Entrenando después de…

El otro día se enfrentaron Lakers y Heat, en el segundo partido de su serie donde los angelinos visitaban Miami. Pero qué pasó después?…

El partido fue muy intenso, típico partido de marzo entre dos franquicias de PO y que van a buscar estar lo más alto posible, es decir, intensidad desde el primer minuto.

Además, ambos equipos se les veía picados, por una parte los Heat llevaban ya algunos partidos perdidos seguidos y los rumores de nuevo hablaban de Pat Riley volviendo a los banquillos, sin mencionar el famoso Cry-Gate… ni las ganas que siempre tiene LeBron cuando se enfreta a Kobe. Por parte de Lakers, algo parecido, quería callar bocas después del partido de Navidad, así como seguir la racha triunfal desde el parón del All-Star, además, como LeBron, Kobe quería demostrar quien manda.

Y el partido fue eso, un gran duelo, de igual por igual, donde Chris Bosh quiso lucirse frente a Gasol, en un enfrentamiento que fue de lo mejorcito sin duda que se ha visto en todo lo que llevamos de liga, ambos estaban picados y se notaba en cada canasta, en cada ataque y, claro, en cada defensa.

Al final, y como siempre pasa en estos casos, los pequeños detalles decantaron la balanza en favor de los Heat, en los cuales cada vez tengo más claro que la clave es Wade y no LeBron. Los Heat son de Wade.

Pero de este partido, de una de las cosas que se están hablando son del cabreo monumental que cogió Kobe al acabar el partido, no se sabe si por la derrota (lo más seguro) o por qué, pero Bryant se quedó después del partido haciendo sesión de tiro en el pabellón… algo curioso y raro en la NBA… pero supongo que es lo que tienen los ganadores: siempre quieren ganar.

Crónica On Tour vol.1: Knicks v Lakers

Primer partido en directo de NBA y por lo tanto nerviosismo e ilusión a niveles casi parejos, sobre todo cuando te encuentras en una de las ciudades más mágicas del mundo como es Nueva York. Además, iba a cumplir un pequeño gran sueño, ver a los Lakers de Kobe Bryant en acción.

Nos acercábamos a la hora de partido y decidimos ir con bastante tiempo de antelación, para disfrutar del ambiente previo a un partido de estas características. Conforme nos acercábamos al Madison, se empezaban a ver las camisetas y gorras de Knicks y algún que otro fan de Lakers. Yo iba con mi sudadera de Lakers y debajo una de las primeras camisetas que he tenido y la primera Laker, una del Threepeat amarilla con el 8.

Llegamos al Madison, imponente por fuera con su forma redonda, pero pronto te das cuenta que allí nada es lo que parece ya que la entrada al pabellón se encuentra por la 7a Avenida, justo en frente de la entrada del tren/metro de Penn Station, parece más bien la entrada a un edificio (de hecho lo es) que a un pabellón. Conforme entramos en las entrañas del edificio la gente ya está preparada para el partido. Vemos una cola de gente separada del resto, según tengo entendido en cada partido se ponen a la venta entradas de última hora y para este partido habían muy pocas, de eso avisaban unos encargados de los Knicks con megáfonos, avisando que era un Sold Out, es decir, todo vendido… con lo cual las entradas sueltas se podían contar casi con los dedos de las manos…

Antes de meternos en la zona de taquillas, donde ya está realmente la entrada al pabellón y previo primer control de entrada, compramos merchandising de los Knicks, recuerdos de una jornada que será inolvidable: gorras, dedos de gomaespuma y yo me hago con uno de mis objetivos, la camiseta blanca swingman con el 1 de Amaré…

Llegamos a la zona de taquillas, dos colas, una hacia la zona de las torres A/B y otra hacia las C/D, nos ponemos en la nuestra y ahí empezamos a sondear el ambiente pre-partido: gente ataviada con las ropas más diferentes de los colores característicos de Knicks, así como bastante gente Laker, más de la que esperaba. Cerca de nosotros, un doble de Kobe. Era tremenda la semejanza física con Bryant…

Los tornos se abrieron y poco a poco la manada fue lentamente hacia la puerta, pasamos nuestra entrada y nos metemos en las entrañas del Madison para subir hasta nuestro sector, que por cierto, era la parte más alta del pabellón. Mediante escaleras mecánicas vamos subiendo por nuestra torre, no sin antes pasar por la zona de avituallamiento donde, como es debido, cargamos al estilo americano: mucho de todo y bien grande.

