PO Desde El Sofá (I): El interruptor está encendido.

Los Warriors ganaron cómodamente (113-92) el primer partido de estos Playoffs 2018, y por una noche al menos, disiparon las dudas que habían levantado en el tramo final de la temporada: su defensa brilló, con el nivel de esfuerzo y compromiso de las grandes ocasiones y la competitividad que no siempre hemos visto en ellos este año, por fin estuvo presente.

Los jugadores de Golden State fueron demasiado grandes y rápidos (difícil ganar en ambas) para los Spurs, y se deshicieron de ellos con bastante facilidad, sin necesidad de fuegos artificiales. Cimentaron el triunfo en el trabajo cerca de su propia canasta, por lo que no tuvieron que brillar en exceso al otro lado de la pista para llevarse la victoria.

Kerr empezó la serie con sorpresa sacando a Iguodala y McGee de titulares junto a las tres estrellas sanas del equipo, quinteto que curiosamente estaba inédito esta temporada. El tamaño y la longitud de este grupo fueron demasiado para los Spurs, y la punta de lanza al principio, fue el díscolo McGee, que comenzó con 4 de 4 en tiros de campo, y una impoluta defensa sobre Aldridge, que no veía la luz del día detrás de los largos brazos de JaVale.

La primera decisión de Popovich (quién sabe si influido en algo por el cambio de quinteto en GSW), fue poner a Danny Green sobre Draymond Green, con la idea de que quedara como hombre libre, sin intención de defenderlo demasiado. El que se aprovechó de esto fue Durant, que cubierto por Anderson, lograba forzar cambios al bloquear sin balón a Thompson, que le dejaban emparejado con Mills, sobre el que anotaba con extrema facilidad.

San Antonio no lograba llegar a la pintura de Golden State, ni crear separación alguna para tirar, y a los tres minutos y medio, Pops pedía el primer tiempo muerto de estos Playoffs. No sirvió para mucho, porque a la vuelta, los Warriors se seguían divirtiendo jugando para McGee y aprovechando los cambios incondicionales de la defensa de San Antonio para anotar desde el poste. Lo único que revitalizó a San Antonio fue la entrada de Ginobili, que era el único capaz de atraer fuera de su sitio a la ayuda para crear una ventaja, mientras Durant lideraba a los compañeros que habían salido del banquillo. San Antonio finalizaba el primer cuarto 11 abajo, y anotando tan sólo 17 puntos, tres de ellos de Manu sobre la bocina tras robar un balón y cruzar toda la pista. Un desastre que nos trajo de vuelta al Pops más arisco y lacónico en la entrevista con Lisa Salters.

En el segundo cuarto Gay también insufló algo de vida al ataque de San Antonio, pero los Warriors respondían con canastas fáciles, fruto de la malísima comunicación defensiva de San Antonio en los cambios, que increíblemente, parecían un equipo poco preparado para el rival y el escenario. Aldridge pudo anotar algo al volver a pista y encontrarse a David West, y el acierto en triples de San Antonio mantenía el partido a una distancia remontable, pero las impresiones eran de que, dijera lo que dijese el marcador, la diferencia entre ambos equipos era inmensa. La vuelta de los titulares Warriors a cancha para cerrar el periodo volvió a fortalecer la defensa, y bloquear de nuevo a San Antonio, que metieron sólo un tiro de campo en los últimos minutos, y se marcharon al descanso 16 abajo, con otro premio (casi) sobre la bocina en forma de tiros libres para Rudy Gay.

Insertando al alero como titular en la segunda parte en lugar de Slow Mo Anderson, que apenas jugó, y no resultó efectivo cuando lo hizo, buscando a McGee en movimiento poniéndolo en el p’n’r (en lugar de atacarlo con Aldridge de espaldas) y siguiendo con el acierto desde el triple, San Antonio tuvo sus mejores minutos para abrir el tercer periodo, pero la diferencia apenas menguó porque coincidieron con el Klay más inspirado, que provocó 3 faltas de Dejounte Murray en apenas dos minutos. Popovich, hizo algo muy particular, ya que después de la segunda de ellas, le mandó al banquillo por una posesión para comentarle algo rápidamente, y le devolvió a pista de inmediato. Pero con la tercera seguida (cuarta en total del partido hasta el momento para él), que al menos ya no fue de pardillo, no tuvo otra elección que volverle a sacar del partido. Thompson seguía sin fallar, y la ventaja llegaba a la veintena, con Popovich enarbolando la bandera blanca, literalmente, sacando a Derrick White, a pista antes de que acabase el tercer cuarto, que se cerró con triples de Draymond Green, mejor en defensa que en ataque.

Los Warriors mantendrían a los titulares un poco más en pista, pero el partido estaba efectivamente finalizado. Klay acabaría con 27 puntos en 11/13 en tiros de campo, Durant con 24 a la chita callando, y McGee con 15 en apenas 16 minutos en pista: funcionó tan bien que se ve que Kerr lo quiere en pequeñas dosis. Los Spurs fueron liderados por Gay con 15 puntos y tanto él como LaMarcus casi se marcan un “más tiros que puntos”.

A San Antonio le costó muchísimo anotar, y parecieron un equipo débil y otra velocidad que su rival. No aprovecharon la baja de Curry en absoluto, ya que no penalizaron los quintetos con malos tiradores de los Warriors, concediendo en su lugar emparejamientos flácidos, cuando no directamente fallidos, en los que prácticamente regalaban puntos a los Warriors. Mucho tendrá que pensar estos días Popovich, desde el estilo de juego hasta la rotación, para evitar otro correctivo como este.

Sofi del día: Nick Young no estuvo en la rotación hasta que llegaron los minutos de la basura… y si la justificación para hacerlo es el look con el que se presentó al Oracle… nos parece más que correcto:

Episodio III

Wow… nos quedamos cortos. Con salud, descanso y la posibilidad de hacerse tan pequeños como deseen porque a ese convento que es la temporada NBA ya le queda poco, los Warriors han hecho dos partidos de un dominio exasperante para aquellos que esperábamos una serie larga de partidos competidos. Pero aún así, han rendido a un nivel que ha hecho deliciosos unos enfrentamientos tan desiguales.

El problema es que tras un primer partido con mucho que remendar, los Cavs hicieron un segundo todo lo libre de errores que es posible a estas alturas, y los Warriors los aplastaron sin ser ni mucho menos perfectos. Perdieron el balón 20 veces, y Green sólo jugo 25 minutos en los que tuvo que estar muy alerta, y aún así la diferencia pareció insalvable. Están (mal)tratando a Cleveland como los Cavs hicieron con todos sus rivales en el Este.

La serie llega a Cleveland y ese factor cancha es la gran esperanza, porque un 3-0 la heriría muy profundamente. En anticipación al partido de esta noche, unas notas sin mucho orden ni concierto:

