Los Cavaliers ganaron el partido que abría la serie y por primera vez lo hicieron de forma convincente y con total tranquilidad. LeBron y Kyrie estuvieron magníficos, la circulación de balón fue precisa y segura cuando la pusieron en marcha, y no dejaron en ningún momento que el ataque de los Raptors explotara.
El partido comenzó con Cleveland por delante desde el principio, y pudo haber sido peor para Toronto por lo desguarnecidas que estaban las esquinas, desde donde los Cavaliers pudieron encontrar aún más acierto. Un espectacular mate de James tras pase a tablero de Irving ponía un 10-2 que hizo a Casey parar el partido, y aunque los Raptors estuvieron más atentos en defensa, en ataque sólo sacaban réditos del contraataque: a media pista los dos-contra-uno a Lowry, y sobre todo, a DeRozan, eran un éxito ante la incapacidad de Toronto para encontrar el hombre libre o mejor emparejado. A pesar de sufrirlo en la ronda anterior ante Milwaukee, los Raptors se enfrentaron al trap como si no hubieran visto uno en su vida. El poquísimo acierto en el poste bajo de sus hombres altos, Valanciunas de vuelta al quinteto titular incluido, no ayudó. Toronto acabó con 18 puntos el primer cuarto.
Con banquillos en pista, los Raptors ya encontraron aro. Con Ibaka y cuatro pequeños, y el campo más abierto, Lowry sí supo castigar el hombre extra que le mandaban en los bloqueos, y con acierto en las suspensiones, comenzaron a anotar, y a reducir la ventaja. Enfrente, el quinteto de LeBron y tiradores suplentes no tuvo el acierto habitual, y los Raptors redujeron a 2 una diferencia que había llegado a los 18. Lue volvió a los titulares, y un par de triple rápidos de Smith y Love volvían a separar a los equipos. DeRozan y Patterson no tuvieron el mismo acierto que Lowry e Ibaka con las suspensiones y un par de costosas pérdidas mandaba a 14 la diferencia al descanso, en una primera parte en la que Irving poco a poco había escarbado 16 puntos.
Al volver del intermedio, Toronto tenía las cosas un poco más claras: mandaban hombres extra (habitualmente Lowry) al bloqueo a DeRozan para darle más opciones, posicionaron a Valanciunas más cerca del aro para poder anotar y presionaron más a Irving en defensa. Consiguieron meter a DeMar en el partido, pero LeBron cogió más protagonismo en la anotación y los Cavs ampliaron la ventaja. La respuesta de Casey para parar el torrente Cavalier fue mandar a Tristan Thompson a la línea, pero el Hack-a-TT sólo duró una posesión después de que anotara ambos. Cleveland cerró el cuarto en una nota alta, con movimiento de balón preciso y contribución de todo el equipo con LeBron en el banco, llevando la diferencia a las dos decenas.
El último periodo empezó como es habitual en ambos equipos en los cuartos pares, con el LeBron vs. Lowry y sus banquillos respectivos, y se desarrolló en alto ritmo, con poca precisión y saldo de empate técnico. Toronto no fue capaz de reducir la ventaja y a falta de dos minutos Casey sacó la bandera blanca.
Veremos que ocurre en el siguiente, porque esperamos más guerra de Toronto…
Sofi del día: Si miramos al boxscorePJ Tucker metió un único triple anoche… que podrían haber sido cuatro, si no tuviera un pie en la línea en tres aciertos más. Anoche les dio igual, pero si este partido hubiera sido uno de los de la anterior serie, podría haber sido muy costoso.
Los Celtics anoche se llevaron la que, me atrevo a decir, es la victoria más clara en la Historia de los Playoffs NBA para un equipo que tardase, como los toros, seis minutos seis, en coger su primer rebote.
Washington abrió con un parcial de 16-0, con Marcin Gortat dominante, mientras los Celtics tardaban menos en hacer un cambio y volver a su anterior quinteto titular que en anotar un punto. Pese a todo, ganaron de 12, y como se suele decir, no pareció siquiera tan ajustado.
Isaiah Thomas, que venía de pasar la noche anterior en Washington (estado) en el entierro de su hermana, en lo que parece la pesadilla que nunca acaba, perdió un diente por el camino, y pese a ello, fue con sus triples, y junto a Kelly Olynyk, el que redujo la brecha inicial y evitó que el inicio pasara de malo a terrible. Y no paró ahí, porque fue un dolor de muelas constante (chiste intencionado) para la defensa de los Wizards toda la noche, hasta acabar con 33 puntos. Bien acompañado en ataque por un Al Horford que se quedó a un rebote del triple doble, Jae Crowder que anotó 6 triples y Marcus Smart y Avery Bradley que le echaron una mano con la defensa a Wall (al que amargaron pese a lo redondo de su número de asistencias) y Beal, prácticamente todos los jugadores importantes de Boston salieron ayer enchufados y eso les permitió una victoria tan clara.
