PO Desde El Sofá (XIII): Sin perdón

Los Celtics ponen pie y medio en los Finales de la Conferencia Este, tras ganar su primer partido a domicilio en estos Playoffs, castigando los errores en los momentos finales de unos Sixers que encontraron redención en forma de prórroga a sus primeros deslices, pero a los que no pudo salvar nadie cuando volvieron a incurrir en ellos en una segunda oportunidad.

Hasta tres veces (una al final del tiempo reglamentario, dos en la prórroga), perdieron el balón los Sixers tratando de iniciar la jugada en pases inofensivos en la misma zona de la pista (ala izquierda de su ataque), dando la oportunidad de remontar a los Celtics, cuando mandaban ellos sobre el balón y la posesión. Y dos veces se la sacó muy fuerte Stevens (la pizarra) para conseguir puntos fáciles a Brown y Horford en bandejas sin oposición, tras tiempo muerto en los momentos finales.

Boston manda 3-0 en una eliminatoria en la que los Sixers ya han quemado el cartucho de la vuelta a sus dominios, y ahora llevan encima la carga de una remontada de 21 puntos en el partido anterior, y la de no haber podido cerrar un partido que muchos creyeron ganado durante unos segundos de ilusión. Y es que llegó a caer confeti en pista cuando los operarios pensaron que el tiro final de Belinelli sobre la bocina tras los primeros 48 minutos había sido de 3. Despertaron rápido (o no tanto, la broma retrasó el inicio de la prórroga) en otra realidad, en la que aún había cinco minutos por jugar, y que se volvería a estropear, pese a que estuviesen por delante a 8.4 segundos del final.

Los Celtics, como sucedió en la ronda anterior, jugaron peor lejos de Boston, con menos acierto en los tiros y un bajón en el nivel de Rozier, pero Philly no cuajó un mejor partido en su vuelta a casa, cuando se supone que los secundarios brillan más. Covington estuvo horrible, fallando los 8 triples que intentó, arriesgando constantemente sin éxito en defensa, y equivocándose en la defensa de la jugada clave de la prórroga que ponía a Boston por delante a falta de 5.5 segundos para el final. Saric estuvo dubitativo y menos intenso que en el partido anterior y Belinelli, pese a que metió la complicada canasta sobre la bocina que mandó el partido a la prórroga, no acertó demasiado en tiros pobremente seleccionados, y fue de nuevo una diana a la que apuntar en la defensa de Philly.

Simmons (y Brett Brown por extensión) siguen sin saber cómo hacer para volver a brillar frente a la defensa que le muestra Boston (hombres más altos que él, esperándole ya en la zona, y cambios en los bloqueos), y aunque cuajó un partido mucho mejor al anterior, no fue el jugador explosivo e imparable que cerró la temporada. Philly no atacó bien a media pista, pese a que insistió mucho en hacerlo, parando el ritmo cuando seguramente una mayor velocidad juegue a su favor.

Y el motivo principal seguramente sea volcar tanto de su ataque en Embiid, que volvió a alternar momentos de fuerza de la naturaleza, con otros de ineficiente congelación del juego. Quedarán muy bien en el vídeo resumen del partido dos de sus mates, uno sobre Baynes en carrera tras recibir un pase, otro atacando a Horford con el bote desde la línea de tres, y todas las secuencias en las que saca faltas sin parar a los Celtics (anoche Smart acabó fuera con 6 faltas y Baynes casi con 5 en gran parte por él), pero los 22 puntos en 27 posesiones de tiro, con 3 pérdidas, no merecen en absoluto el calificativo de imparable. Los Sixers cerraron muy bien la temporada jugando a otra velocidad sin él en pista (ante rivales mucho más sencillos, hay que apuntar), y en la eliminatoria de Miami, todavía estaban metiéndole en juego. Boston tiene en Baynes y Horford dos jugadores que le defienden razonablemente bien, por lo que le aguantan uno contra uno, sin mandar la ayuda desesperada que acaba convirtiendo sus posteos en oportunidades para triples o cortes al aro. Con lo que ralentiza a los Sixers, Stevens firmaría una producción así, o mucho peor, todos los días. Y más cuando sucede como ayer, que pese a las faltas forzadas apenas fue a la línea: sólo tres tiros libres para él, lo que le hizo más difícil conseguir puntos fáciles.

Otra cosa que despareció también con la última baja de Embiid fue el pick’n’roll entre él y Simmons: apenas vemos ni el frontal, ni el tan utilizado durante la temporada bloqueo en el poste bajo (snug), cuando, y aunque los Celtics cambien, es una oportunidad magnífica para darle a Simmons espacio por delante sin demasiadas ayudas, al sacar a los dos grandes lejos de la canasta. Poco antes del descanso jugaron un dos contra dos, y Simmons anotó una de las bandejas más sencillas que tuvo en todo el partido (la más sencilla fue el mate que falló al comienzo del encuentro… en un partido que acabó en empate… ¡oops!).

Por parte de los Celtics, estuvo brillante su novato Jayson Tatum, que arrancó muy bien en el primer y el último cuarto, y es la mejor apuesta con diferencia de los Celtics cuando necesitan crear un tiro. Sus 24 puntos le convirtieron en máximo anotador del encuentro, y a pesar de que falló un par de tiros libres en los compases finales del encuentro que pudieron costar mucho a su equipo, no hubieran podido llegar tan lejos sin él. Además anotó 5 puntos en la prórroga (entre Horford y él metieron todas las canastas de los Celtics en el tiempo extra), tirando de su maravillosa capacidad de penetración, teniendo que resolver además ante Embiid, al que congeló en una de las ocasiones con la sangre fría de fintar ante él. Brown no confió en Covington y en Saric (este volvió a pista luego) en los minutos decisivos, lo que le emparejó a menudo con Belinelli, del que se puede ir en bote pese a su mayor tamaño cuando quiera.

Clave también fue Horford, que no anotó en toda la primera parte, pero fue decisivo al final: Boston le buscó mucho en el poste bajo cuando su marca era Ilyasova en el último cuarto, y él contestó con canastas y asistencias. Además, robó dos balones que parecían inofensivos en los últimos segundos de la prórroga, y anotó la canasta que ponía por delante a Boston al final, ejecutando perfectamente la jugada dibujada, para quedar emparejado con Covington, y buscar el aro mientras este le defendía por delante. Fueron 7 puntos en la prórroga, para remontar, incluidos los 5 últimos, y la fantástica defensa que estuvo ahí todo el partido sobre las jóvenes estrellas de los Sixers.

Y por supuesto, destacar el trabajo de Stevens, que además de toda la cuestión estratégica, cogió la pizarra dos veces, una en tiempo reglamentario y otra en la prórroga, con su equipo por detrás, y unos segundos en el reloj, y consiguió dos plácidas canastas para sus pupilos, despejando la zona de gente sabiendo que los Sixers iban a cambiar todo bloqueo peligroso.

Como ya comentamos ayer en el podcast, es injusto a veces dar tanto crédito al entrenador de los Celtics, porque se pierde la perspectiva de hasta dónde llega él, y dónde sus jugadores. Muchas jugadas anoche, por ejemplo, de Tatum, fueron resueltas por su brillante talento individual no por el sistema o la posición en la que Stevens le ha puesto. En los Celtics hay como en todos los equipos, aclarados, unos contra uno, posteos, etc… que tienen que resolver los jugadores. Si avanzan a las Finales de Conferencia, será porque por muy bueno que fuera el plan, los jugadores, en los que recae la responsabilidad final, lo han ejecutado. Y los rivales, con sus aciertos o errores (y ayer hubo más de esto segundo), también forman parte de tu desenlace. Con una sola jugada que hubiera ido en cualquier otra dirección no estaríamos hablando de él.

El caso es, que cuando se tuvo que notar su mano, lo hizo, y de qué manera. Y así, esta victoria le reafirma como uno de los mejores de la competición, y una de las mayores armas de Boston.

Sofi del día: El Process ha traído de vuelta a famosos a la primera fila del Wells Fargo Center: anoche no estaba el chaquetero Kevin Hart,  pero sí M. Night Shyamalan, Nick Foles, Questlove, Meek Mill o Dana White, una lista que firmaría el Madison Square Garden en un partido tempranero de martes en febrero contra los Hornets.

