Defensa, defensa y más defensa. Esa sería la definición y el resumen rápido del partido de ayer que abría The Finals, un partido que si no llega a ser porque era una final, no pasaría para nada a la historia del baloncesto.
El partido empezó fallón, con poco acierto en ambos ataques y con muchas imprecisiones y no se veía a Robin Hood cómodo. El partido siguió dominado por las defensa.
Mavs va a tener que cambiar mucho para querer llevarse el anillo, ya que en partidos a 80 puntos va a tener siempre las de perder, Mavs necesita anotar, darle mucho ritmo al juego y que sus exteriores anoten fácil, mientras que no se haga así pocas oportunidades va a tener en la serie… o que Robin Hood tenga el día claro.
Heat está cómodo a 80 puntos, con sus 3 jugadores anotando y el resto defendiendo, con eso le basta, algo triste la verdad, pero así es el este: defensa, defensa y defensa, y a estas alturas no van a cambiar.
Espero que esto cambie, porque si no vamos a tener un mega-tostón de final que va a ser infumable… y encima ganarán los Heat.
Hablar de la final de la NBA de este año, es sin duda volver a 2006, donde los dos equipos se disputaron el anillo en una de las finales más extrañas en mucho tiempo. En aquella final, Dallas se llegó a poner 2-1 y con una ventaja de unos 20 puntos para meter el 3-1 y llevarse el anillo hacia Texas… al final, todo cambió, Dallas tuvo miedo a ganar y los Heat de Wade & O’Neal se llevaron el anillo hacia South Beach por 4-2, pero ahora todo es diferente.
Mavs llega a esta final ganando de forma más que fácil contra Lakers y contra Thunder, dos equipos que sin duda iban a ponerle las cosas muy difíciles al equipo de Carlisle, aún así, con un Robin Hood a nivel DIOS y un equipo que sabe lo que se juega, barrieron de la pista tanto a angelinos como a los de OKC, metiendo miedo la verdad y abriendo el debate sobre si Dirk es bueno, mejor o mucho mejor.
Pero es que Heat llega de forma parecida, ya que con muchos menos problemas de los previstos se han desecho de Boston y de los Bulls de Rose, además haciendo algo de lo cual se dudaba mucho, remontando y cerrando en el último cuarto. Esto también puede ser un gran handicap para LeBron & Cia, ya que si todo se deja para el final… pues igual acabas perdiendo. La defensa de Heat se ha mostrado como la mejor en estos PO, pero va a tener su gran prueba de fuego con estos Mavs enrachados.
Creo que va a ser una gran final, veo a los Mavs muy metidos en todos los PO y sabiendo que esta es su oportunidad, quieren venganza, quieren el anillo y la forma de jugar de Nowitzki es la gran prueba de ello. Pero los Heat van por la misma linea, primer año de los 3 amiguitos juntos y quieren demostrar que no ha sido en balde. James quiere su primer anillo, 7 años de carrera ya son muchos sin un anillo, sobretodo para alguien que cree que debería tener ya al menos 8 o 9…
Cuando me puse a ver el partido y vi el inicio, pensaba que esto iba a ser un coser y cantar para los Bulls, que con el público a su favor, salvarían el primer match ball ante unos Heat que parecía que estaban dejando llevar… y fue así, hasta casi el final.
Bulls, de la mano de Rose siempre fueron por delante en el partido con ventajas cómodas, de 10/8 puntos que hacía que el partido fuera por unos derroteros cómodos para los de Chicago, que sabían que si seguían así, forzarían el sexto partido. Rose iba siempre a lo suyo, dirigiendo, entrando y anotando ante una defensa de Heat, que aunque apretaba, no era la misma de partidos anteriores.
Pero todo cambio cuando apenas faltaban unos 3 minutos para el final y cuando casi todo el United Center celebraba ya la victoria a LeBron James le dio por empezar a tirar de 3… y entraron. Entonces de nuevo el miedo a ganar apareció y los Bulls se atascaron de una forma brutal en ataque… En cambio, los de South Beach llegaban y anotaban, con un 3+1 de Wade incluido. Todo esto sumado hizo que el parcial final fuera de 18-3, con canasta a falta de nada por parte de James que ponía el partido con el +3 final para los de Miami.
Campeones del Este… y ahora a repetir la final de 2006.
Segundo partido de la final de la Conferencia Este, donde una vez más hemos podido ver que como ante Celtics, a LeBron James le gusta eso de coger protagonismo al final.