  • El MVP de los Warriors está siendo su defensa. Cleveland vive del uno contra uno y de castigar las ayudas rivales y frente a Golden State no pueden utilizar ninguna de las dos cosas. Klay Thompson, Kevin Durant y Draymond Green sobre todo, están siendo magníficos defendiendo uno contra uno, lo que les está permitiendo tener que ayudar lo justo, pero incluso cuando lo hacen es con buen criterio… y dándole tiempo a recuperar. Hay muchos comentarios sobre por qué LeBron no está jugando más en el poste bajo y aunque cierto es que a falta de otras alternativas deberían probarlo, y quizá funcione, no es una idea tan buena como otros años. Las gran ventaja de LeBron de espaldas es que no puedes defenderle con un solo hombre, y si lo haces, encuentra siempre de dónde viene la ayuda. Con Durant o Green intercambiándose en los papeles de hombre que le marca y hombre libre a la caza del pase errante, los Warriors están todo lo cerca que se puede estar de defender a LeBron ahí sin desordenarse. Entiendo que no hayan querido forzarlo, pero no tienen muchas avenidas más.
  • Love no está haciendo una mala serie (¡21 rebotes el primer día! ¡27 puntos el segundo!) y no hay duda ni debate este año sobre si debe jugar o no… pero yo tampoco diría que su actuaciónestá siendo “buena“. Aún así está siendo probablemente el segundo mejor Cavalier de la eliminatoria. Alguien con acceso SportVU podría sacar una estadística sobre el número de canastas logradas por los Warriors en las que Love aún no ha llegado a su propia zona, y alucinaríamos.
  • Todo el mundo quiere que Cleveland juegue más rápido… menos ellos mismos. Aunque tienen que seguir persiguiendo todas las oportunidades posibles a la contra, lo cansados que se les veía en la segunda parte del partido (¡Shumpert con calambres!), y cómo tuvieron que dejar de correr y atacar el aro por agotamiento les tiene que hacer replantearse las cosas. Cada vez que puedan salir rápido y anotar fácil y sin oposición deben hacerlo. Pero eso debería ser cosa de cualquier equipo y ante cualquier rival: hasta el Club Baloncesto Instituto Fertilidad Clinicas Rincon Cadete B tiene la obligación civil y moral de ir a tumba abierta a por las bandejas más fáciles. La diferencia es qué haces si esa primera oportunidad no se materializa: los Warriors si no anotan en 7 segundos o menos lo intentan inmediatamente para que sea en 10, 13… los Cavs a lo mejor tendrían que parar un poco más, por muy complicado que sea anotar a Golden State a media pista: al final tienen que hacerlo igual, porque se les ha acabado la gasolina, y ahí sí que es misión imposible.
  • Lue ya ha quemado los cartuchos de jugar con un solo hombre alto y LeBron de pívot sin ningún éxito. Ya lo avisábamos en la previa en dos formatos, podcast y texto: la llegada Durant con la configuración actual de la plantilla de los Cavs les iba a permitir a los Warriors ganar siempre la guerra de emparejamientos. Cleveland no puede hacerse pequeño sin quedar con menos tamaño, menos rápidez, menos vigor, menos tiro: menos todo que los Warriors. Y si manteniéndose grandes ya perdían terreno el año pasado, imagina este… A la plantilla de los Cavs le falta un McGee para que Lue pueda hacer la del científico loco y probar un plan Z: no es que tuvieran muchas opciones, pero rellenaron el final del banquillo con los Jones y similares y seguro que ahora que ha fallado casi todo no les importaría haber pensado un poco más fuera de la caja. No vas a remontar unas Finales a los Warriors con Wayne SeldenHollis Thompson o el mismo DeAndre Liggins que ya tenían en plantilla, pero Lue se quedaría más tranquilo dando fe de que lo probó todo.
  • No sólo es la llegada de Durant por Harrison Barnes: los Warriors han cambiado en la práctica también a Seth Curry por Steph Curry. Regalo un llavero del Larry O’Brien al que sea capaz de encontrar jugadas del base en los pasados Finales en las que penetre hacia el aro sin dar grima (y dándola se pueden contar con los dedos de las manos). Muy probablemente por su lesión, Curry el año pasado dejó la conducción aparcada en Playoffs y los muy poquitos momentos brillantes que tuvo (la prórroga en el G4 contra Blazers y… ¿hubo más?) se basaron en el acierto puntual de su mágico tiro, llegando al anti-clímax en el uno contra uno del último partido frente a Kevin Love. Este año la cosa es diferente y está revoltoso como nos tenía acostumbrados, ofreciendo un baile a todo el que ve en la pista. Con la ayuda de unos dobles bien hechos si es necesario también, qué coño. Que Steph vuelva a ser una amenaza en cualquier coordenada de la pista, cuando además puedes asignarle menos recursos defensivos que nunca, es una terrible noticia para los Cavaliers.
  • De lo que sí se ha dado cuenta ya Cleveland es que atacar a Curry sólo por darse el gustazo no tiene mucho recorrido. El primer partido intentaron ponerle en el pick’n’roll y no pudieron sacar mucha ventaja: si le pones el vídeo a un extraterrestre que no conociera el deporte terrícola pensaría viendo atacar a los Cavs que en el baloncesto, el objetivo no es pasar una cosa esférica por un aro redondo sino frotarse entre humanos en una extraña danza mientras uno de ellos (¿su líder?) aporrea contra el suelo esa pelota. El objetivo final de ese emparejamiento favorable es tener el camino más sencillo al aro pero los Cavs, sobre todo Irving, se olvidaban por completo de la meta. Queremos a Curry, gastamos más de media posesión, perdemos la geometría de la pista, no desordenamos a los Warriors y no hemos generado ninguna ventaja más que el uno contra uno, que a veces ni eso. ¿Y ahora qué? Y eso que la extraña manera de defender este tipo de situaciones de los Warriors les concedió alguna canasta facilísma: nunca había visto una manera de cambiar como la que utilizaron en Golden State (sobre todo frente a LBJ) en la que Curry primero se anticipaba al cambio, para luego descambiar y recuperar a su hombre mucho después. No sé qué querían conseguir pero estaba claro que estaba preparado porque se repitió en varias jugadas, no fue improvisación. Y aún con errores garrafales de comunicación que regalaron puntos, para los Warriors el rédito de todo este juego dentro del juego fue positivo.
  • Ya en el segundo partido los Cavs cambiaron un buen número de esas posesiones amorfas por más balones a Kevin Love, lo que unido al buen ritmo que tuvieron cuando aguantaron físicamente les permitió competir al menos la primera parte. Los Warriors jugaron con fuego el primer día en el que Green dejó la correa muy suelta a Love: lo trató como si en vez de uno de los mejores tiradores de la Liga fuera Tony Allen, y aún así, salvo un par de triples, vivieron para contarlo, porque Cleveland estaba muy ocupado tratando de hacer defender a Curry poniendo bloqueos con JR Smith. En el segundo partido fueron mucho más racionales con las ayudas del hombre de Love y aún así Kevin lo hizo mucho mejor en ataque, porque contaron con él y no lo usaron como un mero señuelo.
  • Precisamente, la ventaja del hero-ball, del baloncesto de aclarado, es su simplicidad. No te tienes que romper la cabeza, como repite Mark Jackson constantemente “Good D, better O“. Los Warriors están muy bien plantados y para desdibujarlos necesitas que tengan miedo de lo que puedes hacer. Cuando los Cavs dejen de jugar al pinto pinto gorgorito, y empiecen a atacar de verdad a su par, cuando los Warrios la sientan en el pesho, empezarán a suceder cosas. Para bien o para mal.

Hay mucho que contar en la serie, pero estamos a un rato del siguiente partido, y la comida de mañana no se va a hacer sola, señores. Nos queda tan poquito baloncesto que sería una pena que se acabara tan pronto, así que esta noche más de LeBron que Gloria, tú. Eso sí, tengo claro que dentro de 30 años le estaré contando exaltado a los nietos de mis amigos que vi jugar a estos Warriors. Y tú también lo harás, hater.

Si los Cavs ganaran Los Finales…

El jueves de madrugada, tras lo que está fácilmente siendo la semana más larga del año, empieza el tercer asalto del Warriors-Cavaliers, que no tiene quizá un favorito claro… pero sí de consenso: aunque se conceda que los dos equipos están parejos, una mayoría abrumadora escoge(mos) a los Warriors como vencedores más probables.

Pero favorito no es seguro, y en el deporte no hay certeza que valga: los partidos se tiene que jugar, y Cleveland puede mojarle la oreja a Golden State. Después de todo, no nos encontramos en una situación muy distinta a la de la pasada temporada, y todos sabemos lo que sucedió. Si los Cavs repiten título no sucederá todo lo que contamos aquí… pero sí tendrán que contar con muchos de estos detalles.