Fue un partido con mucho cambio de quinteto, acrecentado por la falta de hombre altos de los Wizards, que perdieron por una fuerte torcedura de tobillo a Markieff Morris en el segundo cuarto. Tras el fulgurante inicio de Washington, Stevens volvió a los dos hombres altos, sacando de nuevo a pista tres partidos después a Amir Johnson, pero cuando Brad identificó que el problema no era ese, el ala-pívot no volvió a pista. En su lugar, y debido a las circunstancias, se inició una carrera que ríete tú de la espacial en la Guerra Fría por ver quién podía jugar más pequeño y rápido sin sufrir las consecuencias, que alcanzó el punto álgido cuando Brooks puso en pista un quinteto con Porter de pívot. Al inicio de la segunda parte, Stevens salió con el que probablemente sea su mejor quinteto, con Smart por Gerald Green y fue el mejor periodo de los Celtics. En esta serie, y sin tanta necesidad de escalonar para enfrentarse al desangelado banquillo de los Wizards, no me extrañaría que pasase a ser el titular, y veremos cómo responde Brooks, que (sin Morris) no tuvo respuesta para ese grupo.
Al final, todo el esfuerzo de los Wizards fue en vano, porque los Celtics no pararon de anotar, y como lograron según avanzaba la serie contra Chicago, fueron capaces de parar la sangría en los tableros. Pese a que tardaron casi un cuarto en igualar el partido y otro en ponerse por primera vez por delante, a mediados del tercero, entraron con una ventaja de 15 puntos al último periodo, un vuelco de +31 puntos en lo que era poco más de medio partido. Un último cuarto inspirado de Bojan Bogdanovic acercó mucho a los capitalinos, que llegaron a ponerse a 3 pese a no jugar mucho mejor, pero entonces Stevens sacó de lo más profundo de su perrera al Bogdanovic-stopper novato Jaylen Brown, que además le recompensó con un triple en una noche en la que los Celtics metieron casi la mitad de sus 39 intentos.
No pudieron o no supieron los Wizards atacar a IT en defensa: Stevens incluso abrió el partido enfrentándole directamente a Wall, y aunque ese parcial de 16-0 parezca desde fuera lodo de aquel polvo, fue no el caso. Eso sí, con la necesidad de cambiar cosas, el final del parcial coincidió con el cambio en la estrategia del entrenador Celtic, que no volvió a emparejar a los bases estrella y cuya apuesta salió bien porque siempre estuvo lejos de la acción para no ser castigado. Y cuando sí lograron ponerle uno contra uno, en una ocasión en la que Porter se lo llevó al poste bajo, ni siquiera fueron capaces de salir con puntos de ahí. En el otro lado, el p’n’r central en el corazón de la acción, y la circulación de balón si Thomas se veía abocado a soltarlo, fue suficiente para sacar buenos tiros todo el partido. Cuando empezaron a entrar, la cosa estuvo finiquitada.
Magnífica apertura de serie para los Celtics, y sí, la determinación, el corazón, el orgullo, el coraje, el #ItsNotLuck y todo eso, pero en el partido de ayer, y en la racha de cinco victorias seguidas en Playoffs que llevan, hay también muchísimo talento.
Sofi del día: Washington no puso de su parte para que este partido fuera memorable, y es una pena porque el partido tenía nombre: el «You can’t handle the tooth«, el mismo día que en la otra punta del país retiraban a Paul Pierce no podía ser más perfecto.
Barrer a un equipo decente en Playoffs es muy difícil por cómo salen en su propia pista tras un 2-0: lo hemos visto con Indiana (aunque no culminaran), Memphis, Oklahoma City y no sé si Portland (en un rato lo compruebo). Casi todos los jugadores, hasta los secundarios, contribuyen, la energía es desmesurada y el público, invitado por primera vez a los Playoffs, te lleva en volandas. ¿No podrían hacer eso siempre? La gran pregunta. Además, del rival, siempre salen unos cuantos, si no el equipo al completo, pensando que los deberes ya están hechos.
El Atlanta-Washington no fue diferente. Los Hawks arrancaron el partido con un 19-4, llegaron a 25 de ventaja en el primer cuarto, y la diferencia no volvió a bajar de 12 puntos, pese a que John Wall hiciera todo lo que pudo para evitarlo. Así es como se gana un partido imprescindible que te mantiene vivo en la serie.
