Minoría silenciosa

La NBA, prácticamente desde sus inicios, ha estado lejos de polémicas raciales. La Asociación se ha mantenido siempre distante de la discriminación a los atletas negros, al menos por comparación con las otras grandes Ligas. Es indiscutible que a los jugadores actualmente no se les mira el color de la piel (el All-NBA First Team al completo está formado por jugadores afroamericanos), pero es más allá, donde se puede ver la verdadera distinción y la distancia que guardan con el resto del deporte profesional americano.

En los banquillos, por ejemplo, donde solo hay dos franquicias que jamás han tenido a un entrenador principal negro, la relativamente joven Miami, que a cambio ha sido la primera en contratar a un entrenador de ascendecia filipina, y los Lakers, donde la llegada de Brian Shaw podría tachar al equipo de la lista. El primer entrenador en ganar un título de NBA fue Bill Russell hace 45 años. En la NFL, Tony Dungy fue el primero. Hace 4.

También los árbitros. Hace 43 años que hombres de raza negra empezaron a pitar partidos, con Jackie White y Ken Hudson como pioneros. Desde hace 14 años la NBA tiene un árbitro negro y mujer: Violet Palmer.

Y lo más importante, quizá, los despachos. Robert Johnson fue el primer propietario negro de una franquicia de las cuatro grandes Ligas al hacerse con los Bobcats, y Charlotte, con Jordan ahora al frente permanece como único equipo con dueño afroamericano. Wayne Embry se convirtió en Manager General de los Bucks hace 39 años. En ninguna Gran Liga hay tantos hombres negros tomando decisiones.

Pero nadie es perfecto. La NBA tiene sus esqueletos en el armario. Aunque Chuck Cooper, Nat Clifton y Earl Lloyd abrieron el camino en el año 50, hasta finales de los 60 algunos equipos se empecinaban en mantener un límite no reconocido de jugadores afroamericanos en plantilla, pese a que los Celtics y los 76ers de Russell y Chamberlain mostraban el camino a seguir, con quintetos completos de jugadores negros. Y también hay lacras bien vivas. El código de vestimenta despertó viejos fantasmas que nos llevaban a la época que los Fab Five todavía estaban en la Universidad. Y como olvidarnos, en la familia se sigue manteniedo a un repetidamente acusado de racista y hombre de dudosa reputación, el propietario de los Clippers, Donald Sterling.

Aún así, hay que aplaudir, con toda la moderación que cada uno quiera, a la NBA, que ha estado muy por encima de la curva que marcaban organizaciones comparables y la sociedad americana en cuanto a equiparar hombres y mirar más allá del color de la piel. Ahora, en 2011, la NBA se enfrenta a una nueva situación potencial de racismo, que debe gestionar de la mejor manera posible: la homofobia.

Muchos titulares de todo tipo han circulado esta semana en torno a este tema. El pasado lunes, Rick Welts presidente de los Phoenix Suns, se convertía en el primer ejecutivo deportivo en reconocer su homosexualidad. Ayer, lunes, uno de sus jugadores, el siempre elegante Steve Nash, aparecía en una campaña de publicidad del lobby Human Rights Campaign, para dar su apoyo al matrimonio gay, que por cierto, es legal y bastante aceptado socialmente en su país, Canadá. Estos movimientos de Welts y Nash ganan valor poniéndolos en su contexto local: los Suns juegan en Arizona, estado tremendamente conservador, en el que no parece que la unión entre dos personas del mismo sexo se vaya a ver pronto. De hecho, Nash ya recibió ayer mismo alguna crítica por Twitter (aunque el apoyo a la causa era mayoritario) que toreó con la misma eficiencia con la que pone el balón siempre en el mejor lugar de la cancha.

La normalidad con la que se ha acogido la situación en Phoenix era una buena noticia para una Liga a la que de repente le toco apagar por otro lado la barbacoa que había montado Joakim Noah. De manera parecida a Kobe Bryant hace unos meses, el pivot de los Bulls volvió a juntar fuck y faggot en una misma frase que recogieron las cámaras, y esta vez, en vez de dirigirse al árbitro Bernie Adams, lo hizo a un espectador.

