CP3-O

Recuerdo hace unos años estar junto a un amigo elucubrando sobre las posibilidades de éste o aquel equipo (bebidas espirituosas mediante, claro) cuando surgió una pregunta: ¿cuál sería para ti ahora mismo el mejor quinteto de jugadores en activo?

Si no recuerdo mal me parece que mi respuesta fue Anthony Davis, Demarcus Cousins, Lebron James, James Harden, y en el puesto de base Chris Paul. Mi amigo, sorprendidísimo me dijo: ¿¿Chris Paul?? Pero qué dices, es mucho mejor Westbrook, Irving o Rondo, ¿cuántas bebidas espirituosas llevas? No contestaré a esa última pregunta, pero lo tenía clarísimo: para mí CP3 era el mejor director de juego de toda la liga. Porque, ¿cuál es si no la función de un “1”?

Hoy en día vivimos en una época en la que la rigidez de las posiciones ha desaparecido por completo, donde lo que más se valora y el perfil de jugador que las franquicias desean más que Pedro Sánchez usar el “Falcon”, es un “All-around player”, un jugador que pueda y sepa hacer de todo y que todo lo haga bien; un Antetokoumpo, un Kawhi, un Lebron…vamos, lo que abunda en la liga. La posición de base no es distinta y el tener un jugador cuya mayor virtud sea la de elaborar y crear juego ya no tiene la importancia que tradicionalmente ha tenido. Un buen base (o lo que hoy en día es considerado un buen base) es un jugador que complemente de alguna forma al equipo: triples desde el parking, velocidad y agilidad para encarar y buscar el 1 contra 1, hacer una media de triple-doble en un temporada aunque luego no sirva para absolutamente nada… pero nada de hacer mejor al equipo bajo tu batuta.

Es por eso que defendía mi elección; Paul es actualmente el 7º asistente de la historia de la liga y con muchas posibilidades de acabar superando a Oscar Robertson en el sexto puesto de la clasificación, con unas medias de carrera de 9,7 asistencias, 2,2 robos y 18,5 puntos por partido. Estamos hablando pues de uno de los mejores bases de su generación y de un futuro Hall of Famer así que cabe preguntarse: ¿cómo puede ser que la estadística más importante de todas (la de anillos) siga a 0?

Hemos hablado de las cualidades de Paul tanto para jugar al baloncesto al más alto nivel como para hacerlo en la posición de base, así que entonces (y salvo sorpresa de ultimísima hora) ¿Qué ha fallado? ¿Ha sido solo suerte? ¿Mal “timing” quizás? La respuesta para mí es el propio Chris Paul.

Drafteado por los ya extintos New Orleans Hornets en 4ª posición del Draft de 2005 por detrás de absolutas superestrellas como Andrew Bogut, Marvin Williams o Deron Williams, Paul se mantuvo en el equipo que lo drafteó durante 6 temporadas en las que su tope fueron las semifinales de conferencia. Ya en 2011, y con su ciclo ya cumplido, su traspaso a los Lakers fue vetado por una liga que tenía el control de los Hornets en ese momento y que dio con los huesos de Paul en los Clippers. Unos Clippers que, superado el bajón inicial de que te manden al equipo pobre de L.A., tuvieron una gran plantilla durante la estancia de Paul (Blake Griffin, Deandre Jordan, J.J. Reddick, Jamal Crawford) y un entrenador que ya sabía lo que era conseguir un anillo de la NBA superando precisamente en las finales a tu vecino rico: Doc Rivers.

Como decimos, estaba todo predispuesto: plantilla, entrenador, ambiente, ilusión, ganas… esos Clippers eran un equipo que lo tenía todo para alzarse con el título de campeón de la NBA. Y sin embargo el techo fue el mismo: semifinales de conferencia. Unas semifinales de conferencia en las que iban ganando 3-1 frente a los Rockets de Harden y donde tiraron esa ventaja para acabar la temporada a lo Bill Murray, en el día de la marmota.

Con síntomas de proyecto ya agotado, Paul decide que es momento de cambiar de aires y pide el traspaso a unos Rockets al alza en los que Harden es la estrella absoluta y en los que Paul tiene que llegar a imponer su experiencia y liderazgo. Eso sí, como segunda espada. Lío número 1.

Cuando llegas a un equipo tan monopolizado como esos Rockets en los que no es solo que Harden sea una superestrella de la liga por derecho propio, sino que es el hombre que ha vuelto a poner a los Rockets en el mapa de la NBA desde un tal Olajuwon, tienes que saber adaptarte y aceptar ese rol (parece que estemos hablando de un rol de 6º hombre o de líder de la segunda unidad) si de verdad quieres luchar por ganar un campeonato de la mejor liga del mundo. No puedes pretender llegar y que te hagan dueño y señor de la franquicia.

Paul, además, llega con 32 años a una nueva franquicia que tiene todas las piezas para intentar el asalto al anillo inmediatamente; si es para ayer mejor que para hoy. Y para que ese asalto al anillo no se resienta, todas esas piezas tienen que estar juntas lo máximo posible. Lío número 2.

