La mejor noticia para Memphis es que no hay basket-average, ni bonus, ni ganar de 20 vale por 2 victorias… por mucho que la apisonadora te haya aplastado, sólo han ganado un partido nada más.
Aunque haya mucho boxscorista emperrado con mandar balones al poste bajo a Gasol y Z-Bo, y si tienen el día esplendido, ciertamente se puede ganar basándote en ellos, tratar de batir a San Antonio así es ponerte el 2K13 en nivel Hall of Fame. Los Spurs son el equipo que menos puntos por posesión concede en cortes a la canasta, y el segundo mejor cuando son posteados, por lo que dejarlo todo a la estrategia del big-ball es irte a echar un paintball vestido de domingo.
Lo que más hace sufrir a San Antonio, es tener enfrente a quien juega como ellos. Un base que saliendo del bloqueo directo, pueda tirar o pasar (sobre todo tirar y finalizar, porque evitan ayudar en la medida de lo posible) en cualquier punto entre la salida de la pantalla y el aro. Hace más falta Conley que Randolph.
Pero el problema de ayer, fue, sobre todo, que no pudieron parar a los Spurs. Los Grizzlies metieron los dos primeros puntos, y ya no volvieron a estar por delante. Sólo cuando la segunda unidad, con triples de Pondexter, acercó al equipo a 6 puntitos al final del tercer cuarto, parecía que podía haber partido. Pero tiempo muerto de Popovich, al poco triple de Manu, los Grizzlies un rato sin anotar, y adiós otra vez.
Un 30% (28) de las jugadas de los Spurs acabaron con tiro tras pase, una cifra extraordinaria. Memphis venía de jugar contra Clippers y Thunder, dos equipos prolíficos con los aclarados y menos generosos en el reparto, y ahora tienen que cambiar la mentalidad al perpetuum mobile de San Antonio. Son partidos como este, en los que pierden gran parte de la baza de Tony Allen en defensa, que es un bozal para las estrellas, no un perseguidor de pases y no pueden ser físicos con un equipo que no conduce el balón.
Los Spurs también tuvieron un día de esos de los que los pases circulan sin problemas, la sincronización es absoluta y los tiros entran. No siempre es así, y como cualquier otro equipo, cuando fallen, dejarán de confiar en la idea que les llevó hasta allí. Los Grizzlies tienen que volver a darse a cuenta que ahora están en un cinco contra cinco, y que tienen que ser agresivos hasta con los que no llevan el balón. Dar esos empujones a destiempo, unos encontronazos de los pívots con los jugadores que cambian de lado a lado… toca estar pendiente de todo.
Este partido no tuvo mucha historia, ni espero que lo que veamos de aquí en adelante guarde mucha relación. Pero los Spurs ya han dejado un cuarto del trabajo hecho.
El detalle: Los sentimientos encontrados que provoca ver a T-Mac convertido en el puro humano de la victoria… en San Antonio
Si los Knicks, algún matiz aparte, hubieran jugado siempre como ayer, seguramente tendríamos un 7º partido, y ellos serían los favoritos.
Y si tuvieran ruedas serían una bicicleta, pero no es el caso, y lo único que son es otro equipo eliminado de estos Playoffs con un buen partido, al que se volvieron a presentar los únicos que lo han estado haciendo durante toda la serie.
Superlativo Carmelo Anthony, que cerró un partido magnífico, aunque se le hizo un poco largo, con el también excelente Paul George colgado a su espalda todo el rato. Sólo si se da el crédito que merece el defensor de Indiana, y se entienden las limitaciones que tenía alrededor en New York, se puede entender el grado de dificultad de lo que hizo anoche este jugador, que vuelve a ser la cabeza visible de otro fracaso, o al menos, decepción en Playoffs. Hay quien no tiene suerte.
Notables Shumpert y Prigioni, que supieron encontrar su sitio cuando eran defendidos por una ala-pívot en esos cruces cruzados que había elegido Indiana en defensa. Los Knicks, y no sé quién será el culpable, aunque lo sospecho, no han exprimido esta naranja casi nada, una pasada y gracias, y es una pena porque el zumo estaba delicioso. De hecho, los mejores y peores momentos de uno y otro en este partido iban relacionados con esta desigualdad.
