Entendiendo el concurso de triples

Este año la NBA no nos ha invitado al All-Star, así que nada, un medio menos que hable de baloncesto a cambio de llevar a Tele Biblia, al Canal Videojuegos o darle una acreditación a alguien que a lo mejor va, a lo mejor no, pero aprovecharemos lo que aprendimos el año pasado en Orlando para divertirnos desde el sofá este.

Hoy vamos a tratar de elegir un favorito para el Concurso de Triples de Foot Locker, que pese a ese nuevo matiz de dividir de enfrentar a las Conferencias, tendrá la misma mecánica que en el pasado reciente.

  • Experiencia

En las últimas 10 ediciones, desde que se pasó de tener 8 a 6 jugadores, 5 ganadores lo hicieron en su primera participación, y otros 5 fueron repetidos, con un novato ganando 3 de los últimos 4 años. Ryan Anderson, que acudió el año pasado, y Stephen Curry, que lo hizo en 2010, son los únicos que ya han participado en el concurso, y la actuación de ambos fue buena: Curry quedó segundo metiendo 18 (más que nadie ese año) en la primera ronda, y 17 en la final, mientras que Anderson, que jugaba en casa, se quedó fuera, pero con 17 en primera ronda, una cantidad con la que es habitual avanzar.

«Si eres un tirador, y estás en racha ese día, lo estás. No importa cuantas veces hayas participado en el concurso antes«, nos decía el campeón de 2011, James Jones, «si te toca un tirador en racha, no vas a poder hacer nada para superarlo«. El jugador de Miami considera que no importa la experiencia en el concurso y que cualquiera podría ganarlo. Pero Kevin Durant sí que cree que volver a participar ayuda «El año pasado (por 2011) me puse de poco de presión encima. Este voy a pasármelo bien, si fallo un tiro, lo fallé«. Aunque sean diferentes respuestas a la pregunta, no tienen porque ser incompatibles. El no haber participado nunca antes no implica que no puedas tener una buena actuación como indicaba Jones, que ganó en su primera aparición, pero si comienzas dubitativo, seguramente ayude haber pasado por este proceso antes.

«Sólo pienso en meter cada tiro. No me preocupo si el anterior ha entrado o llevo varios seguidos, pienso en cada uno de manera individual» Esa era la mentalidad de Jones en su segunda aparición tras un fructífero primer acercamiento, muy similar a la de Durant ahora, pero KD, que sólo metió 6 triples en 2011 en un concurso para olvidar, no debió pensar lo mismo el primer año. Por tanto, seguramente, si Curry o Anderson empiezan peor de lo esperado, puedan utilizar su experiencia para ponerlo todo en perspectiva mejor que cualquier otro rival.

  • El prototipo

«La única diferencia es coger la pelota del carro. Una vez que la tienes en la mano, es el mismo movimiento y proceso mental que tendrías en un partido» nos decía James Jones. Tratar de entender el rendimiento de un jugador en el concurso por lo que hace en un partido normal es extremadamente complicado. En principio, el catch-and-shoot de un tirador esperando alejado de la defensa, es seguramente la situación que mejor reproduce las condiciones del concurso, mucho mejor que las de aquellos acostumbrados a tirar tras bote o en la dinámica de la salida de un bloqueo directo. «No es que no practique el tiro en estático» nos recordaba KD «cuantos más recursos y más maneras de meter el triple tengas a tu disposición, supongo que será mejor«.

La verdad es que por cada James Jones hay un Paul Pierce entre los ganadores, y por cada Nowitzki un Kapono. Ray Allen que quizá sea el híbrido perfecto, acudió 6 veces y lo ganó sólo 1. Las victorias de Dirk y Love indican que la altura tampoco es impedimento. Esto lo puede ganar cualquiera.

  • Apuestas

Las apuestas son un negocio basado en la predicción del resultado de eventos deportivos, y tal vez alguna de estas empresas lo tenga más claro. Una casa de apuestas abrió con Curry de máximo favorito, pero las lineas se movieron hacia Novak: ahora mismo Stephen y Steve están empatados, con un 25% de probabilidades, seguidos de Anderson e Irving con un 15%, Bonner con 12% y George con un 8%.

Pero hay que recordar que el objetivo principal de una casas de apuestas no es acertar con la distribución perfecta de probabilidades del evento, sino con la de los apostantes. Aunque ambas deberían parecerse, es un matiz importante. Y otro es, que tal y como se están pagando (muy bajo), el margen de la empresa es enorme, por lo que la incertidumbre del resultado es grandísima también para ellos. Típicamente, en apuestas como los overs o las que llevan hándicap, hay dos opciones que se consideran equiprobables y se suelen pagar de 1.90 a 1.95. Esto significa que si repartiéramos 1 dólar entre las dos, recuperaríamos el 0.95 y 0.975 de la inversión, y la diferencia con el dólar que gastamos es el margen que tiene la casa. Si en el concurso de triples repartiéramos un dólar entre las 6 opciones, para obtener el mismo dinero gane quien gane, sólo recibiríamos 61 centavos. Esto sólo puede significar dos cosas: que pueden poner cuotas muy bajas porque es una apuesta tan popular que mucha gente va a participar en ella pese a que se pague mal o que prefieren dejarse un margen enorme porque no tienen muy claro como funcionará el mercado.

  • Estadísticas

Curry lidera el grupo en porcentaje de 3 a lo largo de su carrera, y con los datos tomados hasta el domingo, sucede algo relativamente curioso: los seis se ordenan igual tanto si vemos el porcentaje de sus carreras como el de esta temporada, y todos están tirando por encima de su media este año. El grupo completo está acertando más del 39% de sus triples, lo que nos da esperanzas de ver un concurso más que atractivo.

Añadimos a la tabla también, a modo orientativo las cifras que da Synergy de porcentaje de triples en jugadas de tipo «spot-up», quizá las más similares a la situación de un concurso. Pero hay triples en otro tipo de jugadas (tras rebote ofensivo, a la contra) que acaban con un tiro «de concurso», que Synergy no etiqueta en este grupo, así que, recordad, no están todas las que son.

Nombre3P% (Carrera)3P% (Temporada)Spot-Up 3P% (Temporada)
Stephen Curry44.3%44.8%53.8%
Steve Novak43.7%44.1%47.5%
Matt Bonner41.6%43.0%41.3%
Kyrie Irving41.4%42.9%53.3%
Ryan Anderson38.8%40.1%36.3%
Paul George36.9%39.1%38.5%

Dicho esto, el año pasado, el concurso lo gana Kevin Love, el hombre del 35.2% en triples a lo largo de su carrera, y 34.8% la pasada temporada hasta el parón del All-Star, el peor registro con diferencia de todos los participantes, ya que 4 llegaron anotando más del 40%. Y en 2011, el campeón fue James Jones que con un 42.3% era de los más fuertes del grupo.

Aún viendo lo poco significativo que resulta extrapolar lo que vemos durante la Temporada Regular con lo que ocurre en el concurso, podéis utilizar los gráficos de nuestra sección El Tiro para ver como se distribuye la efectividad por zonas y tratar de encontrar algún patrón. Por ejemplo, Irving, no ha estado muy bien esta temporada en el ángulo derecho. ¿Sucederá igual el sábado?

  • ¿Alguna predicción?

Ni la experiencia parece influir tanto, ni el perfil del jugador, ni los porcentajes durante el partido… Con semejante nivel de talento, la diferencia tendrá que estar en los detalles más pequeños, o simplemente, en la aleatoriedad y la suerte. Pistola a la cabeza, elegiríamos a Curry porque parece tener todo lo que puedes pedir a un campeón, pero no apostaríamos un euro a ello. Y menos con lo mal que pagan en las casas de apuestas.

Libre mercado

Ayer, LeBron James declaraba que «No creo que mi valor en la pista pueda ser realmente recompensado» por culpa del convenio colectivo. Con un límite salarial que tiene restringido el salario máximo, y va creciendo en función de la antigüedad, el mejor jugador de la Liga, que para más inri, decidió cobrar un poco menos para formar el super-equipo en Miami, es tan sólo el 13º mejor pagado por su equipo según HoopsHype.