PO Desde El Sofá (XI): Los mismos demonios

Como el Madrid con la Champions: lo de los Raptors frente a los Cavaliers parece ya obra de un hacedor mayor, de un narrador omnisciente, con mucha mala leche y algo de sadismo. Toronto tuvo oportunidades para llevarse el primer partido de la serie, pero fue Cleveland, que no estuvo por delante ni un solo segundo durante todo el tiempo reglamentario, quien finalmente salió vencedor en la prórroga.

Y además pueden torturarse con una serie de amargas acciones que no cayeron de su lado, algunas por puro azar, otras por problemas de ejecución o de claridad mental, que pesarán como losas de aquí al próximo partido. Nunca habían venido en mejor posición, ni habían pillado tan débil a LeBron. Los Cavs estaban cansados, magullados y vivos por muy poco. Pero hicieron su mejor partido de Playoffs, que no es mucho decir, y dan un primer golpe fuera de casa que aunque por supuestísimo, no es definitivo, es muy duro por todos los antecedentes.

Y es que esta vez no se puede señalar a nadie, ni apuntar a un claro punto de mejoría. Toronto, sobre todo con Anunoby, hizo un buen trabajo sobre LeBron, que no tuvo tanto protagonismo como en la serie contra Indiana. Lowry y DeRozan estuvieron bien: no fue para nada una de sus típicas actuaciones desoladoras en los Playoffs. Valanciunas hizo mucho daño por dentro, y los Bench Broskis pusieron su energía habitual. Simplemente, Cleveland también estuvo al nivel: fueron un equipo en lugar de un hombre orquesta, y estando más finos en los minutos finales se llevaron la victoria y recuperan la ventaja de campo.

Korver y JR Smith (cinco triples cada uno, uno por cabeza para abrir la prórroga) hicieron mucho daño desde fuera, y Green (sobre todo en la primera parte) y Tristan Thompson, que perdió la titularidad, pero no la importancia en la rotación, dieron muy buenos minutos realizando todo tipo de tareas ofensivas y defensivas. Los únicos puntos negros fueron Love, que a pesar de mostrarse muy voluntarioso (otras veces puede ser cosa de actitud, no ahora), está reñido con el acierto, y fue blanco fácil (como el juego de palabras) en defensa, sobre todo para Valanciunas, y Hood y Clarkson, para los que Lue no parece encontrar otro acomodo que esperar a que entren en buena racha, para exprimirlos mientras dure, cosa que ayer no sucedió.

LeBron por su parte, se va con la victoria en primer lugar y un triple doble en segundo, pero facturando un partido diferente y menos espectacular de a lo que nos tiene acostumbrados. Con sólo 26 puntos en 32 posesiones de tiro, apenas pisó la pintura ni fue a la línea, en la que fue su noche menos eficiente en estos Playoffs. Tiró mucho de suspensiones lejanas, y no entró a canasta apenas hasta la recta final del partido, en la que fue más agresivo. También dejó para el final el uso del bloqueo y continuación, en cualquiera de los dos roles (y cuando lo hizo fue casi siempre con uno o dos «pequeños», casi siempre Korver, bloqueando para él, sin intención de conseguir una ventaja de velocidad), prefiriendo a menudo recibir en aclarado a un lado de la pista, pero para pasar o tirar, sin penetrar muy a menudo. A diferencia del segundo partido frente a Indiana, en este, cada vez que salió a pista, su intención era implicar al resto de jugadores, repartir asistencias, y no quedársela para él hasta que viera la situación propicia para ello. De todos modos, metió la que tenía meter: el empate a 105, en un fadeaway precioso sobre Anunoby en el poste bajo que evitaba a Cleveland tener que entrar por debajo en el juego de las faltas.

El mayor acierto de sus compañeros en comparación con otros días sin duda le ayuda a ejercer más el papel de distribuidor, pero James parece estar reservándose, calculando cuánto le queda y cuándo y cómo es mejor usarlo. Otro detalle fue el cambio de su descanso habitual, de principio del segundo y último cuartos, a finales del primero y tercero. Eso podría ser para evitar que los Raptors hagan tanto daño con sus suplentes como suelen en los momentos en los que LBJ habitualmente se sienta, pero cuesta creer que él vaya a alterar su rutina por lo que sucede con un banquillo rival.

El partido tuvo cosas de otra época. Ambos equipos jugaron muy grande, con Toronto cerrando con los titulares y prácticamente siempre con un pívot en pista, y Cleveland con varios minutos, en dos tandas, de Love, Green y Thompson juntos en cancha. Ningún equipo cerró bien su tablero: Thompson capturó 9 rebotes ofensivos, y Valanciunas 8, y Toronto tuvo tres ocasiones de ganar el partido en tiempo reglamentario con un palmeo, pero ni el lituano, ni Miles, ni DeRozan acertaron a embocar el balón, tras un triple errado de VanVleet.

Y la otra gran oportunidad de los Raptors, su última posesión de la prórroga, fue estropeada también por un problema no tan habitual en la NBA actual: el pobre espaciado de la pista. LeBron, deja la marca de Lowry para ir ayudar a Thompson que se ha quedado en el cambio con DeRozan, pero el base de los Raptors, en lugar de terminar el cambio de lado a lado de la pista, lo que hubiera dado a DeMar la opción de pasar a dos tiradores y/o haber sacado a Jeff Green o JR Smith de la pintura, decide quedarse en el poste bajo…

…para acabar siendo el mejor protector del aro Cavalier: su presencia (y una muy buena recuperación de Thompson también) impide a DeRozan buscar el tablero para una bandeja, y tiene que pararse y sacar un pase fuera para que VanVleet marre en su segunda oportunidad de ganar el partido para Toronto de la noche.

Podríamos hablar también de la decisión de Casey de poner a VanVleet, con el hombro maltrecho y golpeado de nuevo en este encuentro, y además frío porque no estaba en pista, como tirador en las dos posesiones que les hubieran dado el encuentro, pero lo cierto es que lo más seguro es que ninguna de esas dos jugadas le tenían a él en la pizarracomo protagonista, sino más bien como señuelo para alejar defensores, y que además de CJ Miles, que ya estaba en pista, los Raptors no tienen tiradores más fiables que él.

Tampoco pareció tener mucha consecuencia la otra pobre decisión del equipo, el tiempo muerto que gastó Lowry poco antes de los dos minutos para salvar una posesión a la que le quedaban 2.2 segundos, y que acabó en el limbo igualmente, al no ser capaz de poner el balón en juego en los cinco segundos que tiene para realizar el saque lateral. Como Toronto fue por delante, no pidieron tiempo muerto hasta su última jugada, y no parecieron necesitar más. Quedan como dos anécdotas, pero al final también pueden ser un indicador de cómo en estos finales de partido tan tensos ante Cleveland, quizá no tienen la mente tan fría como en otras ocasiones.

Veremos cómo se recuperan de este golpe, y si los Raptors enfocan esta derrota con filosofía. En el fondo es sólo un partido, Indiana ya ganó en Cleveland, LeBron está cansado, sus estrellas no han desaparecido, y han anotado bien contra la porosa defensa de los Cavaliers.

Pero es otra pintada de cara más, y cuando por fin se podían creer mejores.

Sofi del día: Anoche Drake estuvo sentadito, espero que haya habido llamada de Smithers, Kiki Vadeguay u otro jerifalte similar para explicarle que ya se han acabado las tonterías, y que como dijo Paco Jémez, si no tiene el título de entrenador, no puede estar de pie.

PO Desde El Sofá (X): Scary Terry protege su casa

El TD Garden sigue siendo un fortín en estos Playoffs: liderados por Horford, Rozier y Tatum, los Celtics metieron 17 triples en 35 intentos (los ocho jugadores de la rotación metieron todos al menos uno), y dominaron a unos Sixers que estaban yendo demasiado rápido por esta post-temporada.

No estaba Jaylen Brown, que se lesionó en el último partido de la anterior serie, pero no fue ningún problema: como en el resto del año, y por extensión, en toda la era Stevens, no pasa nada. Esto lo arreglamos entre todos, como aquella campaña del tardozapaterismo.

