George Karl – Por sus mil y 2 victorias.
Rick Carlisle – Se rapó el pelo y le va bien… muy bien, 12 victorias seguidas para Mavs.
Derrick Rose – Está llevando como sólo el sabe a los Bulls.
Amaré Stoudemire – Lleva +30 en los últimos 7 partidos…y todo victorias para Knicks.
JaVale McGee – A parte de por tener el nombre molón, por hacer el Mejor Mate Fallado del Año.
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Un jugador de otra época
Desde que en Charles Barkley cogiera 33 rebotes en el partido inaugural de la temporada 96/97, su primer partido oficial con los Houston Rockets, en la cancha del equipo que le acababa de traspasar, los Phoenix Suns, nadie había vuelto a coger 30 o más rebotes en un partido.
Desde que Moses Malone, también con Houston, le colgara 32 puntos y 38 rebotes a los Supersonics de Seattle en 1982, nadie había logrado acompañar las 30 capturas con 30 puntos o más.
Y el hito que vivimos anoche en el Target Center de Minneapolis, podría también haber sucedido con un jugador que tuviera enfundada la camiseta de los Rockets. Porque Kevin Love un jugador de otra época, ha empezado jugando, poco, bien poco esta temporada. Kurt Rambis, ese genio que decidió que uno de los equipos más jóvenes y peor construidos de la Liga podría aprender a jugar con el Triángulo de un día para otro, le dio 5 minutos más de juego en la Noche Inaugural a Anthony Tolliver que a él, por su mejor defensa. Con el de ayer, sólo en 3 de 10 partidos (y hubo que esperar hasta el 5º) ha jugado más de 30 minutos, siendo claramente, junto a quizá, un renacido en los dos últimos partidos Michael Beasley, el mejor jugador del equipo, con una gran distancia sobre el resto.
Es por esta situación, que en Houston, que con su GM Daryl Morey al mando no tienen un pelo de tontos, preguntaron por la situación de Love en los Timberwolves. Desde Minnesota, muy educadamente rechazaron el ofrecimiento, y el que también hizo Portland, y dicen que no hay ningún problema. De hecho Love ya es el segundo jugador que más minutos juega del equipo.
Y no deberían tenerlo. Porque Kevin ha cogido tres rebotes más en un partido, que Chris Bosh en los 5 partidos que llevamos de mes de noviembre. Porque los 31 rebotes en una noche son mucho más propios de otras épocas. Finales de los 50 y principios de los 60. La guerra de Bill Russell contra Wilt Chamberlain. La época en la que el (escaso) tamaño de los jugadores, su paupérrima eficiencia anotadora, y el ritmo endiablado hacían que un jugador de 2.03 metros como Neil Johnston pudiera decir que sabía lo que era coger 39 rebotes en un partido de la NBA. O los 206 centímetros de Jerry Lucas bastaban para coger 40.
Y Kevin Love siempre ha sido vieja escuela. En una época en la que los jugadores que entran en la Liga siempre son comparados con el ejemplo más reciente, el nombre de Love siempre estuvo asociado a Wes Unseld y a Bill Walton, sobre todo por su recuperación del arte del pase de apertura de contrataque, el outlet pass que por siempre permanecerá asociado a Wes y Bill. Pero el «Gran Pelirrojo» es la comparación más evidente. En primer lugar, por lo poco habitual de las comparaciones interraciales, y también porque los dos salieron desde UCLA, ese campus a escasos 10 minutos de las playas de Santa Mónica donde Kevin nació.
Aunque sus números de ayer tengan algo de posible aberración estadística, con su parte de explicación, ya que los Knicks sólo dispusieron 26 minutos de un Amar’e Stoudemire con problemas de faltas, Ronny Turiaf no jugó por una distensión en su rodilla izquierda, y sus insignes compañeros (Milicic, Beasley, Tolliver, Pekovic y compañía) no se van a matar por quitarle rebotes, llegó al partido de ayer siendo ya el mejor reboteador por minuto jugado esta temporada, y con los 31 de ayer no habrá hecho más que aumentar su ventaja con Reggie Evans. Y aún tenemos recientes además, los 24 rebotes y el excelente partido que cuajó en el Staples contra unos Lakers a los que hicieron sudar más de la cuenta.
No sabemos si en Memphis se tirarán de los pelos por cambiarlo por O.J. Mayo (y por privarnos a todos de la hilaridad de una alineación Gay–Love–Gasol) porque con Marc y Randolph los Grizzlies no se pueden quejar de juego interior, pero lo que sí es seguro es que los Timberwolves sí que se arrepentirían. Por eso, más les vale tener contento a este hombre, que lo único que pide por el momento es lo que merece, jugar y ser importante. Porque además, puede ser la mejor y casi única razón que tiene Ricky Rubio para cambiar Barcelona por las Ciudades Gemelas.
