El futuro ya está aquí

En diciembre de 1981 se enfrentaban Kentucky y North Carolina, poniendo en pista 17 jugadores que fueron elegidos en el Draft de la NBA, más otro más que miraba desde el banquillo. Estaban considerados el primer y el segundo mejor equipo del país en los rankings. Historia del Baloncesto.

Ayer, pudimos vivir un espectáculo similar, en el que KU y UNC se volvieron a encontrar, con dos equipos sosias de una franquicia NBA sobre el parqué, para el disfrute del aficionado.

Volvamos un momento al pasado. Las cifras de aquel partido del ’81, tienen en realidad, un poco de trampa. Desconozco si ha sido el partido que más futuros elegidos en el Draft de la NBA ha juntado en la Historia del baloncesto universitario, pero seguro que no ha sido el que más futuros profesionales tenía. De aquellos 17+1 jugadores, solo jugaron en la NBA 5 y el más 1. Los otros 12, fueron elegidos gracias al antiguo formato de Draft, que llegaba hasta 10 rondas en 1981, 7 de 1985 en adelante, y que desde 1989 pasó a ser de dos mangas. Evidentemente, este formato daba cabida a más jugadores, por lo que era más fácil hacer algo así en aquella época. De los que jugaron minutos ese día, solo Bo Lanter, que apenas jugó dos minutos, tiene el privilegio de no haber sido nombrado en la elección.

Pero entre los 6 jugadores que si llegaron a la NBA, veamos lo que había. Dirk Minniefield. Melvin Turpin. Sam Perkins. James Worthy. Sam Bowie, que fue el lesionado que no jugó. Y el hombre que fue elegido por debajo de él. Michael Jeffrey Jordan.

Y salvando el detalle de que dudo mucho que ayer viéramos a otro MJ, el UK-UNC 2011 puede ser aún más impresionante visto con el paso del tiempo. La Fábrica de Churros y Kentucky empezaron la temporada como 1 y 2 en las listas, al igual que lo estaban aquel 26 de diciembre, pero la derrota la semana pasada de UNC contra UNLV (Las Vegas), les ha hecho caer al 5, tomando Kentucky el liderazgo momentáneo, que prolongará además gracias a la importantísima y apretadísima victoria (72-73 fue el resultado final) que consiguieron ayer.

Pero lo impresionante no es la posición de los equipos, sino el talento reunido. Según la previsión de NBADraft.net, ayer vimos a 3 Top 10, 3 más Top 14 y otros 3 primeras rondas del próximo Draft, y un Top 10 y un segunda ronda en 2013. Según DraftExpress.com, 5 Top 10, otro Top 14, 2 más en primera ronda más otro en la segunda para este año, y 2 Top 10, otro primera ronda y otro jugador más en la segunda para el siguiente.

Si las previsiones más optimistas se cumplen, ayer vimos jugar a 13 futuras elecciones del Draft, 12 de ellas con contrato garantizado, por ser de primera ronda.

A la vista esta, que John Calipari, el mismo que estuvo 3 temporadas en los Nets, se ha convertido en el mejor (y más dudoso, por cierto) reclutador de la NCAA. Por sus manos han pasado estos últimos años dos de los tres últimos número 1 del Draft (Derrick Rose y John Wall), DeMarcus Cousins o Brandon Knight. Aunque tal vez dentro de unos años los libros borren todo lo que hagan los Wildcats este año, al igual que ha sucedió con el título de la Universidad de Memphis, los equipos que está poniendo en pista este hombre son de impresión. Aunque con tanta juventud luego es difícil que salgan ganadores del baile, entre otras cosas, porque además, juegan como sus viejos Nets, es decir a nada de nada, Calipari propone a los aficionados de Lexington un plan con el que nunca jamás se van a aburrir. Y lo de este año es tan increíble, que puede que incluso traiga victorias.

Roy Williams lo tiene más fácil. La tradición de La Fábrica de Churros, que siempre será la casa del más grande, unida a los campeonatos que ha conseguido el equipo en esta década, y al reconocimiento nacional que siempre reciben de los medios, como el contrapeso angelical de la malvada Duke, hacen que la Universidad de Chapel Hill se venda sola. Solo poner las siglas UNC encima de la mesa de un jugador de instituto basta para que la consideración a la causa sea desmedida.

Y así es como llegamos a esta locura.

Para empezar a contar lo de ayer, tenemos que empezar por Anthony Davis, para mí el candidato número 1 a número 1 del Draft ahora mismo. Venía de calzarle 8 tapones y coger 15 rebotes contra St.John, y ayer, aunque tuvo un partido flojo, acabó taponando el tiro que probablemente salvaguardaba la victoria de su equipo. Fíjense en la imagen a su izquierda, porque fue de ese momento. Impresionante.

Davis es un chico con pinta de alelado colegial y un prominente entrecejo, que en la era de vender zapatillas no debería durar mucho, a no ser que se lo quiera dejar como signo distintivo. Aún tremendamente frágil, con un cuerpo escuchimizado y cuasi anoréxico, tiene unos brazos eternos. Olvídense de otros especímenes que hayan visto antes, lo de AD es exagerado. En una época en la que parece que el ejército ya no quiere Capitanes América y está probando sin embargo con universitarios hasta conseguir el perfecto Plastic Man, Davis es el que mejor les ha salido.

Davis es todo lo que se supone que otro Anthony iba a ser, pero esta vez en serio. Todo lo bueno que hayan leído de Anthony Randolph, parece que lo tiene este chico. Un excelente taponador, buen reboteador, buena mano para finalizar, incluso tras contacto, muñeca en su sitio, y además con la agresividad que siempre le ha faltado a Magic… Aún puede pasar muchas cosas, y va a necesitar comer mucho para hacerse un hueco en la NBA. Pero lo que deja ver, es maravilloso, es un jugador que cuando está en la pista, aparece por todos lados.

Aunque esté jugando de pívot en este equipo, más por falta de efectivos que por otra cosa, parece imposible que pueda mantener la posición en la NBA, sobre todo por peso, pero el equipo que se lo lleve el año que viene tendrá entre sus manos a un auténtico playmaker en su posición de 4.

Después de Davis, los ojos quizá se dirijan a dos viejos conocidos: Harrison Barnes y Terrence Jones, uno de North Carolina, y el otro de Kentucky. Estos dos sophomores, se pasaron el año pasado en el Top 10 de las previsiones del Draft, e incluso ambos llegaron a pasar fugazmente por el número 1. Por los motivos que fueran (cierre patronal, mejorar el caché, volver a equipos cargadísimos para intentar un nuevo asalto al campeonato…) decidieron regresar a la Universidad, y nos los encontramos como el año pasado: elecciones tan seguras en la zona de Lotería, que parecen concursos amañados.

Los dos son aleros de brazos largos y grandes, un poco más Jones que Barnes, que podrían incluso tener minutos jugando de 4 (Terrence ya lo hace en Kentucky, de hecho). Anotan con facilidad, se pueden crear su propio tiro, buscan la línea y no son point-forwards, pero pasan suficientemente bien. Jones es más espectacular y explosivo, pero también más propenso a los errores, mientras que Barnes parece más consistente en general y más fluido y natural en su juego de ataque. También coge más rebotes y tapona más que Barnes, pero también es fruto de jugar más minutos como interior. Los dos deberían mejorar su concentración porque a veces tienden a irse de los partidos con bastante facilidad.

A Barnes le colocan en el Draft en la tercera o cuarta posición y a Jones en la novena o undécima, aunque a mí no me parece que ahora mismo haya tanta distancia entre ellos. De hecho, si tuviera que elegir ahora mismo me quedaría con Jones: está haciendo un comienzo de temporada mejor que el de Barnes para mi criterio, me parece que tiene un potencial más alto y parece que este verano ha mejorado su tiro de 3 ya que ha empezado el año muy bien. Barnes me parece más blandito, pero quizá sea un apuesta más segura.

Otro jugador de los que pudimos ver ayer, que particularmente me encanta es Michael Kidd-Gilchrist, aunque me preguntaba si no se equivocó eligiendo Kentucky. Él, que llevaba años peleándose con Austin Rivers, el hijo de Doc, que ha acabado en Duke, por ser considerado el número 1 de su promoción, ha tenido que ver como ahora, entre los jugadores que se han quedado un año más (a Barnes y a Jones le acompañan otros superclase como Jared Sullinger en Ohio State, Jeremy Lamb en Connecticut y Perry Jones en Baylor) y los de su promoción que les han adelantado por la derecha (Davis, el pívot de UConn Andre Drummond y otro jugador de Baylor, Quincy Miller) tiene difícil ser número 1 del Draft en un papel que reduce su protagonismo.