Es evidente y lógico, que en un mercado libre, sin restricciones, el salario máximo sólo se debería estar dispuesto a pagar por una persona o el pequeñísimo grupo de las que estén a su nivel. Si hay muchos jugadores recibiéndolo (calculo que unos 25-30 están recibiendo el máximo al que pueden aspirar, y eso, sin contar con las restricciones en salario de los jugadores en su primer contrato), desafía a la lógica de la noción de un máximo. Y creo que eso nadie lo discute. Lo que sí me parece un punto de conflicto son las cifras que se estima que LeBron James cobraría. ¿50? ¿100 millones? Vamos a tratar de hacer un cálculo lo más racional posible (es evidente que el impacto que tendría este cambio debería ser estudiado con una profundidad y un alcance que nos sobrepasa, ya que alteraría la estructura completa del negocio NBA), utilizando como referencia una Liga sin tope salarial, pero que respeta ciertos mecanismos de balance como el Draft: la de béisbol, la MLB.

Para empezar, pensemos en cuanto dinero habría en la mesa para pagar a los jugadores. De acuerdo al análisis anual de Forbes de la pasada temporada, los equipos de la NBA ingresaron casi 3.700 millones de dólares, obtuvieron 360 de beneficio neto entre todos ellos, y pagaron 1.960, el 53% de los ingresos, en salarios.

Hay estudios que demuestran que en la MLB, al no haber límite salarial hay una mayor desigualdad que en la NFL y la NBA, (aunque, por supuesto, gastar más no asegura ganar más en casos concretos), por lo que podemos afirmar, casi con total seguridad, que quitar el tope salarial reduciría parte del balance en la Liga. Para nuestras estimaciones, sin embargo, planteamos un escenario en el que los ingresos y el gasto en salarios se mantendría igual. Me parece que se puede argumentar, tanto que la concentración de talento aumentaría el dinero que llega a la NBA, como lo contrario, por lo que lo dejaremos estar.

Otra cosa que nuestro modelo considera es que el margen de beneficios de toda la Liga sigue estando en torno al 10%, con una diferencia: si ahora mismo hay equipos que están ganando mucho más (los Knicks tuvieron 83 millones de beneficio la pasada temporada según Forbes), los hay también operando en pérdidas. Sin tope salarial de por medio, asumimos que se gasta el 53% de los ingresos globales en salario, y se obtiene el 10% de beneficios, pero con todos los equipos ganando lo mismo, en torno a 12 millones de dólares.

Aquí, evidentemente, estamos simplificando. Hay propietarios más agresivos, como Mark Cuban en Dallas, que tal vez no les importe incluso sufrir alguna temporada de pérdidas aquí y allá, y otros que estarían dispuestos a reducir mucho lo que meten en el bolsillo de los jugadores, para guardárselo en el suyo propio. Otra cosa que asumiremos es que el reparto de beneficios es análogo al de la temporada pasada. Seguramente, en un mercado más libre, esa concentración de talento de la que hablábamos, provoque otro desnivel en los ingresos. Pero lo mantendremos igual, por simplicidad, porque siempre habría una cantidad de dinero que se repartiría entre todos los equipos, y porque franquicias como Heat o Lakers, tampoco concentrarían mucho más talento del que ya tienen.

Con estas suposiciones, mientras que el año pasado el equipo que más gasto en salarios, los Lakers, pagaron 100 millones (incluído el impuesto de lujo) y el que menos, los Pacers con 44, en nuestro simple modelo (se invierte en salarios el total de los ingresos según Forbes, menos los gastos operativos y 12 millones anuales de beneficio por franquicia), Lakers y Knicks pagarían 135.9 y 134.7 respectivamente, liderando la Liga, y (los entonces) New Jersey Nets y los Charlotte Bobcats cerrarían la lista con 32.4 y 32.7 millones. En el siguiente gráfico se puede ver la distribución de los salarios con y sin tope, sumando en ambos casos la misma cantidad global para toda la Liga.

Como se puede comprobar, los 13 equipos con mayor masa salarial gastarían más sin ese tope, mientras que una serie de franquicias, reducirían ese gasto para poder obtener beneficios. A continuación comparamos el gasto en salarios de jugadores de cada franquicia la pasada temporada, con el estimado si no existiera el límite:

Como inciso, este gráfico muestra por qué el nuevo convenio y el mayor impuesto de lujo puede que no sea efectivo con las franquicias que barren en beneficios. Los Lakers podrían haber pagado hasta 35 millones más, y todavía dar 12 de ganancias. Y eso, sin contar con un aumento en los ingresos.

Ahora viene la parte más delicada… ¿cuánto ganaría un jugador como LeBron? Vamos a proponeros diferentes modelos y cifras, para que os quedéis con la que más os guste.

Como vamos a utilizar la Liga de Béisbol como comparativa recurrente, vamos a dar algunos datos rápidos sobre ella. En la MLB no hay límite salarial, pero sí hay un impuesto de lujo, puesto en una cantidad tan alta, que la última década sólo lo han superado 4 equipos puntualmente, y prácticamente los únicos a los que les afecta (el 91.5% de todo el impuesto de lujo recaudado pertenece a ellos), es a los Yankees. Aunque puede servir para sujetar el gasto de los equipos más potentes, es mucho menos punitivo que el actual de la NBA, ya que en el peor de los casos, no se llega a pagar más de medio dólar por dólar sobrepasado. Lo importante es que los equipos pueden gastar lo que crean necesario en agentes libres sin preocuparse por la flexibilidad. Aunque haya una serie de restricciones, como los salarios de los novatos, o mecanismos como el Draft, es lo más parecido que nos podemos encontrar a una NBA sin límite, que seguiría manteniendo algún elemento que no lo convertiría en un verdadero libre mercado.

El año pasado, las franquicias de la MLB se gastaron 2.960 millones en salarios, un 50% más que la NBA, aunque el número de jugadores que cobran de una franquicia en la liga de béisbol en media (28.7) casi dobla a la NBA (15.9). Por tanto, el gasto medio en un jugador NBA es mayor (4.1 MM) que en la MLB (3.4 MM).

Con esa relación 1.2 a 1 por gasto en jugador entre las dos Ligas, una primera aproximación al LeBron-sueldo sería aplicarle ese factor al jugador que más cobra en la MLB: el tercera base de los Yankees, Alex Rodríguez. A-Rod se embolsó 30 millones de dólares de acuerdo a USA Today, 5.8 más que el siguiente en la lista, Vernon Wells. Una distribución similar de salarios tendría a LeBron, o al que fuera considerado el jugador mejor pagado, cobrando 36 millones de dólares, y al siguiente en la lista, 29 MM. Aunque parezca una cantidad baja de acuerdo a las ensoñaciones sobre un posible sueldo para LeBron, es un 43% más de lo que el jugador mejor pagado en la NBA, Kobe Bryant, cobró la pasada temporada.

Otra manera de verlo, es hacer las cuentas sobre la media de la Liga. Si Rodríguez cobra 30 millones, 8.8 veces el gasto medio de la Liga por jugador, un jugador en la NBA que cobrara 8.8 veces el gasto medio, ganaría esos 36 millones de dólares.

Pero cambiemos un poco el enfoque, veamos la cantidad, relativa al presupuesto del equipo en lugar de la media de la Liga. Los Yankees, pagaron, entre sueldos e impuesto de lujo, 212 millones de dólares a 34 jugadores, una media de 6.2 por jugador. El sueldo de Alex Rodríguez es de un poco menos de 5 veces el jugador medio de la franquicia. En nuestro universo paralelo, en el que los Lakers son el equipo con un mayor presupuesto (135.9 millones), a repartir entre 16 (8.5 millones de media), la proporción jugador mejor pagado-media del equipo que mejor paga, pondría en 41 millones el máximo.

Ahora utilicemos métodos algo más complejos. El análisis estadístico en béisbol está muy avanzado, y prácticamente todas las contribuciones mensurables de un jugador en el campo se pueden traducir en números. Así, existe una estadística llamada WAR, siglas del inglés «Victorias sobre jugador de reemplazo» que calcula cuantos partidos más habría ganado el equipo por tener ese jugador en lugar de un jugador del nivel de los temporeros que se pueden encontrar a mitad de temporada cobrando el mínimo.

Con un mínimo de 50 entradas para lanzadores, y 50 turnos para los bateadores, para delimitar el grupo de jugadores a 854 (para que sea casi igual proporcional a los 860 que cobraron un suelo de la Major League la pasada temporada y no de las ligas menores), el mejor jugador (aunque no fue elegido MVP… cosas) fue Mike Trout, con 10 victorias sobre jugador de reemplazo, y la distribución del WAR alrededor de la Liga, ordenado de mayor a menor, fue la siguiente:

Ahora, en baloncesto, por la naturaleza del juego, no es tan sencillo (seguramente no es, ni posible) lograr una estadística que explique tan bien el rendimiento de un jugador. Pero aún conociendo esta limitación, vamos a hacer lo que podemos con lo que tenemos. Hay unas cuantas estadísticas que intentan calcular, al igual que el WAR, el impacto de un jugador en la NBA en términos de victorias. Una de ellas, la que yo he elegido para este estudio, son los Win Shares, de Basketball-Reference.com. El porqué de la elección y el funcionamiento no nos cabe aquí, pero confiad en nosotros.