Los Mejores son… mejores

Aunque esta evaluación se rearbitrará a toro pasado, es muy posible que los Cavaliers junten al mejor jugador de la eliminatoria y al que más grande tiene las gónadas. Y hablar en términos de lo que aquí se reúne es extensible en muchas ocasiones al Mundo entero. James e Irving pueden ganar 4 partidos de 7 (o menos) a cualquier equipo, en cualquier situación o contexto, por mero poder individual. Están completando unos Playoffs brillantes y 7 de los 8 miembros que les acompañan en la rotación son capaces de tirar de tres, y con mucho acierto: ninguno baja del 40% en estos Playoffs.

Tienen espacio como nunca en sus carreras, luz verde de su entrenador, y también el uno al otro. La combinación de visión de juego, tamaño y experiencia de LeBron con la habilidad de Kyrie convierte el ataque de Cleveland en imparable, literalmente. Aunque la teoría diga que a Cleveland le interesa ganar la batalla del ritmo, para que el partido se desarrolle en un bailar pegados como baila el mar con los delfines, lo cierto es que no hay desarrollo posible en el que se puedan sentir incómodos, porque hasta en la situación más hostil tienen las de ganar.

Hace dos años LeBron jugó al escondite inglés con la defensa de los Warriors, castigando desde el poste bajo a todo aquel que se estuviera moviendo cuando levantaba la vista. El año pasado Kyrie, que era prácticamente novato en Los Finales, empezó flojo, pero todo fue ponerse cómodo y dedicarse a cambiar aclarados por puntos como si fuera divisa sobrante de un viaje lejano. Este año, la física y química entre los dos es de matrícula de honor, y James ha redescubierto el dulce punto en sus suspensiones que no se trajo de Miami, aquel que hace inútil la que durante tanto tiempo ha sido la única esperanza para pararle: darle espacio y dejarle tirar.

Van a tener que vérselas con defensores incómodos, largos y versátiles, jugadores que también tienen talento ofensivo y conocen esos trucos que un especialista jamás asimilará. El reto es grande porque entre Thompson, Iguodala, Durant, Green o Livingston es posible que no se enfrenten a un contrincante mediocre dos posesiones seguidas y tengan que olvidarse de recibir la ayuda de un bloqueo directo.

Pero el mejor ataque se impone a una buena defensa, y no hay muchas parejas mejores que estos dos.

Lue resuelve el problema Durant

Más allá de su innegable talento individual y del rol que pueda tomar como Señor Lobo encargándose de los problemas puntuales de anotación del equipo, Kevin Durant es un refuerzo de valor incalculable para los Warrriors por el problema que plantea a los Cavaliers en cuestión de emparejamientos.

Partiendo de que no hay muchos jugadores en la Liga con las condiciones necesarias para defenderle, los Cavaliers sólo tienen una persona que parezca adecuada: LeBron. El resto son demasiado pequeños o lentos para hacerlo, por lo que a priori, y salvo que alguien esté por encima de las expectativas y sus limitaciones, James tendrá que bailar con la más fea.

Esto es malo para Cleveland no sólo porque presumiblemente cansará más a LeBron de lo ocurrido en los primeros partidos de la serie del año pasado sudando de defendiendo a Harrison Barnes, sino porque impediría a los Cavs utilizar una de las estrategias con las que dio la vuelta a la tortilla: usar a LeBron como defensor de Green para dinamitar su pick’n’roll con Curry. Porque aunque los Warriors 2017 tengan ese bloqueo y continuación más abajo en su lista de prioridades que versiones anteriores del equipo, es de esperar que lo recuperen en cualquier momento.

Como James no va a poder estar en dos sitios a la vez (creo, habrá que verlo), Lue tendrá que elegir dónde utiliza su carta más alta y dónde emplea una solución subóptima. Quizá dé por perdido el enfrentamiento y 30 puntos por partido a Durant y se conforme con que uno de los Shumpert, Smith, Korver o Jefferson hagan lo suficiente para servir control de daños. También puede confiar en defender a Green (y lo que por propiedad transitiva supone, defender un poco -o un mucho- a Curry) con Thompson, que se mueve demasiado bien frente a los pequeñitos para el culo que tiene, o con Love, esperando que la magia de esa última jugada del último Final siga viva.

Luego estarían las ideas fuera de la caja: ¿se atrevería Lue a defender a Green con un pequeño, y retar a Golden State a que aprovechen el emparejamiento? Esta opción permite además -casi obliga a- que Cleveland juegue con un solo hombre alto, y si este es Kevin Love, pone en pista la opción nucelar, máxima artillería. El riesgo en cuanto a protección del aro y al emparejamiento con Green sería grande, pero los Cavs podrían estar haciendo llover canastas (triples) al otro lado, manteniendo a Curry y Durant relativamente ocupados.

O tomar la dirección contraria: poner a Durant con un jugador grande sabiendo que es posible que es eso, o coger a Curry en los cambios, y que así al menos KD no puede tirar por encima. Si los Warriors van a un Quinteto de la Muerte y los Cavs se mantienen grandes y abusones, algún interior va a tener que defender el perímetro, y será KD o Iguodala/Livingston.

Lo cierto es que esa pareja DurantGreen y su versatilidad para moverse hacia arriba una posición es sin duda el emparejamiento más desfavorable tal y como está construida la plantilla de Cleveland, y lo que puede permitir que los Warriors dicten a qué se juega. Que Lue dé con la tecla adecuada durante la serie es fundamental para los Cavs.

Love NO es “el de Minnesota

Tras estar fuera por lesión hace un par de años, y quedar groggy en una serie en la que los guionistas iban escribiendo un papel cada vez más pequeño para él, esta parece la primera oportunidad de que Love sea importante en Los Finales de cabo a rabo. Llega sano, en forma, y más integrado que nunca. Lidera al equipo en triples anotados, los primeros cuartos son suyos, ha recuperado la voracidad en el rebote (sobre todo el propio, que es cuando está cerca de la canasta) e incluso ha vuelto el outlet pass, el contraataque sin que el balón toque el suelo que era marca de la casa en los Wolves.

Lil’ Kev Sr. en estos Playoffs ha sido el de Minnesota, sólo hay que tener en cuenta que aquí él no corta el pastel, se lo encuentra ya en el plato. La cuestión es si puede mantenerlo frente a unos Warriors que van a atacar su defensa y quizá le reten en ataque.

Empezamos por esto último: los Warriors no se pueden permitir que su emparejamiento natural, Green, quede en el ostracismo del lado débil, despegado de la jugada en defensa. Love podría no tirar una sola vez en toda la serie, pero si sólo con su amenaza lograra despegar a Green de la pintura, su concurso sería de sobresaliente y los Cavs estarían más cerca del anillo. Por tanto es de esperar que Golden State le defienda o bien con un jugador más pequeño o bien ponga a Draymond a arriesgar mucho jugando a medio camino entre la ayuda y la recuperación. Love tiene que hacer pagar a los Warriors las dos cosas: yendo a poner bloqueos y posteando en el primer caso, y abriendo el campo y embocando triples en el segundo. Tiene un emparejamiento favorable o la posibilidad de anular al candidato número uno a Jugador Defensivo del Año: la oportunidad la pintan calva.

También es verdad que ni siquiera sus momentos menos inspirados en ataque han sido la razón que le ha costado chupar banquillo frente a Warriors. Es su defensa, inteligente y voluntariosa, pero lenta, la que le ha hecho perder minutos en un enfrentamiento en el que la receta es el cambio, y la capacidad para mover los pies y llegar rápido a los sitios resulta fundamental. Además, la transición ofensiva de los Warriors pone un montón de presión sobre los hombres altos rivales para volver a defender lo antes posible, y el posicionamiento de Love en ataque es de todo menos convencional. Hacer que Love juegue en el perímetro, pero por la zona de la bombilla puede ayudar a los Cavs a mantener el balance en defensa, pero si lo aparcan en una esquina, el efecto puede ser el contrario. Cuando Golden State pone el turbo, puede caer un tiro antes de que a Love le haya dado tiempo a cruzar la línea de medio campo.