Pero no la aprovecharon siempre tampoco: justo antes de los tres triples seguidos de Iman, los Knicks ejecutaron un par de jugadas partiendo de la formación «Cuernos», que coloca a los dos exteriores en las esquinas, y los dos hombres altos en la línea de tiros libres. En este caso, para atraer a West hacia fuera, utilizaban a Shumpert como interior, poniendo pantallas en el poste alto. Evidentemente, esto funcionó horrible: era él el que parecía bloqueado, quedándose atrás, metido en una maraña. Menos mal que se rectificó.
En lo malo, Tyson Chandler, que claramente no estaba en condiciones para Playoffs, y otro año más no llega al 100% a las eliminatorias por el título. Jason Kidd, que ha metido los mismos puntos que usted, querido lector, con la diferencia de que él ha tenido 89 minutos para hacer algo. Y JR Smith, que ya no es lo que mete y lo que falla, que ya se sabe lo que hay. Es la indolencia y la pasividad en defensa. En el último cuarto vimos como su hombre cortaba con placidez a la canasta, le cogía el rebote ofensivo en un tiro libre, etc… y él mirando, como si fuera la retaguardia de Rihanna.
También hay que dar crédito a los Pacers, por supuesto, con Stephenson haciendo un partido de esos de bola de demolición humana que no le importaría haber firmado al mismísimo Westbrook. Puso en tanto apuro a Prigioni que seguramente le negó la producción de todo lo bueno que este hizo en ataque y se rió en la cara de JR Smith. Y la pareja George–Hibbert es siempre un espectáculo en defensa, y a veces, en ataque. Ayer fue uno de esos días que brillan en los dos lados.
Los Knicks se hincharon a faltas (46 a 18 en tiros libres), pero no hay que reclamar conspiración arbitral. Con un Chandler transparente, y un juego exterior indispuesto, cada uno por sus motivos, de parar la penetración, los Pacers buscaron sin descanso la zona de los Knicks, y repicaron en las segundas oportunidades con rebotes ofensivos. Hicieron un partido de manual, que ni siquiera la diferencia en el acierto desde el perímetro (43%-27%), decantó en su contra.
Ahora serán un hueso para Miami, en el año que parece triunfar la metalurgia en la NBA. Blue Collar, Gold Swagger.
El detalle: Es el primer partido de Playoffs desde, al menos, donde llega la base de datos de Basketball-Reference.com, 1986, en el que un equipo, que tira al menos 30 triples, y tiene 15 puntos porcentuales más de acierto desde el perímetro que su rival, acaba perdiendo. Hasta ahora esos partidos iban 9-0 a favor, incluido el 5º partido este año entre Houston y OKC.
Cuando una serie de éxito termina, y para continuar explotándola hay que tirar de un spin-off, en el que uno de sus personajes empieza con todo el peso sobre sus espaldas, sólo hay una manera de tener éxito: que el nuevo reparto arrope bien a su líder, y que varios intérpretes emerjan y se conviertan en importantes. Si no lo hacen, no importa lo excelente que pueda llegar a ser la estrella, que mantenga su nivel, o que incluso lo supere. El barco va a pique. Así, Oklahoma City Thunder, tras unos cuantos capítulos de Playoffs, está siendo mucho más Joey que Frasier.
Memphis está tirando todo lo que tiene, empezando por el temible bucanero Tony Allen contra Durant, y el único que está espabilado, y desde un papel muy secundario, es Derek Fisher.
Ibaka no se crea su propio tiro, y no iba a empezar a hacerlo ahora, pero está fallando aquellas suspensiones para las que sí se ha podido contar con él durante toda la temporada, y que ayudaron a subir un escalón al ataque de este equipo. Kevin Martin sí que parecía tener un ápice de creacionismo encima y era la mayor esperanza de este equipo, pero como mejor ha burlado a la defensa de Memphis, fue en el primer partido, sin balón, obligando a Tony Allen a perseguir sombras en lugar de poder presionar encima. Y a Reggie Jackson se le vio ayer más cómodo saliendo al contraataque y aumentando al ritmo, pero ahora mismo es caviar de imitación, huevas de lumpo.
OKC, aún sin Westbrook son un buen equipo, seguramente entrarían en Playoffs y están plantado cara (y aún podrían salir victoriosos, por supuesto) a Memphis. Pero en mayo, no es suficiente.