Nadie compensó directamente la aportación de Brown, pero Smart cubrió su puesto en el quinteto titular y como mejor defensor del perímetro, y su carga anotadora se disipó entre Rozier (29 puntos), Tatum (28) y Horford (26), que siguen la tradición céltica de estos Playoffs de repartirse las canastas en un equilibrio prácticamente perfecto. Especialmente bueno fue el partido del base, que está teniendo un año sensacional, y que ayer dirigió con maestría al equipo, encontrando todos los huecos y puntos débiles de la defensa de los Sixers, y anotó toda suspensión que intentó (igual no fueron todas todas, pero lo pareció).

Además, los Celtics pararon bien a Simmons, que tuvo un partido mucho menos brillante de lo habitual, y confundieron muchísimo a Embiid, al que se vio perdido en defensa. Los Sixers fueron todo lo contrario que los Celtics: un equipo sin acierto (sólo 5 triples anotaron, de 26 intentos), ni atención al detalle, jugando como si ya hubiesen ganado algo tras pasar tan cómodamente la primera ronda.

Ambos equipos empezaron mal, fallones en el tiro, y sin generar ventajas ni con el bote ni con pases. El recurso por parte de Philly en los albores del encuentro, fue el rebote ofensivo, logrando anotar varias veces en segundas oportunidades. Entre lo que conseguían en los tableros y las pérdidas de Boston, los Sixers, más desacertados, seguían igualados porque tiraron el doble de veces a canasta.

El mejor al inicio fue Tatum: con el traspaso del verano pasado aún en el recuerdo, quizá se viera con ganas de demostrar algo a unos Sixers que prefirieron a otro en el Draft, y aprovechó un emparejamiento muy favorable para él (Brett Brown le puso delante a Redick, dejando a Simmons con Smart). Anotó más cómodamente que nadie, sacó dos faltas tempraneras a Embiid, y bailó a Covington para disfrute del público, en una jugada que no pudo culminar.

A medida que fue transcurriendo el cuarto, ambos equipos se fueron entonando, ya con algunas oportunidades a la contra, y empezó a brillar Rozier, que cerró el primero con 10 puntos, 6 rebotes y una bellísima división del bloqueo por detrás de la espalda para asistir a Marcus Morris. Simmons y Embiid alternaban buenas acciones con pérdidas, y a la defensa de los Sixers le costaba cada vez más pasar todos los bloqueos por delante, como bien conseguían al inicio.

Los Sixers seguían en el segundo cuarto obteniendo oro de las segundas oportunidades, mientras los Celtics se atascaban un poco: apenas había movimiento en su ataque, que encadenó una serie de suspensiones fallidas seguidas sin desarrollar nada las jugadas. Fue entonces Smart, con un par de penetraciones a la contra que acabaron en triples desde la esquina de sus compañeros, el que dio un nuevo vigor al equipo, y lanzó la primera gran racha verde, ampliada por Al Horford que anotó sobre Embiid en el poste, defendió la acometida del pívot camerunés, pasó por encima de Belinelli tras un cambio en el p’n’r, y finalizó punto seguido otra jugada de Rozier y Larkin, en un rato en el que los Celtics buscaron sin piedad al escolta italiano, para aprovecharse de él. Big Al estuvo enorme hasta el descanso anotando, defendiendo y asistiendo, y Boston fue capaz hasta de desconectar a Embiid, que no sabía dónde ir, con Horford y Baynes anotando de larga distancia. La ventaja de los Celtics pasaba la decena, pero se antojaba hasta corta para lo que estábamos viendo.

Philadelphia no cerró el hueco en ningún momento, porque no fueron capaces de encadenar ninguna racha rápida. Simmons no estaba fino, pese a que no fueron tan físicos con él como en Miami, y Embiid iba sumando puntos y sacando faltas, pero intercalando pérdidas que no ayudaban al equipo a acercarse. En los secundarios del equipo, nadie metía un triple, y sólo Saric en tablero contrario y Redick en la media distancia contribuían. Los Celtics seguían con la gota china desde la línea de 3, con buenos minutos también de Larkin, que había estado flojo en la serie anterior, y con acciones periódicas para encender a su parroquia, como un rebote ofensivo de Smart justo debajo de Embiid, que convirtió en un 2+1 anotando de espaldas. Un error en un saque lateral con segundos restantes para finalizar el cuarto, que Redick castigó con un triple, fue de las pocas notas negativas de un cuarto en el que la ventaja final fue de +12.

El inicio del último cuarto fue algo más favorable con Philly, que ya estaba en el bonus tras sólo 3 minutos de juego, y que logró congestionar en un par de ocasiones el ataque de Boston, hasta agotar el reloj de posesión. Pero cada vez que la diferencia bajaba mínimamente de la decena, los Celtics contestaban con un triple: Rozier, Horford, Larkin, otra vez Rozier… todo tenía respuesta, y Boston llegó incluso a ampliar la diferencia cerca del final, a unas cifras más acordes a la diferencia entre ambos equipos anoche.

Increíblemente (¿por qué nos seguimos sorprendiendo?), los Celtics siguen superando las expectativas y superando problemas. A su ataque le puede faltar imaginación durante fases del encuentro, y a su defensa velocidad, pero encuentran la manera, más veces que no, de solventarlo y lograr que alguien contribuya. Es difícil sobre todo que Philly vuelva a tirar tan mal de 3 el resto de la serie (aunque les permitieron peores tiros que los que concedió Miami, por ejemplo), pero Simmons y Embiid parecían imparables, y anoche ante Boston parecieron los jugadores inexpertos que todavía son. Mucho respeto.

Sofi del día: Si hay un pabellón lleno de bocazas en la NBA, ese es el de los Celtics, ventajas que dan los anillos. El público americano, en los deportes profesionales, es menos fogoso que el europeo, y en casi todos los pabellones se corea colectivamente poco más que un «MVP». Es por lo que los «You are not a rookie» o «Fuck the Process» que se escucharon anoche tienen algo de sorpresa, y pueden sentar precedente, en una rivalidad que quizá veamos mucho en próximos años.

PO Desde El Sofá (IX): Pero sigue siendo el Rey

LeBron continúa invicto en la primera ronda de Playoffs, ganando su quinto Game 7 consecutivo, poniendo así definitivamente fin a la serie contra unos peleones Pacers, que se subieron a su barba, pero no pudieron finalizar el trabajo. Eso sí, esta vez, y pese a la fantástica línea final (45 puntos, 9 rebotes, 7 asistencias y 4 robos), James no hubiera cruzado la meta sin la ayuda de dos compañeros que no habían sido factor en partidos anteriores.

Tristan Thompson, que partió de titular, dominó en los tableros, fue eficiente en ataque y su tamaño y habilidad en los cambios vinieron bien en defensa a un equipo muy frágil en ese aspecto. Y George Hill, que tras tres partidos sin jugar fue insertado en el encuentro en la segunda parte, tomo el timón para dar algo de descanso a un LeBron en la reserva y ayudó a entrar en ritmo a un Love que parece haber perdido la habilidad de crear su propio tiro.

Los Cavs mandaron durante todo el partido con ventajas que llegaron a los 14 puntos, pero los Pacers no dejaron de arrear, y recortar diferencias, poniendo las cosas muy complicadas a la febril encarnación de los Cavaliers de esta temporada. James no pudo cumplir su deseo de jugar el partido entero, teniendo que retirarse con calambres un minuto antes de que acabará el tercer cuarto, y el hecho de que sus compañeros no sólo aguantaran una ventaja de dos puntos, sino que ampliaran una diferencia que llegaría hasta el final, acabó siendo clave en el pase de ronda de Cleveland.

Lue cambió de nuevo su quinteto inicial y esta vez apostó por el look clásico: volvía Thompson al quinteto, junto a LBJ, Love, Korver y Smith y los Cavs empezaban el partido sin base arquetípico, pero con los cinco jugadores en la plantilla que aún sobrevivían desde los anteriores Playoffs. Con esta alineación, LeBron defendía a Collison, y los Pacers no tenían que poner a Turner en un jugador exterior. El comienzo del partido fue malo, con Indiana fallando los cinco primeros tiros de campo (todo triples), pese a que fueron entre liberados y muy liberados, y Kevin Love en el otro lado fallaba un triple que no tocó aro y finalizaba un posteo de manera desastrosa. Sólo el pick’n’roll de LeBron con Thompson, cuyos bloqueos liberaron a James de los pegajosos defensores de Indiana como aún no habíamos visto, ponía puntos en el marcador. La actividad del pívot fue clave en este inicio, en el que además, con varios rebotes ofensivos, creó segundas oportunidades en las que los Cavs no perdonaron.