Además, estoy seguro que cuando le dio el sí a Calipari, contaba con que Jones ya no formaría parte del equipo, porque son dos jugadores que en teoría ocupan la misma posición y con unas herramientas muy similares. Pero ahora mismo está donde está y tiene que apechugar. Minutos tiene, porque le están haciendo jugar de titular junto a Jones, y el hombre los está aprovechando: ayer fue el máximo anotador y reboteador del partido (17 puntos y 11 rebotes).

De todos modos, aunque quizá el equipo no juega para él, como le sucedería en otros, ha tenido suerte de que haya habido un hueco en el puesto de ala-pívot, y que Jones lo esté cubriendo, porque su destino en la NBA es el de ser alero, posición a la que se tiene que acomodar, y en la que le viene de perlas jugar todo el tiempo este año, por lo que la decisión no ha sido mala en absoluto, después de todo.

El otro gran nombre de la lista, ayer pasó muy desapercibido: James McAdoo. El de North Carolina, sobrino del gran Bob, es ese jugador que está previsto que salga elegido muy arriba en el Draft de 2013 (DraftExpress lo coloca incluso como número 2) pero que ahora mismo juega detrás de Zeller y Henson en la rotación Tar-Heel. Ayer se cargó muy rápido de faltas en los 15 minutos que jugó y apenas pudimos ver nada, pero es de esos ala-pívot modernos con un refinadísimo juego ofensivo, que puede anotar desde cualquier lado, incluido el perímetro. Es de esperar que según avance la temporada y se vaya haciendo importante, logre estar más tiempo en la pista. Además, UNC juega con una rotación con solo 3 hombres altos, más algunos minutos de Barnes en el poste bajo, por lo que no tiene mucha más competencia a mayores.

Los otros dos hombres que completan el juego interior de North Carolina son Tyler Zeller (11 y 25 en los ránkings de DX y NBADraft, respectivamente) y John Henson (7 y 17 en las webs). Ambos son juniors, por lo que están entrando en su tercer año, y son el motivo de que North Carolina apareciera como favorita al principio de la temporada: mientras que Kentucky acumulaba 2 años de experiencia en su quinteto (solo Jones y Doron Lamb tenían, limitada por otra parte, experiencia), North Carolina reúne 8 temporadas entre sus 5 titulares, y no hay ningún novato entre ellos.

Ayer entre los dos juntaron 24 puntos, 16 rebotes y 4 tapones, e hicieron parecer mortal a Anthony Davis por primera vez desde que empezó la temporada. Zeller tiene talla de pívot NBA, y ahora mismo, tras Drummond es el mejor prospecto en la posición para el año que viene. Aunque por color, universidad y nombre la comparación evidente parezca ser la de Hansbrough, este Tyler es completamente opuesto: es bastante atlético, tiene el tamaño necesario para pegarse en la pintura, aunque usa mucho menos la fuerza y la mala leche que Psycho-T, defiende mejor que el ahora jugador de Indiana, pero por supuesto, no tiene su toque anotador cerca de la canasta.

John Henson por su parte es el reflejo en el espejo de Anthony Davis. De envergadura exponencial, y peso logarítmico (aunque este año ya parece otra cosa la verdad, apostaría a que ha ganado kilos) tienen juegos muy similares, pero a Henson le falta el deseo y la energía (y también un punto de suficiencia anotadora) que convierten a Davis en el deslumbrante jugador que es. La realidad es que con Zeller y Henson North Carolina tienen la altura necesaria en un juego interior, pero lo podrían pasar mal con un equipo más físico, algo que Kentucky tampoco puede ser por falta de altura y peso.

North Carolina cierra el quinteto titular con Kendall Marshall, un base de segundo año que nuestras dos webs de referencia colocan en el provisional número 21 para el año que viene, y que no podría ser más perfecto para juntar con otros jugadores de gran nivel, por su completa falta de egoísmo, Marshall es un base con mentalidad de pasar primero, segundo y después, y puede hacerse un sitio en la NBA en equipos que piensen en él como complemento de un base esquizofrénico y anotador. No le veo yo ahora mismo como mucho más que un reserva capaz de bajar las revoluciones de un partido y repartir la pelota en la NBA, pero con ese papel reducido de excelente asistente creo que se haría querer.

Los 3 jugadores que cierran la rotación de North Carolina probablemente no llegarían a la Liga hasta 2013: P.J.Hairston (Nº10 en DX para ese año) y Reggie Bullock (proyectado en primera ronda también), escoltas ambos, son los dos jugadores que junto a McAdoo salen desde el banquillo, y veremos más de ellos si Kendall Marshall se anima con la Liga el año que viene. Dexter Strickland es el otro junior del equipo, lo cual le viene bien para ser titular, pero su proyección es la más limitada del grupo. Con el hándicap de ser un combo guard, algo poco apetecible en el Draft, lo normal sería que agotara su eligibilidad, que jugara el año que viene completando el ciclo colegial, y entrar al Draft entonces como posible segunda ronda.

Terminamos ya analizando los dos jugadores que nos faltan para cerrar el quinteto de Kentucky y la lista de 13 futuribles NBA. Marquis Teague y Doron Lamb son el backcourt de KU, y para NBADraft están más cerca de serlo también en la NBA que para Draft Express. Mientras que la primera página los coloca 9 y 14 ahora mismo en sus previsiones, DX piensa que acabarán en torno al 19 y al 40… y yo visto lo visto, me inclino por lo segundo.

Quizá sea por todo el protagonismo que les roban Davis, Jones y Kidd-Gilchrist pero el perímetro es desde luego lo que menos impresiona de Kentucky. Marquis Teague, hermano de Jeff, el jugador de Atlanta, es un base atlético y agresivo, que tiene en la penetración su mejor arma, ya sea para tratar de anotar, o de doblar la bola a alguno de sus compañeros, pero yo ahora mismo lo veo fuera de control y desadaptado al ritmo NCAA. En la primera parte del partido ante a Kansas perdió la pelota en 5 ocasiones, y en todas por su mala interpretación de la situación. Ayer protegió bien el balón, pero le costó mucho finalizar cerca de la canasta, y falló un tiro libre en los últimos segundos que hubiera ahorrado angustia a su equipo. Su cuerpo y su capacidad atlética están ya preparadas para dar el salto a la NBA, su potencial es muy grande, pero lo veo como la mayor incógnita en cuanto a juego de todo el grupo, es muy difícil gestionar su estilo bien.

Si Davis o Henson podrían tener problemas por el peso o Jones, Barnes y Kidd-Gilchrist con la posición, Teague no tiene que preocuparse en ese aspecto, pero tiene que trabajar muchísimo en la toma de decisiones para ser un jugador decisivo.

Por su parte, Doron Lamb (ninguna relación con Jeremy, el corderito de UConn) será el clásico microondas en la Liga, y no tengo ninguna duda de que anotará, donde quiera que vaya (tal vez, incluso Europa). Ayer hizo sus 14 puntitos, con un 58.3% en TS% y ha empezado la temporada donde dejó la anterior: como uno de los anotadores más unidimensionales y eficientes del país. Con Lamb la situación está clara, y jugará igual sea donde sea: mirando al aro. Por eso, más te vale poner talento a su alrededor, porque no es tan bueno como para ser el epicentro del ataque, si se lo cree acabará coagulando la circulación… y si le puedes esconder un poco en defensa mejor. Si te puedes permitir esto, tienes un anotador seguro y eficaz.

Así que ya sabes, ahora ya no tienes excusa si te encuentras con un partido de North Carolina y Kentucky delante, échale un ojo a todos estos fenómenos. Y después del espectáculo que dieron ayer, no nos importaría nada que en marzo se volvieran a encontrar… aunque muchos de ellos pueden pasarse la carrera entera viéndose las caras.

Sin anillo no hay paraíso

Ya han acabado las Finales de la redención de Dirk Nowitzki. Por fin ha obtenido el premio que merece su trayectoria, su clase y su estadística. Junto a Jason Kidd abandona ese selecto club que conforman las grandes estrellas de la NBA que nunca consiguieron un anillo de campeones.