De acuerdo a los Win Shares que generó, LeBron fue el mejor jugador la temporada pasada, con 14.5, seguido de Chris Paul (12.7) y Kevin Durant (12.2). La lista la cierra Cory Higgins, el jugador hijo de un miembro del equipo directivo de los Bobcats que contribuyó a -1.3 victorias. O +1.3 derrotas.

Al igual que hicimos antes, veamos la distribución de Win Shares a lo largo de la Liga:

Lo que queremos explicar con estos gráficos: aunque a distinta escala, la distribución del talento es exactamente igual entre la MLB y la NBA. Al menos, el talento medido en WAR (bastante fiable) y WS (mucho menos).

Los que paséis de matemáticas y/o sólo con ver el dibujo ya esteis convencidos de esta afirmación os podéis saltar este párrafillo. Para los incrédulos, ambas muestras (subiendo la media para que el menor valor sea positivo) se ajustan a una distribución log-normal de media -0.7 (quitándole el offset ya mencionado) en la MLB y -0.4 en la NBA, y varianza de 0.42 y 0.39 respectivamente. El test Chi-Cuadrado acepta ambas hipótesis nulas con p=0.001 y p=0.002. El resto de equivalencias están hechas de acuerdo a estos valores.

El caso es, que ajustando una escala a otra de acuerdo a esta distribución, los 14.5 Win Shares de LeBron equivaldrían a 11.3 «victorias sobre jugador de reemplazo«. Con un precio por victoria habitual de 4.9 millones en el contexto de la MLB, una temporada de 11.3 WAR tendría un valor de 55.4 millones en el mercado. Ajustando con ese 20% más por jugador que se paga en la NBA, una producción como la de LeBron el año pasado merecería, si se convierte en agente libre, 66 millones de dólares.

Esto marcaría probablemente el máximo valor de mercado de LeBron. Hay que tener en cuenta que esa cifra de 5 millones por WAR por año en el mercado de la agencia libre es un «sobreprecio«, los equipos cuentan con tener jugadores en plantilla muy por debajo de esa relación (con contrato de novatos, renovados por algo menos de dinero, o jugadores que mejoren las previsiones). De hecho, si los Yankees, con el mayor presupuesto con muchísima diferencia (212 millones), pagaran toda victoria producida a ese precio, sólo comprarían 63-68, lo que les pondría entre los peores equipos de la Liga, muy lejos del Playoff. Pero ese es el precio que se paga en el libre mercado por un agente libre de acuerdo a su nivel, y me parece un indicador plausible para explicar lo que ocurriría con LeBron si hay guerra de ofertas.

Otro enfoque más conservador sería buscar el precio más justo: 1960 millones en salarios en la NBA tienen que comprar, entre unos equipos y otros, 1230 victorias (partidos totales de la temporada), lo que saldría a 1.6 millones por victoria. Este baremo no es muy bueno, entre otras cosas, por ejemplo, porque, los Lakers y Knicks con 135 millones, esperarían las imposibles 84 victorias. Como LeBron produciría 19.2 victorias (reescalando las Win Shares para que sumen 1230, ya que estábamos con datos de una temporada de sólo 66 partidos), merecería ganar tan sólo 30.7 millones. Si se hace pensando algo más lógico, que el precio de una victoria no es lineal (cuanto más quieres, más caras se pagan, simplemente por escasez del talento que te permite esto), y 135 millones tienen que comprar, por ejemplo, 65 victorias, a 2 millones por victoria, LeBron estaría valorado en 40 millones.

Así que después de tantas cuentas, tenemos un poco de todo: el contrato estimado para el mejor jugador de la temporada pasada podría ir de los 30.7 a los 66 millones, pasando por los 36 o los 41. A mi parecer, la cifra más alta, de acuerdo a los datos de Forbes, es prácticamente un tope, a lo que sólo se llegaría en caso de enajenación y capricho de un propietario. Esos 66 millones supondrían gastar prácticamente el 50% de la masa salarial de los equipos que mejor pagarían (Lakers y Knicks, recordamos, tendrían unos 135 millones disponibles según nuestros cálculos) en un jugador, algo inaudito en el mundo del deporte. La única forma de poder pagar eso, sería que un equipo estuviera dispuesto a formar un equipo de jugadores, o más bien malos, o dispuestos a cobrar mucho mucho menos de lo que les ofrecerían en otros lugares en torno a LeBron…o gastar unos 200 millones en salarios.

Y 200 millones, ya no en salarios, sino en ingresos, es una cifra a la que según Forbes no han llegado ni los Lakers, que llevan una década con una estrella como Kobe Bryant en plantilla, han ganado 5 títulos en el pasado reciente, tienen la tradición, están en el segundo mercado más grande y casi siempre han sido competitivos. Es decir, un equipo que ya saca prácticamente todo el dinero que podría exprimir, no se podría permitir semejante presupuesto sin muchas piruetas.

Por tanto, salvo alguna Prokhorovada, veo como lo más probable, los 40 millones bajos. Si la firma del contrato le coincidiera en el mejor momento de su carrera, es decir, ahora, tal vez podría llegar a 50. Pero viendo ejemplos como el del béisbol, o el de otros deportes en los que tampoco hay límite salarial, y jugadores dominando de una manera parecida a la de LeBron (me refiero a Messi o Cristiano Ronaldo), en un deporte de equipo, un jugador no aglutina la mitad del presupuesto. Por muy bueno que sea.

Y para el mejor ejemplo no nos teníamos que ir muy lejos: en la NBA está. Aquellos dos contratos que Jordan firmó en 1997 y 1998, de 30 y 33 millones, que en este caso sí eran equivalentes a la mitad del salario de su equipo, pero llegaron en condiciones más que especiales (contratos anuales, el resto de jugadores cobraba una miseria sin posibilidad de pedir más y Jordan había ganado 25 millones… en sus primeros 9 años de carrera juntos) me parecen un techo imposible de superar por el momento: es la tormenta perfecta, tanto por el personaje en cuestión, como por la situación.

Y enlazamos aquí con la frase inicial de LeBron, aquella que decía que «No creo que mi valor en la pista pueda ser realmente recompensado». Visto lo visto, lo más probable es, que hasta un mercado más libre, sin ataduras en los convenios, tenga la razón.

Ese lugar mágico

A medida que el estudio estadístico del baloncesto ha ido avanzando, los equipos con una visión más progresista han demostrado en la pista como interpretan la eficiencia. Y no hay mejor índice para conocer cuánto está dispuesto un equipo a entregarse a los números, que su utilización del triple desde la esquina o corner 3 como suele ser referido en inglés.

El porcentaje de tiro de un jugador desciende con la distancia, por lo que por lo general, cuanto más lejos peor (aunque a veces es un mal necesario, ya que hay encontrar un balance entre abrir el campo y atacar la canasta), pero no todos los puntos desde una misma distancia valen igual: hay una zona mágica, entre los 6.7 y los 7.25 metros, que en a veces cuenta 2 puntos, y otras, cuando estás en las esquinas, 3. Por tanto, a misma distancia, estamos incrementando la eficiencia un 50%.

En el siguiente gráfico hemos recogido los puntos por tiro en la última década en las cinco zonas de la pista que recoge NBA.com: tiros dentro del semicírculo de no-carga (lo que vendría a ser, prácticamente, el aro), el resto de la pintura, tiros de 2 fuera de la pintura, y triples divididos en dos tipos, desde las esquinas, y el resto.

Como podéis comprobar, el triple desde la esquina es prácticamente equivalente en puntos por jugada a tiros realizados cerca del aro, y el triple en general es una opción mucho más eficiente que cualquier otra alejada de la canasta, por lo que un equipo que quiera mejorar su rendimiento debería buscar, con el balance antes mencionado, el mayor número de intentos posibles de triple o atacando el aro.

De hecho, si un jugador es capaz de acertar más del 66.7% de triples, esa combinación tiro-porcentaje supera el 100%: es más efectivo una canasta de 3 suya desde la esquina, que un mate (analogía que robamos flagrantemente de Pablo Mira, así que pasaos a leerle en Noches de Basket, y así no nos sentimos tan mal).

