Cuarto partido de la serie, Spurs llegan después de meter un serio correctivo a Heat en el tercero, pero apareció él, el que nadie sabía si estaba, el que nadie sabía de su condición, pero sí, apareció Wade.
El cuarto partido de las finales empezó como una partida de ajedrez, Spoelstra metió a Miller titular, esto hacía que Splitter tuviera que defenderlo…45 segundos tardó Popovich en hacer su movimiento y meter a Neal en lugar del brasileño. Small ball baby!.
Después del desconcierto inicial, Spurs empezaron como lo dejaron el martes, es decir, enchufadísimos y con su pareja Neal-Green enchufando triples como si una continuación del tercero se tratara, ventaja inicial larga y momento de poner en marcha la máquina Heat. Spoelstra lo tenía bastante claro, si quería hacer algo en el partido debía de correr, mucho además después de cada rebote ofensivo, y así el amigo cuLebron se fue entonando y poniéndose en modo ATTACK de una forma brutal. Además Bosh estaba muy enchufado tanto en defensa como en ataque…y encima Wade empezaba a resurgir… todo a pedir de boca para los de South Beach.
Miami se iba, lentamente pero se iba y Parker, que parece que estaba bastante bien de sus molestias intentaba mantener a los Spurs no muy lejos. La salida de Diaw y la inspiración de Parker hicieron a Spurs meterse en el partido, pero entonces Wade volvió a aparecer.
El 3 de Miami disipó anoche en la recta final del partido todas las dudas respecto a su estado físico y fue dominante. Claro, si James tiene la ayuda de otro jugador que hace unos números parecidos al suyo, poco puede hacer cualquier equipo, por mucho SA que sea, los cuales además deben de darle algo a Ginobili por que parece que ni está, ni se le espera.
El domingo tenemos el pivotal 5o partido, clave para todo este show, la serie llegará de nuevo a Miami 3-2, hace falta ver quién tendrá 2 bolas de partido y quién irá con el agua al cuello, yo no sabría decir la verdad…
El Detalle: Heat sigue sin perder 2 partidos seguidos desde el 10 de enero, curioso, pero podrían perder el anillo y mantener esta racha…
San Antonio barrió a Miami del AT&T Center, demostrando que pueden ser superiores a los Heat, en una eliminatoria en la que todavía no lo habían acreditado. Los dos partidos que llevábamos hasta ahora nos dejaron una victoria clara del equipo de Florida, y un cara o cruz que cayó de su lado, y nunca habían estado más de 10 puntos por delante en el marcador como nos recordó Mike Breen. Necesitaban una actuación así para que la balanza vuelva a inclinarse, aunque ligeramente, del lado de la espuela.
Con 51 puntos entre Gary Neal y Danny Green, 39 de ellos conseguidos mediante triples, y con San Antonio por fin dominando el rebote ofensivo (19 capturas, el 41.3% de sus fallos, que produjeron 20 puntos en segundas oportunidades), se puede conseguir esa desproporcionada ventaja final de 36 puntos.
Los Spurs están metiendo el 44% de los triples en estas finales, y eso incluye el 3/13 de Manu Ginóbili (la peor selección de tiro en estas Finales con diferencia cuando no le entran, pero Manudo es quien es, porque, precisamente, mete esas), y una actuación pobre en general en el primer partido. No sé cuánto hay de cansancio, y cuánto de mérito Spurs, pero la gran defensa del perímetro que ha estado haciendo todo el año Miami, rotando y llegando a sitios que parecían imposibles, se ha esfumado en estas Finales.
Miami se ha permitido durante todo el año agobiar al jugador que lleva el balón con sus dos-contra-uno, a la vez que recuperaban a tiempo si el balón salía de ahí, y llegaban a todos los pases extra, pero eso sí, llegando siempre al límite. El problema es que San Antonio pone el infinito un poco más lejos.
Y si sus tiradores están enchufados, agradecen esa presión, porque alejando ese uno-contra-dos de la acción, pero con previsión, lo convierten en un cuatro-contra-tres. Popovich parece un maestro de artes marciales, dándole la vuelta a la llave del rival, para que ellos mismos se hagan daño cuando le atacan. Otro ejemplo son los momentos en los que Miami intenta defender al hombre en el poste bajo por delante. Los Spurs, en lugar de intentar forzar el pase y la pérdida, lo intentan utilizar para su propio beneficio. Pop lanza a sus hombres (Green, Leonard, Parker) a penetrar por la línea de fondo, y convierte a Duncan en un bloqueador por la espalda, que abre camino al aro.
