año.

El equipo iba destinado al 50% de las victorias y quedar fuera de Playoffs, lo que empezó a traer los primeros pitos y abucheos a Russell, y Watts no eligió el mejor momento para pedir un aumento de sueldo, después de que su contrato ya hubiese sido revisado hacía menos de dos años, en el verano del ’75. Pero dio otro paso más, y tras ser rechazado su intento de cobrar más, pidió el traspaso. Aunque se retractara rápidamente y prometiera jugar «con todo su corazón» en Seattle, ya había oído los primeros silbidos de una afición que hasta ahora había estado con él en todo momento.

El año siguiente, Russell, el hombre que le dio la oportunidad, aunque fuera por accidente, se fue. Y vino el hombre que le colocó, el primo de Russell, el entrenador de Xavier, el que estaba siendo entrenador asistente de los Sonics hasta ese momento, Bob Hopkins. Con su gran valedor y amigo al mando, viniendo de dos temporadas que le habían convertido en uno de los mejores bases de la Liga, la temporada prometía para Watts.

Pero por un lado, Lenny Wilkens, que volvió para convertirse en GM de la franquicia, y al cual el juego de Watts no convencía por alocado, ya tenía en mente su sustituto, Gus Williams, un base al que había firmado como agente libre. Además, Hopkins le quitó los galones, para hacer funcionar al equipo con Marvin Webster como point-forward, tratando de emular el éxito de Bill Walton en los Blazers y lo que consiguió fue que los Sonics empezaran la temporada 78-79 con un 5-17, los únicos 22 partidos que Bob Hopkins iba a entrenar en la NBA, y Watts jugó el peor baloncesto de su carrera. Hasta ese momento.

Al rescate llegaba Lenny Wilkens, que se nombró a sí mismo entrenador, y empezó sentando a Watts. Gracias a las 6 victorias seguidas con las que empezó su andadura en el banquillo, adquirió la suficiente autoridad para deshacerse de Slick, en el pulso que este le echó: o jugaba 30 minutos, o era traspasado. Wilkens, que lo estaba deseando, lo empaquetó a media temporada camino de New Orleans, para hacer pareja con Pete Maravich y Gail Goodrich a cambio de una futura elección de primera ronda. Los Sonics acabaron ese año llegando a las Finales, y en la temporada siguiente ganarían el primer y único anillo de la Historia de la franquicia, mientras Watts había jugado ya su último minuto en la NBA a los 27 años, sin que nadie lo supiera aún.

Pero no adelantemos acontecimientos. Watts pasó media temporada saliendo del banquillo detrás de dos miembros del Salón de la Fama como Pistol Pete y Goodrich tratando de aportar la velocidad y la defensa que lo caracterizaba. El equipo estaba 15-21 a su llegada, y pese a finalizar el año con un registro de 24-22, se quedaron fuera de los Playoffs y el tiempo de juego de Watts fue decayendo poco a poco, en un equipo que empezaba una reconstrucción en la que Slick no entraba.

Los Jazz lo traspasaron en septiembre por una primera ronda del Draft a Houston, que necesitaba un nuevo suplente para Calvin Murphy, ante la lesión del incumbente, Mike Newlin, en el training camp. Al final, lo de Newlin no fue para tanto, y solo se perdió 5 partidos, y Watts pasó a jugar menos de 20 minutos por partido por primera vez en su carrera, y Houston, que solo había garantizado el primero de los tres años de su contrato, decidió cortarle al final de la temporada. Y pese a tener 27 años tan solo, y haber liderado la Liga en pases hace 3, ningún equipo NBA volvió a llamar.

Tras un año sabático, Slick probó suerte en la mismísima Alaska, en los Anchorage Northern Knights de la CBA, donde duró solo una semana y un partido: lo que tardó en volverse a Seattle. Él echó la culpa a su entrenador, Bill Klucas, de no dejarle ser creativo. Klucas lo tenía bastante más claro: «No podría jugar en nuestra Liga. Y eso es difícil de aceptar para un veterano de la NBA.» Desde ahí, la última aparición de Watts con impacto en la NBA, antes de entrar en el circuito de apariciones como veterano, fue su recuerdo en el Draft de 1981, donde dos de las primeras elecciones de la primera ronda, la 5ª y la 13ª, habían sido en su día intercambiadas por Watts en sus pasos a New Orleans y Houston.

Empezó de golpe, acabó de golpe.

Después de superar una dura enfermedad, sarcoidosis, en 2001, Watts sigue con su vida, trabajando como profesor de educación física en la Franklin High School, en Seattle, a menos de 10 minutos del SoDo donde se construiría el nuevo pabellón de los Sonics. En su día, dio clase al mismísimo Jason Terry, que lleva su cinta en la cabeza inclinada en homenaje a Watts, uno de los héroes de su infancia. La semana pasada se dejó caer por las manifestaciones que piden en Seattle «Bring back the Sonics», y hasta subió al escenario, con cinta en la cabeza, y todo, por supuesto, a dirigir unas palabras a los aficionados que tanto lo admiraron.

Al igual que cuando recordábamos a World B. Free, que llegó a la Liga un par de años después que él, no podemos parar de preguntarnos lo diferente que hubiera sido la figura de Watts en nuestra época. Watts era espectacular, singular y lenguaraz. Era cercano a los fans, y con una imagen tan particular y exclusiva, hubiera tenido una mayor repercusión de haber jugado en la actualidad, aunque la fugacidad de su éxito tampoco ayudó.

Para entender el fenómeno Watts os proponemos el siguiente ejercicio: ver el siguiente partido, su segundo en los Jazz, con Hall of Famers como Maravich, Walton, Goodrich, o grandes jugadores como Hollins o Maurice Lucas o Truck Robinson y contar el número de veces que la mirada se os va a Watts. No tuvo una actuación particularmente buena en ese partido, y eso es precisamente lo que explica mucho mejor el magnetismo de la figura del pequeño Slick.