Y así fue durante una parte de esta temporada con Jerry Stackhouse. El jugador de los Nets, a 1 de diciembre, había anotado 14 de 21 triples desde la esquina para un eFG del 100%, lo que convertía sus tiros desde ese punto hasta ese momento en bandejas solitarias al contraataque: 2 puntos seguros.

En nuestra visita al Barclays, pese a que la producción había descendido ya un poco a valores más cercanos a la media (pero su 17 de 33, equivaldría a un eFG% de 77.3%, muy superior al 67.3% con el que Tyson Chandler lidera la Liga), charlamos con él: «Nunca había pensado en ello hasta que Mark me lo comentó en Dallas. «Ey, estás anotando un 66% de los triples en la esquina en Febrero [de 2007]» así que pensé que tal vez debería irme más a esa zona».

Pese a que hay equipos manejando esta información durante muchos años, y los que no lo hubieran hecho, ya están más que enterados porque el análisis actual de la NBA ha debatido este punto ad nauseam, la proporción del número de triples intentados desde la esquina y el resto, ha permanecido prácticamente fija en torno al 0.4 alrededor de la Liga la última década. La NBA vive en adaptación constante y con la misión de eliminar ventajas rivales, y aunque el número de triples por partido está creciendo, su acierto y el reparto por zona de tiro permanece constante:

«Las defensas se ajustan y me han dejado sin ese tiro» decía Stackhouse a mediados de diciembre tras su excelente rendimiento el mes anterior: «Les oigo [a la defensa rival] hablando, «Asegúrate de que no esté sólo», y no es malo, mientras mantenga a un defensor ocupado, lejos de la canasta. Funciona si no lo fuerzas»

Los intentos de triple desde la esquina, tanto los de Stackhouse como los del resto, suelen ser una opción secundaria, tras una acción anterior. Como se acaba el campo, ahí nunca se llega tras un bloqueo directo, y es un final de ruta muy abstracto para un aclarado. Pero eso no quiere decir que la localización de un jugador en ese punto no forme parte del diseño de un ataque, incluso tras jugadas rotas, como un contraataque o tras rebote ofensivo «Los llamamos «bailout spots»» que sería algo así como sitio de rescate «y es parte de nuestro ataque. En mi caso, yo debo ir a la esquina en una situación así, o si veo un dos contra uno.»

Como en ataque los equipos que conocen su poder lo utilizan, pero saben que habrá un ajuste si abusan, en donde mejor se puede comprobar la importancia que un equipo le da a este tiro es en la defensa. Ya hemos hablado en su día en la página de que el porcentaje de triple de tu oponente es un factor difícil de controlar, pero sí hay algo que las buenas defensas hacen para protegerse del triple en la esquina: no permitirlo.

Según los números de NBA.com (no ajustados a ritmo, por desgracia, por lo que los ránkings reales podrían variar un poco), los Bulls son el equipo que menos triples desde la esquina recibió en cada uno de los últimos tres años, justo desde que llegó Tom Thibodeau. Los equipos que siguen a los Bulls en la lista esta temporada, son Indiana y Memphis, las dos mejores defensas de la Liga. Por otro lado, las 3 peores defensas, Sacramento, Charlotte y New Orleans, ocupan las posiciones 28º, 30º y 29º en número de intentos de triple desde la esquina recibidos por partido. De hecho, existe una correlación mucho mayor entre la defensa y esta estadística, que con las del box-score como tapones o robos.

¿Quiere esto decir que las defensas en lugar de intentar de robar o poner tapones deberían simplemente pensar en defender las esquinas? Obvia y categóricamente, no. Pero sí que explica que por lo general, los equipos que tienen una defensa exitosa esta temporada, saben como limitar los intentos de triple desde esa zona.

El caso de los Bulls es curioso, porque su filosofía defensiva invita a los equipos a batirles con tiradores, pero se cuidan muy bien de cerrar siempre al de la esquina.

Couper Moorhead escribió un fantástico artículo en la página oficial de Miami sobre el último Heat-Bulls en el que enseñaba como los Bulls, cuando se tenían que enfrentar a dos tiradores en el lado débil con un solo hombre, preferían dejar solo al del ala, para cerrar la esquina:

Los equipos con más fama de inteligentes también están entre los mejores en este aspecto. Spurs y Rockets han estado en el Top 3 de 2008 a 2011, para caer un poco estos dos años. Los Celtics, aunque nunca han estado entre los mejores, siempre se han encontrado por encima de la media. Dallas también ha sido un habitual del Top 10, hasta este año, en el que se encuentra entre los peores.

«Los números van a ir dando saltos, no voy a seguir acertando un 80%, pero me veo capaz de mantener un 50-55% de aquí a final de temporada». Stackhouse ahora mismo, tras una lesión que le apartó en el mejor momento y la pérdida de minutos y confianza con la llegada de Carlesimo, mantiene un eFG% del 55.9% desde la esquina esta temporada, por encima del eFG% medio en la Liga, que está en el 49.1%: es un tiro eficiente, con el valor añadido de que ayuda a abrir el campo y despejar un poco más la zona a sus compañeros.

Durante su carrera sólo ha metido el 30.8% de los triples, pero desde la esquina, desde aquel febrero de 2007, tiene un 36.4% de acierto. «Ese es mi sitio ahora. El «corner-3»»

Del chupón al cañonero

Ayer la ESPN publicaba un magnífico artículo de Henry Abbott (en inglés) que trataba de encontrar una explicación al hecho de que el número de jugadores que anotan 20 puntos por partido haya descendido espectacularmente: en la temporada 2007-2008 había 27, y ahora mismo hay sólo 9.

Después de repasar una serie de motivos y posibilidades, reduce su teoría a un par de motivos, que compro totalmente: uno de ellos, que la defensa que se está imponiendo gradualmente en la NBA trata de acumular defensores en el lado fuerte de la cancha. Los jugadores que suelen tener el balón, los anotadores de volumen, ven como la parte de la pista por la que pensaban avanzar se acumulan 3 ó 4 defensores y se ven obligados, con una mayor frecuencia, a mandar un pase al lado débil. Esto ha tenido otras consecuencias, como el aumento del número de asistencias entre los que otrora hubieran metido esos 20 puntitos por partido.

El segundo, me parece también importante para el hecho, pero una mera consecuencia del primero. El número de tiros libres, el resultado más eficiente de una posesión por lo general, salvo si te llamas Dwight Howard, ha descendido, especialmente en las estrellas, debido en parte a las modificaciones que hizo la Liga, reduciendo el número de «más uno» que se pitan.

Si los anotadores estrella siguieran manteniendo el volumen de tiro, con semejante descenso (alrededor del ¡30%! para los jugadores con más minutos), el ritmo de anotación habría descendido dramáticamente, y solo lo ha hecho de una pequeña manera: menos de 2 puntos por partido, y con un descenso de ritmo. Pero lo que sucede es que debido a esa sobrecarga de defensores en el lado fuerte, y a tener que pasar más, estos jugadores, que por su fama reciben faltas a un mayor ritmo de lo habitual, han reducido su volumen de tiro y de veces que se dirigen a la canasta y por tanto, que haya menos tiros libres, aunque explique perfectamente ese descenso en el grupo de «20 por partido», es una consecuencia del motivo principal, más que una causa.

Además, me gustaría añadir otro motivo: la concentración de talento. Esta temporada, fuera de los 20 puntos por partido, vemos a jugadores como Blake Griffin, Monta Ellis, Brook Lopez, Brandon Jennings o Dwight Howard y fuera de ese grupo de los 27 máximos anotadores, a Chris Paul, Deron Williams, Joe Johnson o Zach Randolph. Casi todos estos jugadores, han metido más de 20 puntos por partido cuando se han encontrado en equipos y situaciones con menor talento alrededor. El universo NBA post-CuLeBron ha concentrado a los mejores en una serie de equipos, como se puede ver en las elecciones del All-Star sin ir más lejos, y creo que es un factor reseñable, pero no demostrable. Que Deron o Griffin metieran más de 20 por partido el año pasado con peores plantillas no es garantía de que estén obligados a hacerlo este.

Pero volviendo al punto principal propuesto por Abbott, vamos a utilizar las estadísticas para refrendar su propuesta. Como no tenemos nada así como «porcentaje de tiros desde el lado débil», tendremos que tratar de buscar pistas en otros sitios. Por ejemplo, una de las impresiones que yo tengo es que la manera de atacar esta defensa acaba resultando en muchos pases a un tirador al otro lado de la pista, que sabe que habitualmente va a tener espacio para tirar. Como este jugador siempre va a estar estacionado en el lado débil, el equipo se puede permitir, o incluso, es deseable, tener al mejor tirador posible, aunque no sea capaz de penetrar o poner la pelota en el suelo. Y sí, si estáis pensando en Steve Novak, ya somos dos.