Aún así, los Cavs no tienen muchas más alternativas. Frye debería volver a la rotación porque puede estar en pista siempre que los Warriors tengan un pívot (aquí nadie tira triples como en Boston), aunque tiene el mismo problema o peor si toca cambiar, y los Cavs se van a ver obligados a jugar con LeBron de 4 y hasta de 5, pero el resto del contador hasta los 96 minutos por partido lo llenarán Thompson y él. En el quinteto titular hay un lugar para esconderlo (Pachulia), y en los de la Muerte siempre puede intentar ocuparse del exterior menos tirador, pero a cambio limpio (adoro la analogía que se ha marcado Kevin O’Connor en The Ringer: es como ir pasando hasta seleccionar un jugador en la pantalla inicial de un vídeojuego), pueden acabar poniéndole en la acción casi siempre que quieran.

Por tanto, para que los Cavs ganen, Love no tiene que ser el de Minnesota, sino el de la última jugada del pasado año: el que puede seguir el ritmo a Curry, recuperar a Green tras mostrarse en el bloqueo o no dejarse comer a merienda por los abusones de Pachulia y West.

Las pérdidas

Los Warriors tienen dos puntos débiles que no son un secreto: uno de ellos, las pérdidas. A veces por preciosismo, otras porque es el precio a pagar cuando quieres que la bola vuele libre, Golden State pierde muchos balones, y cuando se disparan los errores, pueden entrar en un círculo vicioso del que es difícil salir: pérdida con el balón vivo, canasta fácil a la contra del rival, vuelta a atacar ante una defensa bien colocada que lo tiene más fácil para provocar una nueva pérdida mientras la ansiedad va creciendo induciendo a más errorres. El caso más extremo de esta petición de principio baloncestística lo pudimos ver en el G4 de la serie entre los Wizards-Celtics, en el que Washington endosó un parcial de 26-0 a Boston en el que las pérdidas fueron condición necesaria y suficiente.

Los Cavs no son un equipo al que podamos considerar especialista en forzar pérdidas si miramos a los números, y el nivel de atención que suelen requerir todos los miembros de los Warriors hace más difícil arriesgar en la líneas de pase y jugar lejos de tu par, pero es una estrategia que los Cavs quizá deben considerar, sobre todo si en algún partido necesitan ganar terreno. Golden State también sabe ganar cuando pierde 20 balones, pero en una hipotética victoria de los Cavaliers es fácil imaginar algún partido desequilibrado por esta causa.

Los rebotes ofensivos

El otro talón de Aquiles de Golden State es el rebote: sólo los Knicks permitieron un porcentaje mayor de segundas oportunidades que ellos durante la temporada regular, y la aparente mejora en Playoff frente a Blazers y Jazz quedó en descrédito después del bajón en los tableros frente a los Spurs.

Y aquí los Cavs sí que pueden ser una amenaza, con dos de los mejores reboteadores ofensivos de la NBA, y una tercera bestia, si la ocasión lo requiere, en sus filas. Los números como equipo no impresionan, porque en la práctica sólo cuentan con el buen hacer de Thompson por jugar Love tan lejos del aro (y no tener ningún otro reboteador en el banquillo), pero el potencial de este equipo para usarlo como arma contra los Warriors, al igual que acaba de hacer San Antonio, es enorme, sobre todo como posible antídoto a los quintetos más pequeños de los Warriors.

Ya lo han usado en pasadas temporadas en Los Finales (de hecho Tristan debe gran parte de su reputación a las eliminatorias contra los Warriors, que le han hecho internacional -por Canáda-) y al igual que como con la pérdidas, porcentajes de capturas de dibujos animados (por encima del 35%) obligarían a los Warriors a jugar casi perfecto en ataque.

Aunque como ya comentamos el reverso tenebroso es cubrirse las espaldas de las contras de los Warriors: cada vez que vayan a por el rebote, sobre todo si mandan dos hombres altos, y vuelvan de vacío, están jugando con fuego. Como en tantas otras cosas, el resquicio existe pero es tan estrecho como el margen de error.

Si buscan a Curry… y lo encuentran

Una de las estrategias que más rédito dio a los Cavs el pasado año fue atacar sin piedad la defensa de Curry, tratando de ponerle en toda acción defensiva posible, y utilizando la alegría de los Warriors para cambiar, en contra de ellos mismos. Este año volverán intentar subir a Curry al estrado una y otra vez, pero quizá no lo tengan tan fácil.

La llegada de Durant ha liberado de carga ofensiva a Klay Thompson y es de esperar que aprovechen en defensa esa energía no utilizada, y eso supondría que Thompson se emparejaría con Irving todo lo posible, lo que complica un poco la estrategia de Cleveland. El éxito de los escoltas de los Cavs librándose de Curry lejos del balón para pasárselo a otro y/o bloqueando para LeBron e Irving puede ser otra de las claves de esta eliminatoria. Empezando por Smith, acabando por el que surja, el papel de todos los exteriores de los Cavs en estos Playoffs ha sido muy secundario detrás del Big Three, pero si Cleveland tiene necesidad de involucrar a Curry, el foco recae sobre ellos, y con tareas inesperadas además, como la de ejercer de continuador en el p’n’r.

El estado físico del base parece también mucho mejor este año, lo que haría más difícil la tarea, pero a estas alturas es indudable que el enfrentamiento con Cleveland y LeBron le frustra (más allá de lo deportivo incluso) y hasta que no se saque la espinita que tiene con este equipo puede estar errático. Si James huele sangre, los Cavs removerán cielo y tierra para encontrarle y atacarle, incluso aunque suponga tener que tirar de quintetos poco convencionales.

Meterlo todo

Al final, hasta una serie larga de 7 partidos es demasiado corta para no sentir el efecto de la caprichosa marea del acierto. Si la, llamémosle suerte, llamémosle aleatoriedad, sonríe a los Cavs o da la espalda a los Warriors en los momentos más delicados, volverán a imponerse.

Y lo cierto es que este año es Cleveland la franquicia que depende más de la bendición de las musas: las tornas han cambiado y ahora ellos viven más del triple que Golden State, por lo que de ser cierto el dicho (dúdolo yo), también podrían morir por él.

Salvo Tristan Thompson, todos los jugadores de la rotación de los Cavs tiran de tres, y como ya hemos comentado el acierto en estos Playoffs del equipo está siendo impresionante (quizá demasiado) y la reputación de algunos de ellos (Korver, Frye, diría que Smith, y tal vez Deron Williams) hará que incluso aunque entren en una mala racha, no varíe el respeto de la defensa rival. Es posible que Shumpert, el mejor defensor del grupo, sea el único que vería como abandonan su marca si de repente los tiros no empiezan a entrar.

Desde el punto de vista del concepto de la gravedad, los secundarios de Cleveland son mucho más peligrosos. Quizá puedas esconder un jugador en defensa en ellos, pero nunca podrás ignorarlos, algo de lo que Golden State saca réditos en forma de pérdidas rivales y caos. Si castigan a base de triples los riesgos mal calculados de los Warriors o les agrandan la penitencia de no poder cerrar su rebote, las estrellas de Cleveland lo agradecerán.

No hay arma secreta

La NBA es una liga de copiotas, y el éxito de la pareja de baile y pick’n’roll JamesIrving, ha sido replicado por todo el país, con mucho menos éxito, por supuesto. ¿Quién no lo ha hecho aún pese a que el límite teórico parece no existir para ellos? Exacto.

Golden State apenas ha usado a Curry y Durant bloqueando directamente el uno para el otro, pese a que llevamos todo el año esperando que ocurra.  Cuando pasaban los partidos y no lo veíamos, imaginábamos a Kerr y compañía protegiendo la unión como al Santo Grial, esperando a utilizarlo en Playoffs ante un enemigo que no conoce lo que se le viene encima. Las eliminatorias por el título llegaron, los Warriors están inmaculados, y siguen sin utilizarlo ni necesitarlo. ¿Será en Los Finales? ¿Lo estarán guardando para el último gran desafío?