Sólo Collison, a el que la defensa de los Cavs daba tiempo y espacio, estaba en marcha por Indiana, y tras dos suspensiones de LeBron sobre Sabonis (¿cuántas de estas han caído en la serie?) y una falta con tiro libre de técnica adicional por un trompazo (no tan fuerte, en apariencia) de Stephenson, los Cavs tenían 12 puntos de ventaja y parecía que el partido podía ser por fin un paseo. Los Game 7 son diferentes, los locales eran además los más experimentados, y esto pinta a palizón.

Pero nada ha sido fácil para Cleveland en esta serie, y nunca han logrado abrir hueco realmente contra Indiana: no importa lo grande que hayan sido sus ventajas, en los cuatro partidos que los Cavs han ganado a los Pacers, nunca lo han hecho por más de cuatro puntos, y este no iba a ser una excepción.

Stephenson, largado por quinta vez de los Playoffs por LeBron James, mantuvo en este arreón al equipo con dos triples tras bote, pero LBJ no iba a parar: su descanso habitual tras el primer cuarto no se producía y las cámaras le pillaban diciendo que no saldría de la pista en todo el partido. Seguía anotando sobre los cambios de la defensa de Pacers (no falló ninguno de sus siete primeros tiros), y los Cavs seguían sin perder ni un solo balón, ni dejar anotar un punto a la contra a los Pacers.

Con la ventaja en su máximo punto, McMillan pidió tiempo muerto, y con los Cavs metiendo en pista a los jóvenes que llegaron al equipo en febrero, los Pacers cosieron por primera vez la herida: parcial de 10-0 a lomos de Stephenson y Sabonis para acercarse a 4, pero un triple de Love y un buen pase del ala-pívot a Thompson devolvían la ventaja a 9, lo que activó a un Oladipo que no había estado muy entonado hasta entonces.

LeBron fue entonces por primera vez en el partido al poste bajo, dominando absolutamente al irritante Stephenson, y lo siguió haciendo con la vuelta de Bogdanovic a pista, pese a que el croata le pusiera las cosas mucho más difíciles, defendiéndole por delante, y obligándole a coger posición muy lejos de canasta y en línea de fondo. Daba igual, James anotaba y volvía anotar, en lo que parecía que iba a ser un partido de leyenda. Collison seguía acertado con sus suspensiones desde los codos de la zona, y por eso la ventaja de los locales no fue a más: 11 puntos al descanso después de que un palmeo de Tristan Thompson no entrara en tiempo de milagro. Las segundas oportunidades, la diferencia en pérdidas entre ambos equipos y la brillantez de James marcaban la diferencia, pese a que Indiana tiraba más y mejor.

El tercer cuarto ha sido aciago para Cleveland a lo largo de la serie, y esta noche mediodía no fue una excepción: los Pacers abrieron con un 16-4 de parcial, ante la empanada Cav, poniéndose por primera vez en todo el partido por delante. En ese momento, Lue cogió el martillo para casos de emergencia y rompió el cristal de una vitrina que no parecía albergar nada muy preciado. George Hill, que se había perdido tres partidos por dolores en la espalda, y que no pisó parquet en toda la primera mitad, salía a pista, y la perdía en un campo atrás por presión de Collison nada más salir. La cosa pintaba negra para Cleveland, los nervios aparecían por primera vez, por lo que LeBron cogió el timón de nuevo, y entramos en la fase más bonita del partido; un duelo entre las estrellas de los dos equipos, en el que Oladipo anotó un par de esas canastas impresionantes con las que nos lleva deleitando toda la temporada (un arqueadísimo triple con LeBron encima sobre la bocina de posesión, y una suicida entrada a canasta), y James daba las réplicas. Agotado tras dirigir el equipo todo el partido, volvió a ceder de nuevo a Hill la misión de subir el balón, y las dos primeras jugadas con el base al mando acabaron en canasta de LeBron, una finalizando el p’n’r y otra en un triple tras pase. No me sorprendería si fue la única vez en toda la eliminatoria en la que LeBron ha metido (o incluso tirado) dos canastas seguidas tras pase de un compañero. Un poco más relajado y descargado, anotó 10 puntos seguidos de su equipo, y de repente se le apagó la luz: a falta de un minuto para acabar el cuarto, se va, no sólo al banquillo, sino a lo más profundo del túnel de vestuarios.

En este momento, y con una exigua ventaja de 2 puntos, todo era pánico en Cleveland. Luego nos enteramos por Doris Burke que estaba sufriendo calambres, pero el corazón de todos los aficionados de los Cavaliers tenía que estar en un puño, aunque saliera por su propio pie en lo que parecía estar más cerca de ser un apretón que una lesión. El show en ese instante lo ponían en la pista los árbitros, empeñados en pitar falta en cada rebote.

Tras la reanudación, cuando oíamos superpuestas las palabras de Lue, indicando que lo primero que tenía que hacer el equipo era no perder balones, mientras los Cavs tiraban por la banda (y la borda) la primera posesión del crucial último cuarto, nos sorprendíamos porque LeBron todavía no estaba ahí. Ni tampoco volvió cuando McMillan tuvo que pedir tiempo muerto después, porque Cleveland sin su rey había aumentado la ventaja a 8, y tenía que volver a meter a Oladipo a pista, después de sacarlo para darle a él también un merecido descanso.

No lo sabíamos entonces, pero esos momentos fueron claves: por primera vez los Cavs se impusieron a Indiana sin sus líderes en pista, y la diferencia no se llegaría a recortar de nuevo. Hill y Love, al que se le vio cómodo por primera vez en el encuentro sin James a su lado, abrieron hueco y continuaron desarrollando su química incluso cuando LeBron reapareció a 8:41 para el final, y en un segundo plano.

Los Cavs volvían a presionar a Oladipo con dos jugadores en defensa, los Pacers, que no han logrado tener una respuesta consistente a ello en toda la serie (su gran debe), se atascaron, y Hill daba la puntilla a su antiguo equipo, el de su ciudad natal,  dirigiendo buenos bloqueos y continuaciones y anotando en un palmeo. Necesitaron su providencial presencia porque LeBron no era el de los tres primeros cuartos: una pérdida incomprensible castigada a la carrera por los Pacers, y una penetración a medio gas que le salvó un tapón ilegal de Turner, no eran lo requerido de su altísimo estándar de excelencia.

Las esperanzas de los Pacers menguaban, porque el tiempo restante no estaba de su parte, y una decisión arbitral discutible, en un partido muy mal dirigido, pudo apagar el penúltimo conato de reacción. Turner fue expulsado del partido por cometer su sexta falta en un rebote ofensivo que, de haber ido el silbato en la otra dirección, podría haber sido un 2+1, y los Cavs quedaban 9 puntos por delante a 4:17 del final. Dos suspensiones de Collison y Oladipo con unos tiros libres de Thompson por el medio acercaban a Indiana a la media docena de diferencia: volvió a brillar entonces la estrella del repudiado pívot de los Cavs, que taponó enfáticamente a un Collison que se escurrió de un James fundido, para evitar que Indiana se acercase demasiado.

El silbato fue entonces adverso a Cleveland en una terrible falta en ataque pitada a LeBron tras coger un rebote en su propia canasta y encontrarse delante a Sabonis, y los Cavs dieron su última muestra de defensa verbenera: Oladipo cruzó la pista entera del tirón para anotar una bandeja sin oposición tras recibir el saque lateral en su propio campo, en lo que sería el último estertor de los Pacers.