En el otro lado, el ataque de Miami, tras concederle la Mención Especial del Jurado a Mike Miller y su 5 de 5 en triples, creo que ya podemos encender la alarma naranja con un LeBron James que está dejando su peor baloncesto del año para el final. Dándole el crédito que se merece a las defensas de Indiana y San Antonio, sus esquemas han aturullado al LeBron anotador, al que el tiro, que es el único recurso que se le permite, le ha abandonado en el peor momento. En Temporada Regular, James estaba metiendo el 40.6% de los triples y el 43.2% de los tiros a media distancia, y en estos tres partidos sus porcentajes han caído al 25% en tiros de tres y al 23.5% fuera de la zona, pese a que los Spurs le animan, con todo el espacio que sea necesario, a que juegue desde ahí.
Como lleva todo el año acreditando que puede tirar (aunque rápido lo olviden algunos), y a falta de saber si habrá algún problema físico del que no sepamos nada, lo que está de moda es culparle a su psique del asunto. Como no entiendo del alma, ni tampoco soy John Cusack, y LeBron no es John Malkovich, en su mente no me puedo meter, pero sí lo recuerdo como el vigente campeón, y un respeto me gusta tenerle. Como este año no ha juntado tres partidos malos, es obligatorio buscarle explicación a esta triada de actuaciones regulares y reguleras ante la tercera mejor defensa por números de la Liga. Cuando igual no la tiene. Las respuestas, como en cualquier serie de moda de esas que viven dejando cosas sin resolver al final de cada capítulo, en el siguiente episodio.
Y sin que sirva de insinuación de Sternato, pues también perjudica a San Antonio por igual, ni de excusa barata: la serie no se está pitando de forma que se invite al juego cerca de los aros. Un servidor la prefiere así, ligera de silbato, con dos equipos honestos que no abusan para darse palos, pero es un estilo que no conviene a LeBron. Anoche se fue de San Antonio sin un tiro libre en 39 minutos, algo que no sucedía desde diciembre de 2009, pese a sus 7 tiros en la pintura (promedia 9 por partido). LeBron sabe que no se está pitando, y con eso también juega. Tal vez demasiado.
De todos modos, al igual que en el anterior, esta victoria vale sólo por un partido ganado, un 25% del Larry O’Brien. Y ya hemos visto que las tornas se cambian rápido. Y más, si Tony Parker se empieza a perder partidos.
El detalle: Un pelín antes de la mitad del segundo cuarto, Splitter se olvidó de que Chris Bosh es zurdo, y ante un tiro suyo a media distancia… le fue a taponar el lado que no era.
Gran partido (sobre todo la primera parte) para dar el comienzo a las Finales de este año, y San Antonio, que no salía con la pole, se ha puesto delante en la primera curva.
Una canasta en la ultimísima décima del reloj de posesión, tan cerca del final, que podría ilustrar un debate sobre paradojas relativistas, decidió que el primero sería de los Spurs. Una jugada rota resuelta a la remanguillé por Parker, dejaba a Miami con tan sólo cinco segundos para remontar una distancia de dos posesiones, y fue más que suficiente.
San Antonio volvió a blindar la pintura y a encomendarse al desacierto exterior rival, y perdiendo sólo cuatro veces el balón y sin cargar el rebote ofensivo, evitaron los puntos a la contra de Miami. Por poner en perspectiva lo de las pérdidas, este es el undécimo partido de Playoffs en los últimos 28 años (los que nos permite consultar Basketball-Reference.com) en el que un equipo pierde 4 balones o menos, y la tercera vez que ocurre en unas Finales en ese rango de tiempo.
Y ninguno de esos balones los entregó su director titular de juego, Tony Parker, que, simplemente, controló a la perfección el partido. No fue un imposición de dominio, sino un gobierno continuado del ritmo, en un papel algo menos agresivo al que él acostumbra. El ataque de los Spurs anoche fue conservador, pero constante, porque estaba al dictado del francés.