¿Y como medir la unidimensionalidad de un tirador? NBA.com ofrece una estadística con el porcentaje de puntos sobre el total conseguidos desde más allá de línea de 3. En la temporada 2007-2008, solo 5 jugadores metieron el 75% de sus puntos o más desde el triple. De estos 5, de todos modos, solo Damon Jones formaba parte de la rotación y 3 de ellos, jugaron menos de 120 minutos/20 partidos metiendo menos de 40 puntos esa temporada. Es decir, podríamos reducir el número de «tiradores unidimensionales elegidos con nuestro criterio arbitrario» a 1 y medio.

Avance rápido a 2013 y tenemos 7 jugadores metiendo el 75% o más de sus puntos desde el triple, y salvo James Jones, todos juegan un número de minutos reseñable en sus equipos.

Si bajamos el listón al 60%, y ponemos un requisito mínimo de minutos (1000 para la temporada completa de 2007-2008, unos 15 por partido en 60 partidos y 500 para la actual, que está casi a la mitad), solo 3 jugadores, Damon Jones, Keith Bogans y Eddie House cumplen los dos requisitos en 2008, y un total de 14 lo hacen este año.

Si quitamos la restricción de minutos, en 2008 hubo 11 jugadores que metieron al menos el 60% de sus puntos desde el triple, y este año hay 27. Es prácticamente la misma proporción que veíamos al principio, pero a la inversa.

¿Así que donde han ido los puntos que metían esos anotadores de volumen? Una buena parte, a tiradores estacionados en lado débil. En 2008, el equipo «medio» metía 6.6 triples por partido, e intentaba 18.1. Este año, pese al pequeño descenso en ritmo, la cifra ha subido a 7.2 y 20.1. Es decir: hace 5 años el 22.3% de los tiros de campo eran triples, y este año la cifra ha aumentado en 3 puntos porcentuales, al 25.3%.

Para ser justos habría que reseñar que el número de triples tras asistencia ha disminuido del 86.3 al 82.9%, algo que no apoya nuestra teoría. El aumento en triples por partido tras asistencia es mucho más ligero por tanto, del 5.7 a 6.0 simplemente, un 5% más, pero como hemos visto, los jugadores que meten este tipo de triples tienen un carácter mucho más especialista que en el pasado reciente. Y el flujo de un lado a otro de la pista es bastante evidente en los equipos que más atraen este tipo de defensas (Miami, New York o Oklahoma City).

En definitiva, al mismo tiempo que los anotadores de volumen se encuentran en peligro de extinción, aparece una nueva raza, el jugador que consigue casi todos sus puntos desde el triple.

La NBA siempre se podrá explicar desde la teoría de la evolución

Por qué ajustar el ritmo

Seguramente hayas leído alguna vez como se habla del ritmo (pace en inglés) o los números «por 100 posesiones» a la hora de analizar el rendimiento de equipos o jugadores, y te hayas preguntado el porqué de utilizar estos nuevos ajustes en lugar de los más tradicionales. Y la respuesta es, que reflejan un poquito mejor aún la realidad.

Vayamos con un ejemplo extremo: a día de hoy, los Rockets son el equipo que más puntos mete por partido, y el segundo al que más le meten ¿Tienen el mejor ataque y la segunda peor defensa? Intuitivamente, diríamos que no.

Hablar en términos de 100 posesiones en lugar de los números por partido, nos permite eliminar el efecto que tiene en las estadísticas jugar a un ritmo más rápido. Cuantas más posesiones haya en un partido, más se acumulan todos los números que genera un equipo. Así, el Índice Ofensivo (o Offensive Rating en inglés), que mide simplemente cuantos puntos mete un equipo por 100 posesiones en lugar de por 48 minutos, y el Índice Defensivo (Defensive Rating en la lengua de Chesapeake), que cuenta cuantos recibe, ofrecen una cantidad que no depende de la velocidad del juego. Con estas métricas, los Rockets a día de ayer eran el 7º mejor equipo en ataque, y el 16º en defensa, una posición muy diferente a la que tienen con las cifras por partido, debido a su ritmo de juego.

El equipo que más rápido juega en la Liga, Houston, como ya hemos dicho, utiliza un 10% más de posesiones por partido que el último ahora mismo, los New Orleans Hornets, con el resto de la Liga moviéndose entre medias de ese rango. Aunque 10 sobre 100 no parece una enorme diferencia, si nos fijamos en la escala en la que se mueven los números en la NBA (en las decenas o incluso las unidades, para estadísticas individuales, y como máximo en torno a la centena) sí lo es.

Y en las estadísticas de equipo, al final de la temporada todos han jugado 82 veces y (casi, por las prórrogas) el mismo número de minutos y la comparación por partido no está tan mal. Pero en caso de los jugadores, o para comparar la eficiencia de quintetos o combinaciones de jugadores entre sí, el uso de estadísticas por 100 posesiones es imprescindible, porque es una manera fácil y sencilla de dar los resultados en una misma escala, para poder comparar todo en la mayor igualdad de condiciones posible y establecer equivalencias con sencillez y precisión.

Así, viendo el Índice Ofensivo que tiene un quinteto jugando junto, o de un equipo en los últimos 5 minutos de partidos ajustado, podemos saber de manera inmediata que tal ha funcionado, sabiendo que la media está en torno a los 102-103 puntos por 100 posesiones, el líder suele encontrarse por encima de los 110 por 100, y los peores equipos por los 95-98. Sin embargo, si nos dicen que un grupo ha metido 240 puntos, aunque sepamos que ha sido en 120 minutos, tendríamos que echar cuentas, y sin conocer el ritmo al que juegan, no tendríamos referencia ninguna. ¿97 puntos por partido son mucho, o poco? Si hablamos de los Nuggets y su velocidad, el ritmo de anotación es malo, si es un quinteto de los sosegados Pacers, estaría por encima de la media.

Y las estadísticas ajustadas a ritmo no se quedan solo en estos dos índices. Por ejemplo, existe otra como el porcentaje o tasa de pérdidas (TOV% o TOR por Turnover percentage o ratio en inglés) que lo que hace es contar el número de pérdidas por 100 posesiones, y lo mismo para las asistencias con el AR (de Assist ratio). Así, los equipos que juegan más rápido no son tan buenos como parece en las estadísticas positivas, ni los lentos tan malos. De hecho, en asistencias por partido, los Rockets son 8º en la clasificación y los Hornets 21º, y cuando ajustamos a ritmo, New Orleans está justo por encima: 13º con 17.1 asistencias por 100 posesiones, con Houston 14º con 17. Las variaciones en el resto de la lista no son tan dramáticas, porque hemos cogido a los dos extremos, pero como veis, puede haber una gran diferencia juzgando a según que equipos.

Otra estadística tremendamente explicativa, que no solo ajusta a ritmo, y que por tanto no da resultados por 100 posesiones, es el porcentaje reboteador, REB% o REBR. Esta estadística calcula simplemente los rebotes que un jugador o equipo cogen sobre el total de los disponibles mientras están en pista. Así no se ajusta solamente a la velocidad del juego: también al número de fallos y oportunidades de rebote que ha habido.

Un ejemplo: el ritmo de Miami y Orlando es casi idéntico (93.8 y 94 posesiones por 48 minutos respectivamente). Pero mientras Miami pasa del 29º lugar al 25º, al cambiar los rebotes por partido por el REB%, Orlando apenas sube del 13º al 12º. Es porque en los partidos de Orlando hay más opciones de rebote por haber más tiros fallados (los Magic fallan 5 tiros más por partido que los Heat, un 12.5% más) y este tipo de diferencias alteran la clasificación. Así, Denver, que es 2º en rebotes por partido, es 6º en REB%, y los Grizzlies, que ocupan el 12º lugar si se mira la clasificación tradicional, es el 2º equipo que más balones recupera porcentualmente tras un tiro fallado.

Al ver los números de manera individual, y como se cuenta el porcentaje de rebotes sobre el total de las oportunidades, el REB% es totalmente independiente de los minutos del jugador. Así Reggie Evans, que con 8.7 por partido está muy lejos del liderato, es con un 26.2% el líder de esta clasificación. Y es mucho más explicativo saber que Evans coge uno de cada 4 rebotes, y alguno más, cuando está en juego, que ver unos números totales, en los que influye sobremanera que solo juegue 21 minutos por partido.

