El ambiente que se había preparado en el New Orleans Arena era ambiente de remontada, ambiente de buscar el 7o en LA. Todo el mundo con camisetas azules y el ya típico eslogan de Beat LA. Pero Lakers tenía otra cosa en mente, acabar.
El principal protagonista y el que dio el paso adelante anoche fue Andrew Bynum, que demostró que cuando está con ganas, motivado y sobre todo sano, es de lo mejorcito que hay en cuanto a juego interior en la liga y aunque Hornets empezó muy bien con el rebote, pronto se dieron cuenta que ese era territorio de Bynum.
Con esto y con la actuación de nuevo gris de Paul, este jugador si fuera más regular sería sin duda MVP…, los Hornets fueron un pequeño muñeco en manos de unos Lakers con la lección bien aprendida y con el modo Se Acabó activado, lo cual los hace muy, pero que muy peligrosos.
Una de las claves del partido estuvo en un arreón que tuvieron los Hornets que se llegaron a poner a 10, con un buen parcial y con todo el pabellón en pie y gritando… entonces surgió el de siempre, Kobe con un triple que hacía callar a todo el mundo y que dejaba las cosas claras.
Esta serie no ha sido tan dura como fue la primera del año pasado, pero sin duda que ha sido un aviso para Lakers, que no deben despistarse…
Que los Grizzlies tienen muy estudiados a los Spurs, es algo que todos ya sabemos y más después de ver esta serie, lo que nadie podía imaginar es que ayer estuvo a nada de hacer un 4-1 contundente y tal vez histórico, pero no fue así.
Los Spurs saltaron a la pista con ganas de dejar las cosas claras, con ganas de sentenciar y dejarse de historias y ataques cardiacos de última hora y estuvieron a nada de hacerlo, con dos primeros cuartos jugados casi a la perfección y donde Grizzlies no sabían de donde le venían. Los Spurs llegaron a coger una ventaja de 16 puntos, algo que ya se medio vaticinaba como definitivo, pero no…
Grizzlies lo tiene todo muy pensado, demasiado tal vez ya que a veces da una sensación de sobrados que es la que le hace desconectarse un poco del partido y dar vida a Spurs, pero no, está vez no sirvió para eso, si no para poco a poco ir remontando a Spurs y meterles como bien decía Mario el otro día, el miedo en el cuerpo a Spurs.
Con todo esto llegamos al final igualado… y qué final! con un triple chafando linea de Ginobili que tardó casi 5 minutos en decidirse que era de 2, luego unos tiros libres de Randolph que dejaba el partido con 3 ptos arriba para los de Memphis y sólo 1.7 segundos para acabar (aquí yo, de ser Randolph, igual hubiera tirado el segundo a fallar para que se hubiera consumido el tiempo…). Y llegó la gran jugada, el triple sobre la bocina de Gary Neal, el mejor rookie en cuanto a triples del año, que desde bastante lejos daba la prorroga para los de Texas (eso sí, la defensa…uff…).
El OT fue tiempo de Oh La La Parker, el cual parece que despertó e hizo todo lo que le dio la gana con la defensa de Grizzlies: bandejas, asistencias, tiros de lejos… vamos la prorroga fue 100% suya e hizo que los Spurs salvaran el primer match ball de la serie… ahora habrá que ver si estos Grizzlies se recuperan del ‘golpe’ de tener el partido ganado y perderlo, por que aún le quedan dos oportunidades, aunque todo el mundo piensa que el 6o en Memphis será su última oportunidad…
PD: Spurs es sin duda alguna el equipo cuyos jugadores pasan más tiempo casi en el suelo (bien sea por leche bien dada o por piscinazo) que jugando en la pista…
New Orleans Hornets visitaba el Staples Center con las ganas de dar la sorpresa, de asaltar la catedral angelina para luego dar la puntilla en NO… Lakers, le había dado vida y Chris Paul quería cogerla y quedarsela… pero nadie contaba con Kobe… y mira que decir esto a estas alturas de la película es mucho decir, pero…
Kobe tuvo un pequeño esguince en el 4o partido, incluso se le vio salir en muletas del New Orleans Arena, pero ayer, después de un inicio de partido donde parecía que no estaba bien, todo cambio cuando humilló a Emeka Okafor en uno de los mates más jugones que le he visto hacer a Bryant en mucho tiempo. Este mate fue la alarma, esa lucecita que se enciende en Lakers por está época del año.