El salto
Si tuviera que hacer un listado de los jugadores que apuntan a progresar más esta campaña que se nos avecina, el nombre de Raymond Felton estaría bien alto. Pese a que palabras como «paciencia» o «potencial» sólo parecen usarse con los hombres grandes, se me vienen a la mente unos cuantos bases que pegaron el salto de calidad cuando llevaban varios años en la Liga, y a menudo, este cambio vino propiciado por un cambio de aire.
Los mimbres de Raymond Felton están ahí. Elegido en la quinta posición en el Draft de 2005 después de Deron Williams y Chris Paul, viniendo de la Fábrica de Churros, la Universidad de North Carolina, el talento no se ha puesto en duda nunca. Además, cambia a Charlotte y Larry Brown, por los Knicks de D’Antoni, lo que sugiere un incremento en sus estadísticas a tener en cuenta, para acompañar a su ya muy buena defensa, que no todo van a ser números.
Y además, no hay que descartar el efecto Amar’e Stoudemire, uno de esos (ala)pivots que hacen mejor al base. Aunque buena parte del mérito de la carrera de Stoudemire lo tiene la dupla que forman D’Antoni y Steve Nash (otro de los que tardó un largo tiempo para dar el salto) no hay que olvidar que ha mantenido su eficiencia en las etapas de Porter y Gentry, y que su talento y sus números ya estaban presentes antes de juntarse con el canadiense, pese a tener que pasar su primera temporada y media con Stephon Marbury, que nunca ha sido conocido por su habilidad a la hora de crear y repartir juego, y una segunda mitad del curso baloncestístico 2003-2004 con un rookie Leandrinho Barbosa como base titular.
Ejemplos del salto que nos invitan a pensar en que Felton podría coquetear con una plaza en All-Star, hay unos cuantos. El primer nombre que a muchos se nos viene a la cabeza es el de Chauncey Billups. Elección alta en el Draft (número 3 en 1997) pasó por cuatro equipos antes de en su sexta temporada mudarse a Detroit y formar parte del club del 20 en PER**, pero fue su quinta temporada, aún en Minnesota, la clave en su eclosión. Sus estadísticas crecieron en 3.5 puntos de PER, 2.1 asistencias y 3.2 puntos, antes de dar otro paso cualitativo similar al llegar a los Pistons.
El ya mencionado Steve Nash, pasó de promediar un PER de 13.5 a 19.6 en su quinta temporada y se convirtió en All-Star en la sexta. Terrell Brandon pasó de 18.7 a 25.2 puntos de PER y al All-Star también su quinta campaña, lo que le valió que el año siguiente la revista Sports Illustrated lo condecorara según su criterio como «El mejor base de la NBA».
Otros ilustres miembros que se unieron al «Club del 20» en su quinta o sexta temporada en las 3 últimas décadas incrementando en más de 3 puntos su PER fueron Gary Payton, Sam Cassell, Tony Parker (All-Star en su quinta temporada), Baron Davis, Darrell Armstrong (cuya quinta temporada le llegó ya con 30 calabazas), Michael Adams, y tres jugadores que disfrutaron por primera vez del All-Star en su sexta temporada, esa en la que está entrando Raymond ahora: Terry Porter, Fat Lever y Dana Barros.
Alguno de estos cambios fueron propiciados por un aumento en el tiempo de juego de unos 5 minutos por partido, algo que no parece que Felton vaya a tener, porque la realidad es que en los Bobcats ha jugado bastante. Los 37.6 minutos por partido que ha tenido en su tercer y cuarto año son más de los que disfrutaron muchos de los bases mencionados en su primer lustro en la Liga, y supongo que en New York seguirá jugando lo mismo, por lo que si quiere aumentar el PER de 15.2 que consiguió la pasada temporada, tendra que aprovecharlos mejor.
Si usamos el «Similarity Score» (medida de comparación con otros jugadores de misma edad/experiencia) de databasebasketball.com para poner su carrera en perspectiva, vemos como pese a que sus estadísticas en los primeros años se comparaban con las de Jason Kidd y Deron Williams, el jugador al que más se acerca en producción en su cuarta y quinta temporada, es Mike Bibby. Si hacemos la comparativa de toda la carrera, en vez de por temporada, hasta ahora se compara por igual (por lo que asumimos que está a medio camino) con la de TJ Ford y la de Deron Williams.
Estad atentos porque este año tendrá que dar el salto, para un lado o para otro.
** PER o Player Efficiency Rating, medida estadística, y por definición, falaz y falible, para valorar la eficiencia de un jugador, de la que ya habláremos con más calma en La Calculadora de nuestra Crónica por si no la conoces. Con el «Club del 20» me refiero a los jugadores que pasan de 20 puntos de PER como promedio durante la temporada. En la 2009/2010 sólo 27 jugadores (más de 500 minutos en la temporada como requisito) pasaron de 20 puntos de PER, entre ellos, 18 de los 28 jugadores convocados como titulares o reservas para el All Star. Los únicos bases en el «Club del 20» la pasada temporada fueron Paul, Deron, Nash y Billups. Rondo (19.1) y Rose (18.6), se quedaron a las puertas, lo que da una idea de la exigencia de esta cifra.