Aquí tenemos a algunos de sus miembros:

ELGIN BAYLOR

Fue drafteado por los Minneapolis Lakers en el primer puesto en 1958. El equipo llevaba varios años sin levantar cabeza después de la retirada del gran George Mikan. Fue nombrado Rookie del Año y MVP del All-Star y llevó a su equipo a las Finales, donde perdería 0-4 contra los imparables Boston Celtics de Bill Russell y Red Auerbach. Esta situación con idénticos protagonistas se repetiría en 6 ocasiones más en las Finales de 1962 (3-4), 1963 (2-4), 1965 (1-4), 1966 (3-4), 1968 (2-4) y 1969 (3-4). En la temporada siguente, la de 1970, también llevó a su equipo a las Finales, esta vez ante los New York Knicks, pero con idéntico resultado: perdieron 3-4. Tras llevar a su equipo a 8 Finales, se retiró en la temporada 1971-72 debido a una lesión de rodilla, lo cual condujo a dos grandes ironías del destino: el primer partido sin Baylor de los Lakers supuso el inicio de una racha de 33 partidos ganados consecutivamente, record de todos los tiempos en la NBA, y además, la temporada siguiente su equipo logró por fin conseguir el campeonato que a él se le negó durante toda su carrera. Se encuentra entre los componentes del Hall of Fame y los 50 Mejores Jugadores de la Historia de la NBA.

PETE MARAVICH

El nº 3 del draft de 1970 fue seleccionado por los Atlanta Hawks. Por aquel entonces había una pugna por la hegemonía del baloncesto americano entre la extinta ABA y la NBA. Finalmente, Pete «Pistol» Maravich se decantó por ésta última, en la que lució el nº 44 en honor a su media de anotación en la NCAA. Tras unos comienzos difíciles, en los que se convirtió en la diana de todas las críticas, empezó a erigirse como el director de juego veloz e imaginativo que todos esperaban. Llegó incluso a practicar artes marciales para mejorar su movilidad. Pero toda su carrera se vió truncada por los azares del destino: sufrió una parálisis temporal en la mitad del rostro que le impedía cerrar el ojo, y su madre, que tenía problemas con el alcohol, se disparó en la cabeza. Fue traspasado a los New Orleans Jazz en 1974, equipo en el que mostraría su amplísimo repertorio en el manejo del balón y en el que lograría el título de máximo anotador de la Liga en Temporada Regular con una media de 31,1 puntos por partido. Posteriormente, en 1980, pasó a jugar en la que sería su última temporada como profesional en los Boston Celtics. Se retiró relativamente joven, con 33 años, porque «no quería jugar hasta los 40 y morir de un ataque al corazón«, hecho que paradójicamente acabó sucediendo. Entró a formar parte del Hall of Fame e integró la lista de los 50 Mejores Jugadores de la Historia de la NBA.

KARL MALONE Y JOHN STOCKTON

Elegidos ambos por los Utah Jazz en los drafts de 1985 (puesto 13) y 1984 (puesto 16) respectivamente, elevaron el pick and roll a su máximo exponente, convirtiéndose en una de las parejas ofensivas más efectivas de la historia de la Liga, como demuestra el hecho de que Malone es actualmente el segundo mayor anotador de todos los tiempos con 36,928 ptos sólo por detrás del pívot Kareem Abdul-Jabbar, mientras que Stockton es el máximo asistente con 15.806 pases acabados en canasta. En 1989, Malone fue designado MVP del All-Star y en 1993 ambos compartieron el mismo premio. Llegaron a jugar dos Finales consecutivas en 1997 y 1998, pero perdieron ambas ante los Chicago Bulls de Michael Jordan. En 1997 y 1999, Malone fue nombrado MVP de la Temporada Regular. En 2003, Sotckton se retiró y Malone se fue a Los Ángeles Lakers, donde formó parte del equipo de los «Cuatro Magníficos» junto a Kobe Bryant, Shaquille O’Neal y Gary Payton. Consiguieron llegar a las Finales de ese año, pero cayeron frente a los Detroit Pistons, esfumándose definitivamente sus opciones de ganar el campeonato. Ambos son miembros del Hall of Fame y de los 50 Mejores Jugadores de la Historia de la NBA y formaron parte del Dream Team de las Olimpiadas de Barcelona’92.

CHARLES BARKLEY

El Gordo fue drafteado en 1984 por los Sixers de Filadelfia el mismo año que Michael Jordan y sólo dos posiciones detrás (5º). Jugó con Moses Malone y el Dr. J entre otros y alcanzaron las Finales de la Conferencia Este en su primer año como profesional, aunque perdieron frente a los Boston Celtics de Larry Bird. Las dos temporadas siguientes cayeron frente a los Milwaukee Bucks en Semifinales de Conferencia y 1º ronda respectivamente. En 1992 fue traspasado a los Phoenix Suns y en su primer año fue nombrado MVP de la Temporada Regular y llevó al equipo a sus primeras Finales desde 1976. Perdieron ante Michael Jordan y sus Chicago Bulls 4-2. Un año después se convirtió en MVP del All-Star y en PO fueron eliminados por los Houston Rockets de Hakeem Olajuwon en las Finales de la Conferencia Oeste, equipo que les volvería a ganar el año siguiente en las Semifinales de Conferencia y al que precisamente acabaría siendo traspasado en 1996 en el que fue su último intento para conseguir el anillo. Formó roster junto a Olajuwon y Clyde Drexler. Consiguieron llegar a las Finales de la Conferencia Este frente a los Utah Jazz, pero las grandes actuaciones de Karl Malone y John Stockton les impidieron el pase a las Finales. Se retiró en 1999 tras una campaña mermado por las lesiones. Es miembro del Hall of Fame, de los 50 Mejores Jugadores de la Historia de la NBA y lo fue del Dream Team de las Olimpiadas de Barcelona’92.

PATRICK EWING

El gigante jamaicano de los New York Knicks con sus míticas rodilleras fue nº 1 del draft de 1985. En su primera temporada en la NBA fue nombrado Rookie del Año. En 1993 llegó a las Semifinales de la Conferencia Este frente a los Chicago Bulls de Michael Jordan, y pese a adelantarse 2-0 acabó perdiendo 2-4. Al año siguiente, con Jordan retirado, llevó a los Knicks a las Finales tras 21 años desde que ganaran su último campeonato en 1973. Su rival: los Houston Rockets de Hakeem Olajuwon. El resultado: perdieron 4-3. En 1999, tras una lesión de muñeca, volvió a las Finales contra los San Antonio Spurs, pero sus problemas físicos unidos a una lesión en el tendón de Aquiles hicieron que no pudieran plantar cara a los tejanos, que ganaron por un claro 4-1. En 2000 fue traspasado a los Seattle SuperSonics y en 2001 firmó con los Orlando Magic, donde acabaría su carrera. Forma parte del Hall of Fame, de los 50 Mejores Jugadores de la Historia de la NBA y jugó en el Dream Team de las Olimpiadas de Barcelona’92


REGGIE MILLER

Esta máquina de enchufar triples fue seleccionado en 1987 en el puesto 11 por los Indiana Pacers, equipo en el que militaría durante sus 18 años de carrera en la NBA. En su primer año, batió la marca de triples anotados por un rookie, anteriormente en posesión de Larry Bird, con 61. En 1994 llegó a las Finales de la Conferencia Este contra los New York Knicks de Pat Ewing, pero perdieron en 7 partidos. Su momento de gloria le llegó al año siguiente, en las Semifinales de Conferencia de nuevo ante los Knicks. Restaban 18,7 segundos para finalizar el primer partido de la serie y los Pacers perdían 105-99. Tras un tiempo muerto, Reggie «The Killer» Miller anotó 8 puntos en 8,9 segundos, llevando a su equipo a la victoria del partido y de la serie. Posteriormente, cayeron ante los Orlando Magic de Shaquille O’Neal. En 1998 volvieron a alcanzar las Finales de Conferencia, pero cayeron nuevamente esta vez ante los Chicago Bulls de Michael Jordan. Idéntica situación se produjo al año siguiente otra vez frente a los New York Knicks. En 2000, consiguió alcanzar por primera vez en la historia de la franquicia las Finales de la NBA, que perderían ante los Lakers de Saquille y Kobe Bryant. Vivió en primera línea los accidentes sucedidos en el Pacers-Pistons que desembocaron en graves sanciones para sus compañeros de equipo Ron Artest, Stephen Jackson y Jermaine O’Neal. Se retiró en 2005 al caer en las Semifinales de la Conferencia Este precisamente ante los Detroit Pistons.