Lakers hizo lo que tenía que hacer, dominar el rebote y hacer que la zona interior sea territorio prohibido para Hornets, consiguieron eso, y se llevaron el partido, así de sencillo. Kobe fue simplemente el despertador, el que activó a todo el mundo para decir: señores, ya está bien.
El mate a Okafor fue tremendo, de esos de principios de siglo, cuando Kobe era sin lugar a ninguna duda el mejor jugador de la liga, cuando Kobe estaba sano y sus piernas hacían lo que le daba la gana. Fue muy grande verlo hacer ese mate, como casi igual de grande fue ver el de la 2a parte. Son mates de hambre, de ganas de ganar y creo que esa es la respuesta a la pregunta que todo el mundo se hace cuando Bryant parece lesionado y Kobe siempre responde como mejor lo sabe hacer: en la pista.
La serie vuelve a NO, veremos a ver si Paul vuelve a hacer un partido de los suyos o si por contra el despertador ha hecho que Lakers despierten y cierren el chiringuito…
PD: Artest sigue haciendo una serie tremenda, tanto en ataque como en defensa…
El cuarto partido de la serie entre Lakers y Hornets tenía muchas cosas que ver y se vieron, sobre todo por parte de un jugador: Chris Paul.
Considerado uno de los mejores bases de la liga, este año ha sido una temporada de altibajos, donde podíamos verlo haciendo partidos realmente impresionantes, con otros donde nadie sabía donde se metía y se escondía en los momentos finales. El cuarto partido fue de los primeros, es decir, de los partidos en que Paul saca lo mejor de él para su equipo y sobre todo para los amantes del basket.
Él sólo pudo con Lakers, así de claro, aunque recibió un poco de ayuda de un gran Ariza, el cual le está haciendo una gran defensa a Kobe, Paul es Hornets y Hornets es el reflejo del día que tenga Paul. Si Paul tiene el día, como el primero de la serie, los Hornets se convierten en un equipo peligroso y que te puede salir por cualquier lado, si en cambio está gris, pues pasa lo del 2o o 3r partido. En este 4o quería destacar y lo hizo con un triple doble tremendo: 27 puntos, 15 asistencias y 13 rebotes (a los que sumamos 2 robos, uno de ellos casi crucial a Fisher).
Lakers por su parte tuvo el partido en su mano, como siempre, pero no se muy bien por qué, pero lo dejó ir y todo se nubló un poco más cuando Kobe Bryant se torcía el tobillo y acababa el partido cojo… y dejando el pabellón en muletas. Gasol ni fue el del 3er partido ni el del antes, vamos que tiene que mejorar. Artest está siendo sin duda el mejor de Lakers en esta primera ronda ante Hornets y eso no es buena señal…
Por acabar esta semi-oda a Chris Paul, el claro ejemplo de lo que hizo el otro día fue como humilló a Andrew Bynum en esta jugada…
Truco o trato. Trick or treat. Ese es el apodo que Bill Simmons, el escritor de la ESPN e impenitente seguidor de los Celtics, le dio a Tony Allen después de verlo jugar decenas de partidos año tras año. Lo que esconde este sobrenombre detrás es la extraña facilidad que tenía el jugador por hacer fácil lo difícil y viceversa. Tony Allen encadenaba secuencias en las que se disfrazaba de Paul Pierce para meter un triple estratosférico con un defensor encima, se anticipaba tan inteligentemente como Garnett a una línea de pase para robar un balón en la siguiente posesión, y acababa fallando de manera calamitosa la oportunidad de mate/bandeja que el mismo se había creado en el posterior contraataque.
El juego del otroAllen, que tan bien es retratado con la disyuntiva halloweeniense, se podría definir también con otra palabra. Energía. En tiempos de debate nuclear, Tony es como un núcleo a punto de la fusión. Radiante, crudo, inestable. La potencia sin control. Esa que no servía de nada. Ya comenté en La Crónica On Tour que una de las cosas que más me impresionaron al ver el Knicks-Grizzlies en directo fue ver jugar a Allen. Un par de acciones deslumbrantes, mate contundente incluído se contraponían a un par de jugadas con las que costaría creer que a este hombre le pagan por jugar al baloncesto.