En la siguiente jugada, los Cavs tenían obligación de anotar para que Indiana no pudiera reducir el partido a una posesión, y la pizarra de Lue funcionó, consiguiendo una bandeja para James tras cortar hacia el aro después de apoyarse en Korver ante el dos contra uno de Indiana. La ventaja de 6 puntos ya sólo la podía arruinar un milagro tardío que no se produjo, y Cleveland certificó unos tiros libres después una victoria que le costó horrores conseguir.

La buena noticia para ellos es que siguen adelante, en el que quizá fue el partido en el que escoltaron a LeBron de mejor manera (pero tampoco mucho, no nos vayamos a creer), y que los Raptors, que les esperan en la siguiente parada, tendrán otras cosas, pero todavía no han demostrado la fortaleza mental para volver y volver a atacar sin rendirse de estos bravos Pacers, una de las sorpresas más agradables de la temporada.

Nadie fuera de Indiana confiaba en ellos esta temporada, pero han sido quintos en su conferencia (y muy cerca de arrancarles el título de la División Central incluso a estos mismos Cavs) y casi pasan a segunda ronda, poniendo las cosas muy difíciles (a lo largo de la eliminatoria, han anotado 40 puntos más) al equipo que les barrió sin compasión la pasada campaña, y al jugador que les ha sacado de Playoffs 6 veces en los últimos 7 años. Son un equipo de verdad, y es para que sus aficionados estén orgullosos, Si Oladipo mantiene el nivel, y los dos jóvenes que apatrullan su juego interior se siguen desarrollando, pueden dar guerra en un Este que se va a recrudecer si Boston, Philly o Milwaukee alcanzan su potencial.

Y de los Cavs, qué decir. Tienen al mejor en sus filas, pero la increíble ración de minutos que le han servido a lo largo de la temporada está empezando a hacer mella, y su incapacidad de finalizar un encuentro que ardientemente deseaba completar, es la última muestra que esta serie nos ha dado de ello. Kevin Love podría haber vuelto a sufrir una lesión en el dedo operado y/o otra conmoción cerebral, pero sigue adelante como puede. Tras siete partidos, hemos descubierto que alguien distinto a LeBron puede conducir un p’n’r, pero vete a saber cuando pueden perder a Hill otra vez. Han sido pasados por encima en dos ocasiones, remontados en ventaja tras ventaja, y todas sus victorias han tenido que esperar al último suspiro.

Y aún así, y por mucho que se los hayan «pedido»… no me creo que en Toronto duerman tranquilos esta noche.

Sofi del día: Ver a Doris haciendo las entrevistas a pie de pista duele… y uno diría que por su cara, a ella tampoco le ha hecho mucha gracia esta bajada de categoría.

 

PO desde el Sofá (V): Jaque al Rey

Los Pacers remontaron una desventaja de 17 puntos al descanso, gracias al mejor partido de la carrera de Bojan Bogdanovic (30 puntos, teniendo que defender a LeBron), y mantienen la ventaja de campo, pasando toda la presión a Cleveland, y convirtiendo en casi obligatorio para ellos ganar el próximo partido en Indiana.

En un partido con dos partes bien diferenciadas, la mejora en defensa de los Pacers en la segunda mitad, y su adaptación a la presión sobre Oladipo, les permitió salir como vencedores, y con la moral de que los Cavs no han demostrado ser mejores que ellos en ninguno de los tres encuentros: en el primero les dominaron claramente y los dos siguientes fueron monedas al aire.

Cleveland era de la partida con el mismo quinteto que en el segundo partido, el grupo más veterano, con Hill, Korver y JR acompañando a Love y LeBron. Empezaron muy bien los secundarios, que parecían llegar por fin a la serie (por la que sólo se había pasado un rato Korver) sobre todo George Hill, en un compás inicial en el que el trío arbitral pitaba falta al menor contacto. Ese arreón inicial puso al que sería héroe de la noche, Bogdanovic, con dos faltas a los dos minutos y medio de partido, dando a McMillan la oportunidad de redimirse de la decisión del partido anterior, en el que mandó al banco a su mejor jugador al minuto de contienda. Pero pese a los signos del croata para que le dejara en pista, Nate siguió al dedillo la regla del viejo libro de entrenador, y le mandó a recoger su toalla. Al menos Bogdanovic acabó el partido con cinco faltas y 36 minutos, no como Oladipo en el encuentro anterior, que no cometió una falta en toda la segunda parte, y acabó jugando 28 nada más.

Cleveland empezó bien, aprovechando la extraña configuración defensiva (de acuerdo a los cánones posicionales tradicionales) que los Pacers les mostraron en el encuentro anterior, con Turner defendiendo a JR Smith, para que Young pudiera marcar a Love. Así los Pacers tienen muy poca protección del aro, y los Cavs anotaban en la pintura, sin necesidad de exprimir a James como en el comienzo del encuentro anterior. Indiana supo responder, atacando sin respiro a Korver en defensa, y así vivimos, tras nueve cuartos de eliminatoria, que se dice pronto, el primer cambio de ventaja en el marcador, después de dos partidos dominados de cabo a rabo por el equipo vencedor.

Pero en cuanto LeBron se puso en modo anotador, motivado además por ser defendido por Lance Stephenson, los Cavs abrieron el primer hueco, tomando una decena de puntos de ventaja, que los suplentes liderados por Love lograron sostener al comienzo del segundo cuarto, lo que permitió a Lue extender hasta unos 6 minutos el tiempo de descanso de James. Los Pacers no estaban cómodos en ataque por los dos contra uno a Oladipo, y cometían bastantes pérdidas, algunas en las que al escolta local simplemente se le escurría el balón (si algo nos queda claro del final del partido anterior y de este es que Victor no usa el famoso Stick’um, desde luego), y otras moviendo el balón de manera desacertada en superioridad numérica. La estrella de los Pacers se marchaba al descanso con tan sólo 5 puntos en el casillero, y un enfado monumental por una falta de Nance sobre él no pitada en la última jugada, mientras que la ventaja de los Cavaliers se iba a descansar en su ápice: 17 de diferencia.

El parón sentó muy bien a Indiana, que reagrupó y volvió con las ideas más claras. Primero, fueron capaces de poner un poco en marcha a Oladipo haciéndole recibir de bloqueo indirecto y aprovechando mejor las contras. Y por otro lado, castigaron ellos también la falta de protección del aro local, con penetraciones de Collison, que, quizá no encontraban siempre aro, pero Young o Turner convertían en puntos en segundas oportunidades. Poco a poco la ventaja se iba reduciendo, sin que nadie liderará a los Cavs, ni siquiera LeBron, que tuvo a Bogdanovic abrazado a él toda la noche. Alguna vez incluso literalmente, como en la cuarta falta sin balón del alero, que tenía a James agarrado como si tratara de placarlo y levantarlo por encima.

Los Pacers empataron a poco más de 8 minutos y medio para el final, y abrieron un poco de ventaja inmediatamente con el comienzo del show Bogdanovic: dos triples seguidos (uno con su +1 incluido) tras unos pasos de LeBron, que llevaron al Fieldhouse a la locura. James sólo había anotado 5 puntos en la segunda parte (en la que no descansó), y los Cavs pocos más, en un giro de 24 puntos desde el intermedio.

Pero el Rey no había dicho sus últimas palabras, y con dos triples sobre Sabonis, tras jugar a la selección de personaje en los cambios en los bloqueos con la defensa de Pacers, volvía a traer el partido a la igualdad. De nuevo la respuesta vino de los Balcanes: otros 5 puntos seguidos de Bogdanovic, con su triple desde las letras para más recochineo, al borde del final de dos posesiones en las que los Cavaliers habían sofocado a Oladipo, obligándole a desprenderse del balón tarde y mal.

Cleveland tuvo opciones de igualar pero Love, Smith,y LeBron no acertaron en tres intentos desde el triple (en posesiones diferentes) suficientemente librados para poder considerarlos buenos. A los Pacers al otro lado, las oportunidades se les estaban esfumando: las ideas para burlar la presión perfecta sobre Oladipo llevaban escaseando desde hace rato (y eso que ahora la defensa Cav no quería despegarse ni en broma de Bogdanovic, que llevaba 15 puntos en el cuarto, lo que les permitía utilizarle para espaciar la pista como hubiesen querido), y el único consuelo que tenían es que el tiempo que quedaba seguía bajando. Otra pérdida de Oladipo acababa en el otro lado en un cuarto intento fallido desde el triple, esta vez de Clarkson, pero a la vuelta, esta vez sí, los Pacers ejecutaron perfectamente el cuatro contra tres, con Collison deshaciéndose fácil de Love, para soltar un pase que permitió a Young anotar con facilidad, en lo que acabó siendo un tres contra uno. La ventaja era de 7, y el tiempo en el marcador era inferior al minuto.