ALLEN IVERSON

Fue elegido nº 1 del draft de 1996 por los Philadelphia 76ers. No fue hasta el año del Lockout, en 1999, que los Sixers retornaron a los Play-Offs. Ese año logró también su primer título como máximo anotador de la Liga en Temporada Regular con 26,8 puntos por partido, designación que revalidaría en tres ocasiones más: 2001 (31,1), 2002 (31,4) y 2005 (30,7). Fue nombrado MVP del All-Star en 2 ocasiones (2001 y 2005) y MVP de la Temporada Regular en 2001. Ese mismo año alcanzó las Finales por primera y última vez ante Los Ángeles Lakers, que ganaron su 2º campeonato del three-peat. Posteriormente, alcanzó las cotas mencionadas de manera individual, si bien colectivamente no logró mejorar. En 2006 fue traspasado a los Denver Nuggets, donde tampoco destacaron sus resultados como equipo, cayendo eliminados a las primeras de cambio en PO en los 2 años que duró su relación. En 2008 se trasladó nuevamente al Este para jugar con los Detroit Pistons, pero problemas de lesiones le relegaron a jugar desde el banquillo, situación que no supo llevar y que le llevó a la lista de bajas lo que restó de temporada. En 2009 volvió a coger el avión rumbo a los Memphis Grizzlies, pero esta estancia sólo dura 2 meses debido a su rol secundario. Llega a anunciar su retirada, pero pocos días después, ficha de nuevo por los Sixers. Actualmente milita en el Besiktas de la Liga Turca.

 

Hay muchos más, como Dave Bing, Connie Hawkins, Dan Issel, Nate Thurmond, Alex English, George Gervin, Bernard King, Dominique Wilkins, Chris Webber, o los jugadores actualmente en activo que aún guardan esperanzas (algunas más factibles que otras): Tracy McGrady, Vince Carter, Steve Nash o Dwight Howard.

Destaca entre estos últimos la figura de LeBron James, que tras ser nº 1 del Draft de 2003, Rookie del Año, romper numerosos récords de precocidad, ser nombrado en 2 ocasiones MVP del All-Star (2006 y 2008) y en otras 2 MVP de la Temporada Regular (2009 y 2010), haber alcanzado 3 veces las Finales de Conferencia y llegado 2 veces a las Finales de la NBA (2007 con los Cleveland Cavaliers y la presente de 2011 con los Miami Heat), no ha conseguido el ansiado anillo.

¿Quizá la próxima temporada? Quién sabe. Puede que dentro de unos años pase a formar oficialmente parte de este Club de los Reyes sin Corona. O puede que no.

 

Grand Finale

Ayer decía adiós uno de los jugadores más importantes, carismáticos y polifacéticos de la Historia de la NBA. 19 años estuvo con nosotros Shaquille O’Neal jugando en 6 equipos, y con un palmarés de 4 anillos, 3 MVP’s de las Finales y 1 de la Temporada Regular, 15 aparaciones en el All Star y 8 presencias en el All NBA 1st Team. Aquí le dedicamos nuestro homenaje, de la A a la Z, a la carrera de Shaq.

Anillos: Cuatro en total, tres consecutivos con Lakers y otro más con Miami. El quinto lo siguió buscando al final de su carrera con LeBron en Cleveland y Boston, pero nunca llegó, muy a su pesar. Porque no era ya solo ganarlo, teniendo en cuenta que su rol en estos dos últimos años ha sido marginal, sino que este quinto anillo sería el que le empataba con Kobe, y el que le daba uno de ventaja sobre Duncan, los dos mayores rivales que tiene para elegir al mejor jugador de su generación.

Big Fundamental: Shaq tiene el monopolio de casi todos los apodos que empiezan por Big (ya llegaremos a ello), pero uno se le escapa. Tim Duncan, The Big Fundamental, es la única competencia que tiene Shaq ahora mismo en el debate de mejor hombre alto DMJ (despues de Michael Jordan). Duncan tiene un MVP más que él, 3 MVP’s de las finales y entre ellos se repartieron 8 de los 9 anillos de 1999 a 2007, 4 cada uno. Se enfrentaron en Play-Off 5 veces en 6 años (de 1999 a 2004 el único año que no coincidieron fue en 2000) y otra vez más en 2008 con Shaq ya en Phoenix. Nos dieron algún partido memorable, como el 6º de las semifinales de Conferencia en 2003 en el que los Spurs avanzaban con un 37/16/2 de Duncan contrarrestando al 31/10/3 de Shaq, pero pese a encontrarse tantas veces y ser los dos mejores hombres altos en activo, la rivalidad entre ellos nunca fue exagerada, seguramente porque nunca jugaron un partido de vida o muerte. Jamás coincidieron ni en las Finales, ni en un séptimo partido y la única vez que jugaron en una Final de Conferencia, los Lakers barrieron 4-0 a los Spurs. Lo más cerca a un partido decisivo, fueron los 5ºs partidos de las Semifinales de Conferencia de 2003 y 2004 con los dos equipos empatados a victorias 2-2, en los que ambos tuvieron actuaciones discretas para lo habitual, y se decidieron por los secundarios, el fallo de Horry y el acierto en 0.4 segundos de Fisher. Con O’Neal retirándose, y teniendo en cuenta que parece improbable que Duncan vuelva a ganar un anillo como líder de su equipo, los méritos de uno y otro están ya prácticamente todos sobre la mesa. Aquí, de momento, votamos empate técnico.

Cuartos: Muchos en su cuenta. 292 millones ha ganado en su carrera, como salario por jugar al baloncesto. Esta cifra solo incluye lo que le han pagado los seis equipos en los que ha militado durante estos 19 años. Contratos publicitarios o del resto de sus aventuras, aparte, la cantidad es estratosférica. Aunque declaró que se iba a entrar en la Biblia de la NBA «jugando hasta los 60 años, y todavía cobrando el máximo hasta los 60 años«, acabó su carrera cobrando el mínimo con 39 en Boston, aunque sí que cobró el máximo hasta los 33 años, cuando firmó una extensión por 5 años y 101 millones de dólares que no se quedaba muy lejos.

Dominante: Esta es la palabra que mejor define al Shaq jugador, sin dudarlo. Su tamaño, unido a la velocidad e inteligencia en su juego le convertían durante una buena temporada, en el jugador más difícil de defender de la NBA. Cuando un hombre de esa envergadura se compara (aunque fuera por él mismo, con toda su verborrea y su hipérbole) con un bailarín de ballet, sabes que te encuentras ante algo muy especial. Shaq será Hall of Fame el primer año que sea elegible para serlo, y su presencia entre los 5 mejores jugadores de los últimos 20 años y 5 mejores pívots de la Historia es indiscutible, aunque la posición pueda bailar según el gusto. Hasta que la llegada de LeBron coincidió con su cuesta abajo, Shaquille era el especimen con el físico más perfecto de la NBA. Y de lejos.

Espectáculo: Años y años de espectáculo, dentro y fuera de la cancha, forman parte del legado de Shaq. El nivel que alcanzaron sus excentricidades estaba a la altura de lo que hacía en la pista. Seguro que vosotros tenéis vuestros momentos favoritos de la extensa lista de apariciones, pero aquí van los míos: su llegada con pistola de agua incluída en un trailer a su presentación en Miami, el número de break dance que se marcó junto a Jabbawockeez en las presentaciones del All-Star 2009 y el teléfono móvil que añadió a su zapatilla al más puro estilo Superagente 86 en el All-Star de 2005.

Fu: Shaq-Fu, otra de sus personalidades, nos sirve para seguir ilustrando su polivalencia, baloncesto aparte. Shaq-Fu no solo es el nombre de un videojuego de lucha para Sega y Nintendo que él protagonizó en el año 1994, sino que también es el nombre del segundo de los cuatro discos de rap que sacó del 93 al 98. Por Shaq Fu le dieron un disco de oro, después de haber llegado a la posición número 25 de la Lista de Ventas general, y la número 10 de R&B y Hip Hop con su primer álbum, Shaq Diesel, que fue certificado platino. Durante su carrera musical trabajó con algunos de los productores y cantantes más influyentes del hip hop, como Q-Tip, Erick Sermon, Jay Z o Notorious BIG, y llegó a colocar su primer single, (I Know I Got) Skillz en el número 3 de la lista Rap.

Grande: Con sus 2.16 metros de altura, entró en la Liga pesando 136 kilos, pero el resto de su carrera se ha movido de los 150 a los 160. En la vorágina de apodos que ha recogido a lo largo de los años, el prefijo Big ha sido una constante a casi todos. El Gran Aristóteles. El Gran Papi. El Gran Baryshnikov. El Gran Cactus. El Gran Trébol. Todo en él es grande. Pena que ese cuerpo antinatura, le haya pasado las facturas de todos aquellos festines que se dio con las piezas desechables que tenían como misión ir a la guerra contra él cada dos noches y algo.

