La última esperanza para David

Como ya te hemos comentado alguna vez, este verano se acaba la CBA (el Collective Bargaining Agreement, vamos, el convenio), y toca negociar una nueva que ponga de acuerdo a jugadores y propietarios. Como podéis imaginar, la cosa no va a ser fácil, con los equipos ansiosos por reducir costes e incluir mecanismos que les puedan librar de los errores que tantas veces cometen, y los jugadores tratando de garantizarse un futuro lo más largo, grande y seguro en lo económico.

Uno de los caballos de batalla es la inclusión de la etiqueta de Jugador Franquicia, que ahora mismo está en funcionamiento en la NFL y que permitiría, de ser aplicada, entre otras cosas, agarraos que vienen curvas… que los Nuggets pudieran tener 3 años más a (un muy descontento) Carmelo Anthony.

A pesar de que David Stern comentó en octubre que no pensaba incluir semejante mecanismo, la realidad es que muchos de los propietarios, especialmente los de los equipos con mercados pequeños, están haciendo todo lo posible para que así sea, porque aumenta su influencia considerablemente a la hora de negociar con los futuros agentes libres. Su inclusión dependerá probablemente del panorama que la NBA prefiera ver: movimiento de los jugadores más importantes en agencia libre, principalmente hacia los equipos de mercados más grandes y con solera, o jugadores que se ven atados a sus clubs.

Ya hemos comentado que en principio esta etiqueta dificulta sobremanera que los cracks de la NBA cambien de equipo, o al menos que lo hagan por un precio injusto, y ahora explicaremos el porqué. En la NFL, cuando un jugador acaba su contrato con un club y se convierte en agente libre, su equipo tiene la posibilidad de nombrarlo Jugador Franquicia. Cada equipo puede nombrar un jugador franquicia al año, y un mismi jugador, puede ser Franquicia tres años.

El primer año que nombras a un Jugador Franquicia, se le hace un contrato de una sola temporada, con un salario que es, como mínimo, el mayor entre el 120% del suyo actual, o la media de los cinco mayores contratos en su posición. Esta media y distinción por posiciones, se hace en una NFL en la que los puestos están muy jerarquizados, para poner al jugador en su contexto: un quarterback cobraría unos 16 millones y un running back 8. En la NBA, en la que la media entre posiciones no es muy dispar, y en la que, habría que definir unas posiciones que no son tan claras, la definición debería cambiar ligeramente. Si fuera implementada tal y como esta, con cifras de esta campaña, en el caso de Carmelo, que cobra este año 17.149.243$, pasaría a ganar como jugador franquicia, al menos, el 120% de esa cantidad, 20.579.091$, ya que la media de los cinco jugadores que más cobrarán la temporada que viene en su posición (LeBron James, Paul Pierce, Rudy Gay, Kevin Durant y Luol Deng) es bastante inferior, 14.466.650$.

Este contrato puede ser exclusivo, o no exclusivo. En el primer caso, el jugador no puede negociar con ningún equipo, y pertenece por completo al club. En el segundo caso, el jugador se convertiría en algo parecido al agente libre restringido de la NBA actual, ya que podría firmar un contrato con otro club, mientras su club de origen tiene derecho de tanteo. En caso de que finalmente, el club no decidiera igualar la oferta, recibiría dos primeras rondas del Draft pertenecientes al que acaba de fichar a su jugador. Esta regla también necesitaría algún ajuste para poder aplicarse a la NBA, ya que en una situación con los mismos parámetros que la actual, al haber escala salarial (en la NFL hay tope para todo el equipo al completo, pero no hay máximo para un jugador), en la mayoría de casos, ningún equipo puede ofrecer un salario por encima del estipulado, por lo que la etiqueta no exclusiva, se convierte en exclusiva en la práctica. Además, el valor de dos primeras rondas del Draft de la NFL es superior al de la NBA.

Si al jugador se le volviera a aplicar la etiqueta al año siguiente, se le volvería a hacer contrato por un año más, con un valor mínimo del mayor entre el 10% del salario del año actual, o de nuevo, la media entre los cinco mejor pagados en su posición. En el caso de Carmelo, se aplicaría la primera cantidad, 22.637.000$ en la 2012/2013, ya que es altamente improbable que la media de los jugadores mejor pagados ese año vaya a estar por encima de ese valor.