Sinceramente, no creo que cuenten con ello. Ya no por la falta de rodaje y química, que aunque existiría, lo considero una cuestión menor. La verdadera razón por la que creo que no lo veremos tiene que ver con el rival: el pick’n’roll 1-3 significa hacer el trabajo sucio a LeBron y entregarle a Curry en bandeja de plata. James podría defender uno contra uno a Steph sin desequilibrar nada para lograrlo, una situación que es de las más halagüeñas que Cleveland puede esperar de esta eliminatoria. Y si lo invierten, Curry tiene que bloquear a LeBron, lo que además del desgaste físico y pupa que supondría, puede convertir la estrategia en inútil si James chafa la pantalla una y otra vez. Forzar un emparejamiento DurantIrving con un cambio de vez en cuando es la única ventaja clara que Golden State obtendría, y tienen maneras de encontrar el mismo desequilibrio, u otro parecido con mucho menos dolor y más confusión para Cleveland. Súmale esa verdad incómoda que no recuerdo dónde he leído o escuchado esta semana, que dice que a Durant no le gusta demasiado bloquear para nadie y el arma secreta de los Warriors se convierte en un cuchillo de mantequilla.

Ni ante Cleveland ni ante San Antonio (Green y Leonard cambiarían sin mucho perjuicio) es lo más amenazante que pueden hacer. Quizá por eso no lo hemos visto.

Green se divierte otra vez con unas pelotas que no son las suyas

Lo estabais esperando.

Los Warriors sufren una baja muy sensible

Sin meternos en hipotéticas lesiones futuras, que por supuesto pueden dar un vuelco a una serie, o incógnitas presentes (¿Iguodala?) los Warriors tienen ahora mismo una baja muy importante: la de su entrenador Steve Kerr. Hablaba en El Reverso Gonzalo Vázquez en una magnífica edición dedicada a su figura de lo misterioso que resulta que un coche autónomo como pueden ser los Warriors, eche de menos a su conductor.

El problema no está en cuando el coche va por la carretera haciendo lo que ya tiene programado: ahí funciona el piloto automático. Lo peligroso va a ser cuando el coche cruce, por ejemplo, el Canal de la Mancha, y se encuentre de repente en Inglaterra conduciendo por la izquierda (que por cierto, ¿dónde se hace el cambio de carril? ¿En medio del túnel? ¿En la parte proporcional de lo que ha pagado cada uno? ¿en el extremo francés? ¿en el del Brexit? Por curiosidad me habéis hecho buscarlo, y resulta que tú dejas el coche en un tren y te lo llevan ellos. Pues vaya). Se puede dar ese caso, en el que sea imperiosamente necesario que el conductor tome el control, y ahí tal vez le echen de menos.

En el único reto grande que han tenido en Playoffs, ese ya clásico G1 de los WCF, Mike Brown entró en pánico, utilizando quintetos mierder inéditos que hacían difícil lo fácil: jugar pequeño sin tiro ni velocidad y encima, por supuesto, palmando en el rebote y las distancias cortas. Lo peor de ambos mundos. Lo cierto es que en el resto de partidos no se le puede poner ni un pero, y tuvo decisiones incluso brillantes: dejar en pista a Curry y Green el G3 con problemas de faltas o dar carrete a un McCaw que pinta más necesario que McGee en esta serie. Pero todo fue con viento a favor y jugando con dinero de la casa.

Ver a los Warriors favoritos en el global es compatible (y creo que muchos lo esperamos así) con que más de un partido sea a cara de perro. Y Kerr no es perfecto (a cojón visto, el G7 del año pasado tiene borrones), pero es más fácil confiar en él.

Atención, atención

No es casualidad ni culpa de Isaiah Thomas que los Celtics robaran un partido a los Cavs y estuvieran mucho más cerca de ellos sin su base estrella que con él. Tampoco salió de la nada el éxito frente a los Raptors de DeRozan o que no pudieran recortar terreno a los Pacers en los minutos sin Paul George en pista. Los Cavaliers defienden mucho mejor lo individual que lo colectivo (como casi todos los equipos, tampoco es mucha novedad) y su sufrimiento en la retaguardia es proporcional al número de cortes y bloqueos indirectos que el equipo rival emplee. Es por lo que la primer gran victoria de los Cavs en estos Playoffs fue no cruzarse con Miami en una primera ronda que estoy seguro que les habría hecho gastar muchas más energías de lo esperado.

Los Warriors son un equipo con mucho más movimiento en el lado débil del que parece, y no es fácil fijarse por el magnetismo que tienen sus conductores de balón. Los Cavs, que no estarán de miranda, no pueden vencer sin prestar la máxima atención también a aquellos con los que parece que no va la jugada. Será necesario que derrochen tanto esfuerzo o más sobre ellos: no estará permitido quedarse mirando el balón, dejar la puerta de atrás abierta y morir en el primer bloqueo que te encuentres. Especialmente importante en esto será un jugador reincidente en este tipo de ofensas: Kyrie Irving.

Y lo será no sólo por sospechoso habitual, sino porque este año Curry juega más sin balón. Además de que la llegada de Durant haya movido el foco en unas cuantas posesiones por partido, quizá pensando en este enfrentamiento como juego final, los Warriors llevan toda la temporada tratando de encontrar la versión más libre de su base, y una de las maneras en la que lo hacen es separándole del bote. Y no será igual dos veces: Steph puede recibir en el lado débil tras recorrer un laberinto de bloqueos que esconde algún minotauro haciendo pantallas ilegales, o sólo unos segundos después de soltar el balón en un bloqueo y continuación, en lo que tarda en esprintar y salir de un rizo en el poste bajo como si fuera un ejercicio de agilidad de la Combine.

Los Cavs han ido afianzando durante los Playoffs una defensa que acabó mal la temporada y tardó una (corta) serie de Playoffs en afinar, y en los últimos partidos contra Boston se han visto sus peores vicios. Han estado muy bien cambiando o doblando en el dos contra uno sobre el balón, pero el nivel de comunicación necesario para hacerlo también lejos de él es mucho mayor, y esas tuberías han soltado agua. Sin fontanería haría falta el milagro.

Nadie creía en nosotros

Empecemos dejando claro que el factor “Nadie cree en nosotros” no funciona casi nunca. Si fuera tan sencillo como eso, no estaríamos tripitiendo la final que llevamos meses considerando inevitable o el Real Madrid no tendría 12 Copas de Europa (contragafe detectado, el que tengo aquí colgado).

El caso es que este año se junta el hecho de que son demasiado buenos (¡los vigentes campeones!) y a la vez no son favoritos para casi nadie, y que con el parón de una semana y mucha página (papel y web) que rellenar han sido preguntados y azuzados por ello una otra y otra vez.

Parten con la motivación del que se ve menoscabado y la única presión que llevarán encima es la que ellos quieran ponerse. Son el equipo que ha anidado en el corazón de aficionados de diversa tipología: los ‘abogados de causas pobres‘, los ‘calladores de bocas‘ o los ‘odiadores eternos al baloncesto moderno‘ son de los Cavs.

Y hay un equipo que tiene muy reciente el uso de este efecto contra los Warriors: el primer partido de la Temporada Regular y el primero de las WCF (hasta que Pachu… Kawhi Leonard se lesiona) de los Spurs tuvieron un poquito de la magia del contestatarismo que bien haría Cleveland en aprovechar.

Lo que sucedió entonces te sorprenderá

Después de plantear una gran cantidad de escenarios, nos dejamos fuera el que complementa todo lo anterior: quizá ocurra lo inesperado.

La historia de los Playoffs está llena de nombres que cambiaron una serie o un partido contra todo pronóstico, para vivir en la Historia. Quizá nos esté esperando un partido mágico en Cleveland de 28 puntosy 7 triples con impoluta defensa de Iman Shumpert, al igual que Leon Powe reventó a los Lakers en un cuarto de hora 2008. O Richard Jefferson quizá se está guardando para acabar con las esperanzas de anillo de Durant como hizo un Mike Miller siempre lesionado menos aquel día de 2012.