Porque lo que tienen enfrente, es de aúpa. Marc Gasol y Mike Conley están jugando los mejores partidos de la temporada, en el que es el año más sobresaliente de sus carreras. La defensa de este equipo es terriblemente sólida, hasta en días como ayer, que perdieron la batalla del rebote. Están mandando en el ritmo y han decidido que va a haber más percusión que melodía. Y ya ganan hasta cuando alguna de sus carencias es más sangrante: cinco partidos de seis victoriosos con menos de cinco triples anotados. Memphis está donde está por méritos propios, no por faltas rivales.
De todos modos, los Thunder tienen el consuelo de que los tres partidos han estado a tiro. Han dado una mayor sensación de fragilidad en todos ellos (hasta en el que ganaron, que dejó la impresión de oportunidad perdida por Memphis), pero están tan cerca, que la diferencia podría ser un pequeño ajuste. Muchas series de televisión, mejoraron y extendieron su vida simplemente con un pequeño giro de guión…
El detalle: OKC ha jugado 81 posesiones, un 30% del total con un solo hombre alto (4 con Perkins, 27 con Collison y 50 con Ibaka). En ese segmento están +11, con un 95-84 de parcial, y casi todo en los ratos con Air Congo (+12). Como en el global de la serie, su diferencia con Memphis es de -10, OKC está +11 con el small-ball, y -21 con dos hombres altos.
Luego, en estos 3 partidos, OKC es -15.8 puntos por 100 posesiones peores con Perkins en pista, +9.2 sin él. Esa diferencia de -25 por 100 es la mayor en todo el equipo. Hay algo de déjà-vu en esto, cuando todo va bien no pasa nada, pero cuando llega un equipo mejor (Finales 2012), nos toca recordarlo. ¿Útil para defender a Gasol? Marc ya se lo está comiendo con patatas, así que…
Más emoción, imposible. Las cuatro semifinales de Conferencia están empatadas a uno y mientras que en el Este los favoritos comenzaron con un desliz, y en el segundo partido sacaron el martillo pilón, en el Oeste, Oklahoma City y San Antonio empezaron con victorias por los pelos, seguidas de un par de derrotas convincentes.
Incrédulo y escéptico como es uno, cuesta creerse mucho la historia de los Warriors, con su All-Star (al que nombraron, vamos) lesionado y con novatos haciendo de lugartenientes. Es un desafío absoluto a la Historia de este deporte. Una afrenta a todo lo que creíamos saber y conocer. Y por momentos así, supongo, que es por lo que nos gusta tanto esto.
Hasta con un partido discreto de Curry, que parecía camino de empezar una noche irrepetible, cuando acertó con dos triples en las primeras posesiones del partido, les bastó. Ayudó que Steph le pasara los superpoderes a Klay Thompson, que metió 29 puntos en la primera parte, y con 8 triples, se quedó a uno de igualar el récord en Playoffs que comparten cuatro jugadores.
Perdiendo de 19 en el descanso tras la explosión del otro 50% de los Splash Brothers, Popovich hizo pequeño al equipo, sacando de inicio a Neal por Bonner, y se mantuvo sin juntar a dos hombres altos en pista durante toda la segunda parte, salvo por un par de minutos, después de no haberlo hecho apenas nada en la primera. El partido que abría la serie lo remontaron sólo con Diaw, y a lo largo de dos encuentros ya acumulan un +13 con un sólo jugador interior, y -20 con dos.
Aunque el cambio táctico hizo que se acercaran disimuladamente, esta vez, a diferencia de las anteriores en las que los Warriors han pasado apuros, no se dejaron empatar. San Antonio llegó a ponerse a 6 de diferencia un par de veces, pero Golden State contestó con autoridad. La primera fue con un tiro a media distancia de Tony Parker con 7 minutos todavía por delante, respondido de inmediato por un triple de Draymond Green que silenció por completo un AT&T Center que rompía en júbilo segundos antes, y la segunda, una canasta de tres de Manu en una posición simétrica a aquella desde la que ganó el primer partido a falta de 4:23, que compensó Curry, sin pensarlo, en la siguiente posesión, en una valiente penetración.
San Antonio se pasó cuatro minutos enteros sin anotar, y Popovich tiraba la toalla con McGrady y el resto del final del banquillo, a falta de un minuto perdiendo de 10.
Después de que los Warriors rompieran esa racha de chorrocientos años sin ganar en San Antonio, ahora les toca a ellos ir a Oakland, donde sólo han perdido un partido de Playoffs en 19 años (que se hayan jugado sólo ocho, algo tiene que ver). Y bromas aparte, el ambiente del Oracle va a ser una auténtica locura, y podría jugarle una mala pasada a un equipo que va a llegar allí cargado de dudas.
