La Cheslón: Mi encuentro con Jordan

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Un sábado de hace ya muchos años me levanté como siempre para empezar el fin de semana haciendo deporte, me puse a mirar noticias y demás y una me sorprendió de sobremanera. Era el fin de semana del Gran Premio de motos de Valencia y la capital (y alrededores) estaba lleno de motos y del consiguiente ambiente. La noticia decía, que había rumores que Michael Jordan iba a estar ese fin de semana por Valencia, apoyando a un equipo que tenía en el Mundial y para disfrutar de una de sus pasiones, el motor.

Pronto me puse a investigar e intentar ver como podría acercarme o intentar lo que por aquel entonces era casi un sueño (y ahora casi que también) como sería conseguir una firma, una foto…algo.

Lo primero, ya que acercarme al circuito me era complicado y sobre todo, que allí sería imposible acercarse, fue pensar en el hotel, ya que leñe, tendría que dormir en algún sitio no? Me costó un poco, pero logré confirmar el hotel donde se hospedaba, además muy céntrico, nada de algo apartado a las afueras o en alguna urbanización cerrada a cal y canto, no, pleno centro de Valencia. Bien.

Ahí empezó mi plan, cogí el coche, una vieja camiseta de Bulls con el 23 y un rotulador permanente en busca de la firma casi imposible. Llegué después de comer y la plaza donde esta el hotel estaba semi desierta, pero había un cierto ambiente de que ‘ahí hay alguien’ o al menos ahí dormía.

Empezó a pasar el tiempo y al cabo de los pocos minutos vi una pareja con un balón de baloncesto. Me acerqué a ellos para preguntar, y sí, iban a lo mismo que yo, la caza y captura de Jordan. Esta pareja venían de Albacete, habían venido a Valencia a ver no se que movida de un pueblo bastante interior y al oír lo de Jordan, no dudaron en ampliar el viaje y llegar a la capital. Lo suyo tenía aún más mérito, ya que habían ido a un centro comercial que tiene un logo verde en forma de triángulo a comprar el balón y el rotulador para así que les pudiera firmar. Eramos 4 locos a primera hora de la tarde, haciendo guardia en un hotel, esperando a que bajara, apareciera o cualquier otra cosa, sólo para conseguir la camiseta y el balón firmado.

Las horas empezaban a pasar y allí no salía nadie. El ánimo bajaba y la locura de venir a hacer guardia al hotel cada vez parecía que iba a convertirse en un fracaso más que en otra cosa, pero no desistíamos. Llegó uno de los momentos claves. Uno de los empleados del hotel nos dijo que sí, dormía allí, pero que ahora mismo no estaba en el hotel, aunque tenía previsto cenar allí… Las fuerzas volvieron y ahora sólo había que ver cuando llegaría y como lo haría.

Al cabo del rato, un par de personas más empezaron a llegar, y luego alguno que otro más, en total no más de 10 locos por el baloncesto o por Jordan o simplemente por conseguir algo de uno de los personajes mundiales más míticos que jamás probablemente hayan existido.

La noche empezaba a caer, ya eran varias las horas que llevábamos allí esperando, comentando cosas de basket, anécdotas y cosas sobre Jordan y cada vez con la sensación de: seguro que entra por otra puerta, a saber si realmente viene a cenar, hasta que hora vamos a estar aquí…

Y en eso que por una de las calles aparece una furgoneta negra, con los cristales tintados. Era él.

Aparcó en la puerta del hotel y acto seguido unos 4 gorilas tamaño Godzilla hacían un pequeño pasillo para que pasara, vuelvo a repetir, éramos 10 personas, no más. Michael Jordan estaba dentro, lo podía ver con un puro en la boca riendo con su inseparable Charles Oakley, nosotros nos acercamos a los gorilas, que una vez puestos hicieron un gesto y él bajó.

Pasó olímpicamente de nosotros, repito, 10 personas, no más que apenas estábamos allí haciendo nada, sólo esperando un gesto o un guiño para conseguir nuestros tesoros, pero no, pasó a nuestro lado, y se metió rápidamente en el hotel, sin saludar, ni hacer ningún pequeño ademán de acercarse a nosotros.

Jordan entró en su hotel con sus gorilas, su puro y Oakley y nosotros nos quedamos fuera, sin nada, sin haber conseguido firma alguna y maldiciendo que el amigo Mike no se hubiera parado 5 min a contentarnos, ya que repito, éramos pocos y le hubiera costado nada dejarnos contentos de por vida.

Entenderme que desde ese momento Jordan bajó varios pedestales y escalones para mi. Sí, puede haber sido el mejor, pero estos pequeños detalles hacen o deshacen mitos.

Una respuesta a “La Cheslón: Mi encuentro con Jordan”

  1. Su ego es más grande que él

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