Con 32 años, Paul se desmarca diciendo que no va a firmar por menos del máximo, esto es 160 millones por 4 temporadas más. Repito, con 32 años. Un atraco de los que hacen de él un serio candidato a político español. Y sin embargo los Rockets deciden firmarlo con tal de conseguir el que sería el tercer anillo para la franquicia. Y yo me pregunto, ¿de verdad con ese movimiento tengo que comprar que el principal interés de Paul es ganar el anillo? Ni de broma.

Los Rockets llegan a su apogeo en las finales de conferencia colocándose 3-2 arriba y con ventaja de campo contra unos Warriors superlativos a los que tenían contra las cuerdas. Pero, en este momento sí, el “timing”, hace que Paul se lesione y se pierda los 2 últimos partidos, en los que los Warriors remontan y pasan a las finales de la NBA.

Otra oportunidad que se escapa.

El siguiente curso los Rockets volverían a caer, esta vez en semifinales de conferencia (otra vez contra los Warriors) en un curso en el que la mala relación entre Paul y Harden se hace cada vez más evidente y donde una discusión con la superestrella del equipo solo puede acabar contigo en una parte: donde sea menos aquí. Y efectivamente así fue. Una vez acabada la temporada, los Rockets mandan a Paul a Oklahoma a cambio de Westbrook; un traspaso en el que Westbrook vuelve a coincidir con Harden después de su estancia juntos en Oklahoma, y en el que Paul acaba en uno de esos equipos que ni frío ni calor, que no es un contender y que no sabe si retocar piezas para mejorar su plantilla (aunque las opciones de acabar ganando el anillo sigan siendo 0) o si iniciar una reconstrucción. Es decir, que el anillo está ahora mucho más lejos que antes.

Por tanto, ¿cómo es que ese base que estaba considerado como el mejor de su generación y uno de los mejores de siempre ha acabado en esta situación? ¿Es acaso peor que Westbrook (que va por el mismo camino), Irving o Rondo como decía mi amigo? ¿Qué es lo que ha fallado?

La respuesta es fácil: Chris Paul se ha comido a Chris Paul. Un conjunto de malas decisiones, lucha de egos y de priorizar aspectos ($) que van a hacer que no pases a la historia de la liga por méritos propios, sino que estás ahora a la espera de que sean otros los que te lleven de la mano a conseguir el anillo cuando deberías haber sido tú ese director de juego que tenía que haber llevado a su equipo a la cima. Y ahora estás a expensas de que la suerte te sonría. Te encuentras en ese punto en el que eres muy importante pero nadie te soporta, en el que otro personaje con mucho más carisma que tú se va a llevar todos los aplausos y los reconocimientos y en el que aunque salgas en el plano final de la película nadie se molestaría especialmente si no estuvieras en él.

Eres CP3-O, esperando que un R2-D2 (¿Anteto?) mucho más simpático, resuelto, y con las ideas claras te saque del atolladero en el que tú mismo te has metido.

Esperemos que esos moradores de las arenas no te encuentren primero.

Where Things Happen

Hace un par de semanas, iba escuchando la radio en el coche para enterarme de cómo iba la jornada y escuchar un poco el post-partido de mi equipo, en el que se había marcado un golazo espectacular de falta (pero que al no haber sido marcado por un jugador del equipo X, Y o Z no se le dio mucho bombo), cuando anunciaron que a continuación iba a empezar el siguiente partido de liga, un Getafe-Leganés al que el narrador calificó como “un auténtico partidazo”. 

En ese momento mi cabeza pensó: ¿pero este tío que dice? ¿Tanto le pagan por decir eso o es que acaso lo piensa realmente? De hecho creo que me quedé tan flipado que lo dije hasta en voz alta. Para mí, la jornada había acabado en el momento en que el partido de mi equipo había finalizado y el resto no tenía ningún interés para mí (otros años igual sí, pero en éste en concreto el Comunio no está dando sus frutos así que nanay). Y fue en ese momento cuando pensé: “mira, igualito que en la NBA”.

De un tiempo a esta parte, nos hemos ido acostumbrando a que en la denominada (autodenominada más bien) mejor liga del mundo todos los partidos sean auténticos partidazos; 10 motivos por los que estar pegado a la TV o a la radio todo el fin de semana para vivir apasionantes encuentros como un Osasuna – Espanyol, un Celta – Éibar o, cómo no, un Getafe – Leganés. Partidos donde sabes que si ves entre una y dos jugadas decentes en los 90yhastaquemarqueelmadrid tantos minutos que dura el partido, puedes darte por más que satisfecho.

Es por este motivo que cada día concuerdo más con esa frase que dice que a los norteamericanos les gustan los deportes donde pasen “cosas”. Y en ese sentido, la NBA es insuperable.

Desde Octubre que empieza la Regular Season hasta el mes de Junio en el que tenemos un (casi seguro) nuevo campeón, la NBA son partidos, historias, traspasos, rumores, big-threes, big- fours, declaraciones, el All-Star Game, piques, vueltas a casa, renacimientos y 1000 historias más. Es una liga que no decae en ningún momento haya o no haya partidos en juego.

