Medida de eficiencia

El porcentaje de tiros de campo (TC%, o en inglés, field goal percentage FG%), que se calcula como cantidad de tiros de 2 y de 3 anotados, dividido por el número total de tiros intentados, ha sido tradicionalmente usado como la medida de eficiencia anotadora. Ríos de tinta primero, y de píxeles después, han corrido comparando jugadores y justificando quién es mejor y quién peor en función a este numerito entre 0 y 1. Pero el FG% es una herramienta horriblemente sesgada en contra de los tiradores para este tipo de comparaciones, por una sencilla razón. Un tiro de dos no vale lo mismo que uno de tres. Y la probabilidad de anotar un tiro de dos, no es la misma que la de anotar un tiro de tres.

Vamos a poner un ejemplo práctico. Si un jugador anota 20 puntos con 6 triples y una canasta de dos, lanzando a canasta 14 veces y otro jugador anota esos 20 puntos con 10 canastas de dos, lanzando 15 veces. ¿Quién es más efectivo? Claramente, han hecho los mismos puntos, pero el primero ha necesitado un tiro menos, por lo que lo elegiríamos a él. Calculad ahora el porcentaje de tiros de campo. El primero, 7/14 (0.500 FG%); el segundo 10/15 (0.666 FG%). Algo falla, ¿verdad?

Es por casos como este, que se han ido introduciendo poco a poco medidas que representan mucho mejor la realidad. El porcentaje efectivo de tiros de campo, EFG%, recoge esta diferencia, calculándose como

(FGM + 0.5 * 3PM) / FGA

donde FGM (field goals made) es el número de tiros de campo anotados, 3PM (three-pointers made) es el número de triples anotados, y FGA (field goalds attempted) el número de tiros de campo intentados.

En el ejemplo anterior, el EFG% del primer jugador es de (7+0.5*6)/14=0.714 y el del segundo al no anotar ningún triple es el mismo que el FG%, 0.666. El EFG% responde en parte a la noción a la que hacíamos referencia antes de puntos por tiro. En realidad, el EFG% se puede ver como la probabilidad de anotar 2 puntos por tiro de campo. Vamos al ejemplo, los 20 puntos en 14 tiros del primer jugador equivalen a 10 canastas de 2 en 14 tiros (10/14=0.714).

Pero estas dos métricas de eficiencia anotadora, se olvidan de una cosa… que con tiros libres también se anota. Es mucho más realista una estadística que nos de el número de puntos por posesión que el número de puntos por tiro de campo. Es por eso que mi herramienta preferida es el Verdadero Porcentaje de Tiro, o TS% (True Shooting Percentage), creado por John Hollinger.

En esta estadística se recogen también los tiros libres, y tiene la siguiente fórmula:

PTS/(2*FGA+0.88*FTA).

Donde PTS (points) son puntos, FGA (field goals attempted) tiros de campo intentados, y FTA (free-throws attempted) tiros libres intentados. La fórmula la podéis encontrar escrita de manera algo diferente (esta es la forma que yo prefiero), pero da lo mismo, el resultado debería ser igual.

¿Qué hace esta fórmula, que por cierto, en realidad no es un porcentaje? Si os fijáis, si no se lanzan tiros libres, PTS/(2*FGA), es exactamente lo mismo que el EFG%, la probabilidad de anotar 2 puntos por tiro de campo, escrito de otra manera más implícita. Como en una posesión se lanzan dos tiros libres, hay que añadirle al denominador el número de tiros libres intentados, sin multiplicar por el factor 2, por lo que la fórmula quedaría como PTS/(2*FGA+FT).

¿Entonces, de dónde sale ese factor, 0.88, que multiplica al número de tiros libres intentados? Como ya hemos comentado antes, esta estadística persigue calcular el porcentaje de acierto por posesión, y según el criterio de Hollinger, tiros libres lanzados por técnicas o 2+1, son «extras» que no deberían ser tenidos en cuenta porque desvirtúan los dos tiros por posesión. A falta de tener información real (especialmente histórica, ya que ahora mismo no creo que fuera difícil recoger estos datos) sobre el número de tiros libres «extras», este 0.88 es una aproximación. Obviamente esta es la parte «fea» y discutible del TS%, a nadie nos gustan las aproximaciones, y más si las podemos comparar con métricas exactas, pero la variación que se produce es bastante pequeña.