La etiqueta se podría llegar a aplicar al mismo jugador una tercera y última vez, también por un solo año más, y en este caso, el salario mínimo será el mayor de estas tres opciones: la media de los cinco jugadores mejor pagados, en la posición que mejor se pague (en el caso de la NFL, léase quarterbacks), el 120% de la media de los cinco jugadores mejor pagados en la posición del jugador, o el 144% del salario del jugador el año anterior. Vamos a poner el ejemplo con Anthony de nuevo, imaginándonos que ya lleva siendo jugador franquicia 2 años, es decir, con las cantidades actuales y del año que viene. La posición mejor pagada el año que viene en la NBA, va a ser la de ala-pivot, en la que los cinco jugadores que mejor cobran (Rashard Lewis, Tim Duncan, Kevin Garnett, Dirk Nowitzki y Pau Gasol) ganarán una media de 20.491.804$. El 120% de la media de los aleros mejores pagados el año que viene sería de 17.359.980$. Y el 144% del salario actual de Melo, es 24.694.909$, y por tanto, esto sería lo que cobraría el año que viene como jugador franquicia, en ese escenario hipotético, en el que lleva dos años siéndolo.

Si cobran tan bien, ¿por qué los jugadores no quieren esta etiqueta entonces? Pues porque lo poco que pueden ganar de más, lo pierden en libertad y en seguridad a largo plazo. Si ya te encuentras entre los jugadores mejor pagados en tu posición, la diferencia entre la actual extensión de contrato (subidas anuales del 10.5%) y las subidas del 20, 10 y 44% no es muy sustancial, especialmente los dos primeros años. Y a cambio, te verías atado a ese equipo a disgusto tres años más, y te encuentras que durante tres temporadas, solo tienes firmada una más de contrato, toda una desgracia si te lesionas de gravedad. En la NBA, en la que este tipo de problemas no son tan frecuentes, la seguridad salarial no preocuparía tanto, pero en una NFL en la que la media de la carrera de los jugadores es 3.3 años, si parece importante firmar por el mayor tiempo y dinero garantizado posible.

Evidentemente, este mecanismo es perfecto para retener a los mejores jugadores en su posición, ya que alarga hasta en tres años la fecha en la que el jugador se convierte en agente libre, dándole un poder en la negociación que ahora mismo no tienen. Los Nuggets ganarían un trienio para traspasar a ‘Melo, con toda la calma del mundo, y sin tener que aceptar ofertas a la baja como la de los Knicks.

Teniendo en cuenta que el jugador al que se le asigna la etiqueta va a pasar a cobrar como uno de los mejores, a un club no le interesaría aplicársela a cualquiera. Por ejemplo, no creo que los 76ers estén por la labor de ofrecer los más de 14 millones que hemos visto que ganarían los aleros, a Jason Kapono, que será agente libre este verano para retenerlo o evitar perderlo. Sin embargo, si puede merecer la pena aplicársela a un jugador que no esté en el Top 5, pero si tenga un buen valor, para ganar poder negociador. Por ejemplo, un caso que se me ocurre, es el de los Hornets, que podrían perder a David West sin recibir nada a cambio este verano.

La franquicia de New Orleans podría optar por convertir a West en franquicia, sobrepagándole el año que viene (recibiría 20 millones) y poniéndole al lado una oferta para extender su contrato de 55 millones por 6 años, inferior a la que el jugador está buscando: más de 10 millones al año. En ese momento, West se encontraría en la siguiente disyuntiva: elegir entre la seguridad que le otorgan 55 millones garantizados, o esperar un año, en el que tendría que recibir una oferta mejor que 35 millones por cinco años si no quiere perder dinero. Aunque a día de hoy parece razonable que pudiera conseguir ese contrato, el jugador estaría tan solo a una mala temporada a sus 32 años, de perder dinero, o incluso, en el peor de los casos, una lesión de gravedad le haría perder esos 35 millones. Y en el caso que decidiera no firmar la extensión, los Hornets han ganado un año para poder traspasarle.

Espero que este artículo os sirva para entender el funcionamiento de la etiqueta de Jugador Franquicia. Aunque como ya hemos comentado, los detalles y cifras tendrían que ser estudiados, la idea básica sería la misma: posponer el periodo de agencia libre de los mejores jugadores, y quitarles la seguridad financiera a largo plazo, de manera que los equipos ganan poder y tiempo para retener o traspasar a sus jugadores de la manera más conveniente.

El mayor regalo de navidad

Comentaba @treykerby en su Twitter que quería a los Hornets como regalo de navidad. Y alguien se los llevará a su casa este fin de año. George Shinn uno de los propietarios que peor ha hecho sus deberes en la Liga, le ha vendido el equipo a David Stern que lo revenderá al mejor postor en cuanto pueda. De momento no se conocen cifras de la operación, pero la franquicia está valorada en más de 300 millones de dólares. La última venta realizada en la NBA, la de los Golden State Warriors, llegó a 450 millones.