San Antonio tiene el consuelo de pensar que están por debajo de su nivel, y que a los Warriors no le podrían estar saliendo mejor las cosas, y el equilibrio del balancín debería volver hacia ellos. Pero, ¿y si Parker no arranca? ¿Podrá Duncan imponerse a un genialísimo Bogut con lo lejos que parece eso ahora? ¿Tiene este equipo recursos para reponerse a un partido horrible en el tiro como el de anoche frente a Golden State? El margen de error, cada vez más pequeño.
El detalle: Esta noche no habrá ningún partido, y el orden de las series cambia mañana: el viernes están programados los mismos equipos que anoche (Spurs-Warriors, Heat-Bulls) y los que jugaron el martes tendrán el tercer partido el sábado.
En el primer partido de la serie entre Indiana y New York, Roy Hibbert puso 5 tapones, alteró muchos más tiros, e hizo que todo el mundo se llevara las manos a la cabeza con su décimo puesto en la lista de defensores del año. Los Knicks no dejaban de estrellarse contra él y anotaron solamente el 44.2% de los intentos cerca del aro.
La estrategia defensiva de Indiana en los bloqueos directos con Hibbert en pista, suele ser tratar de negarlos. La idea es que el jugador no utilice la pantalla que colocan para él, pero a cambio se le concede un camino relativamente fácil hacia la canasta. En este caso, el defensor del hombre alto, que no ha salido, espera en las proximidades del aro, y será él, el que tenga que utilizar su capacidad de intimidación para defender la jugada. Así los Pacers llevan a los rivales a encontrarse con Roy.
En el siguiente ejemplo lo vemos. Tyson Chandler y JR Smith inician un bloqueo directo en el ala izquierda. Roy Hibbert se queda esperando un par de metros atrás, esperando que Smith llegue. La tarea para Lance Stephenson, por su parte, consiste en que JR no aproveche el bloqueo, y tenga que salir por la izquierda
Así Indiana consigue lo que quiere, obligar a NY a tener que anotar sobre Hibbert, una tarea bastante complicada.
¿Cómo podría New York atacar esto? Cortar por detrás de Hibbert no es fácil, ni los Knicks son un equipo que esté habituado a hacerlo (sólo en el 5.2% de sus posesiones, una de las marcas más bajas de la Liga). Suelen defender sin necesidad de muchas ayudas por lo que es difícil de encontrar tiradores en las esquinas. El único jugador de los Knicks que parece atraer a los defensores hacia el medio es Anthony, que cuanto ataca la zona lo hace con mentalidad anotadora. Mucha gente pide más agresividad para que los hombres altos de los Knicks fuercen el dos contra uno, pero esto no es nada fácil si el bloqueo se niega, porque una de las ventajas para la defensa de este método es que el negador suele permanecer atento a la línea de pase. De hecho, con Hibbert en pista, ningún pívot de los Knicks ha finalizado cerca del aro en estos dos partidos.
Indiana defiende los bloqueos directos con Hibbert, obligándote a batirles desde fuera, y habitualmente, tras bote. Muchos equipos no tienen el personal para hacerlo, y si lo tienen, a veces es a costa de sacrificar la defensa. Pero no es mala noticia para los Knicks, que son excelentes desde el perímetro. Eso sí, tienen que ser inteligentes, porque no todas las opciones son igual de buenas.
Por ejemplo, al negar los bloqueos y dejar caer al hombre alto a la zona, la solución más fácil y rápida es el pase a Tyson Chandler, que siempre tendrá un tiro abierto a media distancia con este esquema. Pero…
…el problema es que esto se convierte en una ventaja teórica de los Pacers en esta serie. El pívot de los Knicks sólo ha tirado en ese área más allá de la línea de tiro libre nueve veces en toda la temporada. Dejar que un jugador que está poco acostumbrado intente el tiro menos eficiente en baloncesto, suele ser una buena noticia para la defensa rival. Los mejores jugadores de la Liga desde ahí suelen meter un 50%, que siempre es un porcentaje más bajo que cerca del aro, no se sacan faltas, y se suelen coger menos rebotes de ataque. En Dallas, Chandler se prodigaba un poco más por esa zona, pero algunas eran jugadas diseñadas, diferentes a tirar desde la dinámica del pick’n’roll, y su porcentaje fue del 48%, algo con lo que Indiana estaría dispuesto a vivir. Kenyon Martin sí que lo ha aprovechado un par de veces, y lleva dos canastas a media distancia ante Hibbert, pero esto debería ser más excepción que regla.