Para introduciros la importancia que le veo yo al TS%, y la tremenda diferencia que puede llegar a tener con el FG%, dejadme poner un ejemplo: la temporada 2007/2008 de Kevin Martin. Si mirásemos el porcentaje de tiro de campo del (entonces) jugador de Sacramento esa temporada (0.456%), veríamos, como de los 300 jugadores que jugaron 500 minutos o más, ocupaba la posición 125 (37º entre bases y escoltas). Nada especial.

Pero Martin, un buen triplista (33º en la Liga, 0.402% de porcentaje de triple esa temporada, 0.603% si lo ajustamos para comprarlo con su tiro de dos) y un jugador superlativo yendo a la línea, el tiro más eficiente en baloncesto, (salvo por algún hombre alto) en donde además tiene un porcentaje excelente (15º en la Liga con su 0.869%, 0.987% si lo ajustamos por posesión con el factor 0.88), tuvo un TS% de 0.618. 0.618. Si te dijéramos como antes que fue 125 de 300 en la NBA en tiros de campo, pensarías que es otro jugador más que anota mucho porque tira mucho. Pero en realidad, por su TS%, Kevin Martin fue el 16º jugador que más probabilidades tenía de anotar puntos en cada posesión.

Comparando anotadores de volumen entre ellos, de los 31 jugadores que esa temporada metieron más de 20 puntos, Kevin Martin fue el tercero más eficiente, solo por detrás de Amar’e Stoudemire y Dwight Howard. ¿Mirándolo por FG%? El 21.

Esta semana seguiremos hablando del TS, repasaremos que jugadores se sobrevalorarían e infravalorarían en la Liga si se valorara solo al FG%, y repasaremos las mejores temporadas históricamente.

Cosas que hacer este puente: Ver NBA gratis

Hasta la noche del día 2 de noviembre la NBA ha puesto de forma gratuita su League Pass, esto es, ver los partidos tanto en directo como en diferido GRATIS hasta el día 2.

Lo único que hay que hacer es registrarse en la página del League Pass y descargar la última versión de Flash, desde ese momento podremos disfrutar de NBA gratis durante este fin de semana y con una muy buena calidad.

Para aquellos que luego quieran seguir con el League Pass, el precio de toda la temporada es de 85€ y 116€ el pack premium que incluye visión de partidos en dispositivos móviles, pero aquí tenéis que tener en cuenta que si sois de España o Canadá os van a apagar algunos partidos… que normalmente suelen ser los interesantes, gracias a Digital + aquí en España (por si queréis queraos a alguien).

El arma secreta

La clave para un nuevo título de Los Angeles Lakers podría estar sentada en su banquillo. Y ser vital sin siquiera quitarse el chándal. Porque aunque su segunda elección en segunda ronda en 2010, Derrick Caracter, no juegue con ellos, tampoco lo hará en contra. Caracter es el prototipo de ala-pivot pequeño que apenas rebasa los dos metros y pasa gustosamente de los 100 kilos, que lleva apareciendo sistemáticamente en los últimos años en segunda ronda, o incluso sin draftear, y por el que luego tantos equipos derraman lágrimas de cocodrilo por no haber sabido reconocer su aportación potencial a tiempo. Pero llega al año que viene, y hete aquí que el barrilete de la camada, vuelve a caer.

Caracter, nativo de New Jersey, apuntaba a estrella en el instituto. Los dos nombres que encabezaban la lista de mejores hombres altos del país en 2006 eran el de Greg Oden y el suyo. Después de ser reclutado por unas cuantas universidades, acabó en Louisville con Rick 15 segundos Pitino que no supo aguantar a un joven insolente al que le sobraba su apellido, y que no paraba de meterse en problemas. Ni en McDonald’s. Ni en Taco Bell. Ni en Pizza Hut. Donde quiera que fuera.

En esas dos temporadas en L’ville jugó en 18 partidos y estuvo sancionado 16. La gota que colmó la paciencia de Pitino fue el anuncio de que se iba a la NBA justo después de quedar eliminados en la ronda Elite 8 (los cuartos de final) del torneo de la NCAA. Rick tuvo que claro que a la NBA tal vez no iría, pero continuar en su equipo, tampoco. Viendo como las franquicias de la NBA no estaban por la labor de malgastar una elección de Draft en un joven inmaduro que no era capaz siquiera de cuidar de si mismo, tuvo que quitar su nombre de la lista de elegibles, y buscarse un nuevo destino.