El partido fue por unos derroteros totalmente diferentes a los del primer partido, donde Chicago arrasó con todo lo que se puso por delante. Esta ver los Heat salían con la lección aprendida y dieron un giro de tuerca a la defensa para apretar todo lo que pudieran y más para ahogar a unos Bulls que si Rose no tiene el día, se pierden.
Y así fue, un querer y no poder de Rose que acabó con 7 de 23 en tiros de campo… pero así como en el primer partido uno de los factores fue Gibson, en este segundo apareció Udonis Haslem! Sí, después de tropecientos mil meses y partidos sin saber nada de él (básicamente por lesión), ayer fue clave en la escapada de final de 3Q, ya que Heat fue incapaz de poder con él.
El final fue como el partido de Celtics, es decir, James, James y más James, cogió el protagonismo en el último cuarto para apuntalar a los Bulls y poner el 1-1 en la serie.
Un factor decisivo Haslem… ahora a ver que pasa por South Beach…
En Miami la gente llega tarde, siempre ha llegado tarde y parece mentira que este año con el boom que tiene el equipo, la gente siga llegando tarde. Pero al partido de anoche también llegaron más personas tarde… los Boston Celtics.
Valga la premisa que yo pensaba q esta serie iba a ser intensa, de poder a poder, con mucho juego de este que no se ve, de este de técnicas, faltas, piques y demás, vamos una serie fea y emocionante, pero de momento sólo es lo primero, porque aunque las ventajas de Heat nunca se fueron a más de 5 puntos hasta el final del partido, siempre daba una sensación de control de la situación que asustaba.
A Celtics se le ve como perdido, su Big 3 no surgió por ninguna parte, si exceptuamos como siempre a Garnett que parece que vaya a su bola, pero ni Allen ni Pierce, el cual parecía que estaba ‘tocado’ aparecieron en ningún momento. Rondo lo intentó y acabó con buenos números, pero casi nunca pudo con Bibby y eso ya es mucho decir…
Visto lo cual Heat hizo lo mejor que sabía hacer, repartirse las cosas, la primera parte fue de Wade, dando un recital en ataque y dejando roto a Garnett en una de las jugadas que pasarán a la historia de estos PO y la segunda parte fue de LeBron, que las enchufaba de todos los colores, es decir, una para ti y otra para mi, así de sencillo juegan los Heat.
A Celtics se les ve perdidos, algo raro, muy raro desde que Ainge hiciera el trade de Garnett…
PD: Los asientos libres era para Chris Paul y sus colegas que llegaron casi con el primer cuarto acabado…
En el béisbol, la figura del closer (o cerrador, como dicen en Latinoamérica y prefieren las agencias de prensa aquí en España), el pitcher que sacan los equipos en la novena y última entrada de los partidos apretados para eliminar a los 3 últimos jugadores e irse a casa con la victoria, ha tomado una relevancia casi mística, gracias, en parte a nombres como los de Eric Gagne o Mariano Rivera.
Y en otra buena parte, al márketing asociado a la palabra. Repítanla para sus adentros. The Closer. Suena al nombre del héroe de una película de acción. O incluso el del villano indestructible. Suena al especialista que ante un enorme problema, aparece y lo resuelve de manera instantánea y plúmbea.
La palabra tiene halo porque se aprovecha del énfasis que ponemos en el final de las cosas, la gloria del vencedor, la importancia del último tiro. Y cada vez se usa más y más en los corrillos baloncestísticos. Nos encanta pensar en el último tiro. Con el reloj apretando. Y con el mejor jugador, a poder ser. Y no para agrandar una figura, sino para vilipendiar al blanco preferido en la NBA. Anoche, tras la derrota en el cuarto partido contra Philadelphia, otra vez se ponía la maquinaria en marcha. LeBrick (¿LeDrillo? ¿LePiedra? adaptado cutremente al español) se convertía en trending topic en Twitter. Los habituales, con Skip Bayless a la cabeza, se disponían a atizar.
Y sus compañeros lo corroboran La semana pasada, Sports Illustrated dio a conocer los resultados de una encuesta realizada entre 166 jugadores de la NBA, para conocer a quien quieren ver tirando el último balón del partido. Kobe Bryant domina con un 74% y le sigue Durant con el 8%. Wade, Nowitzki, y Allen también aparecen. LeBron, no. Ni un solo voto al, posiblemente, mejor jugador de la NBA.
La decisión es unánime. LeBron James no es un closer.
Dos preguntas. ¿Seguro? ¿Pasaría algo si no lo fuera?