Anoche, tras retar a Ginobili ante a la prensa declarando que finge en sus molestias, se rapó y pintó un oso en la nuca, imagen que puedes ver a la derecha, pero que al final, como alguien con buen criterio le habrá recomendado, desapareció al saltar a la cancha. Aunque nadie pudo quitarle el toque de excentricidad: no fue un oso, pero al final se dejó un fade como pudo con el pelo que le había sobrado, y con sus pintas de rapero noventero ayudó a extender un poco más el sueño en Memphis. Primero ganaron el primer partido en las eliminatorias por el título en la historia de la franquicia. Luego el primero en casa. Y ahora están a punto de eliminar a los cabezas de serie, a los Spurs, a los que tienen a un solo partido de la eliminación, tras ganarles de 18 y meterles, por primera vez en la eliminatoria, miedo. Miedo de verdad. Jamás han remontado en la era Duncan los Spurs un 1-3, en las cinco oportunidades que han tenido. Y Tony Allen tiene buena parte de la culpa.
Apareció en Boston, que obtuvo la primera ronda de Draft que se gastó en él, de rebote, en el traspaso que acabó con Rasheed Wallace y el anillo en Detroit, y en su primera temporada llegó a jugar 34 partidos de titular en un equipo que acabó en la post-temporada con Pierce, Gary Payton y Antoine Walker (Allen todavía realiza de vez en cuando el Shimmy, el jugón bailecito del orondo alero). Al igual que Tony le quitó el puesto a Jiri Welsch, él tuvo que ver como en mitad de la primera ronda en la que cayeron frente a Indiana, Delonte West, otro rookie, ocupaba su lugar. Pese a perder ese puesto honorífico, sus minutos de juego fueron incrementando las dos temporadas siguientes, los partidos que estuvo sano, hasta volver a menguar en 2007 con la formación del Big Three, el grupo que le ayudaría a conseguir un anillo de manera agridulce, ya que Tony solo jugó 4.3 minutos de promedio en los 15 partidos de Play-Off que le pusieron en cancha.
En la Temporada pasada, jugó 16.5 minutos por partido, su peor promedio desde el año de novato, y su temporada fue muy discreta. Eso sí, no vio reducido su tiempo de juego en Play Off, en los que jugó mucho más de lo que había hecho otros años. Especialmente relevante fue su participación en la serie contra Cleveland en la que ayudó a mantener controlado a LeBron, presentado sus credenciales para ser incluido en la lista de los mejores defensores hombre a hombre en el perímetro de la Liga. Tras ese final de temporada no tenía duda que le renovarían. Así que para él fue tremenda la decepción que supuso que los Celtics no igualarán la oferta de Memphis, de 9.5 millones por 3 años (la mayor ganga del verano visto a día de hoy). Así llegó a los Grizzlies. Se acabó lo de luchar por el campeonato.
En su Twitter se define como «Former Oklahoma State star. 2008 NBA Champion. Currently playing for the Memphis Grizzlies«. No dejo de ver una cierta falta de brillo con pátina de resignación en la última frase. Pero eso no le impide salir a cada partido a trabajar a tope, a aportar la dureza y el carácter, a estar dispuesto a tirarse detrás de cada balón que queda suelto, como si el objetivo marcado al principio de temporada fuera levantar el O’Brien.
Ahora que a sus 29 años ya es un veterano (de hecho, es el jugador de la plantilla que más partidos de Play-Off había jugado hasta esta temporada, con 56, aunque Battier haya estado en pista más minutos), está utilizando toda su experiencia en Memphis. Su llegada para aportar desde el banquillo, y después hacerse titular tras las lesiones de Gay y el descenso de categoría de su compañero de refriegas en partidas de cartas, O.J. Mayo, es una de las razones por las que el equipo ha vuelto a las eliminatorias por el título por primera vez sin Pau Gasol. Y eso que este equipo, es prácticamente el mismo que la temporada pasada.