Eligió la Universidad de Texas-El Paso, esperó un año como mandan las reglas de la NCAA, y regresó al parquet para la temporada pasada, cambiando un equipo que todos los años aspira a lo más alto, por una mid-major en la que llegar al Baile de marzo se considera todo un éxito. Y el éxito no fue esquivo con él, ya que logró liderar a los Mineros, y llevarlos hasta el Torneo de la NCAA. Perdieron con la cenicienta, Butler, ese equipo de Indiana con aroma hoosier que llegó a la final, pero eso era lo de menos. Caracter había conseguido su redención, volver a recordar los momentos en los que disfrutaba del baloncesto. El chico creció en New Jersey, cerca de los focos y el ajetreo, de la party and bullshit de la Gran Manzana y continuó su carrera en Kentucky donde el baloncesto universitario es religión, lo que le convertía en apóstol por accidente, por lo que a buen seguro que cambiar todo eso por la vida diaria en El Paso, fronteriza con Ciudad Juárez y con un 80% de población latina, un lugar donde la gente se levanta con problemas mucho más importantes que la canastita, le ayudó a despertar y a valorar el trabajo duro.

Hagamos recopilación: desde que Brandon Bass fuera elegido en la posición 33 del Draft en 2005, todos los años hemos tenido uno o más de estos: Paul Millsap y Leon Powe (49) en 2006 (elección 47), Carl Landry (31) y Glen Davis (35) en 2007, Joey Dorsey (33) en 2008, DeJuan Blair (37) en 2009, y llegamos ya en este 2010, a Caracter, que se fue hasta el 58. De toda esa lista, sólo Dorsey (y Powe por culpa de las lesiones) no tiene un papel importante en su equipo.

El problema para Lakers, es que, quitando los bases rivales, este es quizá el prototipo de jugador que más daño hace al equipo angelino, especialmente en Play-Off. Millsap mejoró sus promedios de 11.6/6.8 en la Temporada Regular a un 19/7.3 en la serie contra Lakers. Y seguro que Pau Gasol aún se acuerda de los 21 puntos en 15 minutos de Powe en el segundo partido de las Finales en 2008 o el 18-5 saliendo desde el banquillo de Big Baby Davis (al que Caracter se parece hasta en la cara) en el cuarto de este año.

Para los que lleváis la cuenta, este modelo de ala pivot undersized le ha costado a Lakers prácticamente dos partidos en las dos series finales contra Celtics. Lo que puede ser la diferencia entre llevarse a casa el Larry O’Brien o no. Por eso, no sé si Caracter jugará mucho o poco esta temporada. Tal vez nada. Pero lo que parece seguro es que al menos no estará en la Final de Conferencia en Oklahoma aprovechando que la defensa de los Lakers se centra en Durant y Westbrook para darles un disgusto. Ni podrá salir del banquillo de Miami en junio y hacerse camino entre palmeos y dos-más-unos hasta la veintena de puntos cuando a Bosh le falte el aire. La clave del three-peat podría estar sentada al lado de Jack Nicholson. Caracter puede ser el arma secreta. Tan secreta, que nunca sabremos lo que podría haber pasado, si LA lo tuviera enfrente.

El dilema del prisionero

El dilema del prisionero es un problema en teoría de juegos, descubierto en los años 50 y formalizado por Albert W.Tucker en 1992 que vendría a consistir en lo siguiente. Dos sospechosos arrestados por la policía son encerrados en salas de interrogatorio diferentes y les ofrecen el mismo trato a cada uno: si testificas contra el otro, y este no testifica contra ti, eres libre y el sospechoso contra el que testificaste se enfrenta a 10 años de prisión; si los dos os mantenéis callados tendréis que cumplir una pena pequeña (6 meses de prisión), y si los dos os acusáis mutuamente, preparaos para 5 años entre rejas.

Esta viene a ser la situación ahora mismo entre los Nuggets y Carmelo Anthony. Ambas partes pueden perder si no llegan a un acuerdo, y mucho más aún si sólo uno de ellos se sale con la suya.