A pesar de que el propietario cambie, la estructura de los Hornets seguirá teniendo total libertad para tomar las decisiones que crean convenientes. A pesar de que con todo lo que se ha hablado esta venta parezca una mala señal para retener a Chris Paul, yo me atrevería a decir, que al contrario, la permanencia del pequeño gran base parece asegurada, porque un jugador de su talento es todo un incentivo para los posibles compradores, y la NBA lo que quiere es vender bien, y cuanto antes.

Aunque el movimiento resulte curioso y pueda levantar suspicacias, no hay que irse muy lejos ni en tiempo ni en lugar para encontrar parecidos. Este mismo verano la MLB de beisbol prestó dinero para sacar de la bancarrota a los Texas Rangers y tomó el control durante el periodo de venta de la franquicia. Y la NHL compró en 2009 a los Phoenix Coyotes para evitar que Jim Balsillie, CEO de RIM, empresa manufacturadora de BlackBerry, se llevara el equipo a Canadá, y de hecho, siguen poseyendo el equipo, a la espera de venderlo por fin este mes a un grupo de inversores. Por tanto, aunque con la mentalidad europea pueda parecer impensable, en Estados Unidos no tienen ningún problema para que la Liga tenga la propiedad de una franquicia, ya que la gestión sigue corriendo a cargo de los mismos trabajadores, y la NBA lo único que hará es proteger una inversión que estaba al borde del colapso.

En cuanto a la venta, y sus posibles destinos, Stern ha declarado que son partidarios de mantener la franquicia en New Orleans, y de hecho, el abogado que han contratado para supervisar el proceso, Jac Sperling es de allí, pero mucho me temo que si llegara una oferta mucho mejor, y no se lograran mejorar las condiciones del alquiler del New Orleans Arena, uno de los puntos en los que la Liga va a presionar, y mucho, habría que empezar a ir buscando destino.

El que más suena es, Kansas City. Su pabellón, el moderno Sprint Center que puede acoger a 18.500 personas, sería ofrecido con condiciones muy ventajosas al equipo que quisiera llevar a los Hornets a Missouri. Pero no entiendo porque aparece como la favorita, si todavía no hay ningún inversor que haya manifestado la intención de mover el equipo a KC. Mientras, Seattle, la ciudad con más tradición baloncestística, y con potenciales inversores como Steve Ballmer de Microsoft, sigue teniendo uno de los problemas que obligaron a la marcha de los Sonics, el Key Arena ha quedado viejo, y no se van a destinar fondos locales ni estatales para su remodelación. El hecho de que la capacidad, por encima de los 17.000 asientos sea parecida al Sprint Center, revela el gran negocio de la NBA a día de hoy: el pabellón de Kansas City cuenta con un gran número de palcos VIP y asientos de lujo que hacen que a misma audiencia, los ingresos sean mucho mayores que los del vetusto Key Arena

Las Vegas, ciudad que siempre sale a colación por no tener problemas de inversores ni de clientes potenciales, ha sido y será un lugar tabú para las Grandes Ligas por el miedo que se tiene a que Nevada sea el único estado de la Nación que permite legalmente las apuestas, y porque aunque el construir un pabellón estado del arte parece una tarea inmediata, la realidad es que todavía no hay ninguno en pie. Llevar otro equipo a California, bien sea a Anaheim, San José o San Diego también es otra opción que se mantiene abierta, aunque Stern parece preferir expandirse más a tener un quinto equipo en el mismo estado. Además, viendo los problemas que están teniendo en Sacramento para adecentar el ARCO Arena, el estado de California no está dispuesto ahora mismo a soltar dólares para negociar la remodelación y explotación de las canchas. El último nombre que ha aparecido es el de Chicago, que como tercer mercado más grande del país detrás de NY y LA tiene tamaño suficiente para acoger a un nuevo equipo en el United Center, pero como ocurre en otros casos, nadie se ha atrevido a hacer una oferta desde Illinois.

Por lo tanto, aún queda mucho en este proceso, que seguiremos desde aquí con mucha atención. Viendo la disponibilidad del Comisionado, y los problemas que plantean todas las posibles localizaciones, un servidor cree que los Hornets se quedarán en Louisiana una buena temporada, pero no sería la primera vez que nos llevamos una sorpresa.