En definitiva, utilizar estadísticas ajustadas a 100 posesiones no es esnobismo, ni un concepto complicado para el que hagan falta difíciles fórmulas. Una vez que se conoce lo que representan, hay páginas en las que podéis ver las estadísticas como cualquier otras, sin tener que preocuparos de dónde vienen. Pero con la tranquilidad de saber que pintan un retrato mucho más fiel de la realidad de la Liga.

Si queréis ver las estadísticas que os hemos comentado, y otras más adaptadas a ritmo para las últimas temporadas, en la página de estadísticas de la ESPN, por ejemplo, puedes encontrarlas. Así, a día de hoy, Oklahoma City tiene el ataque más productivo de la Liga, pese a que Houston mete más puntos, e Indiana la mejor defensa, aunque Memphis reciba algunos menos por partido.

Anexo para los que no les importe hablar un poco más de números: Para comprobar si las estadísticas ajustadas a ritmo nos explican mejor lo que pasa, se puede hacer un pequeño experimento. Si vemos el coeficiente de correlación R² entre las victorias y el Índice Ofensivo y Defensivo, temporada a temporada, se encuentra consistentemente en torno al 0.6. Hay equipos que ganan siendo buenos en ataque, otros en defensa, y algunos en los dos, y por tanto, no hay correspondencia absoluta, pero los Índices parecen explicar una buena parte de la variación. Si utilizamos puntos anotados y recibidos por partido, sin ningún tipo de ajuste, vemos como el R² baja mucho. En la 2010-2011, última temporada completa de 82 partidos, los puntos anotados explican el 10% de la variación y los recibidos un 44%. El año anterior, de un 18% y un 35%. Aunque el coeficiente de correlación no sirve de prueba conclusiva, es indiscutible que ver la lista de los equipos que más puntos meten por 100 posesiones da mucha mejor información sobre su calidad que la de puntos por partido.

El secreto mejor guardado de la Liga

La NBA tendrá esta noche cinco platos fuertes para celebrar la Navidad, día elegido por Stern para crear una jornada que le dé protagonismo a su chiringuito en pleno fin de temporada NFL, pero el último, como los postres anoche en la cena de Nochebuena, pasará desapercibido. Y no solo por el empacho.

En Estados Unidos, a veces, se usa el término de East Coast bias (lo que sería algo así como sesgo de la Costa Este) para hablar de aquellos jugadores/equipos o eventos, que están siendo infravalorados, especialmente en los medios de comunicación por suceder en el Oeste. La costa atlántica y sus proximidades, congregan una mayor población, y por tanto, apiñan un mayor mercado televisivo, interesado algo más por los equipos locales que por aquellos lejanos. Y además, en un país dividido en su territorio continental en cuatro zonas horarias, el East Coast bias es un claro producto de ese problema: mientras que los partidos jugados a una hora natural y habitual (7:00 local) en el Este pueden ser seguidos a una gran hora en el Oeste (4:00 de la tarde en el huso horario de California, algo que sería, incluso, pronto), no sucede lo mismo en el caso contrario, en el que los partidos jugados en el último hueco horario que tiene la NBA, empiezan a las 10:30 en lugares como New York, Boston, Washington D.C. o Miami, y suelen acabar en torno a la 1 de la mañana. En un país en el que todo funciona más temprano que en España, donde esta hora sería tardía, pero más o menos razonable, solo los mayores adictos al basket NBA se pueden permitir el lujo de seguir con regularidad a los equipos de la División Pacífica o la Noroeste.

Y en España, en mi opinión, también se nota este efecto. Mientras que la gente puede disfrutar habitualmente de los Celtics, los Knicks o Heat en partidos empezando a la 1 o las 2 de la mañana, para los que empiezan a las 4:30 es casi más realista pensar en madrugar que trasnochar. Es por eso, que creo que salvo por insomnes irredentos, emigrantes a otras longitudes y ratas del diferido de League Pass, hay una serie de jugadores, los que juegan en equipos de la Costa Oeste, que son mucho menos conocidos por el aficionado habitual.

Y esto lo veremos hoy, cuando el que no vea a los Celtics y a los Nets a las 6, o a los Knicks y Lakers (que juegan habitualmente a ese horario imposible) a las 9, será porque no quieren, pero el que se ponga el Nuggets-Clippers, a las 4:30 AM en nuestro país, ya del día 26 de diciembre, es porque es un auténtico yonki.

Y es una pena porque este sesgo creo que no ha dejado a suficiente gente ver al mejor base de la Liga (mientras Rose esté lesionado y no pueda participar en el debate) lo suficiente. Ya el día que analizamos a los Clippers a principio de temporada, presentamos las pruebas estadísticas por las que hacemos esta afirmación, y os invitamos a descubrirlas, si no lo hicisteis en su momento, pero hoy hablaremos de ese placer, que tanto cuesta degustar, el de ver jugar a Chris Paul.

El de los Clippers es un base diferente a lo habitual, en la era del chitty chitty bang bang, en la que hay que decidir si tirar, penetrar o pasar, vamos, acabar la jugada, según se sale del bloqueo. Más que un jugador de baloncestp, CP3 parece un quarterback leyendo sus progresiones. Se para, deja que el resto del equipo se ponga en movimiento, y espera a ver si alguien comete un error, si se forma un emparejamiento favorable a ellos, o se abre un hueco donde no lo había. Prueba a penetrar en una dirección, pero si no le gusta lo que ve y aún está a tiempo, se recoge, y tras comprobar si no ha creado ninguna ventaja para sus compañeros, lo vuelve a intentar. Es el base que menos cosas fuerza de la Liga, salvo cuando todas las vías se le han cerrado, y resuelve por su cuenta y riesgo en los últimos 5 segundos antes que el reloj rojo autodestruya la posesión. Y ahí, cuando su juego cambia radicalmente a un él contra el mundo y todo el mundo sabe que solo va a querer la canasta, tiene más acierto que fallo.

Este estilo, de esperar el error y agotar el reloj de posesión, no es el más agradable para el espectador en general seguramente, aunque deje destellos de genialidad en cada partido: ocasionalmente da pases tan imposibles como cualquiera, mete triples heladores, penetra con una habilidad y rapidez máxima, es de los mejores en la Liga resolviendo aclarados y pese a que su nombre no se asocia nunca con el de un jugón con esencia playground, tiene posiblemente el mejor Shammgod de la Liga.

Pero recomendamos encarecidamente que si estáis bajo el influjo de ese East Coast bias, o lo habéis visto tan poco que no lo reconocéis en nuestra descripción, lo hagáis en cuanto podáis. Por su singularidad, por su eficacia y por sus momentos brillantes.

Y de paso veréis uno de los mejores equipos de la Liga este año. No solo por Paul, su magnífico banquillo está causando estragos en esta racha de victorias, Griffin es otro jugador, que aunque reconocido por sus apariciones constantes en los Top de la jornada, es desconocido por su juego por efecto de ese sesgo del que hablamos, y por primera vez empezamos a pensar, un poquito, que la maquinaria funciona con Del Negro y no pese a Vinny.

Parece mentira, siendo un jugador que forma parte de All-Star’s y All-NBA Teams, pero Chris Paul es ahora mismo, uno de los secretos mejores guardados de la Liga. Y en el regalo que es el día de Navidad, vuelve a estar poco accesible. Tanto allí, como aquí.

La Crónica On Tour: Una noche en el Barclays

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Al descanso no pintaba tan bien. Los Nets se iban 12 arriba (habiendo llegado a tener una ventaja de 17), y tener el partido instalado en ese ritmo glacial que tanto le gusta a Avery Johnson, no ayudaba al espectáculo.

Avanzamos un par de horas, y el panorama es completamente diferente: tenemos el primer tiro ganador sobre la bocina de los Nets en más de 3 años y el primero que se ve en el Barclays Center, en la segunda prórroga.

No es que el partido ganara por el camino en estética, pero sí lo hizo en intensidad, algo que con estos Nets es siempre una garantía, y a lo que los Pistons, que trabajaron durísimo anoche para mejorar el registro de 2-11 que tienen a domicilio, se apuntaron sin dudar. Y por supuesto, en emoción, ya que los dos equipos tuvieron múltiples oportunidades para cerrar el partido a su favor mucho antes.