Atlanta empezó el partido bajo el liderazgo de Schröder, anotando triples, pasando bien el balón y saliendo mucho a la contra con rapidez aprovechando todos los tiros de media distancia que unos Wizards planos desde el inicio fallaban. Sólo Wall, capaz de montar contraataques de un solo hombre incluso cuando los Hawks anotaban, estaba enchufado en los Wizards. Así, con siete puntos consecutivos al final de un primer cuarto en el que Atlanta anotó 38 chinos, dejaba la puerta abierta a una reacción que nunca se produjo. Sólo al principio del último cuarto hubo una tímida reacción del banquillo (!), liderado por Jennings, que les puso a 12 puntos, lo más cerca que estuvieron desde el inicio, pero se sofocó rápido y en la vuelta de los titulares de ambos equipos a cancha nada pudieron hacer los de Washington.
Wall, que está jugando tan bien como cualquiera en estos Playoffs, y ha firmado tres actuaciones destacables en tantos partidos, fue el único Wizard con algún propósito un día en el que el resto de sus compañeros estuvieron catastróficos. El base se lo está pasando bien en el pique que tiene con Schröder, y nos volvieron a dar un buen partido ambos, con mucha charleta de uno y otro lado.
La otra confrontación abierta en la serie, entre Millsap y Morris tuvo un vencedor claro (29/14/5/1/2 fue la línea final de Paul en 32 minutos) y muy poco salseo (no como cuando sucede al contrario), y al final del partido se pudo abrir otra nueva entre jóvenes aleros, con Prince provocando a Oubre tras batirle por línea de fondo para un alley-oop. El alero de los Hawks está haciendo buena la decisión de traspasar a Teague por la elección que llevó su nombre, y ya resulta muy útil a los Hawks en defensa, cortes al aro y tiro tras pase.
Partido de dos sofis, del que no se pueden sacar muchas conclusiones, y que nos remite a una buena batalla en el siempre apasionante y decisivo cuarto partido.
Sofi del día: Gracias a las piezas en las que ponen micro a uno de los jugadores, pudimos ver a Bazemore llamando Rico Suave a Calderón. ¿Estará Kent en ese (más pequeño de lo que creemos) porcentaje de americanos que pone a España entre México y Cuba?
Los Celtics se reconciliaron con el acierto en el triple, mantuvieron a Jimmy Butler y el rebote ofensivo de los Bulls a raya hasta que el partido estuvo controlado y aprovecharon la baja por un pulgar roto de Rajon Rondo para no dar oportunidades a la contra a Chicago y volver a meterse en una serie en la que todavía están por detrás.
Boston salió con Gerald Green ocupando el lugar de Amir Johnson en el quinteto titular, y dio resultado, con 33 puntos para el equipo en el primer cuarto. Stevens debió de pensar que puestos a perder el rebote, al menos algo habrá que sacar algo de ventaja en el otro lado. De perdidos al río. Y no fue ni tan mal, porque al poder defender cambiando toda acción y sin preocuparse mucho de los emparejamientos en toda contra, los Celtics pudieron mantenerse en defensa siempre delante de su hombre y cerrar mucho mejor su tablero. Los Bulls sólo cogieron un rebote en ataque en el primer cuarto (pondrá dos en el boxscore, pero no hagáis caso), pese a que oportunidades tuvieron porque no anduvieron muy acertados.
En ataque, los Celtics tenían a favor el espacio extra y una mayor familiaridad con los dos contra uno de los Bulls, que fueron menos efectivos: es muy difícil que una misma táctica dé réditos una serie entera. Thomas dividía el bloqueo o se deshacía del balón rápido y con buen criterio, y pese a que le faltó acierto anotador estuvo muy agudo tomando decisiones y empezando a poner en desventaja a la defensa de los Bulls desde el inicio de la jugada. Y aunque él no, el resto de sus compañeros sí que encontraban aro. En el otro lado, con Rondo en forma de cromo (en el banquillo con un traje púrpura de manga corta y escayola en el brazo), no tenían a nadie que proporcionara dirección al equipo: fueron los Bulls sin cabeza que hemos conocido durante gran parte de la temporada, con el agravante de que Butler no los pudo rescatar.
Aún así, Boston dilapidó una ventaja inicial de 20 puntos anotando sólo 11 en el segundo cuarto y dejando que Chicago se acercara a 3 al descanso. Tal y como le está yendo esta post-temporada a los célticos era fácil pensar que volvía a pasar el gato negro. Pudieron desmoralizarse perfectamente, pero volvieron a repetir el primer cuarto en el tercero, Thomas encontró la senda de la anotación, los cinco titulares metieron al menos un par de triples cada uno durante la noche, y Smart, Jerebko, Olynyk y Rozier no dejaron esta vez que el banquillo volviera a tirar la ventaja. El movimiento de balón en Boston fue fluido (casi) toda la noche y atacaron desde todos los flancos.