Lo que New York tiene que hacer es empezar los bloqueos fuera de la línea de tres, y tener a sus jugadores preparados para tirar el triple tras bote si Chandler es capaz de poner la pantalla.
Los Knicks tienen una de las mejores marcas de la Liga tirando de 3 desde el pick’n’roll, metiendo el 43.2% de los triples, una cantidad equivalente a más del 65% en tiros de dos. Hibbert no se va a acercar (hasta que Indiana ajuste al menos) a puntear el tiro, y los exteriores de los Knicks tienen que grabarse a fuego que si el bloqueo es exitoso, tendrán la oportunidad abierta, como hizo Prigioni anoche. Aquí vemos a Stephenson preparado para negar la ayuda, y Hibbert como siempre esperando atrás…
Pero esta vez Tyson es capaz de aprovechar que Lance no está todo lo perpendicular a la canasta que debería, ni muy atento, y con eso y agarrar un poquito, lo elimina de la jugada y crea una opción de tiro abierto que Pablo reconoce inmediatamente.
En la siguiente jugada sucede algo parecido. Esta vez es Melo el que lleva la pelota, y George Hill el que intenta negar el bloqueo tras un cambio.
En este caso, la negación está siendo bien ejecutada, pero Anthony y su legendario primer paso, amaga con utilizar el bloqueo igual, obligando a Hill a dar un paso hacia a la izquierda para que no lo haga, lo que permite a Chandler girarse y poner el bloqueo por el otro lado. Fijaos a como cambia el pívot su posición entre la imagen anterior y la siguiente:
Hill ha picado, se encuentra con el bloqueo donde no lo esperaba, y ahora Melo tiene la opción de tirar el triple a placer.
Los Knicks anoche acabaron con un triple 5 de las 22 jugadas etiquetadas como bloqueo directo, mientras que en el primer partido sólo lo hicieron 2 de 30 (y uno de los intentos fue sobre la bocina). Chandler y el jugador al que bloquee tienen que coordinarse bien para evitar la negación y aprovechar los despistes, y así acabarán sacando a Hibbert de la zona.
Otra opción, por diversificar un poco el ataque es pedirle a Felton, o a Prigioni también, que hagan pagar con el floater cuando Hibbert espere demasiado atrás. Raymond tiene un 56% de acierto (y Pablo un 60%, pero sólo en 5 intentos), y de hecho, ayer lo tenían en el guión porque fue lo que hicieron en las dos primeras jugadas del partido, aunque luego no lo recuperaron ninguna otra vez en el resto del encuentro.
Y finalmente, Melo se tiene que ganar el sueldo. Es uno de los mejores tiradores de media distancia de la NBA, y como ya dijimos, el único al que los Pacers respetan para ayudar más de lo que deberían. En la siguiente captura vemos como Hill y Stephenson se han cerrado ante la amenaza que supone, y Melo acaba consiguiendo la asistencia para Felton. Si lee bien estas situaciones, y es generoso, podrá conseguir despejar el camino para cuando se la quiera jugar luego él.
En definitiva, lo habitual es pedirle a un equipo y a un jugador que sean agresivos y ataquen la canasta, pero aquí en mi opinión, las características de ambas franquicias incitan a cambiar el guión. Los Knicks necesitan obligar a Hibbert a defender más arriba si quieren acabar invadiendo el aro, y ellos tienen el personal adecuado para hacerlo. Evidentemente, vivir de las suspensiones y la media distancia tiene un gran riesgo, pero ahí está la grandeza de Indiana, por eso son una de las mejores defensas de la Liga, y ganar en las semifinales de Conferencia no es fácil.
Pero New York movió pieza anoche, y veremos si Vogel ajusta algo para el siguiente.
Joakim Noah dijo que esta serie iba a ser «una guerra». Pues la primera batalla ha parecido seguir el guión de una de las famosas en la Historia, la del Lago Peipus.