Ya bien cargados de provisiones y después de subir mucho (ya no se podía subir más…) llegamos a nuestro sector, donde un amable empleado de los Knicks nos indica la situación exacta de los asientos… en ese momento levanto la vista y delante mía el interior de uno de los pabellones más míticos que se pueden visitar, momento de admiración y emoción. Disfruto de ese momento mientras dejo las provisiones debajo de unos asientos que luego resultaron ser extremadamente cómodos, me pongo de pie y sigo disfrutando. Estoy en el Madison Square Garden, voy a ver a Lakers y voy a ver a Kobe Bryant.

Los momentos previos al partido, son momentos de fotos, de no perderse cada uno de los rincones que nuestra vista llega a abarcar, la pista, las gradas, el marcador, el techo, los aficionados llegando… todo.

Salen los equipos a calentar, primero los Knicks a ritmo de DJ Fatman Scoop (DJ invitado al partido) y después de un vídeo que muestra la historia de Knicks, la gente aplaude a rabiar, al poco tiempo salen los Lakers y la gente de nuevo aplaude, aunque ya se oye algún ‘buu‘ característico, recordar que la gente en USA no pita para abuchear, sino que dice ‘buuuu‘.

Durante el calentamiento me fijo en ambos equipos, no hacen la típica rueda que conocemos en Europa, si no que cada uno va tirando y hace sus propios estiramientos. Con la ayuda de unos mini prismáticos miro a Lakers… Gasol, Bynum, Odom y Kobe que ya estaba en su zona favorita tirando de 3… Spike Lee ya está sentado en su asiento, luciendo un más que llamativo gorro naranja, a juego con su camiseta de Landry Fields.

En el marcador se muestra la música que ha elegido Shawne Williams para antes del partido, Safe 2 Say de Fat Joe, PSA de Jay-Z y Breathe de Fabolous, buenos temas, DJ Fatman Scoop los pincha los tres y mientras disfruto de la música empiezo a notar que cada vez hay más y más gente.

De repente veo unas banderas americanas que están a punto de entrar al campo, los jugadores se alinean y se hace el silencio. Las banderas llegan al medio de la pista, ya despejada, es el momento del himno. El speaker presenta a Jenna Ushkowitz de Glee que interpreta el himno de una forma tremenda (después me entero que esta chica ya con 13 años cantó en su día el himno también en el Madison…), que himno más bonito tienen los americanos, siempre lo digo y vivirlo en directo hace que gane mucho.

Los jugadores se van a sus banquillos y llega la presentación de Lakers, ‘buus‘ grandes para la misma, hasta que llega el momento Kobe y se oyen algunos gritos de admiración, no recuerdo si el mío entre ellos, tal vez sí… De repente se apagan las luces, el pabellón ruge mientras el marcador muestra un tremendo vídeo de presentación con el lema This Is Your Team, es la hora de los Knicks. Amaré sale el último viniéndose abajo todo el Madison, momento brutal.

Momento inicial del partido, ambos equipos con equipajes retro, Lakers jugando de amarillo con su equipaje de los 80, mientras que los Knicks de azul con el equipaje que le dio el anillo en la 69-70…salto entre dos entre Bynum y Mosgov, empieza el show.

Del partido voy a contar más bien poco, sólo impresiones, pero no puedo dejar pasar lo que sentí al ver la primera canasta tanto de Lakers (tiro libre de Bynum) como la primera de Kobe (un tremendo triple marca de la casa), es algo que se tiene que vivir, algo único.