Hack-A-Shaq: Don Nelson lo inventó, muchos lo pusieron en práctica con resultados desiguales y Popovich lo perfeccionó hasta llevarlo al hiriente sarcasmo, cuando sus Spurs hicieron falta a un incrédulo Shaq en el salto inicial de un partido. La táctica no tiene mucha ciencia: por qué dejar a Shaq tirar un tiro de campo, de esos de los que ha anotado el 58.2% durante su carrera, en lugar de tiros libres, con los que solo acierta un 52.7% de las ocasiones. Los equipos turnaban hombres altos, sacaban su fondo de banquillo para gastar sus 6 faltas contra un Shaq que volvía impotente a la línea. Sus intentos de mejorar en los tiros libres siempre se han quedado en eso, intentos. Documentados están los consejos que gente como el gurú Dennis Hans le dio o el trabajo de Riley, que estaba convencido de que podría solucionarlo y puso un equipo a su disposición para trabajar en su mecánica. Pero él siempre confiaba en que los metía «cuando contaban» y qué mayor honor, que darle tu nombre a una táctica que reconoce implícitamente tu dominio.

IDGAF: Sobre su taquilla en Los Angeles colgaban estas crípticas siglas con dos significados. Preguntado por los periodistas, explicaba que el significado era «I Dominate Games Always and Forever.» con un gran guiño. La realidad que conocían sus compañeros era algo distinta. I. Don’t Give. A. Fuck. Los dos O’Neal resumidos perfectamente. El que domina y al que le importa todo una mierda. El de los porcentajes récord: el de campo por arriba, y el de los tiros libres por abajo. El que ha sido. El que podría haber llegado a ser. De hecho, la segunda acepción tiene double entendre en sí misma. No le importaba una mierda su rival, al que destrozaba con voracidad, pero tampoco le importaba ser mejor él mismo.

Justicia: Los escarceos de Shaq con la justicia, no son los habituales en los jugadores de baloncesto. A O’Neal jamás le han detenido conduciendo borracho, ni golpeando a su mujer. Al contrario, gracias a su colaboración fueron detenidas dos personas en Miami en 2005 con cargos por agresión y racismo y en 2007 persiguió él mismo al conductor que chocó contra su Escalade y se dio a la fuga. En todas las ciudades en las que ha estado ha solicitado puestos de ayudante de Sheriff, con un carácter habitualmente honorífico y ha llegado a pasar por la academia del condado de Los Angeles para ser Oficial en reserva de la policía portuaria de LA. Además fue nombrado Ayudante Honorífico de los US Marshal, oficina federal. El único borrón lo tiene en Arizona, donde el Sheriff del condado de Maricopa le retiró su placa por utilizar lenguaje malsonante en aquel rap en el que le preguntó a Kobe «a que sabía su culo«.

Kobe: Su pareja de hecho, el hombre con el que logró el Three-peat, el enemigo que le empujó por la puerta de Los Angeles, después amigo, enemigo otra vez, ahora es todo broma y siempre nos llevamos bien, pero cuando Kobe gana su quinto anillo se empieza acordando de Shaq. Yo creo que se odian y se envidian. Kobe no aguanta que la opinión pública crea que los tres primeros anillos son más de O’Neal que suyos y que el Artículo 34 diera el primer golpe sin él mientras a él le rodeaban Kwames y Smushes;Shaq por su parte se lamenta de que ahora Bryant haya levantado un O’Brien más que él, como líder casi indiscutible del show. Como aquí somos más de baloncesto que de revista rosa, preferimos quedarnos con los momentos que nos dio la mejor sociedad de la pasada década.

Longevidad: 19 temporadas llevaba jugando, el que más de los jugadores en activo esta temporada. Con sus 39 años, era el jugador más viejo de la Liga (honor que ahora deja a Kurt Thomas casi ex-aequo con Grant Hill, un día más joven) y el más veterano, ya que los siguientes en la línea sucesoria, Jason Kidd, Juwan Howard y Hill llevan dos temporadas menos en la élite. Se irá habiendo jugado 1207 partidos, lo que le pone en el puesto 23 de la Historia (a solo 2 de igualar a Dale Ellis en el 22). Haber logrado todo esto, con un cuerpo tan grande y el riesgo de lesiones que esto conlleva, es admirable.

MVP: La temporada 99-00, en la que alcanzó su plenitud y se convirtió en el MVP, ganando el primero de los tres anillos consecutivos con los Lakers, fue impresionante, la mejor desde Jordan para mí. 29.7 puntos, 13.6 rebotes, 3 tapones por partido, que pasaron a ser 30.7/15.4/2.4 en Play-Off. Además, fue MVP de las Finales en tres ocasiones, las tres con los Lakers, y se quedó a 34 puntos de Steve Nash en la votación de la temporada ’04-’05, su primera con Miami y en la que muchos creen que debería haber sido el ganador del premio. Un par de terceros puestos en las votaciones de 2001 y 2002 y una segunda posición en 1995, llevan a 5 el total de veces que apareció en el podio a final de temporada.

Nietzsche: En el habitual reparto de libros que Phil Jackson hace entre su plantilla cuando emprenden el viaje más largo del año (habitualmente el llamado Grammy Trip en febrero), en 2000, se le ocurrió darle el Ecce Homo de Nietzsche a su niño grande. El libro, del que, según reconoció el propio Shaq Attack en una entrevista con TIME, no pasó del primer capítulo, cuenta entre otras cosas como el superhombre es encarnación de la voluntad de poder. El truquillo del maestro Zen de juntar la palabra superman con la voluntad y la superación surtió el efecto contrario, ya que O’Neal comentó «Phil piensa que soy demasiado único, hasta el punto que puedo estar loco«. De todos modos, aunque no se leyera el libro, al genial Diesel le valió para colar el nombre de Friedrich en una de sus descacharrantes citas: «Nietzsche era tan inteligente y avanzado. Y así soy yo. Soy el Nietzsche negro del baloncesto«.

Oro: Shaq formó parte del combinado nacional de EEUU que ganó el Oro en el Mundial del 94, en el que fue el MVP y en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. A partir de ahí no volvió a ir con el equipo, pese a ser invitado, porque en 1999 se sintió rechazado al no ser incluído en el Torneo de las Américas clasificatorio para los Juegos Olímpicos, pese a que la intención de USA Basketball era que el jugador descansara. Yo, siendo un poco mal pensado, aparte de vagancia, creo que los problemas vienen más de atrás, del verano del 92. En el Dream Team, el equipo que marcó una época, había un jugador universitario. Pero, contra todo pronóstico, no era el dominante pívot que podía destrozar a los frágiles europeos, y que iba a ser elegido indiscutiblemente número 1 del Draft, sino Christian Laettner. Así, Shaq se quedó sin visitar Barcelona y sin tomar un cursillo acelerado como becario al lado de Ewing y Robinson, y tras cumplir con el equipo, aprovechó la primera y más ridícula excusa para borrarse del barco para siempre.

Periodistas: Los periodistas adoran a Shaq, porque es una auténtica mina. Auténtico y divertido, a lo largo de los años, no ha parado de regalar citas ingeniosas, divertidas, desafiantes, ignorantes, sarcásticas… Su presencia ha sido una de las más polarizantes, si no la que más, en los últimos tiempos en un vestuario NBA. Con uno de los mayores sentidos del humor de la Liga, Shaq ha alternado referencias a Einstein y sus anécdotas, despectivos juegos de palabras con los nombres de sus rivales (declaró que «nunca ha estado en las Islas Caymán» al ser preguntado por Chris Kaman) y relatos de sus intentos de ligar con Tori Spelling «Le pregunte por su número de teléfono y no me lo dio, me dijo: Dame el tuyo. Había que intentarlo«. Él fue el primero en llamar Half Man Half Amazing a Vince Carter, y también el primero en llamar Erica a Dampier. Mi preferida, sin duda, cuando al ser preguntado al volver de Grecia si había visto el Partenón, y el Big Aristotle reconoció que «no puedo recordar el nombre de todos los clubs a los que fuimos«.

Quinto: Ese es el puesto que ocupa Shaq ahora mismo en la lista de los mayores anotadores de la Historia. Con 28.596 puntos, solo Abdul-Jabbar, Karl Malone, Michael Jordan y Wilt Chamberlain han metido más que él aunque Kobe le debería superar la temporada que viene (está a 729 puntos). También lo podemos encontrar en la zona noble de otras categorias: es 5º en tiros de campo anotados, 7º en tapones (que se empezaron a contar en el año ’73), 12º en rebotes, 17º en tiros libres anotados y 23º en partidos. De los jugadores en activo hasta esta temporada, lidera todas esas clasificaciones menos tiros libres (Kobe ha anotado más) y partidos (que le supera Kidd).