En 2005, Slick Watts recogió su historia en un libro, imprescindible si quieres conocer más sobre él. Lo puedes comprar aquí. Para conocer más de la historia (y el presente) de los Sonics, la referencia de SonicsCentral.com es tremendamente interesante.

PO Desde El Sofá (XXXVIII): Vuelta al barro

Después de muchos partidos preciosos en estos Playoffs, jugados a un nivel espectacular, incluidos los dos primeros de estas Finales, anoche volvimos al juego más tosco y en el que las imprecisiones superan a los aciertos, más típico de esta época del año.

Oklahoma City deja escapar el partido de la manera que todos aquellos que querían validar la retórica de la juventud e inexperiencia estaban esperando. Fallando tiros libres (15 de 24), cometiendo faltas estúpidas (dos al final del tercer cuarto que costaron tres tiros libres cada una cuando Thunder rompía en el marcador o la 4ª de Durant, que aunque fuera dudosa, es en parte culpa suya por ponerse en esa posición) y con pérdidas ridículas en malos momentos (porque en cantidad, perdieron pocos balones, solo 11). Lo que podríamos llamar «errores no forzados».

Eso sí, después de eliminar a Mavericks, Lakers, Spurs, y de jugar brillantemente los dos partidos de las Finales, ahora se han puesto nerviosos y se les está viendo la inexperiencia. Están pagando la juventud. Supongo que lo mismo se aplica a San Antonio, que tuvo idéntico porcentaje de tiros libres en el 4º partido de las WCF, y mismas pérdidas ridículas. Ese Manu Ginobili, pipiolo poco experimentado.

Cuando un partido se acaba decidiendo por unos puntillos, aunque muchos prefieran contar historias para no dormir, de guerreros legendarios, orgullos desbocados y demás recursos literarios, en el fondo están decididos por suerte, azar, aleatoriedad, casualidad, cientos de factores… Los dos hicieron cosas bien y cosas mal, y en el fondo la diferencia son un par de posesiones, tiros… que podrían haber caído de cualquier lado.

Miami empezó en blanco y negro, se plantaban con frecuencia y facilidad bajo el aro para anotar tranquilamente, pero hasta que Battier metió 2 triples cerca del descanso, solo llevaban una suspensión anotada. Miami estaba haciendo un partido sin parangón, pero depende donde mirarás era para bien o para mal. Al final, en media, buen partido a secas.

Oklahoma City, como siempre, vivió del tiro de todos lados y permaneció fiel al quinteto que hemos criticado, pero esta vez, Brooks introdujó un par de ajustes. Primero, Ibaka estuvo más pendiente de Battier en la esquina. De ahí, en parte, vinieron las múltiples ocasiones para las bandejas y las finalizaciones de Bosh en el pick-n-roll, pero aunque Serge pusiera 3 tapones menos que el partido anterior, Battier solo anotó 6 puntos con Ibaka encargado de él. En otros partidos, esos 6 puntos los llevaba ya en el minuto 2 de partido. Y estuvo claro además que Brooks ya se ha dado cuenta de lo que supone emparejar a Ibaka con Battier, y Serge tiene la orden clarísima, porque las dos veces que Shane anotó, inmediatamente después Ibaka fue al banco.

Por otro lado, Harden entró antes de lo que es habitual en las rotaciones de Brooks por Sefolosha para dar otro aire a una unidad que anota por debajo del ritmo de la media, pero ayer a Harden se le hizo el aro muy pequeño. No fue su día, y eso que tuvo oportunidades porque en el tercer cuarto también le tocó salir antes de tiempo por los problemas de faltas de Durant, y su protagonismo aumentó cuando tras una falta en ataque de Westbrook, que molestó a Brooks, sacó a Fisher a cancha y le entregó todos los galones a James. Con un 3+1 de Reflexivo Fisher, Thunder se fue de 10 en el marcador, pero los trajeron de vuelta inmediatamente 3 minutos después.

El partido volvió a entrar igualado al último cuarto, al igual que el primero, y como todo el mundo sabe, Miami se acongoja en el último periodo, y Oklahoma City se crece con Durant en plan superestrella. O no. Ayer LeBron se encargó de Durant, se puso serio, y lo dejó en solo 4 puntos en un último periodo, en el que tampoco KD se pudo poner agresivo porque se volvió a apuntar la 5ª falta en los momentos más calientes. James también respondió en ataque, con 8 puntos en los últimos 7 minutos, y OKC, que no pudó anotar en los 90 segundos finales, a los que llegó solo 1 abajo, dejó este escapar.

Ahora, eso sí, el 4º partido se convierte en clave para Oklahoma City, ya que si no lo ganan, tendrían que retar a la Historia de las Finales. Nadie levantó un 3-1.

PO Desde El Sofá (XXXVII): Algo pequeñito

Miami da un paso de gigante ganando uno de los dos primeros partidos en Oklahoma City, y ojo porque un año después volvió a estar muy cerquita de tirar el 2º partido de las series tras tenerlo ganado. El año pasado, dejaron que los Mavericks les remontaran 15 puntos en poco más de 6 minutos, y en este, 7 arriba a falta de menos de un minuto, dejaron que OKC se pusiera a tiro, ya que llegaron a ir 2 abajo a falta de solo 13 segundos, y con la posesión.

Pero el partido no lo perdió Oklahoma en el postrero fallo de Durant. Lo perdió al empezar el primer y el tercer cuarto. Lo perdió cuando Scott Brooks decidió mantener el status quo y seguir sacando a su quinteto con dos jugadores interiores, Perkins e Ibaka, ante el ataque de falso 4, y falso 5 si me apuras, de Miami. Esta unidad de Thunder, es la más limitada en ataque, con un Perkins que no solo no aporta, sino que ocupa la pintura, forzando a Oklahoma City a tirar a media distancia. Si a esto le sumamos, que la ventaja que puedan adquirir en intimidación en defensa, la tiran por la borda cuando Ibaka deja a Battier solo en la esquina para llegar a un tapón que tiene escasas probabilidades de poner… Battier volvió a meter 3 triples de 4 intentos completamente abierto con Ibaka en el emparejamiento, y si alguien no le da un toque a Air Congo, esto puede durar toda la serie.