El primer cuarto fue una brutal exhibición del 24 angelino con 19 puntos a cada cual más tremendo y con un buzzer beater contra Felton que hizo que todo el Madison exclamara entre ‘ooooh y rugidos de los aficionados Lakers, muchos por cierto. Un primer cuarto de Kobe digno de grabar y dejarlo guardado, tremendo e inolvidable.

El partido estuvo medianamente disputado durante la primera parte, hasta que Lakers tomó el mando y ya la segunda parte fue un querer y no poder de Knicks mientras Lakers iban poco a poco sumando Kobe acabó con 33 ptos y 10 rebotes sin jugar el último cuarto mientras que Gasol sumó 20 ptos. Por parte de Knicks, Amaré hizo sus números con 24 ptos y 10 rebotes.

A destacar del partido, a parte del primer cuarto de Kobe, el alley-hoop que se marcó el bueno de Shanon Brown, brutal como coge el balón con una mano y la mata con 2, highlight tremendo. Por parte de los Knicks, me gustó Felton, parecía muy motivado ante el partido (y los focos que atraía), así como la primera parte en general de Amaré, que me demostró que es uno de los grandes ahora mismo en la liga.

Pero el partido dio para más, en las gradas teníamos a Kanye West, Rex Ryan (entrenador de los Jets), Anna Wintour (Vogue), Jessica Stam (módelo de Victoria’s Secret), Jeremy Piven (actor de Entourage) y Liev Schreiber (actor en Salt, X-Man: Lobezno, CSI…). Cada tiempo muerto era una fiesta en el MSG, a veces teníamos a las Knicks City Dancers o lo que es lo mismo, las cheerleaders de los Knicks, otras veces a los Knicks City Kids, otro grupo de baile, esta vez formado por niños que hacían unas cosas realmente tremendas. Y ni que decir del grupo de animación que lanzaban camisetas y demás y que evidentemente, ni usando los pistolones que tenían llegaban hasta donde estabamos nosotros.

El partido iba llegando a su fin, con una victoria clara de Lakers, lo cual hizo que las gradas del Madison se vaciarán conforme iba pasando el partido. Con lo cual allí nos quedamos los aficionados Lakers que incluso se atrevieron a cantar el ‘We Want Tacos’, mítico cántico del Staples cuando Lakers gana sobrado y el otro equipo no pasa de 100…

Sonó la bocina, se acabó y bajo el techo de un Madison bastante vacío, ambos equipos se iban a vestuarios, Lakers con una victoria más y Knicks con una sensación de querer y no poder. Nosotros, después de otras fotos de rigor, empezamos a marchar también, volviendo por esas escaleras mecánicas (ahora paradas) que nos llevaron por donde habíamos venido hasta la 7a Avenida, de nuevo llena de gente que salía del partido y de gente que simplemente pasaba por allí.

Día inolvidable.

All-Star: Día 3

El All-Star Game es como siempre el punto final del All-Star, un fin de fiesta donde los mejores jugadores de cada conferencia se enfrentan en un partido que suele tener mucha espectacularidad y que como casi siempre el último cuarto es más que interesante.

Los primeros grandes detalles de la noche los tuvimos antes de empezar el partido, en la presentación de los equipos. En el Este, veíamos a Rose con su misma cara de siempre, es decir, como si nada fuera con él, mientras que en los titulares, la NBA decidía presentar el primero a LeBron y el último a Wade, siempre esta última presentación ha sido para la ‘estrella’ del equipo… curioso movimento. En el Oeste, pronto vimos que Popovich decidió homenajear merecidamente a Duncan dándole la titularidad de Yao Ming en el cuentro, un Yao que al menos yo no lo vi por allí… raro, ya que los jugadores seleccionados y que se han lesionado siempre suelen asistir e incluso presentarse… Por último, Kobe fue el último en presentarse, siendo sin duda el más ovacionado… era su noche.