Apenas han pasado dos años desde que Deron Williams metió 35 puntos en un partido de Playoffs, y el mejor jugador (en porcentaje) desde la línea de triple esta temporada (Korver) está siendo uno de los peores tiradores del equipo: su regresión a la media le llevaría hacia arriba. O quizá alguna de las estrellas factura una de las actuaciones más inolvidables del deporte y ganan por lo más alto.

Hay infinitas maneras por las que podría suceder esto y lo contrario. Lo bueno es que si has llegado hasta aquí ya te quedarán unos… 10 minutillos menos para el desenlace.

PO Desde el Sofá (XIX): Si yo tuviera una escoba…

San Antonio hizo sudar a Golden State, pero el resultado fue el mismo: los Warriors se llevan una nueva victoria, hacen pleno al 11, y en la madrugada del lunes al martes podrían cerrar su pase a los Finales por tercera temporada consecutiva.

Los Warriors atacaron desde todos los flancos, colgando 120 puntos, pero a diferencia de los últimos seis cuartos de baloncesto, no se pudieron separar con una ventaja que pareciera insalvable para San Antonio hasta el final.

Golden State empezó con McGee de titular por lesión de Pachulia (aunque sí contaron con Iguodala) y Popovich decidió hacer al equipo pequeño sacando a pista a Kyle Anderson de titular. Los Warriors parecieron intentar empezar el partido en modo Leyenda, como cuando Larry Bird se dedicó un partido a anotar con la izquierda, e hicieron a McGee el foco de su ataque. El pívot anotó los 7 primeros puntos del equipo y 11 en el primer cuarto, con Golden State jugando despreocupados, con pérdidas no forzadas y el pie muy lejos del acelerador. Aún así, iban por delante de unos Spurs que tenían que trabajar cada canasta y donde ninguno de sus titulares se sentía cómodo, incluido el supuesto líder, Aldridge, que erró varias ocasiones antes de enlazar dos suspensiones seguidas.

Con la salida de jugadores del banquillo de San Antonio, los Spurs llegaron a ponerse por delante, dirigidos por el rejuvenecido Ginobili y David Lee, que anotaba sobre Draymond Green en el poste como si este no fuera el candidato número a uno a DPOY. Pero como a perro flaco todo son pulgas, Lee se lesionó en la rodilla en un 2+1, y San Antonio no sólo lo perdió para el resto del encuentro, sino que tuvo que jugar un minutillo con Joel Anthony (elegido por los Warriors para tirar el tiro libre), porque Pop prefirió guardarse el tiempo muerto y esperar al siguiente parón del juego. Con el cuarto (prácticamente) acabado, los Spurs estaban en una buena posición: 6 puntos por encima, y Curry y Green habían cogido dos faltas tempraneras, pero no pudieron cerrar el cuarto como Dios manda. Tras tiro libre, y con sólo 1.1 segundos en el reloj, West fue tan listo de encontrar a Clark a toda pista para una desmoralizante bandeja sobre la bocina, que turbaba un poco el entusiasmo local. Imagino un respiro de alivio de Doris Burke por estar en San Antonio y no tener que entrevistar en ese momento a Popovich.

Pese a este detalle, los Spurs seguían por delante y jugando mejor al comienzo del segundo cuarto, pero Mike Brown (sí, Mike Brown) cambió el partido con una valiente decisión: dejar a Curry en pista cuando con menos de 15 minutos de partido jugados, ya llevaba tres faltas. Brown sacó a los titulares de nuevo al completo, los Warriors lograron su primer gran parcial, a la postre no volvieron a estar por detrás en todo el partido y Steph Curry acabó la contienda con… tres faltas.

Simmons era el único jugador que daba la réplica a unos Warriors en los que McGee era aún el máximo anotador, pero todos estaban haciendo daño, mientras Aldridge continuaba con una primera parte de pesadilla sin poder anotar y viendo cómo se le escurrían los rebotes de las manos. Con Green como único hombre alto (el casi Quinteto de la Muerte, con Livingston por Thompson) la ventaja de los Warriors pasaba por primera vez de 10 antes del descanso.

Al reanudar el partido, Aldridge estuvo más espabilado, anotando 7 puntos consecutivos, lo que unido a las pérdidas de Warriors, volvió a poner a San Antonio cerca. Brown volvió a otra versión bastarda del Quinteto de la Muerte (McCaw por Iguodala) esperando provocar una reacción, y dando espacio a Curry para sus diabluras como penetrador, pero los Spurs, también con 4 bajitos, les ganaban la mano en los tableros y mantenían el partido igualado ante una defensa Warrior más porosa de lo habitual.

Entonces fue cuando, a mitad del tercer cuarto, Durant empezó a cocinar y la ventaja llegó de repente a 18, acabando efectivamente el partido. La única réplica venía de Ginobili que tras apenas jugar en el segundo partido volvió a ser el MVP del equipo en ausencia de Leonard, y dejó la jugada de la noche, cuando dividió un bloqueo pasando el balón entre las piernas de West con su mano mala. El banquillo de los Warriors no cedió terreno ante unos Spurs que volvieron a jugar con dos grandes en el último cuarto, pero no pudieron reducir la ventaja.

Golden State se terminó imponiendo, todos sus jugadores parecen estar en buen momento de forma, e Iggy está disponible de nuevo. En San Antonio, Kawhi sigue siendo incógnita para el tercero, y es posible que la decisión sobre si juega o no diga mucho de la ambición del equipo respecto a no ser barridos. Sería la tercera vez en la era Popovich, primera desde 2010, por lo que habiendo ocurrido ya, no creo que preocupe en exceso a la franquicia. Veremos el lunes martes.

Sofi del día: Hasta en tres ocasiones, tres jugadores distintos (Curry, Durant, Iguodala) de los Warriors perdieron la pelota, aunque no cuente así en el box-score, por tirar triples lejanos sin sentido, sólo por tratar de aprovecharse y sacar falta de tres tiros. Ver el hecho repetido hace pensar que era algo premeditado, pero no les pudo salir peor, porque los árbitros no pitaron (¿o picaron?) ninguna de las tres. ¿Seguirán intentándolo en próximos encuentros?

PO Desde el Sofá (XVIII): Sí eran los Monstars, sí

Si la dominación de Cleveland en el primer partido de las ECF en plena resaca Celtic te pareció irrepetible, no creerás lo que sucedió en el segundo asalto. Los Cavaliers siguen inmaculados tras 10 partidos de Playoffs, llegando en cada uno más lejos que el anterior. Victoria por 44 puntos (que llegaron a ser 50) en el TD Garden, y ahora la serie vuelve a Cleveland, donde visto lo visto, y con Isaiah Thomas posiblemente lesionado, salir del Este sin perder un partido parece la posibilidad más plausible. Aunque ojo, que así estábamos el año pasado (con otro factor cancha), y los Raptors al menos robaron un par de ellos.

Pero aún así, ningún partido en 2016 fue como este. Esto estaba más que acabado ya al descanso (si no antes), cuando Cleveland, tras acrobacia chepuda sobre la bocina de JR Smith, mandaba por 41 puntos (récord histórico en Playoffs) sobre unos Celtics cabizbajos a los que no les respondía ni la salud.

Pero volvamos al principio. Stevens intentó de inicio ser más rápido, poniendo a Gerald Green de titular, y aunque a nivel de equipo no funcionó, los dos triples tempraneros del escolta fueron la única acción exitosa del ataque de los Celtics en los primeros compases. Los Cavs confundían a Thomas con diferentes defensas, tanto sobre el balón como lejos de él, y el base nunca fue capaz de coger el hilo. Tan pronto veía un dos contra uno, como un cambio en el bloqueo, o ningún hombre extra dirigido a su dirección. Y en la segunda línea de la defensa de Cleveland, la misma incertidumbre: la ayuda, de haberla, podía venir de cualquier lado. Ni siquiera probando a hacerle recibir tras dejar tirado a Irving en bloqueos indirectos la cosa funcionaba. Los Cavs ejecutaban un(a aparente falta de) esquema sin errores, y cuando los cometían, y dejaban algún hueco por el que colarse, o un tirador libre, Boston tampoco tuvo acierto.