Los Caballeros Teutónicos, reforzados con las armaduras más contundentes conocidas en la época, siglo XIII, iniciaban su cruzada contra los cristianos ortodoxos de la República de Nóvgorod, que se encontraban diezmados tras sus luchas contra invasores mongoles y suecos. La Deutscher Orden era la gran favorita y como su ejército estaba formado por caballería pesada, en contraste con la aparente ligereza rusa, la utilizaron de ariete para arremeter contra su débil oponente.
Pero no contaron con una cosa, el territorio en el que estaban librando la batalla era un lago helado. La menor fuerza de rozamiento les convertía en un grupo lento para la superficie en la que se encontraban, y cuando su rival no se arrugó tras la primera carga, se vieron rodeados. Intentaron retroceder, pero entonces fue la gravedad, que atraía esa contundencia hacia un hielo a punto de quebrar, la que hundió al ejército en el agua. Cayeron por su propio peso, y nunca mejor dicho.
Dirigidos por Tim Aleksandr Nevski Thibodeau, que entiende de física, de la cosa bélica, y también un poquito de baloncesto, los Bulls, aunque jugaban fuera, transformaron el rectángulo de 94 por 50 pies del AmericanAirlines Arena en su terreno, aguantaron la embestida con oficio, y observaron como la superpotencia moría bajo el agua. No estaba Deng, ni Hinrich, ni, por supuesto, Rose. Pero cuando pararon el contador de partidos consecutivos invictos de los Heat en su día, tampoco les hizo falta Noah.
Si en la victoria con la que acabaron con la histórica racha de Miami ganaron gracias al ataque (alto número de rebotes ofensivos, y un 50% de acierto efectivo fuera de la pintura), en esta se impusieron con su seña de identidad: la sempiterna (desde Thibs) defensa. Ajustando a ritmo, dejaron a Miami en 94.5 puntos por 100 posesiones, una cifra que está por debajo, y con un buen colchón, de la del peor equipo de la Liga esta temporada. Esta marca es la 6ª más baja para Miami este año, y en todos los partidos en los que no han llegado al 95 en Índice Ofensivo, han perdido.
Cambiaron el dominio en el rebote en ataque (esta vez sólo cogieron el 26.5% de los disponibles, por debajo de su media habitual) por el defensivo, donde Miami sólo capturó 7 de 44 oportunidades (un 16%). Es curioso como Chicago, que no es un equipo que este año haya sido especialmente incisivo en esta faceta (se encuentran alrededor de la media de la Liga) ha logrado mantener a Miami por debajo del 20% 4 veces (de las 23 veces que les ha sucedido esta temporada), y en 3 de ellas se alzaron con la victoria. De hecho, 3 de los 5 mejores partidos de la temporada (y el décimo) de los Bulls en su propio tablero han venido contra Miami: ya está claro que hay una orden precisa de no conceder segundas oportunidades a este equipo.
Nombres propios en esta victoria de la tropa poco ortodoxa (pese a nuestra comparación) de Thibodeau hay, lo difícil es elegir por donde empezar. Noah fue el corazón, como siempre, con ese latido convulso y espídico de su juego. Su omnipresencia defensiva hace que te entren ganas de rebobinar y ver si se teletransporta de un sitio a otro. Jimmy Butler, que jugaba su tercer partido completo en cinco noches, defendió a LeBron como el que mejor lo haya podido hacer en este año. Robinson tenía una canasta guardada siempre que Chicago la necesitaba, e hizo falta sobre todo al final, cuando con el partido empatado a 86 restando minuto y medio, metió los 7 puntos que le quedaban a este partido. Belinelli sólo metió dos triples, pero lo hizo en los 5 minutos finales, y ambos servían para empatar y notificar a Miami que estaban allí, y no se iban a ir. Los dos jugadores de perímetro, además, se tuvieron que comer una minutada, porque de los dos únicos sustitutos que tenían, uno, Teague era un muñeco ante la presión y los dos-contra-uno de Miami, y el otro, Cook perdió dos balones en minuto y medio por no ser capaz de mantener sus pies en la pista. Ese era el nivel.