Como el otro día en el Madison, Kobe quería empezar gustándose, quería que esa noche fuera la de su cuarto MVP y así igualar al mítico Bob Petit. Y empezó a lo grande, con un mate a aro pasado que a todos nos recordó a otro Kobe, a aquel que ganó el concurso de mates hace ya muchos (demasiados…) años. Empezó agresivo, muy agresivo, tanto que hasta los contrarios como Wade dijeron al acabar el partido que hacía tiempo que no veía así de centrado a alguien en un All-Star Game. Entre tiros a tabla con fade aways, mates, y triples marca de la casa se fue al descanso con ya 20 puntos y con el Oeste ya por encima del Este.

En el Este, en la primera parte poco destacable, quitando de las ganas de un Amaré también bastante enchufado. Destacar la puesta en escena de los 4 jugadores de Celtics… a la vez además, lo que destapó algún que otro abucheo en el Staples… demasiada provocación? no se, pero fue un momento muy jugón por parte de Doc Rivers.

En la segunda parte vimos a uno Oeste intentando mantener la ventaja adquirida con un Durant que poco a poco iba sumando, con Gasol muy serio en un tipo de partidos que siempre ha dicho que no le acaban de convencer y Kobe que seguía anotando… con mate a la contra con LeBron intentando taponar que levantó a más de uno de su asiento.

Pero LeBron quería unirse a la fiesta y muestra de ello fueron las imágenes que la TNT mostró en el banquillo, animando a los suyos y decidido en amargar la noche de Kobe. Y casi lo consigue, se puso el mono de faena y en modo MVP y empezó a dominar en el cancha del Oeste, que poco a poco veía con alguna que otra cara alarmante que se les iba el partido. Amaré fue el aditivo que necesitaba LeBron para casi culminar la remontado del Este, parecida a aquella que comandó Iverson hace ya algún que otro año. Pero gracias a un Durant que estaba a nivel de MVP y sobre todo un Gasol que al final hizo un par de las suyas (positivamente hablando…) al final del partido, certificaron la victoria para el Oeste dándole el MVP del All-Star Game a Kobe Bryant por cuarta vez en su carrera.

Con esto se acabó un partido que como siempre se centra en el último cuarto, pero que esta vez tuvo una primera parte más que destacada para todos aquellos fans de Kobe con una primera parte digna de recordar.

Apuntes rápidos: Tremendo el mate de Westbrook en la primera parte. Garnett tenía ganas de ganar en el Staples. Duncan jugó poco. Rose y Deron discretos. Durant es el futuro. Justin Bieber debe cortarse el pelo. Amaré y Melo hablando al final. La mejor canasta de Kobe sin duda fue la primera contra Wade.

All-Star: Día 2 (vol.2)

¿Dónde hemos llegado? Las expectativas ahora mismo para un concurso de mates desafían la lógica y la física más elemental. ¿Os dais cuenta de lo que les estamos pidiendo? Kobe Bryant ganó el concurso en 1997, y asombró al mundo con un mate en el que ¡se la pasaba entre las piernas! El Dr.J y Michael Jordan pasaron a la historia por saltar desde la línea de tiros libres. Dominique Wilkins, por el molinillo.

Serge Ibaka hizo ayer el mate más largo de la historia del concurso, centímetro arriba, centímetro abajo. Por detrás de la línea. De verdad. Y la mató con extrema facilidad, como si no le hubiera costado. Y quizá por eso solo fue premiado con un 45. Hoy en día no vale ya cualquier cosa.

Citius. Altius. Fortius. Añadid Novius.

Yo siempre he pensado que por cada intento fallado de mate, se debería restar un punto del total. La explicación es clara: jamás es igual el primer intento de mate que los siguientes. Mejor ejemplo que ninguno, el primer mate de Blake Griffin anoche, en el que cada intentona, llevaba aún menor fuelle que la anterior. Es por ello, que creo que el no haber sido capaz de realizar tu mate tras varios intentos, ha de ser penalizado. Pero, ¿qué nivel de exigencia estamos ya reclamando? Ayer vimos, como ya hemos dicho, el mate más largo de la historia del concurso, dos balones en dos canastas, tres balones matados en un aro, pasársela entre las piernas al rebote del soporte del tablero… Nos va a tocar elegir. Si queremos ver cosas nuevas, espectaculares, que sigan poniendo la marca del límite un poco más allá… vamos a tener que ser más transigentes. La noche del sábado fue un punto de inflexión. Pena para DeRozan, que todos nos diéramos cuenta de lo que estaba pasando después de su mate.