Los Cavs forzaron pérdidas desde el principio y con canastas fáciles a la contra empezaron a abrir hueco. De protagonista, Kevin Love muy acertado de nuevo al principio. La voluntad de Boston, que no estaba haciendo nada demostrablemente mal (incluso reboteaban bien en defensa, yendo más a por Thompson que a por el balón) se empezaba a derretir, y un tapón contra tabla de LeBron a Bradley tan espectacular (salvo por el escenario) como el de los Finales, era la viva imagen de dónde residía el poder.

Con los banquillos moviéndose, el único momento del primer cuarto en el que los Celtics pudieron hilvanar tres jugaditas seguidas de acierto ofensivo fue posteando a Korver, con Brown y Smart, pero al otro lado estaban lloviendo triples. El único Cavalier que no estaba en su mejor nivel era Irving, y Lue le dejó en pista con los suplentes tratando de conseguir un efecto parecido al que tuvo el principio del segundo cuarto del partido anterior con Kevin Love, pero Kyrie no aprovechó demasiado esos minutos. No es tampoco que lo necesitaran.

En el segundo cuarto, y tras desviarse de ello como ya comentamos en el Game 1, los Cavs recuperaron el quinteto de LeBron y cuatro del banquillo, pero esta vez con James de pívot, y así empezaban los 12 minutos más aplastantes de unos Playoffs NBA 2017 que nos han dado muchos (demasiados) de estos cuartos. Los Celtics también se hicieron pequeñísimos, con Crowder de pívot, pero lo que se esperaba un tiroteo, fue una simple ejecución. En Boston perdían los nervios y la cabeza por no poder anotar ante un quinteto de Cleveland que invitaba a ello, recibiendo técnicas, y cometiendo pérdidas ridículas como un campo atrás de Rozier. Volvían los hombres grandes a Boston pero el LeBron imperial anotaba en suspensiones sobre ellos como si no estuvieran ahí, sin darles la más mínima opción en la otra parte de la pista. Quedaban poco más de tres minutos para el descanso, y Boston sólo había anotado 24 puntos. Cuando un Thomas renqueante malgastaba la última posesión del periodo de Celtics con un airball, Stevens cerraba los ojos unos segundos porque no creía que esto pudiera estar pasando. Sí, al final, sí eran los Monstars.

De aquí al final, los Cavs sólo tuvieron que aguantar la diferencia por la cuestión estética en el tercer cuarto, ahora sí con Irving también apuntado a la fiesta, y a falta de dos minutos para el final del tercero, y casi con un 100-50 en el marcador (99-53, para ser exactos), y ambiente de entrenamiento con público bostezante, los titulares en bloque de Cleveland salían del partido para no volver, dando el pistoletazo de salida a la sesión de pulsado compulsivo de “Adelantar por un minuto” del League Pass. La única noticia buena para Boston: más minutos de Playoffs para estar satisfechos de Jaylen Brown, el que más dio la cara anoche.

Veremos si los Celtics, presumiblemente sin su mejor jugador, tienen algo más de pelea dentro. Es de agradecer lo que ya nos dieron la ronda anterior, pero les seguimos necesitando en esta.

Sofi del día: Si os coincide algún día de ir a un partido NBA, os toca sentaros en Preferencia en primera fila, y lleváis un vestido, recordad siempre: cuidado con la merienda.

PO Desde el Sofá (XVII): Como en casa en ningún sitio

Era la guerra cabalística: el equipo en casa estaba 9-0 en los enfrentamientos entre Celtics y Wizards esta temporada, pero 0-10 en estos Playoffs afrontando un partido de eliminación. Al final se impuso la primera racha y con un triple de Wall en los últimos segundos, Washington se convierte en el primer equipo esta temporada que salva una bola de partido (de temporada, más bien) en su pista, y el segundo que logra estirar su vida para ver otro día (sólo los Clippers habían ganado un partido de eliminación este año).

Los perímetros titulares lideraron a ambos equipos en un partido tan tenso como soso y desacertado, pero que tuvo un gran y emocionante final, que permite a los Wizards seguir aspirando a avanzar en Playoffs.

El primer cuarto fue de baja anotación, y se empieza a notar que estamos en ese punto de la serie en el que los dos equipos ya se conocen bien y se depende más que nunca de los jugadores. John Wall e Isaiah Thomas no eran capaces de hacer daño a las defensas a media pista que esperaban cerca del aro al primero, y acorralaban en el perímetro al segundo, y ambos equipos tenían que aprovechar el maná del contraataque. Hasta la manera en la que movían los banquillos los entrenadores daba la sensación de punto muerto y tablas, con Brown en pista tan pronto como empezó Bogdanovic, o Wall y Thomas saliendo al mismo tiempo.

Beal y Bradley, los mejores de sus equipos en el global de la noche, hicieron un buen trabajo al comienzo del segundo cuarto, pero el partido seguía protagonizado por la falta de acierto general. Los Celtics no metían triples y los Wizards no aprovechaban las ventajas interiores o en la línea de tiros libres. Con la vuelta de los (casi) titulares a Wizards, con Smith sustituyendo a Gortat (problema de faltas), Washington logró abrir la mayor brecha del partido, 10 puntos de ventaja. Pero rápidamente se hizo notar Isaiah Thomas, sacando una falta en ataque, anotando un triple, y mandando un pase a toda la pista que acabó en dos tiros libres, y Boston llegó un punto por encima al descanso, en un partido que seguía siendo de baja anotación y muy poco acierto desde el perímetro.

Boston siguió mandando al reanudarse el partido y con Bradley corriendo la pista incluso tras canasta Wizard, como ocurrió en el quinto partido, los Celtics empezaron a acumular puntos fáciles a la contra. Pero mientras, John Wall, que había pasado desapercibido la primera parte empezó a sentirse cómodo con siete puntos consecutivos. Los ataques de ambos equipos funcionaron mejor, aunque encontrar un triple era tan difícil como una trufa al final de la campaña, y el partido llegó al periodo final con todo por decidir.

Los perímetros tomaron el control, con Thomas, Beal (fantástico cada vez que penetraba, no tanto tirando), Bradley y Wall intercambiando golpes y sin que ningún equipo pusiera tierra de por medio. Dos fantásticas suspensiones tras bote de Thomas ponían a los Celtics cinco arriba a falta de minuto y medio, pero con la oportunidad de sentenciar tras una falta en ataque cobrada a Wall por Smart con la ayuda del Replay Center, el base de Boston perdió el balón tras ser atrapado en el ala y Beal lo convirtió en un triple, su primero de la noche, en la otra canasta. Wall a continuación empató el partido tras taponar a Isaiah y sacar dos tiros libres en la contra posterior. El empate se mantuvo tras intercambiar canastas Bradley (tras pizarrazo en un tiempo muerto) y Beal, que certificaban haber sido los mejores de sus equipos a lo largo de la noche, y Al Horford puso a los Celtics por delante a falta de 7.7 segundos con una canasta de media distancia a tablero con poco ángulo: nadie fallaba. Entre la espada y la pared, Brooks pareció apostar por Beal, pero el que quedó libre fue Wall, que anotó el triple sobre Bradley que les daba la victoria y parecía alejar el olor a pupas sobre la capital del país.

Pero no demasiado, porque Washington dejó unos segundos en el reloj, demasiados quizá para la magia de Stevens. Aquí su mejor aliado fue la falta que tenían por hacer: aunque le pudo costar caro si de alguna manera se hubiera convertido en falta de tiro, la infracción de Oubre sobre Olynyk (sí, la ironía), restó un par de segundos a Boston y borró la jugada que el entrenador de los Celtics había diseñado para poner el balón debajo del aro a uno de sus hombres altos. La intentona real fue un tiro desesperado muy defendido de Thomas que no llegó, y los Wizards siguen adelante, con una segunda parte especialmente que valida (por si hacía falta) a John Wall.