Y es que Brooks parece que ya se ha dado cuenta de lo que hay. De hecho, a diferencia del primer partido, la alineación con dos interiores solo duró desde los momentos iniciales (al principio, y tras el descanso) hasta el cambio de Ibaka, el primero que suele hacer. En el primer partido usó las combinaciones CollisonPerkins, y CollisonIbaka, pero en este, una vez que superaban la obligación de mantener la titularidad, no coincidieron en pista.

Anoche, solo tuvo dos interiores en pista 15 minutos, en comparación con los 25 del otro día, pero esta vez, con Bosh reemplazando a Haslem en el 5 de inicio de Miami, el resultado fue más catastrófico, 31-14 de parcial en esos 15 minutos, que ya lleva en el total de las finales a un 137-110 a favor de Oklahoma en los 56 minutos que juegan con Durant o incluso Sefolosha de 4, y un 64-84 en contra los 40 minutos en los que Ibaka o Collison juegan de ala-pívot.

Mantener el quinteto titular en esta serie, es una mala idea, y Brooks lo sabe perfectamente. La razón por la que no lo cambia solo puede ser no herir el ego de Perkins que debería ser el sacrificado, o no hacer pagar a Ibaka lo que no merece. Pero aquí está la complejidad de ser un entrenador de élite. También se entrena fuera del parqué. No solo hay que saber de baloncesto, también es obligatorio encantar serpientes. Veremos que decisión toma Scotty para el tercero.

Miami por su parte, se aprovechó de las ventajas, y siguieron como siempre. Cuando en ataque hay movimiento y Wade y LeBron se pueden beneficiar de algún bloqueo, las cosas les resultan más fáciles. En lugar de tener que estrellarse contra Sefolosha una y otra vez, ayer hubo una secuencia en la que Miami ejecutó bien 4 bloqueos seguidos en el poste alto, y los Thunder se vieron obligados a cambiar la asignación en todos los bloqueos, colocando a Perkins en James o Wade, a los que se les ponía una sonrisa cada vez que veían al 5 tan lejos del aro. Luego, de repente, como es costumbre, dejaban de moverse y los 4 hombres sin balón se plantaban dibujando el cuadrado imaginario, y el ataque se atascaba. Ocurrió menos que en el primer partido, anotaron mejor, y pese al susto final, ganaron.

En el plano individual, el partido de James no fue alucinante en números, para su estándar, claro, porque metió 32, pero hay detalles muy importantes. Metió 12 de 12 tiros libres, y casi todo lo que tiró fue en la pintura. Jugó con mentalidad ganadora. Y Wade, fue mucho más brillante e inteligente que en el partido anterior, aunque no es el Wade de siempre. Maldita rodilla. Bosh volvió a jugar dentro y se infló a rebotes ofensivos y Battier que está siendo importantísimo en las Finales, volvió a meter 17 puntos, y sin él Miami no estaría 1-1 en estas series. Seguimos pensando que los halagos en su dirección, especialmente en el aspecto defensivo son desproporcionados, pero reconocemos que si Miami acaba llevándose el anillo, Battier lo podrá lucir con todo el orgullo del mundo.

Miami ganó, pero el quinteto de pequeñitos en Oklahoma volvió a dominar. Si lo pueden seguir haciendo, y Brooks no lo impide, el anillo está en su mano.

Prima de riesgo

Viendo a Oklahoma City este año en las Finales queda claro que se puede montar un equipo ganador a través del Draft, pero es importante acertar con las decisiones, o uno se puede pasar años en bucle sin salir de ahí. Mientras que de muchos jugadores, se conocen las fortalezas y debilidades (aunque siempre haya sorpresas), otros son una incógnita, de la que se habla en términos potenciales. Estos son los jugadores con más riesgo, teniendo en cuenta dónde parece que van a ser elegidos el 28 de junio, en el NBA Draft 2012.

Bradley Beal: Nos encanta Bradley Beal, y además creemos que iría como un guante a equipos que están en posición de elegirle: un escolta como él, al que le gusta y sabe jugar sin balón, y que aporta rango y espacio al ataque, funcionaría perfectamente con bases anotadores como Irving o Wall. Pero lo que en las posiciones que se le ha tenido todo el año en las previsiones, podía convertirle en uno de los robos, se convierte en un pequeño riesgo si se le va a escoger en el Top 4, de donde él mismo no piensa que vaya a bajar (parece, de hecho, que solo entrenará para equipos que tengan una de las 4 primeras elecciones). Y el problema es su tiro de 3 este año en Florida. Un 33.9% no es la mejor carta de presentación para un tirador que puede salir tan alto en el Draft. En los entrenamientos el tiro está luciendo bien, y parece que esta mala temporada desde larga distancia podría ser solo un resultado pasajero. Pero este año con las elecciones más altas solo se puede acertar con las estrellas, y aunque no solo vive de su habilidad de francotirador, ese número está marcado en rojo en todos los informes con su nombre.
Prima de riesgo en: 30 puntos básicos. Beal puede ayudar a un equipo de más formas, aún en el peor caso de que acabe siendo un tirador regulero.