En la primera parte, los dos equipos se fueron al descanso con un buen porcentaje de acierto desde el triple (40% ambos, con Miami intentando 15 por 10 de San Antonio), y en la segunda, ambos estuvieron en torno al 20%, por lo que no podemos echar la culpa a una diferencia de acierto. Según pasaron los minutos, los tiros dejaron de entrar, y el mejor ajuste que Popovich podía hacer, visto así a toro pasado, fue no hacer absolutamente nada. Tener la paciencia y entender, que pese a que Miami llevaba seis triples al acabar la primera mitad, y Bosh estaba acertando lo suficiente para ser una amenaza en la media distancia, era mejor esperar a que Miami empezara fallando por ahí, que abrirle las puertas de su zona lo más mínimo a LeBron.
James, que acabó con un triple-doble, fue convertido en distribuidor por el esquema de San Antonio, y como le ocurrió a veces en la anterior serie contra Indiana, hasta él mismo se acabó convenciendo de que la trampa era mayor de lo que era, y para mi gusto, pudo haber sido más egoísta, sobre todo cuando los cambios le emparejaban, aunque lejos de la canasta, con Tony Parker.
Hay que entender el contexto también, anoche sólo se pitaron 24 faltas, un número muy bajo para un partido de NBA en general, y más, para un partido de las Finales. Aquí entramos en una petición de principio: se pita poco, en parte, porque se jugó lejos de los aros, y acabamos en si viene primero el huevo o la gallina, pero cuando la acción se acercaba allí, LeBron mediante incluso, no sonaban los silbatos. Si pasamos del refuerzo positivo habitual, al castigo negativo, se entiende un poco más la situación en la que se vieron ambos equipos.
En definitiva, es un partido de 175 posesiones, en el que la diferencia ha estado en 2. La paridad fue grande, ningún equipo tuvo errores de bulto o algo que tengan que marcar en rojo para corregir en el siguiente. Siguió en general el guión esperado, y la única mala noticia del espectáculo, es que queda un partido menos para que acabe la temporada, y ya se empieza a ver el final.
El detalle: En una de las repeticiones del pisotón no intencionado de Danny Green a Mike Miller, se pudo ver claramente en la lengüeta de sus zapatillas, las Zoom Soldier VI, el logo de… LeBron James. El jugador al que se tuvo que encargar de defender en varias posesiones. Sé que ocurre a menudo, pero me sigue haciendo gracia, que los jugadores lleven calzado que rinda homenaje a sus rivales más directos.
Creo que justo los días previos al 7o partido de la serie del Este, todo el mundo sabía o presuponíamos como iba a acabar el partido, es decir, paseo de Miami Heat, frente a unos Pacers que lo intentaron, pero no pudieron.
Pero vamos a entrar un poco en faena, tampoco mucho la verdad, ya que si en el partido James ya estaba sentado a mediados del último cuarto, es señal que todo estaba bastante sentenciado a falta de muuuuuucho. El primer cuarto fue una luz de esperanza. Pacers salió al partido muy enchufado, apretando mucho en defensa y jugando a lo que sabe, a su ritmo, aún así, el lastre de las pérdidas le hacían que la distancia que cogía siempre frente a los de Miami, fuera poca, muy poca.
Qué pasa en estos casos? que la bestia despierta y todo se va al garete. Vogel le decía a Sager en la entrevista, que habían ganado el cuarto, que la serie iba al ritmo que ellos marcaban y que tenían que ganar el siguiente e irse por delante en la media parte, de hecho, este fue el último cuarto que ganó Indiana.
Miami despertó y aquí se acabó el partido, con un Ray Allen tirando bien de 3 (empezó con un 3/3) y un Wade que parecía que se había levantado de esa siesta llamada Game 6, mientras Hibbert se iba cargando de faltas y todo apuntaba a que no era el día de Pacers.
La segunda parte fue la confirmación de todo y ya no hubo historia, lo que todo el mundo sabía pasó, es decir, Heat no perdonó y tampoco dio opción a ello. Ni las pintas Bieber pudieron asustar a los Heat, que al final ganaron el partido de forma más que fácil…
Atrás queda una serie muy molona donde siempre nos quedará el «y si Vogel hubiera dejado a Hibbert en el primer partido…«, pues eso, «y si…»…
Ahora hemos llegado a los últimos 4/7 partidos del año, llegamos a The Finals, las finales de la NBA, donde San Antonio Spurs y Miami Heat (3a final consecutiva) se van a jugar
El Detalle: El bling bling de Flo Rida una de dos, o era de tangue o bien tiene que tener un cuello digno de cualquier grua industrial…
Ahora que según Marc Stein, la proyección del límite salarial para la próxima temporada está en torno a los 58.5 millones, y utilizando nuestra maravillosa Calculadora de espacio salarial, podemos ajustar un poco más las condiciones que necesitarían cumplir varios equipos para atraer a los dos agentes libres más reclamados del verano.