Veremos cómo sigue una serie más interesante de lo esperado, pero a la que la baja de Rondo, de al menos 7 a 10 días, le puede haber quitado parte de la gracia (quién lo iba a decir). Los Celtics son el mejor equipo pero los Bulls son mucho más físicos y pueden pegar el golpe en su propia pista. Como no nos cansamos de repetir año tras año, pese a que la fama la tiene el quinto partido, el cuarto es el nudo de una serie, y si Chicago quiere dar la sorpresa, es prácticamente imprescindible.
Sofi del día: La ESPN puso como reportero en la banda a… Adam Schefter, el Woj de la NFL. Lo curioso no es tanto que lo haga (empezó esta temporada a aparecer en algún partido), sino el cuándo: a menos de una semana del Draft de la NFL. Y yo aquí agobiado porque no me da para ver la NBA…
Después de ser barridos por los Spurs en las dos últimas series de Playoffs entre ambos, no se repetirá la historia por tercera vez: los Grizzlies han vuelto a ganar a San Antonio en Playoffs.
Y creo que no han sido ni dos ni tres, sino alguna más, las veces que ha tocado abrir una de estar primaverales crónicas desde el sofá con una oda a Zach Randolph, pateador de culos profesional desde 1980yalgo. Entraría a la Wikipedia a buscar qué coño es un haiku para poder dedicárselo, pero me remordería la conciencia cuando vea el mensaje del jefazo pidiendo pasta y, total, Z-Bo tampoco lo iba a leer.
De vuelta en el quinteto titular (junto a James Ennis) después de que ese cambio de Fizdale espabilara al equipo en la segunda parte del partido anterior, el ala-pívot cogió la linde en el segundo cuarto y poco después de mediado el tercer cuarto llevaba ya los 21 puntos con los que acabó el partido, y que dejaron a su equipo fuera del alcance de los Spurs. Además de los legendarios posteos y tiros de media distancia, Randolph añadió el triple con paso atrás desde la esquina (!) y un mate (!!) corriendo el contraataque (!!!) para completar una actuación fulgurante que le ganó los cánticos y el respeto de la buena gente de Memphis.
No fue sólo Z-Bo: Conley cerró el partido y por fin se puso de acuerdo con Marc después de dos partidos en los que parecía que sólo uno de los dos podía jugar bien al mismo tiempo. También los secundarios se hicieron notar esta vez para bien: Selden y Ennis atacaron muy bien las recuperaciones defensivas, algo a lo que no se habían atrevido con decisión en anteriores partidos, Green trabajó en el rebote y no dejó que los interiores de San Antonio volvieran a ensañarse con él y Andrew Harrison… pues tiene dos ojos, una nariz y una boca. Después de la rajada contra los árbitros de Fizdale, Memphis estaba en la obligación de poner mucho de su parte, y aunque la cosa empezó muy mal, agotando el reloj de posesión en la primera posesión, a la hora de la verdad nadie falló a la cita, y le dieron al respetable lo que había venido a ver.
Había ganas de marcha, y el ambiente en The Grindhouse pinchó a los Spurs, que estaban tan fuera que Popovich llegó a cambiar al quinteto titular completo a los 75 segundos del tercer cuarto, señalando que no estaba contento ni con el que prepara los PB&J’s. Pero tampoco fue solución, y lo que al descanso era una diferencia de 4, y de 9 en el momento del cambio rápido y furioso, llegó a 18 a final del periodo. Esos 12 minutos fueron terribles para los Spurs, que no acertaron con el triple tras dos partidos brillantes hasta que fue demasiado tarde y llegaron a tener problemas hasta en la línea de tiros libres.
Esta encarnación de los Spurs es la más dependiente de las individualidades que podemos recordar, y cuando Kawhi Leonard tiene una noche simplemente buena, y nadie recoge el guante, puede haber ‘desastres’ como este. Paradójicamente, San Antonio tiene ahora en el alero lo que hace años era el perfecto anti-ejemplo del ADN Spurs. Un jugador finalizador que anota puntos a paladas, muchos en aclarados y yendo a la línea (desde donde sigue inmaculado en la serie, 32 de 32), y es el encargado de rescatar posesiones en coma. Que consigue lo suyo y no crea demasiado por y para los demás. Y atendiendo a lo que está sucediendo en esta serie, que defiende cero.
Que el vigente DPOY pueda en cualquier momento bajar el culo y poner el cinturón de castidad a cualquiera es una cosa. Que en realidad lo esté haciendo, otra. Y salvo unas posesiones del primer partido que podemos contar con los dedos de una mano en las que salió a por un Conley que se les estaba subiendo a las barbas, Kawhi ha estado, como la superestrella que es, aprovechando para coger aire en defensa. No es que los Grizzlies que ha tenido enfrente (Selden y Ennis principalmente) exijan mucho, pero si se está pasando la serie entera en tierra de nadie, ni defendiendo al osito que los Memphis han dejado desamparado en la esquina, ni protegiendo el aro, pues habrá que decirlo.