Damian Lillard: Descargo de responsabilidad 1: No he visto ningún partido de Weber St. Descargo de responsabilidad 2: No paro de oír hablar bien de él. Descargo de responsabilidad 3: Fue uno de los grandes ganadores de la Combine. Ahora bien, me preocupa muchísimo de donde viene Lillard. No es que un jugador de una escuela pequeña como Weber State, en una conferencia microscópica como la Big Sky, no pueda ser el mejor jugador del Draft, pero si os fijáis en algún vídeo de sus mejores momentos, como este…

¿No os parece una pandilla de enanos en canastas de mini-basket? En serio, pasé todo el vídeo esperando a que aparecieran Peter Dinklage y Verne Troyer en alguna de esas jugadas. La adaptación a la NBA de Lillard va a ser la más difícil de todos los jugadores de primer nivel este año, porque… comparad la NBA con el vídeo de arriba. Supongo que si sigue escalando en las previsiones (que fuera a Portland en el número 6 no parece nada descabellado ahora mismo) después de entrenar con el resto de jugadores de su promoción, es porque está dando muestras de que también puede competir al máximo nivel. Pero viendo sus números esta temporada, a mí se me enciende una luz roja: su peor partido fue contra California, una escuela de la Pac-12 y también hizo malos números contra BYU, los dos equipos de más nivel a los que se enfrentó. Y solo dos veces en su carrera se ha quedado por debajo de los 10 puntos de anotación, en su primer año, y una de esas veces fue la única vez que se enfrentó a un rival del Top 25, UNLV. Como ya digo, no he visto a Weber St. y no conozco la intrahistoria de estos partidos: el nivel de su equipo era muy inferior, y no me extrañaría que BYU, UNLV y Cal planearan pensando en él y solo en él. Pero esos números están ahí. Con la escasez de bases y la necesidad de algunos equipos que eligen muy arriba, Lillard va a ser un jugador muy deseado, pero no está exento de riesgo.
Prima de riesgo en: 100 puntos básicos. Está impresionando a los ojeadores en todos los aspectos, desde las mediciones, a las entrevistas, y el Universo NBA parece tener muy claro que Damian Lillard les pertenece.

Dion Waiters: Otro que ha escalado posiciones al acabar la temporada yendo de oca en oca, y del que ya se habla como elección segura en la primera mitad, por tener la promesa de algún equipo de la parte alta. Pequeñito para jugar de escolta, tiene más pinta de microondas desde el banquillo (que ha sido, precisamente, su rol en Syracuse) que de titular, que es lo que quieres encontrar en un Draft como este con tus elecciones más altas. Mejor penetrador que tirador, su defensa no es terrible, pero no va a vivir de ella. Sus mejores partidos los hizo este año en el Big East Tournament, en el Madison Square Garden, lo que puede ser una noticia buena o mala: podemos estar delante de un jugador que se crece en el escenario grande, uno de esos jugadores del Stephen Jackson Club que le hacen el amor a la presión, o podemos estar hablando de un jugador que se activa cuando le apetece, y al que dos grandes actuaciones en el mayor escenario de todo han ayudado a sobrevalorarlo.
Prima de riesgo en: 150 puntos básicos. Si las cosas le van mal, aún tiene el talento para ser un anotador con la segunda unidad, y su carrera NBA pinta larga. Simplemente, puede que no sea en el rol que alguien que le escoja arriba tenga pensado.

Perry Jones III: Durante el torneo prometimos llamarle Perro Jones, y lo vamos a cumplir. Creemos que eso ya lo dice todo, Jones es un jugador apático, vago, pasota, que no ha mejorado en Baylor después de quedarse un año más (un indicador que horripila a los ojeadores NBA), el clásico tweener que es lento y no lo suficientemente buen tirador para jugar de alero, pero muy tirillas para hacerlo de ala-pívot. En el caso de Jones, yo solo le veo aprovechando su talento si puede jugar de ala-pívot, pero dependiendo de donde acabe le pueden terminar de arruinar colocándole de alero.
Si le preguntas a él, te dice que la culpa a todos sus males es de Scott Drew, su entrenador, en lugar de reconocer lo que él hace mal. No es que Drew fuera brillante, pero la culpa de lo que pasó este año en Baylor es una cuenta que deberían pagar todos a escote. Y hay muchísimos equipos NBA a los que no les interesa un tío que se esconde y se hace el tonto cuando la camarera viene con el recibo.
Prima de riesgo en: 300 puntos básicos. Casi todas las previsiones le tienen ya fuera de la lotería donde su riesgo se convierte ya casi en oportunidad. Pero de todos modos, Jones tal vez sea el jugador con más papeletas de no encontrar su sitio en la NBA de toda la primera ronda.

Andre Drummond: El caso típico de siempre, pívot de condiciones perfectas y cuerpo de deidad griega que ahora mismo es valorado por lo que puede llegar a ser, más que por lo que ha demostrado. Sí es verdad que en defensa parece bastante hecho, al menos a nivel universitario, pero su habilidad ofensiva, más allá del rebote y palmeo, no es que esté verde, es que es inexistente. Ni movimientos desarrollados en el poste bajo, ni habilidad alguna para tirar, de hecho, podría ser el peor lanzador de tiros libres de la Liga el año que viene, y mira que hay competencia. Si no son capaces de enseñarle a jugar, algo que es más fácil decir que hacer, y se queda en un especialista defensivo en una Liga que parece evolucionar al small ball, ¿merece una elección tan alta?
Prima de riesgo en: 450 puntos básicos. Y depende de en qué posición y para qué equipo sea escogido en la noche del Draft, podríamos verla subir por encima de los 500.

Harrison Barnes: Lo bueno de Barnes, a diferencia de otros primos de riesgo, él sí que ha producido bien en la NCAA, 17.1 puntos de promedio este año. ¿Lo malo? Hay una buena lista. Para empezar, en su segundo año se ha estancado, al igual que Perro Jones, clavando prácticamente lo que hizo en el primero, la mejora es inapreciable, de hecho, diríamos que ha dado un paso atrás como tirador. Segundo, ha estado jugando en uno de los mejores equipos universitarios, con el director de orquesta del año, Kendall Marshall, a su lado, y aunque anota mucho, principalmente lo hace como finalizador, cuando se tiene que crear su propio tiro, es, digámoslo… difícil de ver. Además, su Torneo, que no casualmente, coincidió en los dos últimos partidos con la lesión de Marshall fue flojísimo: 26% desde la línea de 3, 37% tirando de 2, y en los dos primeros partidos ante Vermont y Creighton no dio una sola asistencia.