Empezamos por la segunda. Si el closer se mantiene en el béisbol, no es por su eficacia, ya que la técnica ya ha sido demostrada inútil de manera estadística. Entonces, ¿por qué sigue existiendo esa figura? Es el factor psicológico, el poder identificar a uno de tus jugadores con el momento decisivo, con el final feliz, con el factor añadido, del miedo imbuido en el enemigo. O incluso, en el caso contrario, para poder echar la culpa a alguien.
Pero para que el closer pueda salir a ganar un partido en la novena entrada, sus bateadores tienen que haber conseguido más carreras que las que han permitido sus compañeros de bullpen al equipo contrario. Durante 16 ó 17 entradas disputadas, 9 o más bateadores y por lo menos un lanzador, tienen que haber hecho su trabajo para poder glorificar una noche más a la estrella del rock. Un closer jamás ganará un partido solo.
LeBron James es excelente durante todo el partido. Con los dedos de una mano se pueden contar los jugadores que habrían podido llevar a Miami al segundo puesto en el Este si lo reemplazaran. Si de verdad es un jugador tan horrible en el último minuto, la solución es fácil, su GM se tiene que encargar de rodearlo de jugadores que sí lo sean, que sepan terminar el trabajo en los partidos en los que James no ha sido capaz de dirigir a su equipo con superioridad insultante. Nadie se acordó de estos problemas cuando gracias a él aplastaban a Lakers el día de Navidad. O cuando por fin ganaron, y de 23, a Boston.
Pero, ¿de verdad LeBron James no es un closer? O mejor dicho, ¿existen los closers en baloncesto? Puede que su tiro de larga distancia no sea fiable. Que como muchos creen, en el último minuto no busca la línea por miedo a fallar tiros libres con su porcentaje bajo par. Pero es que, a LeBron, todos los fallos se le cuentan en el «haber», nunca en el «debe», como sucede con otros. Una verdad a medias repetida mil veces, se convierte en dogma de fe, y solo oímos hablar de los fallos de unos y los aciertos de otros.
A Henry Abbott de la ESPN se le ocurrió mirar los números en enero de este año, y viendo todas las situaciones en las que un jugador tiraba a canasta los últimos 24 segundos con su equipo empatado o perdiendo de 1-2 puntos se encontró que en los 15 años, Kobe Bryant es el jugador que más tiros de este tipo ha anotado. Algo fácil cuando has tirado 24 veces más que el siguiente que más lo ha hecho (Vince Carter). Algo feo cuando a pesar de tirar 24 veces más, solo anotaste 5 más que él. Y algo horrible cuando tu porcentaje, un 31.3% se coloca como el 25º de los 30 que han tirado más de 30 tiros. LeBron es el 18. Ray Allen, otro de los elegidos por delante de él en la encuesta realizada, es el 19. Y esto sin tener en cuenta, que olvidando (muchos lo han hecho ya) el periodo de Smushes y Kwames, a Kobe siempre le ha rodeado gente mucho más capaz de quitarle presión, que cualquiera de los Cavaliers a LeBron.
Centrándonos en esta temporada regular, y echando un vistazo a las estadísticas publicadas por 82games.com que resumen el comportamiento de los jugadores cuando quedan 5 minutos por disputar del partido, y ninguno de los dos equipos se distancian en más de 5 puntos en el marcador, lo que podríamos llamar minutos decisivos, cuando aparece el gen clutch, hay empate técnico entre el Yin James y el Yang Bryant.
Kobe promedia 49.8 puntos cada 48 minutos decisivos por los 45.1 de James, pero LeBron tira menos, y lo hace de manera bastante más eficiente (0.6029 sobre 0.5391 en True Shooting %). James utiliza menos a sus compañeros, tanto como para crearse su propio tiro (un 23% de sus canastas en ese periodo son asistidas, ante un 27% para Bryant) como para pasarles (4.9 asistencias LBJ, 7.6 KB por 48 minutos decisivos). A cambio, rebotea mejor, tapona más y la pierde menos. Con LeBron en estos minutos, su equipo ha sido mejor que el rival por 0.33 puntos cada 5 minutos, y con Kobe 0.27. Y quedándonos en esta misma noche, la actuación de Kobe al final también ha dejado que desear. 0-3 en tiros de campo, 1-2 en tiros libres, solo 1 punto en los 5 últimos minutos. A la vista de estos números, ¿alguien puede decirme, realmente, por qué Kobe es indiscutible como el más decisivo y LeBron un paria?
No os voy a engañar, yo también me quedaría con Kobe al final de un partido. O incluso con Carmelo, el gran olvidado en el imaginario, pero rey en las estadísticas de este estilo. Incluso, ni siquiera lo eligiría a él en su equipo, sino a Wade. Pero es solo por sensaciones, por la confianza que me da, porque tengo mejores recuerdos de ellos. Pero basta con echar un vistazo a los números, para darnos cuenta que la percepción, y los ecos de lo que retumba en los medios de comunicación, a veces nos engañan.