Y no es malo: les ha sucedido a otros muchos antes. Es muy difícil ser la excepción a estas alturas. Vendrán otras series y otros rivales que le lleven más cerca de sus límites. Pero ahora mismo Kawhi está mucho más cerca de ese Kobe resabiado, ese MJ que dejaba el trabajo sucio a Pippen, que de ser el «Duncan de los alas» que Greg Anthony mencionó en la retransmisión. Y el Plan B, LaMarcus Aldridge, no está muy alejado de esa idea.
Lo único a lo que se debe Pop es a la constante adaptación y actualización de lo que hace. Cada añada de los Spurs sale diferente, y la que vivimos en este momento depende más que nunca de la inspiración de un solo jugador. Y como el resultado han sido 61 victorias y dos victorias muy convincentes antes de este tropiezo, habrá que seguir confiando.
Sofi del día: James F. Goldstein estuvo allí. Take that for data.
Los Wizards hicieron los deberes en su vuelta a Playoffs, pero dejaron de nuevo sus dos caras. Una, la del aspirante a llegar muy lejos en esta post-temporada que vemos cuando los titulares juegan desencorsetados, y la otra, la que ofrecen cuando el banquillo está en pista. Frente a un equipo ramplón como estos Hawks pueden vivir del arreón de la primera, pero Brooks tendrá que encontrar una solución a la segunda si avanzan a próximas rondas (y ya lo está intentando, ya que cambió el patrón de sustituciones en la segunda parte).
John Wall estuvo magnífico (32 puntos y 14 asistencias), especialmente en un tercer cuarto en el que no paró de anotar y asistir: hubo un periodo de tiempo en el que el equipo capitalino anotó en 10 de 11 posesiones (sólo un triple librado de Morris fallado), y todas llevaron su firma en forma de canasta o último pase. El torrente sólo paro cuando el hierro le negó un triple desde el logo del centro de la pista al final del reloj de posesión, que por los antecedentes, también parecía que iba a acabar en el mismo sitio que los demás.
Además de los habituales pases imposibles a la esquina del lado débil, Wall tuvo mucho éxito poniendo balones muy cerca del aro (alley-oops o no) a unos interiores que los Hawks se empeñaban en defender por delante, pese a ser manipulados constantemente por el base rival. Budenholzer intentó detener la sangría sacrificando incluso al base, utilizando a Bazemore de 1 por cuestiones puramente defensivas, pero lo único que podía con Wall anoche era la necesidad de descanso.
Si al partidazo de Wall le sumamos que encima Markieff Morris contestó canasta por canasta a un Millsap que Gortat y él zarandearon desde el punto de vista de la dureza, y la buena segunda parte de Beal, demasiado cerca estuvieron los Hawks, que poniéndose cinco abajo a falta de dos minutos incluso amenazaron con el susto.
Atlanta no tuvo nunca ritmo en ataque, perdiendo gran cantidad de balones ante la agresiva defensa de los Wizards, que paradójicamente les mantuvo en el partido a base de ponerlos continuamente en la línea de tiros libres por exceso de celo y agresividad. Dwight Howard no fue factor, Millsap estuvo discreto y no se impuso a Morris,Schröder, acertado en el tiro, hizo mejor partido en estadísticas que en pista, y Tim Hardaway Jr, aciago desde la línea de tres, sólo se lució poniendo en un póster a Bogdanovic.
Fue buen partido para los debutantes en Playoffs, con Taurean Prince y Kelly Oubre, jugadores que sus equipos esperan importantes en un futuro, rindiendo con efectividad en ataque y energía en defensa. Por increíble que parezca, también era el primer partido en Playoffs para Markieff Morris, así que claramente era día para novatos.
Para los que os interese #loespañol, Calderón fue finalmente el base suplente por delante de Delaney, algo que Budenholzer mantuvo en secreto hasta el salto inicial, pero no marcó la diferencia, y como hemos comentado, Bud incluso prefirió jugar sin base cuando Wall entró en fase de flujo. El bueno de Calde al menos se aprovechó de la jugada tonta del encuentro, cuando un fallo de comunicación en la defensa de Wizards le permitió anotar la bandeja más cómoda a media pista de su carrera.
Seguiremos la pista a esta serie, donde los Wizards son superiores en muchas cosas… y perder mucho terreno muy rápido también es una de ellas.
Sofi del día: Marcus Morris estaba entre el público disfrazado de Markieff Morris, preciosa (y patriótica) equipación de los Wizards incluida. Al parecer van a utilizar la «Barras y estrellas» en todos los partidos de casa estos Playoffs, y no nos podemos alegrar más, porque es bonita bonita. Otro motivo más para verlos.