El máximo al que Dwight Howard podría aspirar es 20.51 millones de dólares, y Chris Paul por su parte, a 18.67. El equipo que quisiera atraerlos a los dos, necesitaría, por tanto 39.2 millones. Lo que vamos a comentar ahora son las operaciones más normales y sencillas. Todos los equipos podrían hacer movimientos infinitos con lo que tienen en sus plantillas. Dallas por ejemplo, traspasando a Dirk por gente que cobre menos liberaría mucho espacio, pero vamos a pensar en las soluciones más directas.
Empecemos con Atlanta, uno de los equipos con más espacio teórico, y que podría resultar interesante para ellos por la opción de juntarlos a los dos, y por ser la ciudad natal de Dwight. Los Hawks tienen cinco contratos garantizados para el año que viene (dos de ellos, primeras rondas de este Draft) y 100.000 dólares que les quedan por pagar del contrato garantizado a Jeremy Tyler. Esto les daría un espacio de unos 33.9 millones, algo corto para poder ofrecer el máximo a ambos, y significaría que renunciarían, y por tanto, perderían por nada a cambio, el resto de agentes libres del equipo: Teague, Josh Smith, Korver…
Por tanto, las opciones de Atlanta de firmarlos directamente pasarían por desprenderse de alguno de los jugadores que tienen en nómina (supongo que Louis Williams sería el candidato), o convencer a Paul y Howard de la rebaja.
Una alternativa tremendamente impopular, sería tal vez, aprovechar que Teague sólo cuenta 6.1 millones de cara al límite hasta que firme su nuevo contrato, y traspasar a Horford en su lugar. En ese caso sí tendrían esos 39 millones, pero sin Horford, con dos bases que no pueden traspasar hasta diciembre, y cambiando a Al por lo que tendrían que ser elecciones del Draft futuras o algún jugador que cobre muy muy poco.
Luego, está la alternativa de los traspasos. Con los Lakers tal vez interesados en Josh Smith, y teniendo en cuenta que hasta la firma de un nuevo contrato, su impacto en la masa salarial es de 16.4 millones, tendrían unos 18 millones para firmar a Paul (prácticamente el máximo), y después podrían hacer el cambio Smith–Howard. Esta operación necesitaría el beneplácito de los Lakers, y su disponibilidad a darle un contrto que empiece en 16 millones a J-Smoove, pero como desde el punto de vista del espacio salarial es plausible, la comentamos.
Por tanto, la opción de que los dos jugasen en Atlanta es posible, pero como veis, el resto del equipo en los Hawks quedaría prácticamente vacío esperando a quien estuviera dispuesto a llegar por el mínimo
Una opción que según los rumores Dwight se está pensando mucho es la de llegar a los Rockets. Houston tiene firmado contrato para la próxima temporada con 7+1 jugadores (adeudan una pequeña cantidad a Tyler Honeycutt) y con esto, el espacio libre es de aproximadamente 17.3 millones, a unos 3.2 de poder ofrecer el máximo a Howard. 3.5 cobra curiosamente Thomas Robinson, 5ª elección del Draft el pasado año y jugador al que se rumorea que estarían pensando en traspasar.
Pero en este caso, los Rockets tienen opciones de renovar a varios jugadores por unas cantidades tan bajas, que me cuesta creer que vayan a renunciar a ellos: 926.000 dólares por Parsons y 788.000 por Beverley o Greg Smith (Delfino por 3 millones también es buen negocio, pero no tanto, y no se puede tener todo) son gangas que los Rockets no deberían estar dispuestos a renunciar.
Así, quedándose con estos tres y dando por hecho que colocan a Thomas Robinson, los Rockets se quedarían cortos por 1.3 millones, lo que tendrían que solucionar con una combinación de convencer a Dwight y traspasar o renunciar a algún jugador. Lo primero que harían, supongo, es utilizar la nueva stretch provision, por ejemplo, para cortar al problemático e inédito Royce White y ahorrarse 0.65 millones. En definitiva, los Rockets tienen la flexibilidad suficiente para ofrecer el máximo a Dwight, aunque están a un par de movimientos de poder hacerlo.