Aunque el éxito es coral, y se apoya aún más en el juego interior, al nivel de cualquiera en la NBA, de la pareja Randolph–Gasol (que está haciendo unos mejores Play Off que su hermano) o en un Conley que está haciendo olvidar la locura que parecía su renovación, destacar a Allen es destacar al jugador diferente, la punta de locura, la intensidad feroz. Aunque los números contradigan a la vista, y Manu anote más y mejor con él en pista, su capacidad de crear pérdidas y confusión desorienta a los equipos rivales. Sume a los partidos en su propio caos y a base de incertidumbre ha logrado desarmar la consistencia de récord de los de Popovich. Es imposible prepararse con y contra él, a ambos lados de la pista, porque es imprevisible. Ha cambiado la cultura defensiva en Memphis, que son el equipo que lideró la Liga en perdidas creadas al rival durante la temporada regular, con sus 1.8 robos por partido a la cabeza del equipo.
No sabemos quién fue el MVP de anoche en Memphis. Muchos para elegir. Pero por simpatía, aquí nos quedamos con el único que parece no saber que va a hacer cuando le llega el balón. Tal vez, ni lo sepa aún después de haberlo hecho. Truco o trato.
Y una reflexión final. Jugando al «Qué hubiera pasado», Tony Allen es el jugador que cambiaría todo el escenario de estas eliminatorias por el título en un universo paralelo. Si hubiera renovado con los Celtics, no solo los Grizzlies probablemente no estarían dando el finiquito a los Spurs, sino que tal vez, en Boston no hubieran sentido la presión de fichar a un jugador de perímetro, y Perkins seguiría en Massachusetts en vez de Oklahoma. Lo que estamos viendo ahora, y lo que queda por llegar, estaría patas arriba.
En el béisbol, la figura del closer (o cerrador, como dicen en Latinoamérica y prefieren las agencias de prensa aquí en España), el pitcher que sacan los equipos en la novena y última entrada de los partidos apretados para eliminar a los 3 últimos jugadores e irse a casa con la victoria, ha tomado una relevancia casi mística, gracias, en parte a nombres como los de Eric Gagne o Mariano Rivera.
Y en otra buena parte, al márketing asociado a la palabra. Repítanla para sus adentros. The Closer. Suena al nombre del héroe de una película de acción. O incluso el del villano indestructible. Suena al especialista que ante un enorme problema, aparece y lo resuelve de manera instantánea y plúmbea.
La palabra tiene halo porque se aprovecha del énfasis que ponemos en el final de las cosas, la gloria del vencedor, la importancia del último tiro. Y cada vez se usa más y más en los corrillos baloncestísticos. Nos encanta pensar en el último tiro. Con el reloj apretando. Y con el mejor jugador, a poder ser. Y no para agrandar una figura, sino para vilipendiar al blanco preferido en la NBA. Anoche, tras la derrota en el cuarto partido contra Philadelphia, otra vez se ponía la maquinaria en marcha. LeBrick (¿LeDrillo? ¿LePiedra? adaptado cutremente al español) se convertía en trending topic en Twitter. Los habituales, con Skip Bayless a la cabeza, se disponían a atizar.
Y sus compañeros lo corroboran La semana pasada, Sports Illustrated dio a conocer los resultados de una encuesta realizada entre 166 jugadores de la NBA, para conocer a quien quieren ver tirando el último balón del partido. Kobe Bryant domina con un 74% y le sigue Durant con el 8%. Wade, Nowitzki, y Allen también aparecen. LeBron, no. Ni un solo voto al, posiblemente, mejor jugador de la NBA.
La decisión es unánime. LeBron James no es un closer.
Dos preguntas. ¿Seguro? ¿Pasaría algo si no lo fuera?
Empezamos por la segunda. Si el closer se mantiene en el béisbol, no es por su eficacia, ya que la técnica ya ha sido demostrada inútil de manera estadística. Entonces, ¿por qué sigue existiendo esa figura? Es el factor psicológico, el poder identificar a uno de tus jugadores con el momento decisivo, con el final feliz, con el factor añadido, del miedo imbuido en el enemigo. O incluso, en el caso contrario, para poder echar la culpa a alguien.
Pero para que el closer pueda salir a ganar un partido en la novena entrada, sus bateadores tienen que haber conseguido más carreras que las que han permitido sus compañeros de bullpen al equipo contrario. Durante 16 ó 17 entradas disputadas, 9 o más bateadores y por lo menos un lanzador, tienen que haber hecho su trabajo para poder glorificar una noche más a la estrella del rock. Un closer jamás ganará un partido solo.