A la quinta fue la vencida para Cleveland, con LeBron metiendo el triple mas complicado de todos los de la ristra, y en la siguiente posesión, pese a pedir el tiempo muerto para prepararla, los Pacers no tuvieron de nuevo nada preparado ante la negación del balón de LeBron a Oladipo, acabando la posesión al agotar el reloj. De nuevo decepcionante el equipo local y su entrenador en la ejecución (¡el Marca tenía razón!), pero el marcador, tiempo y resultado, seguían siendo sus amigos. Los Cavs tenían 13.5 segundos para recortar 4 puntos, y un triple de Love tras recoger el rebote del intento fallido de LeBron y correr a cascársela a la esquina, les ponía sólo un punto por detrás, dando comienzo al juego de los tiros libres con 7.6 segundos para el final.

Pese a que de no ver claro el saque lateral, los Pacers ya no tendrían más tiempos muertos para volverlo a intentar (gracias al gastado un poco antes para hacer la nada), los Cavs no parecieron ponerle picante a la presión, y un simple bloqueo de Turner a un Jeff Green en babia, liberaba a Collison para que recibiera muy fácil en su mitad del campo, y poco faltó para que se pudiera escurrir y gastar el tiempo sin ni siquiera tener que tirar. Lanzó y falló el segundo, y sin tiempos muertos, JR Smith tuvo el tiempo justo para pescar en el alboroto, cruzar la pista, e intentar un triple lejano y forzadísimo (el octavo seguido de Cleveland, para los que lleváis la cuenta en casa), que les hubiera dado el partido, pero que no entró. LeBron tenía sellado a Bogdanovic en el poste bajo, y una canasta de dos bastaba para forzar la prórroga, pero es muy posible que no hubiera habido tiempo para hacerle llegar el balón y que pudiera ejecutar una suspensión en giro por encima suyo.

Pese al desenlace, el pronóstico de la eliminatoria sigue siendo incierto. Los Pacers han sido mejores y más vigorosos, y tienen ventaja, pero tras tres partidos, los Cavaliers parecen haberles cogido ya el punto en defensa: en Indiana no están preparados para que cortocircuiten a Oladipo, y esta vez Cleveland logró pararle por sus propios medios, sin ayuda de las faltas y el entrenador rival. Fue el mejor encuentro de la serie en esta faceta de los Cavs, pero por otro lado, a poco que los Pacers lleguen al cuarto partido preparados para salir de la presión, anotarán muy fácil: si esta defensa es ya terrible en igualdad de condiciones, imagina en inferioridad. Y los secundarios (Calderón, que no jugó anoche, parece ser el primer sacrificado) han ofrecido tan poquito, tan poquito en estos tres encuentros, que cualquier contribución positiva que dure un partido entero puede ser diferencial.

En cualquier caso, y visto lo visto, por primera vez el Rey peligra en primera fase. Y esta vez de verdad.

Sofi del día: Los que nos escuchéis en el podcast ya lo habréis oído por tercera vez con esta, pero: ¡qué bonita es esa equipación amarilla (perdón, dorada) de los Pacers!

PO Desde el Sofá (II): Menos a más

Durante muchos minutos fue difícil de ver: dos equipos incapaces de anotar a media pista, muchos errores y poca claridad de ideas. Pero el desenlace del partido compensó todo lo anterior: Boston ha logrado proteger la ventaja de campo en la prórroga, en un final en el que Milwaukee se resistió a caer más de lo esperado.

Un triple de Middleton desde la firma de Red Auerbach con décimas de segundo en el reloj, empataba un partido que Boston parecía tener ganadísimo cuando Terry Rozier ponía a los Celtics por delante con un triplazo con pasito atrás, después de mandar a Bledsoe lejos de él, muy lejos, con su bote. Canasta de superestrella, puñalada en el corazón del estado de Wisconsin… pero no era el final todavía.

Y es que el partido estuvo muy vivo siempre, en muchos momentos, por los motivos equivocados. Este duelo entre un equipo con mucho talento, pero que no sabe muy bien qué hacer con él, y su reflejo en el espejo, otro equipo que parece estar siempre por encima de su capacidad, fue durante buena parte del encuentro un ejemplo de lo peor de cada cual. A Boston le cuesta dios y ayuda conseguir canastas fáciles, pese a que parecen ser capaces una y otra vez de acertar con las más complicadas.

Milwaukee tiene un arma infalible, un jugador que altera la geometría de la pista como los arquitectos de Origen, pero al que no saben, o no pueden darle el espacio que necesita para dominar. Además, en defensa, pese a su capacidad atlética, tamaño y longitud en casi todos los puestos, se siguen empeñando en cometer errores que no deberían, y ayudar mucho más de lo necesario. Los Bucks ponen un examen difícil, y se dejan por la otra cara las respuestas.

No hubo cambios sobre los quintetos titulares habituales, con Baynes y Henson, que desaparecerían a la hora de cortar el bacalao, lo que hizo que el partido empezara con Giannis contra Horford como enfrentamiento estrella, pero con otra línea de ayuda para ambos por detrás. Los primeros asaltos fueron para Al, con Henson convertido prácticamente en defensor a ambos lados de la pista. Tatum fue el jugador de los primeros compases del partido, con estruéndoso mate incluido, mientras los equipos aún se tentaban y tomaban lo que el otro dejaba: así vimos cosas como fallidos tiros a media distancia de Baynes, o pases a Henson, para que resolviese.

Pero poco a poco Boston asentó su defensa, aprendió desde dónde mandar la ayuda, y los Bucks y Giannis se encontraban una pared de hombres cada vez que ponían un pie en la zona: las pérdidas empezaban a agolparse, y los Celtics, podrían anotar fácilmente por fin a la contra. Así se cerró el primer cuarto con un rotundo parcial 15-0 para los de casa, y 12 puntos de ventaja en el marcador.

Los Bucks no anotaron a la contra hasta el segundo periodo, y lo hicieron gracias a que Boston entró en un bucle similar de pérdidas: cuatro en cinco posesiones con Larkin al volante, y cuando Antentokounmpo volvió a pista se encontró con un equipo lanzado en el que por fin pudo empezar a despertar. Milwaukee era entonces quien alcanzaba la decena de puntos de ventaja, y con las tornas cambiadas, eran los Celtics los que no veían manera de crear un tiro cómodo. Tuvieron que llegar los regalos de Milwaukee en defensa, esas boludeces que hacen que lo que parece una defensa de élite lo sea de chichinabo, para que Boston mantuviera el partido controlado al descanso.

En la reanudación vinieron los minutos más duros: de nuevo con los quintetos titulares en pista, el baloncesto era feo, trabado y poco acertado. Sólo brilló la agresividad de Jaylen Brown, que lanzó al equipo en otra gran racha de 10-0, y que Prunty tuvo que sofocar jugándosela con un Giannis de pívot, que tardó casi 8 minutos de segunda parte en ver aro.

Va a ser un gran dilema para el entrenador de los Bucks, cuánto y cuándo utilizarlo ahí, porque, sobre todo en defensa, su enfoque de la posición no es natural, y especialmente ante Horford, que sabe aprovecharse de él a ambos lados de la pista, concede demasiado. Pero al mismo tiempo, con menos obstáculos puestos por su propio bando, es como más fácil y felizmente patina por la pista, cuando es capaz de atacar defensas cerradas como si se tratara de un contraataque. En días como hoy, en los que sólo Middleton es capaz de anotar con volumen (no fue la noche de Bledsoe), no parece haber otra opción que dejarle volar.

Y más cuando en el otro lado, prácticamente todos suman. Horford, Brown, Tatum, Morris y Rozier anotaron todos canastas difíciles e hicieron jugadas importantes. Finalizaron todos entre 19 y 24 puntos anotados y con un reparto de posesiones muy equitativo.