Noah ha sido multado, pero sorprende el castigo, su multa, de 50.000 dólares, es la mitad de la de Kobe Bryant. Uno podría entender la diferencia si atendemos a la proporcionalidad en los salarios, pero es que la NBA ha decidido torpemente que el agravante es dirigirse a un árbitro en comparación con un aficionado que se estaba dedicando a incordiar al Chichitos. Sorprende que con los ojos puestos esta semana en el asunto, y con un problema que ahora se convierte en reincidente, la multa se haya reducido, ya que demuestra que la NBA estaba mucho más preocupada por la falta de respeto al árbitro que por el comentario homófobo.

Noah se ha disculpado como ha hecho Bryant, nos ha recordado que tiene amigos homosexuales, y creo que no hay que hacer leña del árbol caído. La expresión utilizada, nos guste o no, está dentro del vocabulario habitual de un joven, al igual que otras frases machistas o racistas que tan a menudo se utilizan sin pensar, totalmente despojadas de ese significado. No quiero dármelas de moralista, cuando yo soy el primero que a veces utiliza expresiones parecidas. Yo no estoy orgulloso, seguro que ellos tampoco lo están. Verte afeado en público, tener que mirar y responder a la cara a personas a las que has ofendido y el empujón al bolsillo, que por muy millonarios que sean, siempre duele, me parecen un castigo adecuado.

Pero la NBA, como compañía que no piensa en frío y que puede controlar las consecuencias de sus acciones, tiene que hacer el mayor esfuerzo para seguir siendo un modelo de referencia. Los niños se fijan e imitan su producto, y mostrarse inflexible de cara a la galería es la única opción para evitar que se repitan estas cosas. Después de ver una dirección positiva con las multas a Bryant y la situación en Phoenix, acaban de desaprovechar una oportunidad para seguir rechazando este comportamiento sin ambages.

Todavía ningún jugador ha revelado sus preferencias sexuales en activo. John Amaechi lo hizo después de retirarse hace 4 años, y pese a que la tolerancia era la tónica común, las reacciones de algunos jugadores ponen en duda que un vestuario NBA al completo pudiera aceptar a un jugador que revele su homosexualidad. De hecho, uno de los jugadores que declaró que actuaría con normalidad ante un compañero gay, no tuvo problema en comparar a un rival con una drag-queen en su día. Y Shaq no recibió multa alguna por llamar a Chris Bosh, el RuPaul de los hombres altos.

La Liga ya se estaba encargando de hacer anuncios públicos, los famosos PSA’s concienciando sobre la homofobia, incluso antes de los incidentes de Bryant y Noah. A Welts se le ha acogido con toda la normalidad del mundo, y con un gran abrazo. Pero si todavía ningún jugador se ha atrevido a compartir su condición sexual con sus compañeros, es que no existe un clima de confianza suficiente.

Creo que, por fortuna, los homosexuales en la NBA no son una minoría silenciada. Pero sí silenciosa. Cuando arreglen lo de los salarios, Stern ahí tiene trabajo.

¿Y ahora qué?

Después de la rotunda e inesperada derrota angelina en Play-Off, en la que el equipo de Phil Jackson se desmoronó completamente, la solución para mucha gente parecía sencilla: que empiecen los movimientos y los fichajes en Los Angeles Lakers. Traemos a un base como Chris Paul y/o nos hacemos con el descontento Dwight Howard y todo resuelto. Pero las cosas no son tan fáciles. Por partes.

En primer lugar, el mercado de traspasos de la NBA ahora mismo, está acechado por la incertidumbre. El 30 de junio se acaba la CBA, o lo que es lo mismo, el Convenio Colectivo, y clubs y jugadores tienen que acordar uno nuevo, en el que los términos y las condiciones podrían cambiar por completo. Se han lanzado propuestas en todas las direcciones de parte de la NBA, como por ejemplo reducir los ingresos de los jugadores en 800 millones de dólares (algo más de un tercio de lo que cobran ahora mismo) de forma progresiva o incluso «retroactiva» aplicándose a los contratos ya firmados, poner el llamado tope salarial duro en el que los equipos no pueden exceder la cifra marcada o seguir usando un sistema similar bajando el tope, la aplicación de una designación de jugador franquicia que ayude a los equipos a retener a sus estrellas, contratos más cortos y sin garantizar, etc… Aunque hasta el 30 de junio se pueden hacer traspasos, es difícil que veamos a alguien mover ficha, sin saber como funcionarán las reglas del juego el año que viene. Y eso si hay año que viene…