Ru-Paul: El «Ru-Paul de los hombres altos«, así llamó nuestro amigo a Chris Bosh después de que este se quejara de que O’Neal acampaba en la zona tras un partido de 45 puntos ante Toronto. Desprecios como este han formado parte de la carrera de Shaq, pero resalto este incidente en especial, porque el contexto en el que ocurrió es un microcosmos de la carrera de O’Neal: ese partido con Phoenix le convertía en el primer jugador de la Historia que metía 45 puntos en un partido con cuatro franquicias distintas. Tan bueno, tan volátil. La dualidad IDGAF, en estadísticas.

Superman: Antes de Dwight Howard, Orlando y la Liga tuvieron a su propio Superman. El hombre de los mil motes, entre los que hay que incluir el «Artículo 34» del inolvidable Andrés Montes, usó mucho, especialmente al principio de su carrera, este apodo, refrendado por el enorme logo del Hombre de Acero tatuado en su brazo izquierdo. No es de extrañar por tanto, que el siempre belicoso pívot se mostrara «ofendido» el año pasado por lo que él consideraba una apropiación indebida de Howard, su heredero más directo, y la presencia más imponente en una cancha NBA desde, um, él mismo.

Twitter: Con un vídeo colgado en su Twitter, el jugador de los Celtics se despedía del baloncesto en activo. «Lo hicimos, 19 años, baby. Quiero agradeceroslo, y por eso os lo cuento a vosotros los primeros, me voy a retirar.» Con esa complicidad con su seguidores, Shaq anunciaba que después de este agridulce año, en el que solo ha jugado 37 partidos de Liga Regular (nunca jugó tan pocos) y con tan solo 4 apariciones desde el mes de febrero hasta el final. Siempre un hombre de su tiempo, ha estado atento a colocar su marca en las redes sociales. Creó su Twitter, @SHAQ hace ya un tiempo, en noviembre de 2008, bajo un alias diferente al que utiliza ahora, y fue de los primeros jugadores de baloncesto en utilizarlo con regularidad e interactuar con sus seguidores. El Gran Cactus cuelga vídeos de todo tipo, y ya está pidiendo a sus 3.8 millones de seguidores hasta el momento, que le ayuden a encontrar un nuevo apodo más acorde con su nuevo estado civil.

Universidad: Todo un Doctor, Shaq empezó su relación con la universidad en LSU, Louisiana State University, que fue su casa durante tres largos años. Largos sobre todo para el resto de pivots de la Conferencia SEC. Más conocida por el football que por el basket, pese a haber sido la casa de Bob Pettit y Pistol Pete Maravich, era perfectamente apropiada para acoger a un jugador que también tenía más pinta de deffensive lineman que de jugador de baloncesto. A pesar de que fue elegido All-American un par de años, el talento que le rodeaba no le ayudó a llegar nunca lejos en el Torneo de la NCAA: a pesar de clasificarse para el baile en sus tres temporadas en el equipo, no llegó a octavos, los Sweet Sixteen, en ninguna de ellas. En el año 2000 se volvió a pasar por allí para completar su Grado en Estudios Generales, algo así como un «tú eliges los cursos». Sumado a un máster de la Universidad de Phoenix, y su Doctorado en Liderazgo y Educación por la Barry University, la singularidad de O’Neal se extiende más allá de la excentricidad fuera de la cancha.

Vagancia: La distancia que separaba a O’Neal de ser el pivot más dominante de la Historia, la marcaba él, poniendo su vagancia en medio. La V podía ser la letra de la velocidad, ya que ha sido uno de los mejores libra por libra (sin que sirva de precedente, hay que utilizar esta frase al revés) que se haya visto en cualquier deporte, pero si habéis llegado hasta aquí, os habréis fijado como esta retahila no puede ser más agridulce: cuánto hemos hablado de lo que O’Neal podría haber sido… Se ha presentado habitualmente a los campus de verano pasado de kilos y fuera de forma, nunca trabajó lo suficiente en su tiro libre, y dejó que los celos y la parafernalia malmetieran a la pareja que formaban él y la eternidad. Peor para él. Y para nosotros.

Wade: Su escudero en el cuarto anillo, nunca sabremos quién ayudó más a quién, pero parece claro que los dos se necesitaron el uno al otro (y un poquito a Danny Crawford) para ganar aquel campeonato de 2006. Como siempre, y no debería sorprender a nadie ya, Shaq quemó los puentes de la relación con Wade, experimentando otro déjà vu al tener que volver a salir de otra franquicia por la puerta de servicio y dejando las llaves al joven escolta, al que este año comparó con Kobe, como «pequeños chicos que dominan el balón y tiran 30 veces por partido que no se pueden comparar conmigo«. Desde Phoenix, Cleveland y Boston, no ha desperdiciado oportunidad de tirar una chinita al «Chico Maravilla» como él lo llamaba, y veremos si el rugido aumenta ahora que Wade puede volver a ganar sin él, como hizo Kobe en su día, acompañado además del LeBron que él ya estaba mayor para llevar a Tierra Prometida, y del RuPaul de los hombres altos.

X-Men: Shaq quisó añadir a su carrera cinematográfica un papel en X-Men 2, pero los productores no estuvieron por la labor, así que siente que conformar con su Steel. Todo un personaje, ha aparecido en 11 películas y algunas series de televisión, además de tener su propio reality show: Shaq Vs. Empezó compartiendo pantalla con Nick Nolte y Ed O’Neill en Ganar de Cualquier Manera (Blue Chips), y fue el protagonista absoluto haciendo de genio de la lámpara en Kazaam y de superhéroe en Steel, dos películas que aparecen en listas de las peores de la historia con la misma asiduidad que él en las de mejores pívots. Para los que os interese esta faceta del Gigante, aparecerá en Jack and Jill, película con Adam Sandler, Al Pacino y Katie Holmes que se estrenará a finales de año

Yao: El gran pívot chino tiene el honor de ser la primera persona en desplazar a Shaq de algo: el quinteto titular de All-Star. Un fijo en el quinteto titular, ya desde su temporada rookie, (primero desde Jordan), hasta, precisamente, la llegada de Yao en 2003, Shaq fue al Partido de las Estrellas 14 veces de manera consecutiva, hasta que su declive y las lesiones le apartaron en 2008, para volver una última vez en 2009. Además, Ming provocó uno de los episodios más desagradables en la carrera de Superman, cuando su peculiar humor fue catalogado de racista al ser preguntado por un Yao que estaba a punto de entrar en la Liga y responder «Decidle que Ching-chong-yang-wah-ah-so» acompañando el numerito con poses de Kung-Fu chusco. De todos modos, es querido en el país más poblado del mundo, y más aún a raíz de su contrato de esponsorización con la firma Li-Ning. Lástima que no podamos hablar más de baloncesto por culpa de las lesiones del gigantón chino.

Zen Master: Su entrenador en Los Angeles, Phil Jackson, el Maestro Zen, pareció alinearse con Shaq cuando la relación con Kobe se convirtió en «yo o él». Pero en 2006 abrió la Caja de Pandora al hablar de Shaq como «el único jugador que he entrenado al que no le gustaba trabajar«, a lo que el grandullón respondió comparando a Jackson con Benedict Arnold, uno de los traidores más famosos de la Historia Estadounidense. Desde ahí se han estado intercambiando achuchones de mayor o menor magnitud y en 2008 Shaq acusó a Phil de nunca decirle las cosas a la cara y de diseñar la ruptura entre ellos, aunque luego le dio un abrazo y un besito cuando se reencontraron en un Suns-Lakers. En 2009, cuando calificó de «estrategia de marketing» su relación con Kobe, repartió también flores para Phil, al que llamó «mejor entrenador de la Historia«, por lo que su relación ahora mismo, parece buena.

Precaución: Halcones Hambrientos

El 10 de abril, tras el enfrentamiento de Liga Regular entre Chicago y Orlando, Jameer Nelson le dijo a su rival Derrick Rose, cámaras de televisión por medio, «nos vemos en segunda ronda«. Y podría haberlo hecho.

Con hiriente sentido del humor, y añadiéndole imaginación a una de las excentricidad locales por excelencia en Atlanta, los Hawks trataron de ayudar a que Nelson viera a Rose. Emulando al antiguo entrenador de los Falcons de la NFL, Jerry Granville, que todos los partidos dejaba unas entradas en taquilla para el fallecido Elvis Presley, los Hawks anunciaron que tenían dos entradas por si Jameer quería llevar a algún acompañante a su cita con el futuro MVP. No eran muy buenas, estaban en el anillo superior del United Center, pero menos da una piedra.

Parece ser que el base de los Magic no se presentó. E hizo bien, porque lo que hubiera visto, no creo que le trajera muy buenos recuerdos. Los Hawks siguen dando la sorpresa: ayer batieron a los Bulls en Chicago.