Y tuvieron que recurrir a la épica, porque dejaron ir una ventaja de 10 a falta de 4 minutos: con Middleton y Giannis echándose el equipo a la espalda, los Bucks empataban con un triple de Brogdon en una jugada tras tiempo muerto en la que se escurrió solitario frente a la zona Celtic, dejando tiempo para un último tiro de Boston (o eso creíamos).

De todos modos, los titulares de los Celtics (más Morris) siguieron anotando cuando más se necesitaba en la prórroga, un gris Bledsoe se despedía del partido al llegar a su sexta falta, y poco después lo haría también Giannis, y esta vez sí, no dejaron que se escurriera el partido cuando tocó cerrarlo desde el tiro libre.

La serie sigue abierta porque la estrella griega brilla demasiado, y en los Celtics falta eso precisamente, pero no hay ninguna duda, y esta vez se ha vuelto a demostrar, de qué equipo es mejor colectivamente.

Sofi del día: Las dos canastas que cerraron el tiempo reglamentario, pero especialmente la de Rozier. En una repetición desde la línea de fondo contraria se ve claramente como engaña a Bledsoe, con un bote en el que parece que va a mandarlo a estrellarse de bruces contra un bloqueo, y en cuanto el hercúleo base rival gira el cuello para buscar ese rival que nunca viene, le cambia el ritmo, la dirección y el suelo que pisa. El movimiento es más de media canasta, y otra muesca más para un jugador que está cerrado la temporada con su mejor versión.

PO Desde El Sofá (I): El interruptor está encendido.

Los Warriors ganaron cómodamente (113-92) el primer partido de estos Playoffs 2018, y por una noche al menos, disiparon las dudas que habían levantado en el tramo final de la temporada: su defensa brilló, con el nivel de esfuerzo y compromiso de las grandes ocasiones y la competitividad que no siempre hemos visto en ellos este año, por fin estuvo presente.

Los jugadores de Golden State fueron demasiado grandes y rápidos (difícil ganar en ambas) para los Spurs, y se deshicieron de ellos con bastante facilidad, sin necesidad de fuegos artificiales. Cimentaron el triunfo en el trabajo cerca de su propia canasta, por lo que no tuvieron que brillar en exceso al otro lado de la pista para llevarse la victoria.

Kerr empezó la serie con sorpresa sacando a Iguodala y McGee de titulares junto a las tres estrellas sanas del equipo, quinteto que curiosamente estaba inédito esta temporada. El tamaño y la longitud de este grupo fueron demasiado para los Spurs, y la punta de lanza al principio, fue el díscolo McGee, que comenzó con 4 de 4 en tiros de campo, y una impoluta defensa sobre Aldridge, que no veía la luz del día detrás de los largos brazos de JaVale.

La primera decisión de Popovich (quién sabe si influido en algo por el cambio de quinteto en GSW), fue poner a Danny Green sobre Draymond Green, con la idea de que quedara como hombre libre, sin intención de defenderlo demasiado. El que se aprovechó de esto fue Durant, que cubierto por Anderson, lograba forzar cambios al bloquear sin balón a Thompson, que le dejaban emparejado con Mills, sobre el que anotaba con extrema facilidad.

San Antonio no lograba llegar a la pintura de Golden State, ni crear separación alguna para tirar, y a los tres minutos y medio, Pops pedía el primer tiempo muerto de estos Playoffs. No sirvió para mucho, porque a la vuelta, los Warriors se seguían divirtiendo jugando para McGee y aprovechando los cambios incondicionales de la defensa de San Antonio para anotar desde el poste. Lo único que revitalizó a San Antonio fue la entrada de Ginobili, que era el único capaz de atraer fuera de su sitio a la ayuda para crear una ventaja, mientras Durant lideraba a los compañeros que habían salido del banquillo. San Antonio finalizaba el primer cuarto 11 abajo, y anotando tan sólo 17 puntos, tres de ellos de Manu sobre la bocina tras robar un balón y cruzar toda la pista. Un desastre que nos trajo de vuelta al Pops más arisco y lacónico en la entrevista con Lisa Salters.

En el segundo cuarto Gay también insufló algo de vida al ataque de San Antonio, pero los Warriors respondían con canastas fáciles, fruto de la malísima comunicación defensiva de San Antonio en los cambios, que increíblemente, parecían un equipo poco preparado para el rival y el escenario. Aldridge pudo anotar algo al volver a pista y encontrarse a David West, y el acierto en triples de San Antonio mantenía el partido a una distancia remontable, pero las impresiones eran de que, dijera lo que dijese el marcador, la diferencia entre ambos equipos era inmensa. La vuelta de los titulares Warriors a cancha para cerrar el periodo volvió a fortalecer la defensa, y bloquear de nuevo a San Antonio, que metieron sólo un tiro de campo en los últimos minutos, y se marcharon al descanso 16 abajo, con otro premio (casi) sobre la bocina en forma de tiros libres para Rudy Gay.

Insertando al alero como titular en la segunda parte en lugar de Slow Mo Anderson, que apenas jugó, y no resultó efectivo cuando lo hizo, buscando a McGee en movimiento poniéndolo en el p’n’r (en lugar de atacarlo con Aldridge de espaldas) y siguiendo con el acierto desde el triple, San Antonio tuvo sus mejores minutos para abrir el tercer periodo, pero la diferencia apenas menguó porque coincidieron con el Klay más inspirado, que provocó 3 faltas de Dejounte Murray en apenas dos minutos. Popovich, hizo algo muy particular, ya que después de la segunda de ellas, le mandó al banquillo por una posesión para comentarle algo rápidamente, y le devolvió a pista de inmediato. Pero con la tercera seguida (cuarta en total del partido hasta el momento para él), que al menos ya no fue de pardillo, no tuvo otra elección que volverle a sacar del partido. Thompson seguía sin fallar, y la ventaja llegaba a la veintena, con Popovich enarbolando la bandera blanca, literalmente, sacando a Derrick White, a pista antes de que acabase el tercer cuarto, que se cerró con triples de Draymond Green, mejor en defensa que en ataque.

Los Warriors mantendrían a los titulares un poco más en pista, pero el partido estaba efectivamente finalizado. Klay acabaría con 27 puntos en 11/13 en tiros de campo, Durant con 24 a la chita callando, y McGee con 15 en apenas 16 minutos en pista: funcionó tan bien que se ve que Kerr lo quiere en pequeñas dosis. Los Spurs fueron liderados por Gay con 15 puntos y tanto él como LaMarcus casi se marcan un «más tiros que puntos».

A San Antonio le costó muchísimo anotar, y parecieron un equipo débil y otra velocidad que su rival. No aprovecharon la baja de Curry en absoluto, ya que no penalizaron los quintetos con malos tiradores de los Warriors, concediendo en su lugar emparejamientos flácidos, cuando no directamente fallidos, en los que prácticamente regalaban puntos a los Warriors. Mucho tendrá que pensar estos días Popovich, desde el estilo de juego hasta la rotación, para evitar otro correctivo como este.

Sofi del día: Nick Young no estuvo en la rotación hasta que llegaron los minutos de la basura… y si la justificación para hacerlo es el look con el que se presentó al Oracle… nos parece más que correcto:

Episodio III

Wow… nos quedamos cortos. Con salud, descanso y la posibilidad de hacerse tan pequeños como deseen porque a ese convento que es la temporada NBA ya le queda poco, los Warriors han hecho dos partidos de un dominio exasperante para aquellos que esperábamos una serie larga de partidos competidos. Pero aún así, han rendido a un nivel que ha hecho deliciosos unos enfrentamientos tan desiguales.

El problema es que tras un primer partido con mucho que remendar, los Cavs hicieron un segundo todo lo libre de errores que es posible a estas alturas, y los Warriors los aplastaron sin ser ni mucho menos perfectos. Perdieron el balón 20 veces, y Green sólo jugo 25 minutos en los que tuvo que estar muy alerta, y aún así la diferencia pareció insalvable. Están (mal)tratando a Cleveland como los Cavs hicieron con todos sus rivales en el Este.