Teniendo en cuenta esto, como yo creo que el acuerdo será muy parecido a los términos actuales, solo que con una mayor flexibilidad para que los equipos se puedan desahcer de los jugadores que den bajo rendimiento, y con algún mecanismo que permita hacer ofertas ligeramente mejores a los equipos para retener a sus estrellas, vamos a asumir de aquí en adelante, unas reglas del juego iguales a las actuales. Y en este escenario las posibilidades de renovación de los Lakers son imposibles sin remodelar por completo la plantilla.

Los objetivos principales, está claro que serían el pivot de Orlando, Dwight Howard que podría ejercer su derecho a disfrutar de la agencia libre en el verano de 2012, al igual que los bases Chris Paul y Deron Williams. Ese verano los Lakers tendrán 71.1 millones comprometidos entre Kobe Bryant, Pau Gasol, Lamar Odom y Andrew Bynum, cuando el límite salarial de este año, por ejemplo, es de 58 millones de dólares. Y eso sin añadir, los 17 millones que todavía estarán cobrando entre Ron Artest, Luke Walton, Steve Blake y la opción que tendría ese verano Derek Fisher de extender su contrato un año más por 3.4 millones.

Es decir, es imposible que los Lakers pudieran entrar en un mercado de agentes libres en 2012, sin que las reglas del juego hayan cambiado mucho, manteniendo su plantilla. Si tenemos cuenta que Kobe cobrará 27.8 millones, y que ningún fichaje de campanillas aceptaría menos de 15 millones por muchas ganas que tenga de venir a Los Angeles (aunque podrían ganar en teoría hasta 19 millones en el caso de Howard y 17.1 en el de Paul y Williams), estos dos jugadores cobrarían ya 42.8 millones, dejando apenas unos 16 millones en espacio salarial. Eso significaría que el equipo tendría que renunciar a Pau Gasol, que cobrará 19 millones esa temporada, a duras penas podría retener a Bynum (16.1), y si lo hicieran, tendrían que decir adios a Odom (8.2 millones en la 2012/2013) y Artest (7.2 millones), y eso suponiendo que hayan colocado a los Waltons y Blakes de la plantilla, y teniendo en cuenta, que la plantilla de Lakers iba a quedar vacía, esperando a ser rellenada con jugadores de salario mínimo.

Resumiendo, que una situación en los términos actuales, y salvo que uno de los jugadores acepte, por primera vez en la historia de la NBA, un descuento tremendo de sueldo, es imposible juntar en el periodo de agencia libre a Bryant y Gasol con uno de los tres deseados. Dos de los tres 7 pies de Lakers, uno de ellos, casi de manera obligada, Pau, tendrían que ser traspasados o cortados (los Lakers podrían deshacerse de Bynum y Odom ese verano gratis).

Viendo que la agencia libre no es una opción viable, hay otra manera, que es el traspaso, el intercambio de cromos. Aquí, con las reglas ya conocidas, los Lakers tienen que ofrecer al otro equipo un montante en salarios comparable al que estén dispuestos a absorber y por tanto, el límite salarial, no es tanto problema.

Pero si estás pensando en el verano pasado, en las situaciones de LeBron James, Chris Bosh o Carmelo Anthony, esta es muy diferente. Los Lakers no tienen apenas poder negociador. Casi ninguno.

Hay que tener en cuenta que los Cavaliers, Raptors o Nuggets tenían la amenaza enfrente de que equipos como Chicago, Miami o New York tenían espacio salarial, para ofrecer a sus jugadores un contrato en el periodo de agencia libre, sin que ellos recibieran nada cambio. Los Lakers, tal y como están construidos, no presentan esa amenaza. Orlando, New Orleans o New Jersey no van a perder sus jugadores sin recibir nada a cambio ante los Lakers de Kobe y Pau.