Y luego está lo de fuera de la pista. Muchos equipos están siendo conectados a Barnes con aquello de es amigo de tal estrella de un equipo, o se lleva muy bien con el jugador franquicia de otro. No hace falta explicar como ha funcionado el nepotismo en la NBA estos últimos años. Los equipos tienen que elegir al mejor jugador, no al coleguita de su estrella, para tenerlo contento. Luego está, el numerito que montó para elegir a que Universidad iba, que fue «La decisión», antes de «La decisión». Tremendo:

y el chaval, antes de entrar a la NBA ya tiene su propio logo (enlazamos una captura porque lo borró de su Instagram), y lleva dos años dando entrevistas hablando y callando las cosas que pueden ser buenas o malas para su marca de la que habla sin tapujos. Un jugador que se cree mejor de lo que es, y que es posible que también parezca mejor de lo que es. Uh-oh.
Prima de riesgo en: 475 puntos básicos. Al igual que Drummond, la noche del Draft puede subir de los 500, pero ahora vemos más arriesgado a Barnes por aquello de no jugar en la posición premium. Equivocarse en un pívot 4×4 es menos pecado que hacerlo con un alero.

PO Desde El Sofá (XXXVI): Oklahoma City da primero

Los de Oklahoma salieron mal, y por supuesto, era cosa de los nervios, y de la inexperiencia, y de ser jóvenes y de la presión… no podía ser porque a veces estas cosas pasan, y no todo tiene que tener un motivo, no, era por el topicazo.

Y lo malo de ir contando la historia por parciales en baloncesto es eso, que la cosa cambia mucho. Es verdad que Oklahoma dejó tiro abierto tras tiro abierto para empezar, y Battier empezó con un 3/3 y siguió con el festival toda la primera parte y Miami se fue en el marcador, pasando la decena de ventaja. Pero anotaban con tanta comodidad, que se nos olvidó que Oklahoma seguía con un ritmo y facilidad similares, solo que soportando el lastre inicial. La ventaja no se ensanchaba, era la del principio, sostenida. Y para finalizar la primera parte, un poquito del caracter de Ibaka y algún descuido de Miami, y Thunder cierra el hueco a 7 puntos. Hay mucho partido.

En el tercer cuarto, Westbrook se activó, y metió 12, sacando canastas de percutir una y otra vez en la zona de Miami con su estilo kamikaze. El desgaste que supone el tren de Russ chocando una y otra vez, está por encima de su porcentaje de tiro de campo, que no le hace justicia. Tienes que tomar con gusto sus ataques de manicomio, porque al final te da mucho más de lo que te quita, y así, por primera vez en todo el partido, en la penúltima posesión del tercer cuarto, Oklahoma City se ponía por delante. Un cuarto, un ganador de la primera batalla.

Y la batalla fue cosa de Durant. Kevin no necesita que le pongan las cosas fáciles, pero encima le ponen a un Wade al que saca 20 centímetros y a un Battier acabado (lo de ayer fue su segunda mejor noche de tiro en toda la temporada, o en otras palabras, casualidad, y no debería tapar el desastre que sigue siendo en defensa, pillerías, broncas, y estopa aparte) y Durant ejecuta igual, porque nobleza obliga. Es un matador excepcional, y encima Spoelstra le pidió ayer que afrontara la suerte suprema, empezando por el descabello.

Mientras en el otro lado Wade fue un desastre y Bosh todavía está poniéndose en forma, LeBron James funcionó bien durante un largo periodo, hasta que dos obreros de esto que le pusieron un muro de doble hormigón: Sefolosha y Collison. Al final, James pareció atinar con el punto de rotura del tabique, pero fue muy tarde, y se necesitaba mucho precisión para acertar con el punto. Con Durant encima, el porcentaje de tiro de LeBron fue del 58%. Con Sefolosha solo el 29%. Así que nos imaginamos quién va a estar con James el próximo partido.

De todos modos, como suele suceder en las Finales, no podemos sacar conclusiones definitivas. El quinteto del último cuarto en Oklahoma City fue inesperado, con Durant jugando de 4, algo que sabíamos que iba a pasar, pero con Fisher en el lugar que habitualmente ocupa Harden, y Collison como pívot. Ayer pudo coger por sorpresa a Spoelstra, que no es el más hábil ajustando en medio de un partido, pero no deberían pillarle dos veces con lo mismo.

Y a LeBron deberían asignarle la marca de Durant ya mismo. Ya vimos en primera ronda la diferencia que había en el juego de Melo dependiendo quien le defendiera, y con Durant la divergencia pinta a ser mayor, por tres motivos: el rango efectivo de tiro de KD es mayor, Oklahoma City tiene más talento e impide doblarle de manera consistente, y los Thunder hacen un mejor trabajo con bloqueos indirectos para generar ventajas a Durant. La única solución es LeBron, que es el único que tiene el rango y la suficiencia para enfrentarse a la asignación, y recupera mejor que nadie en Miami tras ser bloqueado. Ayer, al final del partido Thunder seguía ejecutando su bloqueo en el poste bajo, con Fisher, que además debería ser una amenaza mucho menor que Westbrook para continuar hacia la canasta, ejerciendo de bloqueador, y Battier no pudo seguir a Durant ni una sola vez: cambiaron la asignación para ver como una y otra vez KD anotaba tan cómodo por encima de Wade.