La serie llega a Cleveland y ese factor cancha es la gran esperanza, porque un 3-0 la heriría muy profundamente. En anticipación al partido de esta noche, unas notas sin mucho orden ni concierto:

  • El MVP de los Warriors está siendo su defensa. Cleveland vive del uno contra uno y de castigar las ayudas rivales y frente a Golden State no pueden utilizar ninguna de las dos cosas. Klay Thompson, Kevin Durant y Draymond Green sobre todo, están siendo magníficos defendiendo uno contra uno, lo que les está permitiendo tener que ayudar lo justo, pero incluso cuando lo hacen es con buen criterio… y dándole tiempo a recuperar. Hay muchos comentarios sobre por qué LeBron no está jugando más en el poste bajo y aunque cierto es que a falta de otras alternativas deberían probarlo, y quizá funcione, no es una idea tan buena como otros años. Las gran ventaja de LeBron de espaldas es que no puedes defenderle con un solo hombre, y si lo haces, encuentra siempre de dónde viene la ayuda. Con Durant o Green intercambiándose en los papeles de hombre que le marca y hombre libre a la caza del pase errante, los Warriors están todo lo cerca que se puede estar de defender a LeBron ahí sin desordenarse. Entiendo que no hayan querido forzarlo, pero no tienen muchas avenidas más.
  • Love no está haciendo una mala serie (¡21 rebotes el primer día! ¡27 puntos el segundo!) y no hay duda ni debate este año sobre si debe jugar o no… pero yo tampoco diría que su actuaciónestá siendo «buena«. Aún así está siendo probablemente el segundo mejor Cavalier de la eliminatoria. Alguien con acceso SportVU podría sacar una estadística sobre el número de canastas logradas por los Warriors en las que Love aún no ha llegado a su propia zona, y alucinaríamos.
  • Todo el mundo quiere que Cleveland juegue más rápido… menos ellos mismos. Aunque tienen que seguir persiguiendo todas las oportunidades posibles a la contra, lo cansados que se les veía en la segunda parte del partido (¡Shumpert con calambres!), y cómo tuvieron que dejar de correr y atacar el aro por agotamiento les tiene que hacer replantearse las cosas. Cada vez que puedan salir rápido y anotar fácil y sin oposición deben hacerlo. Pero eso debería ser cosa de cualquier equipo y ante cualquier rival: hasta el Club Baloncesto Instituto Fertilidad Clinicas Rincon Cadete B tiene la obligación civil y moral de ir a tumba abierta a por las bandejas más fáciles. La diferencia es qué haces si esa primera oportunidad no se materializa: los Warriors si no anotan en 7 segundos o menos lo intentan inmediatamente para que sea en 10, 13… los Cavs a lo mejor tendrían que parar un poco más, por muy complicado que sea anotar a Golden State a media pista: al final tienen que hacerlo igual, porque se les ha acabado la gasolina, y ahí sí que es misión imposible.
  • Lue ya ha quemado los cartuchos de jugar con un solo hombre alto y LeBron de pívot sin ningún éxito. Ya lo avisábamos en la previa en dos formatos, podcast y texto: la llegada Durant con la configuración actual de la plantilla de los Cavs les iba a permitir a los Warriors ganar siempre la guerra de emparejamientos. Cleveland no puede hacerse pequeño sin quedar con menos tamaño, menos rápidez, menos vigor, menos tiro: menos todo que los Warriors. Y si manteniéndose grandes ya perdían terreno el año pasado, imagina este… A la plantilla de los Cavs le falta un McGee para que Lue pueda hacer la del científico loco y probar un plan Z: no es que tuvieran muchas opciones, pero rellenaron el final del banquillo con los Jones y similares y seguro que ahora que ha fallado casi todo no les importaría haber pensado un poco más fuera de la caja. No vas a remontar unas Finales a los Warriors con Wayne Selden, Hollis Thompson o el mismo DeAndre Liggins que ya tenían en plantilla, pero Lue se quedaría más tranquilo dando fe de que lo probó todo.
  • No sólo es la llegada de Durant por Harrison Barnes: los Warriors han cambiado en la práctica también a Seth Curry por Steph Curry. Regalo un llavero del Larry O’Brien al que sea capaz de encontrar jugadas del base en los pasados Finales en las que penetre hacia el aro sin dar grima (y dándola se pueden contar con los dedos de las manos). Muy probablemente por su lesión, Curry el año pasado dejó la conducción aparcada en Playoffs y los muy poquitos momentos brillantes que tuvo (la prórroga en el G4 contra Blazers y… ¿hubo más?) se basaron en el acierto puntual de su mágico tiro, llegando al anti-clímax en el uno contra uno del último partido frente a Kevin Love. Este año la cosa es diferente y está revoltoso como nos tenía acostumbrados, ofreciendo un baile a todo el que ve en la pista. Con la ayuda de unos dobles bien hechos si es necesario también, qué coño. Que Steph vuelva a ser una amenaza en cualquier coordenada de la pista, cuando además puedes asignarle menos recursos defensivos que nunca, es una terrible noticia para los Cavaliers.
  • De lo que sí se ha dado cuenta ya Cleveland es que atacar a Curry sólo por darse el gustazo no tiene mucho recorrido. El primer partido intentaron ponerle en el pick’n’roll y no pudieron sacar mucha ventaja: si le pones el vídeo a un extraterrestre que no conociera el deporte terrícola pensaría viendo atacar a los Cavs que en el baloncesto, el objetivo no es pasar una cosa esférica por un aro redondo sino frotarse entre humanos en una extraña danza mientras uno de ellos (¿su líder?) aporrea contra el suelo esa pelota. El objetivo final de ese emparejamiento favorable es tener el camino más sencillo al aro pero los Cavs, sobre todo Irving, se olvidaban por completo de la meta. Queremos a Curry, gastamos más de media posesión, perdemos la geometría de la pista, no desordenamos a los Warriors y no hemos generado ninguna ventaja más que el uno contra uno, que a veces ni eso. ¿Y ahora qué? Y eso que la extraña manera de defender este tipo de situaciones de los Warriors les concedió alguna canasta facilísma: nunca había visto una manera de cambiar como la que utilizaron en Golden State (sobre todo frente a LBJ) en la que Curry primero se anticipaba al cambio, para luego descambiar y recuperar a su hombre mucho después. No sé qué querían conseguir pero estaba claro que estaba preparado porque se repitió en varias jugadas, no fue improvisación. Y aún con errores garrafales de comunicación que regalaron puntos, para los Warriors el rédito de todo este juego dentro del juego fue positivo.
  • Ya en el segundo partido los Cavs cambiaron un buen número de esas posesiones amorfas por más balones a Kevin Love, lo que unido al buen ritmo que tuvieron cuando aguantaron físicamente les permitió competir al menos la primera parte. Los Warriors jugaron con fuego el primer día en el que Green dejó la correa muy suelta a Love: lo trató como si en vez de uno de los mejores tiradores de la Liga fuera Tony Allen, y aún así, salvo un par de triples, vivieron para contarlo, porque Cleveland estaba muy ocupado tratando de hacer defender a Curry poniendo bloqueos con JR Smith. En el segundo partido fueron mucho más racionales con las ayudas del hombre de Love y aún así Kevin lo hizo mucho mejor en ataque, porque contaron con él y no lo usaron como un mero señuelo.
  • Precisamente, la ventaja del hero-ball, del baloncesto de aclarado, es su simplicidad. No te tienes que romper la cabeza, como repite Mark Jackson constantemente «Good D, better O«. Los Warriors están muy bien plantados y para desdibujarlos necesitas que tengan miedo de lo que puedes hacer. Cuando los Cavs dejen de jugar al pinto pinto gorgorito, y empiecen a atacar de verdad a su par, cuando los Warrios la sientan en el pesho, empezarán a suceder cosas. Para bien o para mal.

Hay mucho que contar en la serie, pero estamos a un rato del siguiente partido, y la comida de mañana no se va a hacer sola, señores. Nos queda tan poquito baloncesto que sería una pena que se acabara tan pronto, así que esta noche más de LeBron que Gloria, tú. Eso sí, tengo claro que dentro de 30 años le estaré contando exaltado a los nietos de mis amigos que vi jugar a estos Warriors. Y tú también lo harás, hater.