Casi todos los jugadores NBA se comportan en los minutos finales de forma similar al resto del partido, pese a que no queramos creerlo. Por cada triple heroico sobre la bocina del que recordamos, hay dos fallos en partidos que no se guardan en el recuerdo, y que lo estampan contra el porcentaje medio de tiro del jugador. Michael Jordan, el jugador que a todos nos viene a la cabeza como infalible con el tiro ganador, anoto 33 de 58 intentos, un increible 56.9%, pero un aumento poco significativo sobre los 29 que hubiera anotado de haberse cumplido el promedio de su carrera. El mejor closer de la historia, apenas es un poco más efectivo que en el resto del partido.
Pero por algún extraño fenómeno, miramos con desconsuelo a LeBron por entrar tibiamente a canasta en una zona donde acierta el 72.1% de sus tiros, al mismo tiempo que pensamos que un tiro de tres de Kobe, de esos que solo mete un 32.3% de las veces en condiciones normales, con dificultad añadida, va a ser la panacea. Y la realidad es que un tiro final es como cualquier otro tiro. La aleatoriedad manda. Diantres, pero si Zach Randolph, con su etiqueta de ilustre perdedor habitual y de tirador de triples pútrido, metió uno en el momento más decisivo este sábado.
Pero nos encanta ver mitos y heroes caídos, recordar los desenlaces y revisitar la historia. Le hemos dado un rol especial al pitcher que sola y exclusivamente sale en la novena entrada con atronadora música de fondo, a pesar de que lo más inteligente sea sacar a ese jugador al campo, quizá antes, quizá después si el emparejamiento es desfavorable. Nos gusta más como suena The Closer, que el antiguo término que se usaba para referirse al lanzador final, Fireman (bombero). Y hace un tiempo, decidieron que les gustaba más bombero que, por ejemplo, eso, último lanzador. Si no hay épica, la inventamos. Y que importa que se sustente en algo.
Y por cierto, anoche, Rivera, el closer de los Yankees, el cerrador por excelencia, la deidad de la última entrada, se dejó empatar el partido por Baltimore. Y hace 4 días, en su actuación anterior, hizo lo mismo contra Toronto. Nadie es perfecto.
Esta pasada semana LeBron James volvía a Cleveland, es decir, al lugar donde menos le apetece tomarse un aperitivo. Había mucha expectación, como no podía ser de otra forma, lo que nadie se esperaba es que en la presentación de los quintetos… no saliera LeBron…
Según parece se ve que James tuvo un ‘apretón’ y no pudo estar en la presentación… qué casualidad oye… luego se queja de que a la gente le caiga mal etc, etc… en fin…
El otro día se enfrentaron Lakers y Heat, en el segundo partido de su serie donde los angelinos visitaban Miami. Pero qué pasó después?…
El partido fue muy intenso, típico partido de marzo entre dos franquicias de PO y que van a buscar estar lo más alto posible, es decir, intensidad desde el primer minuto.
Además, ambos equipos se les veía picados, por una parte los Heat llevaban ya algunos partidos perdidos seguidos y los rumores de nuevo hablaban de Pat Riley volviendo a los banquillos, sin mencionar el famoso Cry-Gate… ni las ganas que siempre tiene LeBron cuando se enfreta a Kobe. Por parte de Lakers, algo parecido, quería callar bocas después del partido de Navidad, así como seguir la racha triunfal desde el parón del All-Star, además, como LeBron, Kobe quería demostrar quien manda.
Y el partido fue eso, un gran duelo, de igual por igual, donde Chris Bosh quiso lucirse frente a Gasol, en un enfrentamiento que fue de lo mejorcito sin duda que se ha visto en todo lo que llevamos de liga, ambos estaban picados y se notaba en cada canasta, en cada ataque y, claro, en cada defensa.
Al final, y como siempre pasa en estos casos, los pequeños detalles decantaron la balanza en favor de los Heat, en los cuales cada vez tengo más claro que la clave es Wade y no LeBron. Los Heat son de Wade.
Pero de este partido, de una de las cosas que se están hablando son del cabreo monumental que cogió Kobe al acabar el partido, no se sabe si por la derrota (lo más seguro) o por qué, pero Bryant se quedó después del partido haciendo sesión de tiro en el pabellón… algo curioso y raro en la NBA… pero supongo que es lo que tienen los ganadores: siempre quieren ganar.