Como aumentar el trabajo en defensa de James probablemente supondría verle menos en ataque, y la diferencia entre las jugadas que él puso en marcha, con las que partían de Wade fue abismal, el verdadero problema lo va a tener Miami en ataque. De los secundarios no se puede pedir mejor partido en esta faceta (35 puntos en 25 tiros para los 4 que anotaron fuera del Trío Calavera), así que muy diferentes tienen que ser los próximos partidos de Bosh y Wade (29 puntos en 33 tiros) para recoger el testigo de LeBron (30 puntos en 27 intentos) y compensar un banquillo que debería regresar a la media. Y Miami tiene que apretar muy fuerte en ataque si sigue sin poder anotar puntos al contraataque: Oklahoma City sigue protegiendo el balón de manera excepcional, como lleva haciendo durante todos estos Playoffs, y ni siquiera una defensa voraz forzando pérdidas como la de Miami pudo robar el balón con regularidad. Solo 4 puntos a la contra de Miami, 20 menos que Oklahoma City.

Si Miami quiere ganar el anillo va a necesitar llevarse al menos uno del Shakespeare Arena, y con el formato de las Finales, lo más normal es que tenga que ganar aquí dos. No sería recomendable dejarlo para el final. Del próximo, no debería pasar.

PO Desde El Sofá (XXXV): The Finals, el previo

Llegamos al momento clave de la temporada, The Finals, donde Oklahoma City Thunder y Miami Heat se van a jugar en los próximos días quien se lleva el título de la NBA y el anillo. Aquí en la Crónica cada uno va con uno diferente…

Mario Maruenda – Miami Heat en 6

Hace casi dos años, en plena resaca de la Decisión con mayúsculas, hubiera sido impensable. Pero ahora, sí, con los dos finalistas que tenemos, quiero que Miami gane este título. No lloraré si gana Oklahoma, y también me encantaría ver a Durant y compañía con un anillo en la mano, pero creo que mucho tiempo y oportunidades tendrán, y ya es hora de que LeBron lo gane por un motivo: que nadie pueda seguir cuestionado su grandeza.

LeBron este año no ha sido polémico ni prepotente. Se ha visto que la ventaja que adquirió rodeándose de Wade y Bosh, repelente por abusona y simple, no era tanta en una NBA con plantillas que se han sabido completar y complementar mejor y entrenadores más curtidos que el suyo. Y ha tenido que aguantar lo que nadie en todos los pabellones a los que ha ido. Y ha tenido que leer de todo en una prensa caníbal que disfruta con un villano.

También me gustaría que Bosh pudiera ganar su anillo, y veteranos como Juwan Howard, Mike Miller o Shane Battier saboreen la gloria y puedan retirarse tranquilos (y pronto).

Pero todo gira en torno a LeBron. Él es la razón de que Miami esté aquí y suya será la victoria o derrota. Y aunque parezca de otra especie, es humano, como tú y como yo. Es posible incluso, que él sea más sensible que nosotros. Lleva 9 temporadas dándonos un nivel superlativo de baloncesto, y todavía no es suficiente, es motivo de mofa. Si tras 3 MVP’s, un anillo es lo que se necesita para dejar de oír el run-run, que venga pronto. Que venga ya.

David Chanzá – Oklahoma City Thunder en 5

Escribo esto con la camiseta de los Seattle Supersonics de la temporada rookie de Kevin Durant, verde y con el 35 a la espalda. OKC está ante su gran oportunidad, muy probablemente mucho antes de lo que ellos mismos pensaban.

Con un equipo lleno de talento comandado por un Kevin Durant que es un JUGÓN con todas las palabras y sí, así en mayúculas y con dos jugadores que serían franquicia en cualquiera de los otros equipos NBA como son Westbrook y la barba más famosa del mundo entero, James Harden.

Pero a parte de esto, tenemos dos jugadores interiores serios como es Serge ‘Ikea’ Ibaka y Kendrick Perkins con la más que eficiente aportación de otro Sonic como es Collison. Y luego está el factor Fisher, que alguna va a enchufar de esta de las suyas y que puede ganar su sexto anillo y antes que Kobe además… quién lo iba a decir…

Thunder puede empezar este año algo que si las lesiones lo permiten y el GM (y los jugadores) no se vuelve locos, puede hacer que esta franquicia robada de la lluviosa Seattle cree lo que los yankis llaman dinastía

Remodelando Beantown

Después de tener su espacio salarial muchos años secuestrado por los altísimos sueldos del Big 3, los Celtics tienen por delante un verano en el que Kevin Garnett y Ray Allen acaban contrato, y tienen hueco bajo el límite para remodelar la plantilla con contratos por encima del mínimo. Danny Ainge tiene trabajo y por fin, dinero que gastar más allá de Newbury Street.

Los Celtics tienen ahora mismo 4 jugadores bajo contrato para la temporada que viene, y dos elecciones de primera ronda de Draft que suponen contratos garantizados… si no se quedan, por ejemplo, en Europa a jugar. Los cuatro jugadores con contrato en Boston son Paul Pierce (que cobraría 16.79 millones la temporada que viene), Rajon Rondo (11.00 millones, probablemente el mejor contrato para un jugador que ya pasó la escala de novato de la Liga), Avery Bradley (1.63 millones) y JaJuan Johnson (1.12 millones). A las dos elecciones de Draft, la 21 y la 22, les tendrían que pagar 1.09 y 1.05 millones respectivamente.

A estos 6 compromisos, que suman un total de 32.68 millones para el próximo curso habría que añadir las llamadas retenciones bajo el tope, en inglés cap holds, que indican que si se tienen menos de 12 jugadores en la plantilla, hay que reservar el contrato mínimo de un novato, es decir 473.604 dólares el año que viene, por jugador por debajo de ese número.

Como los Celtics solo tendrían 6 jugadores en plantilla, para calcular su masa salarial habría que sumarle el equivalente a 6 contratos mínimo de novato, en este caso 2.84 millones más. Según se fueran firmando jugadores, estas provisiones desaparecerían.