LeBron James es excelente durante todo el partido. Con los dedos de una mano se pueden contar los jugadores que habrían podido llevar a Miami al segundo puesto en el Este si lo reemplazaran. Si de verdad es un jugador tan horrible en el último minuto, la solución es fácil, su GM se tiene que encargar de rodearlo de jugadores que sí lo sean, que sepan terminar el trabajo en los partidos en los que James no ha sido capaz de dirigir a su equipo con superioridad insultante. Nadie se acordó de estos problemas cuando gracias a él aplastaban a Lakers el día de Navidad. O cuando por fin ganaron, y de 23, a Boston.
Pero, ¿de verdad LeBron James no es un closer? O mejor dicho, ¿existen los closers en baloncesto? Puede que su tiro de larga distancia no sea fiable. Que como muchos creen, en el último minuto no busca la línea por miedo a fallar tiros libres con su porcentaje bajo par. Pero es que, a LeBron, todos los fallos se le cuentan en el «haber», nunca en el «debe», como sucede con otros. Una verdad a medias repetida mil veces, se convierte en dogma de fe, y solo oímos hablar de los fallos de unos y los aciertos de otros.
A Henry Abbott de la ESPN se le ocurrió mirar los números en enero de este año, y viendo todas las situaciones en las que un jugador tiraba a canasta los últimos 24 segundos con su equipo empatado o perdiendo de 1-2 puntos se encontró que en los 15 años, Kobe Bryant es el jugador que más tiros de este tipo ha anotado. Algo fácil cuando has tirado 24 veces más que el siguiente que más lo ha hecho (Vince Carter). Algo feo cuando a pesar de tirar 24 veces más, solo anotaste 5 más que él. Y algo horrible cuando tu porcentaje, un 31.3% se coloca como el 25º de los 30 que han tirado más de 30 tiros. LeBron es el 18. Ray Allen, otro de los elegidos por delante de él en la encuesta realizada, es el 19. Y esto sin tener en cuenta, que olvidando (muchos lo han hecho ya) el periodo de Smushes y Kwames, a Kobe siempre le ha rodeado gente mucho más capaz de quitarle presión, que cualquiera de los Cavaliers a LeBron.
Centrándonos en esta temporada regular, y echando un vistazo a las estadísticas publicadas por 82games.com que resumen el comportamiento de los jugadores cuando quedan 5 minutos por disputar del partido, y ninguno de los dos equipos se distancian en más de 5 puntos en el marcador, lo que podríamos llamar minutos decisivos, cuando aparece el gen clutch, hay empate técnico entre el Yin James y el Yang Bryant.
Kobe promedia 49.8 puntos cada 48 minutos decisivos por los 45.1 de James, pero LeBron tira menos, y lo hace de manera bastante más eficiente (0.6029 sobre 0.5391 en True Shooting %). James utiliza menos a sus compañeros, tanto como para crearse su propio tiro (un 23% de sus canastas en ese periodo son asistidas, ante un 27% para Bryant) como para pasarles (4.9 asistencias LBJ, 7.6 KB por 48 minutos decisivos). A cambio, rebotea mejor, tapona más y la pierde menos. Con LeBron en estos minutos, su equipo ha sido mejor que el rival por 0.33 puntos cada 5 minutos, y con Kobe 0.27. Y quedándonos en esta misma noche, la actuación de Kobe al final también ha dejado que desear. 0-3 en tiros de campo, 1-2 en tiros libres, solo 1 punto en los 5 últimos minutos. A la vista de estos números, ¿alguien puede decirme, realmente, por qué Kobe es indiscutible como el más decisivo y LeBron un paria?
No os voy a engañar, yo también me quedaría con Kobe al final de un partido. O incluso con Carmelo, el gran olvidado en el imaginario, pero rey en las estadísticas de este estilo. Incluso, ni siquiera lo eligiría a él en su equipo, sino a Wade. Pero es solo por sensaciones, por la confianza que me da, porque tengo mejores recuerdos de ellos. Pero basta con echar un vistazo a los números, para darnos cuenta que la percepción, y los ecos de lo que retumba en los medios de comunicación, a veces nos engañan.