Estamos en tiempo de playoffs y como es ya habitual en La Crónica Desde El Sofá (hasta que dure) cada día tendréis una pequeña crónica de lo que hemos visto la noche anterior (o probablemente durante el día tranquilamente) y al final, el Sofi diario…
Los Cavaliers se llevaron el partido inaugural de esta edición de Playoffs, en un enfrentamiento muy ajustado que Indiana pudo ganar en la última posesión. Cleveland no dejó que Paul George se encargará del tiro final, y CJ Miles no pudo castigar el dos contra uno a la estrella de su equipo en la jugada definitiva.
LeBron y compañía fueron por delante durante todo el partido, pero no llegaron a distanciarse, y cuando en el último cuarto estuvieron varias posesiones sin encontrar el aro, los Pacers metieron el miedo en el cuerpo a todo un pabellón que lleva un par de meses viendo a su equipo flaquear.
Cleveland no ha mostrado aún (o eso esperamos, por su bien) esa defensa «secreta» que prometía Lue estos días (no es que la tengan que sacar aún, que esto es muy largo), y volvieron a vivir de un ataque explosivo y de lo difícil que es para cualquier equipo no ser castigados por James, Irving y Love. Indiana ganó la batalla del rebote, tuvo éxito penetrando y atacando el aro de los Cavs con sus exteriores (primero Monta Ellis, luego Lance Stephenson, que parece otro de Pacer y contra LeBron), y mientras, Paul George, que anotó 6 triples, perforaba por fuera con suspensiones. Al menos lograron parar a Indiana cuando más lo necesitaban: un par de robos en los minutos finales de Irving (¿quizá el jugador que más se crece en el clutch de la Liga?), y la apuesta exitosa en la jugada final contra George les ha servido para ganar un partido que no debería haberse complicado tanto.
Y es que la estrategia defensiva de McMillan tampoco fue para echar cohetes, y LeBron (32 puntos, 65 eFG%, 13 asistencias) pasó toda la noche dándose un banquete por encima los jugadores exteriores de los Pacers que quedaban emparejados con él en cambios de dudosa eficacia. Indiana ha hecho un buen trabajo en líneas generales frente a los tiradores, y no han dejado que les rotarán hasta el aburrimiento, pero el precio que han pagado es dejar a James muy cómodo en enfrentamientos favorables. Tardó unos minutos en hacer notar su presencia en ataque, pero cuando empezó a tomar el control en el último tramo del primer cuarto, en el momento en el que los suplentes empezaban a aparecer en pista, fue para no soltarlo. Calentó con un par de pases excelentes a Frye y Jefferson en cortes al aro, pero se dio cuenta que podía aprovechar las defensas individuales para dominar también mediante la anotación. En los últimos minutos los Pacers tuvieron algo de éxito enfrentándole con Young, pero un estruendoso mate cuando Indiana recuperaba el marcador por primera vez tras tres cuartos, restableció el orden. Lo que apenas vimos fue el prometido enfrentamiento George–James, que a diferencia del tremendo partido de temporada regular que nos dejaron estos equipos hace poco, pasaron una buena parte del partido evitándose.
El partido pudo romperse en el segundo cuarto, cuando Love e Irving fallaron algunos triples desde las esquinas tras buen movimiento de balón que podrían haber hecho desmoralizante la diferencia, y pareció también visto para sentencia al final del tercer cuarto cuando a un parcial de 10-0 se unía la necesidad de mandar a George al banquillo para darle unos minutos de respiro. Pero entonces fue cuando Born Ready mantuvo a Indiana con vida, y no sólo aguantó la diferencia, sino que logró limpiarla. Jugó los últimos 14 minutos de partido y aunque no acertó con un triple postrero que habría acongojado a unos Cavs encantados de dejarle tirar, si no es por su actuación, tampoco habrían podido llegar a ese punto.
Lo cierto es que los Pacers están muy lejos de tener la munición de los Cavs, y pese a intercambiar golpes con ellos esta noche, les cuesta mucho más desarrollar las posesiones y conseguir tiros buenos que a los Cavaliers. Varias veces ellos solitos se han ahogado contra el reloj, y de alguna han podido salir con acierto o con una segunda oportunidad tras rebote, pero a lo largo de una serie contra Cleveland no va a ser suficiente. Y si el equipo de Lue empieza a ayudar con más eficacia, que hoy han tenido bien poca, va a ser aún peor, porque los Pacers tienen un déficit de tiradores a los que hacer llegar el balón cuando la zona se blinda. La oportunidad que han perdido hoy es enorme, pero la serie no debería estar tan igualada como para lamentarlo.
Al final, pese al susto, lo que sirve es la victoria, y eso le va a dar un poco de tranquilidad a Cleveland.