El único que tal vez dio un poco la nota fue Carlos Boozer. A pesar de la ventaja que tiene sobre Haslem cuando Miami sale con dos hombres altos tradicionales en el quinteto inicial, no fue capaz de aprovecharla (y dejó algún momento vergonzoso como el tapón que LeBron le puso en una vaga bandeja), y de hecho Gibson jugó casi tanto como él. Pese a que lo fácil sea atizarle, porque a veces se lo gana… y por lo que gana, Boozer es un jugador notable, y fue una bestia en la (ya penúltima) victoria ante Miami. Pero en aquel partido pudo jugar a ratos de falso pívot emparejado con Bosh, y ahora está Noah, que es el que ocupa la posición. Cuando Miami se hace pequeño, Gibson es mucho más apropiado, y el Dukie tendrá que darle motivos a Thibs para justificar su presencia.
¿Tiene Miami que preocuparse? Relativamente. Han perdido la ventaja de campo, y está claro que Chicago es un gran y corajudo rival. Pero si se quiere ver de una manera optimista, la varianza, la suerte, la aleatoriedad o como queráis llamarla le jugó una mala pasada a los Heat. Metieron sólo el 29.7% de los triples (ni el peor equipo en este aspecto, los Wolves, acabó con un porcentaje tan malo), y muchos de ellos fueron buenos intentos, con jugadores solos, que deberían acabar entrando. También acertaron solamente el 55.6% de los tiros cerca del aro, cuando durante la temporada lo hacen en el 66.4% de las ocasiones, mejor marca de la Liga. El buen hacer en las rotaciones, la defensa de los bloqueos y la intimidación de Chicago tienen algo que ver, por supuesto, pero Miami se dejó buenas oportunidades, de las que suelen meter, colgando por el camino.
No dio la impresión de falta de agresividad o conformismo con las suspensiones por parte de Miami, y los números lo corroboran, 27 tiros a menos de 5 pies de Miami, 25 tiros libres y 20 faltas pitadas a Chicago anoche, cifras clavadas al 26.3/24.6/21.3 que promedian en casa en Temporada Regular en estas categorías. Tampoco recibieron un empujón arbitral que se lamentarían de desperdiciar, simplemente, el equipo de enfrente acertó más que ellos.
En definitiva, Chicago ganó la batalla, pero le quedan seis partidos para conseguir otras tres. Fue una victoria merecida, pero no dominante, les queda por hacer. Aunque, como decían en aquella obra maestra de la Nouvelle Vague, Blade, «Hay cabrones que se empeñan en patinar sobre hielo cuesta arriba «. Y nosotros encantados de que lo hagan.
El detalle: Aunque no haya crónica, no os perdáis el otro partido de la noche, el Warriors-Spurs.
Los Celtics anoche maquillaron con 7 minutos de orgullo, lo que fue una actuación paupérrima en los 41 restantes. A falta de 10 perdían de 26 puntos, y llegaron a colocarse a 4, hasta que la resaca les volvió a mandar lejos de la orilla.
No importa que no podamos encontrar restos de orgullo en el tercer partido, el primero que jugaron en Playoffs en el TD Garden. O en las dos segundas partes de las dos primeros partidos en New York. O en los tres primeros cuartos en este último, en los que anotaron 47 puntos, en casa. Tampoco se habló de él cuando los Knicks forzaron la prórroga viniendo desde 20 puntos abajo en la segunda parte del cuarto partido.
De hecho, anoche, en la postrimería del partido, se hablaba en Twitter de si se renovará a Pierce, si KG volvería, lamentos por la lesión de Rondo… ni los propios aficionados se acordaron de Santa Bárbara hasta que empezó a tronar con la ayuda de las pérdidas de JR Smith y el resto de los Knicks, pero en cuanto la racha se montó, volvieron a reclamar lo suyo.
Al final los Knicks, a los que se les ha visto más trémulos de lo esperado, aprovecharon su match-ball y evitaron la posibilidad de entrar en los libros de Historia, primero anoche, y luego en un teórico séptimo partido. La circulación de balón mejoró algo, Shumpert está cogiendo confianza y Chandler ritmo. Nos lo pasaremos bien en la serie contra Indiana.
Pero este partido que por poco no sucedió (Carmelo falló dos tiros libres con 82-82 en un partido que acabó 84-84, y que hubiera significado la barrida a Boston…), será recordado como el de la derrota pírrica, el que ganaron los que perdieron.
La historia de los Celtics se basa en tener más campeonatos que nadie, no en quedarse fuera, y tan claramente como lo hicieron, en las primeras rondas. Si se empieza a celebrar esto, se acaba siendo como, por ejemplo, los Hawks (que ayer en una situación idéntica, partido de eliminación en casa, pasaron de ir perdiendo de 17 en el último cuarto a bajar la diferencia a 3).