Sí que es verdad que habrá franquicias preparadas a echar la caña, como por ejemplo New Jersey, y por ello los equipos pueden estar dispuestos a negociar por sus jugadores, pero la falta de una verdadera amenaza, de un equipo histórico, en buena posición y en mercado grande, añadido al hecho de que, casi seguro, en la nueva CBA los jugadores van a tener por lo menos un ligero incentivo para continuar con sus clubs, hace que la urgencia no sea comparable: Howard o Paul simplemente han pasado de ser intocables a transferibles por el precio justo. Puede que un poco más. Ni un centavo menos. La NBA ha cambiado de ser el escenario en el que Garnett y Gasol cambiaron de equipo por cacahuetes, al mundo en el que los Nuggets dejan en porretas a los Knicks, y les hacen pagar el gusto y las ganas por Carmelo.

Por tanto, los Lakers no pueden dar 50 centavos por un dólar, si se quieren hacer con alguno de esos jugadores, tendrán que hacer una buena oferta, que se ajuste al precio del mercado del jugador. De nuevo, salvo enajenación mental en alguna directiva, es imposible traer a uno de estos jugadores sin mover 2 de las 3 torres. Como además, los Lakers no pueden ofrecer en principio, salvo colaboración de terceros equipos, jovenes con proyección, y jugadores buenos con contratos razonables, la única golosina que pueden incluir en un traspaso, es absorber uno de los malos contratos firmados por las otras franquicias. Propuestas de traspaso que al menos llegarían a ser escuchadas, por ejemplo, son las siguientes:

En el primer caso, los Lakers mandarían a Pau y a Bynum a Orlando a cambio de Howard y de un Gilbert Arenas con un papel más cercano al de rémora salarial que al de jugador de provecho.

En el mejor de los escenarios posibles que se me ocurre que Orlando puede estar dispuesto a discutir, los Lakers podrían retener a Pau traspasando a Odom y Bynum por Howard y Jameer Nelson, pero dudo mucho que Orlando pique con esta transacción. En definitiva, casi cualquier traspaso con Orlando pasaría por incluir a dos de los tres grandes, y recibir a cambio a Howard acompañado de Arenas, Turkoglu o Redick.

Con New Orleans, tendríamos una situación parecida, los Hornets no tienen prisa ninguna como para aceptar ahora mismo algo menos que dos jugadores, y empaquetar los 4 años de contrato que le quedan a Emeka Okafor e incluso los 3 años de Jack a los Lakers.

Si nos ponemos creativos, se puede imaginar un escenario en el que los Lakers solo tengan que deshacerse de uno de la terna Gasol/Bynum/Odom, pero pasaría por el más difícil todavía: convencer a un tercer y cuarto equipo, de reciclar los contratos sobrevalorados de Artest, Fisher, Blake o el intraspasable Walton, en una pieza de similar valor a Odom o Gasol, una tarea hercúlea, que de llevarse a cabo tendría que convertir a Mitch Kupchak en Ejecutivo del Año.

Y ya por último, no hay que olvidar, aunque eso a veces sea lo de menos, que los Lakers no tienen entrenador para el año que viene. Aunque uno no cree que Brian Shaw, Rick Adelman o quien quiera que venga pondría problemas a entrenar a Bryant con Howard o similares, no sería empezar con buen pie plantear un megatraspaso antes de conocer la opinión del nuevo coach, pienso yo.

Así que en resumen, los Lakers no pueden añadir a uno de los tres deseados sin remodelar por completo la plantilla, y el panorama actual de incertidumbre no invita ahora mismo a movimientos y fichajes drásticos. Esta es la realidad a la que se enfrenta la franquicia angelina.

Cerrando que es gerundio

El ambiente que se había preparado en el New Orleans Arena era ambiente de remontada, ambiente de buscar el 7o en LA. Todo el mundo con camisetas azules y el ya típico eslogan de Beat LA. Pero Lakers tenía otra cosa en mente, acabar.