Sofi del día: A Jeff Van Gundy por su papel de Andrés Montes trucho: llamar a StephensonLance Romance, ¿genialidad o no?
La vida de un hombre alto NBA en 2016 es dura. No le paran de pedir cosas para las que se supone, no está preparado. Primero fue tirar, luego defender en el perímetro. Y en esta transformación del pívot en, ummmm, jugador de baloncesto, la próxima frontera es el pase en espacio. Con casi toda la Liga implementando el spread pick’n’roll en sus sistemas, las defensas están tomando medidas en ese eterno juego de gato y ratón, y para doblegarlas, ahora los gigantes de la Liga tienen que (re)aprender a pasar.
En el spread p’n’r (bloqueo y continuación ¿estirado? ¿extendido?) la piedra angular del ataque es el dos contra dos entre un base, que idealmente amenaza tanto con el tiro como con la penetración, y un hombre alto preparado a continuar ferozmente al aro. Además, están muy bien rodeados por tres tiradores, apostados cual francotiradores, para dar el máximo espacio en el medio de la pista y castigar a la defensa si hace trampas. Es una manera también de ampliar el rango de acción del hombre alto (habitualmente no tirador), que se convierte en una amenaza efectiva aunque esté lejos de la canasta.
Esto se puede defender de muchas maneras, pero el momento dorado que estamos viviendo en la NBA con los bases, prácticamente indefendibles cuando la zona está limpia, ha obligado a cambiar el enfoque y la opción preferida por las defensas. Además de los cambios en defensa (que también están creciendo en popularidad, pero necesitan de un personal bastante polivalente), hay entrenadores que prefieren arriesgar a que el pívot demuestre de verdad que es una amenaza lejos del aro. Como además raro es el equipo que de verdad emplea tres tiradores efectivos rodeando el bloqueo y continuación, la opción menos mala para muchos entrenadores es enviar ayuda extra cuando (y si) el base suelta el balón: un tercer hombre deja el perímetro para defender el pick’n’roll, llegando a proteger la última línea de defensa, e impidiendo la libre circulación al aro. El problema potencial para ellos es claro: un tirador queda solo en el lugar donde los tiros valen un punto más. Pero hasta que el rival demuestre estar preparado para castigarlo, haciendo llegar el balón ahí, y después convirtiendo el tiro, será la opción con la que las defensas estarán encantadas de vivir.
El arte del short roll (continuación corta en castellano, llamado así porque el pívot no avanza hasta el aro, sino que la pasa antes) no es inmediato para todo el mundo. Cuando la defensa decide protegerse con ese defensor extra en la zona, el hombre alto, para batirla, tiene que identificar primero de donde viene este (en muchos casos, sin poder estar atentos a la jugada, pues están preocupados de recibir primero ellos el balón) y ser capaz de hacerlo llegar rápidamente (para evitar rotaciones o recuperaciones) y en la mejor localización posible para su compañero (si la defensa es inteligente habrá elegido dejar al jugador menos diestro del equipo contrario en esta situación, no puedes pasarle a las rodillas y esperar que funcione). Todo esto lo tiene hacer sobre la marcha, en carrera, sin cometer pasos, y en muchas ocasiones, en un espacio limitado, tratando de evitar cargar en falta de ataque sobre el defensor que está esperando.
Hay quien lo hace bien, y penaliza a las defensas que lo practican, por supuesto:
Si has visto en el vídeo embeb… incrustado las decenas de short rolls perfectos que un buen samaritano ha compilado, parece hasta fácil. ¿Cómo es posible que una defensa esté dispuesta a permitir eso, si les están matando? Aunque jugadores como Draymond Green o Blake Griffin (su caso es aún más complejo porque los defensores que le impiden la continuación no han dejado libre a un tirador: son el propio hombre de DeAndre Jordan esperando tranquilamente) apoyados en las amenazas que sus equipos tienen fuera de la línea de tres, lo hayan perfeccionado, no resulta tan sencillo para muchos otros. Especialmente en casos de verdaderos 7-pies, con peor coordinación y mucha menos levedad, que tienen ya problemas desde el primer movimiento de la acción, que es recibir el pase de su compañero sin perderla. No todos los 5 de la NBA son Tim Duncan. Es por eso que entre los males que tienen para escoger, muchas defensas deciden arriesgarse a obligar a que el pívot rival haga la jugada y encuentre al tirador libre, en lugar de dejar el camino más o menos libre al mate del hombre alto, o permitir que los castigue el base (al que así puedes vigilar con dos personas: presionarle más o menos, esperarle arriba o abajo… ese es otro problema).