El concurso fue de más a menos. La primera ronda fue tremendamente excitante. A DeRozan le penalizó terriblemente abrir el fuego: todavía no se había sentado precedente en el número de intentos, ni se había marcado el listón. El primero es el mate más difícil de calificar, y creo que el jurado se equivoco en su voto a ciegas. Después vinieron el ya comentado mate de Ibaka, que también mereció más, y Javale McGee colgándose de dos aros a la vez. Si Blake clava a la primera, con toda su violencia el 360º con el que empezó, la gente del Staples se va para casa.

El showstopper con el que empezó la segunda ronda el jugador de Toronto me pareció el mejor de todo el concurso. A la primera, no innovador, pero sí diferente, con un alto grado de dificultad, y una ejecución perfecta. El de Ibaka fue bueno pero algo flojo para el contexto en el que se encontraba. Griffin demostró su potencia a rebote del tablero tras varios intentos (y no puedo evitar pensar que si no hubiera sido el número 32 en su propio palacio, estaría fuera del concurso) y McGee cerró una sólida primera ronda metiendo los tres balones, después de que su madre, ex-jugadora de la NBA saludara al jurado, con piquito a Julius Erving incluido.

Y llegó la ronda final. Dos hombres altos, algo atípico, y con el voto del público, uno de ellos llevaba un cuerpo de ventaja. Griffin metió el codo a lo Vince Carter, pero con aún más saña. McGee hizo un bonito acunado mucho menos visual que sus dos contribuciones previas.

Entonces llegó el momento de la noche sin dudas: Blake sacó el coche oficial de la Liga (increíble también el paralelo espectáculo publicitario: los jugadores reatándose las zapatillas, McGee que usó 5 modelos en 4 intentos, y el KIA para rematar), un coro a ritmo del I believe I can fly de R.Kelly, y el siempre hilarante Baron Davis, que me recordó a un travieso Bugs Bunny asomándose por el techo solar para ponerle el alley-oop al animal de Oklahoma. La parafernalia, muy superior a un mate, que ya le habíamos visto a Milic, o incluso a Mario Santana en la ACB, en el año 99.

McGee, que además tuvo que eliminar uno de los mates que tenía pensado, en el que cogía un billete del aro con su boca, por la similaridad con el de Ibaka, intentó que el sufrimiento acabara lo más rápido posible. Para mí, Blake no mereció llegar a la final, pero sí ganarla.

Pero al final, es inútil y subjetivo decir quién debió ser condenado, a quién le robaron… No soy muy fan del voto del público, porque acabamos dejándonos llevar por el nombre y la reputación, pero no creo que el jurado, un jurado que pintó menos que nunca (incomprensible que apenas tuviéramos imágenes de sus calificaciones), hubiera votado nada diferente.

Buen concurso, de los mejores de la década para mí. Y habrá un antes y un después de este. Pero pese a la amenaza Blake Griffin, Vince Carter puede descansar tranquilo.

Kobe Bryant es La Mamba Negra

Ya te habíamos mostrado el tráiler, y hoy, aprovechando el fin de semana del All-Star, se estrena la película el corto en el que Robert Rodriguez ha dirigido a Kobe Bryant con apariciones estelares de Bruce Willis, Kanye West y Danny Trejo

El cazador insaciable

Si cumple con sus promedios de la temporada (2.3 triples por partido), esta noche, Ray Allen se convertirá en el jugador que más triples ha metido en la historia de la NBA. Y puede ser delante de su afición, contra el mejor rival, los Lakers, con su némesis Kobe Bryant, contra el que tantas veces se las ha tenido tiesas. Con Kobe se volverá a encontrar en el Staples Center que le va a recibir en 10 días para participar en el concurso del arte que mejor domina, y también su décima aparición en el partido de las estrellas.