El principal protagonista y el que dio el paso adelante anoche fue Andrew Bynum, que demostró que cuando está con ganas, motivado y sobre todo sano, es de lo mejorcito que hay en cuanto a juego interior en la liga y aunque Hornets empezó muy bien con el rebote, pronto se dieron cuenta que ese era territorio de Bynum.

Con esto y con la actuación de nuevo gris de Paul, este jugador si fuera más regular sería sin duda MVP…, los Hornets fueron un pequeño muñeco en manos de unos Lakers con la lección bien aprendida y con el modo Se Acabó activado, lo cual los hace muy, pero que muy peligrosos.

Una de las claves del partido estuvo en un arreón que tuvieron los Hornets que se llegaron a poner a 10, con un buen parcial y con todo el pabellón en pie y gritando… entonces surgió el de siempre, Kobe con un triple que hacía callar a todo el mundo y que dejaba las cosas claras.

Esta serie no ha sido tan dura como fue la primera del año pasado, pero sin duda que ha sido un aviso para Lakers, que no deben despistarse…

Kobe? bien, gracias.

New Orleans Hornets visitaba el Staples Center con las ganas de dar la sorpresa, de asaltar la catedral angelina para luego dar la puntilla en NO… Lakers, le había dado vida y Chris Paul quería cogerla y quedarsela… pero nadie contaba con Kobe… y mira que decir esto a estas alturas de la película es mucho decir, pero…

Kobe tuvo un pequeño esguince en el 4o partido, incluso se le vio salir en muletas del New Orleans Arena, pero ayer, después de un inicio de partido donde parecía que no estaba bien, todo cambio cuando humilló a Emeka Okafor en uno de los mates más jugones que le he visto hacer a Bryant en mucho tiempo. Este mate fue la alarma, esa lucecita que se enciende en Lakers por está época del año.

Lakers hizo lo que tenía que hacer, dominar el rebote y hacer que la zona interior sea territorio prohibido para Hornets, consiguieron eso, y se llevaron el partido, así de sencillo. Kobe fue simplemente el despertador, el que activó a todo el mundo para decir: señores, ya está bien.

El mate a Okafor fue tremendo, de esos de principios de siglo, cuando Kobe era sin lugar a ninguna duda el mejor jugador de la liga, cuando Kobe estaba sano y sus piernas hacían lo que le daba la gana. Fue muy grande verlo hacer ese mate, como casi igual de grande fue ver el de la 2a parte. Son mates de hambre, de ganas de ganar y creo que esa es la respuesta a la pregunta que todo el mundo se hace cuando Bryant parece lesionado y Kobe siempre responde como mejor lo sabe hacer: en la pista.

La serie vuelve a NO, veremos a ver si Paul vuelve a hacer un partido de los suyos o si por contra el despertador ha hecho que Lakers despierten y cierren el chiringuito…

PD: Artest sigue haciendo una serie tremenda, tanto en ataque como en defensa…

El show de Paul

El cuarto partido de la serie entre Lakers y Hornets tenía muchas cosas que ver y se vieron, sobre todo por parte de un jugador: Chris Paul.

Considerado uno de los mejores bases de la liga, este año ha sido una temporada de altibajos, donde podíamos verlo haciendo partidos realmente impresionantes, con otros donde nadie sabía donde se metía y se escondía en los momentos finales. El cuarto partido fue de los primeros, es decir, de los partidos en que Paul saca lo mejor de él para su equipo y sobre todo para los amantes del basket.

Él sólo pudo con Lakers, así de claro, aunque recibió un poco de ayuda de un gran Ariza, el cual le está haciendo una gran defensa a Kobe, Paul es Hornets y Hornets es el reflejo del día que tenga Paul. Si Paul tiene el día, como el primero de la serie, los Hornets se convierten en un equipo peligroso y que te puede salir por cualquier lado, si en cambio está gris, pues pasa lo del 2o o 3r partido. En este 4o quería destacar y lo hizo con un triple doble tremendo: 27 puntos, 15 asistencias y 13 rebotes (a los que sumamos 2 robos, uno de ellos casi crucial a Fisher).