Una medida para contrarrestarlo sin recurrir al pase podría ser que el jugador desarrollara movimientos en carrera que pueda utilizar en el medio de la zona, algo muy visible, por ejemplo, en Anthony Davis. Si el hombre alto puede girar alrededor de su defensor, o parar en seco y sacar una pequeña bomba sobre rivales que serán habitualmente más pequeños que él, o incluso, simplemente, penetrar hacia canasta como un bajito, no necesita imperiosamente ese recurso del pase. Pero al igual que el ejemplo de Green y Griffin, no todo el mundo tiene tampoco esas condiciones y/o fundamentos para hacerlo, y más cuando sube el grado de dificultad, ya que las continuaciones comienzan cada día más lejos del aro (¿hasta dónde estira una defensa Lillard, por ejemplo?), lo que obliga al hombre alto que la quiera poner en el suelo a recorrer mucho más camino quizá del deseado.
Y otro problema este tipo de habilidades son diferentes a las que un hombre alto tradicional debería conocer o ha practicado. Un buen pasador en estático desde los postes, bien arriba-abajo a otros hombres altos, bien a cortadores, no tiene por qué ser capaz necesariamente de mandar latigazos en carrera a la esquina contraria del ataque. Es algo que seguramente resulte ignoto para todos aquellos hombres altos que no han sido tratados como exteriores en sus etapas formativas, y que no es tan obvio de practicar y añadir al juego como puede ser, por ejemplo, el tiro. No es una tarea repetitiva: además de la mecánica necesaria, la ejecución depende del desarrollo del juego y la posición de compañeros y rivales en la pista. Requiere una visión no muy lejana a la de los bases, y apenas se puede sacar partido de la ventaja atlética. Es complicado añadirlo al repertorio, pero aquellos que no han tenido suerte o ganas con el tiro, pueden probar: es algo valioso y diferente.
Pero eso no quita que el impacto en el ataque de sus equipos que van a tener el futuro jugadores como Hassan Whiteside, Steven Adams, Andre Drummond, Myles Turner, Cody Zeller, Clint Capela, Alex Len o incluso el ya mencionado Anthony Davis va a depender mucho de como aprendan o progresen manipulando defensas de frente, lejos del aro, con ventaja y balón. Incluso el anillo puede depender de ello quizá, con Tristan Thompson viéndose en esta tesitura cada vez más a menudo en este comienzo de temporada, después de que los rivales identifiquen que hacer a James e Irving soltarle el balón es una manera de hacer mortales a los Cavaliers.
Un buen ejemplo positivo de jugador que sin ser estrella se ha convertido a la fuerza en un maestro en este arte, y al que el resto de sus compañeros haría bien en imitar es Mason Plumlee, que ya es el mayor asistente de la Liga desde la posición de pívot. En su caso, no ha logrado esas magníficas cifras operando simplemente desde el spread pick’n’roll, porque el ataque de los Blazers no se basa en ello, sino que le da más opciones de buscar a cortadores desde el poste alto en estático. Pero como podéis ver en el siguiente vídeo, que recoge todo tipo de pases, su habilidad en los short rolls es notoria, y suelen desembocar con más frecuencia en triples para los Blazers, siempre más valiosos, que otras situaciones de pase (también las meterán con menos frecuencia que las bandejas)
Desarrollar esta habilidad, aunque no sea sencillo, va a ser fundamental para alguno de los equipos de la Liga este año. Whiteside y Adams son los que más lo necesitan, porque juegan en ataques congestionados frente a los que las defensas mandan hombres extra, a veces incluso más de uno. Sus bases son más peligrosos como penetradores que como tiradores, y el lanzamiento de tres del resto de sus compañeros es más que dudoso: lo que frente a otros equipos es un dilema, frente a OKC y Miami es dogma de fe. Y el progreso de uno y otro está en puntos muy diferentes.
Mientras que Adams lleva demostrando desde el año pasado que es capaz de ejecutar este tipo de pases y el problema tal vez sea otro (la falta de confianza en los exteriores para sacar provecho), la falta de apetencia de Whiteside por el pase ya ha sido más que documentada. Al menos esta temporada le ha visto las orejas al lobo y está haciendo sus pinitos pasando, pero todavía sólo desde el poste y cuando le doblan: aunque ya le hayamos visto algún pase al otro lado de la cancha, las condiciones para hacerlo en un short roll son muy distintas y llevará tiempo que lo veamos.
La cuestión es que la caja de Pandora se ha abierto y cada vez va a más. Se desempolvó primero como antídoto anti-Warriors y Draymond Green arruinó la diversión. Pero ya se ha corrido la voz de que no todos son como él, y que esta es la mejor manera de desbaratar los planes de muchos equipos. Cada vez se necesita demostrar más habilidades para ser efectivo dentro de una cancha NBA y por eso los hombres altos que lleguen a la próxima frontera estarán mucho más cotizados.