Joe Johnson fue el ejecutor final, pero toda la noche estuvo a un nivel fantástico. Especialmente cuando acababa Maggette con él. Es curioso como funcionan las percepciones. Maggette ha jugado hasta de PF en los Warriors, y la posición habitual de Joe Johnson es la de escolta, pero JoJo es más grande, y utilizó su tamaño como ventaja es más de una posesión.

Deron Williams también dominó el juego y los Nets ayer pusieron práctica a la teoría de que forman el mejor perímetro de la Liga. Aunque Brandon Knight, todavía está aprendiendo, y no ha desarrollado aún la química necesaria, especialmente con Monroe, para que su defensa tenga impacto en los 2 contra 2, me parece un buen y esforzado defensor en el 1 contra 1, y Deron ayer se plantó en cada jugada en el lugar que deseaba en la pista sin mayor complicación.

El resto del equipo, salvo por los Brook’s, uno renqueante, y el otro irregular, no tiene ese talento, pero sí la disposición a trabajar. Evans ayer no tuvo uno de esos partidos en los que crea caos, ya que contra todo pronóstico, uno de los peores equipos de la Liga reboteando en defensa, mantuvo a uno de los mejores muy por debajo de la tasa media. Pero sí lo hizo Gerald Wallace, jugador espectacular en directo, cuando puedes oír su falta absoluta de miedo estrellándose contra el suelo. Estoy seguro que cada vez que Wallace se lanza desesperadamente a por un balón hay un pequeño terremoto que sacude el Barclays.

Por parte de los Pistons, me queda una buena impresión para el futuro. Drummond sigue demostrando en pocos minutos una maravillosa capacidad de trascender, haciendo el papel ayer de Reggie Evans con la camiseta del rival. En defensa, ya manda a sus compañeros, aunque no le hacen mucho caso, principalmente porque pide cambios continuamente. No todos los equipos ponen esa presión de bloqueos y movimiento de los Nets, así que Drummond puede tomárselo con filosofía.

Knight sigue haciendo muy fácil lo de tirar de 3, y Singler, con el que hablamos antes del partido, y ya compartiremos algún detalle más, demuestra esa habilidad para estar siempre en el lugar adecuado. Monroe no jugó uno de sus mejores partidos anoche, fallando por mucho unos tiros libres que hubieran dado una elevada probabilidad de victoria a Detroit, pero está fuera de toda duda. Hay futuro, pero falta oficio en el presente.

Y respecto a la jugada final: es curioso como un técnico tan obsesionado con marcar todas y cada una de las jugadas, y que mata con un tiempo muerto absolutamente todas las posesiones al final de los partidos, luego acaba proponiendo variaciones tan pobres del aclarado a Johnson o Williams. JoJo acertó con un tiro difícil, ante un defensor con pedigree, pero Avery puso al equipo en posición de tener que afrontar una tercera prórroga.

Afortunadamente, el metro recorre New York 24 horas, y así, tener 10 minutos más de #BaloncestoGratis es un placer que no puedes controlar, pero te puedes permitir, y a mí no me hubieran importado otros 5. Gracias, Avery hiciste lo que estuvo en tu mano.

Respecto a algunas cosas que vimos antes y después del partido… tendríamos que empezar en el calentamiento de un par de horas antes en la pista principal, con Drummond y Kravtsov trabajando con Roy Rogers en todo tipo de movimientos en el poste bajo y tiros a media distancia y desde la línea. Nada fuera de la rutina habitual, excepto por un aparte que hicieron son Slava para ponerle a botar una pelota de tenis mientras hacía skipping. De nuevo, nada que no se haya visto antes, pero me pareció curioso el detalle, y el esfuerzo que demostró Drummond, jugador cuya ética de trabajo y esfuerzo se puso en duda antes, durante y después del Draft, pero del que no tengo dudas ahora. Realizó todo el trabajo al 100%, sin un mal gesto.

Por los Nets, tras ver a los jugadores menos habituales, como Childress, Teletovic, Taylor o Shengelia practicar el tiro, Deron salió a continuación a calentar el lanzamiento de 3, y cuando se fue, volvió Taylor.

En el vestuario tuvimos una interesante charla con el elocuente Stackhouse sobre su papel en el ataque y los triples desde la esquina, que ya ampliaremos, y se fue a estirar un poco para tratar de volver a tiempo para el partido contra los Knicks la semana que viene.

Al acabar, todo fue más rápido. Los dos equipos vuelven a jugar hoy, los Pistons en Detroit contra Indiana, y los Nets en Chicago, y tuvieron que coger el avión justo al terminar un partido que se alargó un poco más de lo previsto.

Como la omnipresencia no es posibilidad, había que elegir en que vestuario estar, y el del ganador siempre parece una buena opción. Preguntas a Brook Lopez sobre cómo se encontró, tanto en salud como en ritmo, a Joe Johnson acerca de las sensaciones al anotar el último tiro, a Gerald Wallace sobre su esfuerzo infinito y a Deron… sobre sus compañeros.

Me resultó curioso que Williams llevara en su maleta una bufanda y una camiseta de los Pittsburgh Steelers. A posteriori, he visto que Deron es fan de este equipo. Como los Nets no juegan hasta el martes, ¿hará Deron una escapada el domingo a su Dallas natal para ver al equipo? Y otra cosa que me llamó la atención es ver a Wallace pedir el box-score al final del partido. Lo que me sorprendió es saber lo primero que mira: «Minutos y pérdidas». Como Crashya estaba casi saliendo por la puerta y el turno de preguntas languidecía, me quedo con la duda si lo de monitorizar sus minutos es por las recurrentes lesiones que atraviesa, o por comprobar su acondicionamiento físico, o…

Y me dejó para el final al actor principal: el Barclays Center. Un estadio fantástico, tan bonito como se puede ver desde el sofá. Está claro que aunque sea multidisciplinar, se ha hecho pensando en el baloncesto, y en transmitir la imagen de marca que han creado para la franquicia. En todo el estadio no parece haber un mal sitio para ver el juego, y una pantalla de generosas proporciones y un buen equipo de sonido (demasiado, incluso) ayudan.

Es bonito, moderno y funcional, por dentro y por fuera. En la parte de atrás, el exterior aún no está terminado, pero poco le queda ya. Merece una visita de todo aficionado a la NBA, pero, en el fondo, es un pabellón… que a veces cuando hablamos del Barclays parece que tiene vida propia.

Esta noche estaremos al otro lado del puente, para vivir el Knicks-Cavs desde el Madison. Ya te contaremos.

¿Existe el Basket-BABIP?

En béisbol, donde el análisis estadístico del deporte está a años luz del baloncesto (y siempre lo estará, porque es mucho más sencillo de modelar), en 1999, Voros McCracken, un geek de Internet que luego acabó trabajando para los Red Sox, propuso algo que el llamó DIPS, acrónimo de Defense Independent Pitching Statistics, o estadísticas de lanzamiento independientes de la defensa.

Según su teoría, un pitcher solo puede controlar el contacto del rival con la pelota y el número de home-runs: una vez que este la pone en juego bateándola en el campo, el resultado no depende de él, y cambia de año a año.

Esto se mide con el BABIP, de nuevo otro acrónimo, que esta vez significa promedio de bateo en bolas en juego, es decir, de todas las veces que una pelota es bateada dentro del campo, cuantas acaba en un hit y el bateador puede correr las bases, y cuantas en un out, y por tanto, es eliminado.

El BABIP, tanto de los lanzadores como de los bateadores, salvo en algún caso excepcional, no se correla de año a año, y su aleatoriedad se transforma en una herramienta para intuir la buena o mala suerte que está teniendo cada jugador. Simplificando, si el BABIP está por encima de lo habitual, eso indica que las estadísticas del bateador están infladas para bien, y las del pitcher para mal, y los números no están reflejando su verdadera habilidad, y viceversa.

Ahora bien, en el baloncesto, ¿hay algo parecido al BABIP? Recuerdo como al principio de esta temporada tras 4 partidos, los Hornets lideraban la Liga en Índice Defensivo, y al ver sus jugadas, te podías dar cuenta de la enorme cantidad de tiros que los rivales, pese a estar solos, habían fallado frente a ellos. Ahora mismo, los Hornets tienen la peor defensa de la Liga, y si el Basket-BABIP existiera, en esos 4 partidos, el de sus rivales hubiera sido bajísimo.