Lakers por su parte tuvo el partido en su mano, como siempre, pero no se muy bien por qué, pero lo dejó ir y todo se nubló un poco más cuando Kobe Bryant se torcía el tobillo y acababa el partido cojo… y dejando el pabellón en muletas. Gasol ni fue el del 3er partido ni el del antes, vamos que tiene que mejorar. Artest está siendo sin duda el mejor de Lakers en esta primera ronda ante Hornets y eso no es buena señal…

Por acabar esta semi-oda a Chris Paul, el claro ejemplo de lo que hizo el otro día fue como humilló a Andrew Bynum en esta jugada

The Closer

En el béisbol, la figura del closer (o cerrador, como dicen en Latinoamérica y prefieren las agencias de prensa aquí en España), el pitcher que sacan los equipos en la novena y última entrada de los partidos apretados para eliminar a los 3 últimos jugadores e irse a casa con la victoria, ha tomado una relevancia casi mística, gracias, en parte a nombres como los de Eric Gagne o Mariano Rivera.

Y en otra buena parte, al márketing asociado a la palabra. Repítanla para sus adentros. The Closer. Suena al nombre del héroe de una película de acción. O incluso el del villano indestructible. Suena al especialista que ante un enorme problema, aparece y lo resuelve de manera instantánea y plúmbea.

La palabra tiene halo porque se aprovecha del énfasis que ponemos en el final de las cosas, la gloria del vencedor, la importancia del último tiro. Y cada vez se usa más y más en los corrillos baloncestísticos. Nos encanta pensar en el último tiro. Con el reloj apretando. Y con el mejor jugador, a poder ser. Y no para agrandar una figura, sino para vilipendiar al blanco preferido en la NBA. Anoche, tras la derrota en el cuarto partido contra Philadelphia, otra vez se ponía la maquinaria en marcha. LeBrick (¿LeDrillo? ¿LePiedra? adaptado cutremente al español) se convertía en trending topic en Twitter. Los habituales, con Skip Bayless a la cabeza, se disponían a atizar.

Y sus compañeros lo corroboran La semana pasada, Sports Illustrated dio a conocer los resultados de una encuesta realizada entre 166 jugadores de la NBA, para conocer a quien quieren ver tirando el último balón del partido. Kobe Bryant domina con un 74% y le sigue Durant con el 8%. Wade, Nowitzki, y Allen también aparecen. LeBron, no. Ni un solo voto al, posiblemente, mejor jugador de la NBA.

La decisión es unánime. LeBron James no es un closer.

Dos preguntas. ¿Seguro? ¿Pasaría algo si no lo fuera?

Empezamos por la segunda. Si el closer se mantiene en el béisbol, no es por su eficacia, ya que la técnica ya ha sido demostrada inútil de manera estadística. Entonces, ¿por qué sigue existiendo esa figura? Es el factor psicológico, el poder identificar a uno de tus jugadores con el momento decisivo, con el final feliz, con el factor añadido, del miedo imbuido en el enemigo. O incluso, en el caso contrario, para poder echar la culpa a alguien.

Pero para que el closer pueda salir a ganar un partido en la novena entrada, sus bateadores tienen que haber conseguido más carreras que las que han permitido sus compañeros de bullpen al equipo contrario. Durante 16 ó 17 entradas disputadas, 9 o más bateadores y por lo menos un lanzador, tienen que haber hecho su trabajo para poder glorificar una noche más a la estrella del rock. Un closer jamás ganará un partido solo.

LeBron James es excelente durante todo el partido. Con los dedos de una mano se pueden contar los jugadores que habrían podido llevar a Miami al segundo puesto en el Este si lo reemplazaran. Si de verdad es un jugador tan horrible en el último minuto, la solución es fácil, su GM se tiene que encargar de rodearlo de jugadores que sí lo sean, que sepan terminar el trabajo en los partidos en los que James no ha sido capaz de dirigir a su equipo con superioridad insultante. Nadie se acordó de estos problemas cuando gracias a él aplastaban a Lakers el día de Navidad. O cuando por fin ganaron, y de 23, a Boston.