La situación perfecta para Carmelo Anthony sería irse ya al equipo que él quisiera, presumiblemente New York, firmando la extensión de 65 millones por 3 años (o incluso más tiempo en los mismos términos monetarios), y que este equipo diera lo menos posible por sus servicios, para mantenerse competitivo. Esto evidentemente mandaría al equipo de «La ciudad a una milla de altura» a sus 10 años de prisión particulares: obtener una pequeña recompensa y despedir ya a su jugador franquicia, uno de los mejores anotadores de la Liga, aquel que hace años parecía jurar fidelidad eterna cuando alargó su contrato un año más que sus «superamigos» de promoción.

Por su parte, lo mejor que pueden hacer los Nuggets, una vez que Melo haya decidido su marcha, es traspasarlo al mejor postor, que de entrada, parecía ser New Jersey. La llegada de Favors parece que gusta mucho más que la de Randolph, Chandler o Gallinari, y de tener que recibir un contrato que acabe este año, preferirían a un jugador que puedan poner en pista, antes que tomar el peso muerto, y nunca mejor dicho, de Curry. Y las primeras rondas del Draft, que New York no tiene para una buena temporada. Un buen paquete de vuelta podría consolar y ayudar a reconstruir al equipo obteniendo el máximo beneficio en esta situación. Si el equipo que hace la mejor oferta no es del gusto de Anthony, la penalización para él sería alta: tendría que pasar la temporada en un equipo en el que no está agusto, y si ficha el año que viene como agente libre se arriesga a perder una ingente cantidad de dinero (los contratos como agentes libres tienen un tope menor que las renovaciones) que puede ser aún mayor si el nuevo convenio colectivo, la CBA del verano de 2011 va a la baja como parece por la forma que está tomando. Firmando la extensión, Anthony pasaría a cobrar 83 millones los próximos cuatro años. Sin firmarla se arriesga a perder hasta un tercio (unos 27 millones de dólares) si los contratos se reducen como los propietarios de las franquicias quieren.

Si ambos ceden un poco y cooperan, los Nuggets podrían aceptar una oferta, que si bien no la mejor, sea lo suficientemente atractiva, y Melo podría aterrizar, si no en su primera prioridad, al menos en un equipo de su elección, con la millonaria extensión bajo el brazo. Aquí es donde entraba en juego la oferta de los Nets. Según las distintas informaciones que han ido apareciendo, los Nuggets rechazaron la oferta porque el tándem Favors+Kirilenko cobraba casi 5 millones más esta temporada que Anthony, y Stan Kroenke, el propietario de los Nuggets, no estaba dispuesto a perder a su jugador franquicia y dinero a la vez. Otras apuntaban que en Denver si se aceptaba la oferta, pero que era Anthony el que se negaba a ir a la futuro de Brooklyn. Sea como sea, parece que esa opción en la que las dos partes ceden un poquito por cada lado, pasaría por traerse al rookie Favors y algún otro jugador a cambio de mandar a Melo a Jersey.

Lo que ninguno de los dos quiere hacer es forzar demasiado su mano. Si Anthony pasara la temporada completa jugando en el Pepsi Center y vuela al Este el 1 de julio, los Nuggets ven como su jugador franquicia se va sin compensación, y Carmelo pagaría el empeño dejando millones encima de la mesa. Me cuesta creer que lleguemos a esta situación, porque mucho se tendría que deteriorar la relación para no alcanzar un acuerdo, que dejaría a los dos equipos perdiendo.

¿Y qué dice la teoría del juego de todo esto? Si conociéramos a ciencia cierta las ofertas recibidas en Denver, como valoran los jugadores que van a recibir, la lista real de preferencias de Carmelo, y la diferencia que supondría firmar una extensión y un nuevo contrato, podríamos jugar a cuantificar y definir una «matriz de pagos» y calcular de que lado del tejado cae el punto de equilibrio, pero en el juego clásico, el equilibrio es Pareto-subóptimo, en román paladino, lo mejor para cada jugador es «traicionar» al otro, y que Anthony pase esta temporada con los Nuggets antes de coger el puente aéreo.

Pero por fortuna para ellos, hay una gran diferencia entre el problema planteado y la situación en las Rocosas: el equipo y el jugador conocen la decisión del otro y pueden optar por elegir la verdadera decisión óptima: colaborar y ceder en busca del mejor bien común.