Otro ejemplo: hace apenas dos semanas analizamos a los Hawks, mejor defensa de la Liga entonces, y notamos como, también estaban teniendo una cierta suerte con los tiros mal defendidos, especialmente en el caso de Kyle Korver, que aparecía en los números de Synergy como 18º mejor defensa de la Liga en puntos permitidos a su par por jugada, y los rivales solo habían metido 6 de 32 triples defendidos por él, pese a que se quedaba en bloqueos, o era superado en el bote. Ahora, la defensa de los Hawks ha caído un poco, a la 4ª posición, Korver es el 60º jugador en puntos por jugada en defensa, el acierto en triples frente a él ha pasado a 12 de 42 (todavía bajo para lo esperado en total, pero 6 de 10 desde la última vez que hablamos de ello) y de ser el segundo equipo que peor porcentaje de triple permitía al rival (31.6%), han bajado a la 15ª posición en tan solo 5 partidos, permitiendo el 35.4% en el total de la temporada y un 42.9% en estos últimos 5, pese a jugar contra equipos que están 15º, 16º, 25º y (dos veces contra el) 20º en la clasificación de acierto.

Por tanto, ¿existe el Basket-BABIP? Aunque a otra escala y con diferencias respecto del béisbol, yo diría que sí.

El primer intento intuitivo de identificarlo, es pensar en los tiros no defendidos, o abiertos que se conceden al rival. Al terminar de ver un partido, a veces se tiene la sensación de que un equipo ha creado buenas opciones de tiro, de las que normalmente mete, pero muchos de ellos no han entrado.

Aunque el acierto en tiros de este tipo puede ser consistente en equipos o jugadores en ataque (los porcentajes son más o menos consistentes de año a año a la larga), en defensa, teniendo en cuenta que un equipo más o menos se enfrenta a todos los rivales, a los buenos y malos, tiene pinta de que podría ser independiente. Puede que haya equipos algo más inteligentes, que solo dejen abiertos a los peores tiradores, y otros que jueguen con fuego dándole facilidades a los mejores (al igual que hay pitchers que controlan un poco mejor su BABIP porque por su estilo, fuerzan más bateos al cuadro interior) pero en la gran mayoría de los casos, un porcentaje extremo (ya sea demasiado alto o demasiado bajo) en tiros no defendidos probablemente indique que ese equipo va a tender a regresar a la media. El porcentaje en tiros no defendidos se contabiliza, pero por desgracia, no es público. La versión más avanzada de Synergy (a la que no tenemos acceso), lo recoge, pero solo podemos especular.

Pero, ¿con la información pública podemos generar un Basket-BABIP? Además, la suerte no está solo en los tiros mal o no defendidos. Mirando los números de las últimas 12 temporadas, el Índice Defensivo (número de puntos que encaja un equipo por 100 posesiones), suele correlarse de un año a otro, con un siempre en torno a 0.4. Este índice no es muy fuerte, pero teniendo en cuenta los cambios de personal, tanto en jugadores como en cuerpo técnico, más si nuestra teoría es correcta, una cierta dosis de suerte, me parece una cantidad adecuada a lo esperado

¿Qué otra cosa se correla en la misma proporción de un año a otro? El procentaje que un equipo permite al rival en el área restringida.En los últimos 12 años, la de un año a otro ha estado siempre de 0.25 a 0.68, con un promedio de 0.4, al igual que el Índice Defensivo. Siempre existe el riesgo de caer en la falacia de implicar causalidad a partir de la correlación, pero la habilidad de proteger el aro parece que se mantiene de un año a otro.

¿Qué no lo hace? El porcentaje de acierto del triple rival. La de un año para otro entre el acierto en el triple del equipo contrario, salvo en el paso de la temporada 2005-2006 a la 2006-2007, que fue de 0.21 (todavía débil), no supera el 0.07 en ninguna de las otras 11 temporadas, y tiene un promedio de 0.04. Si separamos los triples en 2, los de la esquina, y el resto, sucede lo mismo: desde la esquina, el máximo es 0.15 y el promedio 0.03, desde más allá, el maximo es 0.09 y la R² promedio es también 0.03. Es decir, el porcentaje de acierto en triples en contra de un equipo es independiente de un año a otro, como se puede ver en el siguiente gráfico:

De nuevo, aunque hay que ser cuidadosos en las conclusiones, parece que los equipos no pueden controlar del todo el acierto del rival, y esta estadística tiene una posibilidad de ser independiente de la defensa. O tal vez no es independiente de la defensa en sí, pero como los equipos tienden a corregir los problemas, y a ajustar en los fallos, lo acaba siendo en la práctica.

Si nuestra teoría es correcta, hay margen para la esperanza en los equipos que peor están defendiendo el triple, y debería moderarse el optimismo en los que mejor lo están haciendo. Es importante no caer en la falacia del jugador, que un equipo lo esté haciendo mal, no quiere decir que esté obligado a mejorar, podría incluso a ir a peor. De hecho, aunque todos regresen a la media, a final de temporada hay un hueco, (de 8 puntos porcentuales el año pasado) entre los mejores y los peores. Pero curiosamente, la desigualdad es menor que con el acierto, en el que existió una diferencia de casi 10 puntos entre el mejor y el peor. Si retrocedemos un año, para descartar el efecto lockout, salvo por los Cavaliers, peor equipo defendiendo el triple de la Historia (¡41.1% en contra!), los otros 29 se agrupan en 5 puntos porcentuales, del 32.6% al 37.6%. En ataque, la diferencia entre el mejor y el peor es de 8.1, sin ningún resultado atípico. Y así sucesivamente.

Por tanto, esto podrían ser buenas noticias para los Suns y los Hornets, equipos que están permitiendo porcentajes ridículamente altos. El de los Suns (42.5%) superaría incluso al de los Cavaliers 2011 como el más lamentable de la Historia, y el de los Hornets (40.7%) sería el tercer peor, después de, atención, haber sido los segundos mejores la temporada pasada. De nuevo, repetimos, que la tendencia fuera la regresión a la media, no significa que estos dos equipos tengan que hacerlo, ya hemos visto, como en el caso de los Cavs, los outliers suceden. Y además, con estos dos equipos, su filosofía está llevándoles a este punto. El exceso de celo en proteger el aro y los cambios en los bloqueos son frecuentes, y si la mantienen, serán susceptibles al acierto del triple toda la temporada.

Por otra parte, Bulls (30.1%), Indiana (32.1%) y San Antonio (32.2%) son los que mejor lo están haciendo, lo cual debería encender la alarma amarilla, de momento. Ninguno de esos porcentajes en contra es histórico, como en el otro caso, pero en la última década solo 8 equipos han permitido menos que un 32.2%, y el registro de los Bulls sería el mejor desde los 90, temporadas en las que el porcentaje medio de la Liga solía ser inferior al actual. De nuevo, no está garantizado que vayan a empeorar, pero si hubiera que apostar, es más probable hacerlo en su contra.

Y ya para finalizar, los números sugieren que el Basket-BABIP podría tener otra aplicación a corto plazo en esta temporada. Ya os hemos enseñado que el porcentaje de acierto en la zona restringida, cerca del aro, parece tener una pequeña, pero cierta, correlación entre temporadas, y en los últimos 12 años, la no ha bajado de 0.25 como mínimo. Pues bien, a día de hoy, está en 0.11. Por enésima vez, esto no son 2+2, y estamos comparando con un año con lockout, lo que cambia algo la muestra, pero la tendencia del pasado sugiere que los porcentajes actuales deberían parecerse más a los del año pasado que lo que hasta ahora estamos viendo.

Esto podría ser el comienzo de buenas noticias para Boston (su porcentaje es 5.4 puntos porcentuales peor que el año pasado), Cleveland (5.3 más) o Chicago (4.9) y malas para Detroit (han mejorado en 4.6), Indiana (4.9) o Phoenix (6.7 mejor que el año pasado).

O no, porque como vemos, en el caso de Chicago y Phoenix, los dos equipos que marcan los extremos en la defensa del triple, su porcentaje de defensa en el aro ha empeorado/mejorado en la dirección opuesta. Hay equipos que cambian el enfoque en su defensa de un año para otro, y con los Bulls y los Suns puede que estemos ante un caso de diseño, no de suerte o aleatoriedad.

En conclusión, el único hecho demostrable es que el acierto del rival desde el triple es independiente de un año para otro. En un deporte tan complejo de analizar como el baloncesto no se puede ser conclusivo, y por tanto, toda teoría que extienda la idea es una simple hipótesis. Pero los valores más extremos en este apartado pueden ser un buen indicador de que una defensa está siendo sobre/infravalorada y es otro elemento de juicio, ni más ni menos, complementario a cualquiera, para juzgar el rendimiento de un equipo.