Los que gusten de ver temblar los cimientos del orden baloncestístico, están de enhorabuena. Los Play-Off de este año están resultando apasionantes a todos los niveles, y la incertidumbre se adueña de los finales y los resultados, sin que el recuerdo sepa llevarnos a una situación similar. Al menos, en casos como el de Memphis, los más optimistas veían la amenaza venir desde el final de la Temporada Regular, pero por Atlanta, nadie daba un duro. Los Hawks eran un equipo gris, que acababa la temporada con 6 derrotas consecutivas, con jugadores que parecían aburridos de jugar entre ellos. Nos engañaron a todos.

Y lo de Orlando, podía tener su explicación, si tenemos en cuenta que los Magic llevan autodestruyéndose desde aquel traspaso repentino. No eres tú, soy yo, todo eso. Pero ganar a Chicago, en el United Center, y sin Hinrich es cosa más seria. Ya no estarán usando a Jameer Nelson y su desafortunada frase como motivación, pero Larry Drew ha encontrado otra manera de ponerles las pilas.

Joe Johnson anotó 34 puntos y metió los 5 tiros de tres que lanzó sin fallo, Derrick Rose no anotó su primera canasta hasta que quedaban cinco minutos para el descanso y no visitó la línea de tiros libres en toda la noche, y una serie de cameos de los actores secundarios de Atlanta, de Crawford a Collins, de Wilkins a Pachulia, sirvieron de apoyo al actor principal para robar el primer partido y recuperar el factor cancha en estas semifinales.

La última vez que coincidieron en Play Off estos dos equipos, también en unas semifinales de Conferencia, los Hawks se llevaron uno de los dos partidos de Chicago tras una buena noche en el perímetro: Mookie Blaylock, disimulando con su parecido físico, le ganó la partida esa noche en su propia cancha al verdadero MVP (aunque algún Cartero le robara el premio del buzón) anotando 8 triples, el máximo personal de su carrera. Aquel partido acabó con un resultado idéntico al de anoche, 103-95, y Michael Jordan tuvo el mismo porcentaje de acierto en tiros de campo que Rose ayer: 41%. Las coincidencias terminan aquí, y además, fue el segundo partido de la serie, no el primero, pero los seguidores más optimistas de los Bulls se pueden consolar sabiendo que su equipo acabó la serie 4-1, y además, se llevó el O’Brien a casa ese año.

Atlanta ganó en intensidad, el verdadero factor cancha para Chicago, que ha sido el equipo que más y mejor había sabido usarla durante la Temporada Regular, en un día que los juegos interiores HorfordSmith y BoozerNoah estuvieron discretos. Debe ser chocante para Thibodeau, agasajado en el previo al partido como mejor entrenador de la NBA, ver a sus muchachos abandonar las rotaciones y el esfuerzo al final de las posesiones, después de estar un año entero en el que no fallaban ni en las palizas a equipos inferiores. Que Kyle Korver pareciera a ratos el alma defensiva de este equipo creo que lo resume todo. Y por ahí, por la defensa es por donde tendrá que apretar Chicago. Pese a la actuación ineficiente de Rose y el bajo par de Boozer y Noah, estoy seguro que Thibs hubiera firmado anotar 95 puntos.

Y Atlanta, seguirá a lo suyo. Tras ganar este partido, si logra, aunque sea, meter dudas a Chicago en el segundo partido, y ganarle en energía a los puntos, va a llevar esta serie muy lejos. Y estos son los Play Off adecuados, para que ocurra, incluso cualquier cosa.

The Closer

En el béisbol, la figura del closer (o cerrador, como dicen en Latinoamérica y prefieren las agencias de prensa aquí en España), el pitcher que sacan los equipos en la novena y última entrada de los partidos apretados para eliminar a los 3 últimos jugadores e irse a casa con la victoria, ha tomado una relevancia casi mística, gracias, en parte a nombres como los de Eric Gagne o Mariano Rivera.

Y en otra buena parte, al márketing asociado a la palabra. Repítanla para sus adentros. The Closer. Suena al nombre del héroe de una película de acción. O incluso el del villano indestructible. Suena al especialista que ante un enorme problema, aparece y lo resuelve de manera instantánea y plúmbea.

La palabra tiene halo porque se aprovecha del énfasis que ponemos en el final de las cosas, la gloria del vencedor, la importancia del último tiro. Y cada vez se usa más y más en los corrillos baloncestísticos. Nos encanta pensar en el último tiro. Con el reloj apretando. Y con el mejor jugador, a poder ser. Y no para agrandar una figura, sino para vilipendiar al blanco preferido en la NBA. Anoche, tras la derrota en el cuarto partido contra Philadelphia, otra vez se ponía la maquinaria en marcha. LeBrick (¿LeDrillo? ¿LePiedra? adaptado cutremente al español) se convertía en trending topic en Twitter. Los habituales, con Skip Bayless a la cabeza, se disponían a atizar.

Y sus compañeros lo corroboran La semana pasada, Sports Illustrated dio a conocer los resultados de una encuesta realizada entre 166 jugadores de la NBA, para conocer a quien quieren ver tirando el último balón del partido. Kobe Bryant domina con un 74% y le sigue Durant con el 8%. Wade, Nowitzki, y Allen también aparecen. LeBron, no. Ni un solo voto al, posiblemente, mejor jugador de la NBA.

La decisión es unánime. LeBron James no es un closer.

Dos preguntas. ¿Seguro? ¿Pasaría algo si no lo fuera?

Empezamos por la segunda. Si el closer se mantiene en el béisbol, no es por su eficacia, ya que la técnica ya ha sido demostrada inútil de manera estadística. Entonces, ¿por qué sigue existiendo esa figura? Es el factor psicológico, el poder identificar a uno de tus jugadores con el momento decisivo, con el final feliz, con el factor añadido, del miedo imbuido en el enemigo. O incluso, en el caso contrario, para poder echar la culpa a alguien.

Pero para que el closer pueda salir a ganar un partido en la novena entrada, sus bateadores tienen que haber conseguido más carreras que las que han permitido sus compañeros de bullpen al equipo contrario. Durante 16 ó 17 entradas disputadas, 9 o más bateadores y por lo menos un lanzador, tienen que haber hecho su trabajo para poder glorificar una noche más a la estrella del rock. Un closer jamás ganará un partido solo.

LeBron James es excelente durante todo el partido. Con los dedos de una mano se pueden contar los jugadores que habrían podido llevar a Miami al segundo puesto en el Este si lo reemplazaran. Si de verdad es un jugador tan horrible en el último minuto, la solución es fácil, su GM se tiene que encargar de rodearlo de jugadores que sí lo sean, que sepan terminar el trabajo en los partidos en los que James no ha sido capaz de dirigir a su equipo con superioridad insultante. Nadie se acordó de estos problemas cuando gracias a él aplastaban a Lakers el día de Navidad. O cuando por fin ganaron, y de 23, a Boston.

Pero, ¿de verdad LeBron James no es un closer? O mejor dicho, ¿existen los closers en baloncesto? Puede que su tiro de larga distancia no sea fiable. Que como muchos creen, en el último minuto no busca la línea por miedo a fallar tiros libres con su porcentaje bajo par. Pero es que, a LeBron, todos los fallos se le cuentan en el «haber», nunca en el «debe», como sucede con otros. Una verdad a medias repetida mil veces, se convierte en dogma de fe, y solo oímos hablar de los fallos de unos y los aciertos de otros.

A Henry Abbott de la ESPN se le ocurrió mirar los números en enero de este año, y viendo todas las situaciones en las que un jugador tiraba a canasta los últimos 24 segundos con su equipo empatado o perdiendo de 1-2 puntos se encontró que en los 15 años, Kobe Bryant es el jugador que más tiros de este tipo ha anotado. Algo fácil cuando has tirado 24 veces más que el siguiente que más lo ha hecho (Vince Carter). Algo feo cuando a pesar de tirar 24 veces más, solo anotaste 5 más que él. Y algo horrible cuando tu porcentaje, un 31.3% se coloca como el 25º de los 30 que han tirado más de 30 tiros. LeBron es el 18. Ray Allen, otro de los elegidos por delante de él en la encuesta realizada, es el 19. Y esto sin tener en cuenta, que olvidando (muchos lo han hecho ya) el periodo de Smushes y Kwames, a Kobe siempre le ha rodeado gente mucho más capaz de quitarle presión, que cualquiera de los Cavaliers a LeBron.

Centrándonos en esta temporada regular, y echando un vistazo a las estadísticas publicadas por 82games.com que resumen el comportamiento de los jugadores cuando quedan 5 minutos por disputar del partido, y ninguno de los dos equipos se distancian en más de 5 puntos en el marcador, lo que podríamos llamar minutos decisivos, cuando aparece el gen clutch, hay empate técnico entre el Yin James y el Yang Bryant.