Así, volvemos a oír las dos palabras más dulces que se puedan escuchar después de “A comer”. Este lunes, Game 7!

Sofi del día: La carita de todos los miembros del banquillo de los Wizards cuando Horford ponía a los Celtics por delante con la ayuda del tablero fue para verla… Por suerte para ellos, les duró poquito.

PO Desde El Sofá (XVI): Colorín colorado

Sin Leonard ni Parker los Spurs se van a la Bahía, diciéndole a los Rockets “vida mía, qué calor; qué calor, qué calor, tengo; qué guapa soy, qué tipo tengo“. 39 puntos de diferencia anoche, mayor paliza de estos Playoffs y mayor victoria a domicilio de toda la temporada.  Con en el equipo rival jugándose la vida, parece mentira. Pero ciertamente no lo es.

Aunque el quinto pudo caer de cualquier lado, este sexto, sólo tuvo un color, y no fue el rojo de los Rockets. Los de Popovich han logrado poco a poco eliminar los rasgos de identidad de Houston, que sin (tantos) triples ni tiros libres no tienen más a lo que agarrarse para competir a este nivel. Con un Harden desconocido, que no intentó un tiro de campo en el primer cuarto, no anotó fuera de la línea de tiros libres hasta la segunda parte, y que pasó medio partido con más pérdidas que puntos, los Rockets no fueron rival para los consistentes aunque mermados Spurs.

Salió un notable Jonathon Simmons en el lugar de Leonard en el quinteto titular, y D’Antoni volvió a apostar por Gordon en el quinteto titular para sacar a Anderson desde el banquillo, lo que dejaba a Harden defendiendo dentro, habitualmente a Pau Gasol. Fueron el español y Aldridge los que con posteos y rebotes ofensivos empezaron castigando a Houston y montando las primeras ventajas. Los Rockets, con Harden más pendiente de pasar que de anotar, perdían el balón y las oportunidades de seguir a San Antonio en el marcador.

Cuando el base reconvertido se fue al banquillo, los Rockets tampoco eran capaces de pasar la pelota por el aro. Mills desde el triple abría el primer gran hueco y cuando el candidato a MVP volvía a pista tras unos minutos de descanso en el segundo cuarto, la diferencia ya era de 18. Sólo Ariza, enchufadísimo desde el triple en casi toda la serie, y Capela, parecían tener ganas de jugar. Los dos jugadores que tenían que servir de generadores secundarios, Gordon y Williams tampoco mostraban interés o precisión, y sin resistencia, a San Antonio le bastaba con seguir el plan para continuar ampliando la ventaja. Houston era el equipo triste del año pasado, no la máquina que vimos, sin ir más lejos, hace un par de partidos, y el resto del partido fue una visita al purgatorio.

Aldridge no fue perfecto pero jugó su mejor (y más cómodo) partido y Pau volvió a parecer un protector de aro de élite. Popovich pudo aprovechar para dar carrete a dos jugadores inexpertos a los que va a necesitar en la próxima ronda, Simmons y Murray, y estos respondieron. San Antonio no tuvo siquiera que jugar el baloncesto explosivo que se presupone a una paliza de este tipo en 2017: la hemorragia de Houston fue interna.

En el polo opuesto, la noche de Harden, que sólo ha estado brillante en momentos muy puntuales en estos Playoffs, pero que ayer se marcó el partido más decepcionante que es posible imaginar. Fue la clase de actuación que hace pensar que hay algún problema detrás. No se si será físico, psicológico, sentimental, resaca de un quinto partido psicotrópico (que perfectamente le pudo dejar una conmoción cerebral, tras un codazo de Gasol que no pareció para tanto) o la maldición de Lil’ B a tope de power, pero el resultado fue tan paupérrimo que lo único que no parece es un simple mal día. Por lo que probablemente, lo será.

Los Playoffs siguen y los Spurs tienen un día más para recuperar a Leonard porque no se enfrentan a los Warriors hasta el domingo. A los Dioses del Baloncesto pedimos un poco más de lo que aquí hemos visto.

Sofi del día: Jimmy es un ídolo entre otras muchas cosas porque pese a que le gusten delgadas no se va hasta que canta la gorda. Quiere por igual a James Harden que a Bryn Forbes: si ha pagado, se ve el partido enterito.

PO Desde El Sofá (XI): Primera de ley

Los Cavaliers ganaron el partido que abría la serie y por primera vez lo hicieron de forma convincente y con total tranquilidad. LeBron y Kyrie estuvieron magníficos, la circulación de balón fue precisa y segura cuando la pusieron en marcha, y no dejaron en ningún momento que el ataque de los Raptors explotara.

El partido comenzó con Cleveland por delante desde el principio, y pudo haber sido peor para Toronto por lo desguarnecidas que estaban las esquinas, desde donde los Cavaliers pudieron encontrar aún más acierto. Un espectacular mate de James tras pase a tablero de Irving ponía un 10-2 que hizo a Casey parar el partido, y aunque los Raptors estuvieron más atentos en defensa, en ataque sólo sacaban réditos del contraataque: a media pista los dos-contra-uno a Lowry, y sobre todo, a DeRozan, eran un éxito ante la incapacidad de Toronto para encontrar el hombre libre o mejor emparejado. A pesar de sufrirlo en la ronda anterior ante Milwaukee, los Raptors se enfrentaron al trap como si no hubieran visto uno en su vida. El poquísimo acierto en el poste bajo de sus hombres altos, Valanciunas de vuelta al quinteto titular incluido, no ayudó. Toronto acabó con 18 puntos el primer cuarto.

Con banquillos en pista, los Raptors ya encontraron aro. Con Ibaka y cuatro pequeños, y el campo más abierto, Lowry sí supo castigar el hombre extra que le mandaban en los bloqueos, y con acierto en las suspensiones, comenzaron a anotar, y a reducir la ventaja. Enfrente, el quinteto de LeBron y tiradores suplentes no tuvo el acierto habitual, y los Raptors redujeron a 2 una diferencia que había llegado a los 18. Lue volvió a los titulares, y un par de triple rápidos de Smith y Love volvían a separar a los equipos. DeRozan y Patterson no tuvieron el mismo acierto que Lowry e Ibaka con las suspensiones y un par de costosas pérdidas mandaba a 14 la diferencia al descanso, en una primera parte en la que Irving poco a poco había escarbado 16 puntos.

Al volver del intermedio, Toronto tenía las cosas un poco más claras: mandaban hombres extra (habitualmente Lowry) al bloqueo a DeRozan para darle más opciones, posicionaron a Valanciunas más cerca del aro para poder anotar y presionaron más a Irving en defensa. Consiguieron meter a DeMar en el partido, pero LeBron cogió más protagonismo en la anotación y los Cavs ampliaron la ventaja. La respuesta de Casey para parar el torrente Cavalier fue mandar a Tristan Thompson a la línea, pero el Hack-a-TT sólo duró una posesión después de que anotara ambos. Cleveland cerró el cuarto en una nota alta, con movimiento de balón preciso y contribución de todo el equipo con LeBron en el banco, llevando la diferencia a las dos decenas.

El último periodo empezó como es habitual en ambos equipos en los cuartos pares, con el LeBron vs. Lowry y sus banquillos respectivos, y se desarrolló en alto ritmo, con poca precisión y saldo de empate técnico. Toronto no fue capaz de reducir la ventaja y a falta de dos minutos Casey sacó la bandera blanca.

Veremos que ocurre en el siguiente, porque esperamos más guerra de Toronto…

Sofi del día: Si miramos al boxscore PJ Tucker metió un único triple anoche… que podrían haber sido cuatro, si no tuviera un pie en la línea en tres aciertos más. Anoche les dio igual, pero si este partido hubiera sido uno de los de la anterior serie, podría haber sido muy costoso.