Otro equipo con interés real es Dallas, y sobre todo, al parecer, en Chris Paul. La situación en los Mavericks depende de la decisión de dos jugadores, que pueden elegir si renuevan el contrato de forma unilateral para la próxima temporada: OJ Mayo por 4.2 millones, y Shawn Marion por 9.3. La lógica dice que, en teoría, el primero no renovará, y el segundo si va a hacerlo. En este caso, Dallas tendría cinco jugadores y una elección del Draft bajo contrato y 16.7 millones, si el tope está en 58.5, de espacio, un par de ellos por debajo del máximo que podría recibir Paul.
Los Mavs podrían generar esa diferencia inmediatamente cortando a Marion con la stretch provision (ahorrarían 5.7 millones), o* encontrando a alguien que se lleve a Cunningham y su primera ronda del Draft, o a Carter y su último año de contrato. Por tanto, aunque con algún movimiento necesario, y a costa también de haber llenado el espacio con muy pocos jugadores, los Mavericks tienen en sus manos crear el suficiente espacio salarial para tentar a CP3.
*Corregido, los Mavs no pueden utilizar la «stretch provision» con Marion, por ser un contrato firmado bajo el anterior convenio.
Y finalmente, como siempre, hay rumores de que los Lakers podrían renovar a Howard, mantener a Kobe y Gasol, traer a Chris Paul y firmar a traspasar a Morris y Goudelock por David West, Al Jefferson, LeBron James o el toro de Osborne. Para no excedernos con el análisis, lo comentamos con una imagen.
Y tendremos partido decisivo. Vogel se mantiene fiel al plan, y sus jugadores lo ejecutan lo mejor que pueden, e Indiana fuerza el séptimo con su mejor baloncesto en la serie. Dos temporadas, con diferentes objetivos, quedarán reducidas a lo que suceda en 48 minutos.
El partido de anoche fue muy como el quinto, pero al revés. El tercer cuarto fue una repetición del anterior, puesto frente al espejo, con los Pacers dominando a Miami. Lo que fue LeBron un día, es el colectivo en otro, pero en ambos casos fue un punto de inflexión, que creó una ventaja que ninguno de los dos equipos perdió. Aún así, si el descanso no cambiaba las cosas, se veía venir.
Miami empezó con un ajuste extraño en su quinteto titular que todavía no entiendo, ni salió bien. Udonis Haslem, cuya función en ataque es amenazar a Hibbert con su tiro si este gravita a la pintura, fue movido de la línea de fondo izquierda, donde se siente más cómodo (y los porcentajes lo demuestran) a la parte derecha de la pista. Este gesto, parecía tener la intención de liberar el bloque izquierdo para que LeBron, que prefiere postear desde ahí, empezara a atacar a George desde el principio, como hizo en el tercer partido, pero no sucedió así, y Miami no sacó a la montaña del medio en todo el partido.
Salvo por Wade y Bosh, que volvieron a parecer una caricatura mal hecha de ellos mismos, casi todo había salido bien para Miami en la primera parte: 7 triples anotados, Indiana fallando cosas sencillas cerca del aro, manteniendo un casi-aceptable 46% de rebotes capturados y con un febril David West en 0/7… y sólo estaban un puntito arriba. En cuanto los fallos cambiaron de acera (no homo), los Pacers dispararon la diferencia.
El último cuarto tuvo un inició de reacción de Miami, que tras quedarse sin champú en plena ducha, rebuscó un poco y encontró un botecillo de estos en los que queda un culín traído desde algún hotel: Mike Miller. Dos triples seguidos suyos acercaron a Miami a 6, y un poco después robó un balón que LeBron convirtió en la bandeja que ponía el -4, pero hasta aquí llegó la reacción. Un triple de George, que hizo seguramente el mejor partido en ataque de la serie y un par de técnicas pitadas a LeBron y Fizdale tras una falta en ataque señalada a James, ponían en pausa el intento de remontada.
No vamos a negar que los séptimos partidos nos encantan, así que estamos encantados con que llegue, además en unos Playoffs en los que sólo habíamos vivido uno. Que llegue ya el lunes.
Igualados prácticamente al descanso, y con una primera parte que encajaba perfectamente en la historia y paridad de esta serie, parecía que íbamos a seguir teniendo tazas de té en la segunda. Y entonces apareció el MVP, soltó el Kraken, y el partido sólo duró 12 minutos de juego, y 36 de tiempo real más.