Por tanto, los Celtics, sin ningún otro movimiento, tendrían 35.52 millones comprometidos, con un límite que se sitúa en 58.04 millones. Eso les da un total de 22.52 millones para trabajar, más con 2.58 millones más de la nueva Room Mid-Level Exception (excepción de nivel medio para equipos con espacio) que permite a los equipos por debajo del tope utilizarla a mayores. Pero, atención, que no se puede sumar a los 22.52 millones para que hagan algo más de 24 y poder firmar jugadores de, por ejemplo, 14 y 10 millones. Se tiene que usar aparte en uno o varios jugadores que cobren por debajo de esos 2.58 millones.

Como ya hemos dicho, los novatos que elijan los Celtics en primera ronda podrían no llegar esta temporada, pero el ahorro sería bastante pequeño: como hay que reservar el salario mínimo de novato, solo se ahorrarían la diferencia entre los 1.09 y 1.05 millones con los 0.47 del salario mínimo. Así que renunciar a las dos elecciones para este año, solo supondría un ahorro de 1.2 millones más.

También hay que tener en cuenta que tienen la opción de retener a Stiemsma con la oferta cualificante para poder renovarle luego, que en su caso es de 1.05 millones, y que como vendría a sustituir a una de esas provisiones de contrato mínimo, solo reduciría en 1.05-0.47=0.58 millones de espacio salarial.

Así que en resumen, intentando ahorrar lo máximo posible: es decir, sin renovar a Stiemsma, y sin incorporar este año a sus elecciones del Draft (bien sea traspasándolas, o fichando jugadores que se queden en Europa) los Celtics tendrían 23.72 más 2.58 millones de la RMLE, para complementar a Pierce, Rondo, Bradley y Johnson.

Lo más seguro es que tanto los novatos como Stiemsma lleguen, por la conveniencia y lo barato de sus contratos, por lo que la cantidad con la que los Celtics trabajarán es de 21.94+2.58 millones, y 7 jugadores ya en plantilla, seguramente.

Podría ocurrir que Brandon Bass ejerciera su opción de renovar un año más de manera automática, por 4.25 millones, pero parece improbable que Bass no se anime a buscar un contrato, que con los méritos hechos este año, seguramente sería, no solo más alto, sino también más largo, lo cual reforzaría su seguridad financiera. Mencionamos esta opción, que reduciría el espacio en los ya mencionados 4.25 millones, pero no la tenemos mucho en cuenta. Y eso que el propio Bass, al acabar el partido el otro día dijo que esperaba y le encantaría volver, pero no creo que su agente, Tony Dutt, no sea capaz de convencerle de seguir el dinero.

Entonces, ¿qué se pueden hacer con casi 22 millones? Pues en principio, los Celtics, si se encaprichan, podrían ir a por cualquier jugador este verano. Deron Williams podría firmar por 17.18 millones como máximo, por lo que entraría dentro del presupuesto. Los jugadores del Draft del 2008, que buscan este año su primer gran contrato (que los equipos pueden igualar) pueden cobrar como máximo 12.92 millones, por lo que los Celtics podrían hacer una oferta por semejante cantidad, o menos, por supuesto, a Eric Gordon, Roy Hibbert, Brook Lopez, Nicolas Batum, Michael Beasley o Danny Green, por el que parecen interesados, y esperar a comprobar si sus equipos la igualan.

Pero antes que la afición Celtica se emocione con nuevas figuras, hay que recordar que las posibles renovaciones también tendrían que entrar en ese espacio, y como suponemos que la prioridad en Beantown es hablar con Kevin Garnett y ver por cuánto estaría dispuesto a volver, de la cantidad con la que KG firme, dependerá en cuanto se quedan esos 22 millones que tienen para gastar.

Cuando los equipos están por encima del límite, pueden pagar el máximo por renovar a sus jugadores, pero si están por debajo, y quieren hacer esto, tienen que reservar un cierto espacio salarial, para evitar hacer «trampas». Es decir, si no se usara esta retención bajo el tope, los Celtics podrían gastar esos 22 millones en agentes libres «de fuera» y luego renovar a todos sus jugadores por la cantidad que fuera necesaria. En su lugar, los jugadores tienen asociada una cifra, en este caso, el 105% del su salario el año anterior, un total de 22.31 millones en el caso de KG, es decir, el espacio salarial completo de Boston.

Así, por tanto, cualquier cantidad que se acuerde pagar a Garnett por encima del mínimo, estará incluída en el cálculo del espacio salarial de Boston, y por tanto, en conjunto con el resto de incorporaciones, tendrá esos 21.94+2.58 millones de límite. Lo mismo ocurre con Ray Allen, en su caso, la retención sería el 150% del salario del año pasado, y su salario contaría como 15 millones hasta que se alcanzara un nuevo acuerdo. Y por supuesto, el salario que entre en cualquier tipo de traspaso con estos jugadores que no están bajo contrato, tendría que estar por debajo del límite.

Por tanto, la conclusión es esta, si no hay traspasos en la noche del Draft, los Celtics llegarán al 1 de julio con 7 jugadores en plantilla, y 21.94+2.58 millones para gastar entre todos los jugadores que lleguen nuevos y las posibles renovaciones de Garnett, Allen, Jeff Green y Bass (ya renueve automáticamente por 4.25 millones o firme otro contrato con los Celtics).

No es una cifra que permita soñar con superequipos (tampoco los agentes libres de este año son la bomba), pero si pueden convencer a unos cuantos jugadores para firmar por cifras asequibles, podrían traer hasta 5 jugadores de buen nivel, y si además aciertan con las dos elecciones de Draft en las que los últimos años se han elegido jugadores como Kenneth Faried, Darren Collison, Ryan Anderson, Courtney Lee, o en 2006 el mismísimo… Rajon Rondo, tienen la posibilidad de poner en pista el año que viene una plantilla mucho más profunda, con secundarios que permitan seguir exprimiendo lo que le quede a los veteranos antes de reconstruir alrededor de Rondo.