A pesar de que como el triple solo lleva instaurado en la Liga desde la temporada 79-80, y la historia del hito se reduce a un par de generaciones, no se le pueden quitar los méritos a un Ray Allen que dejará atrás a un Reggie Miller que puso el récord a una distancia más que decente, 2560 triples, en los 1389 partidos de 18 temporadas que jugó. Ray lo puede conseguir en 1074 repartidos por 15 temporadas, lo que le da un promedio por partido mejor que el de Miller: 2.4 frente a 1.8.

Ray Allen ha sido probablemente el escolta más infavalorado de la década que hemos pasado. El equivocado sambenito de jugador unidimensional (que una de tus cualidades sea excelsa no implica que sea la única) y el hecho de que no juegue por encima del aro le han distanciado de los grandes en la mirada del aficionado, más de los que él se merecía. Tampoco ayudó para ganarse el respeto de los puristas, que apareciera caracterizado como Jesus Shuttlesworth, un joven que podría haber sido él mismo, en la brillante película de Spike Lee He Got Game/Una Mala Jugada. Ahora la relación de las estrellas de la NBA con el mundillo artístico puede parecer lo más normal; hace tiempo, no lo fue tanto.

Es un anotador de facilidad pasmosa, la habilidad más difícil de poseer en un jugador, y lo ha mantenido durante toda su carrera. Su rango y posibilidades sin balón le hacen además perfecto para ser complementado, e incluso hacer mejor, a cualquier otro tipo de jugador: base dominante, anotador en el poste… Su defensa nunca ha sobresalido, pero tampoco ha caído por debajo de la media. De hecho, se emplea de manera notable cuando el emparajamiento saca lo mejor de él. Aún así, nos seguimos olvidando de él cuando damos nuestros candidatos al All-Star y a los All-NBA Team, o cuando nos dejamos llevar por el futuro prometedor de los jóvenes que aparecen en la Liga y nos olvidamos del meritorio pasado de los que además, todavía tienen presente. Kobe y Dwayne Wade aparte ¿hubieras preferido tener otro escolta en tu equipo estos últimos 5 años? Solo me podrías convencer, como mucho, con Brandon Roy y un escenario hipotético en el que Ginobili hubiera estado sano.

Mención aparte merece su brillante temporada 2004/2005, de calibre MVP, en la que llevó a un mediocre equipo de Seattle a los Play-Off donde pasaron a la segunda ronda. Y sin su traspaso a Boston, los Celtics, y por extensión, la historia reciente, serían muy diferentes ahora mismo, porque es posible que el traspaso de Garnett no hubiera seguido en el verano de 2008. Y no sabremos nunca si el Big Three habría vuelto a las Finales sin una de sus piezas… pero yo apuesto al no.

Cuando Ray Allen empezó en Milwaukee seguro que tenía su mirilla de tirador dirigida a la pieza más preciada: el anillo del campeón. Cuando los años pasaban, y mientras, se veía encerrado en unos Sonics de futuro confuso en los que seguía apilando logros de caza menor, seguro que se planteó si sería capaz de alcanzar un segundo reto por si el primero no llegaba. Y el objetivo primigenio se cumplió. Esta noche disparará como siempre a por el segundo. Y en junio querrá volver a por más. Un cazador siempre será insaciable por definición. Y ya tendrá tiempo de pensar en Springfield.

El Dedo Levantado: los 81 de Bryant

22 de enero de 2006, Staples Center, un partido más de los Lakers, esta vez contra los Toronto Raptors de Calderon, unos Raptors que empezaron a ponerle las cosas muy, pero que muy difíciles a los Lakers poniéndose 18 arriba al inicio del tercer cuarto… pero todo cambió.