Que los Celtics tengan más remontadas o momentos épicos, es función también del volumen: casi nadie ha tenido tanto éxito como ellos. Si juegas más partidos que nadie, más posibilidades habrá de que surjan momentos inolvidables por el camino. Los Warriors, por ejemplo, nos han dado dos series memorables, de esas que darían para una leyenda de matagigantes si las juntamos con otras dos o tres, pero habiéndose clasificado 2 veces en 18 años, es imposible.
No es que a este equipo se le pudiera pedir mucho más. Pierce ha jugado 2500 minutos con 35 años, y Garnett no ha parado tampoco. La pérdida de Rondo es una losa enorme, no sólo por lo que aporta él, sino porque no tenía sustituto. No hay en la plantilla ningún creador bajito que juegue para todos. Esta encarnación de los Celtics ha llegado seguramente hasta donde podía.
Pero si tienen 17 anillos, no ha sido precisamente por conformarse con eso.
Memphis ganó el quinto partido, aquel tradicionalmente clave cuando la serie va 2-2, y tendrán la oportunidad de eliminar por fin a los Clippers, y hacerlo en casa. Ahora mismo tenemos cinco eliminatorias que podrían ser ganadas por el equipo local en el siguiente partido, y en tres de ellas, la sarten la tiene por el mango el equipo peor clasificado.
Es difícil destacar un jugador en Memphis de su quinteto titular, porque anoche los cinco jugaron a la perfección, cada uno cumpliendo su rol, de manera más que efectiva. Por contraste, los Clippers apenas disfrutaron de Griffin, que estaba limitado por un esguince de tobillo y no terminó el partido, y tienen a gente como Billups (su porcentaje de tiros de campo ajustado a triples es de 40.6%) que no está ni se le espera.
Chauncey sólo juega 19 minutos por partido en estos Playoffs y con esto ya ha acumulado… el 10% del tiempo que ha estado en pista en Temporada Regular, ¡las dos ultimas temporadas! Tengo muchas dudas de que su ritmo de competición fuera el adecuado, o de que esté mejor que, por ejemplo Willie Green (duele escribirlo, pero es así), pero Del Negro ya está en modo tiro mierda a la pared, a ver que se pega, como lo demuestra el cameo de anoche de Grant Hill, que todavía no había jugado en Playoffs, pese a que su mejor partido del año lo jugó contra Memphis, allá por enero (lo cual no es decir mucho, ni significa nada, pero aun así). Esta vez se acordó de él, por primera vez, a falta de 5 minutos, con opciones todavía para LA, y aunque Hill se dirigió a la tabla de anotadores dispuesto a entrar a la pista, nunca lo hizo, y no sabemos el porqué.
Del Negro, que acaba contrato este verano se está jugando el puesto, y como las cosas no cambien mucho, esta serie es la firma en su sentencia. Lo único que le podría librar es que otros entrenadores pidan más dinero y Sterling se quede con él porque le salga más barato.
Las únicas notas positivas fueron los chispazos de Crawford, el juego polivalente de Barnes, y Chris Paul, que jugó un buen partido después de dos flojos, pero no fue todo lo efectivo que debería. Uno de sus defectos es que cuando siente que el resto del equipo no tiene el nivel, y que el partido lo tiene que ganar él, se pone las anteojeras, y se lo juega absolutamente todo. Y lo hace bien (35 puntos en 29 posesiones es muy buena marca), pero pierde la poca implicación que sus compañeros podrían tener.
Y con tan poco no se le puede ganar a unos Grizzlies tan maravillosos como los de ayer. Siguen teniendo sequías anotadoras, en las que pasan las posesiones y no son capaces de ver aro, y una carencia enorme con el juego exterior (sólo tres triples anoche), pero también, por otro lado, obligan a los equipos rivales a jugar como ellos. Ya tienen la ventaja, veamos ahora si la aprovechan.
El detalle: De pasar, en la siguiente ronda los Grizzlies se encuentran con OKC, a los que siempre les dan problemas, y esta vez no tienen a Westbrook, en la Final de Conferencia, lo más probable, a San Antonio (ya sabemos que pasó en 2011) y en las Finales a Miami. Los Grizzlies están algún escalón por debajo de todos ellos, pero son todos mejor emparejamiento que los Clippers. Es muy difícil, pero mejor oportunidad para llegar lejos, no van a tener.