Pero, ¿de verdad LeBron James no es un closer? O mejor dicho, ¿existen los closers en baloncesto? Puede que su tiro de larga distancia no sea fiable. Que como muchos creen, en el último minuto no busca la línea por miedo a fallar tiros libres con su porcentaje bajo par. Pero es que, a LeBron, todos los fallos se le cuentan en el «haber», nunca en el «debe», como sucede con otros. Una verdad a medias repetida mil veces, se convierte en dogma de fe, y solo oímos hablar de los fallos de unos y los aciertos de otros.

A Henry Abbott de la ESPN se le ocurrió mirar los números en enero de este año, y viendo todas las situaciones en las que un jugador tiraba a canasta los últimos 24 segundos con su equipo empatado o perdiendo de 1-2 puntos se encontró que en los 15 años, Kobe Bryant es el jugador que más tiros de este tipo ha anotado. Algo fácil cuando has tirado 24 veces más que el siguiente que más lo ha hecho (Vince Carter). Algo feo cuando a pesar de tirar 24 veces más, solo anotaste 5 más que él. Y algo horrible cuando tu porcentaje, un 31.3% se coloca como el 25º de los 30 que han tirado más de 30 tiros. LeBron es el 18. Ray Allen, otro de los elegidos por delante de él en la encuesta realizada, es el 19. Y esto sin tener en cuenta, que olvidando (muchos lo han hecho ya) el periodo de Smushes y Kwames, a Kobe siempre le ha rodeado gente mucho más capaz de quitarle presión, que cualquiera de los Cavaliers a LeBron.

Centrándonos en esta temporada regular, y echando un vistazo a las estadísticas publicadas por 82games.com que resumen el comportamiento de los jugadores cuando quedan 5 minutos por disputar del partido, y ninguno de los dos equipos se distancian en más de 5 puntos en el marcador, lo que podríamos llamar minutos decisivos, cuando aparece el gen clutch, hay empate técnico entre el Yin James y el Yang Bryant.

Kobe promedia 49.8 puntos cada 48 minutos decisivos por los 45.1 de James, pero LeBron tira menos, y lo hace de manera bastante más eficiente (0.6029 sobre 0.5391 en True Shooting %). James utiliza menos a sus compañeros, tanto como para crearse su propio tiro (un 23% de sus canastas en ese periodo son asistidas, ante un 27% para Bryant) como para pasarles (4.9 asistencias LBJ, 7.6 KB por 48 minutos decisivos). A cambio, rebotea mejor, tapona más y la pierde menos. Con LeBron en estos minutos, su equipo ha sido mejor que el rival por 0.33 puntos cada 5 minutos, y con Kobe 0.27. Y quedándonos en esta misma noche, la actuación de Kobe al final también ha dejado que desear. 0-3 en tiros de campo, 1-2 en tiros libres, solo 1 punto en los 5 últimos minutos. A la vista de estos números, ¿alguien puede decirme, realmente, por qué Kobe es indiscutible como el más decisivo y LeBron un paria?

No os voy a engañar, yo también me quedaría con Kobe al final de un partido. O incluso con Carmelo, el gran olvidado en el imaginario, pero rey en las estadísticas de este estilo. Incluso, ni siquiera lo eligiría a él en su equipo, sino a Wade. Pero es solo por sensaciones, por la confianza que me da, porque tengo mejores recuerdos de ellos. Pero basta con echar un vistazo a los números, para darnos cuenta que la percepción, y los ecos de lo que retumba en los medios de comunicación, a veces nos engañan.

Casi todos los jugadores NBA se comportan en los minutos finales de forma similar al resto del partido, pese a que no queramos creerlo. Por cada triple heroico sobre la bocina del que recordamos, hay dos fallos en partidos que no se guardan en el recuerdo, y que lo estampan contra el porcentaje medio de tiro del jugador. Michael Jordan, el jugador que a todos nos viene a la cabeza como infalible con el tiro ganador, anoto 33 de 58 intentos, un increible 56.9%, pero un aumento poco significativo sobre los 29 que hubiera anotado de haberse cumplido el promedio de su carrera. El mejor closer de la historia, apenas es un poco más efectivo que en el resto del partido.