Kobe promedia 49.8 puntos cada 48 minutos decisivos por los 45.1 de James, pero LeBron tira menos, y lo hace de manera bastante más eficiente (0.6029 sobre 0.5391 en True Shooting %). James utiliza menos a sus compañeros, tanto como para crearse su propio tiro (un 23% de sus canastas en ese periodo son asistidas, ante un 27% para Bryant) como para pasarles (4.9 asistencias LBJ, 7.6 KB por 48 minutos decisivos). A cambio, rebotea mejor, tapona más y la pierde menos. Con LeBron en estos minutos, su equipo ha sido mejor que el rival por 0.33 puntos cada 5 minutos, y con Kobe 0.27. Y quedándonos en esta misma noche, la actuación de Kobe al final también ha dejado que desear. 0-3 en tiros de campo, 1-2 en tiros libres, solo 1 punto en los 5 últimos minutos. A la vista de estos números, ¿alguien puede decirme, realmente, por qué Kobe es indiscutible como el más decisivo y LeBron un paria?

No os voy a engañar, yo también me quedaría con Kobe al final de un partido. O incluso con Carmelo, el gran olvidado en el imaginario, pero rey en las estadísticas de este estilo. Incluso, ni siquiera lo eligiría a él en su equipo, sino a Wade. Pero es solo por sensaciones, por la confianza que me da, porque tengo mejores recuerdos de ellos. Pero basta con echar un vistazo a los números, para darnos cuenta que la percepción, y los ecos de lo que retumba en los medios de comunicación, a veces nos engañan.

Casi todos los jugadores NBA se comportan en los minutos finales de forma similar al resto del partido, pese a que no queramos creerlo. Por cada triple heroico sobre la bocina del que recordamos, hay dos fallos en partidos que no se guardan en el recuerdo, y que lo estampan contra el porcentaje medio de tiro del jugador. Michael Jordan, el jugador que a todos nos viene a la cabeza como infalible con el tiro ganador, anoto 33 de 58 intentos, un increible 56.9%, pero un aumento poco significativo sobre los 29 que hubiera anotado de haberse cumplido el promedio de su carrera. El mejor closer de la historia, apenas es un poco más efectivo que en el resto del partido.

Pero por algún extraño fenómeno, miramos con desconsuelo a LeBron por entrar tibiamente a canasta en una zona donde acierta el 72.1% de sus tiros, al mismo tiempo que pensamos que un tiro de tres de Kobe, de esos que solo mete un 32.3% de las veces en condiciones normales, con dificultad añadida, va a ser la panacea. Y la realidad es que un tiro final es como cualquier otro tiro. La aleatoriedad manda. Diantres, pero si Zach Randolph, con su etiqueta de ilustre perdedor habitual y de tirador de triples pútrido, metió uno en el momento más decisivo este sábado.

Pero nos encanta ver mitos y heroes caídos, recordar los desenlaces y revisitar la historia. Le hemos dado un rol especial al pitcher que sola y exclusivamente sale en la novena entrada con atronadora música de fondo, a pesar de que lo más inteligente sea sacar a ese jugador al campo, quizá antes, quizá después si el emparejamiento es desfavorable. Nos gusta más como suena The Closer, que el antiguo término que se usaba para referirse al lanzador final, Fireman (bombero). Y hace un tiempo, decidieron que les gustaba más bombero que, por ejemplo, eso, último lanzador. Si no hay épica, la inventamos. Y que importa que se sustente en algo.

Y por cierto, anoche, Rivera, el closer de los Yankees, el cerrador por excelencia, la deidad de la última entrada, se dejó empatar el partido por Baltimore. Y hace 4 días, en su actuación anterior, hizo lo mismo contra Toronto. Nadie es perfecto.

All-Star: Día 2 (vol.2)

¿Dónde hemos llegado? Las expectativas ahora mismo para un concurso de mates desafían la lógica y la física más elemental. ¿Os dais cuenta de lo que les estamos pidiendo? Kobe Bryant ganó el concurso en 1997, y asombró al mundo con un mate en el que ¡se la pasaba entre las piernas! El Dr.J y Michael Jordan pasaron a la historia por saltar desde la línea de tiros libres. Dominique Wilkins, por el molinillo.

Serge Ibaka hizo ayer el mate más largo de la historia del concurso, centímetro arriba, centímetro abajo. Por detrás de la línea. De verdad. Y la mató con extrema facilidad, como si no le hubiera costado. Y quizá por eso solo fue premiado con un 45. Hoy en día no vale ya cualquier cosa.

Citius. Altius. Fortius. Añadid Novius.

Yo siempre he pensado que por cada intento fallado de mate, se debería restar un punto del total. La explicación es clara: jamás es igual el primer intento de mate que los siguientes. Mejor ejemplo que ninguno, el primer mate de Blake Griffin anoche, en el que cada intentona, llevaba aún menor fuelle que la anterior. Es por ello, que creo que el no haber sido capaz de realizar tu mate tras varios intentos, ha de ser penalizado. Pero, ¿qué nivel de exigencia estamos ya reclamando? Ayer vimos, como ya hemos dicho, el mate más largo de la historia del concurso, dos balones en dos canastas, tres balones matados en un aro, pasársela entre las piernas al rebote del soporte del tablero… Nos va a tocar elegir. Si queremos ver cosas nuevas, espectaculares, que sigan poniendo la marca del límite un poco más allá… vamos a tener que ser más transigentes. La noche del sábado fue un punto de inflexión. Pena para DeRozan, que todos nos diéramos cuenta de lo que estaba pasando después de su mate.

El concurso fue de más a menos. La primera ronda fue tremendamente excitante. A DeRozan le penalizó terriblemente abrir el fuego: todavía no se había sentado precedente en el número de intentos, ni se había marcado el listón. El primero es el mate más difícil de calificar, y creo que el jurado se equivoco en su voto a ciegas. Después vinieron el ya comentado mate de Ibaka, que también mereció más, y Javale McGee colgándose de dos aros a la vez. Si Blake clava a la primera, con toda su violencia el 360º con el que empezó, la gente del Staples se va para casa.

El showstopper con el que empezó la segunda ronda el jugador de Toronto me pareció el mejor de todo el concurso. A la primera, no innovador, pero sí diferente, con un alto grado de dificultad, y una ejecución perfecta. El de Ibaka fue bueno pero algo flojo para el contexto en el que se encontraba. Griffin demostró su potencia a rebote del tablero tras varios intentos (y no puedo evitar pensar que si no hubiera sido el número 32 en su propio palacio, estaría fuera del concurso) y McGee cerró una sólida primera ronda metiendo los tres balones, después de que su madre, ex-jugadora de la NBA saludara al jurado, con piquito a Julius Erving incluido.

Y llegó la ronda final. Dos hombres altos, algo atípico, y con el voto del público, uno de ellos llevaba un cuerpo de ventaja. Griffin metió el codo a lo Vince Carter, pero con aún más saña. McGee hizo un bonito acunado mucho menos visual que sus dos contribuciones previas.

Entonces llegó el momento de la noche sin dudas: Blake sacó el coche oficial de la Liga (increíble también el paralelo espectáculo publicitario: los jugadores reatándose las zapatillas, McGee que usó 5 modelos en 4 intentos, y el KIA para rematar), un coro a ritmo del I believe I can fly de R.Kelly, y el siempre hilarante Baron Davis, que me recordó a un travieso Bugs Bunny asomándose por el techo solar para ponerle el alley-oop al animal de Oklahoma. La parafernalia, muy superior a un mate, que ya le habíamos visto a Milic, o incluso a Mario Santana en la ACB, en el año 99.

McGee, que además tuvo que eliminar uno de los mates que tenía pensado, en el que cogía un billete del aro con su boca, por la similaridad con el de Ibaka, intentó que el sufrimiento acabara lo más rápido posible. Para mí, Blake no mereció llegar a la final, pero sí ganarla.

Pero al final, es inútil y subjetivo decir quién debió ser condenado, a quién le robaron… No soy muy fan del voto del público, porque acabamos dejándonos llevar por el nombre y la reputación, pero no creo que el jurado, un jurado que pintó menos que nunca (incomprensible que apenas tuviéramos imágenes de sus calificaciones), hubiera votado nada diferente.

Buen concurso, de los mejores de la década para mí. Y habrá un antes y un después de este. Pero pese a la amenaza Blake Griffin, Vince Carter puede descansar tranquilo.

Palabra de Jordan

«He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 pertidos. 26 veces, han confiado en mi para el último tiro y he fallado. He fallado y fallado una y otra vez en mi vida… y esa es la razón de mi éxito.»