Kobe Bryant venía de hacer otro ‘record’, meter 62 puntos el 20 de diciembre del 2005 contra los Mavs en un partido en que todo le salió… en el partido contra Toronto y con su abuela viéndolo jugar en directo por primera vez, pronto se vio que era uno de esos días.

En los primeros 2 cuartos Bryant acabó con 26 puntos con un 49-63 favorable a los canadienses, nada hacía presagiar lo que se iba a ver a continuación. Bryant se puso en modo Dios y metió 27 puntos en el tercer cuarto llegando ya al final del 3er cuarto con 53 puntos con ya ventaja de 91-85 para Lakers en un cuarto donde los angelinos se fueron a 42 puntos, un cuarto mágico.

Aquí empezó de nuevo el espectáculo y Kobe se puso la botas, metía y metía y seguía metiendo, de todos los colores, de todos los ángulos hasta llegar a la cifra de los 28 puntos en el último cuarto y llegando a unos brutales 81 puntos.

El Staples estaba en pie, el iba al banquillo, claramente cansado, dedo en alto y vistiendo su antiguo número 8 sabiendo que había hecho historia, era un momento mágico que nadie quería perderse… y nadie se perdió.

Wade comentaba que su teléfono sonó varias veces en plan «Lo estás viendo?!«, otros como Kidd preguntaba si había habido prorroga, al saber que no dijo «Los 100 hubieran caído…«. McGrady se entero en el bus de su equipo por aquel entonces, Rockets, y dijo: «Dejad de mentir!» al llegar al hotel fue corriendo a la habitación y al ver que Kobe estaba en los tiros libres con 79 puntos dijo: «No puede ser verdad!«… una pena que por aquel entonces Twitter acabara de nacer… hubiera sido tremendo.

Los entrenadores no se quedaron atrás, el propio Phil Jackson comentaba que «había visto cosas grandes, pero no tanto como esta…«, otros como Rick Carlisle miraba por lo suyo: «Ahora no me sienta tan mal los 45 que nos metió…«. Mike Montgomery, el entrenador de los Raptors por aquel entonces tuvo probablemente la frase de la noche: «Me hubiera gustado tener a King Kong para defenderle«. Un veterano como Jerry Sloan veía un aspecto más general y más interesante de todo: «Ha metido esos puntos haciendo que su equipo remonte casi 20 puntos, lo cual tiene mucho más merito que hacerlo contra alguien que no se juega nada o ya con todo a favor…«.

Y claro, los ex jugadores, lo míticos tampoco se callaron, Larry Bird dijo que «era difícil de  creer si no lo habías visto en directo«, el gran Pippen dice que «me despertaron a las 3 de la mañana con la noticia y no pude volver a dormir«. Jerry West fue más allá: «Anoche nadie podía parar a Kobe, nadie«. Elgin Baylor fue más por el lado del equipo:»Lo más importante es que haya servido para la victoria«. Darrell Amstrong que por aquel entonces era el base suplente de los Mavs y que sufrió los 62 de Kobe apenas un mes antes dijo que «menos mal que nuestro partido estaba claro… imaginate que hubiera ido ajustado…«.

Todo el mundo se hacía eco de que lo que se vivió ese 22 de enero fue algo histórico, algo que sólo se ve una vez, pero cómo lo vio el propio Kobe? Él dice que no era consciente y que una vez hecho «ni en mis sueños pensaba con algo así, es díficil de explicar… está ahí. Estaba concentrado, había que remontar, necesitábamos los puntos«. 5 años después cuando a Kobe se le pregunta por el tema, dice algo parecido: «Si te digo la verdad pienso poco en ello, fue algo que pasó y no se como demonios lo hice, pero ahí esta… supongo que fue uno de esos días…»

Fue uno de esos días, uno de esos días que recordarás para siempre, uno de esos días que convierten a alguien en leyenda y ya no sólo por ser uno de los mejores jugadores de la historia, si no por hacer una hazaña que difícilmente volveremos a ver, fue uno de esos días donde el por aquel entonces 8 de los Lakers dejo su estampa para la posteridad: El dedo levantado.