Casi todos los jugadores NBA se comportan en los minutos finales de forma similar al resto del partido, pese a que no queramos creerlo. Por cada triple heroico sobre la bocina del que recordamos, hay dos fallos en partidos que no se guardan en el recuerdo, y que lo estampan contra el porcentaje medio de tiro del jugador. Michael Jordan, el jugador que a todos nos viene a la cabeza como infalible con el tiro ganador, anoto 33 de 58 intentos, un increible 56.9%, pero un aumento poco significativo sobre los 29 que hubiera anotado de haberse cumplido el promedio de su carrera. El mejor closer de la historia, apenas es un poco más efectivo que en el resto del partido.
Pero por algún extraño fenómeno, miramos con desconsuelo a LeBron por entrar tibiamente a canasta en una zona donde acierta el 72.1% de sus tiros, al mismo tiempo que pensamos que un tiro de tres de Kobe, de esos que solo mete un 32.3% de las veces en condiciones normales, con dificultad añadida, va a ser la panacea. Y la realidad es que un tiro final es como cualquier otro tiro. La aleatoriedad manda. Diantres, pero si Zach Randolph, con su etiqueta de ilustre perdedor habitual y de tirador de triples pútrido, metió uno en el momento más decisivo este sábado.
Pero nos encanta ver mitos y heroes caídos, recordar los desenlaces y revisitar la historia. Le hemos dado un rol especial al pitcher que sola y exclusivamente sale en la novena entrada con atronadora música de fondo, a pesar de que lo más inteligente sea sacar a ese jugador al campo, quizá antes, quizá después si el emparejamiento es desfavorable. Nos gusta más como suena The Closer, que el antiguo término que se usaba para referirse al lanzador final, Fireman (bombero). Y hace un tiempo, decidieron que les gustaba más bombero que, por ejemplo, eso, último lanzador. Si no hay épica, la inventamos. Y que importa que se sustente en algo.
Y por cierto, anoche, Rivera, el closer de los Yankees, el cerrador por excelencia, la deidad de la última entrada, se dejó empatar el partido por Baltimore. Y hace 4 días, en su actuación anterior, hizo lo mismo contra Toronto. Nadie es perfecto.
Hoy he podido ver por fin un partido de la serie entre los Thunder y los Nuggets, y la verdad, es que a parte de la gran sorpresa de ver que las cosas van 3-0… ver a Ibaka es una aunténtica delicia.
En los pronósticos que hice en su día, ni por asomo pensaba que la serie entre OKC y Denver iba a ponerse 3-0 para ninguno de los dos, ni por asomo, veía algo mucho más igualado, algo que iba a dar muuucho más juego, pero la verdad es que por unas cosas o por otras, la cosa no está como esperábamos.
El Pepsi Center se llenó hasta la bandera para ver a estos Nuggets post-Melodrama, encarar unos PO ilusionantes, ante el equipo tal vez más ilusionante para todos com0 son los Thunder, pero el gran equipo (lo repito, me gusta mucho el roster de Nuggets) de Denver no supo encarar de buena forma este partido. Gallinari ni se le vió u ni Lawson ni Felton se aprovecharon del día más que gris de Westbrook, algo que no se puede perdonar, porque si de un sitio te van a venir seguro por parte de los Thunder, va a ser de su PG y si no aprovechas su día gris estás muerto.
Tan sólo el juego interior, con un gran Nene y una muy buena aportación de Birdman desde el banquillo, estuvieron a la altura de lo que se esperaba de este 3er partido de la serie.
Por parte de los Thunder, Ibaka destapó el tarro de las esencias con canastas de todos los colores y demostrando que es un portento físico, sus 22 puntos y 16 rebotes fueron una muestra más que ni la llegada de Perkins le hace sombra. Intimida y anota, algo que hoy en día escasea mucho en la liga, algo que le puede hacer (junto con Durant y Westbrook claro) a los Thunder, ser un equipo más y más peligroso conforme vaya avanzando este PO.
Así que lo tengo claro, que alguien avise a Scariolo y le diga que hay que convocarlo YA y por cierto, esto me lleva a otra pregunta… por qué Scariolo sigue siendo seleccionador?