Anotando, pasando (Haslem ya está 9 de 12 en estas series desde la línea de fondo izquierda, todos los tiros asistidos, por supuesto) y dirigiendo esa defensa que sólo encajó 13 puntos en el tercer cuarto, LeBron James hizo otro partido para adjuntar a su colección de clásicos en Playoffs. No entra directamente al número 1 de la lista, pero por importancia, tan clave como cualquiera de ellos. Sobre todo porque Wade y Bosh, por los motivos que sean, hicieron uno de los peores partidos, por dejar margen de error, en tres años de Big 3.
Los Pacers apenas percutieron en el rebote ofensivo, y la nueva estrategia anti-Hibbert, el dos-contra-uno por sorpresa, aleatorio e instantáneo, consiguió que dejara de parecer una mezcla de lo mejor de Russell y Olajuwon y jugara sólo a nivel All-Star. El quinteto titular de Indiana no estuvo nada mal en conjunto (dejó sólo un -2), pero debido a las faltas que acumularon Hill y Stephenson, apenas jugaron juntos 16 minutos, cuando su media en tiempo en cancha en estas series es de 27. Así, hubo que tirar del decepcionante banquillo, y tuvimos 18 minutos de DJ Augustinin session y otros 16 de Sames la mayor ironía que con esa cara se apellideYoung, lo cual es dar demasiada ventaja en unas Finales de Conferencia.
El partido fue bronco, con un par de enganchones de hombres altos, entre ellos el que debería haber supuesto la eliminación de Andersen, pero esta vez los árbitros no llegaron con el pito tan suelto como en el anterior, y pudimos ver por fin un partido de baloncesto, y no unas cuantas canastas entre falta pitada y falta pitada.
Miami está a un partido en dos oportunidades de llegar a sus terceras Finales consecutivas. Indiana tiene personalidad, pero será en el próximo partido cuando más tenga que demostrarlo. Veremos.
El detalle: La Iglesia Católica debería ver si uno de los misterios de Fátima era la resurrección de Mario Chalmers. Después de caer al parqué tras ir a por un rebote, retorcerse de dolor, y quedarse inmóvil de repente, en el último minuto del primer cuarto, un simple robo de Wade consiguió devolverle de entre los muertos, para irse a la línea en la contra a clavar un triple.
El cuarto partido de las finales de la conferencia este fue un auténtico concierto de pitos, y no es que la afición de Indiana pitara mucho, que lo hizo, si no que el trio arbitral se hizo de notar y de que manera…
Pacers sabían que debían hacer algo diferente si querían contrarrestar a Heat, sobretodo después de ver la brutal primera parte que hicieron los de Spoelstra en el tercer partido, así que salieron con el chip del ataque y muestra de ellos fue el primer parcial de 11-0 nada más empezar el partido. Pero Heat lo tenía claro y pronto paró esta primera acometida de los Pacers igualando el marcador mucho antes de lo que todo el mundo pensaba.
Hibbert seguía dominando bajo tableros, y ni Bosh (que estuvo un rato fuera por una torcedura de tobillo), ni Haslem, ni muchísimo menos Andersen podían hacer nada contra él. Mientras Lebron se emparejaba con West en un movimiento extraño, pero wow, que saco más de una vez al bueno de David de sus casillas. A James le faltó cubrir a Craig Sager y a Jimmy Goldstein (el cual estaba anoche escondido detrás del Gatorade de Heat) para casi defender a todo el mundo ayer… habrá que ver si en algún momento se atreve con el propio Hibbert.
Pero vamos a lo divertido, el trio arbitral, comandado por Mr Proper Crawford tuvo de todos colores, como las que le pitó a George que hicieron que éste se cargara de forma tremenda de faltas o sin ir más lejos las de LeBron, sobre todo la 6a que costaba la eliminación del MVP. Todo esto hizo que los jugadores les diera también por el Flop So Hard, donde Stephenson y Battier deberían tener una mención especial, pero claro, el pito flojo de los árbitros hacía que todo fuera más fácil. Pero no sólo estos hechos, sino las constantes reviews y decisiones raras hicieron que ni unos ni otros estuvieran contentos con el arbitraje… mala señal.
Al final esa eliminación de James fue clave para que al final Pacers pudiera aguantar esa diferencia de 4 puntos, ya que sin James en estos segundos finales, Heat no supo realmente que hacer, quitando de jugarse mandarinas desde el circuito de Nascar de Ray Allen y claro, Pacers selló el partido.
El Detalle: James sólo ha sido eliminado por faltas 5 veces en sus 10 años de carrera…