Pero por algún extraño fenómeno, miramos con desconsuelo a LeBron por entrar tibiamente a canasta en una zona donde acierta el 72.1% de sus tiros, al mismo tiempo que pensamos que un tiro de tres de Kobe, de esos que solo mete un 32.3% de las veces en condiciones normales, con dificultad añadida, va a ser la panacea. Y la realidad es que un tiro final es como cualquier otro tiro. La aleatoriedad manda. Diantres, pero si Zach Randolph, con su etiqueta de ilustre perdedor habitual y de tirador de triples pútrido, metió uno en el momento más decisivo este sábado.

Pero nos encanta ver mitos y heroes caídos, recordar los desenlaces y revisitar la historia. Le hemos dado un rol especial al pitcher que sola y exclusivamente sale en la novena entrada con atronadora música de fondo, a pesar de que lo más inteligente sea sacar a ese jugador al campo, quizá antes, quizá después si el emparejamiento es desfavorable. Nos gusta más como suena The Closer, que el antiguo término que se usaba para referirse al lanzador final, Fireman (bombero). Y hace un tiempo, decidieron que les gustaba más bombero que, por ejemplo, eso, último lanzador. Si no hay épica, la inventamos. Y que importa que se sustente en algo.

Y por cierto, anoche, Rivera, el closer de los Yankees, el cerrador por excelencia, la deidad de la última entrada, se dejó empatar el partido por Baltimore. Y hace 4 días, en su actuación anterior, hizo lo mismo contra Toronto. Nadie es perfecto.

Sorpresa, sorpresa

No, no vamos a hablar del mítico programa de Isabel Gemio, vamos a hablar de lo que pasó anoche en la 2a jornada de PO. Sorpresas.

La tarde empezó con un partido más que interesante, los Grizzlies de Marc Gasol y Zach Randolph visitaban SA, es decir la casa del gran Popovich y el gran Duncan.

Pronto se vio en el partido que ni los Spurs iban a ganar tan fácil, ni los Grizzlies habían sido tan tontos al ‘elegir’ Spurs como su rival en primera ronda. Los de Tennesse demostraron tener a la gente de SA muy estudiada y si además, sumamos que Ginobili no podía jugar, todo era mucho mejor, aunque también podríamos decir que Gay se quedó en el banquillo…

El partido es fácil de resumir: Duncan vs Gasol. Fue tremendo el duelo en la pintura de ambos y esto hizo que ambos sacaran a relucir sus mejores galas en cada jugada, con un pique de estos que nos gustan y del cual creo que vamos a disfrutar bastante en la serie. Los minutos iban pasando y se veía que la cosa iba a definirse al final, en algún pequeño detalle… en Memphis veían cerca su primera victoria en PO, pero sin confianzas después de ver lo que pasó la noche anterior con Pacers o Sixers. En SA, Parker intentaba crear y distribuir, pero la defensa bien preparada de Grizzlis hacía que todo se decidiera en un triple casi al final de Battier (el cual estrenaba paternidad) que le dio a los Grizzlies la primera victoria de la franquicia en PO y la primera gran sorpresa, pero no iba a ser la última…

Casi solapándose con el final en SA, el Staples se vestía de gala para asistir al primer partido de la serie contra Hornets. Yo miraba el partido más que extrañado la verdad, no eran los Lakers típicos de PO, eran los de temporada regular y eso no molaba nada.

Chris Paul, tal vez algo picado con todos los comentarios sobre que Rose es el mejor PG de la liga, hizo un CLINIC de como manejar, distribuir y llevar el partido a donde él quería (33 pts, 14 asis), también es cierto que la nula defensa de Fisher hacía que esto se viera mucho más.

Bynum estaba pero sin estar y Gasol ayer fue Gasoft, sin entrar a canasta y viéndose superado por Okafor (!!) y Gray (!!!!!!!!), con lo cual el juego interior de Lakers era más que nulo. Así que sin defensa, sin juego interior y con Paul haciendo lo que le daba la gana, sólo quedaba Kobe, que lo intentó de todas las formas pero no pudo ser y los Hornets asaltaron el Staples.

Tal vez lo más grave del tema Lakers, es que para los que hemos seguido la temporada de los de LA… pues no nos extraña…