Extrapolando ese maravilloso Getafe – Leganés, cojamos a los 2 peores equipos de la temporada 18/19: Phoenix Suns y (para variar) New York Knicks. Los Suns cuentan ahora mismo con 2 jugadores sobre los que asentar las bases de un proyecto más que interesante: Devin Booker, uno de los únicos 6 jugadores en toda la historia de la liga en anotar 70 puntos en un partido y Deandre Ayton, número 1 del Draft de la temporada pasada. A ellos se les ha sumado un Ricky Rubio que viene de ganar el mundial de baloncesto siendo nombrado el MVP del mismo, un Ricky Rubio que desde que fichó por Utah Jazz (junto con su barba, pelo largo y tatuajes) ha elevado sus prestaciones y su molonismo en varios cientos de puntos. 

Por otra parte, los New York Knicks son noticia por todo lo contrario. Han pasado de tener opciones reales de firmar a Kyrie Irving y a Kevin “my next step” Durant (ambos han acabado en Brooklyn Nets para más inri) a tener que conformarse con Elfrid Payton, Julius Randle y uno de los gemelos Morris. Aun así, la sensación que desprenden es que no se les ha quedado una plantilla del todo mala, con incorporaciones como Taj Gibson o Bobby Portis (motivo por el cual Mirotic ha huido de la liga), a los que hay que sumar al número 3 del pasado draft, un R.J. Barrett que en su estreno en la liga se fue hasta los 21 puntos. Repito, estamos hablando de sobre el papel un partido entre los 2 peores equipos de la competición, y aunque no nos atreveríamos a catalogarlo de partidazo, tendríamos incentivos suficientes como para querer realmente verlo. Porque lo que tiene la NBA es precisamente eso, que es una competición que tiene la capacidad de engancharte por miles de motivos distintos durante casi todo el año y que no decaiga tu interés por ella.

Un momento, un momento ¿casi todo el año? ¡No! Porque un pequeño grupo de irreductibles meses de verano que resistía ahora y siempre al invasor, han sucumbido también a la fascinación que provoca la liga. 

Antes, cuando el equipo de turno se convertía en campeón de la NBA, la sensación que quedaba era de vacío, de que hasta Octubre no volveríamos a tener nuestra dosis diaria de NBA. Pero eso, amigos, ha cambiado.

De alguna forma que yo personalmente no alcanzo a comprender todavía, la NBA ha conseguido que haya liga cuando no se están jugando partidos. Este año en concreto hemos tenido de todo e incluso un poco más. La lotería del Draft de este año era especialmente interesante por ver quien se quedaba con la “bestia” Zion Williamson (los Pelicans aprovecharon para hacer el Euromillón ese día) y que iba a pasar con los siguientes puestos en un Draft que venía cargado de talento: RJ Barrett, Ja Morant, De´Andre Hunter, Coby White o la nota exótica de Rui Hachimura. A esa ceremonia del draft tenemos que sumarle los partidos de pretemporada, que aunque no dejan de ser pachangas, me consta que hay gente que se ve todos los partidos de su equipo (hola David) para poder ver cómo funciona éste o aquel fichaje, si los rookies son lo que prometían o solo por el hecho de ver a un jugador con la camiseta de éste u otro equipo.

Éste año, como hemos dicho, venía especialmente cargadito puesto que hemos tenido la polémica con Daryl Morey, GM de los Rockets, y su opinión sobre el conflicto entre China y Hong Kong; un patinazo de mucho cuidado por parte de un miembro importante del equipo que más audiencias genera (xiè xiè Yao) en el país que más dinero genera. A esas declaraciones se han sumado muchas otras, la mayoría defendiendo la libertad de expresión tan arraigada en la cultura estadounidense: Adam Silver, Pops, Shaq… y un Lebron James que no sabe si los republicanos compran zapatillas o no pero que después de la cera que le ha metido a Trump y el ejemplo que ha dado en otras muchas ocasiones, a la hora de la verdad parece que no quiere que le salpiquen mucho estos temas (al menos mientras él esté en China, claro). Es decir, que hemos tenido salseo del bueno este verano.

Pese a llevar más de 1000 palabras, tengo la sensación de que me estoy dejando montones de cosas e ideas en el tintero, que la NBA da para tanto que nunca llegas a abarcarlo todo. Pero aun así siempre quieres más. Porque la NBA ya no es solo “Where amazing happens”, es “Where things happen”. Y solo con eso, sean amazing o no, consiguen que sea más que de sobra para tenerte enfrente de la TV a horas intempestivas en este maravilloso sofá desde el que se escriben y se cuentan las crónicas.

Bienvenidos, un año más, a (ésta sí) la mejor liga deportiva del mundo.

P.D. A la hora de escribir este artículo no conocíamos la sanción (si nada cambia) de 25 partidos a Deandre Ayton por consumo de diuréticos, pero es otra historia (una más y van…) que añadir a la lista.