Como siempre, el que quiera dar por muertos a los Celtics otra vez, a su cuenta y riesgo.

PO Desde El Sofá (XXXII): 20 en mesa

No sabemos si fue por cosa del tan manido Orgullo Céltico, del fantasma de Auerbach, de la flojera de Miami, o de las meigas, pero parece inexplicable que Boston sacara adelante un partido como el de ayer. Pero así fue, los Celtics son un jugador de Blackjack que siempre acaba poniendo un 20 en la mesa, vea lo que vea enfrente. No pueden competir en la excelencia, pero obligan al repartidor a ser valiente y demostrar que tiene mejores cartas. Son batibles, pero jamás lo regalan.

Al principio del segundo cuarto, Miami se iba 13 arriba, había vuelto Chris Bosh, que en aquellos momentos ya llevaba 4 de los 6 rebotes ofensivos que cogió anoche, y los aficionados del AmericanAirlines Arena estaban ya más pendientes de hacer ojitos a las mujeres florero que pueblan Miami, que del partido. Pero Boston, que se pasó dos cuartos haciendo la goma con un estilo que sacaría una lagrimilla de orgullo a Perico Delgado, se puso por delante en el último minuto del tercer acto, y manejo los tiempos en un cuarto final, en el que creo que todos teníamos claro quién iba a salir vencedor.

No es que Boston no necesitara heroicidades (el triple de Pierce con LeBron encima para congelar el partido), suerte (dos triples de Pietrus en dos jugadas rotas, un tapón y una casi pérdida) y oficio (un impecable 7/7 desde la línea en los últimos 3 minutos), es que parecía claro que en cuanto las necesitara iban a estar ahí. Si llevan 15, les sale un 5, si llevan 17 y ven que la jugada del repartidor pinta bien, se arriesgan y les sale un 3. Toman la decisión correcta, tienen la suerte. A veces lo hacen con dos cartas, Rondo y Garnett, que están más cómodos contra Miami que contra cualquier otro rival. Otras es un trabajo coral lleno de esfuerzos concretos. Pero el 20 lo clavan. Nunca de más. Nunca de menos. Los cuenta-cartas del MIT les ayudan desde el otro lado del río.

Y eso les funciona muy bien contra Miami, que tanto en el casino como en la pista solo tiene dos jugadas: Blackjack o nada. El ataque de los Heat en el último cuarto fue doloroso de ver. Los jugadores se extendían y acampaban más allá de la línea de tres, sin movimiento alguno ni intención de ponerse en marcha, pero tampoco tenían vocación de hacer pagar a Boston desde el triple (27% en el partido). Los secundarios ni anotaban, ni bloqueaban, ni siquiera se quitaban del medio, que qué menos. Miami se veía condenado a la dinámica de mal tiro tras mal tiro, algo que Boston, a excepción de Pierce, y porque él quiere, no hizo. Y menos mal que Wade, de meter malos tiros y finalizar solo contra el mundo sabe un rato, que si no no hubiéramos tenido ni emoción.

No es cosa de orgullo, corazón, y demás pamplinas de libros de autoayuda, porque muchos otros equipos (los dos del Oeste, por ejemplo) hubieran luchado igual. No es cosa de egos, ni de villanos, porque en Miami nadie está pensando tirarse 30 tiros, es más, preferirían no hacerlo, esa es la idea detrás de juntarse en SoBe. No es cosa de haber estado ya aquí: LeBron y Wade han ido a las Finales las mismas veces que el Big 3.

Boston tiene en cada jugada múltiples opciones, que cubren casi todo el espectro de lo que se puede hacer en una pista de baloncesto, un facilitador de lujo y un hombre que puede explotar el boquete de Miami, la alarmante falta de centímetros. Los roles están definidos, y se sitúan y complementan para que cada uno aproveche el talento y las fuerzas que les quedan para ir aportando pírricamente más que el total de la suma de sus partes. 20. 20. Y otra vez 20. 5 jugadores acabaron con más de 10 puntos, y el sexto es Rondo, que contribuye a su manera. Así no ganan un partido a cualquiera de los dos equipos que vienen del Salvaje Oeste, con ases guardados en ambas mangas, encadenando veintiunos y Blackjacks, pero a Miami, que ha decidido jugar solo con dos cartas, y se encomiendan y obligan a que Wade y James salgan As o Figura, lo acaban arruinando.

Y es que lo de las dos cartas en Miami, ayer fue casi literal: solo dos hombres en dobles figuras. LeBron, que es tan bueno que podría ser un comodín, sufre al no poder asumir los dos roles que mejor entiende y domina. Su vocación de base se ve frustrada con jugadores tan limitados, tanto en talento como por sistema, y su potencial como finalizador se pierde al no tener a nadie que pueda hacerle llegar el balón en una posición en la que parta con un poco de ventaja de manera consistente. Anoche, cada vez que recibió un paso por delante de su defensor, la pelota acababa pasando por el aro. Pero lo más normal, es que se vea obligado a tirar una y otra vez del tercer recurso de su libro de estilo, el de tener que crearse su propio tiro en el uno contra uno más primitivo, en el que no hay sitio ni para un mísero aclarado. Spoelstra parece un novato al que alguien no ha explicado las reglas y no sabe que puede pedir más.

Eso sí, como esto al fin y al acabo es de verdad un juego, y queda sitio al azar, no saquemos aún a Miami de las Finales. El daño que hizo Bosh en menos de un cuarto de hora vuelve a demostrar que a Miami le puede valer con dos hombres y medio. Si puedes pedir una tercera carta, la tarea es más fácil. Pero los Celtics tienen la banca, y el Garden es un casino que emborracha gustosamente a todo el que va a apostar los cuartos allí. Miami tiene reto, pasar